martes, 27 de octubre de 2015

Martes 27 de Octubre
Santos Vicente, Sabina y Cristeta
Mártires


Vicente es visitado por sus hermanas en la prisión. En la otra escena Daciano manda su persecución.

Vicente, Sabina y Cristeta son hermanos. Han nacido y viven en Talavera (Toledo). Los tres disfrutan de su juventud —Cristeta, casi niña- y, como en tantos hogares después del fallecimiento de los padres, hace cabeza Vicente que es el mayor.

Manda en el Imperio la tetrarquía hecha por Diocleciano con el fin de poner término a la decadencia que se viene arrastrando a lo largo del siglo III por las innumerables causas internas y por las rebeliones y amenazas cada vez más apremiantes en las fronteras. Diocleciano, augusto, reside en Nicomedia y ocupa la cumbre de la jerarquía; su césar Galerio reside en Sirmio y se ocupa de Oriente; Maximiano es el otro augusto que se establece en Milán, con su césar Constancio, en Tréveris, gobiernan Occidente.

El presidente en España es Daciano hombre cruel, bárbaro y perverso, que odia sin límites el nombre cristiano, y que va dejando un riego de mártires en Barcelona y en Zaragoza. Llega a Toledo y sus colaboradores buscan en Talavera seguidores de Cristo.

Allí es conocido como tal Vicente, que se desvive por la ayuda al prójimo y es ejemplo de alegría, nobleza y rectitud.

Llevado a la presencia del Presidente, se repite el esquema clásico, en parte verídico y en parte poético de las actas de los mártires. Halagos por parte del poderoso juez pagano con promesas fáciles, y, por parte del cristiano, profesiones de fe en el Dios que es Trinidad, en Jesucristo-Señor y en la vida eterna prometida. Amenazas de la autoridad que se muestra dispuesta a hacer cumplir de modo implacable las leyes, y exposición tan larga como firme de las disposiciones a perder todo antes de la renuncia a la fe nutriente de su vida que hace el cristiano. De ahí se pasa al martirio descrito con tonos en parte dramáticos y en parte triunfales, con el añadido de algún hecho sobrenatural con el que se manifiesta la complacencia divina ante la fidelidad libre del fiel.

Bueno, pues el caso es que a Vicente lo condenan a muerte por su pertinacia en perseverar en la fe cristiana. Lo meten en la cárcel y, en espera de que se cumpla la sentencia, es visitado por sus dos hermanas que, entre llantos y confirmándole en su decisión de ser fiel a Jesucristo, le sugieren la posibilidad de una fuga con el fin de que, sin padres que les tutelen, siga él siendo su apoyo y valedor. La escapada se realiza, gracias a un guardia piadoso, pero los soldados romanos los encuentran en la cercana Ávila donde son los tres martirizados, en el año 304.

El amor a Dios no supone una dejación, olvido o deserción de los nobles compromisos humanos. Vicente, aceptando los planes divinos hasta el martirio, hizo cuanto legítimamente estuvo de su parte para sacar adelante su compromiso familiar.


Oración: Señor mío que por intercesión de San Vicente, Sabina y Cristeta, nos ayudes a crecer en la Fe Verdadera, y aceptar con dignidad las pruebas de nuestra Vida, forjando mediante ellas una piadosa relación filial contigo, basada en las enseñanzas de tu Divino Hijo y los Apóstoles. Por Nuestro Señor Jesucristo que Vive por Siempre. Amén.

lunes, 26 de octubre de 2015

LUNES 26 DE OCTUBRE

SAN EVARISTO, QUINTO PAPA
MÁRTIR (+117)



Nació por los años 60, de una familia judía asentada en tierras griegas. Recibió educación judía y aprendió en los liceos helénicos. Él fue quien acuñó el término de «Santa» a la Iglesia Católica.

No se conocen datos de su conversión al cristianismo, pero se le ve ya en Roma como uno de los presbíteros muy estimados por los fieles que, lleno de celo, eleva el nivel de la comunidad de cristianos de la ciudad, entregándose por completo a mostrarle a Jesucristo. Amplio conocedor de la Sagrada Escritura, es docto en la predicación y humilde en el servicio.

Muerto mártir el Papa Anacleto, sucesor de Clemente, la atención se fija en Evaristo. Por humildad se resistió con todas las fuerzas posibles a asumir la dignidad que comportaba tan alto servicio. El día 27 de Julio del año 108 tuvo la Iglesia por Papa a Evaristo.

Atendió cuidadosamente las necesidades del rebaño: Defiende la verdadera fe contra los errores gnósticos. Establece normas que afectan a la consagración y trabajo pastoral de los Obispos y de los diáconos. Manda la celebración pública de los matrimonios. Se ocupa de la vida de los fieles, esbozándose ya una cierta administración territorial, para su mejor atención y gobierno. También escribió cartas a los fieles de África y de Egipto.

Combatió la herejía denominada Docetismo. Es una doctrina aparecida a finales del primer siglo de la era cristiana, que afirmaba que Cristo no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real.

La Iglesia de ese tiempo crecía todos los días en número, pero estaba perseguida por las leyes; era silenciosa y fuerte en la fe, oculta y limpia en las obras; vivía dentro del Imperio en estado latente, desplegando poco a poco su potencialidad al soplo del Espíritu.

Murió mártir, siendo Trajano emperador, hacia el 117.

Oración: Señor nuestro, que por intercesión de San Evaristo, la Iglesia vuelva a ser santa, silenciosa y fuerte en la fe, oculta y limpia en su proceder, quedando siempre atenta al soplo del Espíritu Santo. Que nunca intente ser una fuerza política, ni ceder en su deber de proclamar Penitencia y Conversión a sí misma y a la Humanidad toda, tal como siempre lo pidió La Virgen María en todas sus apariciones recientes, y no sólo pedirte Misericordia, que la necesitamos en abundancia, pero sólo luego de hacer Penitencia, y Enmendarnos y Pedir Perdón a Tí y a nuestros semejantes por los errores y daños que les hemos provocado por nuestros pecados de Acción y Omisión. Por la Santa Virgen, que siempre nos acompaña en el duro peregrinar de nuestra Vida. Amén.

domingo, 25 de octubre de 2015

Domingo 25 de Octubre
Santos Crispín y Crispiniano
Mártires – Patronos de los zapateros



Etimológicamente significan “de pelo rizado”. Vienen de la lengua latina.
Son dos mártires romanos venerados por franceses e ingleses, y a los que los zapateros los tienen como patronos, pues aprendieron el oficio de zapateros para extender su fe en el desempeño de este humilde oficio, sin despertar sospechas. Se establecieron en Roma y desde allí proclamaron el Evangelio a sus clientes.
Hacían zapatos para los pobres. A estos, por supuesto, no les cobraban absolutamente nada. A los ricos, que conocían el buen trabajo que hacían y la calidad del calzado, sí que les cobraban.
Lo bonito de estos dos creyentes es que aprovechaban los momentos de venta, o de dar gratis para hablar con entusiasmo de Jesucristo. Debían vivir lo que decían porque la gente los escuchaba con agrado.
Se supone que emigraron a Inglaterra, y se establecieron en Faversham, Kent, donde, hasta 1670, se seguía mostrando la tienda donde habían ejercido su oficio. Shakespeare los nombra seis veces en Enrique V y los vuelve a alabar en Julio César por haber sabido curar tanto las almas como calzar los pies de sus clientes.

San Crisanto y Santa Daría
Mártires romanos de los primeros siglos cuyas Actas han desaparecido. Se ignora si eran marido y mujer, o si la primera vez que se encontraron fue cuando se les enterró juntos en la Vía Salaria, en Roma.

Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales
(siglos XVI y XVII)

Estos católicos ingleses y galeses fueron canonizados por haber perseverado en su fe hasta el martirio durante las persecuciones decretadas por varios monarcas, sobre todo la reina Isabel I, desde que Enrique VIII se separó de la obediencia de Roma. Entre ellos hay madres de familia como Margaret Clitherow, viudas como Ann Line, nobles como Philip Howard, conde de Surrey, oscuros seglares como el maestro galés Richard Gwyn, y sacerdotes como Cuthbert Mayne, John Payne y John Almond. Luego hay una larga lista de religiosos cartujos, agustinos, benedictinos, franciscanos y jesuitas, entre los que se encuentran: Robert Southwell, Henry Walpole, Nicolas Owen, Thomas Garnet, Henry Morse y el más célebre de todos, Edmund Campion, cuya vida escribió Evelyn Waugh.

sábado, 24 de octubre de 2015

Sábado 24 de octubre

San Antonio María Claret
Obispo de Santiago de Cuba, fundador
Patrón de tejedores

Breve
-Nació en la villa de Sallent, provincia de Barcelona, el día 23 de diciembre de 1807.
-Fue obrero textil en su juventud.
-Ordenado sacerdote, fundó en Vic la Orden de los Claretianos.
-Recorrió Cataluña durante varios años predicando.
-Fundó la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María.
-Fue nombrado arzobispo de Santiago de Cuba, cargo en el que se entregó de lleno al bien de las almas.
-Como arzobispo de Santiago de Cuba se destacó por su celo evangelizador por lo que recorrió toda su diócesis y sufrió un atentado contra su vida.
-Habiendo regresado a España, sus trabajos por el bien de la Iglesia le proporcionaron aún muchos sufrimientos.
-Confesor de la Reina Isabel II de España
-Único santo canonizado entre los padres conciliares del Concilio Vaticano I.
-Escritor evangélico, especialmente de folletos de fácil alcance para todos (jóvenes, trabajadores, casados)
-Demostró un amor excepcional por la Eucaristía la cual conservaba en su corazón como tabernáculo
-Gran devoto de la Santísima Virgen.
-Patrón de las cajas de ahorro, ya que fundó una en Cuba en beneficio de los pobres.
-Sus experiencias místicas lo llevaron a levitar (alzarse del suelo)
- Murió en Fontfroide (Francia) el año 1870.

Cuando le preguntaron cómo era capaz de hacer tanto respondió:
"Enamoraos de Jesucristo y del prójimo y lo comprenderéis todo y haréis más cosas que yo"

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Infancia:
Antonio Claret y Clará nació en Sallent (Barcelona, España) el 23 de diciembre de 1807. Era el quinto de once hijos de Juan Claret y Josefa Clará. Le bautizaron el día de Navidad.
La escasa salud de su madre hizo que se le pusiera al cuidado de una nodriza en Santa María de Olot. Una noche en que Antonio se quedó en la casa paterna se hundió la casa de la nodriza muriendo todos en el accidente. Para Claret aquello supuso siempre una señal de la providencia.
La cuna de Claret fue sacudida constantemente por el traqueteo de los telares de madera que su padre tenía en los bajos de la casa. Ya desde sus primeros años Antonio dio muestras de una inteligencia y de buen corazón. A los cinco años, pensaba en la eternidad: por la noche, sentado en la cama, quedaba impresionado por aquel "siempre, siempre, siempre". El mismo recordaría estas palabras, más tarde, siendo Arzobispo:
"Esta idea de la eternidad quedó en mí tan grabada, que, ya sea por lo tierno que empezó en mí, o ya sea por las muchas veces que pensaba en ella, lo cierto es que es lo que más tengo presente. Esta misma idea es la que más me ha hecho y me hace trabajar aún, y me hará trabajar mientras viva, en la conversión de los pecadores" (Aut. nº 9)
La guerra popular contra Napoleón embargaba vivamente el ambiente de la época. Sus soldados pasaban frecuentemente por la villa entre los años 1808 y 1814. Hasta los sacerdotes del pueblo se habían sumado a la lucha. En 1812 se promulgaba la nueva Constitución.
Mientras, Antonio jugaba, estudiaba, crecía... Dos amores destacaban ya en el pequeño Claret: la Eucaristía y la Virgen. Asistía con atención a la misa; dejaba momentáneamente el juego para visitar a Jesús en la iglesia siempre que no ocasionara molestias a sus compañeros; iba con frecuencia, acompañado de su hermana Rosa, a la ermita de Fusimaña y rezaba diariamente el rosario.
Una debilidad de Antonio eran los libros. Se los devoraba. Pocas cosas contribuyeron tanto a la santidad de Antonio como sus lecturas, las primeras lecturas de su infancia. Porque sus lecturas eran escogidas. Pero ya entonces Antonio tenía una ilusión: llegar a ser sacerdote y apóstol. Sin embargo, su vocación debería recorrer todavía otro itinerario.

Entre los Telares:
Toda su adolescencia la pasó Antonio en el taller de su padre. Pronto consiguió llegar a ser maestro en el arte textil. Para perfeccionarse en la fabricación pidió a su padre que le permitiera ir a Barcelona, donde la industria estaba atrayendo a numerosos jóvenes.
Allí se matriculó en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Trabajaba de día, y de noche estudiaba. Aunque seguía siendo un buen cristiano, su corazón estaba centrado en su trabajo.
Gracias a su tesón e ingenio llegó pronto a superar en calidad y belleza las muestras que llegaban del extranjero. Un grupo de empresarios, admirados de su competencia, le propusieron un plan halagüeño: fundar una compañía textil corriendo a cuenta de ellos la financiación y el montaje de la fábrica.
Pero Antonio, inexplicablemente, se negó. Dios andaba por medio.

Unos cuantos hechos le hicieron más sensible el oído a la voz de Dios.
a) Un amigo a quien estimaba mucho tenía el grave vicio del juego. Llegó a robarle sus ahorros para jugarlos y cuando los perdió, desesperado robó unas joyas valiosas, las cuales también perdió en el juego. La policía siguiendo el rastro de las joyas dio con él y lo encarceló; todos comenzaron a calumniar a Antonio, diciendo que era cómplice de su amigo. Esta experiencia empezó a crear en su corazón un disgusto por el mundo, las amistades y las riquezas.
b) El segundo hecho que le ocurrió fue estando un día con unos amigos en la playa, metió los pies para refrescarse en el agua, y de pronto una ola gigantesca lo arrastró hacia mar adentro, y Antonio que no sabía nadar se estaba ahogando. De sus labios solo salió un grito "Virgen Santa, salvadme" , y sin saber cómo, Antonio estaba en la orilla, sano y salvo y para colmo sus vestidos secos totalmente.
c) El tercer hecho fue el que le ocurrió al ir a visitar a un amigo a su casa. Cuando llegó, el amigo no se encontraba y quien estaba en casa era la esposa. Ella, dándose cuenta de la gallardía de Antonio, quedó cegada con un amor indigno y le dijo: "Antonio, ¡qué diferente eres de mi esposo, siempre agrio y despectivo! Quisiera que fuéramos buenos amigos".
Claret huye de la tentación. "Señora, vuestro esposo tarda, y tengo mucho que hacer..." Ella intentó detenerle, pero en vano. Antonio se deshace de ella para no volver más.

Por fin, las palabras del Evangelio: "¿De qué le vale al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?", le impresionaron profundamente.

Misionero Apostólico en Cataluña:
Caminando hacia Golmes le invitaron a detenerse porque sudaba; él respondía con humor: "Yo soy como los perros, que sacan la lengua pero nunca se cansan".
"Padre, confiese a mi borrico" -le dijo un arriero con tono burlón. "Quien se ha de confesar eres tú -respondió Claret- que llevas 7 años sin hacerlo y te hace buena falta". Y aquel hombre se confesó.

En otra ocasión sacó de apuros a un pobre hombre, contrabandista, convirtiendo en alubias un fardo de tabaco ante unos carabineros que les echaron el alto. La mayor sorpresa se la llevó el buen hombre cuando, al llegar a su casa, observó que el fardo de alubias se había convertido de nuevo en tabaco. Son algunas de las "florecillas claretianas" de aquella época.

Otros hechos prodigiosos se cuentan, pero sobre todo se destacaba su virtud de penetrar las conciencias. Tenía enemigos que le calumniaban y que procuraban impedir su labor misionera, teniendo que salir en su defensa el arzobispo de Tarragona. Pero su temple era de acero. Todo lo resistía y salía airoso de todas las emboscadas que le tendían.

Apóstol de las Islas Canarias: ( marzo 1848 - mayo 1849)
Fundador y director espiritual
Poco después, el 16 de julio de 1849, a las tres de la tarde en una celda del seminario de Vic fundaba San Antonio María Claret la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María. Tenía 41 años. Eran los Cofundadores los PP. Esteban Sala, José Xifré, Manuel Vilaró, Domingo Fábregas y Jaime Clotet.
"Hoy comienza una gran obra" -dijo el P. Claret.
El Padre Claret sabía que era impulsado por Dios; y Dios le reveló tres cosas:
1) Que la Congregación se extendería por todo el mundo.
2) Que duraría hasta el fin de los tiempos.
3) Que todos los que murieran en la Congregación se salvarían.

Arzobispo de Santiago de Cuba: (1851-1857)
Un hecho de capital importancia puso pronto en peligro su recién fundado Instituto. El P. Claret era nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba. Aceptó el cargo después de todos los intentos de renuncia el 4 de octubre de 1849 y el día 6 de octubre de 1850 era consagrado obispo en la catedral de Vic. Tenía 42 años.
Antes de embarcarse para Cuba y después de ir a Madrid a recibir el palio y la gran cruz de Isabel la Católica efectuó tres visitas: a la Virgen del Pilar, en Zaragoza, a la Virgen de Montserrat y a la Virgen de Fusimaña, en Sallent, su Patria chica. Y aún le dio tiempo, antes de partir, para fundar las "Religiosas en sus Casas o las Hijas del Inmaculado Corazón de María, actual Filiación Cordimariana." En el puerto de Barcelona un inmenso gentío despidió al Arzobispo Claret con una apoteósica manifestación.

En el viaje hacia La Habana aprovechó para dar una misión a bordo para todos los pasajeros, oficialidad y tripulación. Y al fin... Cuba. Seis años gastaría Claret en la diócesis de Santiago de Cuba, trabajando incansablemente, misionando, sembrando el amor y la justicia en aquella isla en la que la discriminación racial y la injusticia social reinaban por doquier.

Fue un Arzobispo evangelizador por excelencia. Renovó todos los aspectos de la vida de la iglesia: sacerdotes, seminario, educación de niños, abolición de la esclavitud... En cinco años realizó cuatro veces la visita pastoral de la diócesis. El pueblo de Baracoa, por ejemplo, tenía 62 años que no veía obispo alguno.
Se enfrentó a los capataces, les arrancó el látigo de las manos... Un día reprendió a un rico propietario que maltrataba a los pobres negros que trabajaban en su hacienda.
Viendo que aquel hombre no estaba dispuesto a cambiar de conducta, el Arzobispo intentó darle una lección. Tomó dos trozos de papel, uno blanco y otro negro. Les prendió fuego y pulverizó las cenizas en la palma de su mano. "Señor, -le dijo- ¿podría decir qué diferencia hay entre las cenizas de estos dos papeles? Pues así de iguales somos los hombres ante Dios".

El P. Claret tenía una capacidad inventiva que denotaba un ingenio poco común. En Holguín se organizaron fiestas populares. El número fuerte del programa era el lanzamiento de un globo tripulado por un hombre. El artefacto aerostático era de los primeros que se ensayaban en aquellos tiempos. No tuvo éxito; comenzó a elevarse, pero el piloto perdió el control y cayó en un pequeño barranco.
El Arzobispo estudió el problema y un día sorprendió a todos: "Hoy he dado con el sistema de la dirección de los globos". Y les mostró un diseño, que todavía hoy se conserva.

Era un hombre práctico. Fundó en todas las parroquias instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó asilos, visitó cuatro veces todas las ciudades, pueblos y rancherías de su inmensa diócesis. Siempre a pie o a caballo.

Pero ni siquiera en Cuba le dejaron en paz sus enemigos. La tormenta de atentados llegó al cúlmen en Holguín, donde fue herido gravemente por un sicario a sueldo de sus enemigos, al que había sacado poco antes de la cárcel, cuando salía de la iglesia. El P. Claret, casi agonizando, pidió que perdonaran al criminal. A pesar de todo, sus enemigos siguieron sin perderle de vista.

Estas son las palabras del propio Santo:
"Yo bajé del púlpito fervorosísimo, cuando he aquí que al concluir la función, había mucha gente y todos me saludaban. Se acercó un hombre, como si me quisiera besar el anillo; pero al instante alargó el brazo, armado con una navaja de afeitar, y descargó el golpe con todas sus fuerzas. Pero yo llevaba la cabeza inclinada y con el pañuelo que tenía en la mano derecha me tapaba la boca, en lugar de cortarme el cuello, como intentaba, me rajó la cara, o mejilla izquierda, desde la frente a la oreja hasta la punta de la barba, y de escape me cogió el brazo derecho.
Hecha la primera cura, me llevaron a la casa. No puedo yo explicar el placer, el gozo y alegría que sentía mi alma al ver que había logrado lo que tanto deseaba, que era derramar la sangre por el amor de Jesús y de María y poder sellar con la sangre de mis venas las verdades Evangélicas.
En la curación de las heridas ocurrieron tres cosas prodigiosas: la primera fue la curación instantánea de una fístula que los facultativos habían dicho que duraría. Con el corte de la herida se rompieron completamente las glándulas salivales. Tenían que operarme al día siguiente. Yo me encomendé a la Santísima Virgen María, me ofrecí y resigné a la voluntad de Dios, y al instante quedé curado.
El segundo prodigio fue que la cicatriz del brazo quedó como una imagen de la Virgen Dolorosa, de medio cuerpo, y además de relieve tenía colores blanco y morado. Se fue desvaneciendo con los años.
El tercer prodigio fue el pensamiento de la Academia de San Miguel, pensamiento que tuve en los primeros días de hallarme en cama y que fue aprobada por el Papa Pío IX."
Los católicos de Cuba lo recuerdan con profundo cariño y veneración.

Confesor de la Reina Isabel II y Misionero en la Corte y en España: (1857-1868).
Al cabo de seis años en Cuba un día le entregaron un despacho urgente del capitán general de La Habana en el que se le comunicaba que su Majestad la Reina Isabel II le llamaba a Madrid. Era el 18 de marzo de 1857.
Llegado a Madrid, supo el P. Claret que su cargo era definitivamente el de confesor de la Reina. Contrariado aceptó, pero poniendo tres condiciones: no vivir en palacio, no implicarle en política y no guardar antesalas teniendo libertad de acción apostólica.
Tenía 49 años cuando regresó de Cuba. Pero Claret no había nacido para cortesano. En los 11 años que permaneció en Madrid, su actividad apostólica en la Corte fue intensa y continuada. Pocas fueron las iglesias y conventos donde su voz no resonara con fuerza y convicción.
Desde la iglesia de Italianos, situada en la actual ampliación de las Cortes y desde la iglesia de Montserrat, donde está situado actualmente el Teatro Monumental, desarrolló una imparable actividad. Principalmente se hizo notar en sus misiones al pueblo y en sus ejercicios al clero.
Restauró El Escorial y organizó en él un centro de estudio.

Apóstol de la prensa:
"Antonio, escribe", -le dijeron Cristo y la Virgen-.
Como una enorme y sensible pantalla de radar, Claret escrutaba continuamente los signos de los tiempos: "Uno de los medios que la experiencia me ha enseñado ser más poderoso para el bien es la imprenta, -decía-, así como es el arma más poderosa para el mal cuando se abusa de ella".

Escribió unas 96 obras propias (15 libros y 81 opúsculos) y otras 27 editadas, anotadas y a veces traducidas por él. Sólo si se tiene en cuenta su extrema laboriosidad y las fuerzas que Dios le daba, se puede comprender el hecho de que escribiera tanto llevando una dedicación tan intensa al ministerio apostólico. Claret no era solamente escritor. Era propagandista. Divulgó con profusión los libros y hojas sueltas. En cuanto a su difusión alcanzó cifras verdaderamente importantes.

Jamás cobraba nada de la edición y venta de sus libros; al contrario, invertía en ello grandes sumas de dinero. ¿De dónde lo sacaba? De lo que obtenía por sus cargos y de los donativos.
"No todos pueden escuchar sermones... pero todos pueden leer..."
"El predicador se cansa... el libro siempre está a punto... Son los libros la comida del alma...
"
Entre el centenar de obras de todos tamaños que escribió, destacan:
"Avisos" a toda clase de personas.
"El camino recto"
"El catecismo explicado"
"El colegial instruido"
"Los libros son la mejor limosna".
En el año 1848 había fundado la Librería Religiosa junto al Dr.Caixal, futuro obispo de Seo de Urgel, precedida por la "Hermandad espiritual de los libros buenos", que durante los años que estuvo bajo su dirección hasta su ida a Cuba imprimió gran cantidad de libros, opúsculos y hojas volantes, con un promedio anual de más de medio millón de impresos. En el primer decenio de la fundación recibió la felicitación personal del Papa Pío IX.

Aún sacerdote fundó la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, cuya finalidad era la de mantener permanentemente la difusión de los libros y constituyó uno de los primeros ensayos de apostolado seglar activo por estar integrada por sacerdotes y seglares de ambos sexos.

Una de sus obras más geniales fue la fundación de la Academia de San Miguel (1858). En ella pretendía agrupar las fuerzas vivas de las artes plásticas, el periodismo y las organizaciones católicas; artistas, literatos y propagandistas de toda España para la causa del Señor. Gracias a su prestigio consiguió reunir en ella las figuras más representativas del campo católico español. En nueve años se difundieron gratuitamente numerosos libros, se prestaron otros muchos y se repartió un número incalculable de hojas sueltas.

Y fundó las bibliotecas populares en Cuba y en España. Más de un centenar llegaron a funcionar en España en los últimos años de su vida.
Bien merece el P.Claret el título de apóstol de la prensa.

Ante el reconocimiento del Reino de Italia:
El 15 de julio de 1865, el gobierno en pleno se reunía en La Granja para arrancar a la Reina su firma sobre el reconocimiento del Reino de Italia, que equivalía a la aprobación del expolio de los Estados pontificios.
El P. Claret ya había advertido a la Reina que la aprobación de este atropello era, a su parecer, un grave delito, y la amenazó con retirarse si lo firmaba. La Reina, engañada, firmó. Claret no quiso ser cómplice permaneciendo en la corte. Oró ante el Cristo del Perdón, en la iglesia de La Granja, y escuchó estas palabras: "Antonio, retírate".
Transido de dolor al verse obligado a abandonar a la Reina en aquella situación, se dirigió a Roma. Allí el Papa Pío IX le consoló y le ordenó que volviera otra vez a la corte. La familia real se alegró inmensamente de su retorno. Pero una nueva tempestad de calumnias y de ataques se desencadenó contra él. Se puede decir de Claret que fue uno de los hombres públicos más perseguidos del siglo XIX.

Desterrado:
El 18 de septiembre de 1868, la revolución, ya en marcha, era incontenible. Veintiún cañonazos de la fragata Zaragoza, en la bahía de Cádiz, anunciaron el destronamiento de la Reina Isabel II. Con la derrota del ejército isabelino en Alcolea caía Madrid, y la revolución, como un reguero de pólvora, se extendió por toda España.
El día 30, la familia real, con algunos adictos y su confesor, salía para el destierro en Francia. Primero hacia Pau, luego París. El P. Claret tenía 60 años.
Los desmanes y quema de iglesias se prodigaron, cumpliéndose otra de las profecías del P. Claret: la Congregación tendrá su primer mártir en esta revolución. En La Selva del Camp caía asesinado el P.Crusats.
El 30 de marzo de 1869 Claret se separaba definitivamente de la Reina y se iba a Roma.

Padre del Concilio Vaticano I:
El día 8 de diciembre de 1869 comenzaron a llegar a Roma 700 obispos de todo el mundo, superiores de órdenes religiosas, arzobispos, primados, patriarcas y cardenales. Comenzaba el Concilio Ecuménico Vaticano I. Allí estaba el P. Claret.
Uno de los temas más debatidos fue la infalibilidad pontificia en cuestiones de fe y costumbres. La voz de Claret resonó en la basílica vaticana:
"Llevo en mi cuerpo las señales de la pasión de Cristo, -dijo, aludiendo a las heridas de Holguín-; ojalá pudiera yo, confesando la infalibilidad del Papa, derramar toda mi sangre de una vez".
Es el único Padre asistente a aquel Concilio que ha llegado a los altares.

Glorificado:
Los restos del P. Claret fueron trasladados más tarde a Vic, en 1897, donde se veneran. El 25 de febrero de 1934 la Iglesia le inscribió en el número de los beatos. El humilde misionero apareció a la veneración del mundo en la gloria de Bernini. Las campanas de la Basílica Vaticana pregonaron su gloria.
Y el 7 de mayo de 1950 el Papa Pío XII lo proclamó SANTO. Estas fueron sus palabras aquel memorable día:
"San Antonio María Claret fue un alma grande, nacida como para ensamblar contrastes: pudo ser humilde de origen y glorioso a los ojos del mundo. Pequeño de cuerpo, pero de espíritu gigante. De apariencia modesta, pero capacísimo de imponer respeto incluso a los grandes de la tierra. Fuerte de carácter, pero con la suave dulzura de quien conoce el freno de la austeridad y de la penitencia. Siempre en la presencia de Dios, aún en medio de su prodigiosa actividad exterior. Calumniado y admirado, festejado y perseguido. Y, entre tantas maravillas, como una luz suave que todo lo ilumina, su devoción a la Madre de Dios".

Oración: Señor, que por intercesión de San Antonio María Claret, ayudes con tu poderoso brazo a sostener a todos los que escriben y difunden tu Palabra de Camino, Verdad y Vida. Por Nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.


viernes, 23 de octubre de 2015

Viernes 23 de Octubre
San Juan de Capistrano
Religioso, predicador, diplomático
 1385-1456

Beatificado: 19 Diciembre 1650 por Inocente X
Canonizado: 16 Octubre 1690 por  Alejandro VIII

Breve:
Nació en Capistrano, en la región de los Abruzos, el año 1386. Estudió derecho en Perusa y ejerció por un tiempo el cargo de juez. Ingresó en la Orden de los Frailes Menores y, ordenado sacerdote, ejerció incansablemente el apostolado por toda Europa, trabajando en la reforma de costumbres y en la lucha contra las herejías. Murió en Ilok (Austria) el año 1456.
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Nació en Capistrano, diócesis de Sulmona, Italia, en 1385.
Hijo de un caballero francés o alemán que murió cuando Juan era joven.
Estudió con esmero en la Universidad de Perugia (Cerca de Asís).
Fue abogado y juez. En 1412 fue nombrado gobernador de Perugia por Landislaus rey de Nápoles, quien tenía control de esa ciudad. Luchó contra la corrupción y el soborno.
Cuando estalló la guerra entre Perugia y Malatesta en 1416, Juan trató de conseguir la paz, pero en vez lo tomaron prisionero de guerra. En la cárcel decidió entregarse del todo a Dios. Tuvo un sueño en el que vió a San Francisco que le llamaba a entrar en la orden franciscana. Juan se había casado justo antes de caer preso, pero el matrimonio nunca se consumó y fue anulado.
Entró en la orden franciscana en Perugia el 4 Octubre de 1416. Tenía 30 años por lo que el maestro de novicios lo puso a prueba dándole los más humildes oficios.
Fue discípulo de san Bernardino de Siena quien le enseñó teología. Se distinguió como predicador aun siendo diácono. Ordenado a los 33 años. Por 40 años fue predicador itinerante por Italia y otros países. 
Una vez en Brescia (Italia) predicó a una multitud de 126,000 personas que habían venido de las provincias vecinas.
Por su radical llamada a la conversión y su sencillez, la gente lo relacionaba con San Juan Bautista. Traían las cosas de superstición y ocultismo y las quemaban en hogueras públicas. Tenía gran fama por su don de curación y le traían a los enfermos para que les haga la señal de la cruz. Como San Bernardino, propagó la devoción al nombre de Jesús, por lo ambos, junto con otros franciscanos, fueron acusados de herejes. El defendió al grupo con éxito.
Muchos jóvenes le seguían a la vida religiosa. Estableció comunidades franciscanas. Escribió extensivamente, sobre todo contra las herejías de su época. Muchos de sus sermones se conservan.
Dormía y comía poco. Hacía mucha penitencia.
Dos veces la comunidad franciscana lo eligió como vicario general. En visita en Francia conoció a Sta. Colette, reformadora de la orden de las clarisas, a quien ayudó y aconsejó eficazmente.

Juan tenía gran don para la diplomacia. Era sabio y prudente, sabiendo medir sus palabras para que estas sirvan a la voluntad de Dios. Cuatro Pontífices (Martín V, Eugenio IV, Nicolás V y Calixto III) lo emplearon como embajador en muchas y muy delicadas misiones diplomáticas con muy buenos resultados. Tres veces le ofrecieron nombrarlo obispo de importantes ciudades pero prefirió seguir siendo un pobre predicador.

Fue nuncio apostólico en Austria donde predicó extensivamente y combatió la herejía de los husitas. También predicó con gran fruto en Polonia, invitado por Casimiro IV.

Los cristianos defienden Europa
En 1451 el Sultan Mahoma II se lanzó a una campaña con el fin de lograr la conquista de Europa. Conquistó a Constantinopla en 1453 y entonces se preparó para invadir a Hungría. En 1454 Servia cayó en sus manos. Las noticias procedentes de Servia eran horribles: quienes se resistían a renunciar a Cristo eran torturados. Todo lo que fuese cristiano era destruido o confiscado.
En 1454 Juan Capistrano participó en la dieta de Frankfort, y se dispuso a preparar la defensa de Hungría. Fue a Hungría y predicó una cruzada en defensa de la cristiandad.
A la edad de 70 años el Papa Calixto II lo comisionó para dirigirla. En Szeged unió el ejército de campesinos que había reunido con el ejército de Hunyady y ambos se dirigieron a Belgrado.
Se decía que los cuarteles parecían casas de religiosos más que campamentos militares porque en ellos se rezaba y se predicaba la virtud. Se celebraba misa diaria. A Juan Capistrano le tenían un gran respeto.

Batalla de Belgrado, 1456, salva a Europa de los musulmanes
Los musulmanes atacaban a Belgrado Contaban con 200 cañones, 50,000 hombres de caballería, y una gran flota que penetró por el río Danubio. Ante la superioridad de las fuerzas enemigas, los cristianos pensaban retirarse.
Pero intervino Juan de Capistrano convenciendo a Hunyady a que atacara la flota turca a pesar de ser mucho más numerosa. En el momento en que los defensores de la ciudad se iban a retirar dándose por vencidos, Juan los animó llevando en sus manos una bandera con la cruz y gritando sin cesar: "Jesús, Jesús, Jesús".
Recorrió todos los batallones gritando entusiasmado: "Creyentes valientes, todos a defender nuestra santa religión". Juan nunca utilizó las armas de este mundo sino la oración, la penitencia y la predicación.
Mientras se luchaba en Belgrado, el Papa pidió rezar el Angelus por la victoria. Los musulmanes fueron vencidos, y tuvieron que retirarse de la región. Así se ganó la batalla de Belgrado el 21-22 de julio de 1456.
San Juan de Capistrano había ofrecido a Dios su vida por salvar la cristiandad. Dios le aceptó su oferta y pronto murió junto con Hunyady víctimas del tifo. Los cadáveres de los muertos en batalla causaron una epidemia de tifo que también contagió al santo que ya estaba débil y anciano. Murió en Villach, Hungría, unos meses más tarde, el 23 de octubre.
En Estados Unidos su nombre es famoso por la misión franciscana en California que lleva su nombre.

La vida de los clérigos virtuosos ilumina y serena
Del tratado "Espejo de los clérigos", de San Juan de Capistrano
Parte 1, Venecia 1582, 2

Los que han sido llamados a ministrar en la mesa del Señor deben brillar por el ejemplo de una vida loable y recta, en la que no se halle mancha ni suciedad alguna de pecado. Viviendo honorablemente como sal de la tierra, para sí mismos y para los demás, e iluminando a todos con el resplandor de su conducta, como luz que son del mundo, deben tener presente la solemne advertencia del sublime maestro Cristo Jesús, dirigida no sólo a los apóstoles y discípulos, sino también a todos sus sucesores, presbíteros y clérigos: Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con que la salarán? No sirve más que para tirarla fuera, y que la pise la gente.
En verdad es pisado por la gente, como barro despreciable, el clero inmundo y sucio, impregnado de la sordidez de sus vicios y envuelto en las cadenas de sus pecados, considerado inútil para sí y para los demás; porque, como dice San Gregorio: «De aquel cuya vida está desprestigiada, queda también desprestigiada la predicación».
Los presbíteros que dirigen bien merecen doble honorario, sobre todo los que se atarean predicando y enseñando. En efecto, los presbíteros que se comportan con dignidad son acreedores a un doble honorario, material y personal o sea, temporal y a la vez espiritual, que es lo mismo que decir transitorio y eterno al mismo tiempo; pues, aunque viven en la tierra sujetos a las limitaciones naturales con los demás mortales, su anhelo tiende a la convivencia con los ángeles en el cielo, para ser agradables al Rey, como prudentes ministros suyos.
Por lo cual, como un sol que nace para el mundo desde las alturas donde habita Dios, alumbre la luz del clero a los hombres, para que vean, sus buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo.
Vosotros sois la luz del mundo. Pues, así como la luz no se ilumina a sí misma, sino que con sus rayos llena de resplandor todo lo que está a su alrededor, así también la vida luminosa de los clérigos virtuosos y justos ilumina y serena, con el fulgor de su santidad, a todos los que la observan. Por consiguiente, el que está puesto al cuidado de los demás, debe mostrar en sí mismo cómo deben conducirse los otros en la casa de Dios.

Oración: que por intercesión de San Juan Capistrano, concedas fortaleza y prudencia a los diplomáticos, jueces y abogados en el desempeño de sus tareas. También te pedimos por el clero y los religiosos de todo el mundo, para que sepan predicar con el ejemplo, y sepan defender al rebaño cuando el lobo se presente en el corazón de la comunidad. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive por Siempre. Amén.



jueves, 22 de octubre de 2015

Jueves 22 de Octubre

San Felipe de Heraclea Obispo y Mártir
y compañeros San Hermetes y San Severo, Mártires
(+ 304)



Breve
En Adrianópolis, en Tracia, santos mártires Felipe, obispo de Heraclea, y Hermetes, diácono. El primero de ellos, Felipe, al pedirle el prefecto Justino, durante la persecución bajo el emperador Diocleciano, que cerrase la iglesia, entregase los vasos sagrados y mostrase los libros litúrgicos, le respondió que no podía dar estas cosas ni él recibirlas. Fueron encarcelados y azotados y al negarse a adorar al emperador y a los dioses romanos, fueron quemados vivos.
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Felipe, obispo de Heraclea, capital de Tracia, fue martirizado durante la persecución de Diocleciano. Como desempeñó con gran fidelidad sus obligaciones de diácono y de sacerdote, fue elegido obispo de Heraclea. Gobernó su diócesis con gran virtud y prudencia durante la persecución.
A fin de extender y perpetuar la obra de Dios, formó a muchos discípulos en las ciencias sagradas y en la piedad sólida. Dos de ellos, el sacerdote Severo y el diácono Hermes, tuvieron la dicha de acompañar a san Felipe en el martirio. Hermes, antiguo magistrado de la ciudad, empezó a practicar el trabajo manual desde el momento en que recibió el diaconado, y convenció a su hijo para que hiciese lo propio.
Cuando Diocleciano publicó sus primeros edictos persecutorios, muchas personas aconsejaron a San Felipe que huyese de la ciudad; pero el santo se negó a hacerlo y continuó con sus exhortaciones a su grey para mantener la constancia y la paciencia. El gobernador envió a un tal Aristómaco a clausurar las puertas de la iglesia.
Felipe le dijo: «¿Crees acaso que Dios vive entre cuatro paredes más bien que en el corazón de los hombres?» En seguida, el obispo reunió a los cristianos fuera de la iglesia. Al día siguiente, los esbirros del emperador sellaron los vasos y los libros sagrados. Los fieles entristecidos, se reunieron frente a la iglesia cerrada; Felipe se puso de espaldas contra la puerta y, para alentarlos, comenzó a hablar con palabras de fuego y se negó a retirarse.
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El gobernador Bassus, se enteró de que Felipe y sus cristianos celebraban el día del Señor delante de la iglesia y los mandó traer a su presencia. «¿Quién de vosotros es el maestro?», preguntó. Felipe respondió: «Yo». Bassus le dijo: «Bien sabes que el emperador ha prohibido que os reunáis. Entrégame los vasos de oro y plata y los libros que acostumbráis leer».
El obispo replicó: «Estamos dispuestos a entregarte los vasos, porque Dios no se complace en los metales preciosos sino en la caridad. En cuanto a los libros sagrados, ni tú puedes exigírmelos, ni yo puedo entregarlos».
El gobernador mandó llamar a los verdugos y ordenó a uno de ellos que atormentase a Felipe. Éste soportó el tormento con invencible valor. Hermes dijo al gobernador que, aunque destruyese todos los libros de la verdadera doctrina, no conseguiría destruir la palabra de Dios. Bassus le mandó a azotar también.
En seguida, Publio, ayudante del gobernador, acompañó a Hermes al sitio en que estaban depositados los vasos sagrados. Publio intentó apoderarse de algunos y, cuando Hermes trató de impedirlo, le dio tan tremenda bofetada, que le dejó el rostro bañado en sangre.
El gobernador reprobó la conducta de Publio y ordenó que curasen la herida de Hermes. En seguida, envió a los prisioneros a la plaza central y mandó a los guardias que destruyesen el techo de la iglesia. Los soldados aprovecharon la ocasión para quemar los libros sagrados, y las llamas se elevaron tan alto, que los presentes quedaron maravillados.
Cuando Felipe, quien se hallaba en la plaza central, se enteró de lo sucedido, habló largamente sobre la venganza de Dios que amenaza a los malvados y recordó al pueblo que los templos de los ídolos se habían incendiado muchas veces.

Entonces, se presentó en la plaza un sacerdote pagano con sus ministros, llevando consigo todo lo necesario para el sacrificio. También llegó Bassus, seguido por la multitud. Algunos de los presentes se compadecían de los cristianos, otros, clamaban contra ellos.
Bassus exhortó a San Felipe a ofrecer sacrificios a los dioses, a los emperadores y a la fortuna de la ciudad; después, le señaló una estatua de Hércules y le dijo que se contentaría con que la tocase.
El obispo replicó que las imágenes eran muy útiles a los escultores, pero que no podían hacer bien alguno a quienes las adoraban. Entonces Bassus, volviéndose hacía Hermes, le preguntó sí él estaba dispuesto a ofrecer sacrificios. Hermes respondió: «No. Yo también soy cristiano».
Bassus le preguntó: «Si Felipe ofrece sacrificios, ¿seguirás tú su ejemplo?» Hermes replicó que no y que tampoco conseguirían que Felipe sacrificase a los dioses. Después de emplear toda clase de amenazas y promesas para que ofreciesen el sacrificio, el gobernador mandó que los mártires fuesen conducidos a la prisión.
En el camino unos malvados derribaron por tierra a Felipe, quien se levantó sonriente, con gran admiración de la turba. Los mártires entraron en la prisión cantando gozosamente un salmo de agradecimiento a Dios.
Pocos días después el gobernador permitió que se trasladasen a la casa de un tal Paneras, a donde muchos cristianos y neófitos acudieron a oír las instrucciones de los mártires.
Más tarde, los prisioneros fueron conducidos a una prisión contigua al teatro que tenía un pasadizo secreto hacia éste, por donde los cristianos pudieron ir a visitarlos durante la noche, en gran número.
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En el ínterin, el gobernador Bassus fue sustituido por Justino. El cambio alarmó mucho a los cristianos, ya que Bassus era un hombre razonable y su esposa había sido cristiana durante algún tiempo; en cambio, Justino era un hombre muy cruel. Zoilo, el magistrado de la ciudad, condujo a Felipe a presencia de Justino, quien le repitió la orden del emperador y le exhortó a ofrecer sacrificios.
Felipe respondió: «Soy cristiano y no puedo obedecer tus órdenes. Si quieres, puedes castigarnos, pero no conseguirás que obedezcamos». Justino le amenazó con la tortura, y el obispo respondió: «Dadme tormento, pero no lograrás vencerme; no hay poder alguno capaz de obligarme a ofrecer sacrificios».
Justino le dijo que los guardias iban a llevarle a rastras hasta la prisión. Felipe replicó: «¡Dios lo quiera!» Entonces Justino ordenó que le atasen los pies y le arrastrasen a la prisión. Los guardias le arrastraron sobre las piedras con tal violencia, que Felipe llegó a la prisión cubierto de sangre. Los cristianos le recibieron y le llevaron en brazos a la mazmorra.
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Los perseguidores habían buscado durante largo tiempo al sacerdote Severo, quien se había escondido. Finalmente, movido por el Espíritu Santo, Severo se entregó y fue enviado a la prisión. Los tres mártires pasaron siete meses en un horrible calabozo. Después, fueron trasladados a Adrianópolis, a una casa particular, para esperar la llegada del gobernador. Al día siguiente, Justino mandó conducir a Felipe a las termas y dio orden de que le azotasen hasta que la carne se cayese a pedazos.
El valor del mártir impresionó no sólo a la turba, sino al propio Justino, quien le envió nuevamente a la prisión. En seguida mandó llamar a Hermes para azotarle. Los miembros de la corte le querían bien, pues había sido un magistrado muy popular en HeracIea. Pero Hermes permaneció firme en la fe y fue nuevamente enviado a la prisión. Los mártires dieron gracias a Dios por esa primera victoria. Tres días después, Justino los convocó de nuevo.
Habiendo exhortado en vano a Felipe, se volvió hacia Hermes y le dijo: «Tu compañero es insensible a los horrores de la muerte. Espero que tú comprendas el valor de la vida y ofrezcas sacrificios a los dioses». Hermes respondió con una invectiva contra la idolatría. Justino gritó enfurecido: «Hablas como si quisieses convertirme al cristianismo». En seguida consultó a sus consejeros y pronunció la sentencia: «Ordenamos que Felipe y Hermes, que por su desobediencia a los edictos imperiales se han hecho indignos del nombre y los derechos de los ciudadanos romanos, sean quemados públicamente para que el pueblo aprenda a obedecer».

Los mártires fueron con gran gozo al sitio de la ejecución. Como Felipe tenía los pies destrozados, fue llevado en brazos. Hermes, que caminaba también con gran dificultad, dijo a Felipe: «Maestro, apresurémonos a ir al encuentro del Señor. ¿Qué importan nuestros pies, puesto que ya no nos serviremos de ellos?»

Después, se volvió hacia la multitud y dijo: «El Señor me ha revelado el martirio que me espera. Soñé que una paloma blanca como la nieve venía a posarse sobre mi cabeza, descendía sobre mi pecho y me daba a comer un manjar exquisito. Entonces comprendí que el Señor se había complacido en llamarme al honor del martirio». Una vez llegados al sitio de la ejecución, los verdugos, según la costumbre, enterraron a Felipe en la arena hasta la altura de las rodillas y le ataron las manos a la espalda.
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Lo mismo hicieron con Hermes, el cual, como no pudiese sostenerse sin la ayuda de un bastón, pues tenía los pies muy débiles, exclamó riendo: «Se ve que el diablo no es capaz de sostenerme ni siquiera en estas circunstancias». Antes de que los verdugos prendiesen fuego a la pira, Hermes se dirigió a un cristiano llamado Velogio y le dijo: «Os ruego por nuestro Salvador Jesucristo que digáis a mi hijo que pague cuanto se haya gastado en mí para que tenga yo la conciencia tranquila, pues aun las leyes de este mundo mandan que se paguen las deudas. Decidle también que, aunque es joven, debe ganarse la vida con el trabajo de sus manos, como yo. Y que sea bueno con todos».
En seguida, los guardias le ataron las manos y encendieron la hoguera. Los mártires alabaron a Dios y le dieron gracias mientras pudieron hablar.
Sus cuerpos no se desintegraron. El cuerpo de Felipe, que era ya un hombre anciano, parecía haber rejuvenecido y tenía las manos extendidas como si se hallase en oración. El cadáver de Hermes conservaba su color natural, sólo las orejas estaban un poco amoratadas. Justino ordenó que los cuerpos de los mártires fuesen arrojados al río, de donde algunos cristianos de Adrianópolis consiguieron rescatarlos con redes.
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El sacerdote Severo, que estaba aún en la prisión, se alegró al enterarse del triunfo y la gloria de sus compañeros y pidió ardientemente a Dios que le concediese compartirlos, como había compartido su defensa de la fe.
Dios escuchó sus oraciones, y Severo fue martirizado al día siguiente. El edicto que mandaba quemar los escritos sagrados y destruir las iglesias, indica que el martirio tuvo lugar después de la publicación de los edictos persecutorios de Diocleciano.

El martirio de Felipe, Severo y Hermes es uno de los episodios mejor probados de la persecución de Diocleciano. El Breviarium sirio del siglo IV conmemora el martirio el 22 de octubre. El texto de las actas latinas de Felipe de Heraclea puede verse en Ruinart y en Acta Sanctorum, oct., vol. IX. H. Leclereq tradujo ese documento al francés, en Les Martyrs, vol. u, pp. 238-257. Cf. P. Franchi de Cavalieri, en Studi e Testi, núm. 27, Note Agiografiche, fase. 5 y 175, 9. N. de ETF: en la edición actual del Martirologio Romano no se ha inscripto a Severo, aunque posiblemente se deba sólo a una omisión involuntaria.

Fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

Santa María Salomé
Discípula


Salomé fue una seguidora de Jesús de Nazaret que es escasamente mencionada en los evangelios canónicos, pero que aparece de forma más detallada en algunos evangelios apócrifos. Según la interpretación tradicional cristiana de los textos evangélicos, habría sido la madre de los apóstoles Santiago el Mayor y San Juan Evangelista.


Oración: Señor te pedimos que por intercesión de San Felipe de Heraclea, San Hermetes y San Severo, podamos rechazar siempre los ídolos y valores falsos que nos presentan a diario, y sólo saber consagrar los bienes de este mundo para tu mayor gloria en los cielos y en la tierra. Te pedimos también que podamos permanecer siempre al pie de la cruz de Jesucristo, como lo hizo Santa María Salomé. Amén.
Jueves 22 de Octubre

Beato Juan Pablo II
(1920-2005)
"He llegado a comprender que la única manera de salvar al mundo de la guerra, de salvarlo del ateísmo, es la conversión de Rusia de acuerdo al mensaje de Fátima".


Consideramos que Juan Pablo II (1920-2005) ser conocido en la historia como "Juan Pablo el Grande". Es el Papa número 264 en la sucesión Apostólica
Ha iluminado las tinieblas del mundo con la luz del Evangelio, dándonos así una guía segura en tiempos muy difíciles.

Su Pontificado
El Papa es el vicario de Cristo en la Tierra. Es la mayor autoridad moral en el mundo, no por designio humano sino por gracia de Dios.

Le ha tocado pastorear a la Iglesia de Jesucristo en tiempos muy difíciles, llevándola al tercer milenio. Es el Papa de la Virgen, el Papa misionero; El que mas ha peregrinado, Al que mas personas han visto y escuchado; El que mas santos ha beatificado y canonizado -mas que todos los otros Papas juntos!. Es el Papa que mas ha utilizado los medios de comunicación en los ocho idiomas que habla; El que mas ha escrito; Visitó una sinagoga, El primero en visitar una iglesia protestante y una mezquita.

Un Papa de extraordinaria sabiduría y don profético. Un pastor que nos ha protegido de feroces lobos. El que nos ha dado el primer catecismo universal en 5 siglos. El que ha enseñado mas sobre la familia, la mujer, el matrimonio...

Karol Joseph Wojtyla (pronunciado Voi-ti-wa) nació en Wadowice, Polonia el 18 de Mayo de 1920, hijo de un oficial del ejército polaco, su madre fue maestra.

El 14 de Octubre de 1978, a la edad de 58 años fue elegido Papa. El primer no italiano en 456 años y el mas joven del siglo; suyo es el tercer pontificado mas largo de la historia.
A la edad de 61 años (13 de mayo de 1981), sufrió un severo atentado en la Plaza de San Pedro en el que las balas traspasaron su cuerpo. El mismo reconoce que la Virgen de Fátima le salvó la vida prodigiosamente. Sin duda las fuerzas del maligno han querido destruirlo pero Dios Todopoderoso lo ha protegido. Sobre su espalda el Papa lleva la cruz que manifiesta la batalla espiritual que libra la Iglesia. Todos sus sufrimientos lo han hecho mas santo y mas fuerte en el Espíritu. Su testimonio es en su sufrimientos mas admirable.

Atentado el 13 de Mayo de 1981 y Fátima
El Papa esta convencido de que Nuestra Señora intervino ese da para salvar su vida. Posteriormente, proclamara a Mara como "mi madre por siempre, y especialmente el 13 de Mayo de 1981 cuando sentí tu presencia providencial a mi lado".

El Papa estaba además convencido de que aquel atentado estaba relacionado con el mensaje de Fátima. Mientras se recuperaba en el hospital, pidió que le trajesen todos los documentos relacionados con las apariciones de Fátima. Dichos documentos fueron llevados al Papa por el Obispo Pavol Hnilica, un obispo eslovaco que pasó años prisionero en campos comunistas y tuvo que ser consagrado en secreto.
El Obispo Hnilica destacó: "Algunos de los textos eran originales y poca gente los había visto. El Papa leyó todo con una atención meticulosa". Saliendo del hospital, el Papa Juan Pablo II le dijo al Obispo Hnilica: "He llegado a comprender que la única manera de salvar al mundo de la guerra, de salvarlo del ateísmo, es la conversión de Rusia de acuerdo al mensaje de Fátima".

Posteriormente más tarde, el Papa solicitó al obispo que le llevaran una estatua de Nuestra Seora de Fátima a Castel Gandolfo. Pidió que se construyera una iglesia pequeña en Polonia, en un bosque situado en la frontera con la Unión Soviética, a fin de que albergara dicha estatua. "Actualmente la estatua se encuentra allí, en la posición exacta que Juan Pablo II haba deseado: con su mirada dirigida hacia Rusia", dice el Obispo Hnilica.

En el primer aniversario del atentado, Juan Pablo II fue a Fátima para llevar a cabo la consagración de Rusia de acuerdo al mensaje de Fátima y para agradecerle a Nuestra Seora por salvar su vida.

El 8 de Diciembre de 1983, el da de la Fiesta de la Inmaculada Concepción, las carta del Papa fue enviada a todos los obispos del mundo, incluyendo a los obispos ortodoxos, tal como lo había exigido la Virgen en 1917 y en sucesivas oportunidades posteriores a Sor Lucía, sin ser atendida esta petición por los sucesivos papas, hasta entonces, a su insistente petición.
El Papa Juan Pablo II les informó que él iba a consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María y pidió a cada obispo hacer la consagración en unión con el Papa en su propia diócesis particular junto con el pueblo de Dios que le haba sido encomendado.
Asimismo, adjunta a la carta se encontraba la oración a ser utilizada para la consagración. La fecha elegida fue el 25 de Marzo de 1984, el día de la Fiesta de la Anunciación. Esto permitió un período de tiempo de tres meses para que las cartas llegaran a las diversas partes del mundo.
Con esta consagración se abrieron las puertas los procesos que culminaron con liberación de Europa oriental tras la desaparición de la Unión Soviética.

Palabras del Papa:
El magisterio de Juan Pablo II es sumamente extenso y rico. Entre sus temas principales: La cultura de la vida, la purificación de la conciencia, el diálogo entre la fe y la razón, El Tercer Milenio y la nueva evangelización.

"El fin por el que todos juntos nos fatigamos es único: anunciar el Evangelio de Cristo para la salvación del mundo. Es una misión que queremos realizar con espíritu de fe y con disponibilidad al sacrificio, si fuera necesario, hasta la "entrega de la sangre".

"Que no desfallezca nunca en nuestro ministerio la fidelidad a Aquel que nos ha asociado íntimamente a su sacerdocio!. Que en el centro de vuestra vida esté siempre y solo El: Cristo!".
"Con el pasar de los años se hace cada vez ms profunda en mí esta convicción: Jesús nos pide que seamos sus testigos, que nos preocupemos sólo de su gloria y del bien de las almas".
-Juan Pablo II, 22-XII-03

Consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María
Rusia ha sido consagrada al Inmaculado Corazón de María por los papas en muchas ocasiones, a veces diciendo el nombre, a veces hablando de ella bajo frases indirectas, pero claras, como “aquellos pueblos cuya consagración estás, María, esperando”o “los pueblos en los cuales no había casa donde no se venerase vuestro icono”.

En concreto Pio XII consagró Rusia implícitamente el 13-10-1942 y directamente el 7 de Julio de 1952.

Juan Pablo II en varias ocasiones entre las que destacan 8.12.1981, 13.05.1982 y 16.10.1983. La consagración que podríamos denominar “válida” fue hecha por Juan Pablo II el 25 de Marzo de 1984. Esta última consagración se hizo cumpliendo con todos los requisitos que la Virgen pidió en Fátima, especialmente el de unión con el episcopado universal.

El P. Kondor, postulador de la causa de beatificación de los pastorcillos de Fatima que ese día habló con Sor Lucia, se lo confirmó al día siguiente al Santo Padre, que ahora sí, esta consagración había sido aceptada en el Cielo, confirmada por la Virgen a ella. En esta ocasión Juan Pablo II había enviado unos meses antes, el 8 de Diciembre de 1983, una carta a todos los obispos del mundo pidiendo que se uniesen a la consagración.

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión del amado Juan Pablo II Rusia continúe consagrada al Divino Corazón de María, no desfalleciendo en esta devoción, y así pueda el mundo alcanzar la Paz Mundial. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive eternamente junto a Tí. Amén.