jueves, 26 de noviembre de 2015

Quinta Feria, 26 de Noviembre

SAN JUAN BERCHMANS

Religioso ( + 1621)
Patrón de monaguillos y servidores del altar, novicios oblatos, jóvenes
Defensor de la Inmaculada Concepción

Breve
San Juan Bermanchs, de la Compañía de Jesús. Un joven belga, trasplantado al jardín del paraíso sin haber ajado la flor de su inocencia, a los veintidós años de edad, Malinas (Bélgica). 1599-1621. Defensor de la Inmaculada Concepción.
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San Juan Berchmans nació en Diest, pequeña villa de Flandes, Bélgica, el 1599. Nació el 13 de marzo y murió otro 13, el de agosto.

Su padre Juan, curtidor de pieles, y su madre Isabel, eran buenos cristianos. Tuvieron cinco hijos, de los que tres se consagraron al Señor. Murió pronto la madre, y al final el padre se ordenó sacerdote.

Juan fue el ángel del hogar, fiel ayudante de su madre. Inició sus estudios en el Seminario de Malinas, luego entro en el Noviciado de los Jesuitas de la misma ciudad. Más tarde pasó a Roma. En el Seminario y en el Noviciado se distinguió por su candor, estudio y piedad.

Su devoción a la Virgen era proverbial. Sentía hacia ella un cariño tierno, profundo, confiado y filial. "Si amo a Maria, decía, tengo segura mi salvación, perseveraré en la vocación, alcanzaré cuanto quisiere, en una palabra, seré todopoderoso". A ella dedicó su Coronita de las doce estrellas.

Pululaban por entonces los errores de Bayo, catedrático de Escritura en Lovaina, quien afirmaba que María habla sido concebida en pecado. Los teólogos Belarmino y Francisco de Toledo intervienen para esclarecer la verdad.

Es curioso notar que el gran teólogo español Juan de Lugo atribuye el movimiento a favor de la Inmaculada a las oraciones de Berchmans. El mismo Lugo insiste en que el decreto de 24 de mayo de 1622 se ha conseguido por la influencia sobrenatural de Juan Berchmans. En él se confirman las constituciones de Sixto VI, Alejandro VI, San Pio V y Pablo V. Se manda severamente que nadie, ni de palabra ni por escrito, se atreva a afirmar que la Santísima Virgen María fue concebida en pecado, y se solemniza la fiesta de la Inmaculada.

En el último año de su vida Juan se había comprometido, firmando con su propia sangre, a "afirmar y defender dondequiera que se encontrase el dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen María".

Los santos han practicado en grado heroico todas las virtudes. Pero suelen distinguirse en alguna de ellas. ¿Cuál es la virtud característica de Berchmans? El deseaba practicarlas todas por igual. Su obsesión, su locura de santo, era la fidelidad en observar perfectamente sus obligaciones, sin excusas ni escapismos. "La virtud más eminente, es hacer sencillamente, lo que tenemos que hacer", decía Pemán en El Divino Impaciente.

Aparentemente en su vida no había hecho nada importante, nada llamativo. Pero vivió "apasionado por la gloria de Dios". "Quiere trabajar sin perder la más pequeña parte de su tiempo". Aprovecha las cruces de la vida diaria: "Mi mayor penitencia, la vida común". "Quiero ser santo sin espera alguna".

Hacía cada cosa en su momento, y sobrenaturalizando la intención. Cuando hay que orar, decía, ora con todo amor. Cuando hay que estudiar, estudia con toda ilusión. Cuando hay que practicar deporte, practícalo con todo entusiasmo. Y siempre con más amor, en cada instante del programa diario, bajo la dulce mirada maternal de la Virgen María. Estudiaba con la mirada puesta en el futuro apostolado, en las almas que se le encomendarían. 

Mi mayor consuelo, decía al morir joven, es no haber quebrantado nunca, en mi vida religiosa, regla alguna ni orden de mis superiores, a sabiendas, y advertidamente, y el no haber cometido nunca un pecado venial. Alto y recio mensaje. Es patrono de los que se preparan para el sacerdocio. Murió el 13 de agosto de 1621. Sus últimas palabras fueron: Jesús, María.

Testimonio Personal: En el día de este querido Santo pude concluir exitosamente el pago módico de un larguísimo juicio de defensa marcaria – 13 años - que tuve que encarar por la apropiación inaceptable por parte de una empresa de Telecomunicaciones de mi país. Los costos fueron cuantiosos, pero la marca fue restituida. Recibí y sentí el consuelo de este Santo en ese día, en donde me decía que no me preocupara, que todo había sido pesado y medido en el cielo.


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San Juan Berchmans, podamos vivir con pureza nuestra vida, evitando toda situación próxima de pecado como películas, conversaciones y amistades inconvenientes, así como perder el tiempo en tantas cosas inútiles de este mundo. A Tí Señor que Vives por Siempre. Amén.

Quinta Feria, 26 de Noviembre

San Siricio


38º Papa de la Iglesia católica

San Siricio, papa, 398. Sucedió a San Dámaso, que le había creado cardenal en 384. De él es la primera decretal auténtica de los Romanos Pontífices; está dirigida a Hilmerio, ob. de Tarragona, y en ella se dan diversas medidas disciplinarias con respecto a los clérigos y a los monjes, decretando el celibato para ellos.

Siricio condenó a los maniqueos, quebrantó la arrogancia de los discípulos de Prisciliano y arrojó de Roma a Goeiniano, que negaba la virginidad de la Madre de Dios.

Siricio es el primer papa en utilizar su autoridad en sus decretos utilizando palabras como: "Mandamos", "Decretamos", "Por nuestra autoridad..." en el estilo retórico típico del emperador. Siricio fue también el primero en usar el título de Papa.

Consagró la primera basílica de San Pablo Extramuros. Su nombre aún puede verse en una de las columnas de esta basílica que no fue dañada durante el incendio de 1823 que casi la destruyó totalmente.

Otros Santos y Mártires que recordamos con Amor y Gratitud
San Pedro, patriarca de Alejandría, decapitado por orden de Galerio, 310. Trabajó mucho para alentar a los fieles en los años difíciles de la última persecución. El mismo tuvo que huir de su Iglesia, andando errante por Siria y Palestina. Congregó sínodos para establecer la manera de recibir en la comunión a los caídos, y condenó al obispo de Sicópolis, Melecio, que había quemado incienso a los ídolos. Murió con el presentimiento de las tempestades que su sacerdote Arrio, que no le dió poco que hacer con su carácter levantisco, iba a desencadenar en la Iglesia.
San Humilde de Bisignano, laico, (1582-1637)
Santos Fausto, sacerdote; Didio, Ammonio, Fileas, Esiquio, Pacomio y Teodoro, obispos egipcios, que fueron martirizados con otros seiscientos sesenta cristianos en Alejandría, 311.
San Marcelo, pb., a quien los arrianos precipitaron de lo alto de una torre en tiempo del emperador Constancio. Nicomedia, 349.
San Belino, ob. y m., Padua, 1149.
San Amador, ob. de Autun, s. III.
San Conrado, ob. de Constanza, 976.
San Silvestre, ab. y fd. de la congregación de los Silvestrinos, bajo la Regla de San Benito, 1267.
San Basle o Basilio, Reims, 620.
San Estiliano, an., Andrianópolis (Paflagonia), s. VI
San Nicón el Metanoeta o Penitente, monje, Armenia, 998.
Santa Delfina, que guardó la virginidad en el matrimonio, Apt (Provenza), 1360.
San Leonardo de Porto Mauricio, gran predicador y taumaturgo franciscano del siglo XVIII, que recorrió, renovando la fe, todas las provincias de Italia. Murió en Roma en 1751. De él tenemos varios escritos: una Cuaresma, una colección de Meditaciones, un Directorio, y un librito intitulado Camino de la eternidad. Le canonizó Pío IX.

Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San Siricio, podamos todos guardar siempre la fidelidad sacerdotal, conyugal y la personal hacia Tí en todo momento. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.

Maniqueísmo
Secta religiosa fundada por un Persa llamado Mani (o Manes) (c. 215-275), considerado por sus seguidores como divinamente inspirado. Comenzando en el siglo tercero se extendió a través del oriente y en muchas partes del Imperio Romano. 

Los maniqueos -a semejanza de los gnósticos y los mandeos- eran dualistas, creerían que había una eterna lucha entre dos principios opuestos e irreductibles, el bien y el mal, que eran asociados a la luz (Ormuz) y a las tinieblas (Ahrimán). Según ellos, Dios es el creador de todo lo bueno y Satanás el creador de todo lo malo. 

Posteriormente algunos maniqueos distinguían el Dios del Antiguo Testamento (malo) del Dios del Nuevo Testamento (bueno).  
Los Maniqueos creen que el espíritu del hombre es de Dios pero el cuerpo del hombre es del demonio.

En el hombre, el espíritu o luz se encuentra cautivo por causa de la materia corporal; por lo tanto, creen que es necesario practicar un estricto ascetismo para iniciar el proceso de liberación de la luz atrapada. Desprecian por eso la materia, incluso al cuerpo.

Los "oyentes" aspiraban a reencarnarse como "elegidos", los cuales ya no necesitarían reencarnarse más.

Para ellos Jesús era el Hijo de Dios, pero que había venido a la tierra a salvar su propia alma. Jesús, Buda y otras muchas figuras religiosas habían sido enviadas a la humanidad para ayudarla en su liberación espiritual.

En la práctica, el maniqueismo niega la responsabilidad humana por los males cometidos porque cree que no son producto de la libre voluntad sino del dominio de Satanás sobre nuestra vida.

Dicho dualismo está condenado por la Iglesia Católica que reconoce un solo Dios Todopoderoso, el mismo del Antiguo y Nuevo Testamento y que ha vencido sobre todos los demonios y las fuerzas del mal. También fue condenado por el emperador Diocleciano en el año 297.



miércoles, 25 de noviembre de 2015

Cuarta Feria, 25 de Noviembre


Santa Catalina de Alejandría
Virgen y Mártir +306

Santa Catalina era una mujer bien educada del siglo IV. Después de su conversión a la edad de 18 años, predicó el Evangelio en Alejandría, Egipto.

Mientras estaba encarcelada por el emperador Maximus convirtió a la emperadora y al jefe de las fuerzas armadas – el coronel Porfirio -, a doscientos soldados, y a los cincuenta sabios designados por el emperador que contendieron con ella. A consecuencia de ello todos fueron martirizados.

Antes de ser decapitada, la pusieron entre dos ruedas con ganchos, con el propósito de destrozarla. Pero las ruedas se quebraron al contacto de su cuerpo virginal.

Después de su muerte fue llevada por los ángeles al Monte Sinaí, lugar de peregrinación en Tierra Santa. Se dice que Santa Juana de Arco escuchó su voz.

Se le venera en el Este desde el siglo IX. Es protectora de esposas, vírgenes, niños y los que trabajan con ruedas y cuchillos.

Dos Iglesias romanas (S. Catalina de Funari y S. Catalina de la Rota) llevan su nombre. También tiene capilla en Sta. María Maggiore y S. Clemente.

Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de Santa Catalina de Alejandría, puedas suscitar en el mundo la existencia de muchas mujeres piadosas e inteligentes, cuyo perfume angélico llenen de gozo y paz los corazones de la Humanidad. Te lo pedimos a Tí que Vives por Siempre. Amén.


martes, 24 de noviembre de 2015

Tercera Feria 24 de Noviembre

Santa Flora y Santa María



Mártires mozárabes en Córdoba (+851)

Los martirologios de Adón, Usuardo, Maurolico, del obispo Equilino y el Romano hacen memoria de estas dos vírgenes mártires de Córdoba lo que hace pensar en la repercusión que debió tener el doble martirio en toda la España del siglo IX y explicar la rápida difusión de su culto.

Flora es hija de madre cristiana y padre musulmán. Fue educada por su madre desde pequeña en el amor a Jesucristo y aprendió de sus labios el valor relativo de las cosas de este mundo. Tiene un hermano —musulmán fanático— que la denuncia como cristiana en la presencia del cadí. Allí es azotada cruelmente para hacerla renegar, pero se mantiene firme en la fe.

El cadí la pone bajo la custodia de su hermano, a fin de que la instruya en la fe musulmana y así la haga cambiar de actitud. Santa Flora se somete a dicha tutela durante algún tiempo, pero finalmente llega a la conclusión de la fortaleza y paz profunda de la Fe cristiana y huye en la noche.

María es hija de cristianos. Sus padres han puesto a su hijo Walabonso bajo la custodia de un sacerdote, con el encargo de educarlo en un monasterio; mientras ella entra en el cenobio de Cuteclara. Muerto mártir su hermano, se dirige ahora a la iglesia de San Acisclo después de haber tomado una firme resolución.

Las dos jóvenes coinciden a los pies de San Acisclo. El saludo de la paz les ha facilitado abrirse mutuamente las almas, y se encuentran en comunión de sentimientos, deseos y resoluciones. Se juran amistad para siempre, una caridad que dura hasta el Cielo.

Flora decide presentarse al cadí, a fin de evitar más problemas familiares con su hermano, que la estaba buscando. María la acompaña. Se encaminan con valentía al palacio del cadí, y hacen ante él pública profesión de fe cristiana.

Encarceladas son condenadas por los jueces a morir decapitadas, no sin el consuelo, ánimo y bendición de San Eulogio que las conoció y bendijo. Hecha la señal de la cruz, primero será la cabeza de Flora la cortada por el alfanje, después rueda la de María. Sus cuerpos quedan expuestos, para disuasión de cristianos y demostración de poder musulmán, a las aves y los perros. Al día siguiente los arrojaron al Guadalquivir.

Sus cabezas se depositaron en la iglesia de San Acisclo.


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de Santa Flora y Santa María de Córdoba, cesen las persecuciones religiosas y se establezca una real amistad entre todos los credos, en el espíritu de la Reunión de Asís, donde el Papa Juan Pablo II y todas las confesiones religiosas dialogaron y acordaron mantenerse unidas, luchando en común por hacer accesibles a todos los hombres los tesoros del cielo. Que podamos recordar que Tú no rechazaste dialogar con los Samaritanos, y enviaste al amado Apóstol San Pablo a predicar la Fe a los pueblos paganos sin violencia de ninguna clase. A Tí Señor que reinas por Siempre. Amén.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Segunda Feria 23 Noviembre



SAN CLEMENTE I
(San Clemente Romano)
Tercer Sucesor de Pedro (Cuarto Papa)
Padre Apostólico, mártir c.97AD

Cuarto Papa (Tercer sucesor de San Pedro como obispo de Roma y vicario de Cristo). Escribió una importante carta a los corintios, carta que tenía por objeto restablecer entre ellos la paz y la concordia.

Nacido en Roma, fue elegido en el 88?, murió mártir en el 97?.
Exiliado por el emperador Trajano del Ponto, fue arrojado en el mar con un áncora al cuello. Restableció el uso de la Confirmación, según el rito de san Pedro. Empieza a usarse en las ceremonias religiosas la palabra Amén.

Escribe, como obispo de Roma, a la Iglesia de Corinto en referencia a la desobediencia de algunos fieles hacia los presbíteros (C. 95AD). Su intervención en un asunto particular de otra Iglesia indica la preeminencia de Roma.

S.S. Benedicto XVI sobre el Papa Clemente Romano
Audiencia, 7 marzo de 2007
San Clemente, obispo de Roma en los últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es el de San Ireneo, obispo de Lyón hasta el año 202. Él atestigua que Clemente «había visto a los apóstoles», «se había encontrado con ellos» y «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante los ojos su tradición» («Adversus haereses» 3, 3, 3). Testimonios tardíos, entre los siglos IV y VI, atribuyen a Clemente el título de mártir.

La autoridad y el prestigio de este obispo de Roma eran tales que se le atribuyeron varios escritos, pero su única obra segura es la «Carta a los Corintios». Eusebio de Cesarea, el gran «archivero» de los orígenes cristianos, la presenta con estas palabras: «Nos ha llegado una carta de Clemente reconocida como auténtica, grande y admirable. Fue escrita por él, de parte de la Iglesia de Roma, a la Iglesia de Corinto… Sabemos que desde hace mucho tiempo y todavía hoy es leída públicamente durante la reunión de los fieles » (Historia Eclesiástica, 3,16). A esta carta se le atribuía un carácter casi canónico.

Al inicio de este texto, escrito en griego, Clemente se lamenta por el hecho de que «las imprevistas calamidades, acaecidas una después de otra» (1,1), le hayan impedido una intervención más inmediata. Estas «adversidades» han de identificarse con la persecución de Domiciano: por ello, la fecha de composición de la carta hay que remontarla a un tiempo inmediatamente posterior a la muerte del emperador y al final de la persecución, es decir, inmediatamente después del año 96.

La intervención de Clemente –estamos todavía en el siglo I– era solicitada por los graves problemas por los que atravesaba la Iglesia de Corinto: los presbíteros de la comunidad, de hecho, habían sido confrontados después por algunos jóvenes contestadores. La penosa situación es recordada, una vez más, por San Ireneo, que escribe: «Bajo Clemente, al surgir un gran choque entre los hermanos de Corinto, la Iglesia de Roma envió a los corintios una carta importantísima para reconciliarles en la paz, renovar su fe y anunciar la tradición, que desde hace poco tiempo ella había recibido de los apóstoles» («Adversus haereses» 3, 3, 3).

Podríamos decir que esta carta constituye un primer ejercicio del Primado Romano después de la muerte de san Pedro. La carta de Clemente retoma temas muy sentidos por San Pablo, que había escrito dos grandes cartas a los corintios, en particular, la dialéctica teológica, perennemente actual, entre indicativo de la salvación e imperativo del compromiso moral. Ante todo está el alegre anuncio de la gracia que salva. El Señor nos previene y nos da el perdón, nos da su amor, la gracia de ser cristianos, hermanos y hermanas suyos. Es un anuncio que llena de alegría nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros pecados.

Es necesario, sin embargo, que nos comprometamos de manera coherente con el don recibido y que respondamos al anuncio de la salvación con un camino generoso y valiente de conversión. Respecto al modelo de San Pablo, la novedad está en que Clemente da continuidad a la parte doctrinal y a la parte práctica, que conformaban todas las cartas de Pablo, con una «gran oración», que prácticamente concluye la carta.

La oportunidad inmediata de la carta abre al obispo de Roma la posibilidad de exponer ampliamente la identidad de la Iglesia y de su misión. Si en Corinto se han dado abusos, observa Clemente, el motivo hay que buscarlo en la debilitación de la caridad y de otras virtudes cristianas indispensables. Por este motivo, invita a los fieles a la humildad y al amor fraterno, dos virtudes que forman parte verdaderamente del ser en la Iglesia. «Somos una porción santa», exhorta, «hagamos, por tanto, todo lo que exige la santidad» (30, 1).

En particular, el obispo de Roma recuerda que el mismo Señor «estableció donde y por quien quiere que los servicios litúrgicos sean realizados para que todo, cumplido santamente y con su beneplácito, sea aceptable a su voluntad… Porque el sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el laico está sometido a los preceptos del laico» (40, 1-5: obsérvese que en esta carta de finales del siglo I aparece por primera vez en la literatura cristiana aparece el término «laikós», que significa «miembro del laos», es decir, «del pueblo de Dios»).
De este modo, al referirse a la liturgia del antiguo Israel, Clemente revela su ideal de Iglesia. Ésta es congregada por el «único Espíritu de gracia infundido sobre nosotros», que sopla en los diversos miembros del Cuerpo de Cristo, en el que todos, unidos sin ninguna separación, son «miembros los unos de los otros» (46, 6-7). La neta distinción entre «laico» y la jerarquía no significa para nada una contraposición, sino sólo esta relación orgánica de un cuerpo, de un organismo, con las diferentes funciones. La Iglesia, de hecho, no es un lugar de confusión y de anarquía, donde cada uno puede hacer lo que quiere en todo momento: cada quien en este organismo, con una estructura articulada, ejerce su ministerio según su vocación recibida.

Por lo que se refiere a los jefes de las comunidades, Clemente explicita claramente la doctrina de la sucesión apostólica. Las normas que la regulan se derivan, en última instancia, del mismo Dios. El Padre ha enviado a Jesucristo, quien a su vez ha enviado a los apóstoles. Éstos luego mandaron a los primeros jefes de las comunidades, y establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto, todo procede «ordenadamente de la voluntad de Dios» (42). Con estas palabras, con estas frases, San Clemente subraya que la Iglesia tiene una estructura sacramental y no una estructura política. La acción de Dios que sale a nuestro encuentro en la liturgia precede a nuestras decisiones e ideas. La Iglesia es sobre todo don de Dios y no una criatura nuestra, y por ello esta estructura sacramental no garantiza sólo el ordenamiento común, sino también la precedencia del don de Dios, del que todos tenemos necesidad.
Finalmente, la «gran oración», confiere una apertura cósmica a los argumentos precedentes. Clemente alaba y da gracias a Dios por su maravillosa providencia de amor, que ha creado el mundo y que sigue salvándolo y santificándolo. Particular importancia asume la invocación para los gobernantes. Después de los textos del Nuevo Testamento, representa la oración más antigua por las instituciones políticas.

De este modo, tras la persecución, los cristianos, aunque sabían que continuarían las persecuciones, no dejan de rezar por esas mismas autoridades que les habían condenado injustamente. El motivo es ante todo de carácter cristológico: es necesario rezar por los perseguidores, como lo hizo Jesús en la cruz. Pero esta oración tiene también una enseñanza que orienta, a través de los siglos, la actitud de los cristianos ante la política y el Estado. Al rezar por las autoridades, Clemente reconoce la legitimidad de las instituciones políticas en el orden establecido por Dios; al mismo tiempo, manifiesta la preocupación que las autoridades sean dóciles a Dios y «ejerzan el poder que Dios les ha dado con paz y mansedumbre y piedad» (61, 2). César no lo es todo. Emerge otra soberanía, cuyo origen y esencia no son de este mundo, sino «de lo alto»: es la de la Verdad que tiene el derecho ante el Estado de ser escuchada.

De este modo, la carta de Clemente afronta numerosos temas de perenne actualidad. Es aún más significativa, pues representa desde el siglo I la solicitud de la Iglesia de Roma, que preside en la caridad a todas las demás Iglesias.

Con el mismo Espíritu, elevemos también nosotros las invocaciones de la «gran oración», allí donde el obispo de Roma asume la voz del mundo entero: «Sí, Señor, haz que resplandezca en nosotros tu rostro con el bien de la paz; protégenos con tu mano poderosa… Nosotros te damos gracias, a través del Sumo Sacerdote y guía de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea gloria y alabanza a ti, ahora, y de generación en generación, por los siglos de los siglos. Amén» (60-61).


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de San Clemente Papa y Mártir, pueda la Iglesia conservarse siempre como parte de su Divino Cuerpo Celeste, no buscando nunca reconocimiento político, sino predicar siempre la Penitencia y el Arrepentimiento a todos los corazones, tal como lo que pide siempre la Santísima Virgen en todas sus intervenciones. Te lo pedimos a Tí que Vives por siempre. Amén.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Domingo 22 de Noviembre


JESUCRISTO: REY DEL UNIVERSO
(Col 1, 16).
Rey de Reyes y Señor de Señores” (Apocalipsis 19,16)

Cristo es rey por derecho propio y por derecho de conquista.

Por derecho propio: lo es como hombre y como Dios. Jesucristo en cuanto hombre, por su Unión Hipostática con el Verbo, recibió del Padre "la potestad, el honor y el reino" (cfr. Dan. 7,13-14) y, en cuanto Verbo de Dios, es el Creador y Conservador de todos cuanto existe. Por eso tiene pleno y absoluto poder en toda la creación (cfr. Jn. 1,1ss).

Por derecho de conquista, en virtud de haber rescatado al género humano de la esclavitud en la que se encontraba, al precio de su sangre, mediante su Pasión y Muerte en la Cruz (cfr. 1 Pe. 1,18-19).

El Padre lo puso todo en manos de su Hijo. Debemos obedecerle en todo.

No se justo apelar al amor como pretexto para ser laxo en la obediencia a Dios. En nuestra relación con Dios, la obediencia y el amor son inseparables.

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.» -Juan 14,21

Los mártires nos dan ejemplo. Prefirieron morir antes de negar a Jesús. Muchos mártires del siglo XX en México, España, Cuba y otros lugares murieron gritando ¡Viva Cristo Rey!. También en nuestro siglo.

Ninguna persona, ni ley, ni entidad esta por encima de Dios. El Pontífice León XIII enseñaba en la "Inmortale Dei" la obligación de los Estados en rendir culto público a Dios, homenajeando su soberanía universal.

Diferente a los hombres, Dios ejerce siempre su autoridad para el bien. Quien confía en Dios, quien conoce su amor no dejará de obedecerle en todo, aunque algunos mandatos sobrepasen su entendimiento.

LA FIESTA DE CRISTO REY DEL UNIVERSO
El Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, instituyó esta solemnidad que cierra el tiempo ordinario. Su propósito es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Es una verdad que siempre la Iglesia ha profesado.


Oración: Digamos siempre con fervor en el Padre Nuestro: ¡Venga a nosotros tu reino!. Agradezcamos a Jesús toda su misericordia en este año que está por finalizar, y sepamos colocarnos en sus manos en el año que está por venir. Amén.
Domingo 22 de Noviembre
Santa Cecilia


Virgen, mártir de la Iglesia primitiva
Patrona de los músicos
Cuerpo Incorrupto
Breve: El culto de santa Cecilia, bajo cuyo nombre fue construida en Roma una basílica en el siglo V, se difundió ampliamente a causa del relato de su martirio, en el que es ensalzada como ejemplo perfectísimo de la mujer cristiana, que abrazó la virginidad y sufrió el martirio por amor a Cristo.
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Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires de la primitiva Iglesia más veneradas por los cristianos. Su nombre figura en el canon de la misa. Las "actas" de la Santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma, y que fue educada en el cristianismo.

Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano.

El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: "Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí".

Valeriano replicó: "Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides" Cecilia le dijo: "Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel". Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: "Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones". Urbano preguntó a Valeriano: "¿Crees esto?". Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios.

Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: "¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?". Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.

Desde entonces, los dos hermanos se consagraron a la práctica de las buenas obras. Ambos fueron arrestados por haber sepultado los cuerpos de los mártires. Almaquio, el prefecto ante el cual comparecieron, empezó a interrogarlos. Las respuestas de Tiburcio le parecieron desvaríos de loco. Entonces, volviéndose hacia Valeriano, le dijo que esperaba que le respondería en forma más sensata. Valeriano replicó que tanto él como su hermano estaban bajo cuidado del mismo médico, Jesucristo, el Hijo de Dios, quien les dictaba sus respuestas.

En seguida comparó, con cierto detenimiento, los gozos del cielo con los de la tierra; pero Almaquio le ordenó que cesase de disparatar y dijese a la corte si estaba dispuesto a hacer sacrificios a los dioses para obtener la libertad. Tiburcio y Valeriano replicaron juntos: "No, no sacrificaremos a los dioses sino al único Dios, al que diariamente ofrecemos sacrificio". El prefecto les preguntó si su Dios se llamaba Júpiter. Valeriano respondió: "Ciertamente no. Júpiter era un libertino infame, un criminal y un asesino, según lo confiesan vuestros propios escritores".

Valeriano se regocijó al ver que el prefecto los mandaba azotar, y hablaron en voz alta a los cristianos presentes: "¡Cristianos romanos, no permitáis que mis sufrimientos os aparten de la verdad! ¡Permaneced fieles al Dios único, y pisotead los ídolos de madera y de piedra que Almaquio adora!".

A pesar de aquella perorata, el prefecto tenía aún la intención de concederles un respiro para que reflexionasen; pero uno de sus consejeros le dijo que emplearían el tiempo en distribuir sus posesiones entre los pobres, con lo cual impedirían que el Estado las confiscase. Así pues, fueron condenados a muerte.

La ejecución se llevó a cabo en un sitio llamado Pagus Triopius, a seis kilómetros de Roma. Con ellos murió un cortesano llamado Máximo, el cual, viendo la fortaleza de los mártires, se declaró cristiano.

Cecilia sepultó los tres cadáveres. Después fue llamada para que abjurase de la fe. En vez de abjurar, convirtió a los que la inducían a ofrecer sacrificios. El Papa Urbano fue a visitarla en su casa y bautizó ahí a 400 personas, entre las cuales se contaba a Gordiano, un patricio, quien estableció en casa de Cecilia una iglesia que Urbano consagró más tarde a la santa.

Durante el juicio, el prefecto Almaquio discutió detenidamente con Cecilia. La actitud de la Santa le enfureció, pues ésta se reía de él en su cara, y le atrapó con sus propios argumentos. Finalmente, Almaquio la condenó a morir sofocada en el baño de su casa. Pero, por más que los guardias pusieron en el horno una cantidad mayor de leña, Cecilia pasó en el baño un día y una noche sin recibir daño alguno. Entonces, el prefecto envió a un soldado a decapitarla. El verdugo descargó tres veces la espada sobre su cuello y la dejó tirada en el suelo. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. En ese tiempo los cristianos acudieron a visitarla en gran número. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto.

E1 Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los Santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia in Transtévere.

En 1599, el cardenal Sfondrati restauró la iglesia en honor a la Santa en Transtévere y volvió a enterrar las reliquias de los cuatro mártires. Según se dice, el cuerpo de Santa Cecilia estaba incorrupto y entero, por más que el Papa Pascual había separado la cabeza del cuerpo, ya que, entre los años 847 y 855, la cabeza de Santa Cecilia formaba parte de las reliquias de los Cuatro Santos Coronados.

Se cuenta que, en 1599, se permitió ver el cuerpo de Santa Cecilia al escultor Maderna, quien esculpió una estatua de tamaño natural, muy real y conmovedora. "No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba," dijo más tarde el artista, “sino recostada del lado derecho, como si estuviese en la cama, con las piernas un poco encogidas, en la actitud de una persona que duerme".
La estatua se halla actualmente en la iglesia de Santa Cecilia, bajo el altar próximo al sitio en el que se había sepultado nuevamente el cuerpo en un féretro de plata. Sobre el pedestal de la estatua puso el escultor la siguiente inscripción: "He aquí a Cecilia, virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi." De Rossi determinó el sitio en que la santa había estado originalmente sepultada en el cementerio de Calixto, y se colocó en el nicho una réplica de la estatua de Maderna.

Santa Cecilia es muy conocida en la actualidad por ser la patrona de los músicos. Sus actas cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón. Al fin de la Edad Media, empezó a representarse a la Santa tocando el órgano y cantando.


Oración: Te pedimos Señor, que por intercesión de Santa Cecilia y San Valeriano, así como de los Santos Tiburcio y Máximo, sea considerado siempre el matrimonio como unión sagrada, espiritual y eterna entre los esposos, muy por encima de cualquier apetencia carnal, recuperando para nuestra Sociedad y nuestra Cultura el carácter de pilar incorruptible que siempre tuvo. Por nuestro Señor Jesucristo que Vive por Siempre. Amén.