sábado, 4 de marzo de 2017

Sexta Feria, 3 de Marzo

Santa Catalina María Drexel


(1858-1955)

Apóstol de los indios americanos y personas de raza negra

Otros Santos de este día

Padre Jordi Rivero

Nació el 26 de Noviembre del 1858 en Filadelfia, Pennsylvania, USA. Sus padres, Francis A. y Enma Drexel, eran una familia muy rica. Desde pequeña le enseñaron a utilizar su riqueza generosamente.

Su hermana mayor, Isabel, abrió en Pennsylvania, USA, una escuela para huérfanos; su hermana mas joven fundó una escuela para personas pobres de raza negra en Virginia.

Catalina cuidó de su madre por tres años hasta que esta murió en 1883.

Preocupada por la gran necesidad en que se encontraban los indios americanos, Catalina le pidió al Papa León XIII, durante una audiencia en 1887, que enviara mas misioneros al estado de Wyoming, para su amigo el obispo James O'Connor. El papa le respondió, "¿Por que tú no te haces misionera?”.

Catalina visitó los estados de Norte y Sur Dakota, conoció al jefe indio de la tribu Sioux, y comenzó su ayuda sistemática a las misiones con los indios americanos. Con el tiempo gastó millones de la fortuna de la familia en esta ayuda.

Entró el noviciado de las Hermanas de la Misericordia (Sisters of Mercy). Fundó las Hermanas del Santísimo Sacramento para los indios y negros, en Santa Fe, New Mexico, USA en 1891.

La Madre Francisca Cabrini, quién también es santa canonizada, le aconsejó que recibiera la aprobación de Roma para la orden. Recibió dicha aprobación en el año 1913.

En el año 1942 tenía un sistema de escuelas católicas para indios americanos, y personas de raza negra en 13 estados. Este sistema incluía 40 misiones, 23 escuelas rurales, 50 misiones para los indios, y la Universidad Xavier en New Orleans, Louisiana, USA, la primera universidad en Estados Unidos para los personas de raza negra. Por todo esto Catalina sufrió persecución.

Después de un ataque al corazón, pasó los últimos 20 años de su vida concentrada en la oración y meditación. Murió el 3 de marzo, 1955, en la casa madre de su comunidad, Bensalem, Pennsylvania.

Beatificada: 20 de Noviembre, 1988 por Juan Pablo II

Canonizada: 1 de Octubre, 2000 en Roma por Juan Pablo II

Mas información:
El santuario de Santa Catalina en la casa madre de las Hermanas del Santísimo Sacramento

The Shrine of Saint Katharine at the motherhouse of the Sisters of the Blessed Sacrament,
1663 Bristol Pike, Bensalem, Pennsylvania, USA 19020-8502, tel/215.639.7878

-------------------------------------------------

Santos Marino y Astirio
Mártires

San Marino pertenecía a una noble familia de Cesarea de Palestina, y se había distinguido en el ejército. Iba ya ser condecorado con el emblema de centurión, cuando uno de sus rivales objetó que no tenía derecho a aspirar a esa dignidad, pues era cristiano y no podía ofrecer sacrificios al Emperador.

Al ser interrogado por el gobernador Aqueo, Marino se confesó servidor de Cristo, y ante su negativa de adorar a las divinidades paganas, fue ejecutado inmediatamente.

San Astirio, un senador romano que gozaba del favor del emperador asistió al martirio de Marino, envolvió el cadáver en su propia capa, se lo echó sobre los hombros y le dio cristiana sepultura.

Cuando el gobernador se enteró de lo sucedido, interrogó a Astirio y al confesarse cristiano, fue condenado también al martirio.

------------------------------------------------
-Santos Félix, Luciolo, Fortunato y Marcia, mártires.

-Santos Eutropio, Cleónico y Basilisco, soldados, mártires, Amasea, en el Porto, 308.

-San Ticiano, obispo, Brescia, 526.

-Santa Cunegunda, emperatriz de Alemania, mujer de San Enrique I, Bamberg, 1040.

-San Gwennolé, abad de Laudevence, Bretaña francesa, 504.

-San Anselmo, fundador del mronasterio de Nonántula, Italia, 803.

-San Pafnucio, solitario egipcio, s. IV. Era el monje más ilustre de la Baja Tebaida, y su monasterio estaba en el territorio de Hirake. Las vidas de los Padres del yermo cuentan de él que rogó a Dios le manifestase los progresos que había hecho en la vida espiritual; y un espíritu le dijo que podía compararse a un músico que se ganaba la vida tocando su arpa de pueblo en pueblo. Este santo fue el que se presentó en Alejandría para sacar de sus desórdenes a Tais la penitente.

-Beato Nicolás de Albergati, cartujo, a quien el papa Martino V sacó de su soledad para encomendarle diversas misiones eclesiásticas y políticas. Nombrado cardenal, presidió el Concilio de Basilea, y en el de Ferrara disputó con los prelados griegos. Murió en Siena, 1443.

Emeterio y Celedonio, Marino, Asterio, Cleónico, Eutropio, Basilisco, Félix, Lucíolo, Fortunato, Marcial, mártires; Ticiano, obispo; Anselmo, confesor.


Oración: Te pedimos Señor, que a imitación e intercesión de Santa Catalina Drexel y de todos los santos y mártires de este día, podamos invertir sabiamente nuestro tiempo y patrimonio personal en los bienes imperecederos del Cielo. A Tí Señor que nos ordenaste ser buenos banqueros. Amén.


Quinta Feria, 2 de Marzo

San Simplicio, 47ª Papa


«Quien abusa de su poder merece habitar en el infierno»

(† 483)

Natural de Tívoli, en el campo de Roma. Es hijo de Castino. Le vemos formando parte del clero romano, y sucediendo al papa San Hilario en la Sede de Roma, en marzo del año 467.

Le toca vivir y ser Supremo Pastor, en un tiempo difícil por la herejía y la calamidad dentro de la Iglesia, que aparece como inundada por el error. En Occidente, Odaco se ha hecho dueño de Italia, y es arriano como los godos en las Galias, los de España y los vándalos en África; el panorama no es muy consolador. Los ingleses aún están en el paganismo.

Para Oriente no van mejor las cosas, aunque con otros tonos, en cuanto a la vida de fe: el emperador Zenón y el tirano Basílico, favorecen la herejía de Eutiques; los Patriarcas han resultado ambiciosos de poder, y las sedes patriarcales son una deseada presa, más que un centro de irradiación cristiana.

El nuevo papa adopta en su pontificado una actitud fundamental: atiende preferentemente al clero. Procura su reforma, detectando el error, y proponiendo el remedio con la verdad, sin condescendencias; muestra perseverancia firme y tesón férreo cuando debe reprimir la ambición de los altos eclesiásticos.

Modera la Iglesia que está en Oriente, siendo un muro de contención frente a las ambiciones de poder y dominio que muestra Acacio, Patriarca de Constantinopla, cuando pretendía los derechos de Alejandría y Antioquía.

No cedió a las pretensiones del usurpador Timoteo Eluro, ni a las del intruso Pedro el Tintorero. Defendió la elección canónica de Juan Tabenas como Patriarca de Alejandría, frente a las presiones de Pedro Mingo protegido por el emperador Zenón.

Gobierna la Iglesia que está en Occidente, mandando cartas a otro Zenón -obispo de Sevilla-, encargándole rectitud, y alabando su dedicación permanente a la familia cristiana que tiene encomendada. También escribe a Juan, Obispo de Rávena, en el 482, con motivo de ordenaciones ilícitas: «Quien abusa de su poder merece habitar en el infierno», le dice.

En el año 475 manda a los obispos galos Florencio y Severo a corregir a Gaudencio, y privar del ejercicio episcopal a los que ordenó ilícitamente, al tiempo que da orientaciones para distribuir los bienes de la Iglesia, y evitar abusos.

En su diócesis de Roma se comporta como modelo episcopal, entregándose al cuidado de sus fieles, como si no tuviera en sus hombros a la Iglesia Universal. Aquí cuida especialmente la instrucción religiosa de los fieles, facilita la distribución de limosnas entre los más pobres, y dicta normas para atender primordialmente la administración del bautismo.

Aún tuvo tiempo para dedicar el primer templo en el occidente al Apóstol San Andrés, el hermano del apóstol Pedro, iuxta sanctam Mariam o iuxta Praesepe, sobre el monte Esquilino.

También convocó un concilio, para explicitar la fe ante los errores que había difundido Eutiques, equivocándose en la inteligencia de la verdad, pues, en su monofisismo, sólo admitía en Cristo la naturaleza divina, con lo que se llegaba a negar la Redención.

Los datos exactos de su partida al cielo no están aún perfectamente esclarecidos, si bien se conoce que fue en el mes de Febrero del año 483. Sus reliquias se conservan en Tívoli.

Los contemporáneos del santo conocieron bien la austeridad de su vida y su constante oración, hasta el punto de afirmar que rezó como un monje, y se mortificó como un solitario del desierto. Sin esos medios, su labor de servicio a la Iglesia hubiera resultado imposible.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que concediste fortaleza espiritual al Papa San Simplicio en medio de tiempos terribles en lo político y espiritual, concédenos también a nosotros por medio de su intercesión la misma fortaleza, y en particular a los Pontífices Católicos y Patriarcas Ortodoxos, para gobernar con firmeza y valentía la nave de nuestra Iglesia, en estos tiempos tan terribles como los del Papa San Simplicio. A Tí Señor, que nos prometiste que el fuego del infierno nunca prevalecería sobre la Iglesia, y sobre nuestras Vidas, siempre que nos encontremos unidos a Tí. Amén.



viernes, 3 de marzo de 2017

Cuarta Feria, 1 de Marzo

SAN ROSENDO


Obispo y Confesor

(+ 977)

San Rosendo fue hijo de un noble familia de Galicia en la corte de Ordoño II. Por sus raras dotes, y virtudes ya muy joven, fue consagrado obispo.

Defendió a su tierra contra las incursiones de los normandos y de los sarracenos.

Huyendo de las intrigas y de la persecución, se retiró al monasterio benedictino de Celanova – sur de Galicia - , por él mismo fundado. († 977)
(Misal - Proprio de España)

SAN ALBINO


Obispo de Angers

(470-550)

San Albino (Aubin), obispo de Angers, es uno de los santos más populares de la Edad Media, sobre todo en el norte de Europa. Nació en Vannes (Francia) hacia el año 496, de noble familia, y para poder entrar en la abadía de Tincillac, tuvo que renunciar al título nobiliario y a la rica herencia.

Pero aunque deseaba el anonimato, la fama de sus virtudes humanas y religiosas, sus hermanos religiosos lo colocaron constantemente en un lugar sobresaliente. En el 504 fue elegido abad, cargo que ocupó durante 25 años, hasta cuando por obediencia tuvo que aceptar el nombramiento como obispo de Angers en el 529.

Con celo pastoral y prudente firmeza gobernó su diócesis, obteniendo más hostilidad que aplausos. Pero para el buen obispo le era suficiente la aprobación de otro santo, su amigo San Cesario. Murió el 1ª de marzo del 550. Seis años después, por su fama de santidad, se le dedicó una iglesia en Angers, en cuya cripta reposan sus restos.


Oración: Te pedimos Señor, que a semejanza de los Santos Obispos Rosendo y Albino, tenga siempre precedencia en nuestra vida cuidar los sagrados y eternos tesoros del cielo. Que nuestro corazón siempre permanezca unido al tuyo, y al de estos dos Santos Obispos. Amén.

jueves, 2 de marzo de 2017

29 de febrero

SAN R0MÁN, ABAD


(+ 460)

"En lugar de esta silla que me has enviado, yo te deseo una cátedra"

Breve
Contemplativo de suave carácter. Vivió la terrible época de la caída del Imperio Romano de Occidente. Su lugar retirado fué semillero de muchas vocaciones sacerdotales.
--------------------------------------------------
FRAY JUSTO PÉREZ DE URBEL O.S.B.

Destinado a ser uno de los constructores de la nueva sociedad, nace en el momento en que se hunde el Imperio romano de Occidente. Las ruinas y las invasiones dejan en su alma una profunda amargura. No es desaliento, sino más bien resolución de separarse de aquella sociedad, que no había podido salvarse del naufragio, y que podía perderle también a él.

A los treinta y cinco años, después de haber pasado por las escuelas de la provincia de Lyón, se retira a la extremidad oriental de la Galia, estableciéndose en un valle de la cordillera del Jura, llamado Condat, poblado de bosques impenetrables, y fecundado por dos alegres riachuelos. Todo su equipaje lo formaban unas herramientas, un manuscrito de las Vidas de los Padres del Yermo, y algunos puñados de semillas.

Su primer abrigo se lo dió un pino enorme, cuyas ramas espesas le recordaban la palmera que había cobijado al primer ermitaño egipcio. A su sombra empezó a rezar, a leer, a plantar sus legumbres, y a vivir para Dios en el silencio y en el olvido: Sólo las bestias salvajes turbaban aquella soledad, pero el solitario se las arreglaba bien con los lobos y los jabalíes.

Sin embargo después de muchos años, logró hallarle su hermano Lupicino, y así terminó aquella vida de aislamiento. Llegaron después otros y otros; tantos, que fue preciso levantar varios monasterios entre los pliegues de aquellas montañas. Tanto crecía la multitud de los novicios, que un monje se quejaba de que ya no tenía sitio ni para acostarse. Los dos hermanos llevaban en común la dirección, y una hermana suya gobernaba en las cercanías una comunidad de quinientas religiosas.

Cada monje tenía su celda separada. Sólo se reunían para comer y rezar. En estío dormían la siesta bajo los árboles gigantescos, que en invierno les defendían del cierzo y de la nieve. Sus modelos eran los monjes orientales.

Llevaban zapatos y túnicas de pieles de animales, mal cosidas, que les preservaban de la nieve, pero no del frío riguroso de aquellas alturas, donde, como dice el hagiógrafo, se siente en verano el calor insoportable del sol, reflejado por las rocas, y hay que estar dispuesto a vivir en invierno bajo el peso de la nieve. Todo aquello era poco para los dos abades.

Dormían en el tronco de un árbol labrado en forma de cuezo, se alimentaban de harina de cebada y salvado, sin probar el aceite, la leche y la sal, y trabajaban en el campo como el último de los monjes.

Lupicino era mucho más impetuoso que su hermano. Un día, viendo que los cocineros cocían aparte las legumbres, los peces y las hierbas, irritado de aquella delicadeza, cogió todas aquellas cosas y las echó en la misma caldera.

Muchos religiosos protestaron de aquella destemplanza, y hubo doce que llegaron a marcharse del monasterio. Se trabó con este motivo una violenta discusión entre Lupicino y Román:

-Si viniste para hacer desertar a nuestros hermanos -decía Román-, mejor era que no hubieras venido.

-Por poco te inquietas -repondió Lupicinio-; si la paja se separa espontáneamente del grano, tanto mejor. Esos fugitivos son doce orgullosos que tienen altos tacones, y en los cuales no habita el Señor.

Pero a Román, amigo de hacer las cosas con suavidad y mansedumbre, le desagradaban aquellos arrebatos de su hermano, por lo cual le encargaba con frecuencia misiones y negociaciones fuera del monasterio. Para eso se las pintaba el terrible abad.

Sabía hablar con los príncipes y aterrar a los tiranuelos. A uno de ellos le arrastró hasta la corte de Chilperico, rey de Borgoña. Dicen que, al entrar en el palacio, el trono real tembló como si hubiera habido un terremoto. Se asustó el rey, pero, más tranquilo, viendo al viejo cubierto de pieles, asistió con admiración al debate de los dos contendientes.

-¿Eres tú -dijo el magnate-; eres tú, viejo impostor, quien insulta impunemente al poder, anunciando que toda esta región y sus jefes corren a la ruina?.

-Sí, yo soy-respondió el monje-. Yo soy, hombre perverso y degenerado, que vas a llevar finalmente el castigo de tus crímenes.

Después el abad expuso al rey las injusticias de aquel señor con las gentes del campo, y cuántos eran incapaces de defenderse.

Entretanto, Román regía los escuadrones monacales de Condat, que se había convertido en un centro de fecundidad colonizadora, y al mismo tiempo, en una de las escuelas más célebres de aquel tiempo.

El estudio de los oradores antiguos se mezclaba a la transcripción de códices. Se estudiaba el griego y el latín, y el maestro era un discípulo del fundador, Vivenciolo, el amigo de San Avito, obispo de Viena, a quien escribía corrigiendo sus discursos, y los barbarismos de sus cartas.

Pero Vivenciolo estaba sujeto, como los otros, al trabajo manual. Era ebanista, y entre otras cosas hizo para su amigo una silla. "En lugar de esta silla que me has enviado -le escribió Román-, yo te deseo una cátedra". Fue un presagio, porque más tarde Vivenciolo fue nombrado obispo de Lyón; dejó la abadía con gran sentimiento de su abad.


Oración: Te pedimos Señor, que a imitación de San Román, podamos ser fecundos a todos los que nos rodean mediante el silencio y la oración, inculcando el espíritu de penitencia y servicio. Ayúdanos a alcanzar la perfección por el camino del desprendimiento, y dar siempre importancia a los sencillos presentes de nuestro prójimo. A Tí Señor, que siempre buscabas un lugar apartado para rezar e intercedes por nosotros ante el trono de Dios. Amén.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Cuarta Feria, 1 de Marzo

Miércoles de Cenizas
Inicio de la Cuaresma


Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás

Conviértete y cree en el Evangelio

La cruz es la salvación de la humanidad: sólo partiendo de la cruz es posible construir un futuro de esperanza y de paz para todos.

Cenizas
La imposición de cenizas marca el inicio de la cuaresma en la que los cristianos nos preparamos para celebrar la Pascua con cuarenta días de austeridad, a semejanza de la cuarentena de Cristo en el desierto, también la de Moisés y Elías.

Las cenizas nos recuerdan:
El origen del hombre: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gen 2,7).

El fin del hombre: "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).

Dice Abrahán: "Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor" (Gn 18,27).

"Todos expiran y al polvo retornan" (Sal 104,29)

La raíz de la palabra "humildad" es "humus" (tierra). La ceniza es un signo de humildad, nos recuerda lo que somos.

Las cenizas, como polvo, son un signo muy elocuente de la fragilidad, del pecado y de la mortalidad del hombre, y al recibirlas se reconoce su limitación; riqueza, ciencia, gloria, poder, títulos, dignidades, de nada nos sirven frente al juicio de Dios, y todas esas distinciones humanas son hacen sentir indignos de recibir la Misericordia Divina.

Inspirados por las Sagradas Escrituras, algunas comunidades religiosas tienen la costumbre de poner a sus hermanos moribundos en la tierra, o sobre cenizas.

En Job (Jb 42,6) la ceniza simboliza dolor y penitencia.

La costumbre de imponer la ceniza se practica en la Iglesia desde sus orígenes. En la tradición judía, el símbolo de rociarse la cabeza con cenizas, manifestaba el arrepentimiento y la voluntad de convertirse: la ceniza es signo de la fragilidad del hombre y de la brevedad de la vida.

Al inicio del cristianismo se imponía la ceniza especialmente a los penitentes, pecadores públicos que se preparaban durante la cuaresma para recibir la reconciliación. Vestían hábito penitencial, y ellos mismos se imponían cenizas antes de presentarse a la comunidad.

En los tiempos medievales se comienza a imponer la ceniza a todos los fieles cristianos con motivo del Miércoles de Ceniza, significando así que todos somos pecadores y necesitamos conversión. La cuaresma es para todos.

Las cenizas se obtienen al quemar las palmas (en general de olivo) que se bendijeron el anterior Domingo de Ramos. Se debe aclarar que no tendría sentido recibir las cenizas, si el corazón no se dispone a la humildad y la conversión que representan.

Como se imparten las cenizas
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar en la misa, después de la homilía. En circunstancias especiales, por ejemplo, cuando no hay sacerdote, se puede hacer sin misa, pero siempre dentro de la celebración de la Palabra.

Las cenizas son impuestas en la frente del fiel, haciendo la señal de la cruz con ellas, mientras el ministro dice las palabras Bíblicas: «Acuérdate que eres polvo, y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».

Las cenizas son un sacramental. Estos no confieren la gracia del Espíritu Santo a la manera de los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia los sacramentales «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella» Catecismo (1670 ss.).

------------------------------------------------
San Juan de Avila
Homilía el Miércoles de Ceniza
"Acuérdate, hombre, que eres ceniza, dice Dios; acuérdate del pecado que te consumió, y del fuego que te tornó ceniza; acuérdate de que para remediar esos males, hizo Dios por ti lo que hizo. Para remediar esto vino Dios, y Él mismo fue abrasado de amor y hecho ceniza, trabajó, sudó, se cansó, fue perseguido y afrentado, y finalmente fue crucificado por ti.

Toma la ceniza de Cristo; toma la memoria de su Pasión; acuérdate que Él obedeció más al Padre de lo que tú pecaste; que agradó Él más que desagradaste tú.

Toma la memoria de Jesucristo crucificado; júntala con agua viva. No se te pide sino que te sujetes a la Iglesia, digas a Dios que pequé contra ti, pésame de haber ofendido a mi Dios, que eres, Señor, incomprensible el Bien. Él pone los sacramentos; pon tú un poco de agua viva de contrición. ¿Cómo no te pesará de haber ofendido a quien se puso por ti en la Cruz?"

----------------------------------------------------------------
Homilía del Miércoles de Ceniza
Juan Pablo II, 28 de febrero de 2001

1. "Reconciliaos con Dios (...). Ahora es el momento favorable" (2 Co 5, 20; 6, 2).

Esta es la invitación que la liturgia nos dirige al inicio de la Cuaresma, exhortándonos a tomar conciencia del don de la salvación, que en Cristo, se ofrece a todo hombre.

Hablando del "momento favorable", el apóstol San Pablo se refiere a la "plenitud de los tiempos" (cf. Ga 4, 4), es decir, el tiempo en el que Dios, mediante Jesús, "escuchó" y "socorrió" a su pueblo, realizando plenamente las promesas de los profetas (cf. Is 49, 8).

En Cristo se cumple el tiempo de la misericordia y del perdón, el tiempo de la alegría y de la salvación.

Desde el punto de vista histórico, el "momento favorable" es el tiempo en el que la Iglesia anuncia el Evangelio a los hombres de toda raza y cultura, para que se conviertan, y se abran al don de la redención. De esa forma, la vida queda íntimamente transformada.

2. "Ahora es el momento favorable".

Dentro del año litúrgico, la Cuaresma, que comienza hoy, es un "momento favorable" para acoger con mayor disponibilidad la gracia de Dios. Precisamente por esto, suele definirse "signo sacramental de nuestra conversión" (Oración colecta del I domingo de Cuaresma): signo e instrumento eficaz de aquel radical cambio de vida, que en los creyentes se ha de renovar constantemente. La fuente de ese extraordinario don divino es el Misterio pascual; el misterio de la muerte y resurrección de Cristo, del que brota la redención para todo hombre, para la historia y para el universo entero.

A este misterio de sufrimiento y amor alude, en cierto modo, el tradicional rito de la imposición de la ceniza, iluminado por las palabras que lo acompañan: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15).

También a ese mismo misterio se refiere el ayuno que hoy observamos, para iniciar un camino de verdadera conversión, en el que la unión con la pasión de Cristo nos permita afrontar, y vencer el combate contra las fuerzas del mal (cf. Oración colecta del miércoles de Ceniza).

3. "Docilidad y Obediencia".

Con esta conciencia, emprendamos el itinerario cuaresmal, prosiguiendo idealmente el gran jubileo, que ha constituido para la Iglesia entera un extraordinario tiempo de penitencia y reconciliación.

Ha sido un año de intenso fervor espiritual, durante el cual se ha derramado en abundancia sobre el mundo la misericordia divina. Para que este tesoro de gracia siga enriqueciendo espiritualmente al pueblo cristiano, en la carta apostólica Novo millennio ineunte, ofrecí indicaciones concretas sobre cómo actuar en esta nueva fase de la historia de la Iglesia.

Entre esas indicaciones, quisiera recordar aquí algunas que corresponden muy bien a las características peculiares del tiempo cuaresmal. La primera de todas es la contemplación del rostro del Señor: rostro que en Cuaresma se presenta como "rostro doliente" (cf. nn. 25-27).

En la liturgia, en las Stationes cuaresmales, así como en la práctica piadosa del vía crucis, la oración contemplativa, nos permite unirnos al misterio de Aquel que, aunque no tuvo pecado, Dios lo hizo pecado por nosotros (cf. 2 Co 5, 21).

Siguiendo el ejemplo de los santos, todo bautizado está llamado a seguir más de cerca a Jesús, que subiendo a Jerusalén, y previendo su pasión, dice a sus discípulos: "Tengo que recibir un bautismo" (Lc 12, 50). Así, el camino cuaresmal se convierte para nosotros en seguimiento dócil del Hijo de Dios, que se hizo Siervo obediente.

4. “Sacramento de la Reconciliación. El camino al que nos invita la Cuaresma se realiza, ante todo, con la oración: en estas semanas, las comunidades cristianas deben transformarse en auténticas "escuelas de oración".

Otro objetivo privilegiado es acercar a los fieles al sacramento de la reconciliación, para que cada uno pueda "redescubrir a Cristo como mysterium pietatis, en el que Dios nos muestra su corazón misericordioso, y nos reconcilia plenamente consigo" (Novo millennio ineunte, 37).

Además, la experiencia de la misericordia de Dios, no puede por menos de suscitar el compromiso de la caridad, impulsando a la comunidad cristiana a "apostar por la caridad" (cf. ib., IV).

En la escuela de Cristo, la comunidad cristiana comprende mejor la exigente opción preferencial por los pobres, viviendo la cual "se testimonia el estilo del amor de Dios, su providencia, su misericordia" (ib, 49).

5. Reconciliación. Pacificación y Perdón. "En nombre de Cristo os lo pedimos: reconciliaos con Dios" (2 Co 5, 20).

En el mundo de hoy aumenta la necesidad de pacificación y perdón.

En el Mensaje para esta Cuaresma destaqué ese deseo recurrente de perdón y reconciliación. La Iglesia, apoyándose en las palabras de Cristo, anuncia el perdón y el amor a los enemigos. Al hacerlo, "es consciente de que introduce en el patrimonio espiritual de la humanidad entera una nueva forma de relacionarse con los demás: una forma ciertamente ardua, pero llena de esperanza" (n. 4). He aquí el don que ofrece también a los hombres de nuestro tiempo.

"Reconciliaos con Dios": resuenan con insistencia en nuestro corazón estas palabras. Hoy -nos dice la liturgia- es el "momento favorable" para nuestra reconciliación con Dios.

Conscientes de ello, recibiremos la imposición de la ceniza, dando los primeros pasos en el itinerario cuaresmal. Prosigamos con generosidad por ese camino, conservando la mirada fija en Cristo crucificado. En efecto, la cruz es la salvación de la humanidad: sólo partiendo de la cruz es posible construir un futuro de esperanza y de paz para todos.

--------------------------------------------------
Caridad, oración y ayuno, armas espirituales para combatir el mal
Benedicto XVI: Homilía en la misa del Miércoles de Ceniza, en la basílica de Santa Sabina, 2007

Queridos hermanos y hermanas:

Con la procesión penitencial hemos entrado en el austero clima de la Cuaresma, y al introducirnos en la celebración eucarística, acabamos de orar para que el Señor ayude al pueblo cristiano a "iniciar un camino de auténtica conversión para afrontar victoriosamente, con las armas de la penitencia, el combate contra el espíritu del mal" (oración Colecta).

Dentro de poco, al recibir la ceniza en nuestra cabeza, volveremos a escuchar una clara invitación a la conversión, que puede expresarse con dos fórmulas distintas: "Convertíos y creed el Evangelio" o "Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás". Precisamente por la riqueza de los símbolos, y de los textos bíblicos y litúrgicos, el miércoles de Ceniza se considera la "puerta" de la Cuaresma.

En efecto, esta liturgia y los gestos que la caracterizan forman un conjunto que anticipa de modo sintético la fisonomía misma de todo el período cuaresmal. En su tradición, la Iglesia no se limita a ofrecernos la temática litúrgica y espiritual del itinerario cuaresmal; además, nos indica los instrumentos ascéticos y prácticos para recorrerlo fructuosamente.

"Convertíos a mí de todo corazón, con ayuno, con llanto, con luto". Con estas palabras comienza la primera lectura, tomada del libro del profeta Joel (Jl 2, 12). Los sufrimientos, las calamidades que afligían en ese período a la tierra de Judá, impulsan al autor sagrado a invitar al pueblo elegido a la conversión, es decir, a volver con confianza filial al Señor, rasgando el corazón, no las vestiduras. En efecto, Dios —recuerda el profeta— "es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad, y se arrepiente de las amenazas" (Jl 2, 13).

La invitación que el profeta Joel dirige a sus oyentes, vale también para nosotros, queridos hermanos y hermanas. No dudemos en volver a la amistad de Dios perdida al pecar; al encontrarnos con el Señor, experimentamos la alegría de su perdón. Así, respondiendo de alguna manera a las palabras del profeta, hemos hecho nuestra la invocación del estribillo del Salmo responsorial: "Misericordia, Señor: hemos pecado". Proclamando el salmo 50, el gran salmo penitencial, hemos apelado a la misericordia divina; hemos pedido al Señor que la fuerza de su amor nos devuelva la alegría de su salvación.

Con este espíritu, iniciamos el tiempo favorable de la Cuaresma, como nos recordó San Pablo en la segunda lectura, para reconciliarnos con Dios en Cristo Jesús. El Apóstol se presenta como embajador de Cristo, y muestra claramente cómo, en virtud de él, se ofrece al pecador, es decir, a cada uno de nosotros, la posibilidad de una auténtica reconciliación. "Al que no había pecado, Dios se hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a Él, recibamos la justificación de Dios" (2 Co 5, 21). Sólo Cristo puede transformar cualquier situación de pecado en novedad de gracia.

Precisamente por eso asume un fuerte impacto espiritual la exhortación que San Pablo dirige a los cristianos de Corinto: "En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios" (2 Co 5, 20) y también: "Mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación" (2 Co 6, 2).

Mientras que el profeta Joel hablaba del futuro día del Señor como de un día de juicio terrible, San Pablo, refiriéndose a la palabra del profeta Isaías, habla de "momento favorable", de "día de la salvación".

El futuro día del Señor se ha convertido en el "hoy". El día terrible se ha transformado en la cruz y en la resurrección de Cristo, en el día de la salvación.

Y hoy es ese día, como hemos escuchado en la aclamación antes del Evangelio: "Escuchad hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón". La invitación a la conversión, a la penitencia, resuena hoy con toda su fuerza, para que su eco nos acompañe en todos los momentos de nuestra vida.

De este modo, la liturgia del miércoles de Ceniza indica que la conversión del corazón a Dios es la dimensión fundamental del tiempo cuaresmal. Esta es la sugestiva enseñanza que nos brinda el tradicional rito de la imposición de la ceniza, que dentro de poco renovaremos.

Este rito reviste un doble significado: el primero alude al cambio interior, a la conversión y la penitencia; el segundo, a la precariedad de la condición humana, como se puede deducir fácilmente de las dos fórmulas que acompañan el gesto.

Aquí, en Roma, la procesión penitencial del miércoles de Ceniza, parte de San Anselmo, y se concluye en esta basílica de Santa Sabina, donde tiene lugar la primera estación cuaresmal.

A este propósito, es interesante recordar que la antigua liturgia romana, a través de las estaciones cuaresmales, había elaborado una singular geografía de la fe, partiendo de la idea de que, con la llegada de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, y con la destrucción del templo, Jerusalén se había trasladado a Roma. La Roma cristiana se entendía como una reconstrucción de la Jerusalén del tiempo de Jesús dentro de los muros de la Urbe.

Esta nueva geografía interior y espiritual, ínsita en la tradición de las iglesias "estacionales" de la Cuaresma, no es un simple recuerdo del pasado, ni una anticipación vacía del futuro; al contrario, quiere ayudar a los fieles a recorrer un itinerario interior, el camino de la conversión y la reconciliación, para llegar a la gloria de la Jerusalén celestial, donde habita Dios.

Queridos hermanos y hermanas, tenemos cuarenta días para profundizar en esta extraordinaria experiencia ascética y espiritual. En el pasaje evangélico que se ha proclamado, Jesús indica cuáles son los instrumentos útiles para realizar la auténtica renovación interior y comunitaria: las obras de caridad (limosna), la oración y la penitencia (el ayuno). Son las tres prácticas fundamentales, también propias de la tradición judía, porque contribuyen a purificar al hombre ante Dios (cf. Mt 6, 1-6. 16-18).

Esos gestos exteriores, que se deben realizar para agradar a Dios, y no para lograr la aprobación y el consenso de los hombres; son gratos a Dios si expresan la disposición del corazón para servirle sólo a Él, con sencillez y generosidad. Nos lo recuerda uno de los Prefacios cuaresmales, en el que, a propósito del ayuno, leemos esta singular afirmación: "ieiunio... mentem elevas", "con el ayuno..., elevas nuestro espíritu" (Prefacio IV de Cuaresma).

Ciertamente, el ayuno al que la Iglesia nos invita, en este tiempo fuerte, no brota de motivaciones de orden físico o estético, sino de la necesidad de purificación interior que tiene el hombre, para desintoxicarse de la contaminación del pecado y del mal; para formarse en las saludables renuncias que libran al creyente de la esclavitud de su propio yo; y para estar más atento y disponible a la escucha de Dios y al servicio de los hermanos.

Por esta razón, la tradición cristiana considera el ayuno y las demás prácticas cuaresmales como "armas" espirituales para luchar contra el mal, contra las malas pasiones y los vicios.

Al respecto, me complace volver a escuchar, juntamente con vosotros, un breve comentario de San Juan Crisóstomo: "Del mismo modo que, al final del invierno —escribe—, cuando vuelve la primavera, el navegante arrastra hasta el mar su nave, el soldado limpia sus armas y entrena su caballo para el combate, el agricultor afila la hoz, el peregrino fortalecido se dispone al largo viaje, y el atleta se despoja de sus vestiduras, y se prepara para la competición; así también nosotros, al inicio de este ayuno, casi al volver una primavera espiritual, limpiamos las armas como los soldados; afilamos la hoz como los agricultores; como los marineros disponemos la nave de nuestro espíritu, para afrontar las olas de las pasiones absurdas; como peregrinos reanudamos el viaje hacia el cielo; y como atletas nos preparamos para la competición despojándonos de todo" (Homilías al pueblo de Antioquía, 3).

En el mensaje para la Cuaresma, invité a vivir estos cuarenta días de gracia especial como un tiempo "eucarístico". Recurriendo a la fuente inagotable de amor que es la Eucaristía, en la que Cristo renueva el sacrificio redentor de la cruz, cada cristiano puede perseverar en el itinerario que hoy solemnemente iniciamos.

Las obras de caridad (limosna), la oración, el ayuno, juntamente con cualquier otro esfuerzo sincero de conversión, encuentran su más profundo significado y valor en la Eucaristía, centro y cumbre de la vida de la Iglesia y de la historia de la salvación.

"Señor, estos sacramentos que hemos recibido —así rezaremos al final de la Santa Misa— nos sostengan en el camino cuaresmal, hagan nuestros ayunos agradables a tus ojos y obren como remedio saludable de todos nuestros males".

Pidamos a María que nos acompañe para que, al concluir la Cuaresma, podamos contemplar al Señor resucitado, interiormente renovados y reconciliados con Dios y con los hermanos. Amén.

[Traducción distribuida por la Santa Sede
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS07022510

Oración: Te pedimos Señor, que a semejanza de tu Hijo, podamos adelantar la conversión de nuestro corazón al Divino Corazón de Jesús y María. A Tí que soportaste cuarenta días de terrible ayuno y confortante oración en el desierto. Amén.


29 de febrero

Dositeo, eremita ( s. IV )



Cuenta una antiquísima biografía suya que pasó los años de su juventud alineado en las filas del ejército, peleón como el primero, y entusiasta de las victorias como el que más.

Era cristiano. Entre guerra y guerra tuvo la oportunidad de visitar los Santos Lugares; peregrino piadoso, fue rememorando los acontecimientos de la Salvación que allí se realizaron; su amor a Jesucristo fue creciendo entre las piedras que ahora podía tocar y besar; en Getsemaní se quedó profundamente impresionado ante la visión de un cuadro, que representaba los tormentos del Infierno. Aquello fue la ocasión para que diera un vuelco su vida.

Decidió abandonar sus bien estudiados planes de futuro, y los cambió por hacerse monje en Gaza (Palestina); desde entonces, intentó poner en juego todas sus energías, con el fin de lograr la más perfecta imitación de Jesucristo, bajo la dirección del abad San Doroteo.

Desprendimiento es la palabra-clave desde entonces para él. Comprendió con claridad que cualquier persona, cosa y situación de la tierra podría servirle de enredo y estorbo para el anhelo del Cielo. Y con el paso del tiempo, cuentan sus biógrafos, logró un desapego completo y perfecto de todas las cosas, manifestado incluso en el desprendimiento de los libros para los rezos, y de las herramientas con las que trabajaba su huerto.

Debían tener razón, porque ¡tantas veces se oculta el apegamiento a las cosas, detrás de la razonable excusa de poseer las cosas consideradas imprescindibles para el ejercicio de la profesión, o de las que son un medio para vivir!.

De esta manera, se presenta al asceta San Dositeo como un inmenso amor a Dios; un hombre cuya voluntad está plena deseos, de ansias, de anhelos de vivir en exclusividad para el Señor, con la decisión de entrar en su eterna posesión sin la rémora o lastre que pueda suponer el más ínfimo cariño a las cosas terrenas.

Pensándolo bien, no es extraño que con esa desnudez heroica de afectos, a lo que la mayoría de los mortales aprecian, Dositeo haya dado una prueba más al acertar a morirse en el día del año que sólo cada cuatro llega. Así, ni siquiera está apegado a su recuerdo.

Oración: Te pedimos Señor, que a imitación de San Dositeo, podamos sólo pensar en Tí, y en la gloria de tu Santo Nombre y en el Reino de los Cielos. Ayúdanos a alcanzar la perfección por el camino del desprendimiento. A Tí Señor, que no tenías dónde recostar tu cabeza. Amén.