8 de Marzo 2026
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San
Juan de Dios
(1495-1550).
Patrono
de los que trabajan en hospitales, y de los que propagan libros
religiosos.
«¡Haced
el bien hermanos, para vuestro bien!».
«Porque
así como el agua mata al fuego, así la caridad mata al
pecado».
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San
Faustino Miguez
(1831 – 1925)
Insigne
sacerdote, educador y
científico
https://365seleccionessacros.blogspot.com/2024/03/8-de-marzo-de-2024-san-faustino-miguez.html
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Hoy
leemos en las escrituras:
Libro
del Exodo 17,3-7
Pero
el pueblo, torturado por la sed, protestó contra Moisés diciendo:
"¿Para
qué nos hiciste salir de Egipto?. ¿Sólo para hacernos morir de
sed, junto con nuestros hijos y nuestro ganado?".
Moisés
pidió auxilio al Señor, diciendo: "¿Cómo
tengo que comportarme con este pueblo, si falta poco para que me
maten a pedradas?".
El
Señor respondió a Moisés: "Pasa
delante del pueblo, acompañado de algunos ancianos de Israel, y
lleva en tu mano el bastón, con que golpeaste las aguas del Nilo.
Ve, porque yo estaré delante de ti, allá sobre la roca, en
Horeb. Tú golpearás la roca, y de ella brotará agua para que beba
el pueblo".
Así lo hizo Moisés, a la vista de los ancianos de Israel.
Aquel
lugar recibió el nombre de Masá - que significa "Provocación"-
y de Meribá - que significa "Querella"- a causa de la
acusación de los israelitas, y porque ellos provocaron al Señor,
diciendo: "¿El
Señor está realmente entre nosotros, o no?".
Palabra
de Dios. ¡Te alabamos
Señor!
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Salmo
95(94),1-2.6-7.8-9
¡Ojalá hoy escuchen la voz del
Señor!.
¡Vengan,
cantemos con júbilo al Señor,
aclamemos a la Roca que nos
salva!.
¡Lleguemos hasta Él dándole gracias,
aclamemos con
música al Señor!.
¡Entren, inclinémonos para
adorarlo!.
¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos
creó!.
Porque Él es nuestro Dios,
y
nosotros, el pueblo que Él apacienta,
las ovejas conducidas por
su mano.
Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
«No
endurezcan su corazón como en Meribá,
como en el día de Masá,
en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron,
aunque
habían visto mis
obras.»
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Carta
de San Pablo a los Romanos 5,1-2.5-8
Hermanos:
Justificados, entonces, por la fe, estamos en paz con Dios, por medio
de nuestro Señor Jesucristo.
Por Él hemos alcanzado,
mediante la fe, la gracia en la que estamos afianzados, y por Él nos
gloriamos, en la esperanza de la gloria de Dios.
Y la
esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios, ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha
sido dado.
En efecto, cuando todavía éramos débiles,
Cristo, en el tiempo señalado, murió por los
pecadores.
Difícilmente se encuentra alguien, que dé su vida
por un hombre justo; tal vez alguno sea capaz de morir por un
bienhechor.
Pero la prueba de que Dios nos ama, es que Cristo
murió por nosotros, cuando todavía éramos pecadores.
Palabra
de Dios. ¡Te alabamos
Señor!
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Evangelio
según San Juan 4,5-42
Jesús
llegó a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras
que Jacob había dado a su hijo José.
Allí se encuentra el
pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto
al pozo. Era la hora del mediodía.
Una mujer de Samaría fue
a sacar agua, y Jesús le dijo: "Dame
de beber".
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La
samaritana le respondió: "¡Cómo!
¿Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy
samaritana?".
Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos.
Jesús
le respondió: "Si
conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: 'Dame de
beber', tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua
viva".
"Señor,
le dijo ella, no tienes nada para sacar el agua y el pozo es
profundo. ¿De dónde sacas esa agua viva?. ¿Eres acaso más grande
que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió,
lo mismo que sus hijos y sus animales?".
Jesús
le respondió: "El
que beba de esta agua, tendrá nuevamente sed, pero el que beba del
agua que Yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que Yo
le daré, se convertirá en él, en manantial que brotará hasta la
Vida eterna".
"Señor,
le dijo la mujer, dame de esa agua para que no tenga más sed, y no
necesite venir hasta aquí a sacarla".
Jesús
le respondió: "Ve,
llama a tu marido y vuelve aquí".
La
mujer respondió: "No
tengo marido".
Jesús continuó: "Tienes
razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco, y el
que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad".
La
mujer le dijo: "Señor,
veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en esta montaña, y
ustedes dicen que es en Jerusalén donde se debe adorar".
Jesús
le respondió: "Créeme,
mujer, llega la hora en que ni en esta montaña, ni en Jerusalén se
adorará al Padre.
Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros
adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los
judíos.
Pero la hora se acerca, y ya ha llegado, en que los
verdaderos adoradores, adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores que quiere el Padre. Dios es espíritu,
y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad".
La
mujer le dijo: "Yo
sé que el Mesías, llamado Cristo, debe venir. Cuando Él venga, nos
anunciará todo".
Jesús
le respondió: "Soy
Yo, el que habla contigo".
En
ese momento llegaron sus discípulos, y quedaron sorprendidos al
verlo hablar con una mujer. Sin embargo, ninguno le preguntó: "¿Qué
quieres de ella?"
o "¿Por
qué hablas con ella?".
La
mujer, dejando allí su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la
gente: "Vengan
a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que hice. ¿No será el
Mesías?".
Salieron
entonces de la ciudad y fueron a su encuentro.
Mientras tanto,
los discípulos le insistían a Jesús, diciendo: "Come,
Maestro".
Pero
Él les dijo: "Yo tengo para comer un alimento que ustedes no
conocen".
Los discípulos se preguntaban entre sí:
"¿Alguien
le habrá traído de comer?".
Jesús
les respondió: "Mi
comida es hacer la voluntad de Aquel que me envió, y llevar a cabo
su obra. Ustedes dicen que aún faltan cuatro meses para la cosecha.
Pero yo les digo: Levanten los ojos y miren los campos: ya están
madurando para la siega.
Ya
el segador recibe su salario, y recoge el grano para la Vida eterna;
así el que siembra y el que cosecha, comparten una misma alegría.
Porque en esto se cumple el proverbio: 'Uno siembra y otro
cosecha'.
Yo los envié a cosechar, adonde ustedes no han
trabajado; otros han trabajado, y ustedes recogen el fruto de sus
esfuerzos".
Muchos
samaritanos de esta ciudad, habían creído en Él por la palabra de
la mujer, que atestiguaba: "Me
ha dicho todo lo que hice".
Por
eso, cuando los samaritanos se acercaron a Jesús, le rogaban que se
quedara con ellos, y Él permaneció allí dos días. Muchos más
creyeron en Él, a causa de su palabra.
Y decían a la mujer:
"Ya
no creemos por lo que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído,
y sabemos que Él es verdaderamente el Salvador del mundo".
Palabra
de Dios. ¡Te alabamos
Señor!
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Historias
Sagradas
https://365seleccionessacros.blogspot.com/
https://evangeliodeldia.org/SP/gospel
https://www.dominicos.org/predicacion/evangelio-del-dia/hoy/
https://www.biblegateway.com/
http://santoral-virtual.blogspot.com/
https://www.vercalendario.info/es/evento/liturgia-catolica-ano-calendario-2026.html
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