jueves, 7 de enero de 2016

Quinta Feria 7 de enero

San (Ramón) Raimundo de Peñafort, O.P.



Doctor Insigne
Dominico humilde y sabio

Raimundo: "Buen consejo"

Breve: Nació hacia el año 1175, cerca de Barcelona, España. Doctor en derecho civil y canónico. Profesor de universidad. Se destacó por su humildad - consideraba el orgullo un gran peligro para el alma-, amor a los pobres, rectitud y sabiduría en cuestiones de moral y ley, celo evangelizador y confesor, valentía frente a las amenazas del rey, duras penitencia y don de milagros.  Escribió numerosas obras
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Nació hacia el año 1175, en Peñafort, cerca de Barcelona, España. Pronto demuestra tener una extraordinaria inteligencia, y a los 20 años es profesor de filosofía en Barcelona. Hacia los 30 años, fue a la prestigiosa Universidad de Bolognia, Italia para perfeccionar su derecho civil y canónico. Allí se doctoró y fue profesor.  En 1219, fue nombrado archidiácono de la diócesis de Barcelona. Se destacó por su amor a los pobres.

En 1222, a los 40 años de edad, ingresó en la Orden de Predicadores (Dominicos) apenas 8 meses después de la muerte del fundador, Santo Domingo de Guzmán.

Raimundo consideraba que el orgullo era un peligro para su alma. Convencido de la importancia de hacer penitencia por la complacencia con que había enseñado, pidió que le impusieran severas penitencias y oficios humillantes.

Pero sus superiores le encargaron investigar cómo responder a preguntas difíciles de moral que los fieles presentan. El llamó a estas "casos de conciencia". El resultado de su trabajo fue su famoso libro, "Summa de casibus paenitentialibus", la primera obra de su género. Esta ha sido de gran provecho para confesores y moralistas.

Tenía gran celo por la evangelización, trabajando incesantemente en la predicación, la instrucción y la confesión. Insigne predicador dotado con la "eficacia de la palabra", recorrió las provincias españolas de Aragón, Castilla y Cataluña. Sus acompañantes comentaban que parecía casi imposible que un predicador lograra tantas conversiones con sus sermones.

Según una tradición discutida, San Raimundo colaboró con San Pedro Nolasco en la fundación de la orden de los Mercedarios los Padres Mercedarios, dedicada principalmente a rescatar a los secuestrados por los mahometanos.

En 1230 el Papa Gregorio IX llamó a Raimundo a Roma y le dio varios encargos:
  • 1- Lo nombró su confesor. En una ocasión le impuso al Papa de penitencia atender siempre muy bien las peticiones que le hicieran los pobres.
  • 2- Le encomendó reunir el corpus canónico de los decretos de los Pontífices y concilios que no se encontrasen ya en la colección que Graciano había hecho en 1150. Después de tres años de trabajo publicó su famosísimo libro en 5 volúmenes titulado "Decretales", el cual fue confirmado por el papa. Hasta la compilación del Codex Juris Canonici, en 1917, la compilación de San Raimundo era considerada como la mejor colección de derecho canónico a la que los canonistas hacían referencia.
  • 3- En 1235 lo nombró obispo de Tarragona, a pesar de las súplicas del santo. Pero poco después el santo contrajo una grave enfermedad, y el Papa le liberó del cargo a condición de que Raimundo propusiera un candidato apto. Para recuperarse de su enfermedad, Raimundo volvió a Barcelona, su tierra natal. Allí fue recibido con gran gozo y se dedicó a la contemplación, la predicación y la confesión. Tanto la Santa Sede como el rey confiaron en Raimundo importantes trabajos.

Entre sus escritos, destaca la Summa casuum, para la administración genuina y provechosa del sacramento de la penitencia.

General de la orden Dominica
En 1238 llegaron a Barcelona los diputados del capítulo general de la orden dominica, que había tenido lugar en Bolonia, para anunciar a Raimundo que había sido elegido superior general, como sucesor de Jordano de Sajonia.

Raimundo quiso resistir pero al fin aceptó por obediencia. Visitó a pie todas las casas de la orden sin disminuir en nada sus austeridades y prácticas. Inculcó a sus hijos el amor de la vida entregada en regularidad, del estudio, y de los misterios espirituales.

Hizo una síntesis de las constituciones de su orden, anotando los pasajes dudosos. Tres capítulos generales aprobaron el nuevo código. En uno de dichos capítulos, tenido en París en 1239, Raimundo obtuvo que se aprobara la medida de aceptar la dimisión voluntaria de su superior, cuando ésta se fundara en razones justas. Al año siguiente, habiendo sido superior solo dos años, renunció al cargo. Su razón fue que había cumplido 65 años de edad.

Vivió 34 años mas, los cuales empleó en la evangelización. Esclarecía la doctrina ante las herejías y buscaba la conversión de todos, tanto cristianos pecadores como judíos y musulmanes. Con este objeto, consiguió que Santo Tomás (dominico también) escribiera su Summa contra Gentes y obtuvo que se enseñara el árabe y el hebreo en varios conventos de su orden.

Fundó un convento en Túnez y otro en Murcia, sur de España, que en aquella época estaba dominada por los musulmanes. En una carta al superior general en 1256 le informa que 10.000 sarracenos habían recibido el bautismo. Esto es cosa extraordinaria ya que este tipo de conversiones son muy escasas.  Introdujo la inquisición en Barcelona y mostraba una gran caridad a todos. Sin embargo no le faltaron adversidades. En una ocasión fue acusado de comprometer fraudulentamente a un rabino judío.

La "barca" milagrosa
Uno de los incidentes más famosos en la vida de San Raimundo ocurrió durante un viaje en el que acompañaba al rey Jaime a Mayorca. El soberano que era mujeriego, había prometido enmendarse, pero no había cumplido su promesa.

En vista de ello, Raimundo le pidió licencia para partir a Barcelona; el rey no solo le negó, sino que amenazó de muerte a quien se atreviera a sacar al santo de la isla. 

Confiando en Dios, Raimundo dijo a su compañero: "Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello".

Acto seguido se dirigió al mar, extendió su túnica sobre las olas, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela y, haciendo la señal de la cruz, montó sin temor en aquella improvisada "barca". Su compañero quedó temblando en la playa.

La milagrosa barca hizo en seis horas el trayecto hasta Barcelona, a sesenta leguas de distancia. Las gentes que vieron llegar al santo le recibieron con aclamaciones. Sin inmutarse por ello, Raimundo recogió su túnica, que estaba perfectamente seca, se la echó sobe los hombros y se dirigió a su monasterio. Una capilla y una torre fueron construidas en el sitio en que desembarcó.

Muerte y canonización
Los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón visitaron a San Raimundo durante su última enfermedad. San Raimundo murió en Barcelona el 6 de enero de 1275, a los 100 años de edad. Ante su sepulcro se obraron milagros. La bula de canonización, publicada en 1601, cita algunos de esos milagros, entre estos el que se narra arriba.

Sus restos mortales están en la Catedral de Barcelona, España
Fuente: "Vida de los Santos" de Butler, vol. I y otras.

Del oficio de lectura, 1 de Enero, San Raimundo de Peñafort, Presbítero

Que el Dios del amor y de la paz purifique vuestros corazones
De una carta de san Raimundo de Peñafort, presbítero
1901, pp. 84-85
Si todos los que quieren vivir religiosamente en Cristo Jesús han de sufrir persecuciones, como afirma aquel apóstol que es llamado el predicador de la verdad, no engañando, sino diciendo la verdad, a mí me parece que de esta norma general no se exceptúa sino aquel que no quiere llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa.

Pero vosotros de ninguna forma debéis de ser contados entre el número de éstos, cuyas casas se encuentran pacificadas, tranquilas y seguras, sobre los que no actúa la vara del Señor, que se satisfacen con su vida y que al instante serán arrojados al infierno.

Vuestra pureza y vida religiosa merecen y exigen, ya que sois aceptos y agradables a Dios, ser purificadas hasta la más absoluta sinceridad por reiteradas pruebas. Y, si se duplica e incluso triplica la espada sobre vosotros, esto mismo hay que considerarlo como pleno gozo y signo de amor.
La espada de doble filo está constituida, por fuera, por las luchas y, por dentro, por los temores; esta espada se duplica o triplica, por dentro, cuando el maligno inquieta los corazones con engaños y seducciones. Pero vosotros conocéis bastante bien estos ataques del enemigo, pues de lo contrario no hubiera sido posible conseguir la serenidad de la paz y la tranquilidad interior.

Por fuera, se duplica o triplica la espada cuando, sin motivo, surge una persecución eclesiástica sobre asuntos espirituales; las heridas producidas por los amigos son las más graves.

Ésta es la bienaventurada y deseable cruz de Cristo que el valeroso Andrés recibió con gozo, y que, según las palabras del apóstol Pablo, llamado instrumento de elección, es lo único en que debemos gloriarnos.

Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos, y contado entre los malhechores. Y vosotros, bebiendo el excelso cáliz de Jesucristo, dad gracias al Señor, dador de todos los bienes.

Que el mismo Dios del amor y de la paz pacifique vuestros corazones, y apresure vuestro camino, para que, protegidos por su rostro, os veáis libres mientras tanto de las asechanzas de los hombres, hasta que os introduzca y os trasplante en aquella plenitud donde os sentaréis eternamente en la hermosura de la paz, en los tabernáculos de la confianza y en el descanso de la abundancia.


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San Raimundo de Peñafort, se extienda tu Epifanía a todos los pueblos, y así puedan pacificarse los corazones en el mundo a la espera de tu Venida. A Tí Señor, en quien todo queda aliviado, sanado y bendecido. Amén.

miércoles, 6 de enero de 2016

Cuarta Feria, 6 de Enero

Epifanía


La manifestación del Señor

El Evangelio de San Mateo (2,1-12) relata la historia de los magos.

Epifanía significa "manifestación". Jesús se da a conocer. Aunque Jesús se dio a conocer en diferentes momentos a diferentes personas, la Iglesia celebra como epifanías tres eventos:

Su Epifanía ante los Magos de Oriente: Manifestación a los paganos.

Su Epifanía del Bautismo del Señor: Manifestación a los judíos por medio de San Juan Bautista.

Su Epifanía de las Bodas de Caná: Manifestación a Sus discípulos y comienzo de Su vida pública por intercesión de su Madre María.

La Epifanía que mas celebramos en el occidente es la de los Magos, la manifestación a los paganos. Esta debe ser causa particular de alegría y agradecimiento para nuestros pueblos, convertidos del paganismo.

Dios llama a todos los pueblos, de todas las razas, culturas y religiones. Pero la llamada requiere respuesta. Hay que salir de donde estamos e ir al Señor hasta encontrarlo en los brazos de María.

Reyes Magos
En aquella época, los persas llamaban "magos" al sacerdote. Mas tarde la tradición les llamó "reyes", por alusión al salmo 72,10-11: "Los reyes de occidente y de las islas le pagarán tributo. Los reyes de Arabia y de Etiopía le ofrecerán regalos. Ante él se postrarán todos los reyes y le servirán todas las naciones"

De oriente: El oriente, para los judíos, era Arabia, Persia o Caldea.

La estrella que vieron ha suscitado varias hipótesis. Antiguamente se dijo que fue un cometa. Pero estudios astronómicos parecen indicar que fue la conjunción de los planetas Saturno y Júpiter

Sus nombres y regalos
Sus nombres no aparecen en la Biblia, solo sabemos que vienen de oriente. Pero la tradición les ha dado nombres:

Melchor, tradicionalmente un anciano blanco con barbas, trae como regalo oro que representa la realeza de Cristo.

Gaspar, joven, de piel morena, trae incienso, representando la divinidad de Cristo.

Baltasar, de raza negra, ofrece al Niño Dios mirra - sustancia que se utiliza para embalsamar cadáveres - representando Su humanidad, el sufrimiento y la muerte del Señor.

Las tradiciones populares han ido añadiendo detalles sobre lo que en verdad se conoce. Por ejemplo, se dice que los reyes eran, uno rubio, uno moreno, otro negro.

Muy posible los magos conocían algunas profecías mesiánicas de los judíos, porque estos residían en todos los países, por eso llegaron a Jerusalén y acuden al palacio de Herodes preguntando por el rey de los judíos, cuya estrella habían visto.

Los Padres de la Iglesia reconocían en la adoración del Niño por los Reyes Magos, la aceptación de la divinidad de Jesucristo por parte de los pueblos paganos. Los magos no eran parte del pueblo de Israel, pero supieron utilizar sus conocimientos – astronomía - para descubrir al Salvador. Se cumplió primero en ellos la profecía de que por medio de Israel, Dios se manifestaría a todos los hombres. Jesús vino para salvar a todos, no solo los judíos.

Herodes descubre en el anuncio del nacimiento de un rey una amenaza para sus intereses. Utiliza la mentira con intenciones criminales. No se sentía seguro en su trono porque los judíos lo odiaban.

Era hijo del idumeo Antipatro, quien ayudó a los romanos a conquistar a Palestina. Su título de rey se lo debía a los romanos y los judíos no aceptaban que un extranjero fuese su rey. Herodes se había casado con una princesa judía pero la mandó a asesinar junto con los hijos que tuvo con ella.

Los sumos sacerdotes y los maestros de la ley, por su parte, supieron informar a los Reyes Magos sobre donde debía nacer el Mesías según las profecías (Miqueas 5,2): en Belén de Judá; sin embargo ellos mismos no fueron a adorarlo.
Los magos buscaban a Dios en las estrellas, pero estas les guiaron para encontrarlo en la tierra, en la humildad, junto con María, Su Madre.


Oración: Te pedimos Señor que bendigas a todos los pueblos que aún no te conocen, la inmensa mayoría de la Humanidad, con la Luz de tu Sabiduría y Misericordia, a fin de todos te lleguen a conocer con el corazón. Te pedimos Perdón por todos nosotros que sí te conocemos, pero que por medio de nuestro escandaloso comportamiento como Iglesia, hemos alejado a muchos de Tí. Ayúdanos a que por medio de la Penitencia, el Ayuno y la Oración nos convirtamos de nuevo a Tí y aceleremos de esa manera la llegada de tu Reino a la Tierra. Amén.

martes, 5 de enero de 2016

Tercera Feria 5 de enero


San Simeón Estilita
(† 459)

Breve
Los estilitas, llamados también “ermitaños de columna” eran místicos que vivían en la punta de una columna muy alta, alimentados en más de ocasión por las aves del cielo que les llevaban comida, y guardaban el agua de lluvia en alforjas.

Tuvieron que vivir de esa manera para conservar un lugar aislado para vivir y orar dada la inmensa multitud que acudía a verlos para implorar curaciones, bendiciones y consejos. Sólo se podía acceder por una escalerilla que bajaba el ermitaño cuando terminaba sus oraciones.

Más de un emperador Bizantino tuvo que esperar humildemente varias horas al pie de esas columnas para oír consejos y advertencias precisas que les hacían llegar estos Santos por inspiración Divina.

Nosotros no podemos ni siquiera entender todo esto, acostumbrados a nuestro aire acondicionado, la televisión digital de alta definición, celulares de cuarta generación y la Internet, en donde muchas veces pasamos horas perdiendo el tiempo, hablando o viendo insensateces, y algunas más dedicados a actividades para nada santas.

En cambio estos Santos que nada poseían materialmente, se conectaban espiritualmente con el Maestro Universo, y con la propia Morada Divina, bajo un cielo estrellado y límpido como su corazón y mente.

J. FERNANDO ROIG

Los alrededores de Antioquía, en el extremo oriental del Mediterráneo, fueron, durante los siglos V y VI escenario de vida eremítica. Toda la región estaba poblada de monasterios y habitada por anacoretas. El más popular de todos ellos fue San Simeón, llamado más tarde el Estilita por lo que pronto veremos.

Nació Simeón al declinar el siglo IV en Sisán, pueblo situado entre los confines de Cilicia y Siria. De pequeño fue pastor y, al frente de un rebaño de ovejas, recorría las montañas vecinas. Era cristiano; pero de Dios sabía lo poco que le enseñaron sus padres, gente sencilla que vivía de la tierra y del pastoreo.

Un amanecer, al levantarse como de costumbre, vio todo nevado. No pudo salir con las ovejas aquella mañana y se dirigió a una iglesia. Un monje estaba pronunciando las palabras del Evangelio: "Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados; bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios..." El zagal no acababa de comprender y preguntó a un anciano: "¿Qué debo hacer para merecer la bienaventuranza?" "Lo más seguro - respondió el anciano - es dejarlo todo y llevar vida de anacoreta".

En otra ocasión, estando también en la iglesia, rogaba a Dios Nuestro Señor que le mostrase el camino en que podría servirle. Perseveró largo tiempo en esta petición hasta que se durmió y tuvo un sueño. Soñó que cavaba en la tierra para poner el fundamento de un edificio: "Ya está" - pensó entre sí -; mas una voz decía: "Es precisó que ahondes más". El joven cavó profundamente. La advertencia se repitió por dos veces hasta que oyó: "Hay bastante; ahora podrás elevar el edificio con seguridad".

Despertó del sueño, se fue al monasterio más cercano y pidió ser admitido. Tenía entonces unos catorce años. Allí aprendió de memoria el Salterio, para poder rezar, pues en aquella época los libros eran raros.

No pareciéndole bastante rigurosa aquella vida, al cabo de dos años se fue cerca de Teleda, a una colonia de monjes que vivían bajo la obediencia del santo abad Heliodoro. Los otros compañeros pasaban días alternados sin comer nada. Al joven le pareció eso poca abstinencia y sólo comía los domingos.

Habiendo hallado una cuerda rústica, tejida con mirto silvestre, se la enrolló estrechamente al cuerpo, y lo hizo con tanta violencia que se le adhirió al cuerpo y le llagó la carne hasta manar sangre. Eso fue la causa por la cual se descubrió tan áspera mortificación. El abad intervino. Los hermanos fueron despegando la cuerda con extrema dificultad, humedeciéndola. Una vez curado, el abad le despidió con buenas palabras, pues creyó que aquel fervor extremado podría ser motivo de escándalo para otros más débiles.

Simeón dejó el lugar y se internó en el monte. Anduvo indeciso hasta encontrar una cisterna abandonada y sin agua. Se bajó a ella y se pasó cinco días en oración. Entre tanto sus antiguos compañeros, arrepentidos de haber perdido tan ejemplar compañía, fueron en su busca y, guiados por unos pastores, pudieron dar con él. Le ayudaron a salir de la cisterna y le rogaron que volviera al cenobio, con gran admiración del joven, que no comprendía por qué tenían con él tales muestras de afecto, pues se consideraba un gran pecador.

Poco tiempo después se dirigió a un monte cerca del pueblo de Telaniso y allí emprendió vida de penitencia en absoluta soledad y sin reservas. Esto sucedía hacia el año 412, cuando Simeón contaba unos veintitrés años de edad. Al llegar la Cuaresma, pensó que podría pasarla sin comer. Pidió el parecer a un anciano sacerdote llamado Baso, que era guía espiritual de otros anacoretas. El anciano aprobó aquella santa locura, pero con la condición de que tuviese consigo agua y pan: no fuera a tentar a Dios. Simeón le dijo entonces: "Ponme, padre, diez panes y un jarro de agua; si mí cuerpo lo necesita, los tomaré".

Baso tapió la puerta del anacoreta con lodo y le dejó. Simeón pasó los primeros días en pie; después rezaba el oficio divino sentado. Los últimos días era tanta su debilidad, que los pasó echado. Terminada la Cuaresma, su director fue a visitarle y lo encontró exánime. Le avivó, mojándole los labios y le hizo probar alimento.

Siempre insatisfecho, buscó un lugar más agreste hacia el interior de los montes, más allá de Teleda. Se construyó con piedras un muro a modo de reducida clausura, y ató el pie a una gran roca con una cadena. Allí, con toda libertad bajo el azul del cielo y fuera de las miradas humanas, se entregó a la contemplación. Mas el resultado fue contrario a lo que el Santo hubiera querido, pues por ese tiempo comenzó a trascender la fama de su santidad, y varias personas iban a visitarle.

Una de las visitas fue la del corepíscopo – prelado inspector - de Antioquía, llamado Melecio, el cual le reprendió cariñosamente diciéndole que no tenía por qué encadenarse como se hace con los irracionales, pues al hombre le basta la razón, junto con la gracia para sujetarse a unos límites y no excederlos. El Santo obedeció sin más y se dejó desatar.

Cundió la fama y la gente acudía de todas partes, no sólo de las provincias cercanas, persas, armenios, ismaelitas, árabes o georgianos, sino que la noticia llegó a Italia, a España y a Francia. Desde muy lejos llegaban peregrinos y curiosos; le pedían consejos, bendiciones, curaciones, milagros...

No contentos con verle y oírle, querían tocarle y hacerse con recuerdos a costa de su andrajoso hábito. El joven anacoreta les atendía en lo posible. Sin embargo, para aislarse de los visitantes, ideó otro sistema de vivir. Hizo construir una columna o pilar, de seis codos al principio, más tarde de doce, de veinte, y al fin de treinta y seis codos (unos diecisiete metros).

El resto de su vida, treinta y siete años, los pasó en la columna, a cielo raso y sin abrigo contra el sol, la lluvia o el viento. De vivir en esa columna (stilos en griego) le quedó el sobrenombre de estilita.

Se puede decir que no dormía, comía apenas (una sola vez por semana, poca cosa, y nada durante la Cuaresma). La mayor parte del día y de la noche la pasaba en oración, ora postrado, ora en pie. Cuando rezaba en pie, hacía reverencias continuamente hasta llegar con la cabeza a los pies. En las grandes festividades pasaba toda la noche en oración con las manos levantadas, sin dar muestras de cansancio en una postura tan penosa. Nunca se le vio echado ni sentado.

Al llegar aquí se impone una aclaración, puesto que hay motivos para pensar si todo eso que venimos contando no pasa de piadosa leyenda. La vida de San Simeón nos ha sido transmitida por Teodoreto, que también fue monje en aquella región, hasta que le sacaron del monasterio para ocupar la sede episcopal de Ciro, diócesis vecina a la de Antioquía.

Conoció a San Simeón cuando ambos eran monjes y lo visitó varias veces en su columna. "Yo mismo – cuenta Teodoreto – le vi en la columna, aunque con notable peligro de mi parte; pues estando rodeada de extranjeros que iban a pedirle la bendición, en cuanto Simeón me vio, dijo a los presentes que pidieran la bendición a mí, que era sacerdote. Entonces aquella buena gente se abalanzaron sobre mí con los brazos implorantes agarraban mis vestidos hasta romperlos y se asían a mis barbas, y de veras que ellos me mataran si el Santo desde la columna no les diera voces para que me dejasen".

Evagrio, abogado de Antioquía un siglo después, es un historiador fiel que también se ocupa de su compatriota San Simeón, y lo que cuenta de él coincide con lo que escribió Teodoreto.

Confesamos que una vida de tanta austeridad no sólo está por encima de lo corriente, sino que es difícil de explicar sin una intervención de Dios Nuestro Señor. Había pasado la era de los mártires, y ahora, los anacoretas ofrecían una nueva forma de ser "mártires", o sea, testigos de Jesús.

El caso de San Simeón Estílita es exponente de aquella forma de santidad que nos describen las historias del monaquismo. También hemos de confesar que no siempre hubo pureza de intención en aquellas penitencias horrorosas, extravagantes a veces y en plan de competencia mutua que algunos hicieron con el fin de granjearse Popularidad y sacar partido de ella. San Simeón no fue el único estilita, puesto que su ejemplo tuvo pronto imitadores.

A fines del siglo vi hay otro Simeón, también estilita, a quien el emperador Mauricio tenía en mucha veneración. Mas el principal discípulo de nuestro santo fue sin duda San Daniel, el cual hizo levantar su columna no lejos de Constantinopla.

La parte superior terminaba con una pequeña balaustrada a modo de púlpito. Gennades, obispo de Constantinopla, admirado de la penitencia de San Daniel, le ordenó sacerdote en la misma columna, y el emperador León hizo construir junto a ella un pequeño monasterio para los discípulos.

Fueron modos de vivir que se nos antojan raros, porque no sincronizan con nuestro modo de pensar; pero que fueron de gran ejemplaridad en aquellos tiempos. Dios ha suscitado la santidad por innumerables caminos, según las necesidades de cada época.

Los estilitas escogieron el camino de la penitencia pública e integral: una predicación continuada. Se tenían por simples predicadores de la penitencia, sin pensar que fueran santos.

San Simeón nunca consiguió aislarse de la gente. Cuanto más se lo ingeniaba, más visitado fue por toda clase de personas. Dos veces al día predicaba a los que esperaban al pie de su columna, y entre sermón y sermón, atendía las peticiones, respondía a preguntas y componía pleitos.

Tan duro era consigo como afable con los demás. Llama viva sobre el candelero que alumbraba a los buenos, encendía a los tibios y removía la conciencia de los pecadores.

En cierta ocasión se presentaron dos grupos de extranjeros, cada uno con su filarco o capitán, y unos y otros pretendían que el Santo bendijera el suyo propio. Decían los primeros que el filarco que presentaban era merecedor de bendición y no el otro que era malo. "Razón de más - contestaban los otros -, pues si es malo, que lo bendiga el Santo para que sea bueno". Porfiaban y se impacientaban, hasta que el Santo logró que se calmaran e hicieran las paces.

Unos tintoreros de Antioquía, maltratados por el prefecto de la ciudad, fueron a exponerle sus querellas e implorar su intercesión. En otra ocasión, logró que los acreedores perdonaran deudas a quienes no podían pagar.

Combatió desde la columna a los paganos, a los apóstatas y a los herejes; no para humillarlos sino para atraerlos a la verdadera doctrina. Sus biógrafos aseguran que convirtió a millares de persas, armenios, georgianos y sarracenos. Un famoso asesino, Antíoco de nombre, murió de dolor y arrepentimiento al pie de la columna, después de haber oído al Santo.

Desde su célebre columna recibió a príncipes, aconsejó a reyes e intervino en los asuntos de la Iglesia. En las actas del concilio de Éfeso se ha conservado una carta del emperador Teodosio II en la cual pide a Simeón que ayude la causa de la Iglesia y procure que Juan, patriarca de Antioquía, desista de sostener la herejía de Nestorio.

Años después, la emperatriz Eudoxia, viuda de aquel emperador, al ver que Eutiques acababa de ser condenado en el concilio de Calcedonia, mandó emisarios al Santo para pedirle consejo. Simeón le respondió con admirable libertad y cierta galantería. Le dijo que el demonio, envidioso de ella, tan rica en buenas obras, quería despojaría de ellas minando su fe.

Del emperador Marciano, esposo de Santa Pulqueria y sucesor de Teodosio II, se cuenta que, para ver y oír al santo estilita con entera libertad, en más de una ocasión dejó el vestido imperial e iba a verle de incógnito. También le escribió el emperador León I, sucesor del anterior. Evagrio nos ha conservado otra carta que el Santo escribió a Basilio de Antioquía, su propio prelado, para animarle a que siguiera las decisiones del concilio de Calcedonia.

Su humildad era manifiesta. Se tenía por el más despreciable de todos. En la carta a Basilio de Antioquía que acabamos de mencionar se llama a sí mismo "humilde y exiguo, aborto de monjes". Sabemos por Evagrio que los solitarios vecinos estaban admirados de la humildad del Santo.

Mas, como el demonio se mete entre las cosas más santas, quisieron probar si su intención era totalmente sincera y pura. Y mandaron a unos cuantos con indicaciones expresas. Esos tales se presentaron al pie de la columna y comenzaron a reprenderle porque había abandonado un camino de santidad que tantos otros siguieron, y en el cual se habían santificado, para seguir en cambio los caprichos de su mente y tomar un género de vida que nadie había seguido hasta entonces.

Al final le instaron, en nombre y representación de los demás anacoretas, a que descendiera de la columna y se comportara como los demás. Nuestro Santo, oídas tales razones, pensó que realmente no estaba bien singularizarse, y puesto que Dios prefiere la Obediencia a los sacrificios, acto seguido pidió una escalera para bajarse. Entonces los emisarios dijeron: "Continúa en tu decisión, porque es voluntad de Dios".

Murió el 5 de enero del año 459, a los setenta de edad aproximadamente. La muerte lo halló rezando, y quedó inclinado en la forma que tenía por costumbre al orar.

La noticia se divulgó rápidamente por Antioquía. Los restos del Santo tuvieron que ser guardados por soldados de la ciudad, pues los habitantes de otros pueblos querían llevárselos.

Su cuerpo fue colocado en la iglesia de San Casiano y, más tarde, en otra que levantaron en su honor, con el nombre de iglesia de la Penitencia. El emperador León intentó trasladar las reliquias a Constantinopla, mas los habitantes de Antioquía se opusieron inexorablemente.

Su tumba fue durante muchos años lugar de curaciones portentosas. En el lugar de la columna se levantó un monasterio y un patio octogonal, al que dan cuatro basílicas. La columna quedó a la vista en el centro del patio. Era la edificación más monumental de todo el Oriente cristiano. Todavía se conserva, semiderruido, con las piedras que sirvieron de base a la famosa columna. Los beduinos llaman a aquel lugar, hoy solitario, Ka’at Simân (Castillo de Simeón).

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de San Simeón Estilita, podamos desprendernos de toda futilidad en nuestra Vida y preservar lo único importante: nuestra Amistad contigo mediante la Oración sincera. A Tí Señor que siempre preferiste la soledad para Orar al Padre y tomar nuevas energías. Amén.


lunes, 4 de enero de 2016

Segunda Feria 4 de Enero

Santa Dafrosa



Mártir y esposa del mártir San Flaviano

Mujer fuerte, cristiana de cuerpo entero. Esposa y madre de familia que tiene bien grabado en su alma el principio y fin de su estado y su función: ganar el cielo para ella y para los suyos. Madre de Santa Bibiana y Santa Demetria.

Su marido Flaviano, muere mártir en Roma. Por estar casada con un cristiano irreductible ella es condenada al destierro. A su vuelta el prefecto Aproniano la encarcela porque sigue aferrada a su principio de no sacrificar y casi enferma de hambre. El prefecto prepara las cosas para recasarla con un tal Fausto con la esperanza de que la obligue a cambiar; pero resulta el cazador casado, porque Dafrosa lo instruye en la fe cristiana, lo bautiza el presbítero Juan y acaba muriendo mártir.

Como su cuerpo fue expuesto a los perros, por la noche lo recoge Dafrosa y le da sepultura cristiana. Esto la llevó definitivamente al martirio, el 4 de Enero del 362, cuando era ya único emperador Juliano.

Cuando se narra la vida y muerte de Dafrosa se habla de toda una familia mártir - también sus hijas Demetria y Bibiana murieron mártires en Roma, en el 362- cuya fuente impulsora es la madre, firme, fuerte y muy capaz.

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de Santa Dafrosa y sus hijas, puedan las familias que se dicen cristianas ser siempre el faro de tu Luz, y cesen todas las disensiones en el seno de las familias. A Tí Señor que nos diste como ejemplo a la Sagrada Familia. Amén.



Segunda Feria 4 de enero

Genoveva Torres Morales



Religiosa, virgen, fundadora de la Congregación de las Hnas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles (Angélicas)


Carisma: aliviar la soledad de las personas que, por diferentes circunstancias, viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu.
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Nació en Almenara (Castellón) el día 3 de enero de 1870. Era una familia de humildes labradores y ella era las más pequeña de 2 varones y cuatro niñas. Su padre, José, murió cuando ella tenía un año. En el transcurso de seis años, ella, su madre y un hermano, vieron cómo morían los otros cuatro hermanos. La madre, Vicenta, murió cuando tenía ocho años.

Se quedó con su hermano el mayor, de dieciocho años, y ella tuvo que hacer desde niña de “ama de casa”. Es así que maduró muy rápido.

No pudo asistir muchos años a la escuela pero si a la catequesis parroquial. Fue confirmada en 1877. Para hacer la primera comunión, sin poder tener su traje y sin darle importancia alguna a lo exterior, se confesó, se puso en la fila de las personas que iban a comulgar y recibió al Señor. Ya ahí le nació su profundo amor a la Eucaristía.

Ella y su hermano pasaron gran estrechez económica. A sus diez años tomó afición por la buena lectura, leyó los libros que había dejado su madre en casa. En uno de ellos leyó que había que hacer siempre la voluntad de Dios, pues para eso estamos en este mundo. Y esta máxima se le quedó grabada para toda su vida.

El trabajo, la mala alimentación y los escasos cuidados le acarrearon un tumor maligno en la pierna izquierda y, al presentarse la gangrena, tuvo que serle amputada cuando tenía tan solo trece años. Fue operada en su misma casa, sobre la mesa de la cocina, con métodos casi rudimentarios, pues hasta se rompió el aparato para evitar la hemorragia. Tuvieron que atarle la pierna por el muslo, pero en forma tan deficiente que sería causa de dolores durante toda su vida. Todos esperaban ya su muerte pero se repuso y volvió a las tareas domésticas con la ayuda de dos muletas, ya siempre compañeras inseparables.

Por circunstancias familiares fue internada en el orfanato “Casa de la Misericordia” de Valencia, donde pasó nueve años. Sentía una especial devoción a la Eucaristía y al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen María y a los Santos Ángeles. Ayudada por el capellán del centro, don Carlos Ferris, más adelante jesuita, allí progresó en su experiencia espiritual profunda que le llevó a pedir su entrada en las Carmelitas de la Caridad, que regentaban la casa. Las veía y le parecían “ángeles”. Pero no fue admitida por causa de su minusvalía. Desde ese momento no cejó en buscar cuál era la voluntad de Dios sobre ella.

Se fijó en un acuciante problema que aquejaba a muchas mujeres en los comienzos del siglo XX: la soledad. Por distintos motivos familiares quedaban abandonadas. Ella, que estaba abierta a ver en los acontecimientos la mano de Dios, captó esta necesidad y empezó el embrión de lo que sería el futuro instituto religioso. Comenzó con dos compañeras, difíciles de carácter, a recoger en la casa a distintas personas necesitadas. Con su paciencia y caridad Genoveva pudo soportar aquella situación, viviendo de su trabajo de costura y bordado. Enseguida se les quedó pequeña la casa y tuvieron que ir buscando hogares más amplios pues la necesidad era más grande de lo que a primera vista podría parecer. Genoveva pensó entonces especialmente en promover la vela de la adoración eucarística nocturna.

Desde su salida de la “Casa de Misericordia” en 1894 hasta 1911, su vida podría compararse con la peregrinación por el desierto en busca de la voluntad de Dios. “Me puse en las manos de Dios para cuanto pudiera querer de mí con voluntad firme de no resistirme en nada de cuanto de mí exigiera, costara lo que costara”.

El día 2 de febrero de 1911 en Valencia, con la indicación del canónigo José Barbarrós sobre unas señoras y señoritas solas y cargadas de sufrimiento, y con la consulta al P. Martín Sánchez, S.J., que le dio su aprobación personal, fundó la primera “Casa Hogar”, constituyendo la Sociedad Angélica que daría origen al instituto de Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles con el carisma y misión de “aliviar la soledad de las personas que, por diferentes circunstancias, viven solas y necesitadas de cariño, de consuelo, de amor y de cuidados en su cuerpo y en su espíritu”.

Genoveva fue nombrada directora. Así, remediaba un problema social: amparar la soledad. Pero sus fundaciones no serían sólo “casas” sino también “hogares”, para que las personas que vinieran amueblaran la habitación a su gusto con el fin de que su desarraigo fuera menor, ya que podían llevar consigo las cosas de mayor afecto personal.

La sociedad fue erigida como “Pía Unión” en 1912 y el primer reglamento data de 1914. En ese mismo año fundó otra casa en Zaragoza, en la calle del Pilar, aconsejándose del P. Martín Sánchez, SI; en 1914 en Madrid y, poco a poco, en Bilbao, Barcelona, Santander y Pamplona. En 1925 la Pía Unión fue reconocida en Zaragoza como Instituto religioso de derecho diocesano por el Arzobispo Doménech y emitieron ante él sus votos la Madre Genoveva, nombrada Superiora General, y otras dieciocho religiosas. El decreto de aprobación como instituto religioso de derecho pontificio sería dado por Pío XII en 1953.

En tiempos de la república y de la guerra civil, algunas de las casas tuvieron que padecer la persecución religiosa, quedando la mayoría devastadas, mientras que la Madre Genoveva infundía paz y esperanza en todas sus Hermanas. En las casas de Zaragoza y Valencia se pudo dar protección a otras personas, miembros de institutos religiosos y seglares, puesto que la Madre Genoveva tenía un corazón abierto para todas las personas y actividades de la Iglesia, con un espíritu de servicio asombroso. Fue reelegida Superiora General en los capítulos de 1935, 1941 y 1947. Retirada de su cargo en 1954, supo convertirse en religiosa siempre obediente a la nueva Madre General.

Todas las casas empezaban por el “Sagrario”, “porque estando Jesús en casa nada temo” y de esta forma imprimió en sus religiosas una nota característica de su espiritualidad: la adoración-reparación a la Eucaristía. Desde ese fundamento las Angélicas desplegarían su apostolado con las tres notas que la Madre Genoveva dejó plasmadas en sus constituciones: espíritu de humildad y sencillez que busca sólo a Dios en todas las cosas, espíritu de obediencia con la abnegación del propio juicio a la voluntad de Dios en las disposiciones de los superiores y espíritu de caridad, que engendra en las Hermanas el ardor apostólico por la gloria de Dios y la salvación de las almas. La palabra más repetida en sus escritos es “amor”: “Que sólo el amor me impulse a obrar”. “Que tu puro amor mueva todas mis acciones”. “Nada es pesado para el que ama”. “Dios merece ser servido con fidelidad y amor”. “El amor nunca dice basta”.

A finales de 1955 su salud había decaído considerablemente. El 30 de diciembre tuvo un ataque de apoplejía y recibió los últimos sacramentos. Todavía pudo comulgar en la madrugada del 4 de enero de 1956 y en esa mañana entró en coma. A los ochenta y seis años de edad, el 5 de enero de 1956 falleció en Zaragoza. El pueblo comenzó a llamarla “Ángel de la soledad” y así sigue reconociéndola.

El Instituto de Hermanas, llamadas comúnmente “angélicas”, está extendida por España, Italia, México y Venezuela. Además trabajan apostólicamente en catequesis, Casas de ejercicios, Guarderías, y en la evangelización en parroquias y escuelas.

Fue beatificada en Roma por el Papa Juan Pablo II el día 29 de enero de 1995, sus reliquias reposan en la Casa Generalicia en Zaragoza y su memoria litúrgica viene celebrándose el 4 de enero.

MAXIMAS DE SANTA GENOVEVA TORRES
  • Hay que amar a Dios en todas las cosas agradables y desagradables: y si están envueltas en sufrimientos, tanto mejor. El amor sin sufrimiento es sospechoso. El amor todo lo hace fácil.
  • Si miro a Jesucristo en la cruz, todo sufrimiento me será sabroso. Pediremos la gracia de llevar con valor y santa alegría las cruces que a Dios le plazca enviarnos y haremos esta petición en los momentos penosos a la naturaleza. Vayamos al pie de la cruz; si tenemos valor para ello, quejémonos.
  • El centro de la devoción al Corazón de Jesús, está en la Eucaristía. La práctica del amor a este Corazón está en la oración, la penitencia, y en adorarle llevando almas por esos medios para que le conozcan y le amen.
  • Siento que Jesús me llama desde el Sagrario; cuando por mis obligaciones no puedo acudir, procuro hallarle en las mismas obligaciones.
  • Debemos sacrificarnos mucho, practicando la caridad, que será reconocida por Dios nuestro Señor.
  • Si de veras amamos a Dios su recuerdo nos hará volar en el sacrificio y en la abnegación en aras de la caridad.
  • Revistámonos de los hechos de Jesús, que todos fueron de caridad, dulzura, amabilidad y sin distinción de personas.
  • Quien ama a María procura imitar sus virtudes y obsequiarla siempre. Madre de Jesús y Madre mía, en penas y tribulaciones acudiré a Ti. Me mostrarás a tu Divino Hijo y le amaré.
  • Seamos amables y cariñosas con las que tengamos que tratar y servir. Lo que se hace por Dios, debe caracterizarlo las virtudes que Jesús practicó: humildad, paciencia, afabilidad, dulzura... darnos todas para ganarlas a todas.
  • Sólo por la caridad y la mansedumbre llevaremos las almas a Dios.
  • La base de la caridad y de la unión es la humildad. Si somos humildes de corazón en todos nuestros actos, practicando la caridad por Dios, gozaremos de la paz del alma.
  • Darse a Dios de veras es lo único que da paz verdadera. Lo demás todo pasa pronto.
    El tiempo corre hacia el sepulcro y vivimos neciamente si no vivimos para Dios.
  • Viviendo para Dios, seremos generosos con Él y con el prójimo.
  • Ofrezco a Dios todo, venga lo que viniere, todo lo permite el Señor.

Oración: Te pedimos Señor que por los méritos de Santa Genoveva, puedan las personas encontrar siempre en la Iglesia alivio para la soledad, una de las mayores pandemias de nuestra época, centradas principalmente en las grandes ciudades. A Tí Señor que nos prometiste estar con nosotros hasta el fin de los tiempos. Amén.



domingo, 3 de enero de 2016

Domingo 3 enero

Santa Genoveva
422-502


Se le invoca contra desastres, herpes, fiebre, sequía

Patrona: fabricantes de velas y cirios pues, de acuerdo con una leyenda, el diablo habría querido apagarle su linterna, mientras visitaba enfermos, cosa que su ángel de la guarda habría evitado.

Etim: Genoveva, "ola o espuma blanca", en galés.

En la iconografía aparece como pastora y con su cayado; o bien, como virgen, con el velo o toca de su consagración, y una linterna o vela en la mano, por atributo.
Nace en Nanterre, pequeño pueblo cerca de París, Francia. Según la leyenda, de joven fue pastora.

Cuando tenía solo siete años un obispo la reconoció como futura santa.  Con el permiso de sus padres y respondiendo a su petición el obispo la consagró a Cristo y a la edad de 15 años recibió el velo de la vida religiosa en París.
Se dedicó a practicar obras de piedad entre los pobres, aconsejar a sus vecinos y llevar una intensa vida ascética.  

Pocos años después, la ciudad de Paris estaba bajo asedio por el rey Childeric, rey de los francos. Al ver el sufrimiento del pueblo de Paris, Genoveva salió escondida de la ciudad y regresó con alimentos y provisiones.  Pero París pronto calló ante la fuerza superior de los francos.

Al descubrir el heroísmo de la joven, Childeric se entrevistó con ella. Impresionado por su santidad, accedió a establecer una iglesia en honor a S. Denis de Paris.

Tenía 30 años cuando oyó que Atila se acercaba con 100,000 guerreros a sitiar a Lutecia (Paris, 451 A.D.). La costumbre de este bárbaro era arrasar con todo. La gente se dispuso a huir pero Genoveva los convenció de permanecer en oración. Casi la linchan pero muchos le hicieron caso. Atila, cuando ya venía llegando a Paris, cambió imprevistamente de rumbo y se dirigió hacia Orleáns. Por el camino le salieron al encuentro los ejércitos cristianos que lo derrotaron en la terrible batalla de los Campos Cataláunicos.

Así se cumplió lo que había anunciado Genoveva, que si el pueblo oraba con fe la ciudad de Paris no sería atacada.

Su veneración inició en el siglo VI con peregrinaciones a su tumba y aumentó aún más desde 1130 cuando, con sus restos llevados en procesión, se conjuró una peste. El Papa Inocencio II aceptó su culto y fiesta en este día.

Sus restos fueron profanados por la Revolución Francesa (21 de noviembre de 1793).


Oración: Te pedimos Señor, que los méritos e intercesión de Santa Genoveva, puedan erradicarse la pandemia en el mundo, muy especialmente la llamada gripe aviar, el sida y el ébola, así como toda otra enfermedad natural o sintetizada o potenciada en los laboratorios militares, en el marco de una guerra bacteriológica. Pero te pedimos especialmente a que Santa Genoveva nos ayude a luchar contra la pandemia del pecado que anida en nuestros corazones, por medio de la oración constante de cada día. A Tí Señor que curaste a tantos enfermos en tu paso visible sobre la Tierra, y lo sigues haciendo aún hoy en día. Amén.
Domingo 3 de Enero

San José María Tomasi



Cardenal y Confesor. († 1713)

Breve
Insigne Cardenal de origen noble en Sicilia. Políglota.

Manejaba fluidamente el latín, griego y español. Luego aprendió etíope, sirio y el idioma caldeo.

Renunció a todos los honores en tierras y fortuna en favor de su hermano y abrazó la Orden de los Clérigos Regulares – la Orden de San Cayetano. Investigador de los códices antiguos en la Biblioteca Vaticana.

Confesor del Papa Clemente XI.
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Nota: Los códices son libros escritos a mano, previos a la invención de la imprenta, siendo los más ricos los procedentes de la Edad Media, por sus tradiciones, reglamentos, sabiduría, ascetismo, teología, oraciones en forma de cánticos de los salmos, y hasta dibujos que en muchos casos contenían profesías.

La vitalidad religiosa de la Edad Media fascinó a nuestro Cardenal, al igual que nos fascina ahora a nosotros su mística, música, danza, vestidos, y hasta torneos medievales que se celebran con frecuencia en varias ciudades de Occidente.

Fué indudablemente una época misteriosa, llena de Fe, y que merece ser redescubierta.

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En las Témporas de Adviento de 1673 fue ungido en la Ciudad Eterna sacerdote Señor, y la noche de Navidad subió por vez primera altar para celebrar las tres misas rituales en el templo de San Andrés della Valle. Tenía veinticuatro años.
Al sentir realizado el primogénito de los príncipes Lampedusa el ideal sacerdotal que entreviera en los suaves crepúsculos de Monteclaro, retoñaron, con nueva poderosa savia, sus antiguas aficiones litúrgicas que marcaron la orientación definitiva de su vida, consagrándola totalmente al esplendor del culto divino y al fomento las ciencias sagradas.

Se iniciaba un glorioso movimiento de restauración litúrgica, y podemos decir que en él ocupa el padre Tomasi un puesto destacado en primera fila. Trasladado a la casa de San Silvestre del Quirinal, pese a su complexión delicadísima y enfermiza, continuamente atormentado por pesada cruz de escrúpulos y penas interiores, recogió herencia del eximio cardenal Bona para dedicarse totalmente a los estudios litúrgicos y bíblicos, y a la investigación de las sagradas antigüedades.

Se impuso una preparación eficiente y aprendió hebreo, caldeo, etíope, árabe y siríaco. Con afán apostólico logró convertir a la fe de Cristo a su profesor de hebreo, el docto rabino Moisés de Cavi, que al bautizarse tomó el apellido Tomasi.

El padre Tomasi pasó su vida entera escondido en bibliotecas y archivos de Roma, especialmente en la Vaticana, la Vallicelana, la de Cristina de Suecia, la San Pedro y la de San Pablo, que le franquearon sus tesoros bibliográficos y sus ricos fondos documentales.

Con la abnegación de un santo y el entusiasmo litúrgico de un teatino, laboraba silenciosamente para desentrañar códices milenarios y libar en amarillentos pergaminos toda la potente vitalidad de la Iglesia en los siglos medievales. Fruto preciosísimo de sus afanes investigadores el nutridísimo repertorio de sus obras litúrgicas, teológicas, bíblicas y ascéticas que fue publicando desde 1679 hasta 1770.

Entre ellas cabe citar el Sacramentario Gelasiano, el Sacramentario Galicano, el Responsarial y Antifonario de San Gregorio, el Salterio con Cánticos, el Sacramentario Gregoriano y las Instituciones teológicas de Santos Padres.
Estas magníficas publicaciones tomasianas en aquel momento histórico que vivía la Iglesia fueron de una oportunidad portentosa.

Aportación valiosísima al incipiente movimiento de investigación litúrgica y bíblica, constituyeron un arma poderosa para confundir a los herejes, los cuales clamaron en Holanda: Cavete Thomasium: "¡Guardaos de Tomasi!"

Por otra parte sirvieron de base y punto de partida para ulteriores estudios sobre liturgia antigua, ofreciendo aún actualmente un provechoso instrumento de trabajo a los que a tales investigaciones se dedican.

Pero en Tomasi, el sabio, el investigador, están en función del sacerdote y del santo. No se engolfó en los estudios a título de curiosidad o erudición, sino con el propósito de entender plenamente los ritos y preces que como sacerdote debía usar en el ejercicio del culto divino, y al propio tiempo hacer participantes al clero y a los fieles del fruto de sus investigaciones, para lograr una mayor eficacia santificadora en las funciones litúrgicas. En tal sentido Tomasi es un precursor y abanderado del actual apostolado litúrgico.

Cultivador insigne de las virtudes religiosas y sacerdotales, sentía Tomasi una predilección marcadísíma por la humildad, base de todas ellas. Abroquelado en su vida de trabajo silencioso, procuraba pasar desapercibido entre el fasto de la corte pontificia. Pero su virtud y su sabiduría hicieron su nombre famoso en los círculos eclesiásticos de Roma y de toda Europa.

Cuando el doctísimo Juan Mabillón fue a Roma en viaje de estudios, tuvo necesidad de ir a ver al padre Tomasi para que le sirviera de mentor en sus itinerarios científicos y le hiciera partícipe de los felices hallazgos en la investigación litúrgica. Al ser nombrado el futuro cardenal Vallemani secretario de la Sagrada Congregación de Ritos, fue en seguida a buscar al humilde teatino para pedirle normas y orientaciones.

El papa Clemente XI, amigo y admirador de este hijo esclarecido de San Cayetano, le nombró consultor de la Sagrada Congregación de Ritos y de la de Propaganda Fide, y calificador del Santo Oficio. Y en el Consistorio del 18 de mayo de 1712 le creó cardenal presbítero de la Santa Romana Iglesia, asignándole el título de San Silvestre y San Martín in montibus.

Tras un dramático forcejeo con su humildad contrariada, Tomasi vino obligado a aceptar el capelo en virtud de santa obediencia y fue nombrado miembro de la misma Congregación de Ritos. En los ocho meses escasos de su cardenalato desplegó en su Iglesia titular un sapientísimo apostolado litúrgico, dando el magnífico ejemplo de asistir con asiduidad a los oficios corales. Demostró con gallardía que sabia trasladar liturgia de los fríos códices milenarios al calor del santuario para proyectarla luego en derredor suyo como una vida hecha culto y un culto transformado en vida.

El día de Navidad del mismo año, al regresar de la solemne capilla papal tenida en San Pedro, se sintió herido por una grave afección pulmonar que le tuvo en cama ocho días. Recibidos con extraordinaria devoción los santos sacramentos, dictó su testamento, en el cual consignó su voluntad de ser enterrado en la cripta de su iglesia titular, ante el altar de la Virgen, gozo de los cristianos.

En la madrugada del 1 de enero de 1713, besando con ternura el crucifijo, voló su alma a cantar el eterno Magnificat en las delicias de la liturgia celestial. Contaba sesenta y cuatro años.

Su confesor, el teatino padre Chiesa, aseguró que su alma no había perdido la inocencia bautismal.

Por la fama de sus virtudes y el esplendor de sus milagros se introdujo en la Curia Romana, en 1723, la causa de beatificación. El 29 de septiembre de 1803 fue beatificado por Pío VII en la Basílica Vaticana.

Por decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, dado el 24 de mayo de 1958, se ha reanudado en la Curia la causa para la solemne canonización de este egregio cardenal teatino nacido en tierra española a quien Cardella proclama, en sus Memorias históricas, príncipe y doctor de la liturgia de Occidente. 

Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San José María Tomasi, puedas bendecirnos en todos los tiempos con figuras de tanta sabiduría y piedad como la de este amado Cardenal, recuperando para la Iglesia a un clero piadoso y sabio, que desde el silencio, el ascetismo y el estudio influyan poderosamente en la vitalidad de la Iglesia. Te pedimos también Señor que habiendo sido el amado Cardenal procedente de Lampeduza, puedan los refugiados, que en su desesperación llegan a esa isla, tener el consuelo y protección de él. A Tí Señor que eres el faro en este mundo enceguecido, ensordecido y embrutecido por el pecado. Amén.