jueves, 22 de septiembre de 2016

22 de Septiembre

San Mauricio el Tebano y compañeros mártires


(+287)
Mauricio significa "negro" (moro), Cándido, "blanco"; Exuperio, "levantado en alto ", y Víctor, "victorioso"

Diocleciano había asociado a su Imperio a Maximiano Hércules. Ambos, feroces enemigos del nombre cristiano, decretaron la última y la más terrible de las persecuciones.

Maximiano hubo de acudir a las Galias para reprimir un intento de sublevación de aquellos pueblos, y entre las tropas que reunió se encontraba la legión Tebea, procedente de Egipto, y toda compuesta de cristianos.

Al ir a incorporarse a su destino, Mauricio, comandante de dicha legión, visita en Roma al papa Marcelo, Llegados a Octadura, la actual Martigny en el Valais, junto a los desfiladeros de los Alpes suizos,

Maximiano ordena un sacrificio a los dioses para impetrar su protección en la campaña que pensaba emprender. Los componentes de la legión Tebea rehúsan hacer ese sacrificio, apartándose del resto del ejército, y yendo a acampar a Agauna, entre las montañas y el Ródano, no lejos del lado oriental del lago Lemán.

Los legionarios tebanos declaran que no pueden faltar al juramento prestado a Dios. Que obedecerán al emperador siempre que su fe no se lo impida.

Maximiano monta en cólera cuando conoce el motivo de la deserción, dando orden de que los legionarios rebeldes sean diezmados y pasados a espada. Los sobrevivientes se reafirman en su fe, y se animan a sufrir todos los tormentos antes que renegar de la verdadera religión.

Víctor, veterano licenciado de otra legión, pasa casualmente por el lugar del suceso, mientras los verdugos festejaban su crueldad. Inquiere la causa, y al informarse lamenta no haber podido acompañar a sus hermanos en la fe. Entonces los verdugos le sacrifican juntamente con los demás.

Patronazgo de armeros, sastres, tintoreros y soldados de infantería, abogado contra los calambres y la gota, patrón del Reino de Borgoña, de Saboya, del Piamonte y de Cerdeña; de los reyes de la dinastía merovingia, lombarda y carolingia, del los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, de las tropas alpinas, de la Guardia Suiza.


Oración: Te rogamos Señor que por intercesión de San Mauricio y sus compañeros legionarios, podamos comportarnos como leales soldados tuyos, amándote, sirviéndote y obedeciéndote siempre con todo nuestro corazón todos los días de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo y su Divina Madre. Amén.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

21 de septiembre

San Mateo


También conocido como Leví

Etim.: Del griego, mathhaios; del arameo, mattai, es una forma corta del hebreo, mattanyah, que significa "regalo de Yahvé".

Uno de los doce Apóstoles y autor del primer Evangelio.
Su símbolo: hombre con alas
Patrón de banqueros, contadores y fuerzas de seguridad

Nació en Cafarnaún, y, cuando Jesús lo llamó, ejercía el oficio de recaudador de impuestos. Escribió el evangelio en lengua aramea y, según la tradición, predicó en Oriente. Jesús lo vio y, porque lo amó, lo eligió.

San Mateo es llamado por dos Evangelistas: Levi, ambos nombres son de origen Judíos. El último lo obtuvo antes de su conversión, el otro lo tomo después, para mostrar la renuncia a su profesión, y que era un hombre nuevo. Hijo de Alfeo, vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.

Fue por profesión un publicano, o colector de impuestos para los Romanos. Entre los Judíos, estos publicanos fueron más infames y odiosos, porque esta nación los miraba como enemigos.

Su oficio dice haber consistido particularmente en acumular un importante patrimonio cobrando impuestos a los que navegaban en los lagos de Genesareth o Tiberias; San Marcos dice que San Mateo trabajaba cerca del lago donde él se sentaba. Jesús, habiendo últimamente curado un paralítico famoso, salió de Cafarnaúm, y camino sobre los bancos del lago o mar de Genesareth, enseñando las personas que le seguían. Aquí él observó a Mateo que realizaba su trabajo de cobro de peaje a quien él llamo a venir y a seguirle.

El hombre era rico, disfrutaba de un sueldo lucrativo, era un hombre sabio y prudente, y entendía perfectamente lo que seguir a Jesús le costaría. Pero él no tuvo miramientos, y dejó todos sus intereses y relaciones para hacerse un discípulo del Señor.

No sabemos si él ya estaba relacionado con la persona o doctrina de nuestro Salvador, especialmente cuando estaba cerca de Cafarnaúm, ya que su casa parece haber estado en la ciudad, donde Cristo había vivido por algún tiempo, había predicado y hechos muchos milagros, por lo cual él estaba en alguna medida preparado a recibir el llamado de Jesús.

San Jerónimo dice que un cierto aire de majestad brillaron en el gesto de acercamiento de Nuestro Divino Redentor que traspasó su alma, y lo atrajo fuertemente.

Este apóstol, a la primera invitación, rompió todas ataduras; dejó sus riquezas, su familia, sus preocupaciones del mundo, sus placeres, y su profesión. Su conversión fue sincera y perfecta.

San Mateo nunca regresó a su oficio porque era una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión, y extorsión. San Mateo, al convertirse, para mostrar que no estaba descontento con su cambio, sino que lo miraba como su mas gran felicidad, entretuvo a Nuestro Señor y sus discípulos en una gran comida en su casa a donde invitó sus amigos, especialmente los de su última profesión, como si esperaba que por medio de la divina conversación de Nuestro Salvador, ellos también quizás sean convertidos.

Después de la ascensión de Nuestro Señor, San Mateo predicó por varios años en Judea y en los países cercanos hasta la dispersión de los apóstoles. Un poco antes de la dispersión escribió su evangelio, o pequeña historia de Nuestro Bendito Redentor. El Apóstol Bartolomé se llevo una copia con él a la India, y la dejó allí. San Mateo escribió su evangelio para satisfacer a los conversos de Palestina.

El Evangelio de San Mateo desciende a un detalle más particular y completo en las acciones de Cristo que los otros tres, pero desde el Capitulo V al XIV él frecuentemente se distingue de los otros en la serie de sus narrativas, ignorando el orden del tiempo, para que esas instrucciones que tienen más afinidad una con la otra, estén relacionadas juntas.

Este evangelista más bien enfoca sobre las lecciones de moralidad de Nuestro Salvador, y describe su tiempo o generación humana, en que las promesas hechas a Abraham y David respecto al nacimiento del Mesías de su semilla fueron realizadas; tal argumento inducía de manera particular a los Judíos para que creyeran en él.

Predicó entre los judíos por 15 años, incluyendo posiblemente a los judíos de Etiopía, África.

San Mateo, después de haber hecho una gran cosecha de almas en Judea, fue a predicar la fe a las naciones bárbaras e incivilizadas del Este. Él era una persona muy devota, dado a la contemplación celestial, y llevaba una vida austera, usando una dieta muy rigurosa; pues no comía carne, en vez satisfacía su apetito con hierbas, raíces, semillas.

San Ambrosio dice que Dios le abrió el País de los Persas. Rufinus y Sócrates nos dicen que él llevo el evangelio a Etiopía, probablemente las partes Sur y Este de Asia. San Paulino menciona que él terminó su curso en Parthia. Venantus Fortunatus relata que el sufrió el martirio en la ciudad de Nudubaz. Dorotheus dice que él fue honorablemente enterrado en Hierápolis en Porthia.

Sus reliquias fueron traídas al Oeste; el Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia que tenía el nombre de la ciudad. Todavía están en este lugar.

Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. III.


Oración: Señor te pedimos que a imitación de San Mateo sepamos abandonar nuestra zona de confort para servirte a Tí y sólo a Tí. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.

martes, 20 de septiembre de 2016

20 de Septiembre
San Andres Kim Taegon (1821-1846) y compañeros mártires
+1846. - Corea


Andrés significa: fuerte, varonil

Los laicos llevaron la fe católica a Corea al final del siglo XVI. La evangelización era muy difícil porque Corea se mantenía aislada del mundo, excepto por los viajes a Pekín para pagar impuestos.

En uno de esos viajes, hacia el año 1777, algunos coreanos cultos obtuvieron literatura de los padres jesuitas en China. Comenzaron una iglesia doméstica en Corea.

Doce años después, un sacerdote chino fue el primer sacerdote que logró entrar secretamente en Corea. Encontró allí 4000 católicos. Ellos nunca habían visto un sacerdote. Siete años mas tarde, en medio de gran persecución, habían 10,000 católicos.

San Andrés Kim Taegon es hijo de nobles coreanos conversos. Su padre, Ignacio Kim, fue martirizado en la persecución del año 1839 (fue beatificado en 1925 con su hijo).

Andrés fue bautizado a los 15 años de edad. Después viajó 1,300 millas hasta el seminario mas cercano, en Macao, China. Seis años después se las arregló para volver a su país a través de Manchuria. Ese mismo año cruzó el Mar Amarillo, y fue ordenado sacerdote en Shangai. Era el primer sacerdote nacido en Corea.

Regresó a Corea, y se le asignó preparar el camino para la entrada de misioneros por el mar, para evitar a los guardias de la frontera. En 1846 fue arrestado, torturado y decapitado junto a río Han, cerca de Seoul, Corea. Tenía 25 años.

Hubieron varios miles de mártires coreanos en esa época. En 1883 llegó la libertad religiosa.

Beatificado en 1925
Canonizado el 6 de Mayo de 1984 por Juan Pablo II en su visita a Corea, junto con 102 otros mártires, incluyendo el seminarista Pablo Chong Hasang. La mayoría de los mártires canonizados eran laicos. La multitud en la misa de canonización fue una de las mas grandes que jamás se han reunido en la faz de la tierra.

Juan Pablo II en la canonización: "La Iglesia coreana es única porque fue fundada completamente por laicos. Esta Iglesia incipiente, tan joven, y sin embargo tan fuerte en la fe, soportó ola tras ola de feroz persecución. De manera que en menos de un siglo podía gloriarse de tener 10,000 mártires. La muerte de estos mártires fue la levadura de la Iglesia y llevó al espléndido florecimiento actual de la Iglesia coreana. Todavía hoy, el espíritu inmortal de los mártires sostiene a los cristianos de la Iglesia del silencio en el norte de esta tierra, trágicamente dividida" (Traducción no oficial del inglés por el P. Jordi Rivero).

Otros mártires de Corea:
San Pablo Chong Hasang era un seminarista coreano de 45 años de edad. Murió mártir en la misma persecusión en que murió San Andrés Kim Taegon.

Entre los mártires del 1839 está Columba Kim, soltera de 26 años, y su hermana Agnes. Las arrestaron y las tiraron desnudadas a una celda con criminales condenados. Aunque las tuvieron allí dos días, aquellos hombres no las molestaron. Después que Columba protestó por esa indignidad, ya no sometieron a otras mujeres a esa ignominia. A Columba la quemaron con herramientas calientes y carbones. Ambas fueron finalmente decapitadas.

A un niño de 13 años, Pedro Ryou, le destrozaron la piel de tal manera que podía tomar pedazos de ella y tirarla a los jueces. Lo estrangularon. Protase Chong, un noble de 41 años de edad, apostató bajo tortura y lo liberaron. Más tarde volvió y confesó su fe, y lo torturaron hasta la muerte.


Oración: Señor mío, haznos fuertes en la Fe para sobrellevar todas las pruebas que nos prepara la vida, a imitación de San Andrés Kim y sus compañeros mártires coreanos. Que la paz y la unión lleguen pronto a la península coreana. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive por siempre. Amén.

lunes, 19 de septiembre de 2016

19 de septiembre

San Jenaro


+305

Obispo de Benevento, Mártir
Patrón de Nápoles

Breve
San Jenaro fue obispo de Benevento; durante la persecución de Diocleciano, sufrió el martirio, juntamente con otros cristianos, en la ciudad de Nápoles, en donde se le tiene una especial veneración.
---------------------------------------------------
San Jenaro, patrón de Nápoles, es famoso por el milagro que generalmente ocurre cada año desde hace siglos, el día de su fiesta, el 19 de septiembre. Su sangre, se licua ante la presencia de todos los testigos que deseen asistir.

Nápoles y Benevento (donde fue obispo) se disputan el nacimiento de San Jenaro y Benevento.

Durante la persecución de Diocleciano, fueron detenidos en Pozzuoli, por orden del gobernador de Campania. Sosso, diácono de Miseno, Próculo, diácono de Pozzuoli, y los laicos Euticio y Acucio. El delito era haber públicamente confesado su fe.

Cuando San Jenaro tuvo noticias de que su amigo Sosso y sus compañeros habían caído en manos de los perseguidores, decidió ir a visitarlos y a darles consuelo y aliento en la prisión.

Como era de esperarse, sus visitas no pasaron inadvertidas, y los carceleros dieron cuenta a sus superiores de que un hombre de Benevento iba con frecuencia a hablar con los cristianos. El gobernador mandó que le aprehendieran, y lo llevaran a su presencia. El obispo Jenaro, Festo, su diácono y Desiderio, un lector de su iglesia, fueron detenidos dos días más tarde, y conducidos a Nola, donde se hallaba el gobernador.

Los tres soportaron con entereza los interrogatorios y las torturas a que fueron sometidos. Poco tiempo después el gobernador se trasladó a Pozzuoli, y los tres confesores, cargados con pesadas cadenas, fueron forzados a caminar delante de su carro.

En Pozzuoli fueron arrojados a la misma prisión en que se hallaban sus cuatro amigos. Estos últimos habían sido echados a las fieras un día antes de la llegada de San Jenaro y sus dos compañeros, pero las bestias no los atacaron.

Condenaron entonces a todo el grupo a ser echados a las fieras. Los siete condenados fueron conducidos a la arena del anfiteatro y, para decepción del público, las fieras hambrientas y provocadas no hicieron otra cosa que rugir mansamente, sin acercarse siquiera a sus presuntas víctimas.

El pueblo, arrastrado y cegado por las pasiones que se alimentan de la violencia, imputó a la magia la mansedumbre de las fieras ante los cristianos, y a gritos pedía que los mataran.

Ahí mismo los siete confesores fueron condenados a morir decapitados. La sentencia se ejecutó cerca de Pozzuoli, y en el mismo sitio fueron enterrados.

Los cristianos de Nápoles obtuvieron las reliquias de San Jenaro que, en el siglo quinto, fueron trasladadas desde la pequeña iglesia de San Jenaro, vecina a la Solfatara, donde se hallaban sepultadas.

Durante las guerras de los normandos, los restos del santo fueron llevados a Benevento y, poco después, al monasterio del Monte Vergine, pero en 1497, se trasladaron con toda solemnidad a Nápoles que, desde entonces, honra y venera a San Jenaro como su patrono principal.

Muchos se cuestionan la autenticidad de los hechos arriba mencionados y de la misma reliquia porque no hay registros sobre el culto a San Jenaro anteriores al año 431. Pero es significativo que ya en esa época, el sacerdote Uranio relata sobre el obispo Jenaro en términos que indican claramente que le consideraba como a un santo reconocido.

Los frescos pintados en el siglo quinto en la "catacumba de san Jenaro", en Nápoles, lo representan con una aureola. En los calendarios más antiguos del oriente y el occidente figura su nombre.

El milagro continúa
Mientras que muchos se cuestionan sobre la historicidad de San Jenaro, nadie se puede explicar el milagro que ocurre con la reliquia del santo que se conserva en la Capilla del Tesoro de la Iglesia Catedral de Nápoles, Italia. Se trata de un suceso maravilloso que ocurre periódicamente desde hace cuatrocientos años. 

La sangre del santo experimenta la licuefacción (se hace líquida). Ocurre cada año en tres ocasiones relacionadas con el santo: la traslación de los restos a Nápoles, (el sábado anterior al primer domingo de Mayo); la fiesta del santo (19 de septiembre), y el aniversario de su intervención para evitar los efectos de una erupción del Vesubio en 1631 (16 de diciembre).

El día señalado, un sacerdote expone la famosa reliquia sobre el altar, frente a la urna que contiene la cabeza de San Jenaro. La reliquia es una masa sólida de color oscuro que llena hasta la mitad un recipiente de cristal sostenido por un relicario de metal. Los fieles llenan la iglesia en esas fechas.

Es de notar entre ellos un grupo de mujeres pobres conocidas como zie di San Gennaro (tías de San Jenaro). En un lapso de tiempo que varía por lo general entre los dos minutos y una hora, el sacerdote agita el relicario, lo vuelve cabeza abajo y la masa que era negra, sólida, seca y que se adhería al fondo del frasco, se desprende y se mueve, se torna líquida y adquiere un color rojizo, a veces burbujea y siempre aumenta de volumen.

Todo ocurre a la vista de los visitantes. Algunos de ellos pueden observar el milagro a menos de un metro de distancia. Entonces el sacerdote anuncia con toda solemnidad: "¡Ha ocurrido el milagro!", se agita un pañuelo blanco desde el altar, y se canta el Te Deum. Entonces la reliquia es venerada por el clero y la congregación.

El 5 de mayo del 2008, reporteros de 20 canales de TV, entre ellos la CNN, estaban presentes en la catedral cuando ocurrió el milagro.

El milagro ha sido minuciosamente examinado por personas de opiniones opuestas. Se han ofrecido muchas explicaciones, pero en base a las rigurosas investigaciones, se puede afirmar que no se trata de ningún truco, y que tampoco hay, hasta ahora, alguna explicación racional satisfactoria.

En la actualidad ningún investigador honesto se atreve a decir que no sucede lo que de hecho ocurre a la vista de todos. Sin embargo, antes de que un milagro sea reconocido con absoluta certeza, deben agotarse todas las explicaciones naturales, y todas los interrogantes deben tener su respuesta. Por eso la Iglesia favorece la investigación.

Fruto de las investigaciones.
Entre los elementos positivamente ciertos en relación con esta reliquia, figuran los siguientes:
  1. La sustancia oscura que se dice es la sangre de San Jenaro (la que, desde hace más de 300 años permanece herméticamente encerrada dentro del recipiente de cristal, que está sujeta y sellada por el armazón metálico del relicario) no ocupa siempre el mismo volumen dentro del recipiente que la contiene. Algunas veces, la masa dura y negra ha llenado casi por completo el recipiente y, en otras ocasiones, ha dejado vacío un espacio equivalente a más de una tercera parte de su tamaño.
  2. Al mismo tiempo que se produce esta variación en el volumen, se registra una variante en el peso que, en los últimos años, ha sido verificada en una balanza rigurosamente precisa. Entre el peso máximo y el mínimo se ha llegado a registrar una diferencia de hasta 27 gramos.
  3. El tiempo más o menos rápido en que se produce la licuefacción, no parece estar vinculado con la temperatura ambiente. Hubo ocasiones en que la atmósfera tenía una temperatura media de más de 30º centígrados y transcurrieron dos horas antes de que se observaran signos de licuefacción. Por otra parte, en temperaturas mas bajas, de 5º a 8º centígrados, la completa licuefacción se produjo en un lapso de 10 a 15 minutos.
  4. No siempre tiene lugar la licuefacción de la misma manera. Se han registrado casos en que el contenido líquido burbujea, se agita y adquiere un color carmesí muy vivo, en otras oportunidades, su color es opaco y su consistencia pastosa.

Aunque no se ha podido descubrir razón natural para el fenómeno, la Iglesia no descarta que pueda haber un milagro. Seguramente influye mucho la Fe y Pureza espiritual de los presentes, para que el milagro se dé más rápido o más despacio.

Ayer vimos cómo influenciaba la presencia de hombres sin fe y de corazón endurecido, cuando San Cupertino hacía la Consagración Eucarística. San Cupertino no podía partir la Sagrada Hostia, y en una segunda misa, con la presencia de los mismos hombres, la cruz que presidía la mesa eucarística se volvió negra.

La Iglesia no se opone a la investigación porque busca la verdad. La fe católica enseña que Dios es todopoderoso, y que todo cuanto existe es fruto de su creación.

Pero la Iglesia es cuidadosa en determinar si un particular fenómeno es, en efecto, de origen sobrenatural.

La Iglesia pide prudencia para no asentir ni rechazar prematuramente los fenómenos. Reconoce la competencia de la ciencia para hacer investigación en la búsqueda de la verdad, y tiene en cuenta el conocimiento de los expertos.

Una vez que la investigación establece la certeza de un milagro fuera de toda duda posible, da motivo para animar nuestra fe e invitarnos a la alabanza.

En el caso de los santos, el milagro también tiene por fin exaltar la gloria de Dios que nos da pruebas de su elección, y las maravillas que Él hace en los humildes.

El Cardenal Crescenzio Sepe de Nápoles anunció que en el 2009 un grupo de científicos investigará la milagrosa reliquia.

Oración: Señor te pedimos que gracias a la intercesión de San Jenaro, se aquiete nuestro hogar, la Tierra, con sus terremotos, maremotos, tifones y erupciones. Que también San Jenaro nos ayude a dominar la fiera que guardamos en nuestro interior en todo momento, y que nuestra sangre hierva siempre de amor por Tí. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.


domingo, 18 de septiembre de 2016

18 de Septiembre

SAN JOSÉ DE CUPERTINO


Patrón de los estudiantes

Resucitador, Exorcista y Místico

"La obediencia es como un cuchillo por el cual se mata la voluntad del hombre, y se la ofrece a Dios. Hace que el hombre se vaya confortando con el cielo

Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que le pide recibe”

José nació el 17 de junio de 1603 en el pequeño pueblo italiano llamado Copertino (Lecce). Sus padres eran sumamente pobres. El niño vino al mundo en un pobre cobertizo pegado a la casa, porque el papá, un humilde carpintero, no había podido pagar las cuotas que debía de su casa, y se la habían embargado.

A los 17 años pidió ser admitido a la orden franciscana pero no fue aceptado. Pidió que lo recibieran en los capuchinos, y fue aceptado como hermano lego, pero después de ocho meses fue expulsado porque era en extremo distraído. Dejaba caer los platos cuando los llevaba para el comedor. Se le olvidaban los oficios que le habían asignado.

Parecía que estaba siempre pensando en otras cosas. Por no cumplir bien con sus deberes tuvo que dejar el convento.

Al verse desechado, José buscó refugio en casa de un familiar suyo que era rico, quien declaró que este joven "no era bueno para nada", y lo echó a la calle. Se vio entonces obligado a volver a la miseria, y al desprecio de su casa. La mamá le rogó insistentemente a un pariente que era franciscano, para que le recibieran al muchacho como mandadero en el convento de los frailes.

Conversión
Sucedió entonces, que en José se obró un cambio que nadie había imaginado. Lo recibieron los frailes como obrero, y lo pusieron a trabajar en el establo, y empezó a desempeñarse con notable destreza en todos los oficios que le encomendaban. Pronto con su humildad y su amabilidad, con su espíritu de penitencia y su amor por la oración, se fue ganando la estimación y el aprecio de los religiosos, y en 1625, por votación unánime de todos los frailes de esa comunidad, fue admitido como religioso franciscano.

Dificultad en los estudios.
Lo pusieron a estudiar para prepararse al sacerdocio, pero le sucedía que cuando iba a presentar exámenes se trababa todo, y no era capaz de responder. Llegó uno de los exámenes finales, y el pobre Fray José la única frase del evangelio que era capaz de explicar completamente bien era aquella que dice: "Bendito el fruto de tu vientre Jesús".

Estaba asustadísimo, pero al empezar el examen, el jefe de los examinadores dijo: "Voy a abrir el evangelio, y la primera frase que salga, esa será la que tiene que explicar". Y salió precisamente la única frase que Fray Copertino se sabía perfectamente: "Bendito sea el fruto de tu vientre".

Llegó al fin el examen definitivo en el cual se decidía quiénes serían ordenados. Y los primeros diez que examinó el obispo respondieron tan maravillosamente bien todas las preguntas, que el obispo suspendió el examen diciendo: "¿Para qué seguir examinando a los demás, si todos se encuentran tan formidablemente preparados?". José, que era el próximo en turno, y estaba atemorizado, se libró de tener que pasar el examen.

Es por eso que nuestro santo es el patrón de los estudiantes, especialmente de los que, como él, encuentran dificultades en sus estudios. El santo se complace en ayudarles. En su santuario en Osimo sigue creciendo la documentación que testifica su intercesión.

Sacerdote de oración y penitencia
Fue ordenado sacerdote el 18 de marzo de 1628, y se dedicó a tratar de ganar almas por medio de la oración y de la penitencia.

Sabía que no tenía cualidades especiales para predicar ni para enseñar, pero entonces suplía estas deficiencias ofreciendo grandes penitencias y muchas oraciones por los pecadores.

Jamás comía carne ni bebía ninguna clase de licor. Ayunaba a pan y agua muchos días.

Se dedicaba con gran esfuerzo, consagrado a los trabajos manuales del convento (que era para lo único para lo que se sentía capacitado).

Éxtasis y milagros
Sus éxtasis, curaciones milagrosas, y sucesos sobrenaturales, eran tan frecuentes que no se conocen en semejante cantidad en ningún otro santo. 

El Don de la Levitación. Se conoce de más de 200 santos que experimentaron levitación. Este don extraordinario consiste en la elevación del cuerpo humano sin la participación de ninguna fuerza física. Se ha considerado como un regalo que Dios hace a ciertas almas muy espirituales. San José de Cupertino tuvo numerosísimas levitaciones, es decir volaba por los aires.

Un domingo, fiesta del Buen Pastor, se encontró un corderito, lo echó al hombro, y al pensar en Jesús Buen Pastor, se fue elevando por los aires.

Quedaba en éxtasis con mucha frecuencia durante la santa Misa, o cuando  rezaba los Salmos. Durante los 17 años que estuvo en el convento de Grotella, sus compañeros de comunidad lo observaron 70 veces en éxtasis. El más famoso sucedió cuando diez obreros deseaban llevar una pesada cruz a una alta montaña y no lo lograban. Entonces Fray José se elevó por los aires con la cruz, y la llevó hasta la cima del monte.

Cuando estaba en éxtasis lo pinchaban con agujas, le daban golpes con palos, y hasta le acercaban a sus dedos velas encendidas, y no sentía nada. Lo único que lo hacía volver en sí, era oír la voz de su superior, que lo llamaba a que fuera a cumplir con sus deberes.

Cuando regresaba de sus éxtasis pedía perdón a sus compañeros diciéndoles: "Excúsenme por estos ataques de mareos que me dan".

Los animales sentían por él un especial cariño. Pasando por un campo, se ponía a rezar, y las ovejas se iban reuniendo a su alrededor, y escuchaban muy atentas sus oraciones.

Las golondrinas en grandes bandadas volaban alrededor de su cabeza, y lo acompañaban por cuadras y cuadras.

Como estos sucesos tan raros podían producir verdaderos movimientos de exagerado fervor entre el pueblo, los superiores le prohibieron celebrar misa en público, ir a rezar en comunidad con los demás religiosos, asistir al comedor cuando estaban los otros allí, y concurrir a las procesiones u otras reuniones públicas de devoción.

Un día llegó el embajador de España con la esposa, y mandaron llamar a Fray José para hacerle una consulta espiritual. Éste llegó corriendo.

Pero cuando ya iba a empezar a hablar con ellos, vio un cuadro de la Virgen que estaba en lo más alto del edificio, y dando su típico pequeño grito, se fue elevando por el aire hasta quedar frente al rostro de la sagrada imagen. El embajador y su esposa contemplaban emocionados semejante suceso que jamás habían visto. El santo rezó unos momentos. Luego descendió suavemente al suelo, y como avergonzado, subió corriendo a su habitación, y ya no bajó más en ese día.

En Osimo, donde el santo pasó sus últimos seis años, un día los demás religiosos lo vieron elevarse hasta una estatua de la Virgen María que estaba a tres metros y medio de altura, y darle un beso al Niño Jesús, y allí junto a la Madre y al Niño se quedó un buen rato rezando con intensa emoción, suspendido por los aires.

El día de la Asunción de la Virgen en el año 1663, un mes antes de su muerte, celebró su última misa. Y estando en celebración quedó suspendido por los aires como si estuviera con el mismo Dios en el cielo. Muchos testigos presenciaron este suceso.

Muchos enemigos empezaron a decir que todo esto eran meros inventos, y lo acusaban de engañador. Fue enviado al Superior General de los Franciscanos en Roma, y éste al darse cuenta que era tan piadoso y tan humilde, reconoció que no estaba fingiendo nada.

Lo llevaron luego donde el Sumo Pontífice Urbano VIII el cual deseaba saber si era cierto o no lo que le contaban de los éxtasis y de las levitaciones del frailecito. Y mientras hablaba con el Papa, quedó José en éxtasis, y se fue elevando por el aire.

El Duque de Hanover, que era protestante, al ver a José en éxtasis, se convirtió al catolicismo.

En la vida de San José de Cupertino podemos ver cantidad de dones con los que el Señor adornó su humilde y piadosa alma. Es un santo en el que Dios derramó tanta abundancia de dones sobrenaturales que son incontables.

Fue elegido por sus Superiores para exorcizar demonios, lo cual él se consideraba indigno de hacer, y utilizaba esta frase: "Sal de esta persona si lo deseas, pero no lo hagas por mí, sino por la obediencia que le debo a mis superiores". Y los demonios salían.

También tenía el don de leer los Corazones, era buen confesor y cuando un alma se acercaba a confesarse, él se podía dar cuenta de lo que a esta alma le atormentaba.

El don de Bilocación, (estar en dos lugares al mismo tiempo). Cuando su madre estaba muriendo en el pequeño pueblo de Copertino, José se encontraba en Asís, y percibió la necesidad de su madre.

Una gran luz entró por el cuarto de la señora, era San José de Copertino que había llegado. Su madre al verlo exclamó !oh Padre José, oh mi hijo!, y murió instantáneamente. Cuando sus superiores le preguntaron por qué estaba llorando tan amargamente, él contestó porque su madre acababa de morir. Hay muchos que atestiguan que el Padre José asistió a su madre en Copertino.

Multiplicaba panes, miel, vino, y cualquier comida que se le ponía en frente.

El don de Sanación Le recobró la vista a un ciego al ponerle su capa sobre la cabeza. Los mancos y cojos eran sanados al besar ellos el crucifijo que él ponía delante de ellos. Hubo una plaga de fiebre muy alta, y los enfermos eran curados al hacerle la señal de la Cruz sobre su frente, bajándole la fiebre hasta la temperatura normal. Con la señal de la cruz, resucitaba muertos.

Tuvo el don de profecía, predijo el día y la hora de la muerte de los Papas Urbano VIII e Inocencio X.  Predijo el ascenso al trono de Juan Casimir.

Tuvo también el don de tocar corazones hacia la conversión. El más conocido ejemplo fue el de el Príncipe John Federick, un luterano, que a los 25 años de edad fue a Asís con dos escoltas, uno católico y otro protestante. Entraron a la iglesia donde el Padre José celebraba la santa misa y, a la hora de la consagración, cuando el padre quiso partir la hostia; ésta estaba tan dura como una piedra, y tuvo que devolverla a la patena. El Padre José comenzó a llorar de dolor, y a levitar a unos tres pies de altura. Cuando regresó al altar trató otra vez de partir la hostia y, haciendo gran esfuerzo lo logró.

Más tarde cuando los superiores le preguntaron por qué había demorado tanto para partirla, él respondió: "Mis queridos hermanos, la gente que asistió hoy a misa tienen el corazón demasiado duro, por eso el Cordero de Dios se endureció en mis manos, y no podía yo partir la Hostia Consagrada".

Al día siguiente regresó el príncipe con los dos hombres a la misa y, cuando el Padre José elevó la Hostia, la cruz de la Sagrada Hostia cambió a negra. Causándole gran dolor y llorando empezó a levitar junto con la Sagrada Hostia por 15 minutos. El milagro del Padre José levitando con la Hostia en alto conmovió el corazón del príncipe a convertirse a la Fe Católica, igual que sus acompañantes.

El Padre José nunca aceptó ningún mérito por sus milagros, siempre se los acreditaba a su Madre María, a la cual siempre tuvo una gran devoción.

El Papa Benedicto XIV que era rigurosísimo al aceptar milagros, estudió cuidadosamente la vida de José de Copertino y declaró: "todos estos hechos no se pueden explicar sin una intervención muy especial de Dios".

Nadie se hace santo por tener dones, sino por entregarlos amorosamente al servicio de Dios.  Veamos pues la virtud de San José de Copertino.

La humildad del Padre José era constantemente probada. Un día un hombre arrogante le dijo: "Impío, hipócrita, no por ti, pero por el hábito de religioso que llevas tengo que respetarte. Yo creería en todo lo que haces si con la señal de la cruz sobre mi llaga me sanas". Él contestó: "Todo lo que has dicho de mí es completamente cierto”, y haciendo la señal de la Cruz sobre las llagas quedaron sanadas totalmente.

Ejercitó totalmente el abandono y la obediencia, veía en la voz del superior, la voz del Señor, y gozosamente obedecía. Por medio de su obediencia le entregaba a Dios no solamente sus hábitos, sino también su carne y deseos. Decía: "La obediencia es como un cuchillo por el cual se mata la voluntad del hombre, y se la ofreces a Dios. Hace que el hombre se vaya confortando con el cielo”.

Los últimos años de su vida, José fue enviado por sus superiores a conventos muy alejados, donde nadie pudiera hablar con él. Estuvo en Nápoles, Asís, donde vivió en el Sacro Convento por 14 años, en Petrarubbia y Fossombrone.  Finalmente llega al convento de San Francisco en Osimo. La gente descubría dónde estaba y allá corrían.

Él sufrió meses de aridez y sequedad espiritual (como Jesús en Getsemaní), pero después a base de mucha oración y de continua meditación, retornaba otra vez a la paz de su alma. A los que le consultaban problemas espirituales les daba siempre un remedio:"Rezar, no cansarse nunca de rezar. Que Dios no es sordo ni el cielo es de bronce. Todo el que le pide recibe".

José de Copertino murió el 18 de septiembre de 1663 a la edad de 60 años.

Fue beatificado en 1753 por Benedicto XIV, y canonizado en el 1767 por Clemente XIII.

Su cuerpo está expuesto para la veneración en su santuario en Osimo.

!Que Dios nos enseñe con estos hechos tan maravillosos, que Él siempre enaltece a los que son humildes, y los llena de gracias y de bendiciones!.


Oración: Señor te pedimos que siempre nuestros deseos y pensamientos permanezcan elevados como San José de Cupertino, y ofrecerlos como ofrenda digna de tu Nombre. Por Nuestro Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.

sábado, 17 de septiembre de 2016

17 de Septiembre

Santa Hildegarda de Bingen


Mística y Doctora de la Iglesia
(1098-1179)

Santa Hildegarda de Bingen fue abadesa, líder monástica, mística, profetisa, médica, compositora y escritora alemana. Es doctora de la Iglesia. Se la conoce como la Sibila del Rin y Profetisa teutónica.

Santa Hildegarda al narrar una visión mística – entre las innumerables que tuvo - resume de manera poética y profunda, la doctrina acerca de la misa:

Cuando el sacerdote - dice - revestido de sagrados ornamentos, se iba acercando al altar, ví súbitamente descender una luz del cielo como un vivo resplandor, del que se iban desprendiendo numerosos ángeles que rodearon el altar, y allí permanecieron hasta que terminado el sacrificio, se retiró el sacerdote.

Leído el evangelio, y colocada sobre el altar la oblación que se iba a consagrar, cuando el sacerdote en el Sanctus cantó las alabanzas del Todopoderoso, y comenzó la celebración de los inefables misterios, se abrieron los cielos, y un globo de fuego de luz deslumbradora descendió sobre la oblata, y la envolvió y penetró con sus rayos, a la manera que el sol atraviesa centelleando el purísimo cristal.

Y mientras la aureola con sus destellos la elevaba ostensiblemente al cielo para dejarla caer de nuevo sobre el altar, en movimiento semejante al de la inspiración del aire en los pulmones humanos primero, y al de la suave espiración del mismo después.

La Oblación se había convertido en la verdadera carne y en la sangre verdadera de Cristo, aún cuando a los ojos de los fieles siguiera pareciendo pan y vino.
Embebida me hallaba en esta contemplación, cuando he aquí que veo aparecérseme como un espejo los misterios del nacimiento, pasión, sepultura, resurrección y ascensión de Nuestro Salvador, Unigénito del Padre, tales como se habían realizado cuando Cristo vivía en la Tierra.

Después que el sacerdote entonó el himno del inocente cordero, el Agnus Dei, y cuando se dispuso a comulgar, el globo de fuego subió al cielo, que se cerró inmediatamente detrás de él, y llegó a mis oídos una voz que decía: “Comed el cuerpo y bebed la sangre de mi Hijo para abolir la prevaricación de Eva, y para que os sea restituído el derecho a la herencia Divina”.

Entre los fieles que se acercaban al sacerdote para recibir el sacramento, se podían distinguir cinco categorías:

  • Unos estaban dotados de cuerpos puros, resplandecientes, y con lenguas de fuego en su cabeza.
  • Otros parecían tener cuerpos amarillentos, y almas contaminadas con impurezas.
  • Los cuerpos de algunos otros se hallaban cuajados de agudísimas espinas, mientras que sus almas estaban consumidas por la lepra.
  • Los últimos, por fin, mostraban en su cuerpo numerosas manchas de sangre, y sus almas hedían como cadáveres putrefactos.

Todos recibían el mismo sacramento; pero mientras unos brillaban al recibirlo, como espléndidas lumbreras, otros, en cambio, quedaban sumergidos en espesísimas tinieblas.

Una vez terminada la comunión y consumido totalmente el sacramento, mientras el sacerdote se retiraba, aquella celestial claridad que rodeaba el altar, de la que he hablado al principio, desapareció en los cielos.

SANTA HILDEGARDA; Scivas, lib. II, visión VI (P.L. CXCVII, 509).

San Roberto Belarmino 


(1542-1621)
Cardenal y Doctor de la Iglesia

Etim: Roberto:"El que brilla por su fama" (Ro: buena fama. Bert: brillar). Belarmino: "guerrero bien armado". (Bel: guerrero. Armin: armado).

Verdaderamente su fama brilló por ser un bien armado guerrero en defensa de la verdadera fe).

Jesuita; Arzobispo de Capua, Cardenal; Doctor de la Iglesia; defensor de la doctrina durante y después de la Reforma Protestante. Escribió dos catecismos, y numerosas obras de apologética.

Nació el año 1542 en Montepulciano, ciudad de la región toscana. Ingresó en la Compañía de Jesús, en Roma, y fue ordenado sacerdote. Sostuvo célebres disputas en defensa de la fe católica, y enseñó teología en el Colegio Romano.

Fue elegido cardenal y nombrado obispo de Capua.

Trabajó también en las Congregaciones romanas, contribuyendo con su ayuda a la solución de muchas cuestiones. Murió en Roma el año 1621.

Sus libros y prédicas sobre la defensa de la fe le ganaron el título de "martillo de los herejes". Sin embargo, era un hombre humilde y lleno de caridad para todos.

Llagas de San Francisco

La impresión de las llagas de San Francisco de Asís en el Monte Alvernia, 1224. San Francisco fue arrebatado en éxtasis, vio bajar un serafín en figura de un hombre crucificado. Esta visión le llenó de gozo y compasión por los dolores de Cristo, y, al desaparecer, contempló en sus manos, pies y costado impresas las llagas de los clavos conforme lo había visto en aquella figura.


Oración: Que los dolores y los estigmas de la vida abran nuestro espíritu hacia Tí Señor, a imitación de Santa Hildegarda y San Francisco de Asís, llenándonos de tu Sabiduría a imitación del Cardenal San Belarmino. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén.