domingo, 28 de abril de 2019


Domingo 28 de Abril

La Fiesta de la Misericordia


Domingo después de Pascua de Resurrección.
Instituida oficialmente por la Iglesia, en el año 2000

Reflexión de su Santidad Papa Juan Pablo II

La Humanidad no tendrá paz, hasta que se vuelva con confianza, a Mi Misericordia

La Hora de Gran Misericordia: a las 15 horas de cada día, en el lugar donde nos encontremos.

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"

Misericordia Divina, escudo protector de las llamas infernales, en Ti confío”.

Breve
El Señor le pide a Santa Faustina, por lo menos 14 veces, que se instituya oficialmente, una "Fiesta de la Misericordia" (Diario de Santa Faustina)

Esta Fiesta, surge de Mi piedad mas entrañable...Deseo que se celebre con gran solemnidad, el primer domingo después de Pascua de Resurrección....Deseo que la Fiesta de la Misericordia, sea refugio y abrigo para todas las almas, y especialmente para los pobres pecadores.

Las entrañas mas profundas de Mi Misericordia, se abren ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias, sobre aquellas almas, que acudan a la fuente de Mi misericordia.

El alma que acuda a la Confesión, y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema en acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la grana. Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer en aquel que la recibe, la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico, es "fuente de toda gracia".

Nuestro Señor manifestó a Santa Faustina, que en la "Fiesta de la Misericordia", se abrían todas las compuertas, a través de las cuales, fluían las gracias divinas. Gracias de conversión, y perdón de los pecados.

La Hora de Gran Misericordia: a las 15 horas de cada día, en el lugar donde nos encontremos. Nuestro Señor Jesucristo dijo a Sor Faustina en 1937: “A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono, al momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada, al alma que Me pida algo, en virtud de Mi pasión”

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Domingo de la Misericordia: homilía del Papa Juan Pablo II, 2001

¿Por qué el Señor manifiesta su Misericordia?:

Después de haber visto brevemente, como el Señor manifestó a Santa Faustina, el deseo de su Corazón, de que se arraigara en los corazones, la devoción a su Divina Misericordia, nos podremos preguntar. ¿Por qué?. ¿Por qué el Señor en pleno siglo XX, se aparece a esta religiosa, y con insistencia, le pide que se establezca esta devoción?.

Si pensamos un poco, no es una devoción nueva, ha estado siempre en la Iglesia, desde que el Corazón de Dios existe, pero de una forma nueva, el Señor presenta su Misericordia, fluyendo y derramándose en forma de dos rayos, que no tienen otro fin, más que el de la conversión y arrepentimiento del pecado. Aquí está el propósito del Señor.

El Señor, contemplando como la humanidad en el siglo mas avanzado tecnológicamente, se ha alejado de Él, y ha caído en las garras del pecado y de la oscuridad, quiso dar a los hombres, el remedio para salir de la fosa, en la que se ha adentrado.

Jesús se le reveló a Santa Faustina, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, y muchas almas, recibieron gracias de conversión y de fortaleza, al venerar la imagen de Jesús Misericordioso, que se propagó rápidamente en toda Polonia, y luego en el resto de Europa y el mundo.

El hombre necesita a Dios, y Dios en su Amor, sale a su encuentro, derramando los rayos de Misericordia, que tanto le costaron, porque el precio fue, que su Corazón fuese Traspasado.

El hombre de hoy, necesita escuchar que hay esperanza; que Dios en su Misericordia, quiere que todos se salven, pero la única condición, es el cambio de corazón: el reconocer los pecados, y con profundo arrepentimiento, volver a Dios y alejarse del mal.

"La Humanidad no tendrá paz, hasta que torne con confianza a Mi Misericordia".

La Paz es fruto de la amistad con Dios, los hombres de hoy no tienen paz, porque han tornado su corazón lejos de Dios. El Señor le dijo a Santa Faustina, que solo tendría paz la humanidad, cuando se tornase a su Misericordia; porque solo habrá paz en el corazón del hombre, hasta que se arrepienta, y vuelva a restablecer su amistad con Dios su Señor.

Oremos todos por la conversión de los pecadores, por nuestra propia conversión, y la de todos los que viven en pecado mortal. Atraigamos a todos, a la "fuente de la Misericordia", el Corazón de Jesús, y sumerjámonos en él, para que sean liberados y sanados del pecado, que les separa del Señor, y la gracia de Dios, se restituya en toda la humanidad.

"Oh Sangre y Agua que brotaron del Corazón de Jesús, como manantial de Misericordia para nosotros.... En Ti confío".

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La Hora de la Gran Misericordia: Las tres de la tarde

El 10 de octubre de 1937, Santa Faustina recibió instrucciones del Señor, concerniente a otro elemento principal de la devoción a la Divina Misericordia; esto es, La Hora de Gran Misericordia:

A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono, al momento de la agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo, en virtud de Mi pasión”.

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DECRETO SOBRE LAS INDULGENCIAS RECIBIDAS EN LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
Se enriquecen con indulgencias, actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina.

"Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad..." (Oración después del himno "Te Deum") y "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder, con el perdón y la misericordia..." (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente, la santa Madre Iglesia.

En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto, como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial, cuando el mismo Dios todopoderoso, perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables, a su amistad, que merecidamente habían perdido.

Así, los fieles son impulsados a conmemorar, con íntimo afecto del alma, los misterios del perdón divino, y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia; más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud, las obras exigidas, y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia.

"El misterio pascual, es el culmen de esta revelación y actuación de la Misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia, en el sentido del orden salvífico, querido por Dios desde el principio para el hombre, y mediante el hombre, en el mundo" (Dives in misericordia, 7).

La Misericordia divina realmente sabe perdonar, incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles, a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que siempre, con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme propósito de no volver a pecar.

Esas disposiciones del alma, consiguen efectivamente, el perdón de los pecados mortales, cuando el fiel recibe con fruto, el sacramento de la penitencia, o se arrepiente de los mismos, mediante un acto de caridad perfecta, y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes, al mismo sacramento de la penitencia.

En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador, debe confesar su miseria ante Dios, diciendo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra Tí; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo" (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello, es obra de Dios: "Estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado" (Lc 15, 32).

Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles, estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua, se dedique a recordar con especial devoción, estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo, la denominación de "Domingo de la Misericordia divina" (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).

El evangelio del segundo domingo de Pascua, narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo, el día mismo de la Resurrección, en la primera aparición pública: "Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos, y les dijo: "La paz con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

Jesús les dijo otra vez: "La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos"" (Jn 20, 19-23.

Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice, ha establecido que el citado domingo, se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles reciban, con más abundancia, el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así, una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo; y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez, perdonen generosamente a sus hermanos.

De esta forma, los fieles vivirán con más perfección, el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí, la renovación ilustrada, e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II: "Los cristianos, recordando la palabra del Señor "En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros" (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir, cada vez más generosa y eficazmente, a los hombres del mundo actual. (…). Quiere el Padre, que en todos los hombres, reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra" (Gaudium et spes, 93).

Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo, de fomentar al máximo en el pueblo cristiano, estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia Divina, por los abundantísimos frutos espirituales, que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida, el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos, responsables de la Penitenciaría Apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística, y oración por las intenciones del Sumo Pontífice), al fiel que en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia Divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad, realizados en honor de la Misericordia Divina; o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en Ti"). Se concede la indulgencia parcial, al fiel que al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso, una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos, a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares, y otras causas parecidas, han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa, no pueden abandonar su casa, o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina, si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti").

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria, los que se unan con la intención, a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia, y ofrecen a Dios misericordioso una oración, y a la vez los sufrimientos de su enfermedad, y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas, para lucrar la indulgencia plenaria.

Los sacerdotes que desempañan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles, acerca de esta saludable disposición de la Iglesia; préstense con espíritu pronto y generoso, a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la Santa Misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad, en honor de la Misericordia Divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7), al impartir la catequesis, impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible, obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del "Enchiridion Indulgentiarum".
Este decreto tiene vigor perpetuo, no obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor

Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente

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LETANIAS A LA MISERICORDIA DIVINA

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos: Jesucristo escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que sois Un solo y verdadero Dios, ten piedad
de nosotros.

* EN TÎ CONFÎO

1.- Jesús, Rey de Misericordia, que has redimido el mundo.*
2.- Jesús, Rey de Misericordia, por quien todas las cosas fueron
creadas.*
3.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos has santificado.*
4.-Jesús, Rey de Misericordia, que nos revelasteis el misterio de La Santísima Trinidad.*
5.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos manifestasteis la Omnipotencia de Dios.*
6.- Jesús, Rey de Misericordia, que te manifiestas en la creación de los espíritus celestiales.*
7.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos formasteis de la nada.*
8.- Jesús, Rey de Misericordia, que abrazas todo el universo.*
9.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos das la vida eterna.*
10.-. Jesús, Rey de Misericordia, que nos proteges del castigo merecido.*
11.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos libras de la miseria del pecado.*
12.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes la justificación en el verbo encarnado.*
13.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes misericordia por Tus Santas llagas.*
14.- Jesús, Rey de Misericordia, que brota de Tu Santísimo Corazón.*
15.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos distes a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia.*
16.- Jesús, Rey de Misericordia, por la cual has sufrido Tu encarnación, Pasión y Muerte.*
17.- Jesús, Rey de Misericordia, por medio de la cual ayudas a todos, en todas partes y siempre.*
18.- Jesús, Rey de Misericordia, por la cual nos has prevenido con Tus Gracias.*
19.- Jesús, Rey de Misericordia, la que nos has manifestado revelándonos los Misterios Divinos.*
20.- Jesús, Rey de Misericordia, la que manifestastes instituyendo Tu Santa Iglesia.*
21.- Jesús, Rey de Misericordia, que habiendo instituido los Santos Sacramentos, nos abristes los torrentes de Tus Gracias.*
22.- Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con los Santos Sacramentos del
Bautismo y de la Penitencia.*
23.- Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con la Santísima Eucaristía y el Sacerdocio*
24.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos has llamado a Nuestra Santa Fe.*
25.- Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas por la conversión de los pecadores.*
26. Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas iluminando a los fieles.*
27.- Jesús, Rey de Misericordia, que la revelas por la santificación de los justos.*
28.- Jesús, Rey de Misericordia, que llevas a los santos a la cumbre de la santidad.*
29.- Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tus Santas llagas.*
30.- Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tu Santísimo Corazón.*
31.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres consuelo de los enfermos y afligidos.*
32.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el único consuelo de los corazones afligidos.*
33.- Jesús, Rey de Misericordia, que das esperanzas a las almas que se hallan en desesperación.*
34.- Jesús, Rey de Misericordia, que acompañas a todos los hombres siempre y en todas partes.*
35.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos colmas con el torrente de Tus Gracias.*
36.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el refugio de los moribundos.*
37.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el consuelo de las almas del purgatorio.*
38.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la Corona de todos los Santos.*
39.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el gozo celestial de los que se salvan.*
40.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la fuente inagotable de los milagros.*
41.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la salvación del mundo entero.*
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten piedad de nosotros.

Las Misericordias de Dios, son más grandes que todas sus obras.
Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.

ALABANZAS A LA DIVINA MISERICORDIA

El Amor de Dios es la flor;
La Misericordia el fruto.
Que el alma titubeante lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza.

Misericordia Divina, que brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, humano o angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan vida y felicidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, abrazando todo el universo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que bajas a la tierra en la Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús, en Ti confío.
Misericordia Divina, enclaustrada en el Corazón por nosotros, y especialmente por los pecadores, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en la institución de la Sagrada Hostia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la justificación de nosotros por Jesucristo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas a lo largo de la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos abrazas, especialmente a la hora de la muerte, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien recibimos el don de la inmortalidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, siempre a nuestro lado en cada instante de nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, escudo protector de las llamas infernales, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierte el pecador empedernido, en Ti confío.
Misericordia Divina, que dejas atónitos a los ángeles; inasequible también a los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos rescatas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de felicidad y gozo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos trajiste a la existencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que rodeas con Tus brazos toda obra de Sus manos, en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides toda la obra de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti confío.
Misericordia Divina, única esperanza de los desesperados, en Ti confío.
Misericordia Divina, remanso de corazones, paz en la turbulencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, esperanza renovada, perdida ya toda esperanza, en Ti confío.

Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu bondadosa mirada y aumenta Tu misericordia en nosotros para que en los momentos difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con la máxima confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es Amor y Misericordia.

Oh incomprensible e infinita Misericordia Divina, ¿quién podrá adorarte como Te mereces. Eres la dulce esperanza del pecador. Uníos estrellas, mar y tierra en un sólo himno y cantad a coro, con vuestra mejor voz, la misericordia Divina, cuya comprensión no se nos alcanza. (11, 296-297).




Sexta Feria, 19 de abril

San Expedito y Compañeros Mártires


Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo

Soldado y mártir romano

Siglo IV

No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano"

Protector de jóvenes, de estudiantes, enfermos, de problemas laborales y de familia, y de juicios.

San Expedito, fue comandante de una legión romana, y como tal, defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano, fue martirizado, posiblemente por orden del emperador Diocleciano en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él, murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires, dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge.

Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio en forma de un cuervo, que le gritaba "cras, cras cras" (En latín significa "Mañana, Mañana, Mañana"). Así trataba de persuadirlo, a que dejase su decisión para después, ya que el demonio sabe, que lo que se deja para mañana, hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer.

Pero Expedito, aplastó al cuervo tentador con prontitud, diciendo "¡HODIE, HODIE, HODIE!" (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano".

Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento, su valor y disciplina para el Reino de Dios.

Aunque se desconoce el origen de su nombre, aparece en la Martiriología Romana, junto a Hermógenes y compañeros. Su nombre es sinónimo de prontitud, y se le tiene por gran y pronto intercesor.

A San Expedito, se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo más importante, es renunciar a la vida de pecado, y decidirnos cabalmente por Cristo. Seamos pues inspirados por su prontitud y valor, al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias, cuando los cristianos eran perseguidos a muerte. Que nosotros también digamos "HOY" a Jesús, y aplastemos los engaños del tentador.

También se le venera como protector de jóvenes, de estudiantes, enfermos, de problemas laborales y de familia, y de juicios.

Se alega que el santo aparece como un error de escribano, cuando en el siglo XIX, una caja de reliquias fue enviada a monjas francesas con la anotación: "expedir". Sheppard (1969). Pero esta hipótesis no puede ser cierta, ya que Expedito era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia, y se le invocaba en casos de urgencia (Attwater).

En la iconografía, Expedito es representado como un soldado, con una cruz en la que esta escrito "Hodie" (Hoy), y la hoja de palma (martirio). A sus pies, hay un cuervo, y la palabra "cras" (mañana).

Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico, no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia.

ORACION A SAN EXPEDITO
PARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!

San Expedito, tú que lleno de valor,
abriste tu corazón a la gracia de Dios
y no te dejaste llevar,
por la tentación de postergar tu entrega,
ayúdame a no dejar para mañana,
lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.

Ayúdame desde el cielo,
a renunciar a todo vicio y tentación,
con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado,
al servicio del Señor,
y que no me acobarde ante las pruebas.

Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad …..(intención).
Sobre todo, te pido que intercedas por mí,
para que persevere en la fe,
y así llegue al gozo del cielo con Cristo,
con la Virgen María, San Jsé, los ángeles y los santos.
Amén

sábado, 27 de abril de 2019


Sábado 27 de abril

LA VIRGEN DE MONTSERRAT


PATRONA DE CATALUÑA

"Rosa de abril, morena de la sierra..."

La Virgen de Montserrat, fue declarada Santa Patrona de Cataluña, por el papa León XIII

Breve
El nombre de Montserrat, en catalán, se refiere a la configuración de las montañas, en donde se ubica su monasterio. Las piedras allí se elevan hacia el cielo, en forma de sierra. Monte mas sierra: Montserrat.

El culto de la Virgen de Montserrat, se remonta más allá de la invasión de España por los árabes. La imagen, oculta entonces, fue descubierta en el siglo noveno. Para darle culto, y se edificó una capilla, a la que el rey Wifredo el Velloso, agregó más tarde, un monasterio benedictino.

Los milagros atribuidos a la Virgen de Montserrat, fueron cada vez más numerosos, y los peregrinos que iban hacia Santiago de Compostela, los divulgaron.

Así por ejemplo, en Italia, se han contado más de ciento cincuenta iglesias o capillas, dedicadas a la Virgen de Montserrat, bajo cuya advocación, se erigieron algunas de las primeras iglesias de México, Chile y Perú, y con el nombre de Montserrat, han sido bautizados monasterios, pueblos, montes e islas en América.
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No se conoce el origen de la estatua. Cuenta la leyenda que unos pastores, estaban cuidando sus ovejas cerca de Montserrat, y descubrieron la imagen de madera en una cueva, en medio de un misterioso resplandor, y cantos angelicales.

Por órdenes del obispo, la llevaron a la catedral en procesión, pero no llegó a su destino, ya que la estatua se empezó a poner increíblemente pesada, y difícil de manejar. Entonces fue depositada en una ermita cercana, y permaneció allí, hasta que se construyó el actual monasterio benedictino.

Descripción de la Imagen
La virgen es de talla románica, de madera. Casi toda la estatua es dorada, excepto la cara, y las manos de la Virgen y del Niño. Estas partes tienen un color, entre negro y castaño. A diferencia de muchas estatuas antiguas, que son negras, debido a la naturaleza de la madera, o a los efectos de la pintura original, el color oscuro de Nuestra Señora de Montserrat, se le atribuye a las innumerables velas y lámparas, que durante siglos, se han encendido ante su imagen, día y noche.

En virtud de esta coloración, la Virgen está catalogada entre las vírgenes negras. Por esto la llaman con cariño La Morenita. La estatua, goza de gran estima, tanto como tesoro religioso, como por su valor artístico.

La estatua está sentada, y mide 95 cm de altura. De acuerdo con el estilo románico; la figura es delgada, de cara alargada y de delicada expresión. Una corona, descansa sobre la cabeza de la Virgen, y otra adorna la cabeza del Niño Jesús, que está sentado en sus piernas. Tiene un cojín, que le sirve de banquillo o taburete para los pies, y ella está sentada en un banquillo de patas grandes, con adornos en forma de cono.

El vestido consiste en una túnica, y un manto de diseño dorado y sencillo. La cabeza de la Virgen, la cubre un velo que va debajo de la corona, y cae ligeramente sobre los hombros. Este velo también es dorado, pero lo realzan diseños geométricos de estrellas, cuadrados y rayas, acentuadas con sombras tenues.

La mano derecha de la Virgen sostiene una esfera, mientras la izquierda se extiende hacia adelante, con un gesto gracioso. El Niño Jesús está vestido de modo similar, por supuesto, con excepción del velo. Tiene la mano derecha levantada, dando la bendición, y la izquierda sostiene un objeto, descrito como un cono de pino.

La estatua está ubicada, en lo alto de la pared de un tabernáculo, que queda detrás del altar principal. Directamente detrás de éste y de la estatua, se encuentra un cuarto grande, llamado el Camarín de la Virgen. Este camarín, puede acomodar a un grupo grande de personas, y desde ahí se puede rezar, junto al trono de la Santísima Madre. A este cuarto, se llega subiendo una monumental escalera de mármol, decorada con entalladuras y mosaicos.

Visitada por los santos
Entre los santos que visitaron el lugar venerado, se encuentran San Pedro Nolasco, San Raymundo de Peñafort, San Vicente Ferrer, San Francisco de Borja, San Luis Gonzaga, San José de Calasanz, San Antonio María Claret, y San Ignacio de Loyola, quien siendo aún caballero, se confesó con uno de los monjes, y pasó una noche orando, ante la imagen de la Virgen.

A unas cuantas millas queda Manresa, un santuario de peregrinación para la Compañía de Jesús, la orden Jesuita fundada por San Ignacio, pues encierra la cueva, en donde el Santo se retiró del mundo, y escribió sus Ejercicios Espirituales.

Artistas
Los grandes poetas Goethe y Federico Schiller, escribieron acerca de la montaña; y Beethoven murió en Viena, en una casa que había sido un antiguo estado feudal de Montserrat. Además de esto, el lugar se hizo famoso, gracias a Richard Wagner, quien utilizó el sitio para dos de sus óperas, Parsifal y Lohengrin.

Oración a Nuestra Señora de Montserrat

Oh Madre Santa, Corazón de amor, Corazón de misericordia,
que siempre nos escuchas y consuelas, atiende a nuestras
súplicas. Como hijos tuyos, imploramos tu intercesión ante
tu Hijo Jesús.

Recibe con comprensión y compasión, las peticiones que hoy
te presentamos, especialmente [se hace la petición].
¡Qué consuelo saber que tu Corazón, está siempre abierto,
para quienes recurren a ti!.

Confiamos a tu tierno cuidado e intercesión, a nuestros
seres queridos, y a todos los que se sienten
enfermos, solos o heridos.

Ayúdanos, Santa Madre, a llevar nuestras cargas en esta vida,
hasta que lleguemos a participar de la gloria eterna, y la paz con Dios. Amén.
Nuestra Señora de Montserrat, ruega por nosotros. Amén.

viernes, 26 de abril de 2019


Sexta Feria, 26 de Abril
SANTOS 3ª Papa CLETO (90DC) (=ANACLETO)
Y 29ª Papa MARCELINO (304DC) (=MARCELO)
Mártires
Breve
Son los Papas que vivieron durante la vigencia del Imperio Romano de Occidente. Velaron por mantener unido, al rebaño del Señor en épocas oscuras, de gran tribulación.
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FRANCISCO MARTÍN HERNÁNDEZ
El Martirologio y el Breviario romano, han unido en un mismo día, la conmemoración de estos dos papas y mártires, considerándoles como pontífices distintos de otros dos, Anacleto y Marcelo, que llevan un nombre casi parecido, y cuya semejanza, ha servido de tema de discusión, a los entendidos en la historia de la Iglesia.
De los antiguos catálogos de los papas, los más antiguos, como el de San Ireneo (siglo III), Eusebio (siglo IV), San Epifanio, San Jerónimo y San Agustín, hacen de Cleto y Anacleto un solo personaje, que, siguiendo a San Lino en el Pontificado, viene a ser con ello el tercero de los papas.
Más tarde, en el Catálogo Liberiano (siglo IV), y en el Líber Pontificalis (siglo VI), se hace ya distinción entre estos dos nombres, dándose a Cleto el tercer lugar, y el quinto a Anacleto en la sucesión del Príncipe de los Apóstoles. Esta separación se debió, tal vez en época posterior, a escrúpulos de exactitud, suposición confirmada por los recientes estudios, llevados a cabo por el alemán Caspar, sobre la vida de los primeros papas.
De aquí, que siguiendo la opinión más extendida entre los críticos modernos, también nosotros tomaremos el nombre de Cleto, por el de Anacleto, identificando con ello, y en ambos nombres, al tercer papa que sucedió a San Lino, en la silla de San Pedro.
Algo parecido ocurre a su vez, con el papa San Marcelino, ya que según unos documentos, a San Cayo le siguen dos pontífices distintos llamados Marcelino y Marcelo, mientras, según otros, tal vez la mayoría, solamente le siguió uno, que es el papa que estudiamos, San Marcelino.
No se trata, por tanto, de probar la existencia o no existencia, de este Santo, que es admitida por todos, sino de ver si de nuevo, nos hallamos ante un solo papa, o bien ante dos.
Como es sabido, entre los romanos, los nombres de Marcelo, Marcelino o Marceliano, vienen a ser uno mismo, tomado con diversas variantes. De una inscripción del siglo IV, deducimos con toda claridad, que a fines de este siglo, y principios del siguiente, hubo un papa que llevaba por nombre Marcelino, aunque para designarle, se usaran a veces los otros de Marcelo y Marceliano.
Solamente los catálogos posteriores, (el Liberiano y el Liber Pontificalis), empiezan a confundirles, y a señalar dos papas independientes. Hoy sin embargo, como en el caso de Cleto y Anacleto, todos se inclinan a admitir, la existencia de un solo Marcelino, que en el año 296, sucede a San Cayo, en la cátedra de San Pedro.
San Cleto o Anacleto nace, según los documentos aludidos, en Atenas, y ya desde muy joven, es convertido a la fe cristiana por el mismo San Pedro, quien pronto le ordena de diácono, y poco más tarde de presbítero.
Tal vez seguirá al apóstol en sus correrías evangélicas, hasta que llega a Roma, donde forma parte, desde el primer momento, de aquel grupo de selectos colaboradores, que tenía San Pedro en la ciudad de los Césares. No es de extrañar que a ellos —a Lino, su sucesor; a Anacleto y a Clemente— les confiara de vez en cuando, el gobierno de la Iglesia romana, mientras él iba recorriendo, las distintas cristiandades.
Por el año 76, y habiendo muerto el sucesor de San Pedro, San Lino, es escogido Anacleto por la comunidad de fieles, para sucederle en la cátedra, empezando con ello su pontificado, que había de extenderse, hasta el año 88, según unos, o hasta el 90, según otros.
Duros tiempos le toca vivir, cuando a los trabajos de consolidación de las primeras cristiandades, se iban uniendo las fatigas de la persecución, que no hacía mucho, se había desencadenado. Anacleto, como buen pastor, vigila y ora con los perseguidos, a quienes reúne en las catacumbas, para celebrar los divinos oficios.
Él mismo, como posteriormente haría San Dámaso, decora las tumbas de los Apóstoles, y especialmente la de San Pedro, que había sido enterrado en la colina del Vaticano. En ella, hace construir una especie de túmulo, o "memoria”, que sirviera para señalar a las generaciones futuras, el lugar exacto de la tumba del primer papa.
Nuestro Santo aparece, por otra parte, como un Pontífice de la Iglesia romana y universal, con ciertos decretos llenos de interés, usando en sus cartas el saludo, que habían de adoptar sus sucesores, de "Salud y Bendición Apostólica", y como casi todos los primeros pastores de la Iglesia, iba a ofrendar con su vida, la doctrina de Cristo que predicaba.
Por este tiempo, había asumido en el Imperio, el emperador Domiciano (81-86), que al fin de su vida, y echando abajo la templanza característica de su familia, los Flavios, iba a distinguirse, como uno de los perseguidores más cruentos de los cristianos.
Que en su reinado, padeciera el martirio San Anacleto es indudable, aunque no nos queden noticias precisas, del modo y la fecha en que lo sufrió. La Iglesia, sin embargo, le ha concedido siempre el título de mártir, habida cuenta de los trabajos que tuvo que padecer. Fue enterrado en la misma colina del Vaticano, junto al sepulcro de San Pedro, a quien tan de cerca, había seguido en su vida.
La Iglesia romana celebra también, la fiesta de San Marcelino el 26 de abril, y aunque siempre se ha creído, que su muerte tuvo lugar el 24 de octubre del año 304, parece probable que padeciera martirio, en esta fecha del 26 de abril del mismo año, cuatro días después, de la publicación del cuarto edicto de persecución, decretado por Diocleciano.
Este emperador, llevado por un falso concepto de la grandeza del Imperio, que exigía acabar con toda la raza de cristianos, empieza su persecución general, en el año 303 en Oriente, y pronto la extiende a todas las provincias del Imperio, y a la misma Roma. Regía entonces los destinos de la Iglesia San Marcelino, que había sucedido a San Cayo, el 30 de junio del año 296.
Su gobierno iba a durar ocho años, y se iba a caracterizar por una serie de luchas, tanto interiores como exteriores. De una parte, agobiaban a los cristianos, los diversos decretos de persecución, el último de los cuales, obligaba a todos los súbditos del emperador, a que sacrificasen, y ofreciesen públicos sacrificios a los dioses.
En Roma se desencadena una terrible persecución, que abarca tanto a las jerarquías, como al simple pueblo, ya fueran mujeres o niños. Algunos ceden, y éste era el peligro interior de la Iglesia, ante tanto miedo y fatiga, y fueron numerosos los que llegaron a ofrecer, siquiera fuera como símbolo meramente externo, el incienso ante el altar de los dioses paganos.
Todo ello, dio origen a que se formara en la Iglesia, un grupo de los llamados "lapsos", que aparentemente aparecían como apóstatas, si bien estuvieran siempre dispuestos, a entrar de nuevo en el seno de la Iglesia. Ante el problema de recibirlos de nuevo o no, surgen dos ponencias marcadamente definidas. De una parte, están los intransigentes, los eternos fariseos, que negaban el perdón, con el pretexto de no contaminarse con los caídos.
De otra parte, y ésta fue la posición de San Marcelino, a ejemplo del Buen Pastor del Evangelio, están los que trataban de dulcificar la posición, de los que habían claudicado, recibiéndoles de nuevo a la gracia de la penitencia.
Por esta conducta, es acusado el Papa de favorecer la herejía, y aún más, se inventa la leyenda, de que él mismo había llegado a ofrecer incienso a los dioses, para escapar libre de la persecución.
En seguida, la secta de los donatistas, que en este tiempo, empieza a luchar encarnizadamente contra la fe católica, y contra los pontífices de Roma, propala la calumnia, de que también San Marcelino había prevaricado, aunque después, arrepintiéndose, se hubiera declarado cristiano ante el tribunal, padeciendo martirio por esta causa.
La leyenda, como tantas otras, fue admitida más tarde, hasta por el mismo Liber Pontificalis, y ampliada la inverosimilitud, con la circunstancia de que San Marcelino, se había presentado nada menos que delante de 300 obispos en el sínodo de Sinuessa, para escuchar de sus labios su propia sentencia.
El lapsus de San Marcelino, ha sido siempre desmentido, ya sea por el silencio de los escritores de ese tiempo, como por los posteriores, ya por el fundamento de falsedad, en que se apoyan los que lo afirman, y más que todo, por la fama de santidad, que había gozado siempre este papa, entre los cristianos de los primeros siglos,
Los peregrinos visitaban y veneraban su tumba, y el mismo San Agustín, escribía en su tiempo, que los donatistas acusaron a Marcelino, y a sus presbíteros Melquíades, Marcelo y Silvestre, como mera propaganda en su odio a Roma.
Respecto de las actas del sínodo de Sinuessa, está suficientemente probado, que fueron falsificadas en los principios del siglo VI, en tiempos del papa Símaco, cuando el rey visigodo Teodorico, con el fin de que otro sínodo, pudiera juzgar legítimamente a este papa, y como no hubiera precedentes anteriores, hace amañar unas actas falsificadas, trayendo a colación, lo que los donatistas habían propalado del lapso del papa San Marcelino. En cuanto al Liber Pontificalis (c. a. 530), es sabido que en este caso, toma sus noticias, precisamente de las actas falsificadas del sínodo de Sinuessa.
Los hechos, sin embargo, fueron de otra manera. Ante el edicto general, San Marcelino, que había regido sabiamente la Iglesia, agrandando las catacumbas, para dar mejor cabida a los cristianos —aún existe en la de San Calixto, una capilla llamada de San Marcelino—, esforzando a todos con su ejemplo y su virtud, no dudó, cuando le llegó el momento, en dar también su sangre por Cristo.
Llevado ante el tribunal, juntamente con los cristianos Claudio, Cirino y Antonino, confiesa abiertamente su fe, y es condenado en seguida a la pena capital.
Decapitado, su cuerpo permanece veinticinco días sin sepultura, hasta que por fin, le encuentra el presbítero Marcelo, y reunida la comunidad, es sepultado con toda piedad, en el cementerio de Priscila, junto a la vía Salaria, donde todavía se conserva.
Como supremo mentís, a la difamación que habían extendido sobre su vida los herejes, fueron diseñados sobre su tumba, los tres jóvenes hebreos, que como el santo mártir, se negaron también a rendir adoración a los ídolos, delante de la estatua del rey babilonio, Nabucodonosor.
Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por los méritos e intercesión de los Papas San Anacleto y Marcelino, concedas la fortaleza, prudencia y sabiduría, para guiar a tu rebaño a los Papas Romanos, y los Patriarcas Ortodoxos, hasta la llegada de tu Reino Celestial. A Tí Señor, que nos aseguraste que todos los cabellos en nuestra cabeza, han sido contados desde el Cielo. Amén.