martes, 9 de junio de 2020


9 de junio

SAN EFRÉN de SIRIA
Diácono y doctor


(306-373)

San Efrén - El texto griego que lleva en la mano dice:  "Hermano, camina por el camino estrecho, y sálvate”. Kontoglou, Photios. Monasterio de la Transfiguración, Brookline, MA, EEUU

Efrén: "fructífero" (que da mucho fruto)
Diácono, Doctor de la Iglesia, escritor eclesiástico. Llamado "el arpa del Espíritu Santo"

No hay más auxilio para el muerto, que el de los sacrificios que le ofrecen los vivos”

Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar”

Da gracias por lo que has recibido, y no te entristezcas por la abundancia sobrante”

Breve
San Efrén, alcanzó gran fama como maestro, orador, poeta, comentarista y defensor de la fe. Es el único de los Padres sirios, a quien se honra como Doctor de la Iglesia Universal, desde 1920. En Siria, tanto los católicos, como los separados de la Iglesia, lo llaman el "Arpa del Espíritu Santo", y todos han enriquecido sus liturgias respectivas, con sus homilías y sus himnos.

A pesar de que no era un hombre, de mucho estudio formal, estaba empapado en las Sagradas Escrituras, y tenía gran conocimiento de los misterios de la fe.

San Basilio, le describe como "un interlocutor, que conoce todo lo que es verdad"; San Jerónimo, al recopilar los nombres de los grandes escritores cristianos, le menciona con estos términos: "Efrén, diácono de la iglesia de Edessa, escribió muchas obras en sirio, y llegó a tener tanta fama, que en algunas iglesias, se leen en público sus escritos, después de las Sagradas Escrituras. Yo leí en la lengua griega, un libro suyo sobre el Espíritu Santo; a pesar de que sólo era una traducción; reconocí en la obra, el genio sublime del hombre". (Edessa, hoy llamada Urfa o Sanliurfa, está en Turquía)

San Efrén narra que en un sueño, vió que de su lengua, nacía una mata de uvas, la cual se extendía por muchas regiones, llevando a todas sus racimos. Este sueño llegó a ser profético, por la gran propagación de sus obras.

A San Efrén debemos en gran parte, la introducción de los cánticos sagrados, en los oficios y servicios públicos de la Iglesia, como una importante característica del culto, y un medio de instrucción.

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San Efrén, nació alrededor del año 306, en la población de Nísibis, hoy llamada Nusaybin, en Turquía, región dominada por Roma. No se sabe por cierto, si sus padres eran Cristianos. Él reconoce que de joven, no le daba mucha importancia a la religión, hasta que le llegaron las pruebas.

A la edad de dieciocho años, recibió el bautismo, y permaneció junto al famoso obispo de Nisibis, San Jacobo, con quien se afirma, asistió al Concilio de Nicea, en el año 325. Tras la muerte de San Jacobo, Efrén mantuvo estrechas relaciones, con los tres jerarcas que le sucedieron.

Efrén se hallaba en Nisibis, las tres veces en que los persas, pusieron sitio a la ciudad, puesto que en algunos de los himnos que escribió, hay descripciones sobre los peligros de la población, las defensas de la ciudad, y la derrota final del enemigo, en el año 350.

Si bien los persas, no pudieron tomar a Nisibis por medio de un ataque frontal, consiguieron entrar sin lucha a la ciudad, trece años después, cuando Nisibis se les entregó, como parte del precio de la paz, que pagó el emperador Joviano, después de la derrota y la muerte de Juliano.

La entrada de los persas, hizo huir a los cristianos, y Efrén se refugió en una caverna, abierta entre las rocas, de un alto acantilado, que dominaba la ciudad de Edessa. Ahí vivió con absoluta austeridad, sin más alimento, que un poco de pan de centeno, y algunas legumbres; y fue en aquella soledad inviolable, donde escribió la mayor parte de sus obras espirituales. 

Era un asceta, y se le notaba en su apariencia. Según dicen las crónicas, era de corta estatura, medio calvo y lampiño, tenía la piel apergaminada, dura, seca y morena como el barro cocido; vestía con andrajos remendados, y todos los parches, habían llegado a ser del mismo color de tierra; lloraba mucho y jamás reía.

Si bien la solitaria cueva era su morada, y su centro de operaciones, no vivía recluido en ella, y con frecuencia bajaba a la ciudad, para ocuparse de todos los asuntos, que afectaban a la Iglesia. A Edessa la llamaba, "la ciudad bendita", y en ella ejerció gran influencia. Predicaba a menudo, y al referirse al tema de la segunda venida de Cristo, y el juicio final, usaba una elocuencia tan vigorosa, que los gemidos y lamentos de su auditorio, ahogaban sus palabras.

Algunos biógrafos nos dan una idea, muy poco inspiradora de San Efrén, como si rechazara la alegría y la amabilidad. El obispo lo nombró, director de la escuela de canto religioso de su ciudad, y allí formó a muchos maestros de canto, para que pudiesen darle solemnidad a las fiestas religiosas, de diversas parroquias. Allí estuvo por 13 años (del 350 al 363).

No hay en sus obras, el influjo de las controversias trinitarias de la época. Esto posiblemente se debe, a que no conocía el griego. Mas bien, se dedicó a defender la doctrina antigua, por medio de la poesía.

Bardesanes y otros, utilizaban las canciones y la música populares, para propagar falsas doctrinas. Efrén comprendió la importancia de estos medios, y valoró mucho los cánticos sagrados, como un complemento del culto público. Se propuso imitar las tácticas del enemigo, y sin duda, gracias a su prestigio personal, pero sobre todo, por el mérito grande de sus propias composiciones, las que hizo cantar en las iglesias, por un coro de voces femeninas, consiguió suplantar los himnos gnósticos, por sus propios himnos.

No llegó a ser diácono, sino a edad avanzada. Su humildad, le obligaba a rehusar la ordenación, y el hecho de que a veces, se le designe como a San Efrén el Diácono, apoya la afirmación de algunos de sus biógrafos, en el sentido de que nunca obtuvo, una dignidad eclesiástica más alta. Por otra parte, en sus escritos, hay pasajes que parecen indicar que era sacerdote.

Alrededor del año 370, emprendió un viaje desde Edessa a Cesarea, en la Capadocia, con el propósito de visitar a San Basilio, de quien tanto y tan bien, había oído hablar. San Efrén menciona aquella entrevista, lo mismo que con San Gregorio de Nissa, el hermano de San Basilio, quien escribió con encomio, del venerable sirio.

Una de las crónicas, declara que San Efrén, extendió su viaje, y que visitó Egipto, donde permaneció varios años, pero semejante declaración, no está apoyada por alguna autoridad, y no concuerda con los datos cronológicos de su vida, ampliamente reconocidos.

Hombre de caridad
La última vez que tomó parte en los asuntos públicos, fue en el invierno, entre los años 372 y 373, poco antes de su muerte.

Había hambre en toda la comarca, y San Efrén se hallaba profundamente apenado, por los sufrimientos de los pobres. Los ricos de la ciudad, se negaban a abrir sus graneros y sus bolsas, porque consideraban, que no se podía confiar en nadie, para hacer una justa distribución de los alimentos y las limosnas; entonces el santo ofreció sus servicios, y fueron aceptados.

Para satisfacción de todos, administró considerables cantidades de dinero, y de abastecimientos, que le fueron confiadas, además de organizar un eficaz servicio de socorro, que incluía la provisión de 300 camillas, para transportar a los enfermos. Supo escuchar así la voz del Señor: "Estuve enfermo, y me fuiste a visitar: tuve hambre y me diste de comer. Ven al banquete, preparado desde el comienzo de los siglos". (Mt. 25, 40).

Terminada su misión en Edessa, regresó a su cueva, y sólo vivió treinta días más. Las "Crónicas" de Edessa, y las máximas autoridades en la materia, señalan el año de 373, como el de su muerte, pero algunos autores, afirman que vivió hasta el 378 o el 379.

Escritor prolífico
Entre las obras suyas, que han llegado hasta nosotros, algunas están escritas en el sirio original, y otras son traducciones al griego, al latín y al armenio. Se las puede catalogar como obras de exégesis, de polémica, de doctrina y de poesía, pero todas, a excepción de los comentarios, están en verso. Sozomeno afirma que San Efrén, escribió treinta millones de lineas.

Sus poemas más interesantes, son los "Himnos Nisibianos" (carmina Nisibena), de los que se conservan setenta y dos, de un total de setenta y siete, así como los cánticos para las estaciones, que todavía se entonan en las iglesias sirias.

Sus comentarios, comprenden todo el Antiguo Testamento, y muchas partes del Nuevo. Sobre los Evangelios, no utilizó más que la única versión, que circulaba por entonces en Siria, la llamada Diatessaron, la que en la actualidad, no existe más que en su traducción al armenio.

A pesar de que es poquísimo, lo que sabemos sobre la vida de San Efrén, no poco es lo que nos ayudan sus escritos, a formarnos una idea sobre el hombre que fue.

Lo que más impresiona al lector, es el espíritu realista y cordialmente humano, con que discurre, sobre los grandes misterios de la Redención. Se diría que se anticipa, a esa actitud de emocionada devoción, ante los sufrimientos físicos del Salvador, que no llegó a manifestarse en el Occidente, antes de la época de San Francisco de Asís.

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Algunos Escritos de San Efrén

Títulos de la Vírgen Santísima
Fue un gran amante de la Virgen María, y en sus escritos, vemos la profunda veneración, que ya se le tenía en el siglo IV. San Efrén compuso, ya en el año 333, una lista en verso, de los más bellos títulos que los cristianos otorgaban, a la Santísima Virgen:

"Señora Nuestra, Santísima Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios.

Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros, ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo; eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora.

Tú eres la Madre de Aquel, que es el ser más misericordioso, y más bueno. Haz que nuestra alma, llegue a ser digna de estar un día, a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!"

Sobre el aposento donde tuvo lugar la Ultima Cena
¡Oh tú, lugar bendito, estrecho aposento, en el que cupo el mundo!. Lo que tú contuviste, no obstante estar cercado por límites estrechos, llegó a colmar el universo. ¡Bendito sea el mísero lugar, en que con mano santa, el pan fue roto!. ¡Dentro de ti, las uvas que maduraron en la viña de María, fueron exprimidas en el cáliz de la salvación!.

¡Oh, lugar santo!. Ningún hombre ha visto, ni verá jamás, las cosas que tú viste. En ti, el Señor se hizo verdadero altar, sacerdote, pan y cáliz de salvación. Sólo Él bastaba para todo, y sin embargo, nadie era bastante para Él. El Altar y cordero, fue víctima y sacrificador, sacerdote y alimento”.

Descripción de Jesucristo siendo azotado
Tras el vehemente vocerío contra Pilatos, el Todopoderoso fue azotado como el más vil de los criminales. ¡Qué gran conmoción, y cuanto horror, hubo a la vista del tormento!. Los cielos y la tierra, enmudecieron de asombro, al contemplar Su cuerpo, surcado por el látigo de fuego, ¡Él mismo, desgarrado por los azotes!.

Al contemplarlo a Él, que había tendido sobre la tierra, el velo de los cielos, que había afirmado el fundamento de los montes, que había levantado a la tierra fuera de las aguas, que lanzaba desde las nubes, el rayo cegador y fulminante, al contemplarlo ahora, golpeado por infames verdugos, con las manos atadas a un pilar de piedra, que Su palabra había creado.

¡Y ellos, todavía, desgarraban sus miembros, y le ultrajaban con burlas!. ¡Un hombre, al que Él había formado, levantaba el látigo!. ¡Él, que sustenta a todas las criaturas con su poder, sometió su espalda a los azotes; Él, que es el brazo derecho del Padre, consintió en extender sus brazos, en torno al pilar.

El pilar de ignominia, fue abrazado por Él, que sostiene los cielos y la tierra, con todo su esplendor. Los perros salvajes ladraron al Señor, que con su trueno, sacude las montañas, y mostraron los agudos dientes, al Hijo de la Gloria”.

El "Testamento de San Efrén"
Este documento, nos revela el carácter del santo escritor. A pesar de que posiblemente, haya sufrido alteraciones y agregados en fechas posteriores, no hay duda de que en gran parte, como afirma Rubens Duval, considerado como una autoridad en la materia, es auténtico, sobre todo los pasajes que reproducimos aquí.

San Efrén, hace un llamado a sus amigos y discípulos, en tono emocionado, y de profunda humildad:

No me embalsaméis con aromáticas especies, porque no son honras para mí. Tampoco uséis incienso ni perfumes; el honor no me corresponde a mí. Quemad el incienso ante el altar santo: A mí, dadme sólo el murmullo de las preces. Dad vuestro incienso a Dios, y a mí cantadme himnos. En vez de perfumes y de especias, dadme un recuerdo en vuestras oraciones.

Mi fin ha sido decretado, y no puedo quedarme. Dadme provisiones para mi larga jornada: vuestras plegarias, vuestros salmos y sacrificios. Contad hasta completar los treinta días, y entonces hermanos, haced recuerdo de mí, ya que en verdad, no hay más auxilio para el muerto, sino que el de los sacrificios que le ofrecen los vivos”.

Benedicto XV lo declaró doctor de la Iglesia.

¡Señor envía tu Espíritu Santo, y suscita en nosotros la pasión por Tí, que manifestó el Diácono San Efrén! 

Bibliografía
Butler, Vida de los Santos.
Salesman, Vida de los Santos, II.
Agradecemos también los aportes de Vicenç Garcia Tomàs

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Del Comentario de San Efrén, Diácono, sobre el Diatésaron
(Cap. 18, 15-17: SCh 121, 325-328)

Vigilad, pues vendrá de nuevo.

Para atajar toda pregunta de sus discípulos, sobre el momento de su venida, Cristo dijo: “Esa hora nadie la sabe, ni los Ángeles ni el Hijo. No os toca a vosotros, conocer los tiempos y las fechas”.

Quiso ocultarnos esto, para que permanezcamos en vela, y para que cada uno de nosotros, pueda pensar que ese acontecimiento, se producirá durante su vida. Si el tiempo de su venida, hubiera sido revelado, vano sería su advenimiento, y las naciones y siglos en que se producirá, ya no lo desearían. Ha dicho muy claramente que vendrá, pero sin precisar en qué momento. Así todas las generaciones y todas las épocas, lo esperan ardientemente.

Aunque el Señor, haya dado a conocer las señales de su venida, no se advierte con claridad, el término de las mismas, pues sometidas a un cambio constante, estas señales han aparecido, y han pasado ya; más aún, continúan todavía. La última venida del Señor, en efecto, será semejante a la primera.

Pues del mismo modo, que los justos y los profetas lo deseaban, porque creían que aparecería en su tiempo, así también cada uno de los fieles de hoy, desea recibirlo en su propio tiempo, por cuando que Cristo, no ha revelado el día de su aparición.

Y no lo ha revelado, para que nadie piense que Él, dominador de la duración y del tiempo, está sometido a alguna necesidad, o a alguna hora. Lo que el mismo Señor ha establecido, ¿cómo podría ocultársele, siendo así que Él mismo, ha detallado las señales de su venida?.

Ha puesto de relieve esas señales, para que desde entonces, todos los pueblos y todas las épocas, pensaran que el advenimiento de Cristo, se realizaría en su propio tiempo.

Velad pues, cuando el cuerpo duerme, cuando es la naturaleza quien nos domina; y nuestra actividad entonces, no será dirigida por la voluntad, sino por los impulsos de la naturaleza. Y cuando reina sobre el alma, un pesado sopor –por ejemplo, la pusilanimidad o la melancolía-, es el enemigo quien domina el alma, y la conduce contra su propio gusto. Se adueña del cuerpo, la fuerza de la naturaleza y del alma, el enemigo.

Por eso ha hablado nuestro Señor, de la vigilancia del alma y del cuerpo, para que el cuerpo no caiga, en un pesado sopor, ni el alma en el entorpecimiento y el temor, como dice la Escritura: Sacudíos la modorra, como es razón; y también: Me he levantado, y estoy contigo; y todavía: No os acobardéis. Por todo ello, nosotros, encargados de este ministerio, no nos acobardamos.

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Oficio de lectura, VI Domingo del tiempo ordinario
La palabra de Dios, fuente inagotable de vida
Del comentario de San Efrén, diácono, sobre el Diatésaron
(Cap. 1,18-19: SC 121, 52-53)

¿Quién hay capaz Señor, de penetrar con su mente, una sola de tus frases?. Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos, que lo que tomamos.

Porque la palabra del Señor, presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó, con multiplicidad de colores, su palabra, para que todo el que la estudie, pueda ver en ella, lo que más le plazca. Escondió en su palabra, variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros, pudiera enriquecerse, en cualquiera de los puntos, en que concentrara su reflexión.

La palabra de Dios es el árbol de vida, que te ofrece el fruto bendito, desde cualquiera de sus lados; como aquella roca que se abrió en el desierto, y manó de todos lados, una bebida espiritual. Comieron—dice el Apóstol—el mismo alimento espiritual, y bebieron la misma bebida espiritual.

Aquél pues, que llegue a alcanzar, alguna parte del tesoro de esta palabra, no crea que en ella, se halla solamente lo que él ha hallado, sino que ha de pensar, que de las muchas cosas que hay en ella, esto es lo único que ha podido alcanzar.

Ni por el hecho, de que esta sola parte, ha podido llegar a ser entendida por él, tenga esta palabra por pobre y estéril, y la desprecie, sino que considerando que no puede abarcarla toda, dé gracias por la riqueza que encierra.

Alégrate por lo que has alcanzado, sin entristecerte por lo que te queda por alcanzar.

El sediento se alegra cuando bebe, y no se entristece, porque no puede agotar la fuente. La fuente ha de vencer tu sed, pero tu sed, no ha de vencer la fuente, porque si tu sed queda saciada, sin que se agote la fuente, cuando vuelvas a tener sed, podrás de nuevo beber de ella; en cambio, si al saciarse tu sed, se secara también la fuente, tu victoria sería en perjuicio tuyo.

Da gracias por lo que has recibido, y no te entristezcas por la abundancia sobrante. Lo que has recibido y conseguido, es tu parte, lo que ha quedado es tu herencia. Lo que por tu debilidad, no puedes recibir en un determinado momento, lo podrás recibir en otra ocasión, si perseveras. Ni te esfuerces avaramente, por tomar de un solo sorbo, lo que no puede ser sorbido de una vez, ni desistas por pereza, de lo que puedes ir tomando poco a poco.

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Oficio de lectura, viernes III semana de pascua
La cruz de Cristo, salvación del género humano
San Efrén, diácono
De sus sermones sobre nuestro Señor, 3-4.9

Nuestro Señor fue conculcado por la muerte, pero Él a su vez, conculcó la muerte, pasando por ella, como si fuera un camino. Se sometió a la muerte, y la soportó deliberadamente, para acabar con la obstinada muerte.

En efecto, nuestro Señor salió cargado con su cruz, como deseaba la muerte; pero desde la cruz gritó, llamando a los muertos a la resurrección, en contra de lo que la muerte deseaba.

La muerte le mató, gracias al cuerpo que tenía; pero Él, con las mismas armas, triunfó sobre la muerte. La divinidad se ocultó, bajo los velos de la humanidad; sólo así pudo acercarse a la muerte, y la muerte le mató, pero Él, a su vez, acabó con la muerte. La muerte, en efecto, destruyó la vida natural, pero luego fue destruida, a su vez, por la vida sobrenatural.

La muerte, en efecto, no hubiera podido devorarle, si Él no hubiera tenido un cuerpo, ni el infierno hubiera podido tragarle, si Él, no hubiera estado revestido de carne; por ello quiso el Señor, descender al seno de una virgen, para poder ser arrebatado en su ser carnal, hasta el reino de la muerte. Así, una vez que hubo asumido el cuerpo, penetró en el reino de la muerte, destruyó sus riquezas, y desbarató sus tesoros.

Porque la muerte llegó hasta Eva, la madre de todos los vivientes. Eva era la viña, pero la muerte, abrió una brecha en su cerco, valiéndose de las mismas manos de Eva; y Eva gustó el fruto de la muerte, por lo cual, la que era madre de todos los vivientes, se convirtió en fuente de muerte para todos ellos.

Pero luego apareció María, la nueva vid que reemplaza a la antigua; en ella habitó Cristo, la nueva Vida. La muerte, según su costumbre, fue en busca de su alimento, y no advirtió que en el fruto mortal, estaba escondida la Vida, destructora de la muerte; por ello mordió sin temor el fruto, pero entonces liberó a la vida, y a muchos juntamente con ella.

El admirable hijo del carpintero, llevó su cruz a las moradas de la muerte, que todo lo devoraban, y condujo así a todo el género humano, a la mansión de la vida. Y la humanidad entera, que a causa de un árbol, había sido precipitada en el abismo inferior, por otro árbol, el de la cruz, alcanzó la mansión de la vida.

En el árbol pues, en que había sido injertado un esqueje de muerte amarga, se injertó luego otro de vida feliz, para que confesemos que Cristo, es Señor de toda la creación.

¡A Tí la gloria; a Tí que con tu cruz, te elevaste como un puente, sobre la misma muerte, para que las almas pudieran pasar por él, desde la región de la muerte, a la región de la vida!.

¡A Tí la gloria; a Tí que asumiste un cuerpo mortal, e hiciste de él fuente de vida, para todos los mortales!.

Tú vives para siempre; los que te dieron muerte, se comportaron como los agricultores: enterraron la vida en el sepulcro, como el grano de trigo, se entierra en el surco, para que luego brotara, y resucitara llevando consigo, a otros muchos.

Venid, hagamos de nuestro Amor, una ofrenda grande y universal; elevemos cánticos y oraciones, en honor de Aquel que en la cruz, se ofreció a Dios como holocausto, para enriquecernos a todos.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que infundiste tu Espíritu en San Efrén, Diácono y Doctor de la Iglesia, infunde en nosotros, el espíritu de silencio y meditación, oración y devoción que él tuvo, para así poder acercarnos lentamente, al foco ígneo de tu Divinidad. Te pedimos también por todos los cristianos sirios, así como de todas las demás confesiones religiosas, que sufren los devastadores efectos, de la guerra civil en ese país, y trae nuevamente Tu Paz a esa región, que vió a tu Hijo caminar sobre ella. Amén.


lunes, 8 de junio de 2020


8 de junio

SAN MEDARDO


Obispo – Taumaturgo. Intercesor de los prisioneros.

(† 560)

Mira, lo mismo ocurre con el pecado. Sus comienzos son dulces, pero las consecuencias, tienen veneno y picor de abejas
Breve
Medardo significa: "audaz y valeroso" (Med: audaz. Adr: valeroso. Del alemán antiguo).

San Medardo, es el santo preferido de los campesinos de Francia. Le tienen gran fe, para que les obtenga lluvias, para los tiempos de la siembra, y para que les cuide sus viñedos, o plantaciones de uva, contra los ladrones y el mal tiempo.

Es como siempre, muy instructivo leer estas crónicas históricas, en este caso acerca de la evangelización de Francia.

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CASIMIRO SÁNCHEZ ALISEDA

San Medardo, es un santo merovingio. Un santo de aquella Francia, recién convertida al catolicismo, por obra del obispo San Remigio, que hizo bautizar en Reims a Clodoveo, bárbaro sicambro.

San Remigio, conocía bien a su regio catecúmeno, y después de prepararle concienzudamente cuanto daba de sí, y debido a la rudeza del belicoso monarca, organizó toda una fiesta en la catedral de Reims. La oportunidad lo demandaba. Tapices, colgaduras, cruces gemadas, lámparas en los intercolumnios, reflejos dorados de los mosaicos, melodías de clérigos y chantres, aclamaciones de los fieles.

Clodoveo se sintió conmovido, transportado. Hombre de guerras y torneos, no conocía las bellezas del culto cristiano.

Padre —exclamó, al penetrar en la basílica deslumbrante—, ¿es esto el cielo de que me tenéis hablado?.

No, hijo —respondió el obispo—, esto es solamente la antesala del cielo.

Esta anécdota nos sirve muy bien, para introducirnos en la vida de un santo merovingio. Con aquellos pueblos francos, regidos por Meroveo, que habían estado al servicio de la Roma imperial, a la cual prestaron buena ayuda, en la derrota de Atila, en el año 451, había que proceder así, con suavidad y energía, como con niños grandes, deslumbrándoles con algo que ellos no poseían: tradición y cultura.

Al desaparecer el Imperio de Occidente, el rey Childerico, comienza a construir el reino franco, aunque el verdadero creador de aquella nacionalidad, es Clodoveo, que da a su pueblo la unidad de territorio y de religión.

Por la batalla de Tolbiac (496), vence a los francos ripuarios y a los alamanes, y posteriormente, abraza la religión católica, por influencia de su esposa, la princesa borgoñona Clotilde, y del obispo San Remigio.

Por otra batalla, la de Vouillé (507), se apodera de los dominios visigóticos, eficazmente apoyado por el clero, que veía con agrado, la expulsión de los arrianos de las Galias. Posteriormente, y aplicando toda clase de procedimientos, logró adueñarse de todos los dominios, de los demás pueblos francos del Rhin y Cambray.

Clodoveo era un gran político y un gran militar, que recurría a todos los medios, para consolidar su poder. La frase que San Remigio pronunciara, al tiempo de administrarle el bautismo: "Adora, sicambro, lo que has quemado, y quema, lo que hasta ahora has adorado", la entendió siempre a medias, o mejor, según le convenía. Su talento político, iba por encima de su conciencia, y por eso su reinado, abundante en aciertos de primer orden, lo es también en violencias y desmanes.

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Pues en este clima, crece San Medardo. Sería ya un adolescente, cuando ocurrió la muerte de Clodoveo, en el año 511, en que su reino fue dividido entre sus cuatro hijos: Tbierry, Clodomiro, Childeberto y Clotario, reino que no volvería a reunirse, hasta muchos años después, en el año 558, en manos de Clotario, cuando a San Medardo, sólo le restaban dos años de vida.

Los reyes francos tenían, como los restantes monarcas bárbaros, psicología de ricos nuevos. Todo les venía ancho, en especial el derecho, y el respeto hacia los otros. Aquella mesura de los romanos, que con las legiones, llevaban las formas jurídicas y el orden social, no la poseían los bárbaros pueblos de la selva, gentes en estado tribal.

Fueron los monjes y los obispos, quienes penosamente, hubieron de educarlos en la moderación, y el uso ponderado de la fuerza. Y —¡oh maravilla!— el caballero, el hombre que pone su espada, al servicio de las más nobles empresas, teniendo por norma el honor, es un producto del feudalismo cristianizado. La Edad Media, sería el equilibrio entre religión y poder.

San Medardo nació en Salency. Su padre, Néctor, pertenecía a una gran familia franca, y su madre, Protagia, era galorromana. Buena fusión para un santo, que habría de influir poderosamente en su pueblo.

De su padre, heredaría la fortaleza, la decisión, e incluso el prestigio, para que nadie le tornara por sospechoso. De su madre, mamaría la delicadeza, las finas maneras, el gusto depurado.

Naturalmente, con una madre así, había que pensar en una educación esmerada para el hijo; que seguramente también el padre apoyaría. Los padres, quieren vengarse de su ignorancia, dando carrera a sus hijos, sobre todo si ellos prosperaron, simplemente por audacia y fortuna.

San Medardo estudió en Augusta Veromanduorum. Esta población del norte de Francia, cerca ya de la actual Bélgica, corresponde hoy, a una ciudad que tiene para los españoles recuerdos imperiales, y nos valió El Escorial: Saint Quentin.

Allí estudiaría en la escuela episcopal, y adelantaría en los estudios; pero mucho más en la virtud.

Tratándose de un santo, y de un santo merovingio, esto es de todo punto imprescindible. No es que estuviera predestinado a la santidad; el joven escolar, pondría grandes esfuerzos, derrocharía todo su empeño en los estudios, pero no menos en superarse en el bien.

Desde luego, está probado por los biógrafos primitivos, el sentido limosnero del joven Medardo. Compartía con los estudiantes más pobres su comida; socorría largamente a los menesterosos, y en una ocasión, dio un caballo a un pobre peregrino, a quien los ladrones lo habían dejado a pie, robándole su cabalgadura. Cuando su padre notó la falta en la caballeriza, se admiraría ante el suceso, y presentiría que su hijo, si algún día alcanzaba fama, no sería como guerrero, sino como clérigo.

Efectivamente, el obispo de su diócesis, le promovió a las órdenes sagradas, y ascendiendo por los grados de la jerarquía, llegó al sacerdocio.

Por entonces, debió volver a Salency, para hacerse administrador de las propiedades paternas, en beneficio de los pobres, aunque no de los ladrones. Una de las cosas que debían aprender los francos, acostumbrados a la ley de la selva, era el respeto a la propiedad.

Parece que San Medardo, tuvo en parte esta misión. Pero el Santo, no necesitaba llevar a los rateros a los tribunales civiles. Resolvía él mismo, con milagros y caridad, los casos.

Tres anécdotas, como de Flos sanctorum, han llegado hasta nosotros, y ungidas además, con su propia moraleja, como los apologistas orientales.

El Santo tenía una viña junto a su casa. Eran los comienzos del otoño, cuando un sol en declive, va dando toques de oro, a los racimos de las cepas. Una noche, los ladrones asaltaron la heredad. Llenaron sus capachos, y pretendieron huir con el objeto de su depredación. Todo fue inútil; no encontraban la salida de la finca. A la mañana siguiente, a la aurora, cuando San Medardo, que salía al predio, para cantar los salmos de su oficio, encontró a los rateros.

El Santo, no tuvo reproche alguno para los infelices. Tal vez, con un dejo de ironía, pudo decirles:

¿Veis? El pecado ciega. ¡Con lo fácil que era dar con la puerta!. Podéis marcharos, y que os aproveche vuestra vendimia.

Otro día, fue un ladrón goloso, que asaltó las colmenas de la casa parroquial. Pero tan apurado se vio de las abejas, que le picaban implacables, que tuvo que solicitar socorro del Santo.

Mira, lo mismo ocurre con el pecado. Sus comienzos son dulces, pero las consecuencias, tienen veneno y picor de abejas.

Por último, el caso más gracioso y educativo, fue el de la vaca.

San Medardo tenía una vaquita. Debía de ser preciosa, como cuidada por un Santo. Y daba mucha leche.

El Santo soltaba su vaquita al prado, y para saber si se alejaba, para conocer sus correrías, San Medardo puso una esquila a su vaca.

La becerra pacía aquí y allí, bajaba hasta la ribera del río, se metía entre los juncos, y espadañas de la orilla. El Santo oía la cencerra, escuchaba su sonido, y sabía de las andanzas de su vaca. Si alguna vez el animalito, se extraviaba demasiado, San Medardo lanzaba un silbido profundo, y la vaca volvía a la querencia del establo.

El Santo la ordeñaba, y la apiensaba hasta el día siguiente.

Pero un día, la vaca se alejó. Al principio, San Medardo oía el cencerro de su vaca. Después sólo muy lejanamente; por último, nada, ni un eco.

San Medardo silbó a su vaca, esperando hallar la respuesta de su esquilita; pero la vaca no contestaba, porque un ladrón se la había robado.

San Medardo se acostó triste aquella noche, sin tomarse su cuenco habitual, de leche espumante.

Pero a la mañana siguiente, se presentó el ladrón solo, por su voluntad, sin que nadie le obligara.

Mejor dicho, venía obligado por la esquila de la vaca.

Cuando la robó, para que no sonara, le quitó el cencerro a la vaca, y lo escondió en sus alforjas; pero el cencerro sonaba, sonaba y sonaba. Después lo enterró en el suelo, y el cencerro seguía sonando. Por fin, en su casa, lo atascó con paja, y lo escondió entre el heno. Mas el cencerro no dejaba de sonar. Aquella noche, el hombre no pudo pegar el ojo, oyendo incesantemente, la esquila de la vaca de San Medardo.

Cuando a la mañana siguiente, le explicó al Santo lo ocurrido, le respondió éste:

Hijo, eso es la esquila de tu conciencia. El remordimiento, no te ha dejado dormir. Es la consecuencia de todo pecado.

Estos hechos, y aún otros más portentosos, debieron hacer subir, el crédito de santidad de Medardo. Y nada puede extrañar, que fuera elegido obispo, a la muerte de Alomer, que regía la sede de Vermandois.

Parece ser que fue consagrado, por el propio San Remigio, y para poder seguir atendiendo a sus posesiones familiares, y para enseñar costumbres cívicas a sus cristianos, recién salidos de la idolatría, o como quieren otros biógrafos más dudosos, porque Noyon, ofreciera mejores condiciones de defensa, en aquellos tiempos calamitosos de invasiones y guerra, trasladó a esta ciudad,

Aquí comenzaría su lucha enérgica y suave, contra los restos de paganismo, que se resistía a cristianizarse; contra las supersticiones, contra las duras costumbres; contra la ignorancia, contra la rapiña y la haraganería; contra la intriga y el asesinato. Oscura tarea que llevaron a cabo, aquellos obispos galos del siglo VI, que lograron cambiar la mentalidad, de los francos recién convertidos.

El prestigio de San Medardo, aparece en todo su esplendor, cuando vemos a la reina Radegunda, postrada a sus pies, pidiendo con humildad y energía, el hábito de diaconisa.

Radegunda era esposa de Clotario, que la había conseguido como botín, en el año 531, cuando las luchas intestinas de Turingia, permitieron a los reyes francos, apoderarse de aquel reino.

Los hijos de Bertario, hijo del rey derrotado, Hermanfrido, cayeron prisioneros, y entre ellos venía Radegunda, princesa que había recibido una educación refinada, en la corte de su tío. Clotario consiguió finalmente casarse con ella, dentro de la legalidad, aunque venciendo la repugnancia natural de la derrotada.

Mucho debió de sufrir ésta, al lado de su regio consorte, quien no sabía percibir del cristianismo, nada más que el temor del infierno, y las noticias que la historia nos ha dejado de él, nos lo presentan como un príncipe violento y lujurioso, aunque capaz de arrepentirse de alguna mala decisión, si se interponía el gesto enérgico de algún prelado. Así, después de haber decidido apoderarse, del tercio de las rentas de las iglesias, renunció a su proyecto, ante una simple protesta del obispo de Tours.

Radegunda supo conducir la corte de Clotario, dentro de una alta vida religiosa, sin descuidar ni por un momento, sus deberes de soberana.

Mas como dijimos, tenía ella un hermano, que había sido hecho prisionero, en el año 531, cuando la destrucción de la Turingia. En el año 555, esta región se sublevó contra Clotario, y éste hizo asesinar brutalmente, al hermano de la reina.

Radegunda pidió, y obtuvo permiso, de abandonar la corte, y con su ascendiente moral, obliga a San Medardo, a que le diera el velo de consagrada.

El Santo duda, no por miedo a la cólera del rey, o de los presentes que le advierten:

Obispo, cuida mucho de no arrebatar al rey de su legitima esposa, la cual él desposó solemnemente.

Más bien temía ir, contra los sagrados cánones, que prohíben la separación de marido y mujer.

Mas como Radegunda, ya había obtenido la autorización del rey, venció los últimos escrúpulos del santo prelado, cuando se presentó ante él, revestida de los hábitos religiosos, y le dijo:

Si dudas en consagrarme, si tienes miedo a un hombre, más que de Dios, sabe pastor, que Él te pedirá cuenta del alma de tus ovejas.

Estas palabras decidieron al buen pastor, que impuso las manos a Radegunda, consagrándola diaconisa. Y no parece que Clotario, tomara a mal la conducta del Santo, a pesar de lamentar, el haberse quedado sin tan santa esposa.

Ésta marchó a Poitiers, y fundó un monasterio, que puso bajo la regla de San Cesáreo de Arlés, y donde Venancio Fortunato, hacía como de capellán, y consejero del regio cenobio.

San Medardo murió poco después, avanzado de edad, y cargado de méritos, probablemente en el año 560. Al siguiente año, moría también Clotario, y otra vez la dinastía franca, se hacía reino cuatripartito en sus hijos.

El cuerpo de San Medardo, fue llevado muy pronto a Soissons, donde se levantó un célebre monasterio, comenzado por el propio Clotario.

La fama taumatúrgica del Santo, creció tan rápidamente, que al año podía escribir San Niceto de Tréveris, que era parangonable con la de San Martín de Tours, San Hilario de Poitiers y San Remigio.

Los prisioneros liberados por su intercesión, acudían a su templo, a dejar sus cadenas como testimonio. Al principio del siglo décimo, los monjes de Soissons, huyendo de los normandos, llevaron sus reliquias de Dijon.

San Medardo, es uno de los santos más populares, de la Francia de la Edad Media. No es raro que alrededor del mismo, hayan proliferado las leyendas. Dom Leclercq, en el Diccionario de Arqueología y Liturgia, tiene un denso artículo, sobre las “vidas" de este Santo.

La más fidedigna, es la escrita en el año 600, por un monje merovingio, y que se atribuyó durante muchos siglos, a Venancio Fortunato, pero que indudablemente no es suya.

Otra cosa curiosísima, es la leyenda que hace hermanos gemelos, a San Medardo y San Gildardo, los cuales habrían sido bautizados el mismo día, ordenados sacerdotes, y consagrados obispos el mismo día, y habrían entrado igualmente en el cielo, el mismo día.

Un dístico medieval lo dice en latín litúrgico:
Una dies natos utero viditque sacratos,
albis indutos et ab ista carric solutos.

Pero esta leyenda absurda y sin fundamento, la refutó el mismo Mabillon en 1668, en una carta al prior de San Medardo, demostrando la imposibilidad de coincidencias cronológicas, entre el obispo de Noyon y San Gildardo, que es anterior a San Medardo.

San Gregorio de Tours, nos dice que ya en su tiempo, se representaba a San Medardo, con la boca entreabierta, y enseñando la dentadura, para significar de esta manera ingenua, que era patrón contra los dolores de muelas.

Este gesto del Santo, ha pasado a la paremiología francesa, en que se dice: Ris qui est de saint Médard —le coeur n'y prend pas grand part (En la risa de San Medardo, el corazón no toma mucha parte).

La abadía de San Medardo de Soissons, llegó a ser famosa y poseer pingües riquezas, jugando un papel importantísimo, bajo los reyes merovingios y carolingios.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos por los méritos y la intercesión de San Medardo, devolver a nuestro prójimo, cualquier cosa que hayamos podido tomar indebidamente; y si no podemos hacerlo de manera conveniente, devolverlo a cualquier hermano o hermana en la Fe, que se encuentre necesitado. A Tí Señor, que perdonaste a Zaqueo, cuando prometió devolver, hasta cuatro veces, cualquier impuesto injustamente cobrado. Amén.

Te pedimos también por Francia, para que la preserves de todo mal, y mantengas su Fe Católica y Apostólica, firme como una antorcha eterna, en sus manos. Amén.

domingo, 7 de junio de 2020


7 de junio

San Isaac, y compañeros mártires cordobeses


(† 851)

Nadie puede detener, a aquellos que van al martirio, inspirados por el Espíritu Santo

Breve
Santos varones españoles, que murieron dando testimonio de Jesús crucificado, resucitado y elevado a los cielos, a la Diestra del Padre.
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En la ciudad, los moros están cansados de matar; los cristianos que conviven allí, están cansados también de aguantar insolencias, y de sufrir humillaciones, con peligro de sus vidas. Bastantes han preferido la salida, y se han instalado en los alrededores, ocupando las cuevas de la montaña, donde viven como ermitaños.

Son más de los que se esperaba; casi se puede decir, que han formado un cinturón, cercando la ciudad de los emires. Con frecuencia, reciben la visita de Eulogio, que les conforta con la palabra clara, fuerte y enérgica que deja en sus almas, regustos de mayor entrega a Dios, mezclada con deseos de fidelidad, a la fe cristiana y a los derechos de la patria.

Gran parte de ellos, avivan en el alma, deseos sinceros de perfección. Pasan el día y la noche, repitiendo las costumbres ascéticas, de los antiguos anacoretas, entre la meditación y la alabanza.

Las numerosas ermitas de la montaña, forman un gran monasterio, que sigue la Regla de los antiguos y pasados reformadores visigóticos, Leandro, Isidoro, Fructuoso y Valerio, quienes muy probablemente recopilaron, adaptándolas, las primeras reglas cenobíticas de los orientales, recogidas por Pacomio, Casiano, Agustín y Benito. El más importante es el Tabanense.

Estalló la tormenta, con el martirio del sacerdote cordobés Perfecto, que fue arrastrado al tribunal, condenado y degollado. Hay revuelo en la ciudad, y protesta e indignación en el campo. Ha nacido un sentimiento, por mucho tiempo reprimido; muchos llenos de ánimo, se lanzan en público a maldecir al Profeta, y se muestran deseosos de morir, por la justicia y la verdad. El mismo Eulogio, pretendió serenar los ánimos, pero de todos modos, sostiene que «nadie puede detener, a aquellos que van al martirio, inspirados por el Espíritu Santo».


Isaac es un joven sacerdote de Tábanos; hijo de familia ilustre cordobesa, de buena educación, conocedor excelente del árabe, hábil en los negocios, servidor en la administración de Abderramán, y de sus rentas. Pero amargado en la casa de su amo, por la insolencia de los dominantes, por su prepotencia altanera, o quizá por escrúpulos de conciencia, decidió irse y entrar en Tábanos, donde le trató Eulogio.

Ahora, indignado por la persecución de los musulmanes, toma la decisión de presentarse al cadí, con la intención de ridiculizar la injusticia, y acabar en el martirio. Simula querer tener razones, para aceptar la religión del Profeta, y las pide con ironía y sarcasmo, al juez que cae en la trampa.

Tan de plano rechaza ante el público reunido, la mentira del Profeta, la conducta personal del mahometano, y la falsía de la felicidad prometida, que resaltando la verdad del Crucificado, la dignidad que pide a sus fieles, y la verdad del único Cielo prometido, que fuera de sí, el improvisado y timado maestro, abofetea a Isaac, contra la ley y la usanza.

La crónica del suceso, narrada por Eulogio, coincide con la versión árabe, relatada en las Historias de los jueces de Córdoba, de Alioxaní, por la que sabemos hasta el nombre del cadí, Said-ben Soleiman el Gafaquí, que le juzgó.

Abderramán II, mandó aplicar el rigor de la ley, a su antiguo servidor; y para que los cristianos, no pudieran hacer de su cadáver un estandarte, dándole veneración, lo mantuvo dos días en la horca, lo hizo quemar, y desparramar después sus cenizas, por el río Guadalquivir.

Eso sucedió el miércoles 3 de junio. Dos días más tarde, el mártir es Sancho, un joven admirador de Eulogio, nacido cerca del Pirineo, que era un esclavo de la guardia del sultán; a éste, por ser culpado de alta traición, además de impío, lo tendieron en el suelo, le metieron por su cuerpo una larga estaca, lo levantaron en el aire, y así murió tras una larga agonía; esa era la muerte de los empalados.

Seis hombres, que vestían con cogulla monacal, se presentaron el domingo, día 7, ante el juez musulmán. Eran Pedro, un joven sacerdote, y Walabonso, diácono, nacido en Niebla, ambos del monasterio de Santa María de Cuteclara; otros dos, Sabiniano y Wistremundo, pertenecían al monasterio de Armelata; Jeremías era un anciano cordobés, que había sido rico en sus buenos tiempos, pero había sabido adaptar su cuerpo, a los rigores de la penitencia, en el monasterio de Tábanos, que ayudó a construir con su fortuna personal, y ya sólo le quedaba esperar el Cielo, y otro tabanense más, Habencio, murieron decapitados.

En unos días, ocho hombres fueron mártires de Cristo.



Gentileza de De Crates (University of Texas Libraries)

Nota Personal: He omitido o suavizado intencionalmente, lo que dijeron estos santos varones, respecto del fundador del Islam, Muhammad o comúnmente llamado Mahoma.

Lo hago en honor a mi abuelo materno musulmán, quien siempre respetó al Cristianismo, y permitió que toda su familia sea bautizada, y fuese católica. La clave del desencuentro con los musulmanes, es de carácter teológico, y no personal con Muhammad. Así si éste, a los ojos cristianos, hubiese sido un varón inmaculado, igualmente subsistiría el desencuentro.

Quiero hacer este paréntesis, por el odio enconado, que existe actualmente en Occidente contra los musulmanes, que resume una enorme tendenciosidad, a un estado de guerra permanente, favorable a los intereses armamentísticos mundiales. Los propios musulmanes, son las primeras y principales víctimas de los extremistas musulmanes, y lo atestiguan con sus vidas, muriendo de a miles en el Mar Mediterráneo, cuando escapan a Europa.

Resumiendo brevemente la doctrina que profesan, el Islam cree en la concepción virginal de Jesús, cree en la Virgen María como tal, y venera a Jesús como profeta.

Sin embargo, niegan al pecado original, y en consecuencia, de la necesidad del Bautismo. Repiten de alguna manera, la herejía de Pelagio y de sus seguidores, el pelagianismo. Nosotros sabemos bien, el poder inmenso del pecado, que anida en nuestro corazón.

También niegan que Jesús haya sido crucificado, ya que afirman que otro hombre, que se le parecía lo fué, y que Dios elevó a Jesús a los cielos, sin haber resucitado. Niegan en consecuencia el sacrificio salvífico de la Cruz, su resurrección, y su naturaleza divina, siendo en consecuencia la versión moderna del arrianismo, que entre los cristianos, negaba la naturaleza divina del Salvador.

Por supuesto niegan la Eucaristía, y el misterio de la transustanciación del pan y del vino, en el cuerpo y la sangre de Jesús. En eso se parecen mucho a los protestantes.

Algunos musulmanes – mi propio hermano – afirman, que ellos creen en los mismos textos sagrados de los cristianos y judíos. Sin embargo, esto no es así, ya que según un comité de 32 eruditos musulmanes de los Estados Unidos, afirmaron que el Evangelio original – el Al-Inyil - que Dios le reveló a Jesús, ha sido modificado con el tiempo, al igual que el Antiguo Testamento. Es algo lógico, que así lo crean estos eruditos, porque sino, sería una flagrante contradicción, con sus creencias teológicas.

La clave esencial de la controversia, es muy parecida a lo que nos separa de los protestantes. Ellos también afirman, desde otro ángulo, que nosotros, los católicos, no seguimos fielmente las verdaderas creencias cristianas, ya que ellos – los protestantes - se ajustan estrictamente a la letra de lo escrito, en el Evangelio, y nosotros no.

Por ejemplo, respecto a la Virgen María, los protestantes la rechazan como co redentora, como sí lo afirmamos los católicos. Rechazan además la Tradición, en especial, todas las sucesivas revelaciones, y apariciones, de la Virgen María, y de la visión de muchos Santos. Ni hablar de nuestra Devoción, al Sagrado Corazón de Jesús y de María.

Lo último importante que quería reflexionar, es la proyección histórica, de la labor de Muhammad, y de los propios musulmanes. Hay que pensar que éste, sacó a innumerables pueblos árabes, con la ayuda indudable de Dios, del politeísmo y del más crudo paganismo.

Si no acabó mártir, fué porque supo escapar a tiempo a Medina desde la Meca, y allí organizó un poderoso ejército; es decir que fué un profeta guerrero. De alguna manera, repitió lo que sabemos, que hizo luego el Emperador Carlomagno, en Francia y Alemania por ejemplo, y a nuestros propios Monjes Templarios

Hay que recordar también, que el propio Islam sufrió cambios políticos importantes, y lo que era tolerable para los primeros musulmanes, ya no lo era para períodos posteriores. Esto sucedió en la dinastía de los Omeyas, que al principio de la conquista fueron tolerantes, y luego no lo fueron un siglo después.

Nosotros mismos, con nuestra pésima conducta y genocidio de las Cruzadas, en la Edad Media, repetida luego en el 2003, no hemos contribuido en nada, a la Paz entre las naciones cristianas y musulmanas. En Siria convivían cristianos, judíos y musulmanes, sin que exista violencia alguna entre ellos. Lo mismo en Iraq e Irán.

También es importante señalar, que en la España Mozárabe, nunca existió la Inquisición – al menos formalmente -, y la ciencia y el arte, se propagaban libremente, tanto que en la Universidad de Córdoba, estudiaron muchos cristianos, venidos del resto de la Europa Cristiana. La ordenada recopilación de la ciencia helénica y romana, por parte de los musulmanes, sirvió luego para el despegue de la Ciencia y el Arte, durante el Renacimiento en Europa.

Lo mismo sucedió, con el sistema numérico que diseñaron los árabes, que luego alcanzó aceptación mundial, especialmente con la aparición del número cero, y desde luego las decenas, centenas y miles, para los cálculos arquitectónicos y astronómicos, que ellos ya manejaban con habilidad. Las enormes construcciones, al estilo de la Basílica de San Pedro, fueron realizadas muchos siglos antes en Yemen, por ejemplo.

Ellos ya sabían, y guardaban como celoso secreto, por razones políticas y comerciales de carácter transoceánicas (Atlántico, Índico y Pacífico), que la Tierra era redonda, y que el Sol era el centro del sistema planetario, debido a sus observaciones astronómicas. Colón pudo averiguarlo de fuentes mozárabes, confirmaron lo que ya él sospechaba, y se lo revelaron los propios monjes españoles.

Cuando fueron expulsados los “moros” y judíos, España dejó partir a los mejores artesanos, comerciantes, industriales, científicos y técnicos, y empezó a importar todo, lo que arruinó de manera irreversible a ese país, durante centurias.

Hay que recordar también, que en la Universidad de Bagdad, ya se operaba con asepsia completa, muchos siglos antes, de que se hiciera en Occidente. Lo que Lord Lister descubrió en el siglo diecinueve, respecto a la asepsia, ya lo conocían ellos en el siglo once. No eran los musulmanes, una cultura “bárbara” ni “atrasada”. Esto nos enseña a tener humildad, y saber dar la importancia debida, al entrelazamiento cultural, sin perder nuestra identidad.

El respeto que tienen los musulmanes, por la Virgen María, es proverbial, y sospecho que la aparición de ella en Fátima, Portugal, no ha sido casual, ya que ésta, Fátima, fué la cuarta hija de Muhammad. Seguramente, la reconciliación de Cristianos y Musulmanes, pasará por la Virgen María.

En última instancia, lo que realmente importa es nuestro corazón, nuestra conducta personal coherente, y nuestra Fe en Dios. De nada sirve decir que somos cristianos, si no somos consecuentes luego, con nuestras acciones, al Amor y el Sacrificio que ese Amor conlleva, y tener un firme rechazo al pecado y a Satanás.

Ya el Divino Maestro nos lo advirtió severamente, que no será suficiente para entrar en la Vida Eterna, con haber dicho: “Señor, Señor”, si no fuimos sus discípulos de todo corazón.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que infundiste el sagrado celo de tu Santo Nombre a San Isaac, y compañeros mártires, haz que su supremo sacrificio, sirva a la reconciliación de las religiones monoteístas, ayudando y acelerando de esa manera, a la venida de tu Reino sobre la Tierra. A Tí Señor, que nos advertiste que no bastará, para entrar en el Reino de los Cielos, con haberte dicho “Señor, Señor”. Amén.



sábado, 6 de junio de 2020


6 de Junio

San Marcelino Champagnat


Fundador de los Hermanos Maristas

1789-1840

Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús”

Breve
Catequista y sacerdote insigne. Fué compañero del Cura de Ars, famoso por sus confrontaciones directas con el demonio. Ejerció una poderosa influencia en la juventud francesa, diezmada y devastada espiritualmente, luego de la Revolución Francesa, y las Guerras Napoleónicas.

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Nació en 1789 cerca de Lyon, Francia. Su padre, que llegó a ser alcalde del pueblo, por defender y favorecer la religión, tuvo que sufrir mucho durante la revolución francesa.

La mamá, era sumamente devota de la Virgen Santísima, y le infundió una gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre de Dios.

Una tía muy piadosa, le leía Vidas de Santos, y estas lecturas, lo fueron entusiasmando por la vida de apostolado. La lectura de las Vidas de los Santos, lo entusiasma mucho, por la virtud contagiosa de los santos.

Creció sin asistir a la escuela, pero las lecturas caseras, lo fueron formando, en un fuerte amor por la religión.

Desde muy niño, demostró mucha capacidad para aprender la albañilería, y la practicó en su niñez, y después este oficio, le va a ser muy útil en sus fundaciones. También era ágil para el negocio. Compraba corderillos, los engordaba, y luego los vendía, y así fue haciendo sus ahorros, con los cuales, más tarde, le ayudará a costearse sus estudios.

Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón), se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio, y fundó varios seminarios, Cerca del pueblo de Marcelino, abrieron un seminario menor, y un sacerdote visitador, llegó a la casa de los Champagnat, a invitar a alguno de los jóvenes, a ingresar en el nuevo seminario.

A Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío, decían que él no servía para los estudios, sino para los oficios manuales. Sin embargo, el joven insistió, y le permitieron entrar en el seminario.

Serias dificultades con los estudios
Como le habían anunciado el papá y el tío, los estudios le resultaron sumamente difíciles, y estuvo a punto de ser echado del seminario, por sus bajas notas en los exámenes, Pero su buena conducta, y el hacerse repetir las clases, por unos buenos amigos, le permitieron poder seguir estudiando para el sacerdocio.

En el seminario tenía otro compañero, que como él, tenía menos memoria, y menos aptitud para los estudios que los demás, pero los dos sobresalían en piedad y en buena conducta, y esto les iba a ser inmensamente útil en la vida. El compañero de Marcelino, se llamaba Juan María Vianney, que después fue el Santo Cura de Ars, famoso en todo el mundo.

Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12 compañeros, hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa, que propagara la devoción a la Santísima Virgen, y fueron en peregrinación a un santuario mariano, a encomendar esta gracia. Marcelino, logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.

Ordenación y primeros oficios
En 1816 fue ordenado sacerdote, y lo nombraron como coadjutor o vicario, de un sacerdote anciano, en un pueblecito, donde los hombres pasaban sus ratos libres en las cantinas, tomando licor, y la juventud en bailaderos para nada santos. La ignorancia religiosa, era sumamente grande.

Marcelino se dedicó con toda su alma, a tratar de acabar con las borracheras y los bailaderos, y a procurar instruir a sus fieles, lo mejor posible en la religión. Como tenía una especial cualidad para atraer a la juventud, pronto se vio rodeado de muchos jóvenes, que deseaban ser instruidos en la religión. Y hasta tal punto, les gustaba su clase de catequesis, que antes de que abrieran la iglesia, a las seis de la mañana, ya estaban allí esperando en la puerta, para entrar a escucharle.

Fundador
Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó fundador de una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y amable a la vez. Alto en su aspecto físico, y gigante en la virtud.

Le había consagrado su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar, una congregación religiosa, dedicada a enseñar catecismo a los niños, y a propagar la devoción a Nuestra Señora. Esto sucedió en 1816, y una placa en dicho santuario, recuerda este importante acontecimiento,

La causa inmediata
Lo que movió inmediatamente a Marcelino, a fundar la Comunidad de Hermanos Maristas, fue que al visitar a un joven enfermo; se dio cuenta de que aquel pobre muchacho, ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar, que en ese mismo estado, debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el catecismo, Lo preparó a bien morir, y se propuso buscar compañeros, que le ayudaran a instruir cristianamente a la juventud.

Humildes comienzos
El 2 de Enero de 1817, empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas, en una casita, que era una verdadera Cueva de Belén, por su pobreza. Sus jóvenes compañeros, se dedicaban a estudiar religión, y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El santo los formaba estrictamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran verdaderos apóstoles.

Admirable expansión
Pronto, empezaron a llegar peticiones de maestros de religión, para parroquias y más parroquias, Marcelino enviaba a los que ya tenía mejor preparados, y la casa se le volvía a llenar de aspirantes. Siempre tenía más peticiones de parroquias, para que les envíe hermanos catequistas, que jóvenes ya preparados para ser enviados. Y como su casa se llenó hasta el extremo, él mismo se dedicó a ayudar a sus novicios, y aprovechando sus conocimientos de albañilería, a ensanchar el edificio.

Su método de enseñanza
Ante todo, las labores de sus religiosos, estaban todas dirigidas, a hacer conocer y amar más a Dios, y a nuestra religión. El método empleado, era el de la más exquisita caridad con todos. Marcelino no podía olvidar, como una vez un profesor, públicamente puso un sobrenombre humillante a un alumno, y entonces los compañeros de ese pobre muchacho, empezaron a humillarlo, hasta desesperarlo.

Por eso prohibió rotundamente, todo trato humillante para con los alumnos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio mucha importancia al canto, como medio de hacer más alegre, y más eficaz la catequesis. Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos, participan positivamente en las clases. Cada religioso, debía dedicar una hora por día, a prepararse en catequesis y en pedagogía, para saber enseñar lo mejor posible.

Devoción Mariana
La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino, era su gran devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: "Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús".

Y les decía, "Nuestra Comunidad, pertenece por completo a Nuestra Señora, la Madre de Dios. Nuestras actividades, deben de estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente, hacia Jesucristo".

Muerte joven
Marcelino murió muy joven, con apenas de 51 años, el 6 de Junio de 1840. Los últimos 15 años, había sufrido de una gastritis aguda, y un cáncer al estómago, que le ocasionó la muerte. Al morir, dejaba 40 casas de Hermanos Maristas. Ahora sus religiosos son más de 6.000 en 870 colegios, en muy diversos países.

Beatificado el 29 de mayo de 1955, por el Papa Pío XII.

Canonizado por su Santidad Juan Pablo II, el 18 de Abril de 1999. En esa ocasión, el Papa resaltó su fe inquebrantable, así como su fidelidad a Cristo, «incluso en las dificultades, en medio de un mundo que con frecuencia, había perdido el sentido de Dios».

«San Marcelino anunció el Evangelio, con un corazón ardiente. Mostró sensibilidad, a las necesidades espirituales y educativas de su época, especialmente a la ignorancia religiosa, y al abandono que experimentaba particularmente la juventud».

Bibliografía
Salesman, Eliecer, Pbro., Vida de los Santos, segunda edición

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste a San Marcelino Champagnat como educador insigne, haz que todos los educadores del mundo, puedan llevar adelante su misión, con perseverancia y Fe, en medio de tantos males sociales y espirituales. A Tí Señor, que enseñaste, todos los días de tu Apostolado en la Tierra, sin prisa y sin pausa. Amén.