sábado, 7 de noviembre de 2015

Sábado 7 de noviembre

SAN WILIBRORDO, Obispo


Precursor de la evangelización de Alemania y Holanda
(+ 739)

Breve
Inició la evangelización de Alemania, más allá del Rin, comenzó en el siglo VII, a finales de la época merovingia, gracias a la obra de los monjes irlandeses y anglosajones. Logró su máximo desarrollo en las décadas siguientes por la acción misionera de San Bonifacio, su discípulo.
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Vilibrordo nació en Northumbria en el año 658. Ingresó a la vida monástica, viviendo en su tierra hasta que el Abad Egberto lo envió a Frisia, la actual Holanda, donde desarrolló su acción apostólica.

'Wilgils, el noble anglosajón, había quedado viudo. Cristiano ferviente, perteneciente a la primera generación de convertidos del paganismo, resolvió abrazar la vida solitaria. Todo lo abandonó, hasta la más dulce prenda que le quedaba: un día llamó Wilgils a la puerta del monasterio de Ripon y ofreció a Dios y al abad Wilfrido su hijito Wilibrordo.

Ripon era una abadía fervorosa; Wilfrido, un padre austero y a la vez cariñoso para sus religiosos. El hijo de Wilgils fue educado con esmero en la escuela abacial. Fue su preceptor San Ceolfrido, el mismo que años adelante debía ser, en Wearmouth, abad de San Beda el Venerable. El pequeño oblato creció en un ambiente de santidad y cultura. A los quince años ratificó libremente, con su profesión monástica, la propia donación a Dios hecha por su padre.

La vida del joven monje transcurría plácida y fervorosa al amparo de los muros claustrales cuando una fuerte conmoción vino a turbar la paz del monasterio

Después de los contratiempos sufridos por la misión de Vilfrido, Vilibrordo fue enviado con once compañeros a Frisia. La victoria de Pipino de Herstal contra el rey Radbod en el año 689 facilitó la empresa. El duque los recibió con todos los honores.

Este monje, a quien los biógrafos describen pequeño de estatura, cabellos negros, de delicada salud, ojos profundos y vivos, encarna muy bien la figura del monje occidental: un trabajador que no conoce descanso ni crisis de desánimo, austero, prudente, leal, tenaz, devoto del Papa. Se había formado en la abadía inglesa de Ripon, y a los 20 años pasó a Irlanda para perfeccionar su cultura teológica bajo la guía del abad Egberto, que lo consagró sacerdote a los treinta años.

Pero Vilibrordo, antes de comenzar su obra de evangelización, quiso ir a Roma para obtener el beneplácito del Papa Sergio I, el cual aprobó su misión y lo animó. De regreso a Frisia, el monje escogió Amberes como centro de su apostolado. Con el tiempo, Utrecht llegaría a ser la más famosa de sus fundaciones.

No era fácil la tarea confiada a Wilibrordo y a su pequeña hueste monástica. El pueblo germánico de los frisones, que en el siglo ocupaba la desembocadura de los grandes ríos que mueren en las costas de los Paises Bajos, constituía un campo rebelde a todo cultivo. Aquellos bárbaros de estatura imponente, barba rubia y largas melenas eran guerreros feroces, testarudos, apegados a sus viejas tradiciones y extremadamente amantes de su libertad e independencia. El poder romano nunca habia sido estable en Frisia, y el cristianismo, que por vez primera había penetrado en la región con los funcionarios merovingios como religión de los invasores, no parece que alcanzara ninguna o muy pocas simpatías.

Entretanto se revelaban las bellas cualidades del arzobispo de los frisones. Era, según testimonio de San Bonifacio, varón "de gran santidad y de austeridad maravillosa", pero bueno y paternal para los otros. Típico anglosajón paciente, y tenaz, humilde y hábil, celoso y realista, dotado de voluntad inquebrantable y prudencia nunca desmentida, Wilibrordo tenía temple de gran conductor de hombres, de gran organizador.

La única preocupación que le guiaba en todas sus acciones era la salvaguarda y consolidación de su obra. Sus ansias apostólicas no desbordan los límites de lo que le parecía seguro. Verdad es que intentó evangelizar la Frisia del Norte y hasta estuvo en Dinamarca movido por el mismo impulso misionero; pero pronto comprendió que era empresa prematura y regresó a su campo de acción, el territorio dominado por la espada de Pipino II. No es que fuera un cobarde, un pusilánime: en cierta ocasión destruyó un ídolo con peligro de su vida y en momentos difíciles se mantuvo firme ante la ira del rey Radbod.

Pero Wilibrordo nada tenía de aventurero. Iba siempre a lo seguro y positivo. Sus catecúmenos no fueron jamás bautizados rápidamente ni en masa; cada uno de ellos debía someterse a una seria preparación individual. Y así su obra no tuvo dimensiones enormes y espectaculares, pero fue segura y durable.

Para la fundación de la nueva diócesis de Frisia, Vilibrordo fue nuevamente a Roma, en donde el Papa Sergio I lo consagró obispo el 21 de noviembre del año 695 con el nombre de Clemente. Desde este momento emprende una infatigable labor misionera que comprenderá desde los valles del Rin hasta Dinamarca.

A la muerte de Pipino II, toda su obra, por la que tanto había trabajado, literalmente fué barrida por completo, dado que los frisios iniciaron una revolución. Cuando Carlos Martel restableció la paz (718), Wilibrordo había alcanzado ya los sesenta años de edad.

Pero no soñaba todavía en descansar; ni siquiera se lamentó ante los estragos causados por aquellos años destructores. La obra de su vida estaba casi totalmente arruinada. Él y sus monjes empezaron animosamente a rehacerla. En este tiempo difícil tuvo Wilibrordo un precioso ayudante en un monje compatriota suyo, Winfrido, el futuro San Bonifacio, apóstol de Alemania. Y la cristiandad de Frisia fue restaurada.

En Echternach, Luxemburgo, había fundado un pequeño convento, y allí murió el 7 de noviembre del 739 a los 81 años de edad.

Fue un hombre de oración y acción. Pastor infatigable, supo organizar su diócesis con un gran sentido de la autoridad que le permitió, gracias a la formación de los obispos auxiliares, evitar el fraccionamiento de las Iglesias debido a la dispersión de la actividad pastoral.

Oración: Señor nuestro, que por la intercesión de San Wilibrordo y San Bonifacio, Alemania y Holanda, así como toda Europa, vuelvan a sus raíces cristianas con profundo espíritu de penitencia y conversión, y así vuelvan a iluminar al mundo entero con la antorcha de la Fe y el Amor a tu Divino Hijo. Ayúdanos también a saber valorar los pequeños pero contantes avances espirituales en nuestra vida, sin desalentarnos en ningún momento. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive eternamente, por los siglos de los siglos. Amén.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Viernes 6 de noviembre

LOS MÁRTIRES DE INDOCHINA
(1851-1862)

Indudablemente hay muchos detalles legendarios en las relaciones de los martirios de la primitiva Iglesia, según han llegado a nuestras manos. Al leer la multitud de tormentos y la brutal crueldad que en ellos se manifiesta, recibimos la impresión de que todo aquello es pura invención de los escritores medievales.
Sin embargo, en los tiempos modernos y casi en nuestros días, comprobados con multitud de testimonios completamente seguros y verídicos, se han repetido innumerables excesos de crueldad en los mártires de Indochina, de mediados del siglo XIX.

De ello se deduce que los instintos de crueldad son congénitos en la naturaleza humana, y en los momentos de apasionamiento salen al exterior en la forma más brutal y repugnante; recordemos, aún en nuestros días, los extremos de crueldad y barbarie cometidos por los comunistas con multitud de católicos.
Indirectamente, esto prueba con toda suficiencia que no hay que rechazar tan fácilmente aquellas actas de mártires solamente por el motivo de lo inverosímil que resulta la multitud y la crueldad de los tormentos.

El día de hoy se celebra de un modo especial la conmemoración de los Beatos Jerónimo Hermosilla y sus dos compañeros mártires, pertenecientes a la Orden de Predicadores, sacrificados por Cristo en 1861 en la región del Tonkín.
Pero, al mismo tiempo, se celebra la fiesta de otros mártires de Indochina que dieron su sangre por Cristo durante estos años de la más horrible persecución. Algunos fueron beatificados en 1900, 1906 y 1907, y recientemente otros veinticinco fueron elevados a los altares por Pío XII en 1951.

He aquí algunos datos más importantes de los principales entre ellos.
El Beato Jerónimo Hermosilla, insigne dominico y misionero español, era vicario apostólico en el oriente del Tonkín, y al estallar la persecución fue apresado por el mandarín Nguyen. Pero, habiendo logrado escapar de la prisión, continuó en secreto su actividad apostólica entre los naturales, hasta que, por la traición de un soldado, fue encarcelado de nuevo juntamente con otros dos misioneros dominicos, los Beatos Valentín Berrio-Ochoa, vicario general del Tonkín central, y Pedro Almato. Berrio-Ochoa era vasco de nacimiento y de noble familia.

El padre Almato era catalán, que hacía seis años realizaba una ímproba labor en la misión dominicana del Tonkín, a pesar del deplorable estado de su salud. El padre Hermosillo intentó pasar a la China juntamente con el padre Almato; pero era ya tarde. Apresados, pues, los tres insignes misioneros de la Orden dominicana, dieron generosamente su sangre por Cristo, siendo decapitados.

Entre los más insignes mártires de esta persecución, debe ser considerado el Beato Teófanes Vénard, de origen francés, quien ya en su juventud había soñado en el martirio, que al fin sufrió en Tonkín a los treinta y un años de edad, víctima, él y sus compañeros, de las más horribles crueldades, tan típicas de esta persecución.
Su salud delicadísima retrasó su ordenación sacerdotal; pero, apenas realizada ésta en 1852, partió Teófanes para Hong-Konk, y después de dedicarse quince meses al aprendizaje de la lengua, pasó en 1854 al Tonkín. Más de cinco años trabajó con un celo incansable, luchando a la vez con su mala salud y con los horrores de la más implacable persecución. 

Hasta qué punto llegó la crueldad de los perseguidores, se expresa en estas palabras que escribía él mismo: "Se ha dado la orden de aprisionar a todos los cristianos y de martirizarlos por el sistema denominado lang-tri, consistente en una tortura lenta, cortándoles primero los pies hasta los tobillos; luego hasta las rodillas; luego los dedos, luego hasta los antebrazos y siguiendo de este modo hasta que no les quede más que un tronco enteramente mutilado".

Son interesantes los datos que comunica sobre los sufrimientos a que se veían sometidos y la situación desesperada en que se encontraban, todo lo cual es la más elocuente prueba del elevado espíritu que a todos les animaba. "Tres misioneros, dice, entre los cuales hay un obispo, yacen ya uno al lado de otro, día y noche, en un espacio de una vara y media cuadrada. No tenemos más luz ni más aire para respirar que tres agujeros del grosor de un dedo, practicados en la pared, que nuestra anciana sirvienta se ve obligada a ocultar por medio de unos manojos de leña tirados por fuera."

En 1851 y 1852 fueron decapitados otros dos misioneros de las Misiones Extranjeras de París, los Beatos Augusto Schöffler y Juan Luis Bonnard Schöffler, al estallar la persecución el año 1851, fueron apresados y tuvieron que sufrir horriblemente en la cárcel, con el gran marco de madera que les agarrotaba el cuello y los pesados grillos que apresaban sus miembros, además de la suciedad y de la horrible y blasfema compañía que les rodeaba.

Entre los demás mártires de esta horrible persecución, citemos al Beato Esteban Teodoro Guénot, quien por su dignidad de obispo y sus relevantes méritos merece ser destacado de un modo especial.

Los veinticinco mártires del Tonkín, beatificados en 1951 por el papa Pío XII, sufrieron el martirio entre 1857 y 1862 durante la persecución de Yu-Duk. A su cabeza van los obispos españoles Beatos José Sanjurjo y Melchor Sampedro.
Los demás eran indígenas indochinos, y excepto cuatro, todos eran laicos.
Prueba del Amor que las gentes tenían por estos misioneros, se verificó el 2 de febrero de 1861 cuando una gran muchedumbre se abalanzaba sobre sus cadáveres con el fin de empapar lienzos de lino y pañuelos de papel en la sangre de cualquiera de ellos.


Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de los mártires de Indochina, se extienda la fe católica y apostólica en toda esa región, incluida la misma China, y así podamos agrandar Tu familia Apostólica a la espera de tu definitiva venida. Protege también a los católicos, judíos y musulmanes del Medio Oriente, y que cesen las guerras y las discordias en esa región, ya que todos pertenecen a la misma familia de Abraham, a quien le prometiste tu descendencia en la Tierra. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive por Siempre. Amén.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Jueves 5 de Noviembre

San Zacarías y Santa Isabel (Siglo I)

Zacarías, significa: "Dios se acordó de mí".
Isabel: "Consagrada a Dios".

Fueron los padres de san Juan Bautista. San Lucas cuenta su historia en el primer capítulo de su Evangelio, y hace a estos esposos un formidable elogio:
Los dos llevaban una vida santa, eran justos ante Dios, y observaban con exactitud todos los mandamientos y preceptos del Señor”.
En la tradición cristiana Zacarías era un sacerdote judío al que se le apareció el Arcángel Gabriel para darle las buenas nuevas de un hijo (Juan o Yahya), quién sería predecesor de Jesús, hijo de María.
Tanto él como Isabel tenían muy avanzada edad, por lo que Zacarías dudó de la palabra del ángel, por lo que éste le dijo que quedaría mudo hasta el nacimiento del niño. Recuperó el habla el día de la circuncisión (8 días después del nacimiento), cuando se debatía el nombre del niño. En medio del debate él escribió en una pizarra «Su nombre es Juan», y recuperó el habla.
Tuvo Isabel la dicha de recibir la visita de su prima, la Virgen María, quien se quedó con ella tres meses, ayudándola en los últimos tiempos de su embarazo, pues Isabel era ya una mujer mayor.
Ella reconoció, por gracia de Dios, inmediatamente a la Madre del Salvador y pronunció las palabras que se repiten millones de veces como parte del Ave María en todo el mundo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”. La Virgen Santísima contestó a Isabel, con unas palabras que ahora llamamos el himno Magnificat.
Por su parte, Zacarías, después de ser perdonado por su falta de fe, entonó un himno de alabanza, llamado el Benedictus.

Santa Ángela de la Cruz
(María de los Ángeles Guerrero González)

Religiosa, virgen, fundadora de las Hermanas de la Compañía de la Cruz
Mayo 2003, canonización

Nació cerca de Sevilla el 30 de enero de 1846. Fue bautizada el 2 de febrero. Su padre, Francisco, era cocinero del convento de los Trinitarios y su madre Josefa costurera del mismo. Tuvieron catorce hijos de los que solamente seis llegaron a la mayoría de edad. Por la pobreza pudo ir poco al colegio, aprendiendo a escribir sin dominar la ortografía, algunas nociones de aritmética y catecismo. No obstante su pobreza no le impedía, desde niña y adolescente, a compartir los bienes que tenían en casa con los más pobres.

Dos de sus dichos famosos:
Jesús, María y José, ayudadme a obedecer
Dios me hizo comprender lo que vale la humillación


Oración: Señor te pedimos mantener siempre la Fe y la Obediencia hacia Tí, aún en la aparente infertilidad de nuestra Vida, ya que Tú trastocas cualquier desierto estéril en un jardín del Edén con apenas un breve rocío matinal de tu Amor. Te lo pedimos por intercesión de San Zacarías, Santa Isabel y Santa Ángela de la Cruz. Amén.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Miércoles 4 de noviembre

San Carlos Borromeo

Arzobispo de Milán y Cardenal
(1538-1584)

Patrón de Catequistas, Seminaristas
"Carlos" significa "hombre prudente"

San Carlos Borromeo, un santo que tomó muy en serio las palabras de Jesús; "Quien ahorra su vida, la pierde, pero el que gasta su vida por Mí, la ganará".
Era un noble de alta alcurnia. Su padre, el conde Gilberto Borromeo, se distinguió por su talento y sus virtudes. Su madre, Margarita, pertenecía a la noble rama milanesa de los Médicis. Un hermano menor de su madre llegó a ceñir la tiara pontificia con el nombre de Pío IV.

Carlos era el segundo de los varones entre los seis hijos de una familia. Nació en el castillo de Arona, junto al lago Maggiore, el 2 de octubre de 1538. Desde los primeros años, dio muestras de gran seriedad y devoción.

Su hermano mayor, a quien correspondía la mayor parte de la herencia, murió repentinamente al caer de un caballo. El consideró la muerte de su hermano como un aviso enviado por el cielo, para estar preparado porque el día menos pensado llega Dios por medio de la muerte a pedirnos cuentas.
Renunció a sus riquezas y fue ordenado sacerdote y más tarde Arzobispo de Milán. Aunque no faltan las acusaciones de que su elección fue por nepotismo (era sobrino del Papa), sus enormes frutos de santidad demuestran que fue una elección del Espíritu Santo.

Como obispo, su diócesis reunía a los pueblos de Lombardía, Venecia, Suiza, Piamonte y Liguria. Los atendía a todos. Su escudo llevaba una sola palabra: "Humilitas", humildad.  El, siendo noble y riquísimo, vivía cerca del pueblo, privándose de lujos. Fue llamado con razón "padre de los pobres"
Decía que un obispo demasiado cuidadoso de su salud no consigue llegar a ser santo, y que a todo sacerdote y a todo apóstol deben sobrarle trabajos para hacer, en vez de tener tiempo de sobra para perder.
Para con los necesitados era supremamente comprensivo. Para con sus colaboradores era muy amigable y atento, pero exigente. Y para consigo mismo era exigentísimo y severo.

Fue el primer secretario de Estado del Vaticano (en el sentido moderno).
Fue blanco de un vil atentado, mientras rezaba en su capilla, pero salió ileso, perdonando generosamente al agresor.
Fundó seminarios para formar sacerdotes bien preparados, y redactó para esos institutos unos reglamentos tan sabios, que muchos obispos los copiaron para organizar según éstos, los suyos propios.

Su espíritu de oración y su amor de Dios dejaban en los otros un gran gozo espiritual, le ganaban los corazones, e infundían en todos el deseo de perseverar en la virtud y de sufrir por ella.

Fue amigo de San Pío V, San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Félix de Cantalicio y San Andrés Avelino y de varios santos más.
Es increíble la cantidad de trabajo que San Carlos podía despachar sin apresurarse nunca, a base de una actividad regular y metódica. Además, encontraba todavía tiempo para dedicarse a los asuntos de su familia, para oír música y para hacer ejercicio.

Era muy amante del saber y lo promovió mucho entre el clero, para lo que fundó en el Vaticano, con el objeto de instruir y deleitar a la corte pontificia, una academia literaria compuesta de clérigos y laicos, algunas de cuyas conferencias y trabajos fueron publicados entre las obras de San Carlos con el título de Noctes Vaticanae.

En 1575, fue a Roma a ganar la indulgencia del jubileo y, al año siguiente, la instituyó en Milán. Acudieron entonces a la ciudad grandes multitudes de peregrinos, algunos de los cuales estaban contaminados con la peste, de suerte que la epidemia se propagó en Milán con gran virulencia. El gobernador y muchos de los nobles abandonaron la ciudad. San Carlos se consagró enteramente al cuidado de los enfermos.

En la primavera de 1580, hospedó durante una semana a una docena de jóvenes ingleses que iban de paso hacia la misión de Inglaterra y uno de ellos predicó ante él: era el Beato Rodolfo Sherwin, quien un año y medio más tarde había de morir por la fe en Londres. Poco después, San Carlos le dio la primera comunión a Luis Gonzaga, que tenía entonces doce años.

Por esa época viajó mucho y las penurias y fatigas empezaron a afectar su salud.
Además, había reducido las horas de sueño y el Papa hubo de recomendarle que no llevase demasiado lejos el ayuno cuaresmal.

A fines de 1583, San Carlos fue enviado a Suiza como visitador apostólico y en Grisons tuvo que enfrentarse no sólo contra los protestantes, sino también contra un movimiento de brujas y hechiceros. En Roveredo, el pueblo acusó al párroco de practicar la magia y el santo se vio obligado a degradarle y entregarle al brazo secular. No se avergonzaba de discutir pacientemente sobre puntos teológicos con las campesinas protestantes de la región y, en cierta ocasión, hizo esperar a su comitiva hasta que consiguió hacer aprender el Padrenuestro y el Avemaría a un ignorante pastorcito.

Murió joven y pobre, habiendo enriquecido enormemente a muchos con la gracia. ……murió diciendo: "Ya voy, Señor, ya voy". En Milán casi nadie durmió esa noche, ante la tremenda noticia de que su queridísimo Cardenal arzobispo, estaba agonizando.


Oración: Te pedimos Señor, que a imitación de San Carlos Borromeo, tengamos siempre la paciencia de enseñar y saber rezar en comunidad todos los días de nuestra vida, alabándote y agradeciéndote todos los dones y bendiciones de que nos dotaste. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive por Siempre. Amén.

martes, 3 de noviembre de 2015

Martes 3 de noviembre

SAN MARTIN DE PORRES
(1579-1639)


Religioso dominico, peruano.
Breve
Tenía extraordinarios carismas con que Dios lo había enriquecido, entre ellos, la profecía, éxtasis y la bilocación. Sin salir de Lima, fue visto en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad. Mientras permanecía encerrado en su celda lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos. 
En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta, y sin que nadie le abriera. Preguntado sobre cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".
TODO EL QUE SE HUMILLA SERA ENALTECIDO
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SAN MARTIN DE PORRES fue un mulato, nacido en Lima, capital del Perú, en el 9 de diciembre de 1579. En el libro de bautismo fue inscrito como "hijo de padre desconocido". Era hijo natural del caballero español Juan de Porres (o Porras según algunos) y de una india panameña libre, llamada Ana Velásquez. Martín heredó los rasgos y el color de la piel de su madre, lo cual vio don Juan de Porres como una humillación
Vivió pobremente hasta los ocho años en compañía de la madre y de una hermanita que nació dos años después. Estuvo un breve tiempo con su padre en el Ecuador ya que este llegó a reconocerlo y también a la hermanita.  Nuevamente quedó separado del padre aunque le mandaba lo necesario para hacerle terminar los estudios.
Martín era inteligente y tenía inclinación por la medicina. Había aprendido las primeras nociones en la droguería-ambulatoria de dos vecinos de casa. La profesión de barbero en aquella época estaba ligada con la medicina.  Así adquirió conocimientos de medicina y durante algún tiempo, ejerció esta doble carrera.
Sintiendo grandes deseos de perfección, pidió ser admitido como donado en el convento de los dominicos del Rosario en Lima. Su misma madre apoyó la petición del santo, y éste consiguió lo que deseaba cuando tenía unos quince años de edad.

En el convento su vida de heroica virtud fue pronto conocida de muchos. Fue admitido sólo como "donado", es decir, como terciario y le confiaron los trabajos más humildes de la comunidad. Martín es recordado con la escoba, símbolo de su humilde servicio.  Su humildad era tan ejemplar, que se alegraba de las injurias que recibía, incluso alguna vez de parte de otros religiosos dominicos, como uno que, enfermo e irritado, lo trató de perro mulato.

En una ocasión, cuando el convento estaba en situación económica muy apurada, Fray Martín, espontáneamente se ofreció al Padre Prior para ser vendido como esclavo, ya que era mulato, a fin de remediar la situación.
Advirtiendo los superiores de Fray Martín su índole mansa y su mucha caridad, le confiaron, junto con otros oficios, el de enfermero, en una comunidad que solía contar con doscientos religiosos, sin tomar en consideración a los criados del convento ni a los religiosos de otras casas que, informados de la habilidad del hermano, acudían a curarse a Lima.
Bastante trabajo tenía el joven hermano, pero no por eso limitaba su compasión a los de su orden, sino que atendía a muchos enfermos pobres de la ciudad. El día 2 de junio de 1603, después de nueve años de servir a la orden como donado, le fue concedida la profesión religiosa y pronunció los votos de pobreza, obediencia y castidad.
Juntaba a su abnegada vida una penitencia austerísima, se contentaba con dormir debajo de una escalera unas cuantas horas, y con apenas comer apenas lo indispensable. Pasaba la mitad de la noche rezando a un crucifijo grande que había en su convento, al cual iba siempre y le contaba sus penas y sus problemas, y ante el Santísimo Sacramento y arrodillado ante la imagen de la Virgen María pasaba largos tiempos rezando con fervor.
Añadía a esto un espíritu de oración y unión con Dios que lo asemejaba a otros grandes contemplativos.

Dios quiso que su santidad se conociera fuera de las paredes del monasterio, por los extraordinarios carismas con que lo había enriquecido, entre ellos, la profecía, éxtasis y la bilocación. Sin salir de Lima, fue visto en África, en China y en Japón, animando a los misioneros que se encontraban en dificultad. Mientras permanecía encerrado en su celda lo veían llegar junto a la cama de ciertos moribundos a consolarlos. En ocasiones salía del convento a atender a un enfermo grave, y volvía luego a entrar sin tener llave de la puerta y sin que nadie le abriera. Preguntado sobre cómo lo hacía, respondía: "Yo tengo mis modos de entrar y salir".

Se le vio repetidas veces en éxtasis, y en algunas ocasiones levantado en el aire muy cerca de un gran crucifijo que había en el convento. A él acudían teólogos, obispos y autoridades civiles en busca de consejo. Más de una vez el mismo virrey tuvo que esperar ante su celda porque Martín estaba en éxtasis.
Llegaron los enemigos a su habitación a hacerle daño, y él pidió a Dios que lo volviera invisible y los otros no lo vieron.

Durante la epidemia de peste, curó a cuantos acudían a él, y curó milagrosamente a los sesenta cohermanos. Los frailes se quejaban de que Fray Martín quería hacer del convento un hospital, porque a todo enfermo que encontraba lo socorría y hasta llevaba hasta allí a algunos muy graves y pestilentes, y los recostarlos en su propia cama cuando no tenía más donde se los recibieran.
Con la ayuda de varios ricos de la ciudad fundó el Asilo de Santa Cruz para reunir a todos los vagabundos, huérfanos y limosneros y ayudarles a salir de su penosa situación.
Sorprendió a muchos con sus curaciones instantáneas, como la del novicio Fray Luis Gutiérrez que se había cortado un dedo hasta casi desprendérselo; a los tres días tenía hinchados la mano y el brazo, por lo que acudió al hermano Martín, quien le puso unas hierbas machacadas en la herida. Al día siguiente, el dedo estaba unido de nuevo, y el brazo enteramente sano. 
En cierta ocasión, el arzobispo Feliciano Vega, que iba a tomar posesión de la sede de México, enfermó de algo que parece haber sido pulmonía, y mandó llamar a Fray Martín. Al llegar éste a la presencia del prelado enfermo, se arrodilló, mas él le dijo: "levántese y ponga su mano aquí, donde me duele". “¿Para qué quiere un príncipe la mano de un pobre mulato?”, preguntó el santo. Sin embargo, durante un buen rato puso la mano donde lo indicó el enfermo y, poco después, el arzobispo estaba curado.

Otras veces, a la curación añadía la prontitud con que acudía al enfermo, pues bastaba que éste tuviera deseo de que el santo llegara, para que éste se presentase a cualquier hora. Muchas veces, entraba con las puertas cerradas con llave, como pudo comprobarlo el maestro de novicios, quien personalmente guardaba la llave del noviciado, pues, habiendo estado Fray Martín atendiendo a un enfermo, salió del noviciado y volvió a entrar sin abrir las puertas. El asombrado maestro comprobó que estaban perfectamente cerradas. Alguien le preguntó: "¿Cómo ha podido entrar?" El santo respondió: "Yo tengo modo de entrar y salir".

Era enfermero, al mismo tiempo que hortelano y herbolario, cultivaba las plantas medicinales de que se valía para sus obras de caridad y también desempeñaba el oficio de distribuidor de las limosnas que algunas veces recogía, en cantidades asombrosas, repartiendo parte de ellas para socorrer a sus propios hermanos en religión, y otra parte para los menesterosos de toda clase que había en la ciudad.
Su amabilidad se extendía hasta los animales; hay en su biografía escenas semejantes a las que se narran de San Francisco y de San Antonio de Padua. Por ejemplo, cuando después de disciplinarse, los mosquitos lo atormentaban con sus picaduras e iba a que Juan Vázquez lo curase, éste le decía: "Vámonos a nuestro convento, que allí no hay mosquitos". Y Fray Martín respondía: "¿Cómo hemos de merecer, si no damos de comer al hambriento?" __"¡Pero hermano, estos son mosquitos y no gente!”__ "Sin embargo, se les debe dar de comer, que son criaturas de Dios", respondió el humilde fraile.

Es típico el caso de los ratones que infestaban la ropería y dañaban el vestuario. El remedio no fue ponerles trampas, sino decirles: "Hermanos, idos a la huerta, que allí hallaréis comida". Los ratones obedecieron puntualmente, y Fray Martín cuidaba de echarles los desperdicios de la comida. Y si alguno volvía a la ropería, el santo lo tomaba por la cola y lo echaba a la huerta, diciendo: "Vete adonde no hagas mal". Los animales le seguían en fila muy obedientes. En una misma cacerola hacía comer al mismo tiempo a un gato, un perro y varios ratones.

Sus conocimientos no eran pocos para su época y, cuando asistía a los enfermos, solía decirles: "Yo te curo y Dios te sana". Todas las maravillas en la vida del santo hay que entenderlas asociadas con el profundo amor a Dios y al prójimo que lo caracterizaban.
Se sabe que Fray Martín y Santa Rosa de Lima, terciaria dominica, se conocieron y trataron algunas veces, aunque no se tienen detalles históricamente comprobados de sus entrevistas.
A los sesenta años, después de haber pasado 45 en religión, Fray Martín se sintió enfermo y claramente dijo que de esa enfermedad moriría. La conmoción en Lima fue general y el mismo virrey, conde de Chichón, se acercó al pobre lecho para besar la mano de aquél que se llamaba a sí mismo “perro mulato”. Mientras se le rezaba el Credo, Fray Martín, al oír las palabras "Et homo factus est", besando el crucifijo expiró plácidamente.

Murió el 3 de noviembre de 1639. Toda la ciudad acudió a su entierro y los milagros por su intercesión se multiplicaron.

Fue beatificado en 1837 por Gregorio XVI y canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII. En 1966 Pablo VI lo proclamó patrono de los peluqueros de Italia, porque en su juventud aprendió el oficio de barbero-cirujano, que luego, al ingresar en la Orden de Predicadores, ejerció ampliamente en favor de los pobres.

En la actualidad todavía se lo invoca contra la invasión de los ratones.

Notas: ……….El Beato Martín es, en los Estados Unidos y en otros países, el patrono de las obras que promueven la armonía entre las razas y la justicia interracial; por ello existen varias biografías de tipo popular,……….

BIBLIOGRAFÍA
-Vida de los Santos de BUTLER. Adaptada por el Padre Jordi Rivero
Sálesman, Eliecer, Vidas de Santos 4
Sgarbossa, Mario y Luigi Giovannini; Un Santo Para Cada Día


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San Martín de Porres, podamos encontrar con su ayuda el sendero estrecho y la puerta en nuestra Vida para llegar al Cielo junto con él. Que nos ayude a superar todas las barreras que nos separan de Tí. También te pedimos que por su intercesión cesen las luchas raciales y religiosas en el mundo, y que toda la Humanidad se vea a sí misma como una familia. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que Vive por Siempre. Amén.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Lunes 2 de Noviembre
Conmemoración de los Fieles Difuntos


Meditación de Juan Pablo II antes de la plegaria mariana, 2 de noviembre de 1997. L'Osservatore Romano
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Hemos celebrado ayer la solemnidad de Todos los Santos, y hoy la liturgia nos invita a conmemorar a los fieles difuntos. A la contemplación de cuantos ya han alcanzado la gloria de Dios, la Iglesia une el recuerdo de nuestros seres queridos, que nos han precedido con el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz (cf. Canon Romano).
Me uno espiritualmente a cuantos visitan durante estos días las tumbas de sus muertos, en los cementerios de Roma y de todo el mundo. Voy en peregrinación espiritual, en especial, a donde están enterradas las víctimas de la violencia y la guerra, de la injusticia y el hambre. Jesús, que dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25), conceda a todos los difuntos el descanso de los justos y la plenitud de la vida eterna.
2. La tradición de la Iglesia ha exhortado siempre a orar por los difuntos. El fundamento de la oración de sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo místico. Como reafirma el concilio Vaticano II, "la Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos" (Lumen gentium, 50).
Por tanto, recomienda la visita a los cementerios, el cuidado de las tumbas y los sufragios como testimonio de esperanza confiada, a pesar del dolor por la separación de los propios seres queridos. La muerte no es la última palabra sobre el destino humano, puesto que el hombre está destinado a una vida sin límites, que encuentra su plenitud en Dios.
Por esto, el Concilio subraya que "la fe, apoyada en sólidos argumentos, ofrece a todo hombre que reflexiona una respuesta a su ansiedad sobre su destino futuro, y le da al mismo tiempo la posibilidad de una comunión en Cristo con los hermanos queridos arrebatados ya por la muerte, confiriéndoles la esperanza de que ellos han alcanzado en Dios la vida verdadera" (Gaudium et spes, 18).
3. Con esta fe en el destino supremo del hombre, nos dirigimos ahora a María, que vivió al pie de la cruz el drama de la muerte de Cristo y después participó del gozo de su resurrección. Que ella, Puerta del cielo, nos ayude a comprender cada vez más el valor de la oración de sufragio por nuestros amados difuntos, nos sostenga en la peregrinación diaria en la tierra y nos ayude a tener siempre presente la meta última de la vida, que es el paraíso.
(©L'Osservatore Romano - 7 de noviembre de 1997)
vatican.va/news_services/or/home_spa.htm
Pedimos la intercesión de los siguientes Santos, para proteger a los difuntos de nuestra familia.
SANTA ADELAIDA DE LA CAMBRE, OSB Cist.
También conocida como Alicia
+1250; culto confirmado en 1907. Fue una joven monja Cisterciense del convento La Cambre. Padeció muchas aflicciones físicas. Se quedo ciega, leprosa y después paralítica, por lo que fue segregada de la comunidad. Adelaida ofreció sus sufrimientos por las almas del purgatorio y tuvo visiones de la liberación de estas por su intercesión.
SAN NICOLAS DE TOLENTINO
Patrón de las almas del Purgatorio
Resucitador – Cuerpo Incorrupto
(1245-1305)
– Ver en el Blog – 10 de Septiembre
SANTA MARGARITA MARIA ALACOQUE
– Ver en Blog – 16-Octubre
Agregamos ahora este contenido acerca de su vida
Sus amigas, las almas del Purgatorio
Trataba Santa Margarita a las almas del Purgatorio como sus queridas amigas. Su divino Dueño, Jesús, había hecho de ella solemnemente la donación de su sierva a todos nosotros durante el año 1683. Ella debía hacer y sufrir todo junto a Él por nuestro rescate.
Sta. Margarita participaba de los sufrimientos de aquellas almas, se compadecía amargamente, oraba y practicaba duras penitencias para conseguir su liberación. Un día, sentada ante Jesús Sacramentado, de repente se le presenta una persona rodeada de llamas por todas partes. Es el alma de un religioso benedictino que la había confesado una vez en Paray. Le suplica que aplique por espacio de tres meses los méritos de todas sus obras y oraciones por su entrada al cielo.
Le explicó: "Sufro tan terriblemente por el demasiado apego que tuve a mi reputación, mi poca caridad, algunas veces con mis hermanos religiosos, y alguna torcida intención en mis prácticas de devoción, y en mis relaciones con las criaturas. Margarita promete su cooperación. Durante estos tres meses permanece aquella alma cerca de su víctima voluntaria y la hace participar de los efectos del fuego purificador.
El dolor intensísimo la hace llorar casi continuamente. Al cabo de los tres meses convenidos, se le aparece de nuevo a Margarita resplandeciente de gloria y ella le ve subir al cielo. El le da las gracias y promete ser su protector delante de Dios.
Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de Santa Adelaida, San Nicolás de Tolentino y Santa Margarita María Alacoque, puedan nuestros fieles difuntos alcanzar prontamente su lugar en el cielo que les tienes preparado. Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive Eternamente. Amén.



domingo, 1 de noviembre de 2015

Domingo 1 de noviembre
Solemnidad de Todos los Santos

«La santidad no es un lujo, es una necesidad» Madre Teresa de Calcuta


El padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.

Esto es mi cuerpo: la Eucaristía a la luz del Adoro Devote y del Ave Verum

Los santos que la liturgia celebra en esta solemnidad no son sólo aquellos canonizados por la Iglesia y que se mencionan en nuestros calendarios. Son todos los salvados que forman la Jerusalén celeste. Hablando de los santos, San Bernardo decía: «No seamos perezosos en imitar a quienes estamos felices de celebrar». Es por lo tanto la ocasión ideal para reflexionar en la «llamada universal de todos los cristianos a la santidad».

Lo primero que hay que hacer, cuando se habla de santidad, es liberar esta palabra del miedo que inspira, debido a ciertas representaciones equivocadas que nos hemos hecho de ella. La santidad puede comportar fenómenos extraordinarios, pero no se identifica con ellos. Si todos están llamados a la santidad es porque, entendida adecuadamente, está al alcance de todos, forma parte de la normalidad de la vida cristiana.

Dios es el «único santo» y «la fuente de toda santidad». Cuando uno se aproxima a ver cómo entra el hombre en la esfera de la santidad de Dios y qué significa ser santo, aparece inmediatamente la preponderancia, en el Antiguo Testamento, de la idea ritualista. Los medios de la santidad de Dios son objetos, lugares, ritos, prescripciones. Se escuchan, es verdad, especialmente en los profetas y en los salmos, voces diferentes, exquisitamente morales, pero son voces que permanecen aisladas. Todavía en tiempos de Jesús prevalecía entre los fariseos la idea de que la santidad y la justicia consisten en la pureza ritual y en la observancia escrupulosa de la Ley.

Al pasar al Nuevo Testamento asistimos a cambios profundos. La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusalén o el monte de las Bienaventuranzas), ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo. En Jesucristo está la santidad misma de Dios que nos llega en persona, no en una lejana reverberación suya. Él es «el Santo de Dios» (Jn 6, 69)

De dos maneras entramos en contacto con la santidad de Cristo y ésta se comunica a nosotros: por apropiación y por imitación. La santidad es ante todo don, gracia. Ya que pertenecemos a Cristo más que a nosotros mismos, habiendo sido «comprados a gran precio», de ello se sigue que, inversamente, la santidad de Cristo nos pertenece más que nuestra propia santidad. Es éste el aletazo en la vida espiritual.

Pablo nos enseña cómo se da este «golpe de audacia» cuando declara solemnemente que no quiere ser hallado con una justicia suya, o santidad, derivada de la observancia de la ley, sino únicamente con aquella que deriva de la fe en Cristo (Flp 3, 5-10). Cristo, dice, se ha hecho para nosotros «justicia, santificación y redención» (1 Co 1, 30). «Para nosotros»: por lo tanto, podemos reclamar su santidad como nuestra a todos los efectos.

Junto a este medio fundamental de la fe y de los sacramentos, debe encontrar también lugar la imitación, esto es, el esfuerzo personal y las buenas obras. No como medio desgajado y diferente, sino como el único medio adecuado para manifestar la fe, traduciéndola en acto. Cuando Pablo escribe: «Esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación», está claro que entiende precisamente esta santidad que es fruto del compromiso personal. Añade, de hecho, como para explicar en qué consiste la santificación de la que está hablando: «que os alejéis de la fornicación, que cada uno sepa poseer su cuerpo con santidad y honor» (1 Ts 4, 3-9).

« No hay sino una tristeza: la de no ser santos», decía Léon Bloy, y tenía razón la Madre Teresa cuando, a un periodista que le preguntó a quemarropa qué se sentía al ser aclamada santa por todo el mundo, le respondió: «La santidad no es un lujo, es una necesidad». 

Oración: Señor nuestro, que por intercesión de Todos Los Santos, podamos siempre conservar nuestro cuerpo y alma a tu servicio, no apartándonos nunca del Cuerpo Místico de Tu Hijo. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.