miércoles, 14 de septiembre de 2016

14 de Septiembre

EXALTACION DE LA SANTA CRUZ 



Libro de los Números 21,4-9

Los israelitas partieron del monte Hor por el camino del Mar Rojo, para bordear el territorio de Edóm. Pero en el camino, el pueblo perdió la paciencia, y comenzó a hablar contra Dios y contra Moisés: "¿Por qué nos hicieron salir de Egipto para hacernos morir en el desierto?. ¡Aquí no hay pan ni agua, y ya estamos hartos de esta comida miserable!".

Entonces el Señor envió contra el pueblo unas serpientes abrasadoras, que mordieron a la gente, y así murieron muchos israelitas.

El pueblo acudió a Moisés y le dijo: "Hemos pecado hablando contra el Señor y contra ti. Intercede delante del Señor, para que aleje de nosotros esas serpientes".

Moisés intercedió por el pueblo, y el Señor le dijo: "Fabrica una serpiente abrasadora, y colócala sobre un asta. Y todo el que haya sido mordido, al mirarla, quedará curado".
Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta. Y cuando alguien era mordido por una serpiente, miraba hacia la serpiente de bronce, y quedaba curado.

Carta de San Pablo a los Filipenses 2,6-11

Él, que era de condición divina, no consideró esta igualdad con Dios como algo que debía guardar celosamente: al contrario, se anonadó a sí mismo, tomando la condición de servidor, y haciéndose semejante a los hombres.

Y presentándose con aspecto humano, se humilló hasta aceptar por obediencia la muerte, y muerte de cruz. Por eso, Dios lo exaltó, y le dio el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame para gloria de Dios Padre: "Jesucristo es el Señor".

Evangelio según San Juan 3,13-17.

Nadie ha subido al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del hombre que está en el cielo.

De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto,
también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto, para que todos los que creen en Él tengan Vida eterna.

Sí, Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en Él no muera, sino que tenga Vida eterna.

Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él.

Reflexión Espiritual

  • Dios permite que la realidad espiritual del pecado se manifieste visiblemente en serpientes venenosas.
  • Mirar a la serpiente de bronce es enfrentarse, y reconocer el pecado cometido. Dios les está diciendo: "Miren a la serpiente que está detrás de vuestros pensamientos y corazones". Cuando la serpiente es descubierta pierde su capacidad de engañar.
  • El miedo a sufrir es el arma por la que el demonio nos somete en la esclavitud. El hace que nuestra prioridad sea evitar sufrimientos, y tratar de asegurar todo lo que consideramos necesario para una buena vida en este mundo.
  • La sabiduría de la cruz renueva completamente nuestra mente. Consiste en el fuego de amor divino, que nos impulsa a buscar por encima de todo la voluntad de Dios.
  • El poder de la Cruz rompe el dominio de Satanás sobre nosotros. Ya no tememos perderlo todo, estamos dispuestos a sufrir y morir a nuestro ego rebelde, con tal de vivir en Cristo.
  • Jesús no vino a quitarnos la cruz, sino a darnos la gracia de llevarla en alto por amor.
  • Jesús nos dio muchas enseñanzas que debemos aplicar pero solo podremos hacerlo si primero le contemplamos levantado en la cruz.

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Santa Nutgarda


(1265-1313)
Patrona del Personal Doméstico

Santa Nutgarda fue una santa austríaca del moderno Tirol.

Fue una cocinera de la mansión del Condado Enrique de Rattenberg, y daba comida a los más pobres. Pero Otilia, la mayordoma, le ordenó que cualquier sobra se lo diera a los cerdos. A pesar de que continuó sirviendo en la mansión, Notburga guardaba algo de su propia comida, sobre todo los viernes, para dárselo a los más necesitados.

Según la tradición, un día su amo le pilló llevando comida y le ordenó que le enseñara que llevaba escondido. Ella obedeció pero en lugar de la comida y vino, él sólo vio virutas y vinagre. Este milagro se repitió en muchas ocasiones con otros santos como con Santa Casilda de Toledo, quien llevaba a los cristianos cautivos de su ciudad alimentos escondidos en su falda, y descubierta por su hermano éste sólo vió rosas en lugar de alimentos, al igual que Santa Germana de Pibrac.

Como resultado de las acciones de Notburga, Otilia la despidió, pero pronto cayó gravemente enferma, y Notburga volvió para cuidar de ella.

A continuación, Notburga trabajó para un campesino de Eben am Achensee, con la condición de que se le permitiera ir a la iglesia, antes de la noche, los domingos y fiestas. Una noche, su amo le obligó a seguir trabajando en el campo. Lanzó su hoz en el aire y supuestamente dijo: "Que mi hoz sea el juez entre tú y yo". Entonces, la hoz quedó suspendida en el aire.

Mientras tanto, el conde Enrique sufrió dificultades, que atribuyó al despido de Notburga, así que la volvió a contratar.

Poco antes de su muerte, se dice que le dijo a su maestro que colocara su cadáver en un carro tirado por dos bueyes, para enterrarla allí donde los bueyes se detengan. Los bueyes tiraron del carro hasta la capilla de San Ruperto cerca de Eben, donde fue enterrada.

Oración: Señor que a imitación de Santa Nutgarda, seamos siempre fieles servidores tuyos, tomando con alegría nuestra propia cruz y ayudando a llevar las cruces ajenas. Por nuestro Señor Jesucristo, ayer, hoy y siempre. Amén.

martes, 13 de septiembre de 2016

13 de Septiembre
San Juan Crisóstomo


Obispo, Patriarca y Doctor de la Iglesia

Patrono de los predicadores. Mártir.

Año 407

“Sea dada gloria a Dios por todo”
Breve
Arzobispo de Constantinopla. Eximio orador, y protector de los pobres y perseguidos sociales o políticos. Murió camino al destierro por esta férrea defensa de los indefensos.

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Intervención de Benedicto XVI en la que presentó la figura de San Juan Crisóstomo

La formación en la infancia es clave para dar la perspectiva justa a la vida, alerta el Papa en su intervención en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 19 septiembre 2007 (ZENIT.org).-
Es fundamental que en la infancia «entren realmente en el hombre las grandes orientaciones que dan la perspectiva justa a la existencia», recuerda el Papa.

Esta indicación procede de la doctrina del obispo de Constantinopla San Juan Crisóstomo, «más actual que nunca», dijo Benedicto XVI ante unos veinte mil peregrinos en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, dedicando este miércoles la audiencia general al Padre Apostólico en el año del decimosexto centenario de su muerte.

Llamado Crisóstomo o «Boca de oro» por su elocuencia, en el «alma de fuego» de Juan maduró «la urgencia de predicar el Evangelio» y el «ideal misionero» le lanzó «a la atención pastoral», convirtiéndose en «pastor de almas a tiempo completo», describió el Papa.

Este Padre de la Iglesia, entre los más prolíficos, transmitió «la doctrina tradicional y segura de la Iglesia» con la preocupación constante «de la coherencia entre el pensamiento expresado por la palabra, y la vivencia existencial».

Y es que «las dos cosas, conocimiento de la verdad y rectitud de vida, van juntas –recalcó Benedicto XVI--: el conocimiento debe traducirse en vida».

Por eso toda intervención de San Juan Crisóstomo «se orientó siempre a desarrollar en los fieles el ejercicio de la inteligencia, de la verdadera razón, para comprender y traducir en la práctica las exigencias morales y espirituales de la fe», explicó.

Acompañando siempre «el desarrollo integral de la persona, en las dimensiones física, intelectual y religiosa», San Juan Crisóstomo hizo hincapié en la infancia, esta primera edad en la que «se manifiestan las inclinaciones al vicio y a la virtud»; «por ello la ley de Dios debe ser desde el principio impresa en el alma “como en una tablilla de cera”», puntualizó el Papa citando al Crisóstomo.

La infancia es «la edad más importante --subrayó--. Debemos tener presente cuán fundamental es que en esta primera fase de la vida entren realmente en el hombre las grandes orientaciones que dan la perspectiva justa a la existencia».

«A la juventud –proseguía San Juan Crisóstomo-- le sucede la edad de la persona madura, en la que sobrevienen los compromisos de familia».

En el itinerario formativo, «los esposos bien preparados cortan el camino al divorcio –advirtió el Santo Padre--: todo se desarrolla con gozo, y se pueden educar a los hijos en la virtud».

Y la familia, «pequeña Iglesia», vive en recíproca relación con la gran Iglesia, en la que participa el laico en virtud del Bautismo, sacramento que le da «el deber fundamental de la misión» --recordó-- «porque cada uno en alguna medida somos responsables de la salvación de los demás».

«Esta lección del Crisóstomo sobre la presencia auténticamente cristiana de los fieles laicos en la familia y en la sociedad, es hoy más actual que nunca», concluyó Benedicto XVI.

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Podemos continuar leyendo y aprendiendo más de la vida de este santo...
A este santo arzobispo de Constantinopla, la gente le puso el apodo de "Crisóstomo" que significa: "boca de oro", porque sus predicaciones eran enormemente apreciadas por sus oyentes. Es el más famoso orador que ha tenido la Iglesia. Su oratoria no ha sido superada después por ninguno de los demás predicadores.

Nació en Antioquía (Siria) en el año 347. Era hijo único de un gran militar, y de una mujer virtuosísima, Antusa, que ha sido declarada santa también.

A los 20 años Antusa quedó viuda, y aunque era hermosa, renunció a un segundo matrimonio para dedicarse por completo a la educación de su hijo Juan.

Desde sus primeros años el jovencito demostró tener admirables cualidades de orador, y en la escuela causaba admiración con sus declamaciones, y con las intervenciones en las academias literarias. La mamá lo puso a estudiar bajo la dirección de Libanio, el mejor orador de Antioquía, y pronto hizo tales progresos, que preguntado un día Libanio acerca de quién desearía que fuera su sucesor en el arte de enseñar oratoria, respondió: "Me gustaría que fuera Juan, pero veo que a él le llama más la atención la vida religiosa, que la oratoria en las plazas".

Juan deseaba mucho irse de monje al desierto, pero su madre le rogaba que no la fuera a dejar sola. Entonces para complacerla se quedó en su hogar, pero convirtiendo su casa en un monasterio, o sea viviendo allí como si fuera un monje, dedicado al estudio y la oración, y a hacer penitencia.

Cuando su madre murió se fue de monje al desierto, y allá estuvo seis años rezando, haciendo penitencias y dedicándose a estudiar la Santa Biblia. Pero los ayunos tan prolongados, la falta total de toda comodidad, los mosquitos, y la impresionante humedad de esos terrenos le dañaron la salud, y el superior de los monjes le aconsejó que si quería seguir viviendo y ser útil a la sociedad tenía que volver a la ciudad, porque la vida de monje en el desierto no era para una salud como la suya.

Al llegar otra vez a Antioquía fue ordenado de sacerdote, y el anciano Obispo Flaviano le pidió que lo reemplazara en la predicación. Y empezó pronto a deslumbrar con sus maravillosos sermones. La ciudad de Antioquía tenía unos cien mil cristianos, los cuales no eran demasiado fervorosos.

Juan empezó a predicar cada domingo. Después cada tres días. Más tarde cada día y luego varias veces al día. Los templos donde predicaba se llenaban de bote en bote. Frecuentemente sus sermones duraban dos horas, pero a los oyentes les parecían unos pocos minutos, por la magia de su oratoria insuperable. La entonación de su voz era impresionante.

Sus temas, siempre tomados de la Santa Biblia, el libro que él leía día por día, y meditaba por muchas horas. Sus sermones están coleccionados en 13 volúmenes. Son impresionantemente bellos.

Era un verdadero pescador de almas. Empezaba tratando temas elevados, y de pronto descendía rápidamente como un águila hacia las realidades de la vida diaria. Se enfrentaba enardecido contra los vicios y los abusos. Fustigaba y atacaba implacablemente al pecado. Tronaba terrible su fuerte voz contra los que malgastaban su dinero en lujos e inutilidades, mientras los pobres tiritaban de frío y agonizaban de hambre.

El pueblo le escuchaba emocionado, y de pronto estallaba en calurosos aplausos, o en estrepitoso llanto el cual se volvía colectivo e incontenible. Los frutos de conversión eran visibles.

El emperador Teodosio decretó nuevos impuestos. El pueblo de Antioquía se disgustó, y por ello armó una revuelta, y en el colmo de la trifulca derribaron las estatuas del emperador y de su esposa, y las arrastraron por las calles.

La reacción del gobernante fue terrible. Envió su ejército a dominar la ciudad, y con la orden de tomar una venganza espantosa. Entre la gente cundió la alarma y a todos los invadió el terror. El Obispo se fue a Constantinopla, la capital, a implorar el perdón del airado emperador, y las multitudes llenaron los templos implorando la ayuda de Dios.

Y fue entonces cuando Juan Crisóstomo aprovechó la ocasión para pronunciar ante aquel populacho sus famosísimos "Discursos de las estatuas" que conmovieron enormemente a sus miles de oyentes logrando conversiones. Esos 21 discursos fueron quizás los mejores de toda su vida, y lo hicieron famoso en los países de los alrededores.

Su fama llegó hasta la capital del imperio. Y el fervor y la conversión a que hizo llegar a sus fieles cristianos, obtuvieron que las oraciones fueran escuchadas por Dios, y que el emperador desistiera del castigo a la ciudad.

En el año 398, habiendo muerto el arzobispo de Constantinopla, le pareció al emperador que el mejor candidato para ese puesto era Juan Crisóstomo, pero el santo se sentía totalmente indigno, y respondía que había muchos que eran más dignos que él para tan alto cargo. Sin embargo el emperador Arcadio envió a uno de sus ministros, con la orden terminante de llevar a Juan a Constantinopla aunque fuera a la fuerza.

Así que el enviado oficial invitó al santo a que lo acompañara a las afueras de la ciudad de Antioquía a visitar las tumbas de los mártires, y entonces dio la orden a los oficiales del ejército de que lo llevaran a Constantinopla con la mayor rapidez posible, y en el mayor secreto porque si en Antioquía sabían que les iban a quitar a su predicador se iba a formar un tumulto inmenso. Y así fue que tuvo que aceptar ser arzobispo.

Apenas posesionado de su altísimo cargo lo primero que hizo fue mandar quitar de su palacio todos los lujos. Con las cortinas tan elegantes fabricaron vestidos para cubrir a los pobres que se morían de frío. Cambió los muebles de lujo por muebles ordinarios, y con la venta de los otros ayudó a muchos pobres que pasaban terribles necesidades.

Él mismo se vestía muy sencillamente, y comía tan pobremente como un monje del desierto. Y lo mismo fue exigiendo a sus sacerdotes y monjes: ser pobres en el vestir, en el comer, y en el mobiliario, y así dar buen ejemplo, y con lo que se ahorraba en todo esto ayudar a los necesitados.

Pronto, en sus elocuentes sermones empezó a atacar fuertemente el lujo de las gentes en el vestir y en sus mobiliarios, y fue obteniendo que con lo que muchos gastaban antes en vestidos costosísimos y en muebles ostentosos, lo empezaran a emplear en ayudar a la gente pobre. El mismo daba ejemplo en esto, y la gente se conmovía ante sus palabras, y su modo tan pobre y mortificado de vivir.

En aquellos tiempos había una ley de la Iglesia que ordenaba que, cuando una persona se sentía injustamente perseguida, podía refugiarse en el templo principal de la ciudad, y que allí no podían ir las autoridades a apresarle. Y sucedió que una pobre viuda se sintió injustamente perseguida por la emperatriz Eudoxia y por su primer ministro, y se refugió en el templo del Arzobispo.

Las autoridades quisieron ir allí a apresarla, pero San Juan Crisóstomo se opuso, y no lo permitió. Esto disgustó mucho a la emperatriz. Y unos meses más tarde Eudoxia peleó con su primer ministro, y se propuso echarlo a la cárcel. Él corrió a refugiarse en el templo del arzobispo, y aunque la policía de la emperatriz quiso llevarlo preso, San Juan Crisóstomo no lo permitió. El ministro que antes había querido llevarse prisionera a una pobre mujer y no pudo, porque el arzobispo la defendía, ahora se vio él mismo defendido por el propio santo.

Eudoxia ardía de rabia por todo esto, y juraba vengarse, pero el gran predicador gritaba en sus sermones: "¿Cómo puede pretender una persona que Dios le perdone sus maldades, si ella no quiere perdonar a los que le han ofendido?".

Eudoxia se unió con un terrible enemigo que tenía Crisóstomo, y era Teófilo de Alejandría. Este reunió un grupo de los que odiaban al santo, y entre todos lo acusaron de un montón de cosas. Por eemplo: “Que había gastado los bienes de la Iglesia en repartir ayudas a los pobres. Que prefería comer solo en vez de ir a los banquetes. Que a los sacerdotes que no se portaban debidamente, los amenazaba con el grave peligro que tenían de condenarse, y que había dicho que la emperatriz, por las maldades que cometía, se parecía a la pérfida reina Jetzabel que quiso matar al profeta Elías, etc., etc”.

Al oír estas acusaciones, el emperador, atizado por su esposa Eudoxia, decretó que Juan quedaba condenado al destierro. Al saber tal noticia, un inmenso gentío se reunió en la catedral, y Juan Crisóstomo pronunció uno de sus más hermosos sermones. Decía: "¿Qué me destierran?. ¿A qué sitio me podrán enviar que no esté mi Dios allí cuidando de mí?. ¿Qué me quitan mis bienes?. ¿Qué me pueden quitar si ya los he repartido todos?. ¿Qué me matarán?. Entonces me volveré semejante a mi Maestro Jesús, y como Él, daré mi vida por mis ovejas..."

Ocultamente fue enviado al destierro, pero sobrevino un terremoto en Constantinopla, y llenos de terror los gobernantes le rogaron que volviera otra vez a la ciudad, y un inmenso gentío salió a recibirlo en medio de grandes aclamaciones.

Eudoxia, Teófilo y los demás enemigos no se dieron por vencidos. Inventaron nuevas acusaciones contra Juan, y aunque el Papa de Roma y muchos obispos más lo defendían, le enviaron desterrado al Mar Negro. El anciano arzobispo fue tratado brutalmente por algunos de los militares que lo llevaban prisionero, los cuales le hacían caminar kilómetros y kilómetros cada día, con un sol ardiente, lo cual lo debilitó muchísimo. El trece de septiembre, después de caminar diez kilómetros bajo un sol abrasador, se sintió muy agotado.

Se durmió, y vio en sueños que San Basilisco, un famoso obispo muerto hacía algunos años, se le aparecía y le decía: "Ánimo, Juan, mañana estaremos juntos". Se hizo aplicar los últimos sacramentos; se revistió de los ornamentos de arzobispo, y al día siguiente diciendo estas palabras: "Sea dada gloria a Dios por todo", quedó muerto. Era el 14 de septiembre del año 404.

Eudoxia murió unos días antes que él, en medio de terribles dolores.

Al año siguiente el cadáver del santo fue llevado solemnemente a Constantinopla, y todo el pueblo, precedido por las más altas autoridades, salió a recibirlo cantando y rezando.

El Papa San Pío X nombró a San Juan Crisóstomo como Patrono de todos los predicadores católicos del mundo.

Que Dios nos siga enviando muchos predicadores como él.

¿Si Dios está con nosotros, quién podrá contra nosotros? (San Pablo Rom.8).

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, haz que tu clero, a imitación de San Juan Crisostomo, sea siempre defensor de los indefensos en el mundo, poniendo un freno al creciente y desenfrenado poder político global sobre todos tus hijos e hijas. Concédeles la fortaleza espiritual y pureza de vida, para alcanzar con éxito este objetivo. Por nuestro Señor Jesucristo que vive por siempre. Amén.


lunes, 12 de septiembre de 2016

12 de Septiembre
El Dulce Nombre de María

España fue la primera en obtener de la Santa Sede autorización para celebrar la fiesta del Dulce Nombre de María. Esto acaeció en el año 1513. El Papa Inocencio XI  decretó, el 25 de noviembre de 1683, que toda la Iglesia celebrara solemnemente esta fiesta en agradecimiento por la victoria en la batalla de Viena acaecida el mismo año. Los polacos, bajo el mando de Juan Sobieski, derrotaron a los turcos y salvaron la ciudad de Viena, y detuvieron el avance de los turcos sobre Europa. También hoy los soldados de Cristo acudimos al dulce nombre de María. 
En la Historia de la Salvación es Dios quien impone o cambia el nombre a los personajes a quienes destina a una misión importante. A Simón, Jesús le dice: "Tú te llamas Simón. En adelante te llamarás Kefá, Pedro, piedra, roca, porque sobre esta roca edificaré mi Iglesia". María venía al mundo con la misión más alta, ser Madre de Dios, y, sin embargo, no le cambia el nombre. Se llamará, simplemente, MARIA, el nombre que tenía, y cumple todos esos significados, pues como Reina y Señora la llamarán todas las generaciones.

San Antonio de Padua hace esta comparación: "Así como antiguamente, según cuenta el libro de los Números, señaló Dios tres ciudades de refugio, a las cuales pudiera acogerse todo aquel que cometiese un homicidio involuntario, así ahora la misericordia divina provee de un refugio seguro incluso para los homicidas voluntarios: el nombre de María. Torre fortísima es el nombre de Nuestra Señora. El pecador se refugiará en ella y se salvará. Es nombre dulce, nombre que conforta, nombre de consoladora esperanza, nombre tesoro del alma. Nombre amable a los ángeles, terrible a los demonios, saludable a los pecadores y suave a los justos".
Que el sabroso nombre de nuestra Madre, unido al de Jesús, selle nuestros labios en el instante supremo, y ambos sean la contraseña que nos abra de par en par las puertas de la gloria. Mi doctrina es más dulce que la miel, y mi herencia más que la miel y el panal. Y el nombre de la Virgen era María. Mi recuerdo por todas las generaciones.

Oración: Te pedimos Señor que por medio del Dulce Nombre de María podamos preservar siempre en nuestras vidas la dignidad de ser cristianos, testigos de tu luz y de tus enseñanzas de Camino, Verdad y Vida, a imitación de Nuestra Madre. Amén.

domingo, 11 de septiembre de 2016

11 de septiembre

BEATOS CARMELITAS DE PARÍS

Mártires
(† 1792)
Ciento catorce fueron víctimas de la oprobiosa Revolución Francesa, inmoladas a la pasión antirreligiosa, entre ellas 95 recibieron el 17 de octubre de 1926 los honores de la beatificación, pudiéndose establecer así, en todo su horror y en toda su gloria, el balance de la matanza hecha el 2 de septiembre de 1792 a los sacerdotes encerrados en el convento de los carmelitas de París.

Eran todos refractarios al juramento exigido por la Asamblea Legislativa al dar la constitución civil del clero, solemnemente condenada el 12 de julio de 1790 por el papa Pío VI: se les llamaba los no juramentados.

Una serie de medidas vejatorias habían sido tomadas contra ellos: pérdida de su cargo, prohibición de cumplir con su ministerio; deportación, en fin, para muchos de ellos que no habían podido refugiarse a tiempo en países hospitalarios, como lo fue entonces España, arrestos en masa con la intención bien señalada de desembarazarse de ellos definitivamente.

La Comune de París, particularmente violenta en estos días de guerra en las fronteras, encarceló a 160 en el convento de carmelitas, vacío de sus huéspedes habituales. Los primeros detenidos llegaron el 11 de agosto de 1792. Tenían por delante veintidós días antes de su glorioso sacrificio.

Tres obispos se encontraban encerrados con los sacerdotes no juramentados: monseñor Francisco José de la Rochefoucauld, obispo de Beauvais, es gravemente herido y conducido con su hermano Pedro Luis, obispo de Saintes, a la capilla: Los dos perecieron en el último acto de la tragedia.
Monseñor du Lau, arzobispo de Arlés hace frente a los asaltantes, después de haber "agradecido a Dios el morir por una tan bella causa" —dice a su vicario general—, avanza hacia los asesinos. "Yo soy el que buscáis —respondió a los que le llamaban a gritos—: el arzobispo de Arlés". Y cayó acribillado a golpes...
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San JUAN GABRIEL PERBOYRE
Mártir
(† 1840)
Sacerdote francés de la Orden de San Vicente de Paul, los llamados “vicentinos”. Murió en China martirizado en una cruz, luego de estar en prisión rigurosa por 11 meses. Con un estilete candente grabaron en su frente los caracteres chinos de su crimen: Propagador de una religión abominable.

Oración:
Te pedimos Señor que por los méritos de estos mártires contemporáneos que entregaron sus cuerpos en inmolación hacia Tí, podamos nosotros hacer lo mismo con los nuestros, preservándolo siempre sólo para Tí. Por nuestro Señor Jesucristo, ayer, hoy y siempre. Amén.

sábado, 10 de septiembre de 2016

10 de Septiembre

SAN NICOLAS DE TOLENTINO
Patrón de las almas del Purgatorio
Taumaturgo - Resucitador – Cuerpo Incorrupto
Su cuerpo fue golpeado por el demonio en numerosas ocasiones
(1245-1305)
Iba modestamente por la calle, con la capucha calada, de modo que era difícil verle bien el rostro. Según testimonio de otra devota, toda la población de Tolentino se confesaba con él, porque le tenían por un santo.

Ya se puede conjeturar que la vida de oración sostuvo a este gran contemplativo en sus muchos trabajos, penitencias, combates de espíritu y enfermedades corporales.

Como una constante que se dió con el Cura de Ars – Juan Bautista Vianney - y el padre Pío, por ejercer con devoción su trabajo en el confesionario, el demonio le maltrató muchísimo, apaleándole y causándole graves heridas, hasta dejarle cojo.

"Yo mismo le vi aquella herida grande y molesta", dice Nuccio de Rogerio, de la que tuvo en la pierna. Veinte días de cama tuvo que guardar en cierta ocasión, por los malos tratos del demonio. Su enfermero, fray Giovannino, observó lívidos rosetones en la cara, en los brazos y espalda.

Se sabe por testigos directos que al cura de Ars el demonio le incendió la cama, y el cortinado de su dormitorio. Evidentemente el ser confesor conlleva ejercer la tarea más peligrosa del mundo.

Una noche le despertaron las voces lastimeras de un alma del purgatorio: la de su pariente fray Peregrino de Osimo. "Te pido por favor que celebres la misa de difuntos para que me vea libre de las penas que padezco". Se excusó fray Nicolás, por ser a la sazón hebdomadario, es decir encargado de la misa conventual, que debe celebrarse según el rito de cada día.

Y entonces fray Peregrino le invitó a dirigir la mirada a la gran llanura que daba a la ciudad de Pésaro, toda ella rebosante de almas en pena que le pedían misericordia. Fray Nicolás tuvo lástima de aquellas pobres almas, y obtenido el conveniente permiso, celebró un septenario de Misas por los difuntos, añadiendo grandes penitencias y ayunos en sufragio de las ánimas.
Al séptimo día, con nueva aparición, fray Peregrino le alegró con la gran noticia: él y toda la multitud paciente, que había visto, gozaban de la eterna gloria. Tal es el origen del septenario de misas de San Nicolás aprobado por la Santa Sede, en sufragio de las ánimas del purgatorio.

Sin duda la celebración del sacrificio del altar fue el centro espiritual de fray Nicolás. Se sabe que lloraba silenciosamente mientras celebraba la misa.

Los milagros se sucedieron luego de su partida al Padre. Fue de mucha fama la resurrección de una muchacha de Fermo, de doce años, llamada Filipina. En los frescos del siglo XIV que adornan la capilla donde estuvo enterrado, se celebran estos y otros milagros, que le merecieron el título de taumaturgo.

Es abogado de las almas del purgatorio, protector de la Iglesia, a la que amparó en grandes calamidades históricas, haciendo sangrar su brazo incorrupto como señal de advertencia.

Oración: Te pedimos Señor que por los méritos del amado San Nicolás Tolentino, puedan nuestros parientes ingresar a la dicha de tu gloria esta misma noche. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

viernes, 9 de septiembre de 2016

9 Septiembre
San Pedro Claver
Esclavo de los esclavos por amor a Cristo

Sacerdote Jesuita
1580-1654
Trabajó incansablemete junto a los negros traídos como esclavos a América, y lo hizo principalmente en la ciudad de Cartagena, Colombia.

Esta ciudad por ser lugar estratégico en la ruta de las flotas españolas, se convirtió en el principal centro del comercio de esclavos en el Nuevo Mundo. Mil esclavos desembarcaban cada mes. Aunque se murieran la mitad en la trayectoria marítima, el negocio dejaba grandes ganancias. Por eso, las repetidas censuras del papa no lograron detener este vergonzoso mercado humano.

Pedro no podía cambiar el sistema. Pero si había mucho que se podía hacer con la gracia de Dios. Pero hacía falta tener mucha fe y mucho amor. Pedro supo estar a la altura del desafío.

En la escuela del gran misionero, el padre Alfonso Sandoval, Pedro escribió: "Ego Petrus Claver, etiopum semper servus" (yo Pedro Claver, de los negros esclavo para siempre". Así fue. San Pedro no se limitó a quejarse de las injusticias o a lamentarse de los tiempos en que vivía. Supo ser santo en aquella situación y dejarse usar por Jesucristo plenamente para su obra de misericordia.

En Cartagena durante cuarenta años de intensa labor misionera se convirtió en apóstol de los esclavos negros. Entre tantos cristianos acomodados a los tiempos, el supo ser luz y sal, supo hacer constar para la historia lo que es posible para Dios en un alma que tiene fe.

A pesar de su timidez, la cual tuvo que vencer, se convirtió en un organizador ingenioso y valiente. Cada mes cuando se anunciaba la llegada del barco esclavista, el padre Claver salía a visitarlos llevándoles comida. Los negros se encontraban abarrotados en la parte inferior del barco en condiciones inhumanas.

Llegaban en muy malas condiciones, víctimas de la brutalidad del trato, la mala alimentación, del sufrimiento y del miedo. Claver atendía a cada uno, y los cuidaba con exquisita amabilidad. Así les hacia ver que él era su defensor y padre.

Los esclavos hablaban diferentes dialectos, y era difícil comunicarse con ellos. Para hacer frente a esta dificultad, el padre Claver organizó un grupo de intérpretes de varias nacionalidades, los instruyó haciéndolos catequistas.

Mientras los esclavos estaban retenidos en Cartagena en espera de ser comprados y llevados a diversos lugares, el padre Claver los instruía y los bautizaba. Los reunía, se preocupaba por sus necesidades, y los defendía de sus opresores.

Esta labor de amor le causó grandes pruebas. Los esclavistas no eran sus únicos enemigos. El santo fue acusado de ser indiscreto por su celo por los esclavos, y de haber profanado los Sacramentos al dárselos a criaturas que decían apenas tienen alma. Las mujeres de sociedad de Cartagena rehusaban entrar en las iglesias donde el padre Claver reunía a sus negros.

Sus superiores con frecuencia se dejaron llevar por las presiones que exigían se corrigiesen los excesos del padre Claver. Éste sin embargo pudo continuar su obra entre muchas humillaciones y obstáculos. Hacía además penitencias rigurosas. Carecía de la comprensión y el apoyo de los hombres, pero tenia una fuerza especial dada por Dios.

Muchos, aun entre los que se sentían molestos con la caridad del padre Claver, sabían que hacía la obra de Dios, siendo un gran profeta del amor evangélico que no tiene fronteras ni color. Era conocido en toda Nueva Granada por sus milagros. Llegó a catequizar y bautizar a mas de 300,000 negros.

Oración: Te pedimos amado San Pedro Claver que no dejes de rezar e interceder ante nuestro Señor por todos los que se hallan en terrible esclavitud en nuestros días, presos de las drogas, de la guerra, de la esclavitud laboral, de la violencia familiar y de la confusión. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y Reina por los siglos de los siglos. Amén.

jueves, 8 de septiembre de 2016

8 de Septiembre
Natividad de María

La primera fuente de la narración del nacimiento de la Virgen es el Proto-evangelio de Santiago, que coloca el nacimiento de la Virgen en Jerusalén, en el lugar en que debió existir una basílica en honor a la María Santísima, junto a la piscina probática – en donde tuvo María que probar que la concepción de Jesús fue sin intervención humana - , según cuentan diversos testimonios entre los años 400 y 600.

Allí ella y San José probaron su inocenia, cuando Dios concedió innumerables milagros en presencia de todo el pueblo. Después del año 603 el patriarca Sofronio afirma que ése es el lugar donde nació la Virgen. Posteriormente, la arqueología ha confirmado la tradición.
El nacimiento de la Virgen o Natividad de María se celebra como una fiesta litúrgica en el santoral católico, y en la mayoría de los santorales anglicanos, y se celebra el 8 de septiembre, nueve meses después de la solemnidad de su Inmaculada Concepción celebrada el 8 de diciembre.

Al nacer María, la linda hija de dos israelitas estériles, llegó al mundo la "luz", aquella que se había ocultado en el jardín de las Delicias.

Nació de Joaquín y Ana, dos israelitas ancianos. Fue de sangre real y de estirpe sacerdotal, así lo repite la antífona de la misa de la Natividad. Ana quiere decir "gracia" y Joaquín "preparación del Señor"

Ana era hija del sacerdote Mathan y de María. Tenía dos hermanas: María, que se caso en Belén y dio a luz a Salomé, y Sobe, que engendró a Isabel, la madre del Bautista.

Se distinguieron los padres de la Virgen por su piedad y santidad de vida. Dada su misión, convenía que floreciesen en toda clase de virtudes, y así lo fue en realidad. La conducta integra de estos esposos destacaría, aún más, en aquellos momentos en que Israel era un centro de corrupción y escándalo. El reinado de Herodes llevó un sello de depravación, y falta de piedad hasta en los ambientes judíos.

El matrimonio vivía feliz, con una sola pena, la de carecer de hijos, bendición de un hogar israelita. Cuenta la tradición que Joaquín fue rechazado del templo cuando presentaba su ofrenda, y sólo a causa de su esterilidad. El judío Rubén se enfrentó con él y le dijo: "Tú no tienes derecho a presentarte el primero en el templo con tus ofrendas, puesto que no has producido retoño de Israel".

Consultó Joaquín los "anales de las doce tribus", y se cercioró de que desde Abraham todos los justos de Israel habían tenido sucesión. Se retiró al desierto con el corazón oprimido, y allí le consoló un ángel con la divina promesa de una hija maravillosa.

También Santa Ana vivía triste; todo cuanto se presentaba a sus ojos con fecundidad le hacía pensar en su ultraje; hasta que un día el ángel del Señor le dijo: "Ana, Ana; el Señor ha escuchado tus ruegos; concebirás y darás a luz, y en todo el mundo se hablará de tu descendencia". Ana respondió: "Por la vida de mi Dios y Señor, lo que yo tuviere, sea un hijo o una hija, lo entregaré en ofrenda al Señor mío Dios".

Santa Ana no fue virgen. Su concepción tuvo lugar por generación seminal. Se realizó mediante el concurso de hombre y mujer. María quedó sujeta en su nacimiento a la ley natural. Su nacimiento, el más grande de la historia de todos los siglos, se ha realizado con la sencillez y ternura que acompañara su vida.

Por nuestra Fe, fruto de innumerables milagros que se fueron sucediendo a lo largo de los siglos, y por revelación de la misma Virgen a distintas mujeres santas, sabemos que nació sin pecado original desde el primer instante de su concepción, y recibió, por consiguiente, la gracia santificante.

Lo destacable para nuestra propia vida de estas lecturas es que la Vida humana no procede de la carne ni de la sangre, y menos de la concupiscencia, sino de la voluntad divina. Sus padres erán estériles y muy ancianos. Eso no impidió que Dios les haya enviado descendencia. Eso se verificó también con Abraham y Sara, ambos ancianos, cuando nació su hijo Isaac. También con el profeta Samuel y con San Juan Bautista. La Vida es un Milagro y un Misterio.

Oración: concédenos Señor poder gozar siempre de tu amistad por los méritos de nuestra amada Madre, La Virgen María, respetando como sagrada toda vida humana. Que sepamos consagrar nuestra Vida a Tí, como lo hizo Ella. Por nuestro Señor Jesucristo. Amén.