lunes, 4 de septiembre de 2023

 4 De Septiembre

Beato Juan Pablo I

(1912-1978)


El "Papa de la sonrisa" dejó su huella en la mente de la gente, por su sencillez y su gusto, por los intercambios simples e informales, especialmente con los niños. Siguió siendo muy popular en Italia, y en el resto del mundo.

En 2003 se inició un proceso de beatificación, después de que la Conferencia Episcopal Brasileña, lanzara una petición para su beatificación, en los años 90.

Juan Pablo I será el sexto Papa del siglo XX, incluido en el libro de los beatos. Ya han sido canonizados cuatro papas del último siglo, que abarcan gran parte de la historia de la Iglesia, tanto antes como después del Concilio Vaticano II: Pío X (1903-1914), Juan XXIII (1958-1963), Pablo VI (1963-1978) y Juan Pablo II (1978-2005). El Papa Francisco canonizó personalmente a Juan XXIII y a Juan Pablo II en 2014, antes de beatificar a Pablo VI en el mismo año, y luego canonizarlo en 2018.

Desde hace unos meses, la casa del pueblo de Canale d'Agordo, en el norte de Italia, donde nació Albino Luciani en 1912, vuelve a estar abierta a los visitantes, tras una larga restauración. El obispo de la diócesis de Belluno, monseñor Renato Marangoni, acogió el anuncio de la fecha de beatificación diciendo: "Es una especie de regalo de Navidad".

Duró sólo 33 días como Papa. La madrugada del 28 de septiembre de 1978, lo encontraron muerto en su cama. Luego de la consternación inicial, se impuso el estado de sospecha. Las teorías conspirativas fueron ganando espacio, y en la opinión pública, se fue instalando la convicción de que Juan Pablo I, había sido asesinado.

Albino Luciani, había recorrido un largo camino para llegar allí. 66 años que quedaron eclipsados, por esos 33 días de reinado fugaz.

Nació el 17 de octubre de 1912, en Forno di Canale, un pequeño pueblito situado entre Venecia, y la frontera italiana con Suiza. El padre era albañil. Buena parte del año, la pasaba fuera del hogar, en busca de trabajo para alimentar a su familia (después de Albino, los Luciani tuvieron otros tres hijos).

En 1913, el padre emigró hacia Argentina. Siguió el camino de tantos otros de sus compatriotas. Buscaba un futuro. Se instaló en la ciudad de La Plata. Esperaba asentarse, y recién mandar a buscar a su familia. Pero el trabajo no abundó para él. El estallido de la Primera Guerra, lo convenció de volver a su casa.

Desde Argentina envió una carta a su casa, le hablaba a su hijo de un año, era un mensaje al futuro, una expresión de deseos, manuscrita a 10.000 kilómetros de distancia: “Espero que cuando te conviertas en sacerdote, te ubiques del lado de los pobres, y de los trabajadores. Porque Cristo ha estado del lado de ellos”. Albino llevó esa carta consigo, a lo largo de toda su carrera eclesiástica.

Como prueba de que la decisión familiar era firme, y hasta antecedía su nacimiento, a los 12 años ingresó en el seminario. Las razones hay que buscarlas en la devoción familiar, pero también en el estado de pobreza extrema de la región, en la que los Luciani vivían: “Los periodistas han escrito mucho sobre la pobreza de mi infancia. Pero no se pueden imaginar, el hambre que nosotros pasamos en esos tiempos”, dijo al asumir el pontificado.

El seminario, que el joven fuera “con los curas”, significaba educación y comida asegurada. En 1937 fue ordenado sacerdote. Su destino parecía escrito de antemano: labor pastoral en pequeños pueblos de provincia italianos; hablando con campesinos, predicando y atendiendo ligeros problemas domésticos. Sin embargo, las inquietudes intelectuales de Albino, lo hicieron continuar con el estudio. Se doctoró en teología, y su trabajo con los más necesitados, lo hizo destacar entre sus colegas.

Fue ascendiendo en la jerarquía eclesiástica, y alejándose de los pueblos marginales. Obispo, Patriarca de Venecia, Cardenal. Integró el Concilio Vaticano II.

Tras la muerte de Paulo VI, Luciani no llegó al cónclave como uno de los favoritos. La atención estaba puesta, en otros dos italianos que representaban vertientes opuestas. Los conservadores, cuyo candidato era el obispo de Milán, que apelaban por la vuelta a las raíces, y por obturar cualquier posibilidad de apertura, por un lado; por el otro, los que querían profundizar el camino del Concilio Vaticano II.

Queda claro que ninguno de los dos, proponía una revolución. En algún momento de las votaciones, pareció que un brasileño, Aloisio Lorscheider, prominente representante de la Teología de la Liberación, era un firme candidato. Pero era un nombre demasiado radical para esos tiempos. Así fue como, casi por sorpresa, apareció el nombre de Luciani. Una figura afable, alejada de los extremos, confiable. La leyenda que se perpetuó, dice que cuando le informaron que iban a votar por él, Luciani trató de desalentarlos, de convencerlos de que estaban cometiendo un error. El Papa que no quería serlo.

Al verlo aparecer por primera vez, en el balcón del Vaticano, los medios se apresuraron por encontrarle un apelativo que lo distinguiera. En un territorio hosco, poco propenso a las alegrías, que arrastraba quince años de mandato de Pablo VI, la cordialidad de Luciani llamó la atención. Fue así que rápidamente, pero por poco tiempo, Juan Pablo I pasó a ser conocido como El Papa sonriente, o La Sonrisa de Dios.

Albino Luciani batió varios récords en su corto papado. Recién en ese 1978 (el último año de tres papas), ocupó el cargo máximo de la Iglesia, un hombre nacido en el siglo veinte. Fue también el primero en usar un doble nombre, homenajeando a sus más inmediatos antecesores, Juan XXIII y Pablo VI. Y fue el último de los papas italianos, luego de cuatro siglos. Tras su muerte, se acabó la hegemonía italiana. Los siguientes serían un polaco, un alemán y Francisco, un argentino. Fue también el último Papa, en morir en el Siglo XX.

Su papado, dada su corta duración, no dejó huella estructural, ni en la Iglesia ni en el mundo exterior. Posiblemente su mayor legado, haya sido desistir de la ceremonia de coronación (optó por una misa), y de utilizar la silla gestatoria, en la que llevado por cuatro personas era paseado en lo alto (aunque diez días después la utilizó, -fue el último Papa en hacerlo: después apareció el Papamóvil- porque el público se quejó de que se perdía entre la multitud, y no podían verlo).

Esos fueron símbolos, de un intento por dejar de lado el lujo habitual, de mostrar una imagen de mayor humildad. También descubrió que las finanzas del Vaticano, y algunos asuntos internos, estaban desacomodados. El largo período de Pablo VI, y su avanzada edad, habían servido para que varios hicieran negocios espurios, y para que se pudieran mover sin que nadie los controlara demasiado.

Así, se suele afirmar, Juan Pablo I estaba preparando una serie de cambios, entre los obispos y cardenales de mayor poder, para poder tener el manejo de la situación, y para terminar con la corrupción. Era un peligro potencial para los corruptos.

Los registros de sus actividades papales oficiales, es sucinto y poco memorable: ofició dos misas, envió un mensaje “Urbi et Orbi” (radiofónico), celebró cuatro audiencias públicas, cinco Angelus y nueve discursos. No tuvo tiempo para más.

Tal vez, lo más destacable, hayan sido dos misivas que envió el día de la primavera de 1978. Una a James Carter, como apoyo al diálogo de paz, que se estaba desarrollando en Camp David, por la situación de Medio Oriente. La otra la dirigió a los obispos de Argentina y de Chile, para instarlos a que eviten que el conflicto por el Beagle, siguiera escalando.

En ese poco más de un mes, Juan Pablo I estableció una rutina rígida, tal como cuenta Nelson Castro, en su último libro. Desayunaba después de la misa, en ese momento leía los diarios. A las 9 comenzaba con las audiencias. Luego del almuerzo dormía una siesta.
Después, en su despacho, se dedicaba al estudio, a los documentos, y a los papeles hasta una temprana cena. Después pasaba a conversar con sus secretarios, y las religiosas que lo atendían, hasta que se retiraba a su habitación para leer algunas horas hasta dormirse. Esas lecturas, dicen, no eran de esparcimiento, ni religiosas. Estudiaba informes secretos, que le llegaban desde la Secretaría de Estado, sobre la situación del Vaticano.

La versión oficial del Vaticano, indicó que un ataque al corazón lo abatió mientras dormía, apenas empezaba el 28 de septiembre de 1978. Que fue encontrado por su secretario personal en su cama, mientras en una mano sostenía un libro abierto.

Los rumores comenzaron a arreciar. Las primeras sospechas, se basaron en los movimientos confusos, y en los datos inexactos, brindados por el Vaticano. Se dieron varios horarios de muerte; al poco tiempo, tuvieron que reconocer que quien lo encontró, fue una monja que lo asistía (la Iglesia se resistía a reconocer que una mujer podía tener acceso a los aposentos papales); se apuraron los tiempos del embalsamiento; y no se precisó, si se realizó o no autopsia.

Por otro lado, sus intervenciones públicas, en los últimos quince años, no habían contradicho ninguno de los grandes dogmas de la Iglesia en temas como el divorcio, aborto, la homosexualidad, y demás asuntos similares. Sólo se diferenció al hablar de los métodos anticonceptivos pero tampoco con una postura radical. Por todo ello esa imagen de Juan Pablo I, como figura revolucionaria, no encuentra demasiado asidero en la realidad.

La sensación de sorpresa y de estupor, por la muerte del pontífice, tan cercana a su fecha de asunción, fue masiva.

Su sucesor, Juan Pablo II, inició el camino de la canonización del Papa de la Sonrisa, el Papa efímero. Con el reconocimiento por parte de la iglesia, de un milagro en Argentina, ese camino parece estar llegando a su fin.

domingo, 3 de septiembre de 2023

 3 de Septiembre 2023


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San Gregorio Magno
(540-604)

Patriarca, Papa y Doctor de la Iglesia
Es patrón de los maestros

San Gregorio Magno, es el cuarto y último, de los originales Doctores de la Iglesia Latina. Defendió la supremacía del Papa, y trabajó por la reforma del clero, y la vida monástica.

Combatió la herejía nestoriana, que consideraba que en Cristo, existían dos personas distintas, la divina y la humana, y no una sola persona, de origen divino y fusionada con el linaje humano. Hizo contribuciones claves a la cristología.

https://365seleccionessacros.blogspot.com/2020/09/3de-septiembre-sangregorio-magno-540.html

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Hoy leemos en las escrituras

Libro de Jeremías 20,7-9

¡Tú me has seducido, Señor, y yo me dejé seducir!. ¡Me has forzado y has prevalecido!. Soy motivo de risa todo el día, todos se burlan de mí. Cada vez que hablo, es para gritar, para clamar: "Violencia, devastación!". Porque la palabra del Señor, es para mí oprobio y afrenta, todo el día.

Entonces dije: "No lo voy a mencionar, ni hablaré más en su Nombre". Pero había en mi corazón, como un fuego abrasador, encerrado en mis huesos: me esforzaba por contenerlo, pero no podía.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!

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Salmo 63(62),2.3-4.5-6.8-9

Señor, tú eres mi Dios,
yo te busco ardientemente;
mi alma tiene sed de Ti,
por Ti suspira mi carne,
como tierra sedienta, reseca y sin agua.

Sí, yo te contemplé en el Santuario,
para ver tu poder y tu gloria.
Porque tu amor, vale más que la vida,
mis labios te alabarán.

Así te bendeciré mientras viva,
y alzaré mis manos en tu Nombre.
Mi alma quedará saciada,
como con un manjar delicioso,
y mi boca te alabará,
con júbilo en los labios.

Veo que has sido mi ayuda,
y soy feliz a la sombra de tus alas.
Mi alma está unida a Ti,
tu mano me sostiene.

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Carta de San Pablo a los Romanos 12,1-2

Por lo tanto, hermanos, yo los exhorto por la misericordia de Dios, a ofrecerse ustedes mismos, como una víctima viva, santa y agradable a Dios: este es el culto espiritual que deben ofrecer. No tomen como modelo a este mundo. Por el contrario, transfórmense interiormente, renovando su mentalidad, a fin de que puedan discernir cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.

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Evangelio según San Mateo 16,21-27

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos, que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes, y de los escribas; que debía ser condenado a muerte, y resucitar al tercer día.

Pedro lo llevó aparte, y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás!. Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos, no son los de Dios, sino los de los hombres".

Entonces Jesús, dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de Mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida, a causa de Mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre, ganar el mundo entero, si pierde su vida?. ¿Y qué podrá dar el hombre, a cambio de su vida?. Porque el Hijo del hombre, vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno, de acuerdo con sus obras”.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!

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Historias Sagradas
http://365selecciones.es/historia#d8ee6392-8132-44c2-a2dc-0c90fedae657

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https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

https://www.biblegateway.com/

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https://www.vercalendario.info/es/evento/liturgia-catolica-ano-calendario-2021.html

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sábado, 2 de septiembre de 2023

 2 de Septiembre 2023






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San Antolín de Pamiers
(453)

Mártir
Patrón de Pamiers y Palencia
Patrón también de los cazadores

Beato Bartolomé Gutiérrez
(1580-1632)
Mártir

Otros santos y mártires

https://365seleccionessacros.blogspot.com/2020/09/2de-septiembre-sanantolin-de-pamiers.html

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SAN NONOSO
(500-560)

San Nonoso nos enseña el valor, de irradiar calma y paz, ante los embates de la ira.

https://365seleccionessacros.blogspot.com/2021/09/2de-septiembre-san-nonoso-500-560.html

191 Mártires de París en la Revolución Francesa
(1792)

Beatificados en 1926, murieron de maneras atroces, pero confesando la fe en Cristo, los primeros días de setiembre de 1792, en distintos puntos de París.

https://365seleccionessacros.blogspot.com/2023/09/2-de-septiembre-2023-191-martires-de.html

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Hoy leemos en las escrituras

Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,9-11.

Acerca del amor fraterno, no es necesario que les escriba, porque Dios mismo, les ha enseñado a amarse los unos a los otros, y así lo están haciendo, con todos los hermanos de Macedonia. Pero yo los exhorto, hermanos, a hacer mayores progresos todavía. Que sea cuestión de honor para ustedes, vivir en paz, cumpliendo cada uno sus obligaciones, y trabajando con sus manos, de acuerdo con mis directivas.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!

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Salmo 98(97),1.7-8.9

Canten al Señor un canto nuevo,
porque Él hizo maravillas:
su mano derecha y su santo brazo,
le obtuvieron la victoria.

Resuene el mar y todo lo que hay en él,
el mundo y todos sus habitantes;
aplaudan las corrientes del océano,
griten de gozo las montañas al unísono.

Griten de gozo delante del Señor,
porque Él viene a gobernar la tierra:
Él gobernará al mundo con justicia,
y a los pueblos con rectitud.

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Evangelio según San Mateo 25,14-30

Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los Cielos, es también como un hombre, que al salir de viaje, llamó a sus servidores, y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos, y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos. Pero el que recibió uno solo, hizo un pozo, y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor, y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos, se adelantó y le presentó otros cinco.
'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego, el que había recibido dos talentos, y le dijo:
'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego, el que había recibido un solo talento.
'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado, y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo, y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'.

Pero el señor le respondió:
'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado, y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!


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Historias Sagradas
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 2 de Septiembre 2023

191 Mártires de París en la Revolución Francesa
(1792)



Beatificados en 1926, murieron de maneras atroces, pero confesando la fe en Cristo, los primeros días de setiembre de 1792, en distintos puntos de París.

No cabe la menor duda, de que en el tiempo de la Revolución Francesa, existían en la Iglesia de Francia, situaciones y condiciones, que para decirlo con la mayor suavidad posible, eran lamentables: los obispos y otros clérigos de alta jerarquía, eran mundanos y ambiciosos, indiferentes a los sufrimientos del pueblo; se contaban por centenares, los párrocos y rectores ignorantes, egoístas y débiles, que a la hora de la prueba, no titubearon en pronunciar un juramento, y aceptar una constitución, que habían condenado la Santa Sede y sus propios obispos.

Eso, por el lado del clero, porque por parte de los laicos, casi todos eran indiferentes, o abiertamente hostiles a la religión. El reverso de la medalla, podía encontrarse en un reducido grupo de sacerdotes locales e extranjeros, y de gente que colaboraba con ellos, para la causa de la emancipación católica, y a los que no podemos dejar de sumar, a los cientos que dieron sus vidas, antes que cooperar con las fuerzas antirreligiosas.

En este último grupo, se encontraban los mártires que murieron en París, el 2 y el 3 de septiembre de 1792. En el año de 1790, la Asamblea Constituyente, aprobó la constitución civil para los clérigos, condenada inmediatamente por la jerarquía, como ilegal. Todos los obispos diocesanos, a excepción de cuatro, así como la mayoría del clero urbano, se negaron a prestar el juramento, que les imponía la nueva constitución.

Al año siguiente, el papa Pío VI, confirmó la condena a la constitución, a la que calificó de «hereje, contraria a las enseñanzas católicas, sacrílega, y contraria a los derechos de la Iglesia». A fines de agosto de 1792, los revolucionarios en toda Francia, se enfurecieron por el levantamiento de los campesinos en La Vendée, y los éxitos de las armas de Prusia, Austria y Suecia, en Longwy. Inflamados por los fogosos discursos, contra los realistas y el clero, unos mil quinientos hombres de iglesia, laicos, mujeres y niños, perecieron en una matanza gigantesca. Ciento noventa y una de estas víctimas, fueron beatificadas como mártires en 1926.

En las primeras horas de la tarde del 2 de septiembre, varios cientos de rebeldes, atacaron la «Abbaye», el antiguo monasterio donde los sacerdotes, los soldados leales, y algunas otras personas se hallaban prisioneros. La horda de maleantes, con un rufián llamado Maillard a la cabeza, exigieron a numerosos sacerdotes, que pronunciaran el juramento constitucional; todos se negaron y fueron muertos ahí mismo.

Después se formó un tribunal, para condenar al resto de los prisioneros en masa. Entre este segundo grupo de mártires, se hallaba el ex-jesuita (la Compañía de Jesús se encontraba suprimida por entonces) Beato Alejandro Lenfant. Había sido confesor del rey, y un fiel amigo de la familia real en desgracia.

Eso bastó para que, no obstante los esfuerzos de un sacerdote apóstata, fuese condenado y martirizado. Monseñor de Salamon nos dice en sus memorias, que observó al padre Lenfant, cuando escuchaba serenamente la confesión de otro sacerdote, minutos antes de que el confesor y el penitente, fueran arrastrados al lugar de su ejecución.

El alcalde de París enardeció con vino, y alentó con propinas a un grupo de pilluelos y vagabundos, para que atacaran la iglesia de los carmelitas en la «Rue de Rennes». Ahí se hallaban presos, más de ciento cincuenta eclesiásticos y un laico, el beato Carlos De La Calmette, conde de Valfons, un oficial de caballería, que había acompañado voluntariamente, al cura de su parroquia a la prisión, cuando se lo llevaron preso.

Aquella compañía de valientes hidalgos, encabezada por el beato Juan Maria De Lau, arzobispo de Arles, por el beato Francisco José De La Rochefoucauld, obispo de Beauvais y su hermano, el beato Pedro Louis, obispo de Saintes, llevaba en la prisión, una vida de regularidad monástica, y no cesaba de asombrar a sus carceleros por su alegría, y su buen humor.

Era una sombría tarde de domingo, con ráfagas de vientos helados, y amenaza de tempestad; a los prisioneros se les había permitido, tomar el aire en el jardín, y los obispos y otros clérigos, rezaban las vísperas en la capilla, cuando la horda de asesinos irrumpió en el jardín, y mató a puñaladas al primer sacerdote que se cruzó en su camino.

Al ruido del tumulto, Mons. de Lau salió tranquilamente de la capilla. «¿Eres tú el arzobispo?», le preguntó alguno de los rufianes. «Si, señores. Yo soy el arzobispo». Fue derribado, con un golpe de espada sobre el hombro, y ya en el suelo, se le atravesó el pecho, de parte a parte con una pica. Entre aullidos de excitación, horror y salvajismo, comenzaron a tronar las salvas de los disparos; las balas cayeron en lluvia cerrada; la pierna del obispo de Beauvais quedó destrozada. En un instante, algunos murieron y otros cayeron heridos.

Pero el fuego cesó súbitamente. Los franceses tienen el sentido del orden, y tal vez, aquella matanza les pareció desordenada. Por lo tanto, se procedió al nombramiento de un «juez», que instaló su tribunal en el pasillo entre la iglesia y la sacristía.

Los acusados comparecían ante él, de dos en dos. Con ambas manos, el «juez» les presentaba sendos pliegos, con el juramento constitucional para que lo prestaran; pero todos lo rechazaron, sin la más mínima vacilación. Entonces, la pareja de condenados, descendía por la estrecha escalera que conducía al exterior, y al salir, la muchedumbre desaforada los hacía pedazos.

En el pasillo, el juez gritó el nombre del obispo de Bauvais; desde el rincón donde yacía, inmovilizado, repuso: «No me niego a morir con los demás, pero no puedo andar. Ruego a vuestra señoría, que tenga a bien mandar que me lleven a donde deba de ir». No podía haberse hecho, una demostración más clara, de aquella monstruosa injusticia, que la réplica breve y cortés del obispo.

Pero no le salvó la vida, aunque ninguno de los verdugos, se atrevió a decir palabra, cuando dos hombres le cargaron en vilo, y lo llevaron ante el juez, para que rechazara el juramento constitucional.

El beato Jacobo Galais, quien estaba a cargo de la cocina para los prisioneros, le entregó al juez trescientos veinticinco francos, que le debía al carnicero, porque no quería llegar al cielo con aquella deuda.

El beato Jacobo Friteyre-Durvé, ex-jesuita, fue apuñalado por un vecino suyo, a quien conocía desde que eran pequeños; otros tres ex jesuitas, y cuatro sacerdotes seculares, eran ancianos sacados de una casa de descanso en Issy, para ser encerrados en la iglesia de los carmelitas; el conde de Valfon y su confesor, el beato Juan Guilleminet, murieron uno junto al otro; y así, todos perecieron hasta no quedar ninguno.

A estos mártires se les llama «des Carmes» por el lugar donde padecieron. Ahí mismo había otras cuarenta personas, más o menos, que conservaron la vida, gracias a que no fueron vistas o bien, pudieron escapar en las narices de guardias complacientes, o compadecidos.

Entre las víctimas, se hallaba también el beato Ambrosio Agustin Chi Vreux, superior general de los benedictinos mauristas, y otros dos monjes; el beato Francisco Luis Hebert, confesor de Luis XVI; tres franciscanos, catorce ex-jesuitas, seis vicarios generales diocesanos, treinta y ocho estudiantes, o ex-alumnos del seminario de San Sulpicio, tres diáconos, un acólito y un hermano maestro. Los cadáveres, fueron enterrados en una fosa común del cementerio de Veaugirard, aunque muchos fueron arrojados también a un pozo, en el jardín de la iglesia del Carmen.

El 3 de septiembre, la horda de asesinos, irrumpió en el seminario lazarista de San Fermín, convertido también en prisión, donde su primera víctima, fue el beato Pedro Guérin Du Rocher, un ex-jesuita de sesenta años. Se le pidió que eligiera, entre el juramento y la muerte, y tan pronto como rehusó someterse a la constitución, fue arrojado por la ventana más próxima, y al caer en el patio, fue acribillado a puñaladas.

Su hermano, el beato Roberto Du Rocheb, fue también una de las víctimas, y hubo otros tres ex-jesuitas, entre los noventa y un clérigos que se hallaban presos ahí, de los cuales sólo cuatro escaparon con vida.

El superior del seminario era el beato Luis José Franwis. En su capacidad de gobernante, había avisado a su comunidad, que el juramento era ilegal para los clérigos. Era un hombre de tanta fama por su bondad, y tan querido en París, que a pesar de los riesgos, un oficial del ejército, le advirtió sobre el peligro que corría, y se ofreció a ayudarle a escapar.

Por supuesto, se negó a abandonar a sus compañeros de prisión, muchos de los cuales habían llegado voluntariamente a San Fermín, confiados en salvarse. Entre los que murieron con él, se hallaban el beato Enrique Gruyer, y otros lazaristas; el beato Yves Guillon De Keranrun, vicecanciller de la Universidad de París, y tres laicos. En la prisión de La Force, en la «Rue Saint-Antoine», no quedó ningún sobreviviente para describir, los últimos momentos de cualquiera de sus compañeros de infortunio.

viernes, 1 de septiembre de 2023

 1 de Septiembre 2023






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SAN JOSUÉ
Caudillo de Israel

“Ninguno podrá resistiros, en todo el tiempo de tu vida; como estuve con Moisés, así estaré contigo: no te dejaré ni te desampararé”.

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San Egidio o Gil
Abad

Siglo VII

Un ángel le entregó un pergamino, revelándole un pecado gravísimo que el rey francés Carlos, había cometido. El abad se lo entregó a éste, después de misa, y el rey confirmó su certeza, prometiendo hacer penitencia, y no volver a pecar.

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San Lupo de Sens
Obispo y confesor
(623)

Fue desterrado por haber dicho ante un jerarca local, que convenía al pueblo ser regido por un sacerdote, y obedecer a Dios antes que a los príncipes.

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Hoy leemos en las escrituras

Primera Carta de San Pablo a los Tesalonicenses 4,1-8.

Por lo demás, hermanos, les rogamos y los exhortamos en el Señor Jesús, que vivan conforme, a lo que han aprendido de nosotros, sobre la manera de comportarse, para agradar a Dios. De hecho, ustedes ya viven así: hagan mayores progresos todavía.

Ya conocen las instrucciones que les he dado, en nombre del Señor Jesús. La voluntad de Dios, es que sean santos, que se abstengan del pecado carnal, que cada uno sepa usar de su cuerpo, con santidad y respeto, sin dejarse arrastrar por los malos deseos, como hacen los paganos que no conocen a Dios.

Que nadie se atreva a perjudicar, ni a dañar en esto a su hermano, porque el Señor hará justicia, por todas estas cosas, como ya se lo hemos dicho, y atestiguado. Dios, en efecto, no nos llamó a la impureza, sino a la santidad. Por eso, el que desprecia estas normas, no desprecia a un hombre, sino a Dios, a ese Dios que les ha dado su Espíritu Santo.

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Salmo 97(96),1.2b.5-6.10.11-12

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
La Justicia y el Derecho, son la base de su trono.
Las montañas se derriten como cera,
delante del Señor, que es el dueño de toda la tierra.

Los cielos proclaman su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Tú amas, Señor, a los que odian el mal,
proteges la vida de tus fieles,
y los libras del poder de los malvados.

Nace la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, en el Señor,
y alaben su Santo Nombre.

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Evangelio según San Mateo 25,1-13

Por eso, el Reino de los Cielos, será semejante a diez jóvenes, que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.

Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes, tomaron sus lámparas, y también llenaron de aceite sus frascos. Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas, y se quedaron dormidas.

Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron, y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas, entraron con él en la sala nupcial, y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes, y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!

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Historias Sagradas
http://365selecciones.es/historia#d8ee6392-8132-44c2-a2dc-0c90fedae657

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https://evangeliodeldia.org/SP/gospel

https://www.biblegateway.com/

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https://www.vercalendario.info/es/evento/liturgia-catolica-ano-calendario-2021.html

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 1 de Septiembre 2023


San Lupo de Sens

Obispo y confesor

(623)

En Sens, de Neustria, San Lupo, obispo, que fue desterrado por haber dicho ante un jerarca local, que convenía al pueblo ser regido por un sacerdote, y obedecer a Dios antes que a los príncipes.

Al suceder a San Artemio en la sede episcopal de Sens, Lupo se distinguió por el celo extraordinario, con que cumplió todos sus deberes pastorales, y por haber demostrado, que ninguna dignidad, podría infundirle el orgullo, ni que la mayor dedicación a cualquier trabajo público, podía distraerle de su constante contemplación de Dios.

Cuando la seguridad de su país requirió su ayuda, se puso en actividad para mantener el orden público, y tras la muerte del rey Thierry II, apoyó a su heredero Sigberto, con todas las posibilidades de sus propios poderes.

Tiempo después, Clotario se adueñó de Borgoña, y envió ahí el duque Farulf, para que se hiciera cargo de la administración de la tierra conquistada. El ministro se ensañó contra San Lupo, ya que éste, durante el sitio a Sens, se había salvado de morir, bajo las espadas de los hombres de Clotario, al repicar las campanas de su iglesia, lo que bastó para que todos los atacantes, asustados, se alejaran más que de prisa.

El obispo Lupo no tomó precauciones, para defenderse de la maldad de Farulf, y éste levantó, ante el rey, terribles calumnias contra el prelado, con la complicidad de Medegislo, abad de Saint-Remi, monasterio de Sens, cuya ambición era la de suplantar a San Lupo en la sede. El pago que recibieron las criminales actividades de aquel abad inescrupuloso, consistió en la invasión tumultuosa de su iglesia, por parte del pueblo indignado, que lo asesinó ahí mismo.

Pero Clotario se dejó engañar por las intrigas, y desterró al obispo Lupo a Auséne, una aldea cercana a la ciudad de Lyon. Al llegar al sitio de su exilio. el santo descubrió, apesadumbrado, que los habitantes rendían culto a los dioses falsos, y se propuso rescatarlos del paganismo.

Con la ayuda de Dios, obró el milagro espectacular, de devolver la vista a un hombre ciego, delante del gobernador y numerosos testigos. Al día siguiente, el gobernador, muchos funcionarios, ciudadanos y hombres del ejército de los francos, acudieron a solicitar el bautismo. Mientras tanto, San Winebaldo, el abad de Troyes y toda la ciudadanía de Sens, exigieron al rey Clotario, que llamase a san Lupo del destierro al que le había condenado.

Ante aquella demostración de afecto y lealtad, el monarca comprendió, que había obrado injustamente en contra del obispo, al dejarse prender en la red de malévolas intrigas, forjadas por los acusadores. Inmediatamente, trató de reparar el daño, mandó traer al exilado, y luego de pedirle perdón humildemente, le devolvió a su sede. El santo obispo Lupo, por su parte, jamás demostró el menor resentimiento hacia sus enemigos, y por la resignación y paciencia, con que soportó sus infortunios, marcó sus virtudes con el sello del heroísmo.

Entre los muchos prodigios que se atribuyen a su santidad, se cuenta que cierto día en que cantaba una misa, alzó el cáliz, y sin explicarse de dónde podría venir, a no ser que procediera del espacio, una piedra preciosa de gran tamaño, cayó dentro de la copa. Este acto se relataba en el antiguo Martirologio Romano, con la prudente advertencia: refertur (así se refiere) ; pero de todas maneras, podría explicarse, si se tiene en cuenta que las piedras preciosas en los ornamentos de vestiduras y altares, se desprenden con facilidad.
Pero aquella joya se conservó como una reliquia, entre los tesoros de la catedral de Sens, donde también se guarda el anillo episcopal, que es uno de los muchos anillos legendarios que cayeron, por accidente, al agua, y más tarde, fueron recuperados en el vientre de un pez. San Lupo murió en el año 623.

 1 de Septiembre 2023

San Egidio o Gil

Abad

Siglo VII

La leyenda de San Gil (Aegidius), una de las más famosas en la Edad Media, procede de una biografía escrita en el siglo X. De acuerdo con aquel escrito, Gil era ateniense por nacimiento.

Durante los primeros años de su juventud, devolvió la salud a un mendigo enfermo, en virtud de haberle cedido su capa, tal como había sucedido con San Martín de Tours. Gil despreciaba los bienes temporales, y detestaba el aplauso y las alabanzas de los hombres, que llovieron sobre él, tras la muerte de sus padres, debido a la prodigalidad con que daba limosnas, y los milagros que se le atribuían.

Para escapar, se embarcó hacia el Occidente, llegó a Marsella, y luego de pasar dos años en Arles, junto a San Cesareo, se construyó una ermita en mitad de un bosque, cerca de la desembocadura del Ródano. En aquella soledad, se alimentaba con la leche de una cierva, que acudía con frecuencia, y se dejaba ordeñar mansamente por el ermitaño.

Cierto día, Flavio, el rey de los godos, que andaba de cacería, persiguió a la cierva, y le azuzó a los perros, hasta que el animal fue a refugiarse junto a Gil, quien la ocultó en una cueva, y la partida de caza pasó de largo frente a ella, incluso los perros, que parecían haber perdido el olfato.

Al día siguiente, se reanudó la cacería, y la cierva fue nuevamente descubierta y perseguida, hasta la cueva donde la ocultó el ermitaño, y donde se volvía invulnerable. Al tercer día, el rey Flavio llevó consigo a un obispo, para que presenciara el suceso, y tratase de explicarle el extraño proceder de sus perros.

En aquella tercera ocasión, uno de los arqueros del rey, disparó una flecha al azar, a través de la maleza, que cubría la entrada de la cueva. Cuando los cazadores se abrieron paso hasta la caverna, encontraron a Gil herido por la flecha, y a la cierva echada a sus pies. Flavio y el obispo, instaron al ermitaño, para que diera cuenta de su presencia en aquellos parajes.

Gil les relató su historia, y al escucharla, tanto el monarca como el prelado, les pidieron perdón por haber alterado la paz de su soledad, y el rey impartió órdenes, para que fuesen en busca de un médico, que le curase la herida de la flecha, pero San Gil rehusó aceptar la visita del doctor, no quiso tomar ninguno de los regalos, que le presentaron los de la partida real, y rogó a todos que le dejasen tranquilo en su solitario retiro.

El rey Flavio hizo frecuentes visitas a San Gil, y éste acabó por solicitar al monarca, que dedicase todas las limosnas y beneficios que le ofrecía, a la fundación de un monasterio. Flavio se comprometió a hacerlo, a condición de que Gil fuese el primer abad.

A su debido tiempo, el monasterio se levantó cerca de la cueva del ermitaño, se agrupó una comunidad en torno a Gil, y muy pronto la reputación de los nuevos monjes, y de su abad llegó al oído de Carlos, rey de Francia (a quien los trovadores medievales, identificaron con Carlomagno, aunque resulta anacrónico).

La corte mandó traer a San Gil a Orléans, donde se entretuvo largamente con el rey, en profunda charla sobre asuntos espirituales. Sin embargo, en el curso de aquellas conversaciones, el monarca calló una gravísima culpa que había cometido, y le pesaba sobre la conciencia... «el domingo siguiente, cuando el ermitaño oficiaba la misa, y según la costumbre, oraba especialmente por el rey durante el canon, apareció un ángel del Señor, que depositó sobre el altar, un rollo de pergamino, donde estaba escrito el pecado que el monarca había cometido.

En el pergamino se advertía también, que aquella culpa sería perdonada por la intercesión de Gil, siempre y cuando el rey, hiciese penitencia, y se comprometiese a no volver a cometerla.

Al terminar la misa, Gil entregó el rollo de pergamino al monarca, quien al leerlo, cayó de rodillas ante el santo, y le suplicó que intercediera por él ante Dios. A continuación, el buen ermitaño, se puso en oración para encomendar al Señor, el alma del monarca, y a éste le recomendó, con dulzura, que se abstuviese de cometer la misma culpa en el futuro.

Después de aquella temporada en la corte, San Gil regresó a su monasterio, y al poco tiempo, partió a Roma para encomendar sus monjes, a la Santa Sede. El Papa concedió innumerables privilegios a la comunidad, y al monasterio le hizo el donativo de dos portones de cedro tallados con primor.

A fin de poner a prueba su confianza en Dios, San Gil mandó arrojar aquellas dos puertas a las aguas del Tiber, se embarcó en ellas, y con viento propicio, navegaron por el Mediterráneo hasta las costas de Francia. Recibió una advertencia celestial, sobre la proximidad de su muerte, y en la fecha vaticinada, un domingo l de septiembre, «dejó este mundo, que se entristeció por la ausencia corporal de Gil, pero en cambio, llenó de alegría los Cielos por su feliz arribo».

Este relato sobre San Gil y otros, que circularon durante la Edad Media, y que son nuestras únicas fuentes de información, resultan completamente indignos de confianza. Es evidente, que algunos de sus pormenores son contradictorios y anacrónicos; además, la leyenda está asociada, con ciertas bulas pontificias, que como ahora se sabe, fueron fraguadas para servir a los intereses del monasterio de San Gil, en Provenza.

Lo más que se puede saber sobre el santo, es que debe haber sido un ermitaño, o un monje que vivió cerca de la desembocadura del Ródano, en el siglo sexto u octavo, y que el famoso monasterio, que lleva su nombre afirma poseer sus reliquias.

La historia de la cierva se relaciona con varios santos, de entre los cuales San Gil es el más famoso, y durante muchos siglos, uno de los más populares.

Se le nombra entre los «Catorce Santos Auxiliadores» (el único entre ellos que no fue mártir) y su tumba, en el monasterio, fue centro de peregrinaciones de primerísima importancia, que contribuyó a la prosperidad de la ciudad de Saint Gilles durante la Edad Media, hasta el siglo XIII, cuando quedó convertida en ruinas, durante la cruzada contra los albigenses.

Otros cruzados bautizaron con el nombre de Saint Gilles, a una ciudad (la actual Sinjil) que fundaron en los límites de las regiones de Benjamín y Efraín, de manera que su culto se extendió, por todo el oriente de Europa. En Inglaterra había 160 parroquias dedicadas a él. Se le invoca como protector de los tullidos, mendigos y herreros. Juan Lydgate, un monje poeta de Bury, le invocaba así en el siglo quince:

Gil, santo protector de pobres y lisiados,
consuelo de los enfermos en su mala suerte,
refugio y escudo de los necesitados,
patrocinio de los que miran a la muerte.
Por ti, los moribundos vuelven a la vida.