jueves, 27 de agosto de 2020

27 de Agosto

Santa Mónica

(331-387)

Madre, Viuda

Patrona de las mujeres casadas

Mónica significa: "dedicada a la oración, y a la vida espiritual"

Breve

Patrona de las mujeres casadas, y modelo de las madres cristianas.

La Iglesia venera a Santa Mónica, esposa y viuda. Uno de sus hijos, fue San Agustín, doctor de la Iglesia. Su ejemplo y oraciones por su hijo, fueron decisivas.

El mismo San Agustín, escribe en sus Confesiones: "Ella me engendró sea con su carne, para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad".

Por su parte, San Agustín es la principal fuente sobre la vida de Santa Mónica, en especial sus Confesiones, lib. IX.

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Mónica nació en África del Norte, probablemente en Tagaste, a cien kilómetros de Cartago, en el año 332.

Sus padres, que eran cristianos, confiaron la educación de la niña, a una institutriz muy estricta.

No le permitía beber agua entre comidas, para así enseñarle a dominar sus deseos.

Más tarde, Mónica hizo caso omiso de aquel entrenamiento, y cuando debía traer vino de la bodega, lo tomaba a escondidas.

Cierto día, un esclavo que la había visto beber, y con quien Mónica tuvo un altercado, la llamó "borracha". La joven sintió tal vergüenza, que no volvió a ceder jamás a la tentación.

A lo que parece, desde el día de su bautismo, que tuvo lugar poco después de aquel incidente, llevó una vida ejemplar en todos sentidos.

Cuando llegó a la edad de contraer matrimonio, sus padres la casaron con un ciudadano de Tagaste, llamado Patricio.

Era éste un pagano, que no carecía de cualidades, pero era de temperamento muy violento y vida disoluta.

Mónica le perdonó muchas cosas y lo soportó, con la paciencia de un carácter fuerte, y bien disciplinado.

Por su parte, Patricio, aunque criticaba la piedad de su esposa, y su liberalidad para con los pobres, la respetó, y ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella.

Mónica explicó su sabiduría, sobre la convivencia en el hogar: "Es que cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues… no peleamos".

Esta fórmula, se ha hecho célebre en el mundo, y ha servido a millones de mujeres, para mantener la paz en casa.

Mónica recomendaba a otras mujeres casadas, que se quejaban de la conducta de sus maridos, que cuidasen de dominar la lengua, por ser ésta la causante, en gran parte, de los problemas en la casa.

Mónica, por su parte, con su ejemplo y oraciones, logró convertir al cristianismo, no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo, había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente, en el año 371, al año siguiente de su bautismo.

Tres de sus hijos habían sobrevivido, Agustín, Navigio, y una hija cuyo nombre ignoramos. Agustín era extraordinariamente inteligente, por lo que habían decidido darle, la mejor educación posible. Pero el carácter caprichoso, egoísta e indolente del joven, había hecho sufrir mucho a su madre.

Agustín había sido catecúmeno en la adolescencia, y durante una enfermedad, que le había puesto a las puertas de la muerte, estuvo a punto de recibir el bautismo; pero al recuperar rápidamente su salud, pospuso el cumplimiento de sus buenos propósitos. Cuando murió su padre, Agustín tenía diecisiete años, y estudiaba retórica en Cartago.

Dos años más tarde, Mónica tuvo la enorme pena de saber, que su hijo llevaba una vida disoluta, y había abrazado la herejía maniquea. Cuando Agustín volvió a Tagaste, Mónica le cerró las puertas de su casa, durante algún tiempo, para no oír las blasfemias del joven.

Pero una consoladora visión que tuvo, la hizo tratar menos severamente a su hijo. Soñó, en efecto, que se hallaba en el bosque, llorando la caída de Agustín; cuando se le acercó un personaje resplandeciente, que le preguntó por la causa de su pena. Después de escucharla, le dijo que secase sus lágrimas, y añadió: "Tu hijo está contigo". Mónica volvió los ojos, hacia el sitio que le señalaba, y vio que Agustín estaba a su lado.

Cuando Mónica contó a Agustín el sueño, el joven respondió con desenvoltura, que Mónica no tenía más que renunciar al cristianismo, para estar con él, pero la santa respondió al punto: "No se me dijo que yo estaba contigo, sino que tú estabas conmigo".

Esta hábil respuesta, impresionó mucho a San Agustín, quien más tarde, la consideraba como una inspiración del cielo. La escena que acabamos de narrar, tuvo lugar hacia fines del año 337, es decir, casi nueve años antes de la conversión de San Agustín.

En todo ese tiempo, Mónica no dejó de orar y llorar por su hijo, de ayunar y velar; de rogar a los miembros del clero, que discutiesen con él, por más que éstos le aseguraban, que era inútil hacerlo, dadas las disposiciones de Agustín.

Un obispo, que había sido maniqueo, respondió sabiamente a las súplicas de Mónica: "Vuestro hijo, está actualmente obstinado en el error, pero ya vendrá la hora de Dios". Como Mónica siguiese insistiendo, el obispo pronunció las famosas palabras: "Estad tranquila; es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". La respuesta del obispo, y el recuerdo de la visión, eran el único consuelo de Mónica, pues Agustín, no daba la menor señal de arrepentimiento.

Cuando tenía veintinueve años, el joven decidió irse a Roma, a enseñar la retórica. Aunque Mónica se opuso al plan, pues temía, que no hiciese sino retardar la conversión de su hijo, estaba dispuesta a acompañarle, si era necesario. Fue con él al puerto, en que iba a embarcarse; pero Agustín, que estaba determinado a partir solo, recurrió a una vil estratagema.

Fingiendo que iba simplemente, a despedirse de un amigo, dejó a su madre orando en la iglesia de San Cipriano, y se embarcó sin ella. Más tarde, escribió en las "Confesiones": "Me atreví a engañarla, precisamente cuando ella lloraba y oraba por mí".

Muy afligida por la conducta de su hijo, Mónica no dejó por ello, de embarcarse para Roma; pero al llegar a esa ciudad, se enteró de que Agustín, había partido ya para Milán. En Milán, conoció Agustín al gran obispo San Ambrosio. Cuando Mónica llegó a Milán, tuvo el indecible consuelo, de oír de boca de su hijo, que había renunciado al maniqueísmo, aunque todavía no abrazaba el cristianismo. La santa, llena de confianza, pensó que lo haría sin duda, antes de que ella muriese.

En San Ambrosio, por quien sentía la gratitud que se puede imaginar, Mónica encontró a un verdadero padre. Siguió fielmente sus consejos, abandonó algunas prácticas a las que estaba acostumbrada, como la de llevar vino, legumbres y pan, a las tumbas de los mártires; había empezado a hacerlo así, en Milán, como lo hacía antes en África; pero en cuanto supo, que San Ambrosio lo había prohibido, porque daba lugar a algunos excesos, ya que recordaba las "parentalia" paganas, renunció a esa costumbre.

San Agustín hace notar, que tal vez no hubiese cedido tan fácilmente, de no haberse encontrado con San Ambrosio. En Tagaste, Mónica observaba el ayuno del sábado, como se acostumbraba en África y en Roma.

Viendo que la práctica de Milán era diferente, pidió a Agustín, que le preguntase a San Ambrosio, lo que debía hacer. La respuesta del santo, ha sido incorporada al derecho canónico: "Cuando estoy aquí, no ayuno los sábados; en cambio, ayuno los sábados, cuando estoy en Roma. Haz lo mismo, y atento siempre a la costumbre de la iglesia, del sitio en que te halles".

Por su parte, San Ambrosio tenía a Mónica en gran estima, y no se cansaba de alabarla ante su hijo. Lo mismo en Milán, que en Tagaste, Mónica se contaba entre las más devotas cristianas; cuando la reina madre, Justina, empezó a perseguir a San Ambrosio, Mónica fue una de las que hicieron largas vigilias, por la paz del obispo, y se mostró pronta a morir por él.

Finalmente, en agosto del año 386, llegó el ansiado momento, en que San Agustín, anunció su completa conversión al catolicismo. Desde algún tiempo antes, Mónica había tratado de arreglarle un matrimonio conveniente, pero Agustín declaró, que deseaba permanecer célibe toda su vida. Durante las vacaciones, en la época de la cosecha, se retiró con su madre y algunos amigos, a la casa de verano de uno de ellos, que se llamaba Verecundo, en Casiciaco.

El santo ha dejado escrita en sus "confesiones", algunas de las conversaciones espirituales y filosóficas, en que pasó el tiempo de su preparación, para el bautismo. Mónica tomaba parte en esas conversaciones, en las que demostraba extraordinaria penetración y buen juicio, y un conocimiento poco común de la Sagrada Escritura.

En la Pascua del año 387, San Ambrosio bautizó a San Agustín, y a varios de sus amigos. El grupo decidió partir al África, y con ese propósito, los catecúmenos se trasladaron a Ostia, a esperar un barco. Pero ahí se quedaron, porque la vida de Mónica tocaba a su fin, aunque sólo ella lo sabía.

Poco antes de su última enfermedad, había dicho a Agustín: "Hijo, ya nada de este mundo me deleita. Ya no sé, cual es mi misión en la tierra, ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas. Mi único deseo era vivir hasta verte católico, e hijo de Dios. Dios me ha concedido más, de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena, y te has consagrado a su servicio".

En Ostia, se registran los últimos coloquios entre madre e hijo, de los que podemos deducir, la gran nobleza de alma, de esta incomparable mujer, de poca común inteligencia, ya que podía intercambiar, pensamientos tan elevados con Agustín: "Sucedió, escribe en el capítulo noveno de las Confesiones, que ella y yo nos encontramos solos, apoyados en la ventana, que daba hacia el jardín interno de la casa, en donde nos hospedábamos, en Ostia. Hablábamos entre nosotros, con infinita dulzura, olvidando el pasado y lanzándonos hacia el futuro, y buscábamos juntos, en presencia de la verdad, cual sería la eterna vida de los santos, vida que ni ojo vió, ni oído oyó, y que ni el corazón del hombre puede imaginar".

Lo último que pidió a sus dos hijos, fue que no se olvidaran de rezar, por el descanso de su alma.

Mónica había querido, que la enterrasen junto a su esposo. Por eso, un día en que hablaba con entusiasmo, de la felicidad de acercarse a la muerte, alguien le preguntó, si no le daba pena, pensar que sería sepultada tan lejos de su patria. La santa replicó: "No hay sitio que esté lejos de Dios, de suerte que no tengo por qué temer, que Dios no encuentre mi cuerpo para resucitarlo".

Cinco días más tarde, cayó gravemente enferma. Al cabo de nueve días de sufrimientos, fue a recibir el premio celestial, a los cincuenta y cinco años de edad. Era el año 387. Agustín le cerró los ojos, y contuvo sus lágrimas, y las de su hijo Navigio, pues consideraba como una ofensa, llorar por quien había muerto tan santamente.

Pero en cuanto se halló solo, y se puso a reflexionar, sobre el cariño de su madre, entonces sí lloró amargamente. El santo escribió: "Si alguien me critica, por haber llorado menos de una hora a la madre, que lloró muchos años, para obtener que yo me consagre a Ti, Señor, no permitas que se burle de mí; y si es un hombre caritativo, haz que me ayude a llorar mis pecados, en Tu presencia".

En las "Confesiones", Agustín pide a los lectores, que rueguen por Mónica y Patricio. Pero en realidad, son los fieles los que se han encomendado, desde hace muchos siglos, a las oraciones de Mónica, patrona de las mujeres casadas, y modelo de las madres cristianas.

Se cree que las reliquias de la santa, se conservan en la iglesia de San Agostino.

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Oficio de lectura, 27 de agosto, Santa Mónica

Alcancemos la sabiduría eterna

Del libro de las Confesiones de San Agustín, obispo

Libro 9,10,23-11,28

Cuando ya se acercaba el día de su muerte –día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos–, sucedió por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana, que daba al jardín interior de la casa, donde nos hospedábamos allí, en Ostia Tiberina, donde apartados de la multitud, nos rehacíamos de la fatiga del largo viaje, próximos a embarcarnos.

Hablábamos pues los dos solos, muy dulcemente, y olvidando lo que queda atrás, y lanzándonos, hacia lo que veíamos por delante, nos preguntábamos ante la verdad presente, que eres Tú, cómo sería la vida eterna de los santos, aquella que ni el ojo vió, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en Ti.

Tales cosas decía yo, aunque no de este modo, ni con estas mismas palabras; sin embargo, tú sabes, Señor, que cuando hablábamos, aquel día de estas cosas –y mientras hablábamos, íbamos encontrando despreciable este mundo, con todos sus placeres–, ella dijo:

«Hijo, por lo que a mí respecta, ya nada me deleita en esta vida. Qué es lo que hago aquí, y por qué estoy aún aquí, lo ignoro, pues no espero ya nada de este mundo. Una sola cosa me hacía desear, que mi vida se prolongara por un tiempo: el deseo de verte cristiano católico, antes de morir. Dios me lo ha concedido con creces, ya que te veo convertido, en uno de sus siervos, habiendo renunciado a la felicidad terrena. ¿Qué hago ya en este mundo?»

No recuerdo muy bien lo que le respondí, pero al cabo de cinco días o poco más, cayó en cama con fiebre. Y estando así enferma, un día sufrió un colapso, y perdió el sentido por un tiempo. Nosotros acudimos corriendo, mas pronto, recobró el conocimiento, nos miró a mí y a mi hermano allí presentes, y nos dijo en tono de interrogación:

«¿Dónde estaba?»

Después, viendo que estábamos aturdidos por la tristeza, nos dijo:

«Enterrad aquí a vuestra madre».

Yo callaba y contenía mis lágrimas. Mi hermano dijo algo, referente a que él hubiera deseado, que fuera enterrada en su patria, y no en un país lejano. Ella lo oyó con la cara angustiada, lo reprendió con la mirada por pensar así, y mirándome a mí, dijo:

«Mira lo que dice».

Luego, dirigiéndose a ambos, añadió:

«Sepultad este cuerpo, en cualquier lugar: esto no os ha de preocupar en absoluto; lo único que os pido, es que os acordéis de mí, ante el altar del Señor, en cualquier lugar donde estéis».

Habiendo así manifestado, con las palabras que pudo, este pensamiento suyo, guardó silencio, e iba luchando con la enfermedad que se agravaba.

Nueve días después, a la edad de cincuenta y seis años, cuando yo tenía treinta y tres, salió de este mundo aquella alma piadosa y bendita.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, bendice por los méritos e intercesión de Santa Mónica a todas las mujeres casadas, para que con su ejemplo y perseverancia, mantengan inextinguible el sagrado fuego en cada hogar, y así puedan transformarlo, en un digno lugar de reposo para Tí. A Tí Señor, que te dignas morar con el Padre, en cada uno, de quienes alaban tu Santo Nombre. Amén.

26 de Agosto

Santa Teresa de Jesus Jornet Ibars



Fundadora de las Hermanas de los Ancianos Abandonados

No hay nada pequeño, cuando se trata de la Gloria de Dios”

Dios en el corazón, la eternidad en la cabeza, y el mundo bajo los pies”


Breve

Santa Teresa de Jesús Jornet, Aitona, Lérida, 9 de enero de 1843 - Liria, Valencia, 26 de agosto de 1897, fue una religiosa española. En 1873, fundó la congregación religiosa, de las Hermanas de los Ancianos Desamparados, en Barbastro. A su muerte dejó 103 asilos, en España y América.

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Por Jesús Martí Ballester

El anciano abuelo tembloroso, ensuciaba con cada comida el mantel, porque derramaba la sopa. Primero sus hijos, le hicieron una cuchara de madera, pero incluso con la madera, seguía ensuciando el mantel. No puede comer con la familia. Y lo llevan a la cocina. El abuelo tiene que comer solo, sin la compañía de sus hijos y de sus nietecitos.

El niño más espabilado, se entretenía jugando con un trozo de madera, muy afanado. -¿Qué haces?, le preguntó su mamá: Y el niño, “estoy haciendo una cuchara de madera, para cuando papá y tú seáis mayores”.

En la provincia y Diócesis de Lérida, y en Aytona, España, de Francisco Jornet y de Antonieta Ibars, agricultores, nace el 9 de enero de 1843, Teresa Jornet, hoy ya canonizada, y Patrona de la ancianidad. Su caridad activa hacia los pobres, le movía a llevarlos, a la casa de su tía en Lérida, a donde se había trasladado, para poder asistir a la escuela de la ciudad.

Estudia magisterio en Argensola, provincia de Barcelona. Solicitó ser admitida en las clarisas de Briviesca, cerca de Burgos, pero no pudo profesar, por la prohibición de la legislación en vigor.

Se dedicó a la enseñanza, y se hizo terciaria carmelita. Una enfermedad que padeció, después de la muerte de su padre, la obligó a permanecer en su casa, por algún tiempo.

Don Saturnino López Novoa, canónigo de Huesca, su director, a quién confió la dirección de su alma, la encauzó hacia la fundación de una obra, destinada a recoger a los ancianos sin familia, y sin medios de subsistencia. Teresa, que hasta el momento había tenido, la desagradable impresión de no haber hecho nada en su vida, se orientó decididamente hacia este ideal.

En 1872, fundó la primera casa en Barbastro, con la ayuda de algunas jóvenes, y de su hermana María.

Teresa se adelantó a su tiempo, porque entonces, hace más de un siglo, aún dejaban en la cocina a los abuelos, aunque sea con una cuchara de madera, pero ahora ni los quieren, ni les cuidan, y se arman líos entre las familias, para zafarse del engorro de los viejos, ya que según el refrán: “Parientes y trastos viejos, pocos y lejos”.

En el Continente africano, carecen de frigoríficos, y de muchos de nuestros cachivaches de la modernidad; pasan hambre y toda clase de necesidades, pero conservan su humanísima tradición, de respetar al anciano y considerarle como una bendición. Les minusvaloramos en esta cultura de la juventud, la belleza y el cultivo de los cuerpos; pero en humanismo, el tercer mundo va por delante, con respecto al primer mundo, que se cree supercivilizado.

El 27 de enero de 1873, los miembros de la nueva congregación, recibieron el hábito religioso, y Teresa fue elegida superiora. Un grupo de buenos católicos de Valencia, propuso asegurar la vida de la pequeña comunidad.

La madre Teresa aceptó, y como está en Valencia, constituye Patrona a la Virgen de los Desamparados, título muy apropiado para los ancianos Desamparados. Muy pronto, el número de ancianos, fue aumentando y creciendo sin cesar. Para poder recibir más ancianos, compró el antiguo convento de los Agustinos.

Esta casa se convirtió en la casa madre, de la Congregación de las Hermanas de los Ancianos Desamparados. Se desarrolló tan de prisa la Obra, que en 1887, cuando fue aprobada por la Santa Sede, contaba ya con 58 casas.

María Teresa de Jesús, formó muy sólidamente a sus hijas, en el cumplimiento de sus obligaciones para con los ancianos, hasta exponerse a la soledad, al frío y al hambre, para poder darles abrigo y un verdadero cariño.

Aprendió de las terciarias carmelitas, la devoción a la Virgen, y de las clarisas, el amor a los pobres; y en los ejercicios de San Ignacio, el ardiente deseo de identificar sus sentimientos, con la voluntad divina.

Desarrolló una actividad incansable, y una inalterable confianza en Dios. A los que le reprochaban, que se ocupara de los más humildes oficios, respondía: "No hay nada pequeño, cuando se trata de la Gloria de Dios". Cuando le decían que emprendía obras, con un atrevimiento casi temerario, se sonreía diciendo: "Mientras más pobres haya, habrá más bienhechores".

Tenía el secreto de una paz interior inalterable, en medio del tráfago continuo, en sus palabras: "Dios en el corazón, la eternidad en la cabeza, y el mundo bajo los pies".

Su organismo no pudo resistir, el régimen que se impuso. A las fatigas físicas, se juntaban los dolores mortales, como el de la epidemia del cólera, que acabó con veinticuatro hermanas, y setenta ancianos. Cuando la enfermedad la obligó a detenerse, se retiró a Liria, Valencia, con la esperanza de que el buen aire, le devolviera la salud.

Murió ahí, el 26 de Agosto de 1897. El 27 de abril de 1958, el Papa Pío XII la beatificó, y fue canonizada por Juan Pablo II.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, te pedimos por los méritos y la intercesión, de Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, que nos infundas el espíritu de caridad y agradecimiento, con todos los abuelos y abuelas, sean de nuestra familia directa o no, y así poder alcanzar en esta Tierra, una larga y fructífera vida, y la gloria eterna, cuando partamos a las moradas eternas. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Que Vive y Reina contigo, por los Siglos de los Siglos. Amén.

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miércoles, 26 de agosto de 2020

25 de agosto

San Luis IX Rey de Francia


1214-1270

El rey justo hace estable el país

Comprendió que todas las cosas de este mundo, le pertenecen al Rey del Cielo. Supo cuidar, del bien espiritual y temporal de sus súbditos


Breve

Nació en el año 1214. Subió al trono de Francia, a la edad de veintidós años. De su matrimonio tuvo once hijos, a los que personalmente dio una excelente educación.

Se distinguió por su espíritu de penitencia y oración, y por su amor a los pobres.

En su manera de gobernar, se preocupó de la paz entre las naciones, y del bien temporal y espiritual de sus súbditos. Promovió dos cruzadas, para liberar el sepulcro de Cristo, y murió cerca de Cartago, en el año 1270.

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Luis nace el 25 de Abril de 1214, en Poissy, cerca de París. Era el culmen de la época medieval. Entre sus contemporáneos, están Santo Tomás y San Buenaventura.

Sus padres son el rey Luis VIII y Blanca de Castilla. El pequeño Luis, con solo 12 años, fue proclamado como Luis IX en 1227, al morir su padre. En 1235, se casó con Margarita de Provenza, y con ella tuvo 11 hijos. Fue un esposo y padre ejemplar.

San Luis se distinguió, por su espíritu de penitencia y oración. No se dejó engreír por su poder. Se preocupó por la paz entre las naciones; fue un rey energético, que supo defender a la Iglesia y buscar la justicia. Era especialmente considerado con los pobres.

Perteneció a la Orden Tercera Franciscana. Fundó muchos monasterios, y construyó la famosa Saint-Chapelle en París, cerca de la catedral, para albergar una gran colección de reliquias.

Supo guiar a sus ejércitos, para defender a Francia. Venció al Rey Enrique III de Inglaterra, en Tailebourg en 1242. Dirigió dos cruzadas, con el propósito de rechazar la invasión de los musulmanes, y liberar el sepulcro de Cristo.

En la primera cruzada, cayó prisionero en Egipto, y durante la segunda, murió de disentería, cerca de Cartagena (norte de África) en 1270. Tenía 55 años, habiendo reinado a Francia durante 44 años.

Fue canonizado en 1297.

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Del Oficio de Lectura, 25 de Agosto

San Luis Rey de Francia

El rey justo hace estable el país

Del testamento espiritual de San Luis a su hijo

(Acta Sanctorum Augusti 5 [1868]1, 546)


Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte, es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con todas tus fuerzas; sin ello, no hay salvación posible.

Hijo, debes guardarte de todo aquello, que sabes que desagrada a Dios; esto es, de todo pecado mortal, de tal manera, que has de estar dispuesto a sufrir, toda clase de martirios, antes que cometer un pecado mortal.

Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente, y con acción de gracias, pensando que es para tu bien, y que es posible que la hayas merecido.

Y si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad, y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria, o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios, no han de ser causa de que le ofendas.

Asiste de buena gana y con devoción, al culto divino, y mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada, y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor, con oración vocal o mental.

Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos, según tus posibilidades. Da gracias a Dios, por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir, otros aún mayores.

Para con tus súbditos, obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón.

Pon la mayor diligencia, en que todos tus súbditos, vivan en paz y con justicia, sobre todo, las personas eclesiásticas y religiosas.

Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al Sumo Pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio, toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.

Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición, que un padre amante puede dar a su hijo; que la Santísima Trinidad y todos los santos, te guarden de todo mal.

Y que el Señor te dé la gracia, de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti, servicio y honor, y así después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén.

Oración: Te pedimos Señor, que por los méritos y la intercesión de San Luis IX, puedan nuestros gobernantes, entender el ejercicio del poder, como de servicio a los demás y al bien común, alejando de la humanidad, toda guerra o preparativo para ella, volcando los ingentes recursos militares, en la promoción de la Humanidad, que sólo solicita a las autoridades, Pan, Paz y Trabajo. A Tí Señor, que siempre has rechazado, que te coronen rey en la tierra, y eres llamado Príncipe de la Paz, y Reinas por los Siglos de los Siglos. Amén.

martes, 25 de agosto de 2020

25 de Agosto

San José Calasanz (Calasanctius)

1556-1648

Abrió la primera escuela pública gratuita en Europa

Patrón de las escuelas públicas cristianas. (Pío XII, 1948)

Llamado en religión "a Mater Dei"


Breve:

Nació el 11 de Septiembre de 1556 en Aragón, en el año 1557, en el castillo de Calasanza. cerca de Petralta de la Sal, Aragón (España).

Obtuvo una excelente formación, y ejerció el sacerdocio en su patria.

Más tarde se trasladó a Roma, donde se dedicó a la instrucción de los niños pobres, y fundó una Sociedad, destinada a este fin. Es el fundador de los Padres Escolapios (escuelas pías).

Tuvo que sufrir duras pruebas, entre ellas, las calumnias de los envidiosos.

Murió el 25 de agosto de 1648, en Roma.

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Sus Padres son Pedro Calasanza, que era el gobernador de la región, y Doña María Gastonia. José era el menor de cinco hijos; tuvo una buena educación en su casa, y después, en la escuela de Petralta. Los religiosos que lo instruyeron en su niñez, lo entusiasmaron por la vida sacerdotal.

Desde muy pequeño, su gran deseo era poder alejar el mal y el pecado, de las almas de los demás. En el colegio, se burlaban de él los compañeros, porque les parecía demasiado piadoso, pero poco a poco, con su amabilidad, los fue ganando a su favor.

Después de sus estudios clásicos en Estadilla, estudió filosofía y leyes en Lérida, recibiendo el doctorado en leyes. Posteriormente, completó con honores, cursos de teología en Valencia y Alcalá de Henares, España.

Tras la muerte de su madre y hermano, Don Pedro quiso que José fuera militar, y se casase para perpetuar la familia, pero Dios intervino, enviandole una enfermedad en 1582, que lo llevó a José al borde de la muerte. El joven le prometió a Dios, que si le concedía la curación, se dedicaría únicamente, a trabajar por la salvación de las almas. 

El joven curó de la enfermedad, y entonces el papá le permitió cumplir su promesa, y fue ordenado sacerdote, el 17 de diciembre de 1583, por Hugo Ambrosio de Moncada, obispo de Urgel.

Sacerdote sabio, virtuoso y entregado

San José comenzó su ministerio sacerdotal, en la Diócesis de Albarracín, donde el Obispo della Figuera, lo envío a una región montañosa, donde la gente era muy ignorante en religión. Allá, entre campos y caminos peligrosos, se propuso visitar familia por familia, para enseñarles la religión.

En Barcelona, existía una terrible pelea, entre dos familias de las principales de la ciudad, con grave peligro de matanzas. San José fue enviado a poner la paz, y logró que se casara, un joven de una de las familias, con una muchacha de la familia contraria, y así volvió a haber paz, entre los que antes eran enemigos.

El señor obispo de Urgel, lo nombró su teólogo, confesor y vicario general, el más alto puesto en la diócesis, después del prelado. Cuando el obispo fue transferido a Lérida, se llevó a su teólogo. En 1586, della Figuera, fue enviado como visitador Apostólico, a la abadía de Montserrat, y José le acompañó como secretario.

El obispo murió el año siguiente, y José se marchó de allí, aunque urgentemente le pidieron que se quedase. Llegó a Calasanz, solo para estar presente en la muerte de su padre. Fue entonces llamado por su obispo de Urgel, para ser vicario-general del distrito de Trempe.

Dios lo llama a enseñar a los niños abandonados de Roma

Sentía una voz en su interior, que le decía: "¡Vete a Roma!, ¡Vete a Roma!". Y en sueños, veía multitudes de niños desamparados, que le suplicaban que se dedicara a educarlos.

Entonces renunciado a sus altos puestos, y repartiendo entre los pobres, las grandes riquezas, que había heredado de sus padres, se dirigió a pie a la Ciudad Eterna, en 1592. Allí encontró un protector, en el Cardenal Marcantonio Colonna, quién lo escogió como su teólogo, e instructor para su sobrino.

Roma ofrecía un espléndido campo, para el ministerio de la caridad, especialmente en la instrucción de los niños sin hogar, muchos de los cuales eran huérfanos. José entró en la Cofradía de la Doctrina Cristiana, que se dedicaba a enseñar catecismo a los niños. Reunía a los niños y niñas de las calles, para llevarlos a la escuela.

Los maestros, que recibían poca paga, rehusaron la carga adicional sin remuneración. José vio que era necesario fundar escuelas, para que los jovencitos, tuvieran educación e instrucción durante la semana, y no solo el domingo. En ese tiempo, los gobiernos no tenían ni escuelas ni colegios, y la juventud crecía sin instrucción.

El párroco de San Dorotea, Antonio Brendani, le ofreció dos cuartos, y le prometió ayuda en la enseñanza. Cuando otros dos sacerdotes, prometieron ayuda similar, José, en noviembre de 1597, abrió la primera escuela pública gratuita en Europa. El Papa Clemente VIII, dio una contribución anual, y muchos otros aportaron en esta gran obra. En corto tiempo, José tenía mil niños bajo su cuidado.

Funda los Escolapios y las "Escuelas Pías"

En 1602, alquiló una casa en San Andrea della Valle, y comenzó la vida comunitaria con sus asistentes. Allí puso los fundamentos, para su congregación religiosa.

A sus institutos educativos, les puso por nombre "Escuelas Pías", y los padres que acompañaban al padre Calasanz, se llamaron Escolapios. Después de un par de años, ya había "Escuelas Pías", en muchos sitios de Italia, y en muchos países.

En sus ratos libres, se dedicaban a socorrer enfermos y necesitados, especialmente durante la peste, o las inundaciones. San José de Calasanz y su amigo, San Camilo, eran incansables en el servicio.

En 1612, la escuela fue transferida, al palacio de Torres junto a San Pantaleone. Aquí José vivió el resto de sus años, como un verdadero hijo de la Iglesia, y amigo de los niños abandonados.

Oposición y reivindicación

El padre Calasanz tenía una gran fuerza, y un día se echó sobre sus espaldas, una pesadísima campana, y se subió por una escalera, para llevarla a la torre. Pero la escalera se partió, y él cayó con la campana, y se rompió una pierna. Luchó varios meses en cama, entre la vida y la muerte, y desde entonces su falta de salud, le hizo sufrir mucho. Pero los mayores sufrimientos, le iban a llegar de otra manera, totalmente inesperada.

Recibió el padre Calasanz como colaborador, a un hombre ambicioso y lleno de envidia, el cual se propuso hacerle la guerra, y quitarle el cargo de Superior General. Por las calumnias de este hombre, y de varios más, nuestro santo fue llevado a los tribunales, y solamente la intervención de un cardenal, evitó que vaya a la cárcel. Él repetía: "Me acusan de cosas que no he hecho, pero yo dejo a Dios mi defensa".

El envidioso logró a base de calumnias, que a San José Calasanz, le quitaran el cargo de Superior General, y después las acusaciones mentirosas, llegaron a tal punto, que la Santa Sede determinó acabar con la congregación, que el santo había fundado. San José, al escuchar tan triste noticia, repitió las palabras del Santo Job: "Dios me lo dio, Dios me lo quitó; bendito sea Dios".

Afortunadamente, después se supo la verdad, y al Fundador le fueron restituidos sus cargos, y la Comunidad volvió a ser aprobada, y ahora está extendida por todo el mundo. Podemos entonces comprender, por qué un cardenal que después fue Sumo Pontífice, llamó a San José Calasanz, "un segundo Job", aludiendo a los sufrimientos del Santo Job de la Biblia.

Por las quejas y calumnias, contra San José de Calasanz y las Escuelas Pías, el Sumo Pontífice Clemente VIII, envió a los sabios Cardenales Baronio y Antoniani, a que hicieran una visita sorpresa a las escuelas. Los dos cardenales se presentaron repentinamente, y encontraron que todo funcionaba tan espléndidamente bien, que el Papa al escuchar su excelente informe, se propuso ayudarlas mucho más en el futuro.

Algo parecido, hizo más tarde el Papa Paulo V, y al darse cuenta de lo bien que funcionaban, las escuelas del padre Calasanz, le concedió toda su ayuda. Y en verdad que la necesitaba, porque las dificultades que se les presentaban, eran muy grandes.

Final de una vida santa

El 25 de agosto del año 1648, a la edad de 92 años, pasó este gran apóstol a la eternidad, a recibir el premio de sus grandes obras apostólicas, y de sus muchísimos sufrimientos. Fue sepultado el 26 de agosto del 1648.

Fue beatificado el 7 de agosto de 1748, y canonizado por Clemente XIII, el 16 de julio del 1767.

Dicen que San Alfonso de Ligorio, cuando estaba fundando la Congregación de los Padres Redentoristas, y encontraba fuertes dificultades y oposiciones, leía la vida de San José de Calasanz, para animarse y seguir luchando, hasta conseguir la definitiva aprobación.

Los padres Escolapios, continúan la excelente obra de su fundador, en sus escuelas esparcidas por todo el mundo. Tienen 205 casas en el mundo, dedicadas a la educación, con 1630 religiosos.

La vida de San José Calasanctius fue escrita por Timon-David (Marseilles, 1883); Hubert (Mainz, 1886); Tomaseo (Rome, 1898); Heidenreich (1907). Cf. Hist. polit. Blatter, CXX, 901; Fehr in Kirchenlexicon, s. v.

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San José de Calasanz, Presbítero

Procuremos vivir unidos a Cristo, y agradarle sólo a Él

De los escritos de San José de Calasanz, presbítero

Memorial al cardenal M.A. Tonti, 1621; Ephemerides Calasantiae 36, 9-10, Roma 1967, pp, 473, pp. 473-374; L. Picanyol Epistolario di S. Giuseppe Clasanzio


Nadie ignora la gran dignidad y mérito, que tiene el ministerio de instruir a los niños, principalmente a los pobres, ayudándolos así a conseguir la vida eterna. En efecto, la solicitud por instruirlos, principalmente en la piedad y en la doctrina cristiana, redunda en el bien de sus cuerpos, y de sus almas, y por esto, los que a ellos se dedican, ejercen una función muy parecida, a la de sus ángeles custodios.

Además, es una gran ayuda, para que los adolescentes, de cualquier género o condición, se aparten del mal, y se sientan suavemente atraídos e impulsados, a la práctica del bien. La experiencia demuestra, que con esta ayuda, los adolescentes llegan a mejorar de tal modo su conducta, que ya no parecen ser los mismos de antes.

Mientras son adolescentes, son como retoños de plantas, que su educador puede inclinar, en la dirección que le plazca; mientras que si se espera a que se endurezcan, ya sabemos la gran dificultad, o a veces, la total imposibilidad, que supone doblegarlos.

La adecuada educación de los niños, principalmente de los pobres, no sólo contribuye al aumento de su dignidad humana, sino que es algo que merece la aprobación, de todos los miembros de la sociedad civil y cristiana: de los padres, que son los primeros en alegrarse, de que sus hijos sean conducidos por el buen camino; de los gobernantes, que obtienen así unos súbditos honrados, y unos buenos ciudadanos; y sobre todo de la Iglesia, ya que son introducidos de un modo más eficaz, en su multiforme manera de vivir y de obrar, como seguidores de Cristo, y testigos del Evangelio.

Los que se comprometen a ejercer, con la máxima solicitud esta misión educadora, han de estar dotados de una gran caridad, de una paciencia sin límites, y sobre todo, de una profunda humildad, para que así sean hallados, si se lo piden con humilde afecto, dignos que el Señor los haga idóneos cooperadores de la verdad, los fortalezca en el cumplimiento de este nobilísimo oficio, y les dé finalmente el premio celestial, según aquellas palabras de la Escritura: “Los que enseñaron a muchos la justicia, brillarán como las estrellas, por toda la eternidad”.

Todo esto se conseguirá más fácilmente, si fieles a su compromiso perpetuo de servicio, procuran vivir unidos a Cristo, y agradarle sólo a Él, ya que Él ha dicho: Cada acción que hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.

Oración: Señor y Dios nuestro, que has enriquecido a San José de Calasanz, con la caridad y la paciencia, para que pudiera entregarse sin descanso, a la formación humana y cristiana de los niños, concede a todos los maestros y profesores del mundo, a dedicarse con generosidad, en su sagrado ministerio. A Tí Señor, que eres el Divino Maestro, y Vives y Reinas por los Siglos de los Siglos. Amén.


lunes, 24 de agosto de 2020

24 de agosto

SAN BARTOLOME


También llamado "Natanael"
Apóstol

Etim. "hijo de Tolomai"

Bartolomé es uno de los 12 Apóstoles (Mt 10,3).

Predicó en Egipto, Mesopotamia, India y Armenia, donde lo martirizaron


El apóstol Felipe lo llevó a Jesús. Bartolomé es la misma persona llamada Natanael, mencionado en el Evangelio de San Juan, donde nos dice que era de Caná. (Jn 21,2).

Los Hechos de los Apóstoles, mencionan también su presencia en Pentecostés (1,13).

Según la tradición, después de la ascensión del Señor, predicó extensamente el Evangelio hasta en la India.

Felipe dice a Natanael, que han encontrado al Mesías esperado. Natanael al principio duda, al saber que Jesús es de Nazaret. Felipe insistió: «Ven y lo verás.» (v.46). Es entonces que ocurre el encuentro entre Jesús y Natanael.

"Vio Jesús que se acercaba Natanael, y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño».

-Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?»
-Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi».

-Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel».
-Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees?. Has de ver cosas mayores.» Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios, subir y bajar sobre el Hijo del hombre.» (Jn 1:47-51).

Según la Martiriología Romana, Bartolomé predicó en la India y en Armenia, donde murió mártir. Todavía con vida, le arrancaron la piel, y fue decapitado por el Rey Astyages en Derbend. Según la tradición, este martirio ocurrió en Abanopolis, en la costa occidental del Mar Caspio, después de haber predicado también en Mesopotamia, Persia y Egipto.

Según Eusebius, Pantenus de Alejandría (Siglo II), encontró en la India, un Evangelio de San Mateo, atribuido a Bartolomé y escrito en hebreo. Dicho evangelio es apócrifo, y fue condenado en el decreto de Pseudo-Gelasius.

Las reliquias de San Bartolomé, según una tradición, fueron enterradas en la isla de Lipara, y eventualmente fueron trasladadas a Benevento, Italia, y después a Roma, donde ahora están en la Iglesia de San Bartolomé, en la "Isola San Bartolomeo", del río Tiber. Se dice que la Reina Emma, la esposa del Rey Canuto, entregó uno de sus brazos a Canterbury, en el siglo XI.

En la iconografía, se le representa con barba, un libro y un cuchillo -utilizado en su martirio-.

San Bartolomé, es patrón de los carniceros, fabricantes de libros, guantes, pieles, zapateros, sastres, mercaderes de queso, viñadores, albañiles y otros. Se le invoca contra desórdenes nerviosos.

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Del Oficio de Lectura, 24 de Agosto, San Bartolomé, Apóstol

Lo débil de Dios, es más fuerte que los hombres

De las homilías de San Juan Crisóstomo, Obispo, sobre la primera carta a los Corintios

El mensaje de la cruz, anunciado por unos hombres sin cultura, tuvo una virtud persuasiva, que alcanzó a todo el orbe de la tierra; y se trataba de un mensaje, que no se refería a cosas sin importancia, sino a Dios y a la verdadera religión, a una vida conforme al Evangelio, y al futuro juicio; un mensaje que convirtió en sabios, a unos hombres rudos e ignorantes. Ello nos demuestra, que lo necio de Dios, es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios, es más fuerte que los hombres.

¿En qué sentido es más fuerte?. En cuanto que invadió el orbe entero, y sometió a todos los hombres, produciendo un efecto contrario, al que pretendían todos aquellos, que se esforzaban en extinguir el nombre del Crucificado, ya que hizo, en efecto, que este nombre obtuviera un mayor lustre y difusión.

Ellos, por el contrario, desaparecieron, y aún durante el tiempo, en que estuvieron vivos, nada pudieron contra un muerto. Por esto, cuando un pagano dice de mí, que estoy muerto, es cuando muestra su gran necedad; cuando él me considera un necio, es cuando mi sabiduría, se muestra superior a la suya; cuando me considera débil, es cuando él se muestra más débil que yo.

Porque ni los filósofos, ni los maestros, ni mente humana alguna, hubiera podido siquiera imaginar, todo lo que eran capaces de hacer, unos simples publicanos y pescadores.

Pensando en esto, decía San Pablo: “Lo débil de Dios, es más fuerte que los hombres”. Esta fuerza de la predicación divina, la demuestran los hechos siguientes. ¿De dónde les vino a aquellos doce hombres ignorantes, que vivían junto a lagos, ríos y desiertos, el acometer una obra de tan grandes proporciones, y el enfrentarse con todo el mundo; ellos, que seguramente no habían ido nunca a la ciudad, ni se habían presentado en público?.

Y más, si tenemos en cuenta que eran miedosos y apocados, como sabemos, por la descripción que de ellos nos hace el evangelista, que no quiso disimular sus defectos, lo cual constituye la mayor garantía de su veracidad. ¿Qué nos dice de ellos?. Que cuando Cristo fue apresado, unos huyeron, y otro el primero entre ellos, lo negó, a pesar de todos los milagros que había presenciado.

¿Cómo se explica pues, que aquellos, que mientras Cristo vivía, sucumbieron al ataque de los judíos, pero después, una vez muerto y sepultado, se enfrentaran contra el mundo entero, si no es por el hecho de su resurrección, que algunos niegan, y porque les habló y les infundió ánimos?.

De lo contrario, se hubieran dicho: «¿Qué es esto?. ¿No pudo salvarse a sí mismo, y nos va a proteger a nosotros. Cuando estaba vivo, no se ayudó a sí mismo, y ¿ahora, que está muerto, nos tenderá una mano?. Él, mientras vivía, no convenció a nadie, y ¿nosotros, con sólo pronunciar su nombre, persuadiremos a todo el mundo?. No sólo hacer, sino pensar algo semejante, sería una cosa irracional».

Todo lo cual es prueba evidente, de que si no lo hubieran visto resucitado, y no hubieran tenido pruebas bien claras de su poder, no se hubieran lanzado a una aventura tan arriesgada.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos el don de la sinceridad de San Bartolomé, siendo siempre objetivos en nuestros pensamientos y deseos, sabiendo reconocer cuando estemos equivocados, y así despojarnos del amor propio, como lo hizo el amado Apóstol. A Tí Señor, que eres Camino, Verdad y Vida. Amén.

domingo, 23 de agosto de 2020

23 de Agosto

San Felipe Benicio, confesor


(† 1285)

Cuerpo Incorrupto

Hizo brotar agua del monte Montagrate

El 15 de agosto de 1233, nace Felipe en Florencia, hijo de Jacobo, de la noble familia de los Benizi y de Albanda.

Estudió en Francia y después en Padua, obteniendo el grado de doctor. En septiembre de 1253, regresaba a Florencia, y lejos de dejarse deslumbrar, por las brillantes esperanzas que le lisonjeaban sus amistades, sus inclinaciones seguían siendo entregarse al Señor. Visitaba con asiduidad la capilla de los servitas, del barrio florentino de Cafaggio, donde se venera una imagen de la Virgen, pintada por manos de ángeles.

El 16 de abril, jueves de Pascua, deliberando sobre el estado que debería tomar, entró en la abadía de Fiésole. Se celebraba la misa. La epístola del día, estaba tomada del libro de los Hechos, donde se narra la conversión del mayordomo de la reina de Etiopía. Al llegar al texto: "El Espíritu dijo a Felipe: Acércate, y júntate a este carro" (Act. 8, 29), le pareció que iban dirigidas a él (siendo Felipe su nombre).

Se marchó a su casa, y estuvo en oración hasta la medianoche. En sueños se vio abandonado en un paraje desierto, entre precipicios, rocas escarpadas, lodazales, serpientes y alimañas peligrosas. Atemorizado con tan espantosa representación, empezó a dar gritos, aunque sin volver del rapto.

Entonces se le mostró la Virgen, con el hábito de los servitas, sobre un carro resplandeciente, rodeada de ángeles y bienaventurados, que le repetía las palabras de la misa: "Felipe, acércate, y júntate a este carro".

Al día siguiente, llamó al convento de Cafaggio, preguntando por el prior, que era Bonfiglio Bonaldi, uno de los siete fundadores de la Orden. El 17 de abril, recibió el hábito negro de los hermanos conversos.

Como las visitas no le dejaban en paz, ni podía tener sosiego, fue trasladado al monte Senario, a 13 kilómetros de Florencia. Allí vivió apartado de todos, y para entregarse con más libertad y sosiego a la oración, pidió residir en una gruta natural, que ahora se conoce con el nombre, de "fuente de San Felipe".

Un día quiso tentar su virtud, una mujer infame. El Santo la despidió con energía, y después, se tendió largo rato sobre la nieve. Desde entonces, toda concupiscencia carnal desapareció de él.

El Santo hubiera sido feliz, en aquella vida de trabajo y obscuridad, ocupado solamente en sus deberes de lego, y en la contemplación de los dolores de la Virgen. Pero a fines de 1259, fue destinado a Siena, para que atendiese al cuidado, de una nueva fundación de la Orden.

Por el camino, tuvo un encuentro casual, con dos padres dominicos, que bien pronto quedaron maravillados, por la modestia del converso, tan docto y piadoso. Pareciéndoles, que tener bajo el celemín tan gran lumbrera, era algo dañino que hacían a su propia Orden, y aun a la misma Iglesia, y dieron cuenta a sus superiores, de las extraordinarias cualidades de Felipe, persuadiéndoles a que tratasen de elevarle al sacerdocio.

Aunque él se resistía, consiguieron dispensa de Roma, y en el Sábado Santo, del 12 de abril de 1259, fue ordenado sacerdote. A fin de prepararse tranquilamente hasta Pentecostés, no dijo la primera misa.

En el año 1262, fue nombrado maestro de novicios, y definidor general. Al año siguiente, llegó a asistente del padre general; y por fin, el 5 de junio de 1267, fue elegido general de la Orden, aunque por humildad, previamente trató por todos los medios de eximirse de tales cargos.

En mayo de 1268, las constituciones de la Orden tomaron por base, la regla agustiniana. En agosto del mismo año, en el capítulo general de Pistoya, San Felipe intentó dimitir el generalato; pero le hicieron comprender, el daño que causaría su dimisión.

Después de la muerte de Clemente IV, los cardenales hablaron de elegirle Papa. Pero él se escondió, hasta que se hizo pública, la elección de Gregorio X. En ese tiempo, se dio un milagro. Habiéndose secado el manantial que le proveía de agua, se dice que dio tres golpes con su bastón en el suelo, brotando un chorro tan copioso, que formó una especie de laguna, que aún lleva el nombre de "Baños de San Felipe", en el monte de Montagrate, y se atribuyen a tales aguas, virtudes milagrosas.

Entendió que el Señor le llamaba, a extender el culto y singular devoción, que profesa su Orden a la Santísima Virgen, por otros países.

El papa Gregorio X, había aprobado a los servitas, pero no por escrito. Vuelto a Italia, en 1276 Felipe nuevamente, ejerció su papel de pacificador en Bolonia, Florencia y Pistoya.

Decía: "Esto es una Babilonia maldita, donde no reina Jesucristo, sino el impío Nabucodonosor, el demonio, donde vuestras manos, cada día sacrifican muchas vidas humanas". El 18 de enero de 1280, la paz fue proclamada, y ratificada con solemne juramento en Florencia.

En 1276, la Orden estuvo amenazada de supresión, por Inocencio V.

A fines de 1282, estuvo el santo en Forli, donde sus predicaciones, no fueron del gusto de ciertos jóvenes. Capitaneados por Peregrino Latiosi, arremetieron contra él, le desnudaron vergonzosamente y le azotaron, arrojándole de la ciudad. Sin embargo, el propio Latiosi, arrepentido de su acción, volvió a buscar al santo, pidiéndole con toda humildad, que le admitiera en su Orden, donde llegó a ser un religioso ejemplar.

En 1284, San Felipe recibió, en la tercera Orden de las "mantellatas" —así llamadas a causa de su vestido—, a Santa Juliana de Falconieri. A dicha Orden, se agregó también una hermana del Santo.

Por aquellos tiempos, fundó una casa para arrepentidas, en Todi, siendo las dos primeras novicias, dos pobres mujeres que quisieron tentarle.

Cayó con fiebre, el 15 de agosto de 1285, en la Asunción de Nuestra Señora, después de haber estado predicando toda la mañana. Al final, pidió el crucifijo. Besándolo tiernamente, dijo: "Este es mi libro. Aquí es donde yo he aprendido, el camino del cielo".

Y aplicándolo al corazón, murió en la noche del 22 de agosto de 1285. Para satisfacer la devoción de los fieles, su cuerpo estuvo expuesto hasta el día 28, incorrupto y como perfumado, a pesar del calor.

León X beatificó a Felipe Benicio. En 1586, el cardenal Baronio, le incluyó en el martirologio romano, con el título de "fundador" de los servitas, que no es totalmente exacto.

Fue canonizado por Clemente X, en 1671, aunque el acta de canonización no fue promulgada hasta Benedicto XIII, en 1724. Inocencio XII, en 1694, le incluyó en el calendario litúrgico de la Iglesia Universal.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que a semejanza de San Felipe Benicio, concédenos el don de la castidad y la pureza de espíritu, incluso al interior del matrimonio, liberándonos de la lepra de la concupiscencia, y así poder regresar a tu seno, de manera digna para tus gloriosas manos. A Tí Señor, que nos advertiste, que en el solo deseo, ya estaba el pecado carnal. Amén.