domingo, 26 de mayo de 2024

 26 De Mayo de 2024

Patriarca Jacob

Antiguo Testamento

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 25 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI, pronunció hoy durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro con peregrinos procedentes de todo el mundo.

Benedicto XVI: la Noche del Yaboq | ZENIT – Espanol

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy quisiera detenerme con vosotros, en un texto del Libro del Génesis que narra un episodio un poco especial, de la historia del Patriarca Jacob. Es un fragmento de difícil interpretación, pero importante en nuestra vida de fe y de oración; se trata del relato de la lucha con Dios, en el vado de Yaboq, del que hemos escuchado un trozo.

Como recordaréis, Jacob le había quitado a su gemelo Esaú, la primogenitura, a cambio de un plato de lentejas, y después recibió con engaños, la bendición de su padre Isaac, que en ese momento era muy anciano, aprovechándose de su ceguera.

Habiendo huido de la ira de Esaú, se refugió en casa de un pariente, Labán; se había casado, se había enriquecido, y volvía a su tierra natal, dispuesto a enfrentar a su hermano, después de haber tomado algunas prudentes medidas.

Pero cuando todo está preparado para este encuentro, después de haber hecho que los que estaban con él, atravesasen el vado del torrente, que delimitaba el territorio de Esaú, Jacob se queda solo, y es agredido por un desconocido, con el que lucha toda la noche. Esta lucha cuerpo a cuerpo -que encontramos en el capítulo 32 del Libro del Génesis- se convierte para él, en una singular experiencia de Dios.

La noche es un momento favorable, para actuar a escondidas, el tiempo oportuno, por tanto, para Jacob, de entrar en el territorio del hermano sin ser visto, y quizás con la ilusión de tomar por sorpresa a Esaú.

Sin embargo es él el sorprendido, por un ataque imprevisto, para el que no estaba preparado. Había usado su astucia, para intentar evitarse una situación peligrosa, pensaba tener todo bajo control, y sin embargo, se encuentra ahora, teniendo que afrontar una lucha misteriosa, que lo sorprende en soledad, y sin darle la oportunidad de organizar una defensa adecuada.

Indefenso, en la noche, el Patriarca Jacob lucha contra alguien. El texto no especifica la identidad del agresor; usa un término hebreo que indica “un hombre”, de manera genérica, “uno, alguien”; se trata de una definición vaga, indeterminada, que quiere mantener al asaltante en el misterio.

Está oscuro, Jacob no consigue distinguir a su contrincante, y también para nosotros, permanece en el misterio; alguien se enfrenta al Patriarca, y este es el único dato seguro, que nos da el narrador. Sólo al final, cuando la lucha ya ha terminado, y ese “alguien” ha desaparecido, sólo entonces Jacob lo nombrará, y podrá decir que ha luchado contra Dios.

El episodio se desarrolla en la oscuridad, y es difícil percibir, no sólo la identidad del asaltante de Jacob, sino también, como se ha desarrollado la lucha. Leyendo el texto, resulta difícil establecer, quien de los dos contrincantes lleva las de ganar; los verbos se usan a menudo sin sujeto explícito, y las acciones suceden casi de forma contradictoria, así que cuando parece, que uno de los dos va a prevalecer, la acción sucesiva desmiente enseguida esto, y presenta al otro como vencedor.

Al inicio, de hecho, Jacob parece ser el más fuerte, y el adversario – dice el texto – “no conseguía vencerlo” (v.26); y finalmente golpea a Jacob en el fémur, provocándole una dislocación. Se podría pensar que Jacob sucumbe, sin embargo, es el otro el que le pide que le deje ir; pero el Patriarca se niega, imponiendo una condición: “No te soltaré si antes no me bendices” (v.27). El que con engaños, le había quitado a su hermano la bendición del primogénito, ahora la pretende de un desconocido, de quien quizás, empieza a percibir las connotaciones divinas, sin poderlo reconocer verdaderamente.

El rival, que parece estar retenido, y por tanto vencido por Jacob, en lugar de ceder a la petición del Patriarca, le pregunta su nombre: “¿Cómo te llamas?”. El patriarca le responde: “Jacob” (v.28).

Aquí la lucha da un giro importante. Conocer el nombre de alguien, implica una especie de poder sobre la persona, porque el nombre, en la mentalidad bíblica, contiene la realidad más profunda del individuo, desvela el secreto y el destino. Conocer el nombre de alguien, quiere decir conocer la verdad sobre el otro, y esto permite poderlo dominar.

Cuando, por tanto, por petición del desconocido, Jacob revela su nombre, se está poniendo en las manos de su adversario, es una forma de entrega, de consigna total de sí mismo al otro.

Pero en este gesto de rendición, también Jacob resulta vencedor, paradójicamente, porque recibe un nombre nuevo, junto al reconocimiento de victoria, por parte de su adversario, que le dice: “En adelante no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido” (v.29).

“Jacob” era un nombre, que recordaba el origen problemático del Patriarca; en hebreo, de hecho, recuerda al término “talón”, y manda al lector al momento del nacimiento de Jacob, cuando saliendo del seno materno, agarraba el talón de su hermano gemelo (Gn 25, 26), casi presagiando el daño que realiza a su hermano en la edad adulta, pero el nombre de Jacob recuerda también al verbo “engañar, suplantar”.

Y ahora, en la lucha, el Patriarca revela a su oponente, en un gesto de rendición y donación, su propia realidad de quien engaña, quien suplanta; pero el otro, que es Dios, transforma esta realidad negativa en positiva: Jacob, el defraudador, se convierte en Israel, se le da un nombre nuevo, que le marca una nueva identidad. Pero también aquí, el relato mantiene su duplicidad, porque el significado más probable de Israel es “Dios fuerte, Dios vence”.

Por tanto, Jacob ha prevalecido, ha vencido – es el mismo adversario quien los afirma – pero su nueva identidad, recibida del mismo contrincante, afirma y testimonia la victoria de Dios.

Y cuando Jacob pide a su vez el nombre de su oponente, este no quiere decírselo, pero se le revela en un gesto inequívoco, dándole su bendición. Esta bendición, que el Patriarca le había pedido al principio de la lucha, se le concede ahora. Y no es una bendición obtenida mediante engaño, sino que es gratuitamente concedida por Dios, que Jacob puede recibir porque está solo, sin protección, sin astucias ni engaños, se entrega indefenso, acepta la rendición, y confiesa la verdad sobre sí mismo.

Por esto, al final de la lucha, recibida la bendición, el Patriarca puede finalmente reconocer al otro, al Dios de la bendición: “He visto a Dios cara a cara, y he salido con vida” (v.31), ahora puede atravesar el vado, llevando un nombre nuevo, pero “vencido” por Dios, y marcado para siempre, cojeando por la herida recibida.

Las explicaciones que la exégesis bíblica da, con respecto a este fragmento son muchas; en particular los estudiosos reconocen aquí, intentos y componentes literario de varios tipos, como también referencias a algún cuento popular.

Pero cuando estos elementos, son asumidos por los autores sagrados, y englobados en el relato bíblico, cambian de significado, y el texto se abre a dimensiones más amplias. El episodio de la lucha en el Yaboq, se muestra al creyente como texto paradigmático, en el que el pueblo de Israel, habla de su propio origen, y delinea los trazos de una relación especial entre Dios y el hombre.

Por esto, como se afirma también en el Catecismo de la Iglesia Católica, “la tradición espiritual de la Iglesia, ha visto en este relato, el símbolo de la oración, como combate de la fe y la victoria de la perseverancia” (nº 2573).

El texto bíblico, nos habla de la larga noche de la búsqueda de Dios, de la lucha para conocer el nombre, y ver su rostro; es la noche de la oración, que con tenacidad y perseverancia, pide a Dios la bendición, y un nombre nuevo, una nueva realidad, fruto de conversión y del perdón.

La noche de Jacob, en el vado de Yaboq, se convierte así, para el creyente, en un punto de referencia, para entender la relación con Dios, que en la oración encuentra su máxima expresión. La oración exige confianza, cercanía, casi un cuerpo a cuerpo simbólico, no con un Dios adversario y enemigo, sino con un Señor que bendice, y que permanece siempre misterioso, que aparece inalcanzable.

Por esto el autor sacro, utiliza el símbolo de la lucha, que implica fuerza de ánimo, perseverancia, tenacidad en el alcanzar lo que se desea. Y si el objeto del deseo, es la relación con Dios, su bendición y su amor, entonces la lucha, sólo puede culminar en el don de sí mismo a Dios, en el reconocimiento de la propia debilidad, que vence, cuando consigue abandonarse en las manos misericordiosas de Dios.

Queridos hermanos y hermanas, toda nuestra vida es, como esta larga noche de lucha y de oración, de consumar en el deseo, y en la petición de una bendición a Dios, que no puede ser arrancada o conseguida, sólo con nuestras fuerzas, sino que debe ser recibida con humildad de Él, como don gratuito que permite, finalmente, reconocer el rostro de Dios.

Y cuando esto sucede, toda nuestra realidad cambia, recibimos un nombre nuevo, y la bendición de Dios. Pero aún más: Jacob que recibe un nombre nuevo, se convierte en Israel, también da al lugar un nombre nuevo, donde ha luchado con Dios, le ha rezado, lo renombra Penuel, que significa “Rostro de Dios”.

Con este nombre, reconoce que el lugar está lleno de la presencia del Señor, santifica esa tierra, dándole la impronta de aquel misterioso encuentro con Dios. Aquel que se deja bendecir por Dios, se abandona a Él, se deja transformar por Él; hace bendito el mundo. Que el Señor nos ayude a combatir, la buena batalla de la fe (cfr 1Tm 6,12; 2Tm 4,7) y a pedir, en nuestra oración, su bendición, para que nos renueve, en la espera de ver su Rostro. ¡Gracias!.

©Libreria Editrice Vaticana

sábado, 25 de mayo de 2024

 25 de Mayo 2024




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SAN GREGORIO VII
157ª Papa
(† 1085)

Forjó la independencia de la Iglesia del Estado

“He amado la justicia y odiado la iniquidad; por eso muero en el destierro”

“Mejor es para nosotros, arrostrar la muerte que nos den los tiranos, que hacernos cómplices de la impiedad, con nuestro silencio”.


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San Dionisio de Milán
Obispo y mártir
(351)


Elogio: En Milán, de la Lombardía, conmemoración de San Dionisio, obispo, el cual, habiendo sido desterrado a Armenia, por el emperador arriano Constancio, a causa de su fe católica, murió allí, por lo que mereció el título propio de los mártires.

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Hoy leemos en las escrituras

Epístola de Santiago 5,13-20

Hermanos:
Si alguien está afligido, que ore. Si está alegre, que cante salmos. Si está enfermo, que llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él, y lo unjan con óleo en el nombre del Señor.

La oración que nace de la fe, salvará al enfermo, el Señor lo aliviará, y si tuviera pecados, le serán perdonados. Confiesen mutuamente sus pecados, y oren los unos por los otros, para ser curados. La oración perseverante del justo, es poderosa.

Elías era un hombre como nosotros, y sin embargo, cuando oró con insistencia para que no lloviera, no llovió sobre la tierra durante tres años y seis meses. Después volvió a orar; entonces el cielo dio la lluvia, y la tierra produjo frutos.

Hermanos míos, si uno de ustedes se desvía de la verdad, y otro lo hace volver, sepan que el que hace volver a un pecador de su mal camino, salvará su vida de la muerte, y obtendrá el perdón de numerosos pecados.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.

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Salmo 141(140),1-2.3.8

Yo te invoco, Señor, ven pronto en mi ayuda:
escucha mi voz cuando te llamo;
que mi oración suba hasta Ti, como el incienso,
y mis manos en alto, como la ofrenda de la tarde.

Coloca, Señor, un guardián en mi boca,
y un centinela a la puerta de mis labios;
Pero mis ojos, Señor, están fijos en Ti:
en Ti confío, no me dejes indefenso.

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Evangelio según San Marcos 10,13-16

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron.

Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo:
"Dejen que los niños se acerquen a Mí, y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro, que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él".

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.


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Historias Sagradas
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 25 de Mayo de 2024

San Dionisio de Milán
Obispo y mártir
(351)


Elogio: En Milán, de la Lombardía, conmemoración de San Dionisio, obispo, el cual, habiendo sido desterrado a Armenia, por el emperador arriano Constancio, a causa de su fe católica, murió allí, por lo que mereció el título propio de los mártires.

Se refieren a este santo: San Eusebio de Vercelli, San Hilario de Poitiers, San Paulino de Tréveris.

Entre los pocos obispos que sostuvieron a San Atanasio, cuando todo el mundo estaba contra él, ocupa un sitio de honor San Dionisio, quien sucedió a Protasio en la sede de Milán, en 351.

San Dionisio, gran paladín de la fe católica, asistió en el año 355, en el palacio de su ciudad episcopal, a un sínodo que el emperador Constancio, favorecedor de los arrianos, había reunido, para que condenase a San Atanasio.

San Dionisio, San Eusebio de Vercelli y san Lucifer de Cagliari, formaron parte del reducido grupo, de los que se negaron a firmar el decreto. El emperador los desterró por ello.

San Dionisio se retiró a Capadocia, donde murió hacia el año 360, probablemente poco antes, de que el emperador Juliano restituyese a los obispos desterrados, a sus diócesis.

Hay que hacer notar, que San Basilio envió, desde Capadocia a Milán, los despojos mortales de San Dionisio. Todavía se conserva la carta, en que San Basilio cuenta a San Ambrosio, las medidas que tomó para asegurarse, de la autenticidad de las reliquias.

Véase P. Savio, Gli Antichi Vescovi d'Italia, La Lombardia, pp. 114 ss. y 753 ss. También Lanzoni, Le Diócesi d'Italia, vol. II (1927), p. 1014. Acerca de la carta de san Basilio, véase Migne, PG., vol. XXXII, cc. 712-713.

Fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

viernes, 24 de mayo de 2024

 24 de Mayo 2024




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SANTA MARÍA AUXILIADORA

“Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; ella te pisará la cabeza, mientras acechas tú su calcañar”

Fiesta Instituida por el Papa San Pío V, en conmemoración de la victoria naval en Lepanto, contra el Imperio Otomano.

Patrona de los Salesianos, comunidad fundada por San Juan Bosco.

"María Auxiliadora, rogad por nosotros".

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San SIMEÓN el ESTILITA el JOVEN
(521-592)
Anacoreta

La idea de vivir todo el tiempo, en lo alto de una columna, obedece a la piadosa intención, de poder estar más cerca del cielo, y por lo tanto de Dios.

Esto nos deja como enseñanza, a priorizar la oración, la meditación y la penitencia, para agradar de veras a Dios.

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Beato Luis Zeferino Moreau
(1824 - 1901)

«No haremos bien las grandes cosas, si no estamos determinados por una unión íntima con Nuestro Señor»«Todo lo puedo en Aquél que me conforta»

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Hoy leemos en las escrituras

Epístola de Santiago 5,9-12

Hermanos, no se quejen los unos de los otros, para no ser condenados. Miren que el Juez ya está a la puerta. Tomen como ejemplo de fortaleza y de paciencia, a los profetas que hablaron en nombre del Señor.

Porque nosotros llamamos felices, a los que sufrieron con paciencia. Ustedes oyeron hablar de la paciencia de Job, y saben lo que hizo el Señor con él, porque el Señor es compasivo y misericordioso.

Pero ante todo, hermanos, no juren ni por el cielo, ni por la tierra, ni de ninguna manera: que cuando digan "sí", sea sí; y cuando digan "no", sea no, para no ser condenados.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.

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Salmo 103(102),1-2.3-4.8-9.11-12

Bendice al Señor, alma mía,
que todo mi ser bendiga a su Santo Nombre;
bendice al Señor, alma mía,
y nunca olvides sus beneficios.

Él perdona todas tus culpas,
y cura todas tus dolencias;
rescata tu vida del sepulcro,
te corona de amor y de ternura.

El Señor es bondadoso y compasivo,
lento para enojarse y de gran misericordia;
No acusa de manera inapelable,
ni guarda rencor eternamente.

Cuanto se alza el cielo sobre la tierra,
así de inmenso es su amor por los que lo temen;
cuanto dista el oriente del occidente,
así aparta de nosotros nuestros pecados.

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Evangelio según San Marcos 10,1-12

Jesús fue a la región de Judea, y al otro lado del Jordán. Se reunió nuevamente la multitud alrededor de Él, y como de costumbre, les estuvo enseñando una vez más.

Se acercaron algunos fariseos, y para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión:
"¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?".

Él les respondió:
"¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio, y separarse de ella".

Entonces Jesús les respondió:
"Si Moisés les dio esta prescripción, fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido".

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. Él les dijo:
"El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido, y se casa con otro, también comete adulterio".

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.


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Historias Sagradas
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 24 De Mayo de 2024

Beato Luis Zeferino Moreau
(1824 - 1901)

«No haremos bien las grandes cosas, si no estamos determinados por una unión íntima con Nuestro Señor»

«Todo lo puedo en Aquél que me conforta»

«El buen prelado Moreau, amigo de los pobres, conocido también como el obispo santo, fue singularmente devoto del Sagrado Corazón de Jesús, de María y de José, devoción que se ocupó de difundir. Fue cofundador de las Hermanas de San José»

Nació en Bécancour, Quebec, Canadá, el 1 de abril de 1824. Sus padres eran humildes agricultores. Fue el quinto de trece hermanos; dos de ellos no sobrevivieron. Creció siendo un niño «inteligente, piadoso, modesto, apacible y pensativo».

Pero al venir al mundo prematuramente, desde el principio le acompañó su mala salud. Esta deficiencia hizo que sus progenitores, buscaran para él un futuro menos fatigoso, que el derivado del trabajo en el campo.

El párroco Charles Dion, les aconsejó que lo destinaran al estudio. Y después de aprender las nociones básicas, en 1839 ingresó en el seminario de Nicolet. En una de sus visitas pastorales, el arzobispo de Quebec, Joseph Signay, confirmó sus cualidades para ser ordenado.

Pero casi a finales de 1845, año y medio más tarde de producirse este encuentro, la debilidad y estrés, originado por unas clases que impartía, mermaron sus escasas fuerzas y volvió a Bécancour para llevar una vida acorde con su situación, al amparo de la parroquia, donde se propuso continuar los estudios eclesiásticos.

En 1846 no estaba completamente recuperado, y ello indujo a monseñor Signay, a recomendarle que permaneciese con su familia, y se olvidara del sacerdocio. Recibió esta noticia consternado. Su vocación era sólida, y sin arredrarse, fortalecido por la fe y en un estado de paz, elevó sus oraciones a Dios, y actuó con firmeza.

El párroco y formadores del seminario, que lo conocían bien, no lo abandonaron. Con cartas de recomendación, viajaron a Montreal. Luís no tardó mucho en recibir la ayuda del obispo de la ciudad, monseñor Ignace Bourget, quien debiendo viajar a Roma, se lo confió a Jean Charles Prince, su secretario y director de la escuela, que poco después sería designado, primer obispo de Saint-Hyacinthe. Cuando Bourget regresó, anexionó a Luís al obispado. Prince y él pudieron constatar de primera mano las virtudes que adornaban al beato. Ambos fueron sus benefactores.

Fue ordenado el 19 de diciembre de 1846. Durante seis años, estuvo al frente de distintas misiones, que le dispusieron para poder asistir convenientemente a Prince, en 1852, cuando se hizo cargo de la diócesis de Saint-Hyacinthe, en calidad de obispo.

Fue secretario y canciller suyo. Tuvo en él a un gran maestro. Como discípulo aventajado, Luís aprendió de su sagacidad pastoral, y se nutrió de sus enseñanzas, como después le ocurrió con los tres sucesores de este prelado. Fue párroco de la catedral, procurador del obispado, vicario general, secretario del consejo diocesano, encargado de las finanzas, y capellán de varias congregaciones de religiosas, entre otras responsabilidades que desempeñó.

Cuatro veces administró la diócesis, en ausencia del prelado titular, o durante las épocas en las que la sede estuvo vacante. Todo lo asumió con eficacia, haciéndose acreedor de la confianza, que depositaron en él. Era ordenado, un trabajador nato, querido y admirado por todos: laicos, religiosos, sacerdotes y fieles en general.

Al fallecer el tercer obispo de Saint-Hyacinthe, Charles Larocque, Pío IX le otorgó esta misma dignidad, en noviembre de 1875. En manera alguna, quería asumir Luís tan alta misión que le colocaba al frente de la diócesis, pero el papa le rogó que aceptase con generosidad, lo que denominó«yugo del Señor».

Tomó posesión el 16 de enero de 1876. Tenía entonces 51 años, y rigió la joven diócesis durante más de un cuarto de siglo, bajo el lema: Omnia possum in eo qui me confortat «Todo lo puedo en Aquél que me conforta» (Flp 4,13).

Era un hombre de oración, de vida sencilla y austera, que tenía especial debilidad por los pobres. En el transcurso de su misión episcopal, se constató su gran fidelidad a la Iglesia y al papa. En momentos delicados en los que se implicó, antepuso su amor por ellos a sus criterios, y a los lazos de amistad que le unían a otras personas.

Intensa fue su labor pastoral. Reabrió la residencia episcopal, impulsó la construcción de la catedral, con los recursos acumulados por su predecesor; abrió las puertas a muchas comunidades religiosas, proporcionando a la diócesis, la riqueza que conllevan los diversos carismas; ayudó social y económicamente a la Unión de San José, un proyecto puesto en marcha por él, para sostener a los que quedaron sin trabajo, tras el voraz incendio que asoló Saint-Hyacinthe, y prestó su asistencia a los círculos agrícolas.

Asimismo fundó, con la colaboración de la venerable Elisabeth Bergeron, las Hermanas de San José, con objeto de atender las escuelas rurales de chicos y chicas. Pasó por esta vida prodigando el bien, abandonado en manos de la divina Providencia.

Fue audaz, prudente, solícito y servicial, firme y comprensivo, un apóstol incansable. Estaba disponible para todos. Denunció los desórdenes de la época sin dudarlo. Su cercanía a los sacerdotes y feligreses, era fruto de su oración.

Reconocido por sus virtudes, le asignaron el entrañable apelativo de «el buen monseñor Moreau».Era signo del afecto y gratitud que le profesaban. Este calificativo derivó después en «el obispo santo».

El pueblo heredó su devoción, por el Sagrado Corazón de Jesús, por María y José, que difundió en todo momento. Incontables personas le buscaron para recibir su consejo. De ello da constancia, el valiosísimo e ingente testimonio espiritual, plasmado en más de 15.000 cartas. «No haremos bien las grandes cosas, si no estamos determinados por una unión íntima con Nuestro Señor», escribió. Hizo vida esta convicción, venciendo la fragilidad que le acompañó toda su existencia.

Murió en Saint-Hyacinthe el 24 de mayo de 1901. Juan Pablo II lo beatificó, el 10 de mayo de 1987.

jueves, 23 de mayo de 2024

 23 de Mayo 2024




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San Juan Bautista Rossi
Confesor
(1698 – 1764)

Aprendió que la mejor mortificación, es aceptar los sufrimientos y trabajos de cada día.

“Antes yo me preguntaba, cuál sería el camino para lograr llegar al cielo, y salvar muchas almas. He descubierto, que la ayuda que yo puedo dar, a los que se quieren salvar, es confesarlos. Es increíble, el gran bien que se puede hacer en la confesión”.

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San Crispín de Viterbo
(1668 – 1750)

Su alegría y optimismo eran el corazón del convento capuchino en el que vivía

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Recordamos con Amor y Agradecimiento a
San Epitacio, obispo, y Basileo, España.

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Hoy leemos en las escrituras

Epístola de Santiago 5,1-6

Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir. Porque sus riquezas se han echado a perder, y sus vestidos están roídos por la polilla. Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes, y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final!.

Sepan que el salario, que han retenido a los que trabajaron en sus campos, está clamando, y el clamor de los cosechadores, ha llegado a los oídos del Señor del Universo.

Ustedes llevaron en este mundo, una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos, para el día de la matanza. Han condenado y han matado al justo, sin que él les opusiera resistencia.

Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.

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Salmo 49(48),14-15ab.15cd-16.17-18.19-20

Este es el destino de los que tienen riquezas,
y el final de la gente insaciable.
Serán puestos como ovejas en el Abismo,
la Muerte será su pastor;
bajarán derecho a la tumba,
su figura se desvanecerá.

Pero Dios rescatará mi vida,
me sacará de las garras del Abismo.
No te preocupes, cuando un hombre se enriquece,
o aumenta el esplendor de su casa:
cuando muera, no podrá llevarse nada,
su esplendor no bajará con él.

Aunque en vida se congratulaba, diciendo:
“Te alabarán porque lo pasas bien”,
igual irá a reunirse con sus antepasados,
con esos que nunca verán la luz.

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Evangelio según San Marcos 9,41-50

Jesús dijo a sus discípulos:
«Les aseguro que no quedará sin recompensa, el que les dé de beber un vaso de agua, por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo.

Si alguien llegara a escandalizar, a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él, que le ataran al cuello una piedra de moler, y lo arrojaran al mar.

Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible.

Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena.


Y si tu ojo es para ti, ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo, en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, donde el gusano no muere, y el fuego no se apaga.

Porque cada uno será salado por el fuego. La sal es una cosa excelente, pero si se vuelve insípida, ¿con qué la volverán a salar?. Que haya sal en ustedes mismos, y vivan en paz unos con otros».


Palabra de Dios. ¡Te alabamos Señor!.


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 23 De Mayo de 2024

San Crispín de Viterbo
(1668 – 1750)

Su alegría y optimismo eran el corazón del convento capuchino en el que vivía


Se llamaba Pedro y era zapatero remendón, un oficio hoy en desuso, por arte y parte de la sociedad de consumo.

Al entrar en el noviciado de los Capuchinos, cambió su nombre por el del patrón de los zapateros: San Crispín. Su carisma más original es el de la sonrisa y el canto.

Como no tenía muchas letras, sus superiores lo colocaron en la cocina, la huerta y la portería; nada de sacristías, ni mucho menos de bibliotecas: tan solo en los más humildes encargos de su convento, pero eso sí, cantando y riendo.

Era tan de buen carácter, que a algunos de sus hermanos, les parecía poco monástico; su palabra discreta y oportuna, su sonrisa siempre amable, y su alegría suavemente desbordante, hicieron del buen Crispín, un consejero exigente en la entrega, y comprometedor en la más rigurosa observancia de la vida interior, y el servicio al prójimo: "Fortiter in re, suaviter in modo".

O sea, tan serios por dentro para lo sustancial, como alegres por fuera para lo accidental.