miércoles, 8 de mayo de 2019


Cuarta Feria, 8 de Mayo

La aparición de San Miguel Arcángel, consagrando el Monte Gargano en Manfredonia, reino de Nápoles


San Bonifacio IV, 67ª papa. 608-615

San Pedro, arzobispo de Tarantasia. 1174

-La aparición de San Miguel Arcángel. Son numerosas las apariciones, de que nos hablan las historias, pero este día, se celebra muy particularmente, la que realizó en el monte Gárgano, en una cueva que se llama del Santo Ángel, cerca de Manfredonia, reino de Nápoles. Fue en el año 492, cuando Gelasio I, ocupaba la cátedra de San Pedro.

Poderoso se eleva el Monte Gargano, dominando con soberbia, las colinas que le rodean. Hasta el siglo quinto, la cima estaba recubierta de un bosque tupido, e ignorada por todo el mundo.

Pero en el año 490, nació la aurora de su inmortal gloria; su fama sobrepasó los confines de Italia, resonó en todo el mundo, y comenzó a atraer a sí a Papas, Emperadores, Príncipes reinantes, nobles, y los pueblos de todas las naciones. ¿Qué sucedió?.

Leamos la narración original, del antiguo libro del “Liber pontificalis”, de la Curia Romana:

Bajo el gobierno del Papa Felice, y del Emperador Zeno, un día de aquel siglo tan lejano, a un noble y muy rico señor del Monte Gargano, que se llamaba también Gargano, y era el propietario de aquella montaña, le desapareció su toro más bello, de grandeza superior.

Después de tres días de búsqueda, decidió ir personalmente a buscarlo. Luego de algunas horas, de una búsqueda angustiosa, con gran estupor, encontraron a la bestia de rodillas, en la entrada de una caverna inaccesible. El patrón, viendo la imposibilidad de salvarlo, quiso matarlo con una flecha envenenada.

Pero ante la maravilla de todos, la flecha regresó, e hirió a quien la había lanzado. El patrón cayó sangrando al suelo, y los siervos asustados, lo fajaron de prisa, y lo llevaron a su casa en Siponto, que actualmente es una fracción de Manfredonia. (8 de Mayo del año 490)

La noticia de lo ocurrido, se divulgó rápidamente en el pueblo, y se convirtió en el único objeto de las conversaciones. Bajo la impresión de este extraño hecho, todos fueron a visitar al Obispo San Lorenzo Maiorano, primo del emperador Zanone, para consultarle.

El Santo Obispo, después de una breve reflexión, ordenó que toda la población, hiciera ayuno y oraciones durante tres días, para encontrar gracia ante Dios, y para conocer el significado de dicho prodigio.

Al alba del tercer día, que fue precisamente el 8 Mayo del año 490, el santo prelado, sumergido en su oración nocturna, de repente vio ante sí, a un Ángel más esplendoroso que el Sol, que iluminó el ambiente, y le dijo:

“Yo soy el Arcángel Miguel, que continuamente estoy en presencia de Dios. Deseo que este lugar se venere en toda la tierra, y sea privilegiado; quise probar con este acontecimiento insólito, que todo lo que se obra en este lugar, sucede por Voluntad Divina. Es Dios, que me ha constituido Protector y Defensor de este lugar”.


A la mañana siguiente, el Obispo comunicó el celestial mensaje, a los habitantes de Siponto. El pueblo, lleno de alegría y de gratitud por dicha aparición, bajo la guía de San Lorenzo Maiorano, se encaminó en una devota procesión, hacia la cima del Gargano, para venerar la caverna milagrosa.

Cuando regresaron a Siponto, vieron con alegría la prodigiosa curación de don Gargano, y se congratularon con él, por el santo privilegio concedido por el Cielo, de tener en sus tierras, el Palacio Real terrenal del Gran Príncipe, San Miguel Arcángel.

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-San Bonifacio IV, 67ª papa. 608-615. 

Era hijo de un médico, de la ciudad italiana de Valeria, y había sido ya honrado, con la dignidad de cardenal, cuando fue llamado a ocupar la cátedra apostólica, en el año 607. Levantó un monasterio en la casa paterna, y restauró la disciplina monástica en un Concilio. Consiguió que el emperador Focas, le cediese el antiguo templo de todos los dioses, el Panteón, y lo convirtió en iglesia, consagrándolo a la Santísima Virgen y a los santos mártires, y para aumentar la devoción popular a este santuario, hizo trasladar a él, veintiocho carros de cuerpos de mártires, sacados de las catacumbas. Murió en el año 615.
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San Pedro, arzobispo de Tarantasia. Nacido en el año 1102, abrazó con toda su familia, la vida monástica en la Orden del Cister. Entró en la abadía de Ronaval, fundó varios monasterios, y en el año 1138, fue nombrado para gobernar la diócesis de Tarantasia. Alejandro III, que tenía en él una gran confianza, le encargó varias misiones diplomáticas, en Inglaterra, en Francia y en Alemania. Murió en el año 1174.
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Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que enviaste a San Miguel Arcángel, a consagrar el Monte Gargano, como morada y puerta celestial, haz que siempre recordemos, que la Tierra es el estrado de tus pies, y que el Cielo y la Tierra, se encuentran unidas indisolublemente, desde que tu Divino Hijo ascendió a los cielos, por lo que debemos obrar siempre con Amor y Misericordia, todos los días de nuestra vida. Te lo pedimos, por la intercesión y los méritos de San Miguel Arcángel, del Papa San Bonifacio IV, y San Pedro, Arzobispo de Tarantasia. Amén.



Cuarta Feria, 8 de mayo

BEATO LUIS RABATA


Carmelita. Confesor (+ 1490)

La iconografía suele pintar, o esculpir a nuestro beato de pie, y con una palma en la mano, y en la frente clavada una flecha, que le causó la muerte.

Nació en Erice (Trápani-Italia), en el año 1443. No sabemos muchas cosas de su nacimiento, niñez y juventud. Dicen los Procesos de su Beatificación, de los años 1533 y 1573, que sus padres eran muy buenos cristianos, y de humilde posición.

Educaron a Luis, y a todos sus demás hijos, en el santo temor de Dios. Sobre todo su santa madre, influyó en su alma, inspirándole una tierna devoción a Jesús Eucaristía, y a la Virgen María. Fueron siempre estas dos devociones, las que mayormente vivió y desplegó, en su celo sacerdotal.

De muy tierna edad, ingresó en la Orden del Carmen, en el convento de la Anunciación de Trápani. Hizo su noviciado con grandes anhelos de perfección, entregándose más tarde por su profesión, al servicio de Dios, con admirable generosidad. Allí permanecían vivos, los ejemplos maravillosos de San Alberto, que como él, había abrazado, siendo aún muy niño, la vida religiosa, y que había gozado de tiernas apariciones del Jesús Niño.

El joven Luis, procuró imitar las virtudes de este gran Santo, y a decir de sus superiores y compañeros, parecía un doble del Santo, tal como había llegado hasta ellos, la historia de su vida.

Su humildad sufrió una dura prueba, cuando los superiores le mandaron, que se ordenara de sacerdote, pues, en su anonadamiento, nunca se juzgó digno de tan excelsa dignidad.

Una vez ya sacerdote, fue le encargado por sus superiores, la misión de predicar la palabra de Dios. El Fuego ardía en su corazón, y no se daba descanso. Recorrió la mayor parte de los pueblos de Sicilia, dejando en todos destellos de santidad.

Ruidosas conversiones se realizaron por medio de su ardorosa palabra. Los milagros le acompañaban por todas partes. Muchos pecadores, abandonaron sus caminos de perversión, y no pocos, incluso llegaron a abrazar la vida religiosa.

Su prudencia y santidad de vida, eran tan notorias, que los superiores sometieron de nuevo su humildad a prueba, nombrándole prior del convento de Randazzo, que era uno de los conventos llamados "reformados", en los que se vivía con rigurosidad, en la observancia regular: mortificación, silencio, oración...

Luis era modelo para todos sus hermanos, a pesar de que todos allí, emulaban la más elevada virtud, y luchaban por cumplir con la máxima fidelidad, la Regla carmelita.

Los Procesos de canonización (1533 y 1573), documentan la santa vida de nuestro Beato, como ferviente religioso, que supo conciliar los deberes de una observancia impecable, con los de su amor al prójimo, al que le obligaba su deber sacerdotal, siempre iluminado por la caridad.

Al ver tanta santidad en un humilde religioso, lleno de celo apostólico contra el vicio, un hombre perverso, Antonio Cataluccio, aprovechando la ocasión, de que el Beato volvía de su trabajo apostólico, le arrojó una saeta a la cabeza, que lo dejó gravemente herido.

Malamente pudo llegar a su convento, y aunque pidieron al Beato, que denunciara al agresor, nunca quiso decirlo, sino que de todo corazón lo perdonó, e hizo por él, una especial oración.

Sufrió durante algunos meses fuertes dolores, que no le impidieron dedicarse a la más devota contemplación.

El Señor le reveló su cercano fin, y el término de sus trabajos. Recibidos los últimos sacramentos, sin perder la paz, y su total conformidad con la voluntad de Dios, exhaló su último suspiro, el 8 de mayo de 1490.

El papa Gregorio XVI, en el año 1842, aprobó su culto.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste al Beato Luis Rabata, entre las ovejas de tu rebaño, para dar testimonio de tu Misericordia, haz que todos nosotros también lo imitemos, perdonando a quienes nos hayan ofendido, o calumniado. A Tí Señor, que nos ordenaste perdonar setenta veces siete, todas las ofensas que recibamos, y así darte gloria aquí en la Tierra. Amén.

martes, 7 de mayo de 2019


Tercera Feria, 7 de Mayo

San Juan de Beverley


Obispo de York

(721)

Juan = Dios es misericordioso, es de origen hebreo

San Juan de Beverly, Obispo de York, fue primero monje y luego obispo; vivió a finales del siglo VII, y principios del VIII.

Su caridad era constante con los más necesitados, tanta que llega a sanar a un sordomudo, tras descubrir, pacientemente, un modo de hacerlo vocalizar. Aunque muerto el año 721, ha sido considerado por ello, como un precursor del sabio benedictino Ponce de León.

Aunque las ocupaciones de un obispo, siempre son muchas, y más las de uno como éste, Juan siempre conseguía arañar algunos momentos, tantos como podía, para su oración y meditación, y por eso pasaba sus días libres, en un bosque.

Sintiéndose ya cansado, se retira en el año 717, al monasterio de Beverley, después de dejar a otro santo, al frente de su obispado, muriendo cuatro años después, en el año 721.

Puede ser considerado, como un precursor del benedictino Pedro Ponce de León, que en el siglo XX recibirá el nombre de "El sacerdote de los tartamudos", por ser el autor del método de convergencia ortofónica, de renombre general, muerto con fama de santidad en Madrid, en 1563.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por los méritos e intercesión de San Juan de Beverley, Obispo, haz que nuestros oídos y corazón, se abran a Tu Palabra de Vida, y así poder elevarnos día a día, hacia tu Sagrada Morada. A Tí Señor, que abriste los oídos de los sordos, e hiciste hablar a los mudos. Amén.

lunes, 6 de mayo de 2019


Segunda Feria, 6 de Mayo

Santo Domingo Savio


(1842-1857)

Patrono de los coros de niños, monaguillo.
"No puedo hacer grandes cosas. Lo que quiero, es hacer aun las más pequeñas, para la mayor gloria de Dios"

“Prefiero morir antes que pecar”

"Esta antorcha es la fe católica, que iluminará a Inglaterra"

Domingo significa: "el que está consagrado al Señor"

Breve
En 1950, el mismo año en que fue canonizada la jovencita María Goretti, mártir de la castidad, tuvo lugar la beatificación de Domingo Savio, confesor de la fe, de catorce años de edad. Su devoción a Jesús Sacramentado, y a la Santísima Virgen María fueron proverbiales. Su canonización tuvo lugar en 1954.

Primeros años y primera comunión
Doménico Savio, nació en San Giovanni da Riva, Reino de Cerdeña, el 2 de abril de 1842;-y voló a los cielos en Mondonio, Reino de Cerdeña, 9 de marzo de 1857.

Cuando tenía solo unos veinte meses, sus padres Carlino Savio y Brígida Gaiato, se trasladaron a Murialdo, donde nacieron sus hermanos. En 1847, su madre lo llevó a la iglesia, siendo párroco Juan Bautista Zucca; allí aprendió a ayudar en misa, como monaguillo.

En febrero de 1849, toda la familia se trasladó a Mondonio. Domingo, con siete años, y una preparación y madurez poco común para su edad, recibió el 8 de abril su primera comunión, en la parroquia de Castelnuovo de Asti. Arrodillado al pie del altar, con las manos juntas, pronunció los propósitos que venía preparando desde hace tiempo, y que quedaron escritos en su devocionario:​

Resoluciones tomadas por mí, Domingo Savio, en el año de 1849, en el día de mi Primera Comunión, a la edad de siete años:

1ª) Me confesaré a menudo, y comulgaré tan frecuentemente como mi confesor lo permita.
2ª) Deseo santificar los domingos y fiestas en forma especial.
3ª) Mis amigos serán Jesús y María.
4ª) Prefiero morir antes que pecar.

En la Vita escrita sobre Domingo Savio, años más tarde, San Juan Bosco afirmó, que esos recuerdos fueron como una especie de guía para sus acciones, hasta el final de su vida. Don Bosco encontraba en ellos, una fórmula sencilla y completa, para la vida cristiana de los jóvenes.​

El maestro que Domingo tuvo en 1853, cuando el niño contaba con once años de edad, se expresó en estos términos:

“Puedo decir que en todo este tiempo, no tuve en mi escuela un muchacho parecido a Domingo, en la amistad con el Señor. Era joven de edad, pero sensato como un adulto. Su dedicación constante al estudio, y su cumplida bondad, atraían el afecto del maestro, y lo hacían amigo de todos”.​

Domingo entra a formar parte de la familia de Don Bosco
Cuando San Juan Bosco, empezó a preparar a algunos jóvenes para el sacerdocio, con objeto de que le ayudaran en su trabajo, en favor de los niños abandonados de Turín, el párroco de Domingo, le recomendó al chico. San Juan Bosco, en el primer encuentro que tuvieron los dos, se sintió muy impresionado, por la evidente santidad de Domingo, quien ingresó en octubre de 1854, en el Oratorio de San Francisco de Sales de Turín, a los doce años de edad.

Uno de los recuerdos imborrables que dejó Domingo en el Oratorio, fue el grupo que organizó en él. Se llamaba la Compañía de María Inmaculada. Sin contar los ejercicios de piedad, el grupo ayudó a Don Bosco, en trabajos tan necesarios, como la limpieza de los pisos, y el cuidado de los niños difíciles.

En 1859, cuando Don Bosco decidió fundar, la Congregación de los Salesianos, organizó una reunión; entre los veintidós presentes, se hallaban todos los iniciadores de la Compañía de la Inmaculada Concepción, excepto Domingo Savio, quien había volado al cielo, dos años antes.

Poco después de su llegada al Oratorio, Domingo tuvo oportunidad, de impedir que dos chicos se peleasen a pedradas. Presentándoles su pequeño crucifijo, les dijo: "Antes de empezar, mirad a Cristo y decid: ‘Jesucristo, que era inocente, murió perdonando a sus verdugos; yo soy un pecador y voy a ofender a Cristo, tratando de vengarme deliberadamente’. Después podéis empezar, arrojando vuestra primera piedra contra mí". Los dos bribonzuelos quedaron avergonzados.

Mucho bien hizo a Domingo, la guía de Don Bosco
Domingo observaba escrupulosamente el reglamento; y por supuesto, a algunos de sus compañeros no les gustó, que el santo quisiese que ellos observasen, el reglamento en la misma forma.

Le llamaban chismoso, y le decían: "Corre a acusarnos con Don Bosco"; con lo cual no hacían sino mostrar, cuán poco conocían al fundador del Oratorio, que no soportaba a los chismosos. Muy probablemente, Santo Domingo reía de buena gana en esas ocasiones, pues era de un espíritu muy alegre, cosa que algunas veces le creó dificultades.

Si Domingo no tenía nada de chismoso, era en cambio, muy hábil para contar cuentos; ello le daba gran ascendiente con sus compañeros, sobre todo con los más jóvenes.

Fue en verdad una feliz providencia de Dios, que Domingo cayese, bajo la dirección de un director tan experimentado como Don Bosco, pues de otro modo, se habría convertido fácilmente, en un pequeño fanático.

Don Bosco alentaba su alegría, su estricto cumplimiento del deber de cada día, y le impulsaba, a participar en los juegos de los demás niños. Así, Santo Domingo podía decir con verdad: "No puedo hacer grandes cosas. Lo que quiero, es hacer aun las más pequeñas, para la mayor gloria de Dios".

"La religión debe ser como el aire que respiramos; no hay que cansar a los niños con demasiadas reglas, y ejercicios de devoción" -solía decir Don Bosco-. Fiel a sus principios, prohibió a Domingo, que hiciese mortificaciones corporales, sin su permiso expreso, diciéndole: "La penitencia que Dios quiere, es la obediencia. Cada día, se presentan mil oportunidades de sacrificarse alegremente: el calor, el frío, la enfermedad, el mal carácter de los otros. La vida de escuela, constituye una mortificación suficiente, para un niño".

Una noche, Don Bosco encontró a Domingo, temblando de frío en la cama, sin más cobertor que una sábana. "¿Te has vuelto loco? -le preguntó- Vas a coger una pulmonía". Domingo respondió: "No lo creo. Nuestro Señor no cogió ninguna pulmonía, en el establo de Belén".

Don Bosco escribe la biografía de Santo Domingo Savio
La fuente más importante, sobre la corta vida de Santo Domingo Savio, es el relato que escribió, el mismo Don Bosco. El santo se esforzó, por no decir nada, que no pudiese afirmar bajo juramento, particularmente por lo que se refiere a las experiencias espirituales de Domingo, tales como el conocimiento sobrenatural del estado espiritual del prójimo, de sus necesidades, y del futuro.

En cierta ocasión, Domingo desapareció durante toda la mañana, hasta después de la comida. Don Bosco le encontró en la iglesia, arrebatado en oración, en una postura muy poco confortable; aunque había pasado seis horas en aquel sitio,

Domingo creía, que aún no había terminado la primera misa de la mañana. El santo joven, llamaba a esas horas de oración intensa, "mis distracciones": "Siento como si el cielo, se abriera sobre mi cabeza. Tengo que hacer, o decir algo, que haga reír a los otros".

San Juan Bosco, relata que las necesidades de Inglaterra, ocupaban un lugar muy especial, en las oraciones de Domingo, y cuenta que en "una violenta distracción", Domingo vio sobre una llanura cubierta de niebla, a una multitud que avanzaba a tientas; entonces se acercó un hombre, cubierto con una capa pontificia, y llevando en la mano una antorcha, que iluminó toda la llanura, en tanto que una voz decía: "Esta antorcha es la fe católica, que iluminará a Inglaterra". A instancias de Domingo, Don Bosco relató el incidente al Papa Pío IX, quien declaró que eso le confirmaba en su resolución, de prestar especial atención a Inglaterra.

Nuestro Señor premió tanto amor, con gracias y carismas singulares. En otra oportunidad, durante la misa, después de comulgar, quedó en éxtasis hasta las dos de la tarde, en que Don Bosco lo sorprendió detrás del altar mayor, elevado del suelo, y con la mirada fija en la parte que daba al tabernáculo. Despertado, preguntó si ya había terminado la misa. Las dulzuras que en estos raptos disfrutaba, no se pueden expresar con palabras.

En sus visitas y en sus comuniones, recibía a veces, mensajes para el Papa, las autoridades, y hasta para el mismo Don Bosco.

Un día, durante el cólera, le sacó urgentemente de su despacho, y lo llevó a través de unas callejas, hasta una buhardilla, donde sin que nadie se hubiera dado cuenta, agonizaba una enferma, la cual así pudo ser asistida en su muerte. Preguntado cómo lo había sabido, miró indefiniblemente a su director, y se echó a llorar. Éste respetó su silencio.

Muere el joven santo
La delicada salud de Domingo empezó a debilitarse, y en 1857 fue enviado a Mondonio, para cambiar de aire. Los médicos diagnosticaron, que padecía de una inflamación en los pulmones, y decidieron sangrarlo, según se acostumbraba en aquella época. El tratamiento no hizo más que precipitar el desenlace.

Domingo recibió los últimos sacramentos, y al anochecer del 9 de marzo, rogó a su padre, que recitara las oraciones por los agonizantes. Ya hacia el fin, trató de incorporarse, y murmuró: "Adiós, papá ... El padre me dijo una cosa ... pero no puedo recordarla . . ." Súbitamente su rostro, se transfiguró con una sonrisa de gozo, y exclamó: "¡Estoy viendo cosas maravillosas!". Esas fueron sus últimas palabras.

La causa de beatificación de Domingo, se introdujo en 1914. Al principio, despertó cierta oposición, por razón de la corta edad del santo. Pero el Papa Pío X consideró, por el contrario, que eso constituía un argumento en su favor, y su punto de vista se impuso. Sin embargo, la beatificación no se llevó a cabo sino hasta 1950, dieciséis años después de la de Don Bosco.

Fuente bibliográfica:
"Vidas de los Santos de Butler", vol. I y partes en letra itálica, procedentes de: "Vidas de Santos (2)", del Padre Eliécer Sálesman, (Santafé de Bogotá: Editorial Centro Don Bosco, 1994).
Ver también enlace santodomingosavio.com.ar

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste a Santo Domingo Savio, como ejemplo de Amor y Devoción a tu Santo Nombre, haz que la juventud lo lleve siempre en su corazón, como símbolo de pureza, castidad y obediencia, a tus Sagradas Enseñanzas. A Tí Señor, que nos enseñaste, que si no permanecíamos como niños, nunca entraríamos al Reino de los Cielos. Amén.

domingo, 5 de mayo de 2019


Domingo 5 de mayo

San Ángel, Carmelita y Mártir


(1185-1226)

San Ángel fue un santo católico, nacido en Palestina.

Fue uno de los primeros miembros, de la Orden del Carmelo. Sus padres fueron judíos convertidos al cristianismo, gracias a una aparición de la Santísima Virgen. Desde la infancia, mostró extraordinarios dones para lo espiritual y lo intelectual. A los 15 años, hablaba ya el griego, el latín y el hebreo.

Vivió durante cinco años, en el Monte Carmelo, y viajó a Roma en compañía de otros carmelitas, para obtener del papa Honorio III, la aprobación de la Regla del Carmen, gracia que se obtuvo el 30 de enero de 1226.

En Sicilia, convirtió a muchos con su predicación y milagros, y en Palermo, convirtió a más de 200 judíos. Cuando se encontraba predicando a una multitud, en Locata, fue acuchillado por una banda de malhechores. Herido de muerte, cayó de rodillas, y oró por todo el pueblo, y en particular por los que lo habían herido.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos que a semejanza de San Ángel mártir, podamos nosotros también, perdonar a todos los que nos hayan ofendido y maltratado, a lo largo de nuestra Vida, reconociendo que todos estamos bajo el imperio del pecado, y para así también alcanzar, tu Misericordia ya mismo en este mundo, y en el venidero. A Tí Señor, que nos enseñaste a perdonar, 70 veces 7 cada ofensa, y Vives y Reinas, por los Siglos de los Siglos. Amén.


Sábado 20 de abril

SANTA INÉS DE MONTEPULCIANO
(† 1317)


Taumaturga. Sanadora. Mediadora.

Multiplicó los panes, en innumerables ocasiones

Durante quince años, vivió a pan y agua

Cuerpo Incorrupto


Breve
En Montepulciano, en la Toscana, Santa Inés virgen, que vistió el hábito de las vírgenes a los nueve años, y a los quince, muy a su pesar, fue elegida superiora de las monjas de Procene.

Más tarde, fundó un monasterio, sometido a la disciplina de Santo Domingo, donde dio muestras de una profunda humildad. Multiplicó los panes en innumerables ocasiones. Su Cuerpo permanece Incorrupto.
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Inés Segni, nació el 28 de enero de 1268, en Gracciano, pequeño pueblo en las afueras de Montepulciano. Inés sintió desde pequeña, la fascinación de las cosas espirituales, y durante una visita con sus familiares a Montepulciano, vio a las hermanas «del saco», llamadas así por el rústico saco que vestían.

Con solo nueve años, pidió ser admitida en el convento, donde fue rápidamente acogida. En Montepulciano, permaneció sólo el tiempo necesario, para la formación religiosa básica.

En 1283, los administradores del castillo de Proceno, feudo orvietano (hoy en la provincia de Viterbo), llegaron a Montepulciano para pedir el envío de algunas hermanas a su territorio, e Inés estuvo entre las seleccionadas.

Inés, aunque aun era muy joven, fue nombrada superiora del monasterio, por sus grandes dotes de humildad, y el gran amor por la oración, por el espíritu de sacrificio - durante quince años vivió solo a pan y agua -, y por el ardiente amor a Jesús Eucaristía.

En Proceno, Inés recibió del Señor, el don de hacer milagros: los poseídos quedaban libres, con sólo aproximársele; multiplicó en varias ocasiones el pan, y graves enfermos recobraron la salud. Se dice que el maná, que solía cubrir su manto al salir de la oración, cubrió el interior de la catedral, el día de su profesión religiosa.

Pero en los veintidós años que permaneció en Proceno, no faltaron las tribulaciones: graves sufrimientos físicos, la atormentaron por largos períodos.

En la primavera de 1306, fue llamada a Montepulciano, donde hizo iniciar la construcción de una iglesia, tal como le había pedido la Virgen, en una visión unos años antes, y para lo cual le había entregado tres piedras.

Y en otra visión, esta vez de Santo Domingo, se le pidió que hiciera adoptar a las hermanas, la regla de San Agustín, y que agregara la comunidad a la Orden Dominicana, para la asistencia religiosa y la cura espiritual.

Fueron numerosas las ocasiones, en que Inés intervino en la ciudad como mediadora, y agente de resolución de los conflictos, entre las familias nobles del lugar.

En 1316 Inés, por consejo del médico, y las presiones de las cohermanas, se retiró a Chianciano para curarse en las termas. Su presencia, fue de ayuda para los numerosos enfermos de la localidad, e Inés obró allí muchos milagros, pero la cura termal, no trajo ningún alivio a su enfermedad, que empeoró.

Vuelta a Montepulciano, fue confinada al lecho. Ya al borde de la muerte, Inés invitaba a las hermanas, a que se alegraran, porque era para ella el momento del encuentro con Dios, que ocurrió el 20 de abril de 1317.

Los hermanos y hermanas dominicanos, quisieron embalsamar el cuerpo de Inés, y por este motivo enviaron emisarios a Génova, para adquirir el bálsamo; pero no fue necesario: de las manos y los pies de la santa, destiló enseguida un líquido perfumado, que impregnó los paños que cubrían el cuerpo, e incluso fue posible llenar alguna ampolla. El eco del milagro, atrajo a muchos enfermos, que deseaban ser untados, con el bálsamo milagroso.

Como escribió el beato Raimundo de Capua: a cincuenta años de su muerte, el cuerpo estaba aún intacto, como si Inés hubiera recién muerto, y muchos eran los milagros de curación, que ocurrían en la iglesia -que era conocida como «Iglesia de Santa Inés»-, y la curación ocurría, apenas se hubiese hecho el voto de visitarla. De estos milagros hay públicos registros, hechos por notarios, a partir de pocos meses de la muerte de la santa.

Raimundo de Capua nos habla, como de paso, de la humildad de Inés, desde que a los nueve años, entró en el convento de Montepulciano, de su dulzura, de su obediencia, y de su espíritu de oración.


Santa Catalina de Siena, nacida treinta años después de la muerte de Santa Inés, nos ofrece una visión más entrañable de su santa vida. Desde su infancia, en el ánimo de la Santa de Siena, había ejercido una saludable influencia, y había tenido una irresistible seducción, la santidad de la abadesa de Montepulciano.

Santa Catalina deseó, durante mucho tiempo venerar, el cuerpo incorrupto y taumatúrgico de Inés. Realizó sus deseos por primera vez, en el otoño de 1374. Los prodigios se sucedieron en ésta, y en las siguientes visitas, que a veces se prolongaron bastante tiempo.

Clemente VII, en 1532, permite su culto solemne y público, en la iglesia del monasterio de Montepulciano; y en el año 1601, Clemente VIII extiende el oficio de la Santa, a toda la Orden dominicana.

Conocida en todas partes, llegó el culto de Santa Inés de Montepulciano, hasta el nuevo mundo: en Cuzco, Los Ángeles, Santa Fe, se erigieron monumentos que llevaron su nombre.

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Carta de Santa Catalina de Siena, a sor Cristófora, priora de Montepulciano

Carísima hija en Cristo, dulce Jesús. Yo, Catalina, sierva y esclava de los siervos de Jesucristo, te escribo en su preciosa Sangre; con deseo de verte a ti y a las demás, seguir las huellas de nuestra gloriosa madre Inés. A este propósito os suplico, y quiero que sigáis su doctrina, e imitéis su vida.

Sabed que siempre os dio, doctrina y ejemplo de verdadera humildad; esta fue en ella la principal virtud. No me maravillo de esto, pues tuvo lo que debe tener la esposa, que quiere seguir la humildad de su esposo. Tuvo ella, aquella caridad increada, que ardía constantemente en su corazón, y lo consumía. Hambreaba almas, y se daba a ellas. Sin interrupción, vigilaba y oraba. De otra suerte, no habría poseído la humildad, ya que no existe ésta sin la caridad: una alimenta a la otra.

¿Sabéis qué fue lo que la hizo llegar a la perfección, de una virtud verdadera?. El haberse despojado libre y voluntariamente, renunciando a sí misma y al mundo, sin querer poseer nada de él. Bien se percató aquella gloriosa virgen, que el poseer bienes terrenos, lleva al hombre a la soberbia; por su causa, pierde la virtud escondida de la verdadera humildad, cae en el amor propio, desfallece el afecto de su caridad; pierde la vigilia y la oración.

Porque el corazón y el afecto, llenos de las cosas terrenas, y del amor propio de sí mismo, no pueden llenarse de Cristo crucificado, ni gustar de la dulzura de verdadera oración. Por lo cual, precavida la dulce Inés, se despoja de sí misma, y se viste de Cristo crucificado. No sólo ella, sino que esto mismo nos llega a nosotros, a ello os obliga y vosotras debéis cumplirlo.

Tened en cuenta que vosotras, esposas consagradas a Cristo, nada debéis retener de vuestro padre terreno, pues lo abandonasteis, para ir con vuestro Esposo, sino sólo tener y poseer los bienes del Esposo eterno.

Lo que pertenece a vuestro padre, es la propia sensualidad que debemos abandonar, llegado el tiempo de la discreción, y de seguir al Esposo, y poseer su tesoro. ¿Cuál fue el tesoro de Jesucristo crucificado?. La cruz, el oprobio, la pena, el tormento, las heridas, los escarnios e improperios; la pobreza voluntaria, el hambre de la honra del Padre, y de nuestra salvación. Digo que si vosotras poseéis este tesoro, con la fuerza de la razón, movida por el fuego de la caridad, llegaréis a las virtudes que hemos dicho.

Seréis verdaderas hijas de la madre, y esposas solícitas y no negligentes; mereceréis ser recibidas por Cristo crucificado: por su gracia, os abrirá la puerta de la vida imperecedera.

No os digo más. Anegaos en la Sangre de Cristo crucificado. Levantad vuestro espíritu con solicitud verdadera, y unión entre vosotras. Si permanecéis unidas, y no divididas, no habrá ni demonio ni criatura alguna, que pueda dañaros ni impedir vuestra perfección. Permaneced en el santo y dulce amor de Dios. Jesús dulce, Jesús amor.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por los méritos e intercesión de Santa Inés de Montepulciano, podamos siempre participar de tu Divino Alimento, y así fortalecer tu Cuerpo Místico, del que formamos parte, todos nosotros. A Tí Señor, que multiplicaste el pan en dos ocasiones, y nos diste tu Cuerpo, como Alimento de Vida Eterna. Amén.

sábado, 4 de mayo de 2019


Sábado 4 de Mayo

Beato José María Rubio Peralta

Confesor


Sacerdote Jesuita, de los suburbios madrileños

(1864-1929)

Su Apostolado y Milagros, fueron conocidos en todo Madrid

Breve
José María Rubio, nació en Dalías, Almería, en 1864.

Ordenado sacerdote en Madrid, en el año 1887, ejerció el ministerio parroquial en Chinchón y Estremeña, siendo más tarde, profesor del Seminario, y Notario de la Curia diocesana.

Ingresó en la Compañía de Jesús, a los 42 años, y después de cinco años de formación, se dedicó por entero a la predicación, la dirección espiritual, y el ministerio de la reconciliación.

Fue un verdadero padre, para los pobres y abandonados, y formó a muchos apóstoles laicos. Murió en Aranjuez, en el año 1929, siendo beatificado por Juan Pablo II, el 6 de octubre de 1985, llamándole el «apóstol de Madrid».
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Anécdotas en vida del Santo
El padre Rubio fue un afamado confesor. Los madrileños, formaban largas colas, teniendo que esperar durante varias horas, para poder confesarse con el padre Rubio.

La visita a un moribundo:
Mientras confesaba, vino una señora, que le dio las señas de un hombre, a quien debía confesar pronto, pues se estaba muriendo. Aquella misma tarde, fue a confesar al moribundo. Las señas eran en un tercer piso, sin ascensor, teniendo que subir fatigosamente aquellas escaleras.

Llamó a la puerta, y preguntó por el caballero: “Soy yo” -le contestó el hombre al abrirle la puerta- “pero creo, que le deben haber gastado una broma, pues ya ve que estoy perfectamente de salud. ¡Vamos hombre!, pase a tomar algo, ya que ha tenido que subir tantos pisos”.

Entrando en el comedor, vio un retrato en la pared, mientras el supuesto moribundo, le servía un refresco. El padre Rubio afirmó, que aquella señora, fue quien le había enviado.

“Ja, ja, ja,”-rió el supuesto moribundo - “Se debe haber fijado mal padre. Pues esa señora, es mi madre, y hace años, Dios se la llevó a su seno. Mire, de todos modos, ya que está aquí, me voy a confesar, porque hace muchos años que no entro en una Iglesia, y así su viaje no habrá sido en balde”. Se confesó, y aquella misma noche, murió santamente.

La costurera:
Una costurera de Madrid, contó en confesión que su padre murciano, odiaba la fe en Dios, y consideraba la religión cristiana, un engañabobos, y mentiras de curas. Ella tenía miedo, de la condenación eterna de su padre. -”No te preocupes, se salvará”, afirmó el padre Rubio.

Estando en unos ejercicios espirituales, predicando el padre Rubio, llegó tarde aquella costurera.

En ese instante, el padre Rubio, calló un momento en su discurso, y afirmó con voz potente. -"En este mismo momento, una de vosotras, acaba de recibir una gracia especialísima. Realmente muy, pero que muy grande. Dentro de unos días, sabrá de qué se trata, y quien de vosotras lo ha recibido. Aquella afortunada, debe agradecérselo a Nuestro Señor Jesucristo ".

Todas las mujeres que allí estaban presentes, tomaron nota de la hora y día, pues era ya famoso por esas profecías, que luego se cumplían. La costurera al cabo de unos días, se enteró de que su padre murciano, había muerto santamente, y que justo, en aquel momento, en que tales palabras pronunció el padre Rubio, estaba confesándose, y recibiendo los últimos sacramentos.

La broma de carnaval:
Pero lo ocurrido el martes de Carnaval de 1924 en Madrid, fue un asunto que corrió en la capital de España, de boca en boca, como la pólvora, por la notable muestra de Santidad del padre Rubio.

Estando unos amigos divirtiéndose, en una casa de prostitutas, decidieron hacerle una broma al padre Rubio.

- Que os parece, si uno de nosotros, se hace pasar por moribundo, le llamamos al padre Rubio, y cuando esté en la habitación, salta de la cama voceando el moribundo, mientras los demás, entramos con las chicas medio desnudas.

-Es una idea estupenda- Agregó uno- Incluso lo podemos mejorar. Mirad, como trabajo en un periódico, le podríamos sacar unas cuantas fotos, y publicarlas en mi columna.¡Os imaginaís el titular!: "el padre Rubio sale de putas en Carnaval". Ja, ja, ja

- Yo me haré pasar de moribundo- Dijo otro de los amigos presentes, mientras bebían.

- Pues iré a buscarle- afirmó el mejor vestido.

-Vale- añadió el periodista- Pues agarraré la cámara, y nos esconderemos con las chicas, para entrar cuando des una voz. Esto va a salir genial.

A la madrugada, un hombre bien trajeado, llamó al convento donde vivía el padre Rubio, suplicando confesión para un moribundo. Pese a la oposición del Superior, fue allí, acompañado de otro jesuita.

Llegó hasta la casa de prostitución, y entró en la habitación; casi al instante, salió enfadado el padre Rubio. - Me tendrían que haber llamado antes, porque ya murió- afirmó.

Ante el estupor de todos los presentes, comprobaron que realmente, no solo estaba muerto, sino también frío. Muchos ingresaron en religión, después de lo ocurrido. En todo Madrid, fue conocido el incidente, pero el padre Rubio, nunca dio demasiado importancia a todo aquello.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste como insigne ministro de tu iglesia, a San José María Rubio Peralta, haz que su pureza, sea un aliciente para todos tus ministros, y así perseveren en el camino de la Santidad, llevando a muchas ovejas perdidas, a tu redil. A Tí Señor, que nos constituiste en un pueblo sacerdotal, siendo Tú mismo, Sumo Supremo Sacerdote. Amén.