miércoles, 7 de marzo de 2018


Cuarta Feria, 7 de Marzo

Santas Perpetua y Felicitas y compañeros mártires en Cartago - Revocato, Saturnino, Secúndulo, Vibia Perpetua y Sáturo


7 de marzo, c.205

"Las cosas sucederán como Dios disponga, pues estamos en sus manos, y no en las nuestras"

Breve
Perpetua nacida en la nobleza, conversa. Esposa y madre. Fue martirizada con Felicitas, su servidora y amiga, junto a otros mártires.
-------------------------------------------------------
En el siglo IV, se leían las actas de estas santas en las iglesias de África. El pueblo les profesaba una estima tan grande, que San Agustín se vio obligado a publicar una protesta, para evitar que se las considerara, en plano de igualdad con la Sagrada Escritura.

Durante la persecución del emperador Severo, fueron arrestados en Cartago, cinco catecúmenos en el año 205. Eran estos Revocato, Felícitas (su compañera de esclavitud, que estaba embarazada desde hacía varios meses), Saturnino, Secúndulo y Vibia Perpetua. Esta última tenía 22 años de edad, era madre de un pequeñín, y tenía buena posición. A estos cinco se unió Sáturo, quien les había instruido en la fe, y se negó a abandonarles.

Perpetua escribió las actas: "Yo estaba todavía con mis compañeros. Mi padre, que me quería mucho, trataba de darme razones para debilitar mi fe, y apartarme de mi propósito. Yo le respondí: "Padre, ¿no ves ese cántaro o jarro, o como quieras llamarlo?... ¿Acaso puede llamarlo con un nombre, que no le designe por lo que es?" "No", replicó él. "Pues tampoco yo, puedo llamarme por un nombre, que no signifique lo que soy: cristiana".

Al oír la palabra "cristiana", mi padre se lanzó sobre mí, y trató de arrancarme los ojos, pero sólo me golpeó un poco, pues mis compañeros le detuvieron... Yo di gracias a Dios, por el descanso de no ver a mi padre, durante algún tiempo...

En esos días, recibí el bautismo, y el Espíritu me movió a no pedir más, que la gracia de soportar el martirio.

Al poco tiempo, nos trasladaron a una prisión, donde yo tuve mucho miedo, pues nunca había vivido en tal oscuridad. ¡Qué horrible día!. El calor era insoportable, pues la prisión estaba llena. Los soldados nos trataban brutalmente. Para colmo de males, yo tenía ya dolores de vientre de mi segundo hijo..."

Más tarde, Perpetua tuvo un sueño, que le ayudó a prepararse para el martirio. Su padre regresó para implorarle que renunciara a su fe, para evitar el martirio. Le decía de rodillas, y besando sus manos: ... “Piensa en tu madre y en la hermana de tu madre; piensa sobre todo en tu hijo, que no podrá sobrevivirte. Depón tu orgullo, y no nos arruines, pues jamás podremos volver a hablar como hombres libres, si te sucede algo". Ella le respondió: "Las cosas sucederán como Dios disponga, pues estamos en sus manos, y no en las nuestras".

Condujeron a los reos a la plaza del mercado, para juzgarlos ante una multitud. Narra Perpetua: "Todos los que fueron juzgados antes de mí, confesaron la fe. Cuando me llegó el turno, mi padre se aproximó con mi hijo en brazos, y haciéndome bajar de la plataforma, me suplicó: “Apiádate de tu hijo”.

El presidente Hilariano, se unió a los ruegos de mi padre, diciéndome: “Apiádate de las canas de tu padre, y de la tierna infancia de tu hijo. Ofrece sacrificios por la prosperidad de los emperadores”. Yo respondí: “¡No!”. “¿Eres cristiana?”, me preguntó Hilariano: Yo contesté: "Sí, soy cristiana”.

Como mi padre persistiese en apartarme de mi resolución, Hilariano mandó que le echasen fuera, y los soldados le golpearon con un bastón. “Eso me dolió, como si me hubiesen golpeado a mí, pues era horrible ver que maltrataban a mi anciano padre.

Entonces el juez nos condenó a todos a las fieras, y volvimos llenos de gozo a la prisión. Como mi hijo estaba acostumbrado al pecho, rogué a Pomponio que le trajese a la prisión, pero mi padre se negó a dejarle venir. Pero Dios dispuso las cosas, de suerte que mi hijo no extrañó el pecho, y a mí no me hizo sufrir la leche de mis pechos".

Según parece, Secúndulo había muerto en la prisión antes del juicio. Antes de dictar sentencia, Hilariano había mandado azotar a Revocato y Saturnino, y abofetear a Perpetua y Felicitas.

Se reservó a los mártires para los espectáculos, que se iban a ofrecer a los soldados durante las fiestas de Geta, a quien su padre, Severo, había nombrado César cuatro años antes, en tanto que había nombrado Augusto, a su hijo Caracala.

Santa Perpetua, relata otra de sus visiones: "Pocos días después, mientras estaba yo orando, se me escapó el nombre de Dinócrates (su hermano de sangre, que había muerto a los siete años). La cosa me sorprendió mucho, pues yo no estaba pensando en él. Al punto comprendí que debía orar por él, y así lo hice con gran fervor e insistencia..."

Felicitas tenía miedo, de que se la privase del martirio, porque generalmente no se condenaba a la pena capital, a las mujeres embarazadas. Todos los mártires oraron por ella, y así dio a luz a una hija en la prisión; uno de los cristianos adoptó a la niña.

Según las actas: "El día del martirio, los prisioneros salieron de la cárcel como si fuesen al cielo... La multitud, furiosa al ver la valentía de los mártires, pidió a gritos que les azotaran; así pues, cada uno de ellos, recibió un latigazo al pasar frente a los gladiadores".

A Sáturo le echaron varias bestias, que no le dañaron.

Al fin, "un leopardo saltó sobre él, y le dejó cubierto de sangre en un instante. La multitud gritaba: “¡Ahora sí está bien bautizado!”. El mártir, ya agonizante, dijo a Pudente: “¡Adiós!. Conserva la fe, acuérdate de mí, y que esto sirva para confirmarte, y no para confundirte”. Y tomando el anillo del carcelero, lo mojó en su propia sangre, lo devolvió a Pudente y murió. Así fue a esperar a Perpetua, como ésta lo había predicho".

Perpetua y Felicitas, fueron arrojadas a una vaca salvaje. La fiera atacó primero a Perpetua, quien cayó de espaldas; pero la mártir se sentó inmediatamente, se cubrió con su túnica desgarrada, y se arregló un poco los cabellos, para que la multitud no creyese que tenía miedo.

Después fue a reunirse con Felicitas, que yacía también por tierra. Juntas esperaron el siguiente ataque de la fiera, pero la multitud gritó que con eso bastaba; los guardias las hicieron salir por la Puerta Sanavivaria, que era por donde salían los gladiadores victoriosos. Al pasar por ahí, Perpetua volvió en sí; estaba volviendo como de una especie de éxtasis, y preguntó si pronto iba a enfrentarse con las fieras. Cuando le dijeron lo que había sucedido, la santa no podía creerlo, hasta que vio sobre su cuerpo y sus vestidos, las señales de la lucha.

Entonces llamó a su hermano, y al catecúmeno Rústico, y les dijo: “Permaneced firmes en la fe, y guardad la caridad entre vosotros; no dejéis que nuestros sufrimientos se conviertan en piedra de escándalo”.

Entre tanto, la veleidosa muchedumbre pidió que las mártires compareciesen nuevamente; así se hizo, con gran gozo para las dos santas. Después de haberse dado el beso de la paz, Felícitas fue decapitada por los gladiadores. El verdugo de Perpetua, que estaba muy nervioso, erró en el primero golpe, arrancando un grito a la mártir; ella misma tendió el cuello para el segundo golpe. “Tal vez porque una mujer tan grande... sólo podía morir voluntariamente".

En 1907, el Padre Delattre descubrió y restauró, una antigua inscripción en la basílica Majorum de Cartago. En dicha basílica, habían sido enterrados los cuerpos de los mártires, según dice expresamente Víctor Vitese, un obispo africano del siglo V, que había visitado la tumba.

El contenido de la inscripción es el siguiente: "Aquí reposan los mártires Sáturo, Saturnino, Revocato, Secúndulo, Felícitas y Perpetua, quienes sufrieron en las nonas de marzo". Sin embargo, no es posible afirmar con toda certeza, que esa inscripción sea la de la losa sepulcral de los mártires.

El martirio se conmemoraba originalmente, en las nonas de marzo (7 de marzo). Estos mártires aparecen en todos los calendarios y martirologios antiguos, como por ejemplo en el calendario filocaliano de Roma, (354 P.C.)
Fuente: Butler, Vida de los Santos, Vol I

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos siempre la protección y compañía de las Santas Perpetua y Felicitas, y de los Santos Compañeros Mártires Revocato, Saturnino, Secúndulo, Sáturo y Vibia Perpetua, a fin de que podamos siempre decir con orgullo que somos cristianos, en cualquier ámbito en que nos toque movernos, y así glorificar tu Santo Nombre. A Tí Señor, que nos prometiste que a quienes no nieguen tu Santo Nombre, alcanzarán la gloriosa Misericordia ante el Tribunal Supremo. Amén.

martes, 6 de marzo de 2018


Tercera Feria 6 de marzo

Beato Humberto III de Saboya


Conde y Monje
(1135-1188)

Breve
En Chambery, en Saboya (Francia), beato Humberto, tercer conde de Saboya, que habiendo sido coaccionado a dejar el claustro para ocuparse del gobierno, volvió más tarde a la vida monástica, viviendo con fidelidad († 1188)
-----------------------------------------
Nació en el castillo de Avigliana, junto a Turín, el 4 de agosto de 1135, hijo del conde Amadeo III de Saboya y Mahaut (o Mafalda, o Matilda) de Albon, hermana de Guy IV de Dauphinois.

Reemplazó a su padre en el condado, en 1148, cuando tenía doce años. Humberto llegará a tener hasta cuatro esposas sucesivas: su primera esposa, Faida de Tolosa murió joven en 1154; su segunda unión - Gertrudis de Flandes - terminó anulada.

Los nobles y el pueblo de Saboya, le pidieron que se casara otra vez; esta tercera esposa – Clemencia de Zharingen - le dio dos hijas, y murió en 1162. Entonces Humberto intentó volver a la vida monástica, pero fue persuadido de casarse otra vez. Esta cuarta esposa, Beatriz de Macon, le dio finalmente un hijo -Tomás- que le sucedería en el trono.

Como gobernante, tendió a limitar las autonomías feudales y comunales, lo que le llevará a conflictos con algunos obispos, entre ellos San Antelmo de Belley, que no dudará en excomulgarlo, pero prospera su apelación al Papa Alejandro III, que le levanta la excomunión.

En el conflicto guelfo (Estados Pontificios) y el gibelinos (Sacro Imperio), Humberto intenta una obra de mediación, procurando conservar la amistad tanto del emperador Federico Barbarrosa, como del Papa Alejandro III.

Pero finalmente tuvo que tomar partido, en su amor y fidelidad por el Papa, y eso le acarreó ser invadido hasta dos veces por las fuerzas de Barbarrosa. En la primera oportunidad en 1174, fué arrasada a sangre y fuego el valle de Susa, y en 1187, se le quitó todo, dejándole sólo el citado valle de Susa y el de Aosta.

Fue un hombre de acendrada religiosidad y piedad, en el que influyó notablemente, el Beato Amadeo de Lausana, de cuyos consejos y asesoramiento se sirvió. Se mostró siempre generoso con las iglesias y monasterios, y favoreció a la Iglesia en todo cuanto pudo. Sintió el deseo de abrazar la vida religiosa, pero comprendió que esto le era imposible, por necesitarlo sus súbditos al frente de sus Estados.

Como compensación no deja de acudir al claustro, para vivir con sinceridad tiempos de retiro, integrándose el tiempo que pasaba en los monasterios, en la vida de la comunidad. La muerte le llegó cuando estaba en la abadía de Haute Combe, vistiendo el hábito cisterciense, el 4 de marzo de 1188.

Por los innumerables milagros atribuidos a su intercesión, durante muchos años, el Rey Carlos Alberto de Cerdeña, intercedió ante el Vaticano, y su culto fue confirmado el 7 de septiembre de 1838, por el Papa Gregorio XVI.

Su imagen se encuentra expuesta en la catedral de Aosta, y en el castillo de Sarre. Es recordado también en Racconigi, en el Real Santuario de la Virgen de la Gracia, con un cuadro del Beato, donado por la reina Elena, y restaurado por el rey Humberto II.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión del Beato Humberto III de Saboya, sepamos mantener siempre la fidelidad al Papa, a pesar de tener que perderlo todo, incluso la propia vida. A Tí Señor que afirmaste a Pedro como cabeza de la Iglesia, y que nos aseguraste que las llamas del infierno, no prevalecerían en Ella. Amén.



lunes, 5 de marzo de 2018


Segunda Feria, 5 de marzo

San Juan José de la Cruz


Religioso

(1654-1734)

A su hábito, lo consideraba como la túnica de Cristo, signo de su consagración a Él

Otros Santos

San Juan José de la Cruz, de la Orden Franciscana de San Pedro de Alcántara. Nace en 1654, en el volcánico islote de Ischia, frente a Nápoles, de una familia muy cristiana, cuyos cinco hijos se consagran a Dios en la vida religiosa.

En el bautismo recibió el nombre de Carlos Cayetano. Su familia era noble, y piadosísima; sus padres, José Calosinto y Laura Garguilo, vieron, con santo consuelo, que cinco hijos suyos se consagraron al Señor. A todos aventajó Carlos, en virtud y santidad de vida.

Ya en sus tiernos años, gustaba sobremanera del retiro, el silencio y la oración; se apartaba de los juegos y entretenimientos de sus hermanos, y consagraba el tiempo de los recreos, a visitar iglesias, orando en ellas con angelical devoción.

Tenía especial cariño y amor a la Virgen, nuestra Señora, y cada día rezaba el Oficio Parvo, y otras preces marianas, como el rosario y las letanías, ante un pequeño altar, que Él mismo había aderezado en su aposento a la gloriosa Reina del cielo. Los sábados y vigilias de sus fiestas, solía ayunar a pan y agua.

Lo mismo de maestro de novicios, que de superior provincial y director de almas, San Juan José de la Cruz hace de su vida, una Cuaresma de oración y penitencia, con ayunos, y cilicios en cruz, rigurosísimos.

Sobresaliente por su austeridad, insistió en una austeridad igual de estricta para los novicios a su cargo. Incluso tuvo la idea de edificar eremitorios, fuera del edificio principal del monasterio, de modo que se pudiese practicar una autodisciplina aún mayor.

A pesar de su exacta observancia de las reglas de su orden, puso también un especial cuidado, en que los novicios tuvieran tiempos regulares de recreo. Entendió, que lejos de ser un lujo, el recreo es una necesidad del espíritu humano.

En su amor a la pobreza, llega a ser llamado "el Padre Cien Remiendos". A su hábito lo consideraba como la túnica de Cristo, signo de su consagración a Él.

Y hasta su muerte en Nápoles, con 80 años, el 5 de marzo de 1734, acata siempre la Providencia de Dios; persuadido de que un ser como el hombre, no puede abarcar los insondables designios divinos.

Este admirable y santísimo siervo de Dios, fue canonizado por Gregorio XVI, junto con San Alfonso María de Ligorio, San Francisco de Jerónimo, San Pacífico y Santa Verónica de Juliani. Sus sagradas reliquias están en la ciudad de Nápoles, en la iglesia del convento de Santa Lucía del Monte.

--------------------------------------------


Hoy recordamos con Amor y Agradecimiento a San Eusebio Palatino y compañeros mártires, ocurrido en los primitivos tiempos, según cuenta el Martirologio Romano, padeció en África por el Nombre del Señor Jesús, junto a otros ocho compañeros. El paso por aquel Continente supuso para ellos, el fiel cumplimiento del mandato de Cristo, de anunciar el Evangelio a toda la Creación.
------------------------------------------
Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión de San Juan José de la Cruz, y San Eusebio Palatino y compañeros mártires, que podamos considerar a nuestros vestidos y posesiones, como tu sagrada túnica, manteniendo nuestro cuerpo, libre de toda concupiscencia y deseos desordenados, y así permanecer como sagradas ramas injertas en la sagrada vid que eres Tú. A Tí Señor, que tienes las siete llaves de las siete iglesias, y lo que Tú abres nadie puede cerrar, y lo que Tú cierras nadie puede abrir. Amén.


domingo, 4 de marzo de 2018


Domingo 4 de marzo

San Casimiro, Príncipe de Polonia


Cuerpo Incorrupto. Vivió siempre en perfecta castidad.

Devoto de la Pasión de Cristo.

(† 1484)

Breve
Desde muy pequeño, demostró gran devoción a Dios y humildad, destacando como una de sus más grandes características, la pureza y la bondad, habiendo hecho también voto de castidad. Gran propagador del catolicismo, en medio de las nacientes herejías que invadían Europa, las cuales luego desembocaron, años después, en el protestantismo.
-----------------------------------------------------------
Cuando nació San Casimiro, el día 3 de octubre de 1458, en el castillo de Wawel, en Cracovia, habían pasado setenta y dos años, desde que su abuelo, el célebre Jaguelón, gran duque de Lituania, se posesionara del trono de Polonia, con el nombre de Ladislao II.

Amenazados continuamente, por los asaltos de los caballeros de la orden teutónica, y por las incursiones de los tártaros y los rusos, tanto lituanos como polacos, aunque tan dispares en lengua y estirpe, habían resuelto, al fin, unir su suerte, creando una federación o "república", como entonces se decía, la cual sería regida por un jefe único, pero conservando ambos estados sus derechos y sus prerrogativas, con ejército, parlamento, y cargas civiles propias.

Jaguelón solamente tuvo hijos de su cuarta esposa, la princesa lituana Sofía de Alsenai; entre éstos se encontraba el padre de nuestro Santo, llamado también Casimiro, que fue desde 1440, gran duque de Lituania, y desde 1447, rey también de Polonia. Se casó con la princesa austríaca Isabel de Habsburgo, de la cual tuvo trece hijos, siendo el segundo San Casimiro.

Las familias numerosas, son consideradas en los salmos como una bendición: "Tus hijos, como retoños de olivo, alrededor de tu mesa". Y a menudo, los santos han salido de estas familias de mucha prole, y en la actualidad, demuestran las estadísticas, que de estas familias salen las mejores vocaciones religiosas y sacerdotales.

Volviendo a nuestro Santo, hemos de decir, que como sus hermanos y hermanas, tuvo una educación sólida y profundamente cristiana.

Por lo que toca a su madre, no puede dudarse. Era una de las princesas más piadosas de su siglo. Pero además, tenemos un testimonio excepcional. Una carta de la propia Isabel de Habsburgo, escrita en 1502 a su hijo Ladislao, rey de Bohemia y Hungría, en la cual describe minuciosamente, cómo deben los padres educar a sus propios hijos. Y sin duda, los sabios consejos que da la madre, son sencillamente la exposición de su experiencia personal. A esta labor básica e insustituible de los padres, se juntó la obra de excelentes maestros.

Claro está, que ni los cuidados exquisitos de sus padres, ni la competencia de sus maestros, alcanzarían gran cosa, si el príncipe Casimiro no hubiera correspondido generosamente a la gracia. Porque sus otros hermanos, a pesar de haber recibido la misma educación, y criarse en circunstancias semejantes, no sólo no llegaron a su mismo grado de perfección, sino que su vida dejó bastante que desear, en cuanto a ejemplaridad cristiana.

El continuo esfuerzo del jovencito de agradar a Dios, y estar siempre unido a Él, denotaba una conducta muy por encima de lo ordinario. Para domar su cuerpo, y evadir los peligros de la corte renacentista, tan poco propicia a la abnegación, se ejercitaba en las mortificaciones más austeras. Usaba cilicio, se azotaba con disciplinas, practicaba el ayuno corporal, dormía en la dura tierra...

De la mortificación de los sentidos, no hay que decir. Ni los vestidos ricos, ni los regalos de palacio, ni los pasatiempos frívolos, ni las fiestas mundanas, conseguían atraerle. No podía concebirse mayor inocencia, mayor compostura, mayor devoción en tan tierna edad, En el templo, sobre todo, sobrecogía por su actitud piadosa y recogida, olvidado de todo, y arrebatado a Dios.

Principalmente fue devoto de la pasión de Cristo.

A lo largo de toda la Edad Media, las almas religiosas, habían ido penetrando en el misterio insondable de la redención, y una ascética pujante, llevaba a los espíritus a conformarse con Cristo crucificado.

Nuestro joven príncipe se abismaba en la contemplación del Crucificado, y al oír hablar de los dolores y agonías, que se le presentaron al Redentor en el huerto, de los escarnios que padeció en el atrio de los sumos sacerdotes, de las befas y de la violencia de la flagelación, y la coronación de espinas, así como de las caídas en el terrible itinerario, y de la posterior crucifixión y muerte a la hora de nona, las lágrimas brotaban de sus ojos compasivos, y el corazón se le desmayaba.

Embebido en pensamientos tan divinos, ninguna otra cosa le apetecía, y por su gusto, todo su tiempo lo pasara en oración tan sabrosa.

Y no siendo esto posible, por los deberes ineluctables de su alto rango, aprovechaba las noches para tan piadosa ocupación, y para visitar las iglesias, pues tan grande como su piedad hacia la pasión de Cristo, era su amor al Santísimo Sacramento.

Y como no puede haber amor divino, sin caridad para con el prójimo, San Casimiro socorría a manos llenas a los necesitados, amparaba a los débiles, ejercitaba su influencia en favor de los oprimidos, de los prisioneros, de los enfermos y angustiados. Vida tan santa resulta más admirable en una corte del mil cuatrocientos, el cual era un ambiente muy poco propicio a la abnegación y a la virtud.

Vivió siempre en perfecta castidad. Este Santo moría de tisis, el día 4 de marzo de 1484, a los veinticuatro años de edad, como otros santos que tanto se le parecen: San Luís Gonzaga, San Gabriel de la Dolorosa, Santa Teresita del Niño Jesús.

Que su muerte fue edificante, nos lo abona la santidad de su vida, pero también el hecho, de que supo esperarla serenamente, habiendo recibido los santos sacramentos, y con sus ojos clavados en la imagen del crucifijo, e invocando a su Madre, la Virgen María. Testigos hubo, que aseguraron haber visto su alma, llena de gran claridad, ascender hasta el cielo, donde era recibida por los coros de los ángeles.

Murió en Gardinas (Grodno), pero su cuerpo fue enterrado en la catedral de Vilna, capital de Lituania, en la capilla de Nuestra Señora, lugar escogido por el santo, y así ser fiel hasta la muerte, a tan buena madre.

Cuando ciento veinte años después, en el año 1604, fue abierta su sepultura, para el reconocimiento de sus reliquias, fue hallado entero y sin corrupción su sagrado cuerpo, así como sus vestidos, a pesar de la humedad que había en su sepulcro.

Y sobre el pecho del Santo, se encontró una copia del himno latino Omni die dic Mariae meae laudes animae. No contento con haberlo rezado diariamente, para demostrar así su devoción a la Virgen, quiso el Santo llevarlo consigo al sepulcro. Este himno se compone de sesenta estrofas rimadas, de seis versos cada una:

Cada día,
alma mía,
di a María
alabanzas.

A sus fiestas,
a sus gestas,
tú les prestas
culto y prez.

En latín:
Omni die dic Mariae
Mea laudes anima
Eius festa eius gesta
Cole splendidissima
Pulchra tota sine nota
cuiuscumque maculae

Fac me mundum et iucundum
Te laudare sedule
Ut sim castus et modestus
dulcis, blandus sobrius
Pius, rectus, circumspectus
simultatis nescius

Eruditus et munitus
divinis eloquiis
Timoratus et ornatus
sacris exercitiis
Virgo sancta cerne quanta
Perferamus iugiter

Tentamenta et sustenta nos,
ut stemus fortiter
Esto tutrix et adiutrix
christiani populi
Pacem praesta, ne molesta
nos perturbent saecula.

Durante mucho tiempo, se creyó que el propio San Casimiro había sido el autor de este himno, que el juglar de la Virgen, cantaba en las iglesias de Cracovia ante sus imágenes. Mas la crítica moderna ha demostrado que se trata de una composición medieval, más de cien años anterior, que algunos atribuyen a San Anselmo de Canterbery.

Con todo, queda el hecho de que el Santo fue quien la propagó, y a su gran devoción mariana, se debe el que no se perdiera. Por eso, hicieron muy bien los monjes de Montserrat, en la reciente decoración del camarín de la Virgen morenita, el poner la efigie de San Casimiro entre los amantes de María, pronunciando las estrofas del Omni die.

Entre las virtudes de San Casimiro, hay que mencionar su celo por promover la fe católica. Tal vez no sea del todo exacta, la noticia de las lecciones del segundo nocturno del breviario, donde se dice que consiguió de su padre, una ley prohibiendo a los cismáticos rutenos, levantar nuevas iglesias, o reparar las ruinosas.

Esta prohibición estaba ya en vigor cincuenta años antes, desde los tiempos de su abuelo; lo que sí hizo el joven príncipe, fue favorecer por todos los medios, la extensión del catolicismo, y luchar decididamente contra las herejías y movimientos subversivos, que en el siglo XV, época de hussitas y wiclefitas, tenían en conmoción al centro de Europa.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por los méritos y la intercesión de San Casimiro, podamos siempre observar una completa disciplina espiritual en nuestras Vidas, sabiendo guardar en todo momento, la santa castidad del cuerpo y del espíritu para las personas consagradas, y la estricta observancia de la fidelidad conyugal, para los que viven en el matrimonio, a fin de que todos podamos unirnos completamente a Tí en tu Santa Pasión, a lo largo de los días de nuestra Vida.

Que San Casimiro también nos guíe espiritualmente contra tantas herejías o conductas heréticas que hoy abundan, incluso dentro de nuestra Iglesia.

A Tí Señor que tantas veces nos advertiste sobre los falsos profetas. Amén.


sábado, 3 de marzo de 2018


Sábado 3 de Marzo

Santa Catalina María Drexel


(1858-1955)

Apóstol de los indios americanos, y personas de raza negra

Otros Santos de este día: Emeterio y Celedonio, Marino, Asterio, Cleónico, Eutropio, Basilisco, Félix, Lucíolo, Fortunato, Marcial, mártires; Ticiano, obispo; Anselmo, confesor.

Padre Jordi Rivero

Nació el 26 de Noviembre del 1858, en Filadelfia, Pennsylvania, USA. Sus padres, Francis A. y Enma Drexel, eran una familia muy rica. Desde pequeña, le enseñaron a utilizar su riqueza generosamente.

Su hermana mayor, Isabel, abrió en Pennsylvania, USA, una escuela para huérfanos; su hermana mas joven, fundó una escuela para personas pobres de raza negra, en Virginia.

Catalina cuidó de su madre por tres años, hasta que esta murió en 1883.

Preocupada por la gran necesidad, en que se encontraban los indios americanos, Catalina le pidió al Papa León XIII, durante una audiencia en 1887, que enviara mas misioneros al estado de Wyoming, para su amigo el obispo James O'Connor. El papa le respondió, "¿Por que tú no te haces misionera?”.

Catalina visitó los estados de Norte y Sur Dakota, conoció al jefe indio de la tribu Sioux, y comenzó su ayuda sistemática, a las misiones con los indios americanos. Con el tiempo, gastó millones de la fortuna de la familia en esta ayuda.

Entró el noviciado de las Hermanas de la Misericordia, (Sisters of Mercy). Fundó las Hermanas del Santísimo Sacramento, para los indios y negros, en Santa Fe, New Mexico, USA en 1891.

La Madre Francisca Cabrini, quién también es santa canonizada, le aconsejó que recibiera la aprobación de Roma para la orden. Recibió dicha aprobación en el año 1913.

En el año 1942, tenía un sistema de escuelas católicas para indios americanos, y personas de raza negra en 13 estados. Este sistema incluía 40 misiones, 23 escuelas rurales, 50 misiones para los indios, y la Universidad Xavier en New Orleans, Louisiana, USA, la primera universidad en Estados Unidos para los personas de raza negra. Por todo esto, Catalina sufrió persecución.

Después de un ataque al corazón, pasó los últimos 20 años de su vida, concentrada en la oración y meditación. Murió el 3 de marzo de 1955, en la casa madre de su comunidad, Bensalem, Pennsylvania.

Beatificada: 20 de Noviembre, 1988 por Juan Pablo II

Canonizada: 1 de Octubre, 2000 en Roma, por Juan Pablo II

Mas información:
El santuario de Santa Catalina, en la casa madre de las Hermanas del Santísimo Sacramento

The Shrine of Saint Katharine at the motherhouse of the Sisters of the Blessed Sacrament,
1663 Bristol Pike, Bensalem, Pennsylvania, USA 19020-8502, tel/215.639.7878

-------------------------------------------------

Santos Marino y Astirio
Mártires

San Marino pertenecía a una noble familia de Cesarea de Palestina, y se había distinguido en el ejército. Iba ya ser condecorado con el emblema de centurión, cuando uno de sus rivales, objetó que no tenía derecho a aspirar a esa dignidad, pues era cristiano, y no podía ofrecer sacrificios al Emperador.

Al ser interrogado por el gobernador Aqueo, Marino se confesó servidor de Cristo, y ante su negativa de adorar a las divinidades paganas, fue ejecutado inmediatamente.

San Astirio, un senador romano que gozaba del favor del emperador, asistió al martirio de Marino, envolvió el cadáver en su propia capa, se lo echó sobre los hombros, y le dio cristiana sepultura.

Cuando el gobernador se enteró de lo sucedido, interrogó a Astirio, y al confesarse cristiano, fue condenado también al martirio.

------------------------------------------------
-Santos Félix, Luciolo, Fortunato y Marcia, mártires.

-Santos Eutropio, Cleónico y Basilisco, soldados, mártires, Amasea, en el Porto, 308.

-San Ticiano, obispo, Brescia, 526.

-Santa Cunegunda, emperatriz de Alemania, mujer de San Enrique I, Bamberg, 1040.

-San Gwennolé, abad de Laudevence, Bretaña francesa, 504.

-San Anselmo, fundador del mronasterio de Nonántula, Italia, 803.

-San Pafnucio, solitario egipcio, s. IV. Era el monje más ilustre de la Baja Tebaida, y su monasterio estaba en el territorio de Hirake. Las vidas de los Padres del yermo, cuentan de él que rogó a Dios le manifestase los progresos que había hecho en la vida espiritual; y un espíritu le dijo que podía compararse a un músico, que se ganaba la vida tocando su arpa, de pueblo en pueblo. Este santo fue el que se presentó en Alejandría para sacar de sus desórdenes a Tais, la penitente.

-Beato Nicolás de Albergati, cartujo, a quien el papa Martino V, sacó de su soledad, para encomendarle diversas misiones eclesiásticas y políticas. Nombrado cardenal, presidió el Concilio de Basilea, y en el de Ferrara disputó con los prelados griegos. Murió en Siena, 1443.

Emeterio y Celedonio, Marino, Asterio, Cleónico, Eutropio, Basilisco, Félix, Lucíolo, Fortunato, Marcial, mártires; Ticiano, obispo; Anselmo, confesor.


Oración: Te pedimos Señor, que a imitación e intercesión de Santa Catalina Drexel, y de todos los santos y mártires de este día, podamos invertir sabiamente nuestro tiempo y patrimonio personal, en los bienes imperecederos del Cielo. A Tí Señor que nos ordenaste ser buenos banqueros. Amén.

viernes, 2 de marzo de 2018


Sexta Feria, 2 de Marzo

San Simplicio, 47ª Papa


Los contemporáneos del santo, conocieron bien la austeridad de su vida, y su constante oración, hasta el punto de afirmar que rezó como un monje, y se mortificó como un solitario del desierto. Sin esos medios, su labor de servicio a la Iglesia, hubiera resultado imposible.

«Quien abusa de su poder, merece habitar en el infierno»

(† 483)

Natural de Tívoli, en el campo de Roma. Es hijo de Castino. Le vemos formando parte del clero romano, y sucediendo al papa San Hilario, en la Sede de Roma, en marzo del año 467.

Le toca vivir y ser Supremo Pastor, en un tiempo difícil por la herejía, y la calamidad dentro de la Iglesia, que aparece como inundada por el error. En Occidente, Odaco se ha hecho dueño de Italia, y es arriano como los godos en las Galias, los de España y los vándalos en África; el panorama no es muy consolador. Los ingleses aún están en el paganismo.

Para Oriente no van mejor las cosas, aunque con otros tonos, en cuanto a la vida de fe: el emperador Zenón y el tirano Basílico, favorecen la herejía de Eutiques; los Patriarcas han resultado ambiciosos de poder, y las sedes patriarcales son una deseada presa, más que un centro de irradiación cristiana.

El nuevo papa, adopta en su pontificado una actitud fundamental: atiende preferentemente al clero. Procura su reforma, detectando el error, y proponiendo el remedio con la verdad, sin condescendencias; muestra perseverancia firme, y tesón férreo, cuando debe reprimir la ambición de los altos eclesiásticos.

Modera la Iglesia que está en Oriente, siendo un muro de contención, frente a las ambiciones de poder y dominio que muestra Acacio, Patriarca de Constantinopla, cuando pretendía los derechos sobre Alejandría y Antioquía.

No cedió ante las pretensiones del usurpador Timoteo Eluro, ni a las del intruso Pedro el Tintorero. Defendió la elección canónica de Juan Tabenas, como Patriarca de Alejandría, frente a las presiones de Pedro Mingo, protegido por el emperador Zenón.

Gobierna la Iglesia que está en Occidente, mandando cartas a otro Zenón -obispo de Sevilla-, encargándole rectitud, y alabando su dedicación permanente a la familia cristiana, que tiene encomendada. También escribe a Juan, Obispo de Rávena, en el 482, con motivo de ordenaciones ilícitas: «Quien abusa de su poder merece habitar en el infierno», le dice.

En el año 475, manda a los obispos galos Florencio y Severo, a corregir a Gaudencio, y privar del ejercicio episcopal, a los que ordenó ilícitamente, al tiempo que da orientaciones para distribuir los bienes de la Iglesia, y evitar abusos.

En su diócesis de Roma, se comporta como modelo episcopal, entregándose al cuidado de sus fieles, como si no tuviera en sus hombros a la Iglesia Universal. Aquí cuida especialmente la instrucción religiosa de los fieles, facilita la distribución de limosnas entre los más pobres, y dicta normas para atender primordialmente la administración del bautismo.

Aún tuvo tiempo, para dedicar el primer templo en el occidente al Apóstol San Andrés, el hermano del apóstol Pedro, iuxta sanctam Mariam, o iuxta Praesepe, sobre el monte Esquilino.

También convocó un concilio, para explicitar la fe, ante los errores que había difundido Eutiques, equivocándose en la inteligencia de la verdad, pues en su monofisismo, sólo admitía en Cristo la naturaleza divina, con lo que se llegaba a negar la Redención.

Los datos exactos de su partida al cielo, no están aún perfectamente esclarecidos, si bien se conoce, que fue en el mes de Febrero del año 483. Sus reliquias se conservan en Tívoli.

Los contemporáneos del santo, conocieron bien la austeridad de su vida, y su constante oración, hasta el punto de afirmar que rezó como un monje, y se mortificó como un solitario del desierto. Sin esos medios, su labor de servicio a la Iglesia, hubiera resultado imposible.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que concediste fortaleza espiritual al Papa San Simplicio, en medio de tiempos terribles en lo político y espiritual, concédenos también a nosotros, por medio de su intercesión, la misma fortaleza, y en particular a los Pontífices Católicos y Patriarcas Ortodoxos, para gobernar con firmeza y valentía, la nave de nuestra Iglesia, en estos tiempos tan terribles como los del Papa San Simplicio. A Tí Señor, que nos prometiste que el fuego del infierno nunca prevalecería sobre la Iglesia, y sobre nuestras Vidas, siempre que nos encontremos unidos a Tí. Amén.



jueves, 1 de marzo de 2018


Quinta Feria, 1 de Marzo

SAN ROSENDO


Obispo y Confesor

(+ 977)

San Rosendo, fue hijo de un noble familia de Galicia, en la corte de Ordoño II. Por sus raras dotes, y virtudes ya de muy joven, fue consagrado obispo.

Defendió a su tierra contra las incursiones de los normandos y de los sarracenos.

Huyendo de las intrigas y de la persecución, se retiró al monasterio benedictino de Celanova – sur de Galicia - , por él mismo fundado. († 977)
(Misal - Proprio de España)

SAN ALBINO


Obispo de Angers

(470-550)

San Albino (Aubin), obispo de Angers, es uno de los santos más populares de la Edad Media, sobre todo en el norte de Europa. Nació en Vannes (Francia) hacia el año 496, de noble familia, y para poder entrar en la abadía de Tincillac, tuvo que renunciar al título nobiliario, y a la rica herencia.

Pero aunque deseaba el anonimato, por la fama de sus virtudes humanas y religiosas, sus hermanos religiosos lo colocaron constantemente en un lugar sobresaliente. En el año 504, fue elegido abad, cargo que ocupó durante 25 años, hasta cuando por obediencia, tuvo que aceptar el nombramiento como obispo de Angers en el 529.

Con celo pastoral, y prudente firmeza, gobernó su diócesis, obteniendo más hostilidad que aplausos. Pero para el buen obispo le era suficiente la aprobación de otro santo, su amigo San Cesario. Murió el 1ª de marzo del año 550. Seis años después, por su fama de santidad, se le dedicó una iglesia en Angers, en cuya cripta reposan sus restos.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que a semejanza de los Santos Obispos Rosendo y Albino, tenga siempre precedencia en nuestra vida, cuidar los sagrados y eternos tesoros del cielo. Que nuestro corazón siempre permanezca unido al tuyo, y al de estos dos Santos Obispos. Amén.