sábado, 2 de enero de 2016

Sábado, 2 de enero

San Macario de Alejandría, Anacoreta


(† ca.408)

Este insigne anacoreta del siglo IV es uno de los mejores ejemplos de la vida ascética, con la tendencia al retiro del mundo y apartamiento a la soledad, que tanto predominó en este tiempo. Además, constituye una excelente prueba del tránsito de a vida puramente solitaria a la de comunidad o cenobítica, que se fue imponiendo a fines del sigo IV y durante el siglo V. De él nos informa ampliamente, sobre todo, Paladio, en su Historia Lausíaca, que es la más antigua y fidedigna historia del primer desarrollo del monacato.

Era originario de Alejandría, de donde se deriva e renombre con que es generalmente conocido; pero es denominado asimismo el Joven, en contraposición a San Macario de Egipto (15 de enero), llamado también el Viejo, aunque, a decir verdad, ambos son casi rigurosamente contemporáneos. Además, debe distinguírsele también de otros varios Macarios, célebres en los anales de la vida monástica, pues no puede olvidarse que la palabra griega macarios significa feliz o bienaventurado.

Así, pues, Macario de Alejandría, antes de entregarse a la vida de ascetismo cristiano, desempeñó hasta los cuarenta años el oficio de mercader de frutos o confitería, que dio pie, ya desde antiguo, a que sea considerado como patrono del ramo de los pasteleros. En la flor de la edad, cuando contaba cuarenta años, siguiendo la corriente ascética del tiempo, se retiró a la vida solitaria, donde perseveró con indomable constancia durante unos sesenta años, hasta su muerte. Ni la fecha de su nacimiento ni la de su muerte nos son conocidas, pero debió nacer hacia el año 310 y morir hacia el 408, casi centenario.

De la misma suavidad de su trato y de la alegría espiritual irradiaba en torno suyo, es buen testimonio el hecho siguiente, referido por los historiadores, que, aunque tal vez pertenezca al mundo de las leyendas, es indudable el mejor símbolo del atractivo humano de la virtud de Macario.

En efecto, atravesando el Nilo en cierta ocasión junto con el otro Macario (el Viejo), se cruzaron con un grupo de oficiales del ejercito, los cuales vivamente impresionados por el porte alegre y la felicidad que respiraban ambos anacoretas, decían los unos a los otros: "Es curioso como estos hombres son tan felices en medio de su pobreza".

Oyendo esta expresión Macario de Alejandría se cuenta que repuso: "Tienes razón, al calificarnos de hombres felices, pues en verdad así lo atestigua nuestro nombre (Macario, palabra griega, significa feliz). Pues si somos felices porque despreciamos el mundo, ¿no es justo que os consideréis vosotros como miserables por ser sus servidores?"

El mismo relato añade que estas palabras unidas al ejemplo de los dos solitarios, produjeron tal efecto en el jefe de aquel grupo, que volvió a su casa, distribuyó todo lo que poseía entre los pobres y se hizo ermitaño.

Para que el ejemplo de su vida fuera más humano y más completo, Dios permiti6 que fuera víctima de persecuciones y aun calumnias. Estas llegaron a tal extremo, que por algún tiempo se vio forzado a abandonar su celda y fue desterrado por la fe católica, por obra de Lucio, patriarca arriano de Alejandría.

Más aún. Dios permitió igualmente fuera su alma probada con la mayor obscuridad espiritual. Efectivamente, movido de su ansia de contemplación, refiere Paladio que se encerró dentro de su celda con el propósito de permanecer en ella cinco días seguidos. Los dos primeros días se sintió inundado de dulzura celestial: pero al tercero se sintió acometido de tal turbación y guerra del enemigo, que se vio obligado a volver a su vida normal. Por esto observaba él a sus discípulos qué Dios se retira en ciertas ocasiones, para que los hombres experimenten su propia debilidad y reconozcan que la vida es una lucha.


Oración: Te pedimos Señor, que a imitación y por los méritos de San Macario de Alejandría, podamos ser siempre felices y agradecidos con todo lo que nos ofreces en Vida, llevando una Vida sobria y retirada de las vanidades del mundo. A Tí Señor que naciste en un establo y tu cabeza no tenía donde reclinarse. Amén.


viernes, 1 de enero de 2016

Sexta Feria, 1 de Enero de 2016

MARÍA, MADRE DE DIOS Y DE LA IGLESIA 

María es verdaderamente Madre de Dios


Icono: La Madre de Dios
por Simón Usciakov
Galería Tretjakov (Moscú)

Padre Jordi Rivero

Veneración
"Madre de Dios" es el título dogmático principal y más generalizado de la Virgen. De el dependen todos los demás títulos y privilegios que ella tiene. Ella es Madre de Jesús, Dios y hombre verdadero. Es además el título mas antiguo.

"¿Cómo puede ser María la madre de Dios, si Dios no tiene principio?".

Respuesta:
  • María no engendró a Dios desde la eternidad. María comienza a ser Madre de Dios cuando el Hijo Eterno se encarnó en sus entrañas (la Encarnación).
  • Se llama "madre" la mujer que engendra un hijo/hija. Es madre de la persona por ella engendrada.
    -Si reconocemos que María engendró y dio a luz a Jesús, entonces reconocemos que María es madre de Jesús.
    -Si además reconocemos que Jesús es una persona divina (la Segunda Persona de la Trinidad), entonces reconocemos que María, por ser madre de esa Persona (Jesús) es verdaderamente Madre de Dios.

En el credo profesamos que el Hijo es engendrado (eternamente), no creado por Dios. Dios no tenía necesidad de hacerse hombre pero quiso hacerse. Quiso tener madre verdaderamente. Gálatas 4,4: "al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer". Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios, por ende María es madre de Jesús, Dios y hombre verdadero.

Dios no necesitaba tener madre, pero la quiso tener para acercarse a nosotros con infinito amor. Dios es el único que pudo escoger a su madre y, para consternación de algunos y gozo de otros, escogió a la Santísima Virgen María quién es y será siempre la Madre de Dios.

Cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel (Visitación), ésta, movida por el Espíritu Santo, la reconoció como Madre de Dios al llamarle "Madre de mi Señor" (Cf. Lucas 1, 39-45).

La verdad de que María es Madre de Dios es parte de la fe de todos los cristianos ortodoxos (de doctrina recta). Fue proclamada dogmáticamente en el Concilio de Efeso en el año 431 y es el primer dogma Mariano. Negar que María es madre de Dios es negar que el Verbo se hizo hombre (negar la Encarnación de Dios Hijo).
Antecedentes de la controversia sobre la maternidad divina de María Santísima:

Los errores de Nestorio
En el siglo V, Nestorio, Patriarca de Constantinopla afirmaba los siguientes errores:

  • Que hay dos personas distintas en Jesús, una divina y otra humana.
  • Sus dos naturalezas no estaban unidas.
  • Por lo tanto, María no es la Madre de Dios pues es solamente la Madre de Jesús hombre.
  • Jesús nació de María solo como hombre y más tarde "asumió" la divinidad, y por eso decimos que Jesús es Dios.

Vemos que estos errores de Nestorio, al negar que María es Madre de Dios, niegan también que Jesús fuera verdaderamente una Persona divina que asume una naturaleza humana.

La doctrina referente a María está totalmente ligada a la doctrina referente a Cristo. Confundir una es confundir la otra. Cuando la Iglesia defiende la maternidad divina de María está defendiendo la verdad de que, su hijo, Jesucristo, es una Persona divina.

En esta batalla doctrinal, San Cirilo, Obispo de Alejandría, jugó un papel muy importante en clarificar la posición de nuestra fe en contra de la herejía de Nestorio. En el año 430, el Papa Celestino I en un concilio en Roma, condenó la doctrina de Nestorio y comisionó a S. Cirilo para que iniciara una serie de correspondencias donde se presentara la verdad.

Me extraña en gran manera, que haya alguien que tenga duda de si la Santísima Virgen ha de ser llamada Madre de Dios. Si nuestro Señor Jesucristo es Dios, ¿Por qué razón la Santísima Virgen, que lo dio a luz, no ha de ser llamada Madre de Dios?. Esta es la fe que nos transmitieron los discípulos del Señor. Así nos lo han enseñado los Santos Padres” San Cirilo de Alejandría, Ver: Carta 1, 27-30

Concilio de Efeso
En el año 431, se reunieron 200 obispos en el Concilio Ecuménico de Efeso (la ciudad donde la Santísima Virgen pasó sus últimos años). Proclamaron solemnemente que "La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios". Canonizó el titulo "Theotokos".

"Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es sólo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad.

Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios"

En vez de Theotokos, algunos padres proponían Christotokos, Madre de Cristo. Pero precisamente eso se consideró una amenaza contra la doctrina de la plena unidad de la divinidad con la humanidad de Cristo.

En Efeso se confirmó, por una parte, la unidad de las dos naturalezas, la divina y la humana, en la persona del Hijo de Dios (cf. DS 250) y, por otra, la legitimidad de la atribución a la Virgen del título de Theotokos, Madre de Dios (cf. ib., 251).

Para celebrar la proclamación de Efeso, los Padres, acompañados por el gentío de la ciudad, que los rodeaba portando antorchas encendidas, hicieron una gran procesión cantando: "Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén". La Theotokos es representada e invocada como la reina y señora por ser Madre del Rey y del Señor.

"Después de ese concilio se produjo una auténtica explosión de devoción mariana, y se construyeron numerosas iglesias dedicadas a la Madre de Dios.

Entre ellas sobresale la Basílica de Santa María la Mayor, aquí en Roma. La doctrina relativa a María, Madre de Dios, fue confirmada de nuevo en el concilio de Calcedonia (año 451), en el que Cristo fue declarado "verdadero Dios y verdadero hombre (...) nacido por nosotros y por nuestra salvación de María, Virgen y Madre de Dios, en su humanidad" (DS 301)." -Benedicto XVI

La Maternidad de María fue también afirmada por otros concilios universales, como el de Calcedonia (451) y el segundo de Constantinopla (553).

En el siglo XIV se introduce en el Ave María la segunda parte donde dice: "Santa María Madre de Dios". En el siglo XVIII se extiende su rezo oficial a toda la Iglesia.
El Papa Pío XI reafirmó el dogma en la Encíclica Lux Veritatis (1931).

La Madre de Dios en el Concilio Vaticano II: El concilio recogió en un capítulo de la Constitución Dogmática Lumen gentium sobre la Iglesia, el octavo, la doctrina acerca de María, reafirmando su maternidad divina. El capítulo se titula: "La bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia". Este documento presenta la maternidad divina de María en dos aspectos:

1) La maternidad divina en el misterio de Cristo.
2) La maternidad divina en el misterio de la Iglesia.

"Y, ciertamente, desde los tiempos mas antiguos, la Sta. Virgen es venerada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades.... Y las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los limites de la sana doctrina, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo por razón del cual son todas las cosas, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos" (LG #66)

En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI (1968): "Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y salvador nuestro"

En 1984 consagra J.P.II el mundo entero al I.C. de María, a través de toda la oración de consagración repite: "Recurrimos a tu protección, Santa Madre de Dios"

María por ser Madre de Dios transciende en dignidad a todas las criaturas, hombres y ángeles, ya que la dignidad de la criatura está en su cercanía con Dios. Y María es la mas cercana a la Trinidad. Madre del Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu.

"El Conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María, será siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia"

"Y la Madre de Dios es mía, porque Cristo es mío" -S. Juan de la Cruz.
Saludamos a la Virgen (Antífona de entrada de la Misa): "Salve, Madre santa, Virgen, Madre del Rey"

Santa María es la madre, llena de gracia y de virtudes, concebida sin pecado, que es Madre de Dios y Madre nuestra, y está en los cielos en cuerpo y alma.

Después de Cristo, Ella ocupa el lugar más alto y el más cercano a nosotros, en razón de su maternidad divina.

La ortodoxia (doctrina recta) enseña:
-Jesús es una persona divina (no dos personas)
-Jesús tiene dos naturalezas: es Dios y Hombre verdaderamente.
-María es madre de una persona divina y por lo tanto es Madre de Dios.

María es Madre de Dios. Este es el principal de todos los dogmas Marianos, y la raíz y fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María.

María es la Madre de Dios, no desde toda la eternidad sino en el tiempo.

El dogma de María Madre de Dios contiene dos verdades:
1) María es verdaderamente madre: Esto significa que ella contribuyó en todo en la formación de la naturaleza humana de Cristo, como toda madre contribuye a la formación del hijo de sus entrañas.

2) María es verdaderamente madre de Dios: Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que El asumió.

El origen Divino de Cristo no le proviene de María. Pero al ser Cristo una persona de naturalezas divina y humana. María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. María es Madre de Dios, porque es Madre de Cristo quien es Dios\hombre.

La misión maternal de María es mencionada desde los primeros credos de la Iglesia. En el Credo de los Apóstoles: "Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo su único hijo, nuestro Señor que nació de la Virgen María".
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Benedicto XVI, 2008
"El título de Madre de Dios, tan profundamente vinculado a las festividades navideñas, es, por consiguiente, el apelativo fundamental con que la comunidad de los creyentes honra, podríamos decir, desde siempre a la Virgen Santísima. Expresa muy bien la misión de María en la historia de la salvación.

Todos los demás títulos atribuidos a la Virgen se fundamentan en su vocación de Madre del Redentor, la criatura humana elegida por Dios para realizar el plan de la salvación, centrado en el gran misterio de la encarnación del Verbo divino.
Y todos sabemos que estos privilegios no fueron concedidos a María para alejarla de nosotros, sino, al contrario, para que estuviera más cerca.

En efecto, al estar totalmente con Dios, esta Mujer se encuentra muy cerca de nosotros y nos ayuda como madre y como hermana. También el puesto único e irrepetible que María ocupa en la comunidad de los creyentes deriva de esta vocación suya fundamental a ser la Madre del Redentor.

Precisamente en cuanto tal, María es también la Madre del Cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia. Así pues, justamente, durante el concilio Vaticano II, el 21 de noviembre de 1964, Pablo VI atribuyó solemnemente a María el título de "Madre de la Iglesia".

Precisamente por ser Madre de la Iglesia, la Virgen es también Madre de cada uno de nosotros, que somos miembros del Cuerpo místico de Cristo. Desde la cruz Jesús encomendó a su Madre a cada uno de sus discípulos y, al mismo tiempo, encomendó a cada uno de sus discípulos al amor de su Madre.

El evangelista San Juan concluye el breve y sugestivo relato con las palabras: "Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa" (Jn 19, 27). Así es la traducción española del texto griego: εiς tά íδια; la acogió en su propia realidad, en su propio ser.

Así forma parte de su vida y las dos vidas se compenetran. Este aceptarla en la propia vida (εiς tά íδια) es el testamento del Señor. Por tanto, en el momento supremo del cumplimiento de la misión mesiánica, Jesús deja a cada uno de sus discípulos, como herencia preciosa, a su misma Madre, la Virgen María. - Benedicto XVI, 2008


Oración: Te pedimos Señor que siempre tengamos la protección de María Santísima a lo largo de nuestras vidas, y sepamos conservar mediante su auxilio la pureza del alma y del cuerpo. A Tí Señor que eres el Cordero Inmaculado que quita los pecados del mundo. Amén.
Sexta Feria 1º de Enero

Circuncisión de Señor



Habiendo llegado el octavo día, en que el Niño había de ser circuncidado, fue llamado Jesús (Lc. 2,21).

La circuncisión era el signo de la alianza dado al pueblo de Dios, obligado a toda a Ley, y destinado a participar en las promesas mesiánicas. Significaba, además participar de circuncidar el corazón con sus malos afectos y concupiscencias, para llegar a la vida eterna.

Los paganos celebraban el 1º de enero la alborotada fiesta de las "Estrenas" o de los "Regalos", por los que se cambiaban entre familiares y amigos, en felices augurios de año nuevo.

Las danzas callejeras degeneraban en vituperables orgías. Los Santos Padres levantaron su voz porfiadamente, y , para amparar a los fieles contra aquel aluvión de locuras, instituyeron una festividad, en algunas partes precedida de ayuno. Esta celebración se interpretó diversamente desde su origen. Ya en el siglo VI las Galias conmemoraban en ella a Circuncisión del Señor.

La circuncisión es, además, figura del bautismo, diciendo el Apóstol: Hemos recibido la circuncisión espiritual de Cristo, siendo sepultados con Él por el bautismo, y con Él resucitamos a la vida de la gracia por la fe, perdonándonos graciosamente todos los pecados (Col. 2,11 – 13).

Oración: Te pedimos Señor que en el año que comienza pueda nuestro cuerpo y alma estar libres de toda turbación debida a la concupiscencia, y así unirnos, mediante el sano y frecuente ascetismo espiritual y carnal, a tu Divino Cuerpo tan lacerado por nuestros pecados de lujuria. A Tí Señor, que nos advertiste que debemos entrar por la puerta estrecha para alcanzar el Reino de los Cielos. Amén.




Sexta Feria, 1ª de Enero

San Vicente María Strambi



Pasionista

(1745 - +1 enero 1824)

Nace en Civitavecchia, Italia, en 1745. Es ordenado sacerdote en 1767 y entra en la Congregación de los pasionistas en 1769.

Eminente director espiritual, misionero y catequista, recorrió Italia central proclamando con fervor y competencia los tesoros de la fe Cristiana, especialmente su Pasión, sobre la que escribió una obra teológica.

Formador de los jóvenes pasionistas y Provincial. Como Postulador de la causa del Fundador, publicó su biografía (1786), obra fundamental para el conocimiento de San Pablo de la Cruz.

Elegido obispo de Macerata y Tolentino (1801), promovió con su celo apostólico la reforma del clero y del pueblo. Mostró una eximia caridad para con los pobres. En los movimientos revolucionarios de su tiempo, fue intrépido defensor de la libertad de la Iglesia, prefiriendo el exilio al ilícito juramento de fidelidad propuesto por Napoleón.

En 1809, Napoleón decretó la anexión de Macerata como parte del Imperio francesa. A pesar que según la orden francesa este decreto se tenía que leer en todas las iglesias, Strambi se negó. En una acción similar, también se negó a ceder a los franceses un listado de todos los hombres de su diócesis que pudieran hacer el servicio militar.

En septiembre de 1808, se decretó el arresto del religioso por obstrucción a los invasores franceses por lo que tuvo que huir a Mantua.

Vicente volvería a su diócesis cuatro años después en 1814. El Papa Pío VII visitó Vicente y le hizo saber que los invasores franceses habían provocado mucho daño, no solo la destrucción de iglesias, sino la inserción de la inmoralidad. Vicente trabajó para volver a llamar a su población.

En 1817, los franceses volvieron a Macerata donde establecerían su cuartel general para atacar a los austríacos. Strambi recogió a los temerosos feligreses en su capilla privada para orar. Los franceses fueron derrotados, aunque la población sufrió la brutalidad de éstos durante su retirada. Vicente se encontró con el líder del ejército francés para impedir que entraran en la ciudad y Murat accedió.

Vicente, cerca de los 80 años, en 1823 el Papa León XII le dio el permiso para su retiro y tomó como residencia el Palacio Quirinal.

Fue en ese momento cuando, de la mano de Strambi, consiguió volver al catolicismo a la hermana de Napoleón, Pauline Bonaparte. Cuando el Papa enfermó, Vicente rezó para que se lo llevara a él en lugar del Papa. Su Santidad recuperó la salud mientras que Strambi moriría días después de su 79ª aniversario (1 de enero de 1824)

Al renunciar a su sede episcopal (1823) fue llamado por León XII al Quirinal como su consejero, donde murió el 1 de enero de 1824, ofreciéndose a Dios en substitución del Papa, gravemente enfermo.

Fue canonizado en 1950. Sus restos mortales descansan, desde 1957, en Macerata, Italia.


Oración: Te pedimos que por intercesión del Obispo Strambí puedan nuestra Iglesia ser siempre un refugio seguro para toda la Humanidad y un motivo para seguir esperándote hasta el fin de los tiempos, marcado por tu segunda venida. A Tí Señor, que Vives y Reinas por Siempre. Amén.


jueves, 31 de diciembre de 2015

Quinta Feria, 31 de Diciembre

San Silvestre I
33ª Papa


( † 355)


Breve
Al finalizar la persecución de la Iglesia en el año 313 con el Edicto de Milán, esta tuvo que afrontar nuevos retos:  El emperador quería inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia. Amenazaban también las herejías. Pero Dios proveyó un Papa santo que supo gobernar con sabiduría: San Silvestre I.

Sucedió al Papa San Melquíades. Su pontificado duró 21 años.

San Silvestre no podía viajar largas distancias pero se esmeró para pastorear a la Iglesia universal.

Para enfrentar la herejía donatista San Silvestre envió delegados al Concilio de Arles y cuando el emperador ordenó el Concilio de Nicea en el 325, el Papa Silvestre I envió un obispo y dos sacerdotes en su nombre. Después aprobó el Credo de Nicea que se formuló en ese concilio.

Además del cuidado por la doctrina y la pastoral, construyó iglesias y convirtió en Palacio Laterano, donado por el emperador Constantino, en la primera catedral de Roma, llamada San Juan de Letrán. También comenzó los trabajos en San Pedro, en el Vaticano y San Lorenzo.

Los días de semana, menos el sábado y el domingo, se deben llaman 'ferias". Esto se determinó así para desterrar los nombres paganos de los días de la semana como Martes, Mercurio, Júpiter, Venus.

Es el primer Papa que no muere mártir y la primera persona canonizada sin haber sido mártir. 

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San Silvestre es elegido papa el 31 de enero del año 314, siendo cónsules Constantino y Volusiano y en el año noveno del imperio de Constantino. Largo va a ser su pontificado—veintitrés años, diez meses y once días—y lleno de grandes acontecimientos. Un año antes, en febrero del 313, había sido decretada la libertad de la Iglesia por el edicto de Milán, y desde entonces cuenta con el apoyo decidido del emperador y con la simpatía de los numerosos prosélitos que se presentan cada día.

El paganismo, sin embargo, no podía acomodarse al nuevo sesgo que tomaban las cosas. Y de ser cierto lo del bautismo de Constantino que nos cuentan las actas, habríamos de encajarlo precisamente en estos primeros años del nuevo papa. Parece ser que, en una de las ausencias del emperador, los magistrados de Roma se aprovecharon para iniciar de nuevo la persecución. Silvestre mismo tiene que salir de la ciudad, y se refugia con sus sacerdotes en el monte Soracte o Syraptim, llamado después de San Silvestre, y que dista unas siete leguas de Roma.

Cuando vuelve Constantino, se encuentra de manos con una tragedia dentro de su misma familia, pues nada menos que a Crispo, su hijo y heredero, se le acusaba de haber cometido adulterio con su segunda mujer, Fausta. Llevado de la cólera, el emperador manda darle muerte: pero es castigado de improviso con una repugnante lepra, que le cubre todo el cuerpo.

En seguida acuden a palacio los médicos más renombrados, que se ven impotentes en procurarle remedio, y como última solución, y para aplacar la ira de los dioses, le proponen bañe su cuerpo en la sangre todavía caliente de una multitud de niños sacrificados con este fin.

Cuando se van a hacer los preparativos y ya el cortejo imperial iba a subir las gradas del Capitolio, Constantino se conmueve ante los gemidos de las madres de los inocentes, que piden misericordia, y ordena se retire inmediatamente el sacrificio.

Aquella misma noche se le aparecen en sueños dos venerables ancianos, Pedro y Pablo, que le recomiendan busque al obispo Silvestre, que está escondido, el cual les mostrará el verdadero baño de salvación que le curaría.

A la mañana siguiente aparece por las calles de Roma, y conducido con toda pompa por la guardia pretoriana, Silvestre, el perseguido. El encuentro con el emperador es benévolo. Entablan un diálogo de pura formación cristiana, y al fin el Pontífice le increpa con toda solemnidad: "Si así es, ¡oh príncipe!, humillaos en la ceniza y en las lágrimas, y durante ocho días deponed la corona imperial, y en el retiro de vuestro palacio confesad vuestros pecados, mandad que cesen los sacrificios de los ídolos, devolved la libertad a los cristianos que gimen en los calabozos y en las minas, repartid abundantes limosnas, y veréis cumplidos vuestros deseos".

Constantino lo promete todo, se fija el día para el bautismo, y, llegados por fin ante el baptisterio de San Juan de Letrán, se despoja el emperador de todas sus vestiduras, entra en la piscina, es bautizado por San Silvestre, y cuando sale, ante la expectación de todos, aparece completamente curado. De ahora en adelante, dicen las actas, Constantino será el gran favorecedor de los cristianos, y, no contento con eso, va a dejar al Papa su sede de Roma, retirándose con toda su corte a Constantinopla.

Toda esta historia nos indica, al menos, la gran preponderancia que iba tomando la Iglesia frente al Estado. De ello se ha de aprovechar San Silvestre para reconstruir iglesias devastadas y enmendar las corrompidas costumbres.

Entre las nuevas leyes que bajo la égida del Pontífice iba a dar el emperador, sobresalen: la validez de la emancipación de esclavos realizada ante la Iglesia, el descanso dominical; contra los sodomitas; la educación de los hijos, revocación del destierro a que estaban condenados los cristianos, restitución de sus bienes, revocación de las leyes Julia y Popea contra el celibato, reconociendo de este modo la posibilidad de un celibato santo dentro del cristianismo: varios decretos asegurando el foro judicial de los clérigos, prohibición de los agoreros, de los juegos en que iban mezclada la inmoralidad y el engaño, etc., etc. Roma iba, de este modo, muriendo a su tradición pagana, para renacer poco a poco a la nueva Roma cristiana.

La gran labor pastoral en que se ve encuadrado el pontificado de San Silvestre ofrece unas facetas características, primicias todas ellas de la Iglesia, que se abre a nuevos horizontes, libre ya de trabas y de postergaciones.

Es su tiempo, la era de los grandes concilios, donde se fijan en detalle los cánones de la fe, el culto divino adquiere una grandeza insospechada, se establece una disciplina eclesiástica cuna de nuestro Derecho, y se extiende cada vez más la supremacía de la Iglesia de Roma. En el mismo año en que es elegido Papa, manda San Silvestre sus legados al concilio de Arlés, donde se resuelve la cuestión de los donatistas, que habían apelado otra vez en la causa de Ceciliano.

Este concilio, juntamente con el primero ecuménico de Nicea (a. 325), son los dos puntales del esfuerzo dogmático de tiempos de San Silvestre. Mucho se ha discutido sobre la participación que en ellos tuvo el Pontífice de Roma, ya que tanto uno como otro fueron convocados a instancias del emperador Constantino: pero, a través de lo que en ellos se determina, no ofrece duda la presencia moral del Papa en las decisiones consulares.

En Nicea, junto al presidente del concilio, Osio de Córdoba, se sientan los legados pontificios Vito y Vicente, y, de ser cierto el documento que recoge el Líber Pontiticalis, todos los obispos, al final de la asamblea, escriben una carta a Silvestre, donde le dan cuenta de las decisiones adoptadas.

Más claro y conmovedor es el testimonio de los Padres del concilio de Arlés. En esta asamblea, como en todas las que celebra Constantino, se ve, es cierto, una sumisión del episcopado al poder civil; pero al mismo tiempo un afecto y una gran sumisión al Papa.

Es éste el que ha de dar su última palabra sobre los donatistas, quien ha de comunicar a las iglesias lo establecido en el concilio, y el que, en fin, ha de hacer poner en práctica sus acuerdos, sobre todo el que se refiere a la celebración de la Pascua. Dicen así en la segunda carta que le envían: "Al amadisimo papa Silvestre, Marino, Agnecio... Unidos en el común vínculo de caridad y de unidad de la madre Iglesia católica y reunidos en la ciudad de Arlés por la voluntad del piísimo emperador, te saludamos a ti, gloriosisimo Papa, con toda nuestra reverencia",
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El donatismo fue un movimiento religioso cristiano iniciado en el siglo IV en Numidia (la actual Argelia), que nació como una reacción ante el relajamiento de las costumbres de los fieles. Iniciado por Donato, obispo de Cartago, en el norte de África, aseguraba que sólo aquellos sacerdotes cuya vida fuese intachable podían administrar los sacramentos, entre ellos el de la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo (eucaristía), y que los pecadores no podían ser miembros de la Iglesia.

Este movimiento se denominó inicialmente Iglesia de los Mártires y tomó su otro nombre por Donato, al que eligieron obispo sus propios correligionarios en el año 312.

Así, Donato afirmaba que todos los ministros sospechosos de traición a la fe durante las persecuciones del emperador romano Diocleciano, en las que se obligaba a los cristianos a abjurar de su religión o elegir el martirio (lapsi), eran indignos de impartir los sacramentos.

El donatismo fue rechazado por la Iglesia Católica, reafirmando la doctrina de la objetividad de los sacramentos, es decir, la idea de que una vez transmitida la potestad sacerdotal a un hombre mediante el sacramento del Orden Sagrado, los sacramentos que éste administre son plenamente válidos por intercesión divina, independientemente de la entereza moral del clérigo.

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Oración: Te pedimos Señor, que por los méritos y la intercesión de San Silvestre, pueda nuestra Iglesia preservar íntegra la Fe en Tí, en tu Divina presencia en la Eucaristía y en la Acción del Espíritu Santo junto a nuestra Co Redentora, La Santísima Virgen María. Que el año que se inicia sea con renovadas fuerzas en nuestro Amor hacia Tí y a nuestros semejantes. A Tí Señor que te encuentras a la derecha del Padre. Amén.


Quinta Feria, 31 de Diciembre



Santa Melania la Joven
(383-439)

Esta santa, nacida en Roma, se le llama así para distinguirla de santa Melania la Anciana. Pertenecía a la aristocracia romana y se había casado con su primo Piniano. Cuando, una década más tarde, perdieron a sus dos hijos, se volcaron en la práctica de los consejos evangélicos.

Así liquidaron progresivamente sus grandes bienes en construir monasterios, hospitales e iglesias. Abandonaron Roma poco después del saqueo de Alarico y después de una larga estancia en Sicilia, llegaron a Tagaste, Numidia, a casa del obispo Alipio, amigo de San Agustín, y un tiempo después, a Jerusalén.

A la muerte de su madre y su esposo, Melania estableció allí en Jerusalén una comunidad de vírgenes consagradas, entre las que pasó los siete últimos años de su vida.

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de Santa Melania, podamos saber compartir nuestros bienes terrestres y así poder alcanzar los tesoros divinos. A Tí Señor, que reinas en los cielos pleno de Gloria y Poder. Amén.


miércoles, 30 de diciembre de 2015

Cuarta Feria, 30 de diciembre

San Sabino de Asís


Obispo y Mártir
Siglo III
Latín: "De la región sabina". Vivió en la antigua Etruria, región italiana y murió en la persecución de Diocleciano el año 303.

Al resistirse a apostatar de su fe, el gobernador Venustiano ordenó que le fueran cortando las manos, y lo llevaran así a la cárcel.

En ella le devolvió la vista a un ciego. El propio gobernador Venustiano fue a ver si era verdad. Y no solamente le curó la vista, sino también el alma en cuanto que el curado le pidió que lo bautizara porque quería ser cristiano. Y no solamente a él sino también a su mujer e hijos.

Una vez que llegó a Roma la noticia de que se habían convertido, el emperador le quitó el mando al gobernador Venustiano, y le encargó al recién nombrado que acabase con el obispo y con éste. Ambos fueron llevados a Espoleto, y apaleados hasta que murieron.

Suele presentársele como obispo con varios atributos: la mitra, el báculo, un ídolo roto, y una o ambas manos cortadas (en un plato o a sus pies).

Oración: Te pedimos Señor que por los méritos e intercesión del Obispo San Sabino, nuestra vista y manos sirvan siempre para la gloria de tu Reino. A Tí Señor que eres cabeza de la Iglesia, y nosotros tus humildes miembros. Amén.