jueves, 7 de noviembre de 2019


Quinta Feria, 7 de noviembre

SAN WILIBRORDO, Obispo


Precursor de la evangelización de Alemania y Holanda

Fue un hombre de oración y acción, además de un Pastor infatigable

(+ 739)

Breve
Inició la evangelización de Alemania, más allá del río Rhin.

Comenzó en el siglo VII, a finales de la época merovingia, gracias a la obra de los monjes irlandeses y anglosajones. Logró su máximo desarrollo, en las décadas siguientes, por la acción misionera de San Bonifacio, su discípulo.
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Wilibrordo nació en Northumbría, en el año 658. Ingresó a la vida monástica, viviendo en su tierra, hasta que el Abad Egberto lo envió a Frisia, la actual Holanda, donde desarrolló su acción apostólica.

Su padre, Wilgils, un noble anglosajón, había quedado viudo. Cristiano ferviente, perteneciente a la primera generación de convertidos del paganismo, resolvió abrazar la vida solitaria. Todo lo abandonó, hasta la más dulce prenda que le quedaba: un día llamó Wilgils, a la puerta del monasterio de Ripon, y ofreció a Dios y al abad Wilfrido, a su hijito Wilibrordo.

Ripon era una abadía fervorosa; y Wilfrido era un padre austero, y a la vez cariñoso para sus religiosos. El hijo de Wilgils, fue educado con esmero, en la escuela abacial. Fue su preceptor, San Ceolfrido, el mismo que años después, debía ser, en Wearmouth, abad de San Beda el Venerable. El pequeño oblato, creció en un ambiente de santidad y cultura. A los quince años, ratificó libremente, con su profesión monástica, la propia donación a Dios, hecha por su padre.

La vida del joven monje, transcurría plácida y fervorosa, al amparo de los muros claustrales, cuando una fuerte conmoción, vino a turbar la paz del monasterio

Después de los contratiempos, sufridos por la misión de Wilfrido, Wilibrordo fue enviado con once compañeros, a Frisia. La victoria de Pipino de Herstal, contra el rey Radbod, en el año 689, facilitó la empresa. El duque los recibió con todos los honores.

Este monje, a quien los biógrafos describen pequeño de estatura, cabellos negros, de delicada salud, ojos profundos y vivos, encarna muy bien, la figura del monje occidental: un trabajador que no conoce descanso, ni crisis de desánimo, austero, prudente, leal, tenaz, devoto del Papa.

Se había formado, en la abadía inglesa de Ripon, y a los 20 años pasó a Irlanda, para perfeccionar su cultura teológica, bajo la guía del abad Egberto, que lo consagró sacerdote, a los treinta años.

Pero Wilibrordo, antes de comenzar su obra de evangelización, quiso ir a Roma, para obtener el beneplácito del Papa Sergio I, el cual aprobó su misión, y lo animó. De regreso a Frisia, el monje escogió Amberes, como centro de su apostolado. Con el tiempo, Utrecht llegaría a ser, la más famosa de sus fundaciones.

No era fácil, la tarea confiada a Wilibrordo, y a su pequeña hueste monástica. El pueblo germánico de los frisones, que en ese siglo, ocupaba la desembocadura de los grandes ríos, que terminan su recorrido, en las costas de los Países Bajos, constituía un campo rebelde a todo cultivo. Aquellos bárbaros de estatura imponente, barba rubia y largas melenas, eran guerreros feroces, testarudos, apegados a sus viejas tradiciones, y extremadamente amantes, de su libertad e independencia.

El poder romano, nunca había sido estable en Frisia, y el cristianismo, que por vez primera, había penetrado en la región, con los funcionarios merovingios, eran considerado como la religión de los invasores, y recogió ninguna, o muy pocas simpatías.

Entretanto, se revelaban las bellas cualidades, del arzobispo de los frisones. Era, según testimonio de San Bonifacio, varón "de gran santidad y de austeridad maravillosa", pero bueno y paternal para los otros. Típico anglosajón, paciente y tenaz, humilde y hábil, celoso y realista, dotado de voluntad inquebrantable, y prudencia nunca desmentida, Wilibrordo tenía el temple, de gran conductor de hombres, de gran organizador.

La única preocupación, que le guiaba en todas sus acciones, era la salvaguarda y consolidación de su obra. Sus ansias apostólicas, nunca desbordan los límites, de lo que le parecía seguro. Verdad es que intentó evangelizar la Frisia del Norte, y hasta estuvo en Dinamarca, movido por el mismo impulso misionero, pero pronto comprendió, que era una empresa prematura, y regresó a su campo de acción, el territorio dominado, por la espada de Pipino II.

No es que fuera un cobarde, un pusilánime: en cierta ocasión destruyó un ídolo con peligro de su vida, y en momentos difíciles, se mantuvo firme, ante la ira del rey Radbod.

Pero Wilibrordo, nada tenía de aventurero. Iba siempre a lo seguro y positivo. Sus catecúmenos, no fueron jamás bautizados rápidamente, ni en masa; cada uno de ellos, debía someterse a una seria preparación individual. Y así, su obra no tuvo dimensiones enormes y espectaculares, pero fue segura y durable.
Para la fundación, de la nueva diócesis de Frisia, Wilibrordo fue nuevamente a Roma, en donde el Papa Sergio I, lo consagró obispo, el 21 de noviembre del año 695, con el nombre de Clemente. Desde este momento, emprende una infatigable labor misionera, que comprenderá desde los valles del Rhin, hasta Dinamarca.

A la muerte de Pipino II, toda su obra, por la que tanto había trabajado, literalmente fué barrida por completo, dado que los frisios, iniciaron una revolución. Cuando Carlos Martel, restableció la paz (718), Wilibrordo había alcanzado ya, los sesenta años de edad.

Pero no soñaba todavía en descansar; ni siquiera se lamentó, ante los estragos causados, por aquellos años destructores. La obra de su vida, estaba casi totalmente arruinada. Él y sus monjes, empezaron animosamente a rehacerla. En este tiempo difícil, tuvo Wilibrordo un precioso ayudante, en un monje compatriota suyo, Winfrido, el futuro San Bonifacio, apóstol de Alemania. Y la cristiandad en Frisia, fue restaurada.

En Echternach, Luxemburgo, había fundado un pequeño convento, y allí murió, el 7 de noviembre del año 739, a los 81 años de edad.

Fue un hombre de oración y acción. Pastor infatigable, supo organizar su diócesis, con un gran sentido de la autoridad, que le permitió, gracias a la formación de los obispos auxiliares, evitar el fraccionamiento de las Iglesias, debido a la dispersión de la actividad pastoral.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por la intercesión y los méritos de San Wilibrordo y San Bonifacio, Alemania y Holanda, así como toda Europa, vuelvan a sus raíces cristianas, con profundo espíritu de penitencia y conversión, y así puedan nuevamente, iluminar al mundo entero, con la antorcha de la Fe y el Amor a tu Divino Hijo. Ayúdanos también, a saber valorar los pequeños, pero constantes avances espirituales, en nuestra vida, sin desalentarnos en ningún momento. Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive y Reina eternamente, por los Siglos de los Siglos. Amén.

miércoles, 6 de noviembre de 2019


Cuarta Feria, 6 de noviembre

MÁRTIRES DE INDOCHINA


Beatos Esteban Teodoro Guénot, José Sanjurjo y Melchor Sampedro (obispos); Jerónimo Hermosilla, Valentín Berrio-Ochoa, Pedro Almato, Teófanes Vénard, Augusto Schöffler, y Juan Luis Bonnard Schöffler

(1851-1862)

Breve
Todos sufrieron una horrible muerte. Prueba del Amor, que las gentes tenían por estos misioneros, se verificó el 2 de febrero de 1861, cuando una gran muchedumbre, se abalanzaba sobre sus cadáveres, con el fin de empapar lienzos de lino, y pañuelos de papel, en la sangre de cualquiera de ellos.
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Indudablemente, hay muchos detalles legendarios, en las relaciones de los martirios, de la primitiva Iglesia, según han llegado a nuestras manos. Al leer la multitud de tormentos, y la brutal crueldad que en ellos se manifiesta, recibimos la impresión, de que todo aquello, es pura invención de los escritores medievales.

Sin embargo, en los tiempos modernos, y casi en nuestros días, comprobados con multitud de testimonios, completamente seguros y verídicos, se han repetido innumerables excesos de crueldad, en los mártires de Indochina, de mediados del siglo XIX.

De ello se deduce, que los instintos de crueldad, son congénitos en la naturaleza humana, y en los momentos de apasionamiento, salen al exterior, en la forma más brutal y repugnante; recordemos aún en nuestros días, los extremos de crueldad y barbarie, cometidos por los comunistas, con multitud de católicos.

Indirectamente, esto prueba con toda suficiencia, que no hay que rechazar tan fácilmente, aquellas actas de mártires, solamente por el motivo de lo inverosímil que parecen, así como la cuantía y la crueldad de los tormentos.

El día de hoy, se celebra de un modo especial, la conmemoración de los Beatos Jerónimo Hermosilla, y sus dos compañeros mártires, pertenecientes a la Orden de los Predicadores – los padres dominicos -, sacrificados por Cristo en 1861, en la región del Tonkín.

Pero al mismo tiempo, se celebra la fiesta de otros mártires de Indochina, que dieron su sangre por Cristo, durante estos años, de la más horrible persecución. Algunos fueron beatificados en 1900, 1906 y 1907, y recientemente otros veinticinco, fueron elevados a los altares por el Papa Pío XII, en 1951.

He aquí algunos datos más importantes de los principales entre ellos.

El Beato Jerónimo Hermosilla, insigne dominico y misionero español, era vicario apostólico, en el oriente de Tonkín, y al estallar la persecución, fue apresado por el mandarín Nguyen.

Pero habiendo logrado escapar de la prisión, continuó en secreto, su actividad apostólica entre los naturales, hasta que por la traición de un soldado, fue encarcelado de nuevo, juntamente con otros dos misioneros dominicos, los Beatos Valentín Berrio-Ochoa, vicario general de Tonkín central, y Pedro Almato. Berrio-Ochoa era vasco de nacimiento, y de noble familia.

El padre Almato era catalán, que hacía seis años, realizaba una ímproba labor, en la misión dominicana de Tonkín, a pesar del deplorable estado de su salud. El padre Hermosilla, intentó pasar a la China, juntamente con el padre Almato; pero ya era tarde. Apresados pues, los tres insignes misioneros de la Orden dominicana, dieron generosamente su sangre por Cristo, siendo decapitados.

Entre los más insignes mártires de esta persecución, debe ser considerado el Beato Teófanes Vénard, de origen francés, quien ya en su juventud, había soñado con el martirio, que al fin sufrió en Tonkín, a los treinta y un años de edad, víctima, él y sus compañeros, de las más horribles crueldades, tan típicas de esta persecución.

Su salud delicadísima, retrasó su ordenación sacerdotal; pero apenas realizada ésta en 1852, partió Teófanes para Hong-Kong, y después de dedicarse, durante quince meses, al aprendizaje de la lengua, pasó en 1854 a Tonkín. Más de cinco años trabajó con un celo incansable, luchando a la vez con su mala salud, y con los horrores de la más implacable persecución.

Hasta qué punto llegó la crueldad de los perseguidores, que se expresa en estas palabras, que escribía él mismo: "Se ha dado la orden de aprisionar a todos los cristianos, y de martirizarlos por el sistema denominado lang-tri, consistente en una tortura lenta, cortándoles primero los pies hasta los tobillos; luego hasta las rodillas; luego los dedos; luego hasta los antebrazos, y siguiendo de este modo, hasta que no les quede más que un tronco enteramente mutilado".

Son interesantes los datos que comunica, sobre los sufrimientos a que se veían sometidos, y la situación desesperada en que se encontraban, todo lo cual, es la más elocuente prueba, del elevado espíritu que a todos les animaba. "Tres misioneros, dice, entre los cuales hay un obispo, yacen ya uno al lado de otro, día y noche, en un espacio de una vara y media cuadrada. No tenemos más luz, ni más aire para respirar, que tres agujeros del grosor de un dedo, practicados en la pared, por nuestra anciana sirvienta, que se ve obligada a ocultarlos por medio de unos manojos de leña, tirados por fuera".

En 1851 y 1852, fueron decapitados otros dos misioneros, de las Misiones Extranjeras de París, los Beatos Augusto Schöffler y Juan Luis Bonnard Schöffler. Al estallar la persecución del año 1851, fueron apresados, y tuvieron que sufrir horriblemente en la cárcel, con el gran marco de madera que les agarrotaba el cuello, y los pesados grillos que apresaban sus miembros, además de la suciedad, y de la horrible y blasfema compañía que les rodeaba.

Entre los demás mártires, de esta horrible persecución, citamos al Beato Esteban Teodoro Guénot, quien por su dignidad de obispo, y sus relevantes méritos, merece ser destacado de un modo especial.

Los veinticinco mártires del Tonkín, beatificados en 1951 por el Papa Pío XII, sufrieron el martirio entre 1857 y 1862, durante la persecución de Yu-Duk. A su cabeza, van los obispos españoles, Beatos José Sanjurjo y Melchor Sampedro.

Los demás eran indígenas indochinos, y excepto cuatro, todos eran laicos.

Prueba del Amor, que las gentes tenían por estos misioneros, se verificó el 2 de febrero de 1861, cuando una gran muchedumbre, se abalanzaba sobre sus cadáveres, con el fin de empapar lienzos de lino y pañuelos de papel, en la sangre de cualquiera de ellos.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos y la intercesión, de los mártires de Indochina, se extienda la fe católica y apostólica en toda esa región, incluida la misma China, y así podamos agrandar Tu familia Apostólica, a la espera de Tu Definitiva Venida.

Protege también a los católicos, judíos y musulmanes del Medio Oriente, y que cesen las guerras y las discordias en esa región, ya que todos pertenecen a la misma familia de Abraham, a quien le prometiste tu descendencia en la Tierra.

Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive y Reina Contigo, por los Siglos de los Siglos. Amén.

martes, 5 de noviembre de 2019


Tercera Feria, 5 de Noviembre

San Zacarías y Santa Isabel (Siglo I)


Fueron los padres de San Juan Bautista

Zacarías, significa: "Dios se acordó de mí"
Isabel: "Consagrada a Dios".

San Lucas cuenta su historia, en el primer capítulo de su Evangelio, y hace a estos esposos, un formidable elogio:
Los dos llevaban una vida santa; eran justos ante Dios, y observaban con exactitud, todos los mandamientos y preceptos del Señor”.

En la tradición cristiana, Zacarías era un sacerdote judío, al que se le apareció el Arcángel Gabriel, para darle las buenas nuevas de un hijo (Juan o Yahya), quien sería predecesor de Jesús, hijo de María.

Tanto él como Isabel, eran de edad muy avanzada, por lo que Zacarías, dudó de la palabra del ángel, por lo que éste le dijo, que quedaría mudo, hasta el nacimiento del niño. Recuperó el habla, el día de la circuncisión, ocho días después del nacimiento, cuando se debatía el nombre del niño. En medio del debate, él escribió en una pizarra. «Su nombre es Juan», y recuperó el habla.

Tuvo Isabel, la dicha de recibir la visita de su prima, la Virgen María, quien se quedó con ella tres meses, ayudándola en los últimos tiempos de su embarazo, pues Isabel era ya, una mujer mayor.

Ella reconoció, por la gracia de Dios, inmediatamente a la Madre del Salvador, y pronunció las palabras, que se repiten millones de veces, como parte del Ave María en todo el mundo: “Bendita eres entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre”. La Virgen Santísima contestó a Isabel, con unas palabras que ahora llamamos el himno Magnificat.

Por su parte, Zacarías, después de ser perdonado por su falta de fe, entonó un himno de alabanza, llamado el Benedictus.

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Santa Ángela de la Cruz

(María de los Ángeles Guerrero González)


Religiosa, virgen, fundadora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz
Mayo 2003, canonización

Nació cerca de Sevilla, el 30 de enero de 1846. Fue bautizada el 2 de febrero. Su padre, Francisco, era cocinero del convento de los Trinitarios, y su madre Josefa, costurera del mismo. Tuvieron catorce hijos, de los que solamente seis, llegaron a la mayoría de edad.

Por la pobreza, pudo ir poco al colegio, aprendiendo a escribir, sin dominar la ortografía, junto con algunas nociones, de aritmética y catecismo. No obstante, su pobreza no le impedía, desde niña y adolescente, a compartir los bienes que tenían en casa, con los más pobres.

Dos de sus dichos famosos:
Jesús, María y José, ayudadme a obedecer
Dios me hizo comprender, lo que vale la humillación

Oración: Señor y Dios nuestro, te pedimos mantener siempre, la Fe y la Obediencia hacia Tí, aún en la aparente infertilidad de nuestra Vida, ya que Tú trastocas cualquier desierto estéril, en un jardín del Edén, con apenas el breve rocío matinal de tu Amor. Te lo pedimos por los méritos y la intercesión, de San Zacarías, Santa Isabel, y de Santa Ángela de la Cruz. Amén.

lunes, 4 de noviembre de 2019


Segunda Feria, 4 de noviembre

San Carlos Borromeo


Arzobispo de Milán y Cardenal
(1538-1584)

Patrón de: Catequistas y Seminaristas
"Carlos" significa "hombre prudente"

Ya voy, Señor, ya voy”

San Carlos Borromeo, un santo que se tomó muy en serio, las palabras de Jesús; "Quien ahorra su vida, la pierde; pero el que gasta su vida por Mí, la ganará".

Era un noble de alta alcurnia. Su padre, el conde Gilberto Borromeo, se distinguió por su talento y sus virtudes. Su madre, Margarita, pertenecía a la noble rama milanesa, de los Médicis. Un hermano menor de su madre, llegó a ceñir la tiara pontificia, con el nombre de Pío IV.

Carlos era el segundo de los varones, entre los seis hijos de esa familia. Nació en el castillo de Arona, junto al lago Maggiore, el 2 de octubre de 1538. Desde los primeros años, dio muestras de gran seriedad y devoción.

Su hermano mayor, a quien correspondía, la mayor parte de la herencia, murió repentinamente, al caer de un caballo. Él consideró la muerte de su hermano, como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado, porque el día menos pensado, llega Dios por medio de la muerte, a pedirnos cuentas.

Renunció a sus riquezas, y fue ordenado sacerdote, y más tarde Arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones, de que su elección fue por nepotismo, ya que era sobrino del Papa, sus enormes frutos de santidad, demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.

Como obispo, su diócesis reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: "Humilitas", humildad. Él, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, privándose de lujos. Fue llamado con razón, "padre de los pobres".

Decía que un obispo, demasiado cuidadoso de su salud, no consigue llegar a ser santo, y que a todo sacerdote, y a todo apóstol, deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.

Para con los necesitados, era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores, era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo, era exigentísimo y severo.

Fue el primer secretario de Estado del Vaticano, en el sentido moderno de la palabra. Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.

Fundó seminarios, para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos, unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron, para organizar según éstos, los suyos propios.

Su espíritu de oración, y su amor a Dios, dejaban en los otros, un gran gozo espiritual; sabía ganarse a los corazones, e infundían en todos, el deseo de perseverar en la virtud, y de sufrir por ella.

Fue amigo del Papa San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio; de San Andrés Avelino, y de varios santos más.

Era increíble, la cantidad de trabajo, que San Carlos podía despachar, sin apresurarse nunca, a base de una actividad regular y metódica. Además, encontraba todavía tiempo, para dedicarse a los asuntos de su familia, para oír música, y para hacer ejercicio.

Era muy amante del saber, y lo promovió mucho entre el clero, para lo que fundó en el Vaticano, con el objeto de instruir, y deleitar a la corte pontificia, una academia literaria, compuesta de clérigos y laicos, algunas de cuyas conferencias y trabajos, fueron publicados, entre las obras de San Carlos, con el título de “Noctes Vaticanae”.

En 1575, fue a Roma, a ganar la indulgencia del jubileo, y al año siguiente, la instituyó en Milán. Acudieron entonces a la ciudad, grandes multitudes de peregrinos, algunos de los cuales, estaban contaminados con la peste, de suerte que la epidemia, se propagó en Milán, con gran virulencia. El gobernador y muchos de los nobles, abandonaron la ciudad; San Carlos se consagró enteramente, al cuidado de los enfermos.

En la primavera de 1580, hospedó durante una semana, a una docena de jóvenes ingleses, que iban de paso hacia la misión de Inglaterra, y uno de ellos predicó ante él: era el Beato Rodolfo Sherwin, quien un año y medio más tarde, había de morir por la fe católica en Londres. Poco después, San Carlos le dio la primera comunión, a San Luis Gonzaga, que tenía entonces doce años.

Por esa época viajó mucho, y las penurias y fatigas, empezaron a afectar su salud. Además, había reducido las horas de sueño, y el Papa hubo de recomendarle, que no llevase demasiado lejos, el ayuno cuaresmal.

A fines de 1583, San Carlos fue enviado a Suiza, como visitador apostólico, y en Grisons, tuvo que enfrentarse, no sólo contra los protestantes, sino también contra un movimiento de brujas y hechiceros.

En Roveredo, el pueblo acusó al párroco, de practicar la magia, y el santo se vio obligado a degradarle, y entregarle al brazo secular. No se avergonzaba de discutir pacientemente, sobre puntos teológicos, con las campesinas protestantes de la región, y en cierta ocasión, hizo esperar a su comitiva, hasta que consiguió hacer aprender, el Padrenuestro y el Avemaría, a un ignorante pastorcito.

Murió joven y pobre, habiendo enriquecido enormemente a muchos, con la gracia. Murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy". En Milán, casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia, de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que a imitación y por los méritos de San Carlos Borromeo, tengamos siempre la paciencia de enseñar, y saber rezar en comunidad, todos los días de nuestra vida, alabándote y agradeciéndote, todos los dones y bendiciones, de que nos has dotado. Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive y Reina por Siempre, por los Siglos de los Siglos. Amén.

domingo, 3 de noviembre de 2019


Domingo 3 de noviembre

SAN MARTIN DE PORRES


(1579-1639)

Religioso dominico, peruano

Patrono de las obras que promueven, la armonía entre las razas, y la justicia interracial

Don de la Profecía, Éxtasis, Levitación, Invisibilidad, y Bilocación

"Yo tengo mis modos de entrar y salir"
Breve
Tenía extraordinarios carismas, con que Dios lo había enriquecido, entre ellos, la profecía, éxtasis y la bilocación. Sin salir de Lima, fue visto en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad. Mientras permanecía encerrado en su celda, lo veían llegar junto a la cama, de ciertos moribundos para consolarlos. 

En ocasiones, salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar, sin tener la llave de la puerta, y sin que nadie le abriera. Preguntado sobre cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".

TODO EL QUE SE HUMILLA SERA ENALTECIDO

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SAN MARTIN DE PORRES fue un mulato, nacido en Lima, capital del Perú, el 9 de diciembre de 1579. En el libro de bautismo, fue inscrito como "hijo de padre desconocido". Era hijo natural, del caballero español Juan de Porres, (o Porras según algunos), y de una india panameña libre, llamada Ana Velásquez. Martín heredó los rasgos, y el color de la piel de su madre, lo cual vio don Juan de Porres como una humillación.

Vivió pobremente hasta los ocho años, en compañía de la madre, y de una hermanita, que nació dos años después. Estuvo un breve tiempo con su padre, en el Ecuador, ya que éste llegó a reconocerlo, y también a la hermanita. Nuevamente quedó separado del padre, aunque le mandaba lo necesario, para hacerle terminar los estudios.

Martín era inteligente, y tenía inclinación por la medicina. Había aprendido, las primeras nociones de farmacología, en la droguería ambulatoria, de dos vecinos de casa. La profesión de barbero, en aquella época, estaba ligada con la medicina. Así adquirió conocimientos de medicina, y durante algún tiempo, ejerció esta doble carrera.

Sintiendo grandes deseos de perfección, pidió ser admitido como donado, en el convento de los dominicos del Rosario, en Lima. Su misma madre, apoyó la petición del santo, y éste consiguió lo que deseaba, cuando tenía unos quince años de edad.

En el convento, su vida de heroica virtud, fue pronto conocida por muchos. Fue admitido sólo como "donado", es decir, como terciario, y le confiaron los trabajos más humildes de la comunidad. Martín es recordado con la escoba, símbolo de su humilde servicio. Su humildad era tan ejemplar, que se alegraba de las injurias que recibía; incluso alguna vez, de parte de otros religiosos dominicos, como uno que enfermo e irritado, lo trató de perro mulato.

En una ocasión, cuando el convento estaba, en una situación económica muy apurada, Fray Martín, espontáneamente, se ofreció al Padre prior, para ser vendido como esclavo, ya que era mulato, a fin de remediar la situación.

Advirtiendo los superiores de Fray Martín, su índole mansa, y su mucha caridad, le confiaron, junto con otros oficios, el de enfermero, en una comunidad que solía contar, con doscientos religiosos, sin tomar en consideración, a los criados del convento, ni a los religiosos de otras casas, que informados de la habilidad del hermano, acudían a curarse a Lima.

Bastante trabajo tenía el joven hermano, pero no por eso, limitaba su compasión a los de su orden, sino que atendía a muchos enfermos pobres de la ciudad. El día 2 de junio de 1603, después de nueve años, de servir a la orden como donado, le fue concedida la profesión religiosa, y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad.

Juntaba a su abnegada vida, una penitencia austerísima; se contentaba con dormir, debajo de una escalera unas cuantas horas, y con comer apenas lo indispensable. Pasaba la mitad de la noche, rezando frente a un crucifijo grande, que había en su convento, al cual iba siempre, y le contaba sus penas y sus problemas; o ante el Santísimo Sacramento; o arrodillado ante la imagen de la Virgen María, pasaba largos tiempos, rezando con fervor.

Añadía a esto, un espíritu de oración y unión con Dios, que lo asemejaba a otros grandes contemplativos.

Dios quiso que su santidad, se conociera fuera de las paredes del monasterio, por los extraordinarios carismas, con que lo había enriquecido, entre ellos, la profecía, éxtasis y la bilocación. Sin salir de Lima, fue visto en África, en China y en Japón, animando a los misioneros, que se encontraban en dificultad.

Mientras permanecía encerrado en su celda, lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos, para consolarlos. En ocasiones, salía del convento, a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar, sin tener llave de la puerta, y sin que nadie le abriera.

Preguntado sobre cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos, de entrar y salir". Se le vio repetidas veces en éxtasis, y en algunas ocasiones, levantado en el aire, muy cerca de un gran crucifijo, que había en el convento.

A él acudían teólogos, obispos y autoridades civiles, en busca de consejo. Más de una vez, el mismo virrey, tuvo que esperar ante su celda, porque Martín estaba en éxtasis.

Una vez, llegaron enemigos a su habitación, a hacerle daño, y él le pidió a Dios, que lo volviera invisible, y ellos no lo pudieron ver y se marcharon, pensando que no estaba en su celda.

Durante la epidemia de peste, curó a cuantos acudían a él, y curó milagrosamente, a unos sesenta cohermanos. Los frailes se quejaban, de que Fray Martín, quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba, lo socorría, y hasta llevaban hasta allí, a algunos muy graves y pestilentes, y los recostaba en su propia cama, cuando no tenía más lugar adonde acomodarlos.

Con la ayuda de varios ricos de la ciudad, fundó el Asilo de Santa Cruz, para reunir a todos los vagabundos, huérfanos y limosneros, y ayudarles a salir de su penosa situación.

Sorprendió a muchos, con sus curaciones instantáneas, como la del novicio Fray Luis Gutiérrez, que se había cortado un dedo, hasta casi desprendérselo; a los tres días, tenía hinchados la mano y el brazo, por lo que acudió al hermano Martín, quien le puso unas hierbas machacadas en la herida. Al día siguiente, el dedo estaba unido de nuevo, y el brazo enteramente sano.

En cierta ocasión, el arzobispo Feliciano Vega, que iba a tomar posesión de la sede de México, enfermó de algo, que parece haber sido pulmonía, y mandó llamar a Fray Martín. Al llegar éste, a la presencia del prelado enfermo, se arrodilló, mas él le dijo: "levántese y ponga su mano aquí, donde me duele". “¿Para qué quiere un príncipe, la mano de un pobre mulato?”, preguntó el santo. Sin embargo, durante un buen rato, puso la mano donde le indicó el enfermo, y poco después, el arzobispo estaba curado.

Otras veces, a la curación añadía, la prontitud con que acudía al enfermo, pues bastaba que éste tuviera deseo, de que el santo llegara, para que éste se presentase a cualquier hora.

Muchas veces, entraba con las puertas del convento, cerradas con llave, como pudo comprobarlo, el maestro de novicios, quien personalmente guardaba la llave del noviciado, pues habiendo estado Fray Martín, atendiendo a un enfermo, salió del noviciado, y volvió a entrar, sin abrir las puertas. El asombrado maestro, comprobó que estaban perfectamente cerradas. Alguien le preguntó: "¿Cómo ha podido entrar?". El santo respondió: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".

Era enfermero, al mismo tiempo que hortelano y herbolario; cultivaba las plantas medicinales de que se valía, para sus obras de caridad, y también desempeñaba el oficio, de distribuidor de las limosnas, que algunas veces recogía, en cantidades asombrosas, repartiendo parte de ellas, para socorrer a sus propios hermanos de religión, y otra parte, para los menesterosos de toda clase, que había en la ciudad.

Su amabilidad se extendía hasta los animales; hay en su biografía, escenas semejantes, a las que se narran de San Francisco, y de San Antonio de Padua. Por ejemplo, cuando después de su mortificación, los mosquitos lo atormentaban con sus picaduras, e iba a que Juan Vázquez lo curase, éste le decía: "Vámonos a nuestro convento, que allí no hay mosquitos". Y Fray Martín le respondía: "¿Cómo hemos de merecer, si no damos de comer al hambriento?" __"¡Pero hermano, estos son mosquitos, y no gente!”__ "Sin embargo, se les debe dar de comer, que son criaturas de Dios", respondió el humilde fraile.

Es típico el caso de los ratones, que infestaban la ropería, y dañaban el vestuario. El remedio no fue ponerles trampas, sino decirles: "Hermanos, idos a la huerta, que allí hallaréis comida". Los ratones obedecieron puntualmente, y Fray Martín cuidaba, de echarles los desperdicios de la comida. Y si alguno volvía a la ropería, el santo lo tomaba por la cola, y lo echaba a la huerta, diciendo: "Vete adonde no hagas mal". Los animales le seguían en fila, muy obedientes. En una misma cacerola, hacía comer al mismo tiempo, a un gato, a un perro, y a varios ratones.

Sus conocimientos, no eran pocos para su época, y cuando asistía a los enfermos, solía decirles: "Yo te curo, y Dios te sana". Todas las maravillas en la vida del santo, hay que entenderlas asociadas, con el profundo amor a Dios y al prójimo, que lo caracterizaban.

Se sabe que Fray Martín, y Santa Rosa de Lima, terciaria dominica, se conocieron y trataron algunas veces, aunque no se tienen detalles, históricamente comprobados, de sus entrevistas.

A los sesenta años, después de haber pasado 45 en religión, Fray Martín se sintió enfermo, y claramente dijo, que de esa enfermedad moriría. La conmoción en Lima fue general, y el mismo virrey, conde de Chichón, se acercó al pobre lecho, para besar la mano de aquél, que se llamaba a sí mismo, “perro mulato”. Mientras se le rezaba el Credo, Fray Martín, al oír las palabras "Et homo factus est", besando el crucifijo, expiró plácidamente.

Murió el 3 de noviembre de 1639. Toda la ciudad acudió a su entierro, y los milagros por su intercesión, se multiplicaron.

Fue beatificado en 1837, por Gregorio XVI, y canonizado el 6 de mayo de 1962, por el Papa Juan XXIII. En el año 1966, Pablo VI lo proclamó patrono de los peluqueros de Italia, porque en su juventud, aprendió el oficio de barbero-cirujano, que luego, al ingresar en la Orden de Predicadores, ejerció ampliamente en favor de los pobres.

En la actualidad, todavía se lo invoca contra la invasión de los ratones.

Notas: ……….El Santo San Martín de Porres, es en los Estados Unidos, y en otros países, el patrono de las obras, que promueven la armonía entre las razas, y la justicia interracial; por ello existen varias biografías de tipo popular,……….

BIBLIOGRAFÍA
-Vida de los Santos de BUTLER. Adaptada por el Padre Jordi Rivero
Sálesman, Eliecer, Vidas de Santos 4
Sgarbossa, Mario y Luigi Giovannini; Un Santo Para Cada Día

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión, de San Martín de Porres, podamos encontrar con su ayuda, el sendero y la puerta estrecha, en nuestra Vida, para llegar al Cielo, junto con él. Que nos ayude a superar, todas las barreras que nos separan de Tí.

También te pedimos que por su intercesión, para que cesen las luchas raciales y religiosas en el mundo, y para que toda la Humanidad, se vea a sí misma como una gran familia. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que Vive por Siempre, y Reina contigo, por los Siglos de los Siglos. Amén.

sábado, 2 de noviembre de 2019


Sábado 2 de Noviembre
Conmemoración de los Fieles Difuntos
Meditación de Juan Pablo II, antes de la plegaria mariana, 2 de noviembre de 1997. L'Osservatore Romano
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Hemos celebrado ayer, la solemnidad de Todos los Santos, y hoy la liturgia, nos invita a conmemorar a los fieles difuntos. A la contemplación, de cuantos ya han alcanzado, la gloria de Dios, la Iglesia une el recuerdo de nuestros seres queridos, que nos han precedido con el signo de la fe, y duermen ya, el sueño de la paz (cf. Canon Romano).
Me uno espiritualmente, a cuantos visitan durante estos días, las tumbas de sus muertos, en los cementerios de Roma, y de todo el mundo. Voy en peregrinación espiritual, en especial, a donde están enterradas, las víctimas de la violencia y de la guerra, de la injusticia y el hambre. Jesús, que dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25), conceda a todos los difuntos, el descanso de los justos, y la plenitud de la vida eterna.
2. La tradición de la Iglesia, ha exhortado siempre, a orar por los difuntos. El fundamento de la oración de sufragio, se encuentra en la comunión del Cuerpo místico. Como reafirma el concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrina, perfectamente consciente, de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo, y honró con gran piedad, el recuerdo de los difuntos" (Lumen gentium, 50).
Por tanto, recomienda la visita a los cementerios, el cuidado de las tumbas, y los sufragios, como testimonio de esperanza confiada, a pesar del dolor, por la separación de los propios seres queridos. La muerte, no es la última palabra, sobre el destino humano, puesto que el hombre está destinado, a una vida sin límites, que encuentra su plenitud en Dios.
Por esto, el Concilio subraya que "la fe, apoyada en sólidos argumentos, ofrece a todo hombre que reflexiona, una respuesta a su ansiedad, sobre su destino futuro, y le da al mismo tiempo, la posibilidad de una comunión en Cristo, con los hermanos queridos, arrebatados ya por la muerte, confiriéndoles la esperanza, de que ellos han alcanzado en Dios, la vida verdadera" (Gaudium et spes, 18).
3. Con esta fe, en el destino supremo del hombre, nos dirigimos ahora a María, que vivió al pie de la cruz, el drama de la muerte de Cristo, y después participó, del gozo de su resurrección. Que ella, Puerta del Cielo, nos ayude a comprender cada vez más, el valor de la oración de sufragio, por nuestros amados difuntos; nos sostenga, en la peregrinación diaria en la tierra, y nos ayude a tener siempre presente, la meta última de la vida, que es el paraíso.
(©L'Osservatore Romano - 7 de noviembre de 1997)
vatican.va/news_services/or/home_spa.htm
Pedimos la intercesión de los siguientes Santos, para proteger a los difuntos de nuestra familia.
SANTA ADELAIDA DE LA CAMBRE, OSB Cist.
También conocida como Alicia
+1250; culto confirmado en 1907. Fue una joven monja Cisterciense, del convento La Cambre. Padeció muchas aflicciones físicas. Se quedó ciega, leprosa, y después paralítica, por lo que fue segregada de la comunidad. Adelaida ofreció sus sufrimientos, por las almas del purgatorio, y tuvo visiones, de la liberación de éstas, por su intercesión.
SAN NICOLAS DE TOLENTINO
Patrón de las almas del Purgatorio
Resucitador – Cuerpo Incorrupto
(1245-1305)
– Ver en el Blog – 10 de Septiembre
SANTA MARGARITA MARIA ALACOQUE
– Ver en Blog – 16-Octubre
Agregamos ahora, este contenido acerca de su vida
Sus amigas, las almas del Purgatorio
Trataba Santa Margarita a las almas del Purgatorio, como sus queridas amigas. Su divino Dueño, Jesús, había hecho de ella solemnemente, la donación de su sierva, a todos nosotros, durante el año 1683. Ella debía hacer y sufrir todo junto a Él, por nuestro rescate.
Santa Margarita participaba, de los sufrimientos de aquellas almas; se compadecía amargamente; oraba y practicaba duras penitencias, para conseguir su liberación. Un día, sentada ante Jesús Sacramentado, de repente, se le presenta una persona, rodeada de llamas por todas partes. Era el alma de un religioso benedictino, que la había confesado una vez en Paray (Francia). Le suplica que aplique, por espacio de tres meses, los méritos de todas sus obras y oraciones, por su entrada al cielo.
Le explicó: "Sufro tan terriblemente, por el demasiado apego que tuve a mi reputación; mi poca caridad, algunas veces con mis hermanos religiosos; y alguna torcida intención, en mis prácticas de devoción, y en mis relaciones con las criaturas. Margarita promete su cooperación. Durante estos tres meses, permanece aquella alma, cerca de su víctima voluntaria, y la hace participar de los efectos del fuego purificador.
El dolor intensísimo, la hace llorar casi continuamente. Al cabo de los tres meses convenidos, se le aparece de nuevo a Margarita, resplandeciente de gloria, y ella le ve subir al cielo. Él le da las gracias, y promete ser su protector, delante de Dios.
Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos y la intercesión de Santa Adelaida, San Nicolás de Tolentino y Santa Margarita María Alacoque, puedan nuestros fieles difuntos, alcanzar prontamente su lugar en el cielo, que les tienes preparado. Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive y Reina eternamente, por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 1 de noviembre de 2019


Sexta Feria, 1 de noviembre

Solemnidad de Todos los Santos


«La santidad no es un lujo, es una necesidad» Madre Teresa de Calcuta

« No hay sino una tristeza: la de no ser santos». León Bloy.

La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre y de la mujer, y se resume en la caridad. Es fruto del compromiso personal.

El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.

Esto es mi cuerpo: la Eucaristía, a la luz del Adoro Devote y del Ave Verum

Los santos, que la liturgia celebra en esta solemnidad, no son sólo aquellos canonizados por la Iglesia, y que se mencionan en nuestros calendarios. Son todos los salvados, que forman la Jerusalén celeste. Hablando de los santos, San Bernardo decía: «No seamos perezosos, en imitar a quienes estamos felices de celebrar». Es por lo tanto, la ocasión ideal para reflexionar, en la «llamada universal de todos los cristianos, a la santidad».

Lo primero que hay que hacer, cuando se habla de santidad, es liberar esta palabra del miedo que inspira, debido a ciertas representaciones equivocadas, que nos hemos hecho de ella. La santidad, puede comportar fenómenos extraordinarios, pero no se identifica con ellos. Si todos están llamados a la santidad, es porque, entendida adecuadamente, está al alcance de todos, forma parte de la normalidad de la vida cristiana.

Dios es el «único santo», y «la fuente de toda santidad». Cuando uno se aproxima a ver, cómo entra el hombre, en la esfera de la santidad de Dios, y qué significa ser santo, aparece inmediatamente la preponderancia, en el Antiguo Testamento, de la idea ritualista.

Los medios de la santidad de Dios son objetos, lugares, ritos, prescripciones. Se escuchan, es verdad, especialmente en los profetas y en los salmos, voces diferentes, exquisitamente morales, pero son voces que permanecen aisladas.

Todavía en tiempos de Jesús, prevalecía entre los fariseos, la idea de que la santidad y la justicia, consisten en la pureza ritual, y en la observancia escrupulosa de la Ley.

Al pasar al Nuevo Testamento, asistimos a cambios profundos. La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre y de la mujer, y se resume en la caridad.

Los mediadores de la santidad de Dios, ya no son lugares (el templo de Jerusalén, o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo, está la santidad misma de Dios, que nos llega en persona, no en una lejana reverberación suya. Él es «el Santo de Dios» (Jn 6, 69).

De dos maneras, entramos en contacto con la santidad de Cristo, y ésta se comunica a nosotros: por apropiación y por imitación. La santidad es ante todo, don, gracia. Ya que pertenecemos a Cristo, más que a nosotros mismos, habiendo sido «comprados a gran precio», de ello se sigue de que inversamente, la santidad de Cristo, nos pertenece más que nuestra propia santidad. Es éste el aletazo en la vida espiritual.

San Pablo nos enseña, cómo se da este «golpe de audacia», cuando declara solemnemente, que no quiere ser hallado con una justicia suya, o santidad, derivada de la observancia de la ley, sino únicamente con aquella, que deriva de la fe en Cristo (Flp 3, 5-10). Cristo, dice, se ha hecho para nosotros «justicia, santificación y redención» (1 Co 1, 30). «Para nosotros»: por lo tanto, podemos reclamar su santidad, como nuestra, a todos los efectos.

Junto a este medio fundamental, de la fe y de los sacramentos, debe encontrar también lugar la imitación, esto es, el esfuerzo personal y las buenas obras. No como medio desgajado y diferente, sino como el único medio adecuado, para manifestar la fe, traduciéndola en acto. Cuando San Pablo escribe: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», está claro que entiende precisamente esta santidad, que es fruto del compromiso personal.

Añade de hecho, como para explicar, en qué consiste la santificación, de la que está hablando: «que os alejéis de la fornicación, que cada uno sepa poseer su cuerpo con santidad y honor» (1 Ts 4, 3-9).

« No hay sino una tristeza: la de no ser santos», decía León Bloy; y tenía razón la Madre Teresa, cuando le respondió a un periodista, que le preguntó a quemarropa, qué se sentía, al ser aclamada santa por todo el mundo: «La santidad no es un lujo, es una necesidad».

Oración: Señor y Dios nuestro, que por la intercesión de Todos Los Santos, podamos siempre conservar nuestro cuerpo y alma a tu servicio, no apartándonos nunca del Cuerpo Místico de Tu Hijo. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.