sábado, 26 de diciembre de 2015

Sábado 26 de Diciembre



San Dionisio, 25ª Papa, Roma, 269. Calabrés de nacimiento, fue llamado a ocupar la cátedra de San Pedro en 259. Su primer cuidado fue proceder a una nueva circunscripción eclesiástica de Roma y a la reorganización de la Iglesia después de los desastres de la octava persecución general. Combatió el Modalismo, doctrina que siguiendo las enseñanzas de Sabelio que proponía que las tres personas de la Trinidad no eran sino una cuestión de nombres, distintos modos de nombrar a un único Dios.

San Zosimo, 41ª Papa., 418. Griego de origen, ocupó algo mas de un año la cátedra apostólica. El pontificado de este papa fue breve, incidentado y marcado por dificultades y contratiempos. Dio varios decretos disciplinarios y condenó las doctrinas de Pelagio y de Cebelio.

Otros Santos

San Marino, m., personaje senatorial, que dio testimonio de su fe sufriendo toda suerte de tormentos durante la persecución de Numeriano, Roma, 280.

San Arquelao, obispo de Cascar, en Mesopotamia, conocido por la polémica que sostuvo contra el heresiarca Manes; hubo entre ambos una conferencia famosa, conocida con el nombre de Coloquio de Cascar, en que Manes fue enteramente confundido, 277.

San Zenón. obispo de Majuma, en Palestina, s. V.

San Teodoro, clérigo de la iglesia de San Pedro. Roma, s. V.


Beato Pagano de Lecco, dominico, sucesor de San Pedro de Verona en el cargo de inquisidor, y asesinado, como él, por los cátaros.

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de estos gloriosos Santos, puedan nuestros pastores permanecer firmes en la defensa de la ortodoxia cristina, y así ayudar con su palabra y ejemplo de Vida a tantas personas que se sienten confundidas y agobiadas en nuestro tiempo. A Tí Señor, que eres Camino, Verdad y Vida. Amén.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Sexta Feria 25 de diciembre

LA FIESTA DE LA NAVIDAD



FRAY JUSTO PÉREZ DE URBEL, O.S.B.

Para cumplir el decreto de Augusto, para inscribirse en los registros públicos, José el carpintero, acompañado de María, su esposa, abandona su casita de Nazareth. Cuatro días de marcha, desde las montañas de Zabulón hasta el corazón de la Judea. azotado el rostro por el viento afilado del Líbano, heridos los pies por la aspereza de los caminos helados.

Primero, las llanuras de Esdrelón, que les dejaba en los límites dc Samaria; después En-Gannim, Siquem..Pasan al lado de las torres de Sión, y algo después divisaban las primeras casas de Belén, la ciudad de David. Allí se dirigían los dos nazarenos, porque ambos eran "de la casa y familia de David, que mil años antes había apacentado sus rebaños en los campos betlemitas.

Atravesaron el valle fértil donde estuvo en otro tiempo el dominio de Booz y de Jessé, subieron una colina blanca y suave, y en el momento en que agonizaba la tarde, se detuvieron delante del Khan, un edificio rodeado de soportales, con un gran patio central, donde se amontonaban las caballerías.

La gente gritaba, discurría ligera de un lado a otro, se saludaba a voz en cuello, cantaba, bromeaba. José se abrió paso entre la multitud no sin prever una desagradable acogida. "María, encinta— pensaba—; y esto parece atestado de extranjeros." Y así fue; una y otra vez le dijeron "que no había lugar para ellos". Insistió, suplicó; todo inútil.

Allí, cerca de la posada, abierta en la montaña calcarea, le señalaron una gruta que estaba habilitada para establo. Es el único refugio que pudieron encontrar los dos viajeros de Nazareth. En él, desprovista de toda asistencia, en una noche de invierno, entre el mirar asustadizo de las mansas bestias, le llegó a María la hora de dar a luz, y al filo de la medianoche, de una noche fría y oscura, nació el que es "la luz del mundo".

Un albergue pobre, destartalado y lleno de telarañas fue el primer palacio de Jesús en la tierra; un pesebre sucio, su primera cuna; un asno y un buey, según la vieja tradición, los que le calentaron con su aliento. "Y María —dice San Lucas---le envolvió en pañales y le reclinó en un pesebre."

Y adoró a su hijo como a Dios. No conoció en su parto las miserias de las hijas de Adán. Dió a luz sin sentir el dolor, consecuencia del pecado. y sin perder privilegio de su virginidad intacta. Jesús, dice San Jerónimo, se desprendió de ella como el fruto maduro se separa de la rama que le ha comunicado su savia: sin esfuerzo, sin angustia, sin agotamiento. "Virgen antes del parto, en el parto y después del parto", dice San Agustín.

El mundo no sabe que acaba de realizarse el más grande acontecimiento de la Historia. Es el Cielo quien viene a decírselo y a poner una luz ultraterrena en aquel nacimiento humilde. Al oriente de Belén, camino del mar Muerto, se extiende una verde llanura, donde antaño se elevaba "la torre del rebaño", junto a la cual plantó su tienda Jacob para llorar a su amada Raquel. Por aquellos campos espigaba Ruth. Ahora, una iglesia, escondida entre olivos, señala allí el lugar sobre el cual se abrieron las nubes para dejar ver una nueva luz.

"Un grupo de pastores—dice San Lucas—guardaba sus ganados y velaba durante la noche. De pronto, el ángel del Señor se les apareció, la gloria del Señor les rodeó de luz y fueron poseídos de un santo temor." Un hijo de Israel no podía ver un rayo de gloria que caía del cielo, sin recordarle los rayos de Jehová, a quien no se podía ver sin morir. Pero el ángel les tranquilizó diciendo: "No temáis; os anuncio una gran alegría para vosotros y para todo el pueblo. Cerca de aquí, en la ciudad de David, acaba de naceros un Salvador, el Cristo, el Señor, y ésta es la señal que os doy: encontraréis un niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre."

La noticia era extraña; el Mesías que aguardaba Israel, recostado en el heno; el descendiente de David, abrigado en una caverna. En el segundo siglo de nuestra era decía el hereje Marción: "Quitadme esos lienzos vergonzosos y ese pesebre indigno del Dios a quien yo adoro."

En vano contestará Tertuliano "que nada es más digno de Dios que salvar al hombre y pisotear las grandezas transitorias, juzgándolas indignas de Si y de los hombres." De siglo en siglo, hombres soberbios repetirán el grito del padre de los gnósticos ante la humillación del Verbo encarnado.

Pero no era a los potentados de Jerusalén, ni a los doctores del templo, a quienes se dirigía el mensaje divino, sino a los pobres, a los sencillos, a los aldeanos. Sus almas sin doblez se abrieron a las palabras del ángel, sus ojos a las claridades del cielo.

Pronto se dieron cuenta de que el mensajero no estaba sólo: un coro de espíritus resplandecientes le rodeaba cantando el himno cuyo eco resuena en todas las basílicas del mundo: "Gloria a Dios en las alturas, y paz sobre la tierra a los hombres amados de Dios”. Maravillados por el misterioso concierto, los pastores miraban hacia la altura, y cuando los últimos ecos se perdieron en la lejanía, echaron a andar, diciendo: "Vayamos a Belén y veamos este prodigio que el Señor nos anuncia”.

Y a la escasa luz del establo vieron un hombre alegre y apenado, recogido y silencioso, y una mujer bella y joven que con solicitud amorosa se inclinaba sobre su Hijito, y un Niño que les miraba con sus profundos ojos abiertos, y ofrecía a sus besos sus carnes rosadas, delicadas y temblorosas. Era el signo que les había dado el ángel. Ellos le reconocieron y su fe se manifestó en transportes de gozo; contaron una y otra vez lo que les había acontecido en la majada, "y todos se admiraban al oír su relato", porque la gruta empezaba a llenarse de gente.

Después de ofrecer lo poco que tenían: los blancos donativos del pastoreo, la leche. el queso, la lana y el cordero, que el amor y la fe hacían más preciosos que todos los tesoros del mundo, "se volvieron alabando y glorificando a Dios de todas las cosas que habían oído y visto, según les fuera anunciado".

En medio de aquel ingenuo alborozo. que se reproduce cada año en la más pura de las alegrías del mundo, la madre de Jesús callaba. "María conservaba todas estas cosas, conservándolas en su corazón", hasta el día en que se las cuente a San Lucas, su pintor, su evangelista. Porque es ella, sin duda, quien le inspiró este relato, sobrio y tierno a la vez donde se descubre la mano de una virgen y el corazón de una madre.

Conservaba todas estas cosas y las revolvía en su corazón. ¿Quién, sino María, puede haber descubierto esta dulce intimidad?. Sin embargo, es la actitud normal de una madre en presencia del hijo que le acaba de nacer. Aunque guarde un silencio, al parecer, indiferente, lo oye todo, lo ve todo. Con su mirada intuitiva ha tomado posesión del pequeñuelo y en el fondo de su alma está ya tejiendo la cadena de alegrías y tristezas que van a formar aquella vida palpitante que acaba de traer al mundo.

Es Lucas, el médico, quien ha puesto de relieve esta nota característica de toda maternidad. En torno de toda cuna se alaban las gracias del recién nacido, se examinan sus rasgos, se felicita a la madre. Esto mismo sucedió en el pesebre de Belén. También los pastores, en medio de su rudeza, conocían ese vocabulario de diminutivos graciosos, de palabras amables, que brotan sin esfuerzo del corazón en presencia de un niño que acaba de nacer. Las generaciones cristianas celebrarán con músicas, pastorelas y villancicos los encantos del "pequeñuelo" que había anunciado Isaías. San Francisco invitará a cantar a sus frailes, y dará en este día doble pienso a la mula y al buey; Santa Teresa bailará con sus monjas en torno a un nacimiento al son de las castañuelas. Pero el primer villancico resonó en Belén.

Navidad es la fiesta de un Rey que llega; es una marcha triunfal; es una grandiosa epopeya y la historia viviente de un reino que se realiza sin cesar; es, en una palabra, el drama de la verdadera luz. "La exaltación—dice una secuencia antigua—estalla en el corazón de los creyentes. ¡Alleluya! Nuestro Rey sale de la puerta intacta. ¡Alleluya! Porque el mensajero del eterno consejo sale del seno de la Virgen como el sol de una estrella; sol que no tiene ocaso, estrella que nos alumbra con vivo resplandor, siempre más pura."


Oración: Te pedimos Señor que conserves nuestro cuerpo como morada digna de tu Realeza, liberándolo de todo pecado y concupiscencia y así poder alcanzar las moradas eternas en el Cielo. A Tí Señor, que llenas el Universo creado e increado con tu Poder, Amor y Misericordia. Amén.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Quinta Feria, 24 de Diciembre

Santa Paula Isabel Cerioli


 Fundadora

Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

Etimológicamente Paula significa “pequeña”, viene de la lengua latina; Isabel = juramento divino”, viene de la lengua hebrea.

Cuando un ser humano ya no responde a la sed de absoluto que hay en él, las energías se agotan en la monotonía, las huidas y al aburrimiento. ¿Te parece mentira, o es que no lo ves en muchos rostros que te rodean?

Esta joven vino al mundo en Cremona en el año 1816 y murió tal día como hoy en Bérgamo en 1865. Los Cerioli eran una familia célebre en la ciudad porque, entre otras cosas, eran condes.

Por eso, cuando todavía no había cumplido los 20 años, se casó con el conde Gaetano, 40 años mayor que ella. Además de su edad, resulta que era un excéntrico, apasionado por la música y con muchos celos. Total, lo tenía todo para hacerle la vida insoportable a la pobre chica. Así, por ejemplo, quisiera o no, tenía que estar en los conciertos del castillo y en todas sus fiestas.

Tuvieron tres hijos, pero sólo sobrevivió el mayor. Y para colmo, tuvo que llevárselo fuera porque no aguantaba que lo quisiera tanto, aún siendo su madre.

Ella se lo tomó todo como un modo de santificarse. El hijo se le murió a los 16 años, poco después de la muerte de su marido. Su propio hijo le decía antes de cerrar los ojos por última vez:" Consuélate, mamá, Dios te enviará otros hijos".

Así fue. Le envió centenares a los que adoptó en el castillo. Se hizo ayudar por compañeras con las que fundó la Santa Familia de Bérgamo. Su misión era recoger a los niños y niñas abandonados en los campos. Ella fue prudente, humilde y piadosa. No dejaba a sus chicas hasta que hubieran encontrado marido.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

“Donde hay matrimonio sin amor, habrá amor sin matrimonio” (Franklin).

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de Santa Paula Isabel, puedan los matrimonios saber soportarse santamente, y así alcanzar las glorias del Cielo tomados de la mano. A Tí Señor que nos invitas siempre a tus bodas sagradas todos los días. Amén.



Quinta Feria 24 de Diciembre

Santa Irma Virgen


Etimológicamente significa “ grande, fuerte”. Viene de la lengua alemana.

Fue una virgen del siglo VIII. Dice la tradición que Santa Irma y Santa Adela eran hermanas e hijas de San Dagoberto, rey de Austrasia.

Esto, sin embargo, no quita méritos a Santa Adela. Su hermana Irma, sea o no hija de Dagoberto, reviste una similitud grande al de su hermana en un país que, entre el siglo VII y VIII, era todo fervor en la iniciativa misionera y en la fundación de monasterios.

Dice la tradición que estaba prometida con el conde Armiño. Pero el novio murió antes de que contrajeran matrimonio. Tan triste se quedó que decidió, guiada por Dios, entrar en un convento benedictino.

Y como tenía dinero, ella misma fundó un monasterio, el de Oeten, del que llegó a se superiora o abadesa. En su trabajo apostólico le ayudó mucho a san Bonifacio, patrono de Alemania, y a Willibrordo, un monje inglés.

Todas sus hermosas cualidades humanas y cristianas las puso de manifiesto cuando una peste horrible sembró de muerte el país. Todos trabajaron por desarraigarla. Irma murió en el año 710.

“Nadie alcanza una rica posesión sin osadía” (Siro).

Dice el Eclesiástico: “ Los que adoráis al Señor, esperad bienes, alegría perpetua y misericordia”.

Oración: Te pedimos Señor que por intercesión de Santa Irma, podamos siempre ser generosos con la Iglesia, donando una parte de nuestros ingresos y fundamentalmente una parte de nuestro tiempo por el Reino de los Cielos. A Tí Señor, que eres el dueño de los Tesoros del Cielo, de la Tierra y de todo nuestro Universo. Amén.


Quinta Feria, 24 de Diciembre

Bartolomé María dal Monte, Beato

Sacerdote

BEATO BARTOLOMÉ MARÍA DAL MONTE nació en Bolonia el 3 de noviembre de 1726 hijo de Horacio Dal Monte y Anna María Bassani.

A la edad de seis años y medio recibió la Confirmación de manos del Cardenal Prospero Lambertini, Arzobispo de Bolonia, quien luego fue el Papa Benedicto XIV. Aun cuando la fecha de su Primera Comunión es desconocida, las intenciones religiosas del muchacho han sido conservadas, ya que dio una dimensión de Eucarística a su vida entera.

Fue un muchacho de inteligencia viva y temperamento alegre, recibió una educación completa en humanidades en el Colegio Jesuita Santa Lucia. Pero su vocación sacerdotal encontró la oposición amarga de su padre que deseaba que su hijo fuera banquero. Su inclinación misionera fue animada por una reunión con San Leonardo de Puerto Mauricio quien confirmó la opción sacerdotal del joven. Recibió la Ordenación Sacerdotal el 20 de Diciembre de 1749.

El nuevo sacerdote fue obligado a posponer sus compromisos pastorales durante dos años, ya que el Vicario General le había pedido que completara sus estudios. Él los terminó brillantemente ganando un doctorado en teología. Después de pasarse sus primeros años aprendiendo el arte de predicar en la escuela de los más famosos predicadores de aquel tiempo, Fray Bartolomé María empezó un extraordinario ministerio de misiones populares.

Su actividad no se limitó a las parroquias de Bolonia: a pesar de salud delicada, él celosamente invirtió todos los 26 años de su vida generosa sacerdotal predicando en por lo menos 62 Diócesis, en centenares de misiones populares, retiros Cuaresmales y ejercicios espirituales para el clero, religiosas y el pueblo laico, realizando milagrosas conversiones y provocando muchas reconciliaciones entre grupos antagónicos. Cuando las consecuencias dañinas de ciertas ideas influenciadas por el Jansenismo se estaban extendiendo, las "misiones" se volvieron talleres intensivos de instrucción religiosa con evangelización sistemática para todos los creyentes.

Llegó a ser conocido como "el misionero de la discreción". Su vida se modeló en el ministerio del propio Cristo: intransigente en la proclamación de la verdad pero dando la bienvenida y misericordia a los pecadores. Como un sacerdote entregado totalmente a Dios se dedicó a la salvación de almas, él era una imagen viviente de Aquel que es "rico en misericordia" (Ef. 4:2), y era muy devoto a María, Madre de Misericordia.

Agotado por sus incesantes labores apostólicas, durante su última misión, dos meses antes de su muerte, exclamó proféticamente: "Voy a morir en Bolonia en Nochebuena". El 24 de Diciembre de 1778 serenamente entregó su espíritu dejando esta vida para celebrar la Navidad en el cielo. Toda Bolonia lo lamentó profundamente. Desde 1808 sus restos mortales han descansado en la capilla de Nuestra Señora de Paz en la Basílica de San Petronio en Bolonia.

Fue beatificado en Bolonia por Su Santidad Juan Pablo II el 27 de Septiembre de 1997. Traducido por Xavier Villalta

Oración: Te pedimos Señor, que intercesión de San Bartolomé María, puedan cesar las discordias y los grupos antagónicos en nuestra sociedad, y así podernos ver a nosotros mismos como parte de una Gran Familia, La Familia Humana. A Tí Señor que Reinas y Gobiernas como cabeza de la indisoluble Familia Celestial por los Siglos de los Siglos. Amén.


Quinta Feria 24 Diciembre

San Gregorio, presbítero y mártir

(† a. 303)

Presbítero que murió mártir en la persecución de Diocleciano a comienzos del siglo IV.

En su historia interviene un personaje llamado Flaco que es el encargado por el gobierno de Roma para poner orden en el Imperio en lo que concierne a la unidad de religión fundamento del orden social. Ha pensado en su estrategia contra los rebeldes e inconformistas de cuya existencia en su territorio está bien informado: multiplicará los dioses y obligará a prestarles adoración. Quienes no acaten la orden con fidelidad serán aniquilados.

En la península itálica, en la Umbria, concretamente en Spoleto, hay un hombre llamado Gregorio, quien se ocupa en hacer el bien a los demás, está interesado en poner remedio a las necesidades económicas de los más pobres, y de hecho las remedia en la medida que puede, da consuelo a los tristes e incluso quema el tiempo animando cuando alguien está desalentado. Es pacífico y en su vida se advierte la rectitud.

Todos lo tienen por hombre religioso. Incluso a los que quieren les descubre poco a poco los misterios de Dios y, lo que es más llamativo aún, algunos le siguen porque tanto su enseñanza como el estilo de su vida tienen un atractivo poco común. Sí, hay un no-sé-qué atrayente por su nobleza y altura de miras.

Pero por lo que se ve que no agrada a todos. No quiere sacrificar a los dioses. Tiene ideas distintas. Él no se acomoda a lo establecido. Es acusado de "ser rebelde a los dioses". Afirma que sólo un Dios merece adoración, y tan testarudo se muestra en su convicción que, a pesar de las amenazas y vejaciones, está dispuesto incluso a morir. De hecho así terminó su vida en el año 303.

Desobediente. Inadaptado. Reaccionario. Indócil. Rebelde. Indisciplinado. Agitador. Inconformista. Independiente. Parece que todos estos calificativos tienen un contenido negativo. Pero, claro... hay que saber contra qué o contra quien. Porque —a la postre y para ser justos en el juicio— todo depende de a qué lado quede la verdad. Quizá resulte que hay que cambiar el esquema y se deban proponer para premios Nobel precisamente a los que no se acomoden a los croquis de la sociedad y vayan contra el "status".

No siempre "ser como los demás" es signo de "estar en la verdad".

Oración: Te pedimos Señor que a imitación de San Gregorio, podamos ser los cristianos Sal y Luz para nuestra sociedad, y así convertirnos en tus dignos discípulos y permanecer en tu amistad, a Tí que no temiste desafiar a las fuerzas imperantes en tu primera venida. Amén.


miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cuarta Feria, 23 de Diciembre

San Juan Cancio (de Kenti)


Sacerdote, Decano +1473

Breve
Decano de filosofía y profesor de teología en la Universidad de Cracovia; Conocido por su austeridad, humildad y caridad con los pobres; Uno de los Patrones de Polonia.
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Nace en Kanty, cerca de Auschwitz, Polonia (al oeste de Cracovia)
Sus compañeros de estudio le criticaban por ayunar y abstenerse de comer carne. Le decían que estaba dañando su salud. El respondía que los monjes ayunaban y se abstenían de carne y muchas veces y llegaban hasta los ochenta años con salud física y mental.

En una ocasión regaló su almuerzo a un hombre hambriento que vió junto a la puerta. Sintió entonces una alegría tan grande al recordar que quien atiende al pobre, atiende a Cristo, que cuando llegó a ser profesor de la universidad, todos los días le dará almuerzo a un pobre. Cuando alguien le decía: "Ya viene el pobre", él añadía: "Ya viene Jesucristo", porque recordaba lo que dijo Jesús: "Yo les diré: tuve hambre y me dieron de comer. Porque todo favor que han hecho a cualquiera de estos mis humildes hermanos, yo lo recibo como si me lo hubieran hecho a Mí en persona" (Mt. 25, 40).

Al llegar a la Universidad, Juan ponía fin a una educación que pudiéramos llamar casi campesina. Había nacido en el seno de una familia patriarcal, y se había educado cristianísimamente, con una orientación ortodoxa, sólida y segura. Incorporado a la Universidad, después de algunas duras pruebas que él supo sobrellevar con firmeza, se dedicó con tal entusiasmo a los estudios que su figura pronto destacó.

Siendo joven sacerdote lo nombraron profesor de la universidad. Pero unos envidiosos hicieron que lo nombraran como párroco lejos de la universidad. Allá se hizo querer tanto, que el día que lo trasladaron otra vez hacia la capital, centenares de feligreses lo acompañaron por varios kilómetros, dando grandes demostraciones de tristeza. Él se despidió de ellos con estas palabras: "La tristeza no es provechosa. Si algún bien les he hecho en estos años canten un himno de acción de gracias a Dios, pero vivan siempre alegres y contentos, que así lo quiere Dios".

Nuevamente lo nombraron profesor de la Universidad de Cracovia (Polonia) y durante muchos años enseñó Sagrada Escritura.

En 1417 obtuvo el doctorado en Filosofía, y poco después en Teología. Ordenado de sacerdote, nombrado canónigo de Cracovia, obtuvo una cátedra de teología en la Universidad, y continuó residiendo en el mismo Colegio Mayor en que había residido mientras fue estudiante. Fuera de su estancia en una parroquia y de sus viajes, no conocerá Juan ninguna otra residencia.

La estampa que nos ha llegado de él a través de los siglos es la de un profesor universitario verdaderamente ejemplar; sin faltar jamás a clase, enteramente al servicio de los estudiantes, consagrando largas horas al estudio, explicando con claridad y humildad, viviendo intensamente la vida universitaria. Sus méritos le llevarán hasta el mismo rectorado y durante muchos siglos la toga morada que él había ostentado mientras fue rector servirá también a quienes le sucedan en el cargo como una consigna de superación y de fidelidad.

Los ratos libres los dedicaba a visitar pobres y enfermos. Lo que ganaba estaba a disposición de los pobres de la ciudad, que muchas veces lo dejaron en la ruina.
En las discusiones repetía lo que decía San Agustín: "Combatimos el pecado pero amamos al pecador. Atacamos el error, pero no queremos violencia contra nadie, la violencia siempre hace daño, en cambio la paciencia y la bondad abren las puertas de los corazones".

Cuando predicaba acerca del pecado lloraba al recordar la ingratitud de los pecadores hacia Dios, y la gente al verlo llorar se conmovía y cambiaba de conducta.

A sus alumnos les repetía estos consejos: "Cuídense de ofender, que después es difícil hacer olvidar la ofensa. Eviten murmurar, porque después resulta muy difícil devolver la fama que se ha quitado".

Sus alumnos y sus beneficiados recordaron con gratitud su nombre por muchos años. Fueron centenares los sacerdotes formados espiritualmente por él. La gente lo llamaba: "el padre de los pobres".

El 24 de diciembre de 1473, rodeado por sus amados profesores de la universidad, después de recibir los santos sacramentos, murió santamente.

En su sepulcro se obraron tantos milagros y por su intercesión se consiguieron tan admirables favores, que el Sumo Pontífice lo declaró santo.

Oración: Te pedimos Señor, que por los méritos e intercesión de San Juan Cancio, puedan los claustros universitarios ser foco irradiador de la Verdad, El Camino y la Vida, conservándose siempre el espíritu innovador y de sana alegría. A Tí Señor que eres la fuente innagotable y Ciencia y Sabiduría. Amén.