miércoles, 7 de octubre de 2020

 7 de Octubre

Nuestra Señora del Rosario


El alma que se me encomiende por el Rosario, no perecerá

El Rosario es el escudo contra el infierno; destruye el vicio, libra de los pecados, y abate las herejías

El milagro del Rosario en Hiroshima y en Nagasaki


Historia del Rosario

Desde el principio de la Iglesia, los cristianos rezan los salmos, como lo hacen los judíos.

Mas tarde, en muchos de los monasterios, se rezan los 150 salmos cada día. Los laicos devotos, no podían rezar tanto, pero querían según sus posibilidades, imitar a los monjes. Ya en el siglo IX, había en Irlanda, la costumbre de hacer nudos en un cordel, para contar, en vez de los salmos, las Ave Marías.

Los misioneros de Irlanda, más tarde propagaron esa costumbre en Europa, y hubieron varios desarrollos con el tiempo.

Su fiesta fue instituida por el Papa San Pío V, el 7 de Octubre, aniversario de la victoria obtenida por los cristianos, en la Batalla naval de Lepanto (1571), atribuida a la Madre de Dios, invocada por la oración del rosario.

La celebración de este día, es una invitación para todos, a meditar los misterios de Cristo, en compañía de la Virgen María, que estuvo asociada de un modo especialísimo, a la encarnación, la pasión, y la gloria de la resurrección del Hijo de Dios.

Santo Domingo busca las ovejas perdidas

La Madre de Dios en persona, le enseñó a Santo Domingo, a rezar el rosario en el año 1208, y le dijo que propagara esta devoción, y la utilizara como arma poderosa, en contra de los enemigos de la Fe.

Domingo de Guzmán, era un santo sacerdote español, que fue al sur de Francia, para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia, por la herejía albingense. Ésta enseña que existen dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo todo lo material. Como consecuencia, para los albingenses, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.

También negaban los sacramentos, y negaban la verdad de que María, es la Madre de Dios. Se rehusaban a reconocer al Papa, y establecieron sus propias normas y creencias. Durante años, los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataron de convertirlos, pero sin mucho éxito. También habían factores políticos involucrados.

Domingo trabajó por años, en medio de estos desventurados. Por medio de su predicación, sus oraciones y sacrificios, logró convertir a unos pocos. Pero muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos.

Domingo dio inicio a una orden religiosa, para las mujeres jóvenes convertidas. Su convento se encontraba en Prouille, junto a una capilla dedicada a la Santísima Virgen. Fue en esta capilla, en donde Domingo, le suplicó a Nuestra Señora que lo ayudara, pues sentía que no estaba logrando casi nada.

La Virgen acude en ayuda de Santo Domingo de Guzmán

La Virgen se le apareció en la capilla. En su mano sostenía un rosario, y le enseñó a Domingo a recitarlo. Dijo que lo predicara por todo el mundo, prometiéndole que muchos pecadores se convertirían, y obtendrían abundantes gracias.

Domingo salió de allí lleno de celo, con el rosario en la mano. Efectivamente, lo predicó y con gran éxito, porque muchos albingenses, volvieron a la fe católica.

Lamentablemente, la situación entre albingences y cristianos, estaba además teñida de confrontación política, lo cual hizo que la cosa llegase a la guerra.

Simón de Montfort, el comandante del ejército cristiano, y a la vez amigo de Domingo, hizo que éste enseñara a las tropas, a rezar el rosario. Lo rezaron con gran devoción, antes de su batalla más importante en Muret. De Montfort consideró que su victoria, había sido un verdadero milagro, y creyó firmemente que se debió al rosario. Como signo de gratitud, De Montfort construyó la primera capilla, a Nuestra Señora del Rosario.

Las promesas de la Virgen a los que recen el rosario

Un creciente número de hombres, se unió a la obra apostólica de Domingo, y con la aprobación del Santo Padre, Domingo formó la Orden de Predicadores, más conocidos como Dominicos. Con gran celo predicaban, enseñaban, y los frutos de la conversión crecían. A medida que la orden crecía, se extendieron a diferentes países, como misioneros para la gloria de Dios, y de la Virgen.

El rosario se mantuvo, como la oración predilecta durante casi dos siglos. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe, y le dijo que reviviera dicha devoción.

La Virgen le dijo también, que se necesitarían volúmenes inmensos, para registrar todos los milagros logrados, por medio del rosario, y le reiteró las promesas dadas a Santo Domingo, referentes al rosario.

Promesas de Nuestra Señora, Reina del Rosario, tomadas de los escritos del Beato Alano:

  1. Quien rece constantemente mi Rosario, recibirá cualquier gracia que me pida.
    2. Prometo mi especialísima protección, y grandes beneficios, a los que devotamente recen mi Rosario.
    3.
    El Rosario es el escudo contra el infierno; destruye el vicio, libra de los pecados, y abate las herejías.
    4. El Rosario hace germinar las virtudes, para que las almas consigan la Misericordia Divina. Sustituye en el corazón de los hombres, el amor del mundo, con el amor de Dios, y los eleva a desear las cosas celestiales y eternas.
    5.
    El alma que se me encomiende por el Rosario, no perecerá.
    6. El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada; se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo, y en todo caso, será admitido a la vida eterna.
    7. Los verdaderos devotos de mi Rosario, no morirán sin los Sacramentos.
    8. Todos los que rezan mi Rosario, tendrán en vida y en muerte, la luz y la plenitud de la gracia, y serán partícipes, de los méritos bienaventurados.
    9. Libraré bien pronto del Purgatorio, a las almas devotas a mi Rosario.
    10. Los hijos de mi Rosario, gozarán en el cielo, de una gloria singular.
    11. Todo cuanto se pida por medio del Rosario, se alcanzará prontamente.
    12. Socorreré en sus necesidades, a los que propaguen mi Rosario.
    13. He solicitado a mi Hijo, la gracia de que todos los cofrades y devotos, tengan en vida y en muerte, como hermanos, a todos los bienaventurados de la corte celestial.
    14. Los que rezan el Rosario, son todos hijos míos muy amados, y hermanos de mi Unigénito Jesús.
    15. La devoción al Santo rosario, es una señal manifiesta de predestinación de gloria.

Cómo rezar el Santo Rosario

https://www.corazones.org/oraciones/oraciones_maria/rosario/a_rosario.htm

https://www.corazones.org/oraciones/oraciones_maria/rosario/rosario_misterios.htm

El Santo Rosario: Mas poderoso que la bomba atómica

Testimonio del Padre Schiffer S.J., sobreviviente de Hiroshima.

Milagro del Rosario en Hiroshima: del 6 de agosto de 1945

Durante la Segunda Guerra Mundial, dos ciudades japonesas, fueron destruidas por bombas atómicas: Hiroshima y Nagasaki.

En Nagasaki, como resultado de la explosión, todas las casas, en un radio de aproximadamente 2.5 Km del epicentro, fueron destruidas. Quienes estaban dentro, quedaron enterrados en las ruinas. Los que estaban fuera, fueron quemados.

En medio de aquella tragedia, una pequeña comunidad de Padres Jesuitas, vivía junto a la iglesia parroquial, a solamente ocho cuadras (aproximadamente 1Km) del epicentro del epicentro de la bomba. Eran misioneros alemanes, sirviendo al pueblo japonés. Como los alemanes eran aliados de los japoneses, les habían permitido quedarse. 

La iglesia, junto a la casa de los jesuitas, quedó destruida, pero su residencia quedó en pie, y los miembros de la pequeña comunidad jesuita, sobrevivieron. No tuvieron efectos posteriores por la radiación, ni pérdida del oído, ni ninguna otra enfermedad, o efecto colateral. 

El Padre Hubert Schiffer, fue uno de los jesuitas en Hiroshima. Tenía 30 años, cuando explotó la bomba atómica en esa ciudad, y vivió otros 33 años más con buena salud. Él narró sus experiencias en Hiroshima, durante el Congreso Eucarístico, que se llevó a cabo en Filadelfia (EU) en 1976. En ese entonces, los ocho miembros de la comunidad Jesuita, estaban todavía vivos.

El Padre Schiffer fue examinado e interrogado, por más de 200 científicos, que fueron incapaces de explicar, como él y sus compañeros habían sobrevivido. Él lo atribuyó, a la protección de la Virgen María, y dijo: "Yo estaba en medio de la explosión atómica... y estoy aquí todavía, vivo y a salvo. No fui derribado por su destrucción".

Además, el Padre Shiffer mantuvo que durante varios años, cientos de expertos e investigadores, estudiaron las razones científicas del porqué la casa, tan cerca de la explosión atómica, no fue afectada. Él explicó, que en esa casa hubo una sola cosa diferente: "Rezábamos el rosario diariamente en esa casa".

En la otra ciudad devastada por la bomba atómica, Nagasaki, San Maximiliano Kolbe, había establecido un convento franciscano, cuando estuvo brevemente en el Japón, el cual también quedó intacto, los hermanos se salvaron de la devastación, gracias a la protección de la Virgen. Allí ellos también rezaban diariamente, el santo rosario.

Oración: Señor mío y Dios mío, te pedimos que nuestra Vida, sea siempre un Rosario de buenas acciones y pensamientos, para que podamos, siempre con la ayuda e inspiración de la Virgen Santísima, honrarte con el ejemplo de nuestra Vida. Protege al mundo de su destrucción completa, por el rezo del Santo Rosario. Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que Vive por Siempre. Amén.

martes, 6 de octubre de 2020

 6 de octubre

San Bruno

Fundador de los cartujos

1035-1101

Breve

San Bruno nos enseña, la importancia del silencio interior, para escuchar la voz de Dios. Nació en Colonia, Alemania, hacia el año 1035. Estudió en Reims, y en París. Fue ordenado sacerdote, y se dedicó a enseñar teología.

Fue canciller de la diócesis de Reims. En el año 1084, se retiró con 6 compañeros, para fundar el monasterio de los monjes Cartujos, La Grande Chartreuse, cerca de Grenoble, en los Alpes franceses. Siguen estrictamente la regla benedictina.

El Papa beato Urbano II, quien había sido discípulo de San Bruno, lo llamó a Roma como consejero. Sin ser liberado totalmente de esa misión, fundó otra casa en Roma, La Torre de Calabria, donde más tarde se retiró.

Rehusó la sede de Reggio. Fue un gran exégeta bíblico, y escribió sobre los salmos y las cartas de San Pablo.

Murió en Squillace (Calabria), en el año 1101.

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Una piadosa tradición, que la Orden de la Cartuja ha conservado siempre entre las suyas, hace partir la vocación de San Bruno al estado religioso, del siguiente suceso: se celebraban en la Universidad de París, los funerales de un famoso doctor, llamado Raimundo, muy estimado por su saber, y apreciado por su gran fama de virtud y santidad.

Al llegar a cantarse, la cuarta lección del oficio de difuntos, de labios del cadáver allí presente, salió esta terrible confesión: "Por justo juicio de Dios, he sido acusado".

Espantados los circunstantes, resolvieron aplazar la fúnebre ceremonia, para el siguiente día. Al llegar, en el oficio, en el mismo pasaje, volvió a gritar el cadáver, con voz más terrible: "Por justo juicio de Dios, he sido juzgado".

Suspendido el acto, y celebrado de nuevo por tercera vez, la muchedumbre, cada día más numerosa, quedó horrorizada al oír de boca del difunto, la tremenda sentencia, de su eterna condenación: "Por justo juicio de Dios, he sido condenado".

Tal impresión causó en Bruno este hecho, que le decidió a abandonar el mundo. Comunicó su pensamiento, a algunos amigos y compañeros, que también lo habían presenciado, y seis de ellos se decidieron a seguirle: Lauduino, doctor teólogo, natural de Luca, en Toscana; Esteban de Bourg y Esteban de Die, ambos canónigos regulares de San Rufo, en Aviñón; Hugo, llamado el Capellán, y dos piadosos seglares, llamados Andrés y Guerino.

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La soledad y el silencio, forman el ambiente propio, en el que se desenvuelve la vida de la Cartuja. Un silencio único, en el que sólo se oyen los latidos de la naturaleza, y el susurro de las oraciones, el canto de los pájaros, y la salmodia de los monjes, y en donde la campana conventual, llama constantemente a los montes y a los ocasos, a cantar las alabanzas de Dios y de María.

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Rodeado de uno de esos silencios maravillosos, muere el santo fundador de la Cartuja, el 6 de octubre del año 1101. Fue enterrado en su monasterio, de Santa María del Yermo, en Calabria, el año decimoséptimo de su vida religiosa, y trasladado al año siguiente, a la iglesia de San Esteban.

Y el agua, que tantas veces dió música a sus soledades, con el murmullo y la risa de sus espumas, quiso también acompañarle en su sepulcro, brotando milagrosamente a su lado, en una fuente que tenía la virtud de curar a los enfermos, que invocaban al Santo.


Recemos con San Bruno

      Oración atribuida a S. Bruno

 Tú, que eres mi Señor,

Tú, cuya voluntad prefiero a la mía.
No me es posible contentarme con palabras
al presentarte mi oración.
Escucha mi grito que te suplica
como un inmenso clamor...

  

   Tú, de quien me he constituido siervo:
Te ruego con perseverancia, e insistiré en mi ruego,
hasta merecer alcanzar tu favor.
Pues no anhelo un bien de la tierra;
no pido más que lo que debo pedir:
sólo a Ti...

  

   ¡Ten piedad de mí!
Y pues inmensa es tu misericordia,
y grande mi pecado, ten piedad de mí inmensamente
en proporción a tu misericordia.

  

   Entonces podré cantar tus alabanzas,
contemplándote, Señor.
Te bendeciré con una bendición
que perdurará a lo largo de los siglos;
te alabaré con la alabanza y la contemplación,
en este mundo y en el otro,
como María, de quien nos dice el Evangelio,
que ha escogido la parte mejor.

   Amén.


Oración Final: Ayúdanos Señor, a poder siempre encontrar un momento de soledad y sosiego, como lo hizo San Bruno y sus compañeros, para que podamos adorarte, y escuchar tus consejos y advertencias, y sentir tu Amor inefable. Por nuestro Señor Jesucristo, que Vive por Siempre, y Reina contigo por los Siglos de los Siglos. Amén.

lunes, 5 de octubre de 2020

 5 de Octubre

Santa Faustina Kowalska



Apóstol de la Divina Misericordia

Alma Víctima

Visión del Purgatorio, del Infierno y del Cielo

Nacida el 25 de agosto de 1905

Muere el 5 de octubre de 1938

Canonizada el 30 de abril del 2000, año jubilar.

Breve

Santa Faustina nació en la aldea de Glogoviec, en Swinice Varckie, Polonia, el 25 de agosto de 1905. Fue bautizada dos días después, con el nombre de Elena Kowalska, en la Iglesia de San Casimiro.

Sus padres tuvieron 8 hijos (Elena es la tercera), a quienes criaron con mucha disciplina, siendo ambos, un gran ejemplo de vida espiritual.

A muy temprana edad, Elena fue llamada a hablar con el cielo. Una indicación de este hecho, fue un sueño que ella tuvo a la edad de 5 años. Su madre recuerda que en esa época, Elena dijo a su familia. “Yo estuve caminando de la mano de la Madre de Dios, en un jardín precioso”.

Alma Víctima

Durante su tercer año de noviciado, le fue revelado lo que era ser Alma Víctima. Anota ella en su diario: "El sufrir es una gracia grande; a través del sufrimiento, el alma se hace como la del Salvador; en el sufrimiento el amor se cristaliza, mientras más grande es el sufrimiento, más puro es el amor". (57)

Sor Faustina se ofreció como víctima por los pecadores, y con este propósito, experimentó diversos sufrimientos, para salvar a las almas a través de ellos.

Durante una hora particular de adoración, Dios le reveló a Santa Faustina, todo lo que ella tendría que sufrir: falsas acusaciones, la pérdida del buen nombre y mucho más. Cuando la visión terminó, un sudor frío bañó su frente. Jesús le hizo saber, que aún cuando ella no diere su consentimiento a esto, ella se salvaría, y Él no disminuiría sus gracias, y seguiría manteniendo una relación íntima con ella. La generosidad de Dios no disminuiría para nada.

Consciente de que todo el misterio dependía de ella, consintió libremente al sacrificio, en completo uso de sus facultades. Luego escribió lo siguiente, en su diario: “De repente, cuando había consentido a hacer el sacrificio, con todo mi corazón, y todo mi entendimiento; la presencia de Dios me cubrió; me parecía que me moría de amor a la vista de su mirada”.

Durante la Cuaresma de ese mismo año, en 1933, experimentó en su propio cuerpo y corazón, la Pasión del Señor, recibiendo invisiblemente los estigmas.

Únicamente su confesor lo conoció. Ella lo narra así: "Un día durante la oración, vi una gran luz, y de esta luz salían rayos, que me envolvían completamente. De pronto, sentí un dolor muy agudo en mis manos, en mis pies y en mi costado, y sentí el dolor de la corona de espinas, pero esto fue sólo por un tiempo bien corto".

Tiempo más tarde, cuando Santa Faustina se enfermó de tuberculosis, experimentó nuevamente, los sufrimientos de la Pasión del Señor, repitiéndose todos los Viernes, y algunas veces cuando se encontraba, con un alma que no estaba en estado de gracia. Aunque esto no era muy frecuente, los sufrimientos eran dolorosos y de corta duración, y no los hubiera soportado, sin una gracia especial de Dios.

Visión del Purgatorio

Mientras estaba en Skolimow, casi al final de su Postulantado, Santa Faustina le preguntó al Señor, por quién mas debía orar, y la noche siguiente tuvo esta visión. "Esa noche vi a mi ángel de la Guarda, quien me pidió que lo siguiera. En un momento, me vi en un lugar lleno de fuego y de almas sufrientes. Estaban orando fervientemente por sí mismas, pero no era válido; solamente nosotras podemos ayudarlas. Las llamas que las quemaban, no podían tocarme. Mi ángel de la guarda no me dejó sola, ni por un momento. Yo pregunté a las almas, que es lo que más las hacía sufrir. Ellas me contestaron, que era el sentirse abandonadas por Dios...Vi a Nuestra Señora, visitando a las almas del Purgatorio; la llamaban Estrella del Mar. Luego mi ángel guardián, me pidió que regresáramos; al salir de esta prisión de sufrimiento, escuché la voz interior del Señor que decía: ‘Mi Misericordia no quiere esto, pero lo pide mi Justicia".

Visión del Infierno

Durante un retiro de ocho días, en octubre de 1936, se le mostró a Sor Faustina, el abismo del infierno, con sus varios tormentos, y por pedido de Jesús, ella dejó una descripción, de lo que se le permitió ver: "Hoy día fui llevada por un Ángel, al abismo del infierno. Es un sitio de gran tormento. ¡Cuán terriblemente grande y extenso es!.

Las clases de torturas que vi:

La primera es la privación de Dios;
la segunda es el perpetuo remordimiento de conciencia;
la tercera es que la condición de uno nunca cambiará;
la cuarta es el fuego que penetra en el alma sin destruirla -un sufrimiento terrible, ya que es un fuego puramente espiritual, que se mantiene encendido por la ira de Dios.
La quinta es una oscuridad continua, y un olor sofocante y terrible. A pesar de la oscuridad, las almas de los condenados se ven entre ellos;
la sexta es la compañía constante de Satanás;
la séptima es una angustia horrible, odio a Dios, palabras indecentes y blasfemia.

Estos son los tormentos que sufren los condenados, pero no es el fin de los sufrimientos. Existen tormentos especiales, destinados para algunas almas en particular. Estos son los tormentos de los sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionado con el tipo de pecado que ha cometido.

Existen cavernas y fosas de tortura, donde cada forma de agonía, difiere de la otra. Yo hubiera fallecido, a cada vista de las torturas, si la Omnipotencia de Dios, no me hubiera sostenido.

Estoy escribiendo esto por orden de Dios, para que ninguna alma encuentre una excusa, diciendo que no existe el infierno, o que nadie ha estado ahí, y por lo tanto, nadie puede describirlo".

El Señor fue preparando de esta forma, el corazón de Santa Faustina, para que por medio de su intercesión, se salvaran muchas almas.

Visión del Cielo

El 27 de noviembre de 1936, cuando la debilidad la llevó a la cama, escribió la siguiente visión del cielo: "Hoy día, estuve en el cielo en espíritu, y vi sus bellezas incomparables, y la felicidad que nos espera para después de la muerte. Ví como todas las criaturas alaban, y dan gracias a Dios sin cesar...Esta fuente de felicidad, es invariable en su esencia, pero es siempre nueva, derramando felicidad para todas las criaturas. Dios me ha hecho entender, que hay una cosa de un valor infinito a Sus Ojos, y eso es, el amor a Dios; amor, amor y nuevamente amor, y nada puede compararse, a un solo acto de amor a Dios.

Dios en su gran majestad, es adorado por los espíritus celestiales, de acuerdo a sus grados de gracias y jerarquías, en que son divididas; no me causó temor ni susto, mi alma estaba llena de paz y amor, y mientras más conozco la grandeza de Dios, más me alegro, de que Él sea Él que es. Me regocijo inmensamente en Su grandeza, y me alegro de que soy tan pequeña, ya que siendo tan pequeña, Él me carga en Sus brazos y me aprieta a Su corazón" (777-780).

Al final de la Canonización de Santa María Faustina, el Santo Padre, Juan Pablo II, el 30 de Abril de 2000, declaró el segundo domingo de Pascua, como el “Domingo de la Misericordia Divina”, estableciendo la Fiesta de la Divina Misericordia, que Jesús tanto pedía a Santa Faustina.

El Santo Padre dijo: “En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua, recibirá el nombre de Domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne, para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas, que esperan al género humano en los años venideros”.

Y después de su visita a Polonia, en junio del 2002, “para hacer que los fieles, vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice ha establecido, que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria, para que los fieles reciban, con más abundancia, el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así, una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez, perdonen generosamente a sus hermanos”.

Podemos encontrar un paralelo, entre los poderosos mensajes, que Jesús revela a Santa Faustina sobre la Divina Misericordia, y a Santa Margarita María Alacoque, sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. A través de ellas, Dios nos manifestó, y nos dio a conocer Su Misericordia, encerrada en Su Sagrado Corazón.

Santa Faustina, fue canonizada el 30 de abril del 2000, siendo la primera canonización del año jubilar.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por intercesión de Santa María Faustina, meditemos siempre en nuestro corazón, la necesidad de conversión de nuestra Vida, a fin de poder nosotros sentir por Tí, Misericordia ante tu Pasión y Muerte, que se renueva en cada minuto, y así ser también merecedores de vuestra Misericordia.


A Tí Señor, que insuflaste tu Espíritu sobre los Apóstoles en la Pascua, y Les y Nos regalaste tu Misericordia, cuando Les y Nos dijiste: “A Quienes Ustedes les perdonen sus pecados, les serán perdonados en el Cielo, y a quienes les retengan, les serán retenidos”. Amén.

domingo, 4 de octubre de 2020

4 de Octubre

San Francisco de Asís 

(1182-1226 )

FUNDADOR DE LA ORDEN DE LOS FRAILES MENORES (OFM),
conocidos como los franciscanos


Breve

Nació en Asís, en el año 1182; después de una juventud frívola se convirtió, renunció a los bienes paternos, y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza, y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios.

Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Inició también una nueva Orden de monjas, y un grupo de penitentes que vivían en el mundo, así como la predicación entre los musulmanes. Murió en el año 1226.

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SAN FRANCISCO tenía un don especial, para con las criaturas....

EL LOBO DE GUBBIO y otras historias

Las Florecillas de San Francisco, (capítulo XXI), siglo XIV, de autor anónimo.

En el tiempo en que San Francisco, moraba en la ciudad de Gubbio, apareció en la comarca un grandísimo lobo, terrible y feroz, que no sólo devoraba los animales, sino también a los hombres; hasta el punto de que tenía aterrorizados, a todos los habitantes, porque muchas veces se acercaba a la ciudad.

Todos iban armados cuando salían de la ciudad, como si fueran a la guerra; y aun así, quien se topaba con él, estando solo, no podía defenderse. Era tal el terror, que nadie se aventuraba a salir de la ciudad.

San Francisco, movido a compasión por la gente del pueblo, quiso salir a enfrentarse con el lobo, desatendiendo los consejos de los habitantes, que querían a todo trance disuadirle. Y haciendo la señal de la cruz, salió fuera del pueblo con sus compañeros, puesta en Dios toda su confianza.

Como los compañeros vacilaran en seguir adelante, San Francisco se encaminó resueltamente, hacia el lugar adonde estaba el lobo. Cuando he aquí, que a la vista de muchos de los habitantes, que lo habían seguido en gran número, para ver este milagro, el lobo avanzó al encuentro de San Francisco, con la boca abierta, acercándose a él; San Francisco le hizo la señal de la cruz, lo llamó a sí, y le dijo:

¡Ven aquí, hermano lobo!. Yo te mando, de parte de Cristo, que no hagas daño ni a mí, ni a nadie. 

¡Cosa admirable!. Apenas trazó la cruz San Francisco, el terrible lobo cerró la boca, dejó de correr, y obedeciendo la orden, se acercó mansamente como un cordero, y se echó a los pies de San Francisco. Entonces, San Francisco le habló en estos términos:

Hermano lobo, tú estás haciendo daño en esta comarca, has causado grandísimos males, maltratando y matando a las criaturas de Dios, sin su permiso; y no te has contentado con matar y devorar las bestias, sino que has tenido el atrevimiento de dar muerte, y causar daño a los hombres, hechos a imagen de Dios.

Por todo ello has merecido la horca, como ladrón y homicida malvado. Toda la gente grita y murmura contra ti, y toda la ciudad es enemiga tuya. Pero yo quiero, hermano lobo, hacer las paces entre ti y ellos, de manera que tú, no les ofendas en adelante, y ellos te perdonen toda ofensa pasada, y dejen de perseguirte hombres y perros. 

Ante estas palabras, el lobo, con el movimiento del cuerpo, de la cola, de las orejas, y bajando la cabeza, manifestaba aceptar y querer cumplir, lo que decía San Francisco. Le dijo entonces San Francisco:

Hermano lobo, puesto que estás de acuerdo, en sellar y mantener esta paz, yo te prometo hacer que la gente de la ciudad, te proporcione continuamente, lo que necesitas mientras vivas, de modo que no pases ya hambre; porque sé muy bien que por hambre, has hecho el mal que has hecho. Pero una vez que yo te haya conseguido este favor, quiero hermano lobo, que tú me prometas, que no harás daño ya, a ningún hombre del mundo y a ningún animal. ¿Me lo prometes?

El lobo, inclinando la cabeza, dio a entender claramente que lo prometía. San Francisco le dijo:

Hermano lobo, quiero que me des fe de esta promesa, para que yo pueda fiarme de ti plenamente. 

Le tendió San Francisco la mano para recibir la fe, y el lobo levantó la pata delantera, y la puso mansamente sobre la mano de San Francisco, dándole la señal de fe que le pedía. Luego le dijo San Francisco: 

Hermano lobo, te mando en nombre de Jesucristo, que vengas ahora conmigo, sin temor alguno; vamos a concluir esta paz, en el nombre de Dios. 

El lobo, obediente, marchó con él como manso cordero, en medio del asombro de los habitantes. Corrió rápidamente la noticia por toda la ciudad, y todos, grandes y pequeños, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, fueron acudiendo a la plaza, para ver al lobo con San Francisco. 

Cuando todo el pueblo se hubo reunido, San Francisco se levantó, y les predicó, diciéndoles, entre otras cosas, cómo Dios permite tales calamidades, por causa de los pecados; y que es mucho más de temer, el fuego del infierno, que ha de durar eternamente para los condenados, y no la ferocidad de un lobo, que sólo puede matar el cuerpo; y si la boca de un pequeño animal, infunde tanto miedo, y terror a tanta gente, cuánto más de temer, será la boca del infierno. 

Volveos pues, a Dios, carísimos, y haced penitencia de vuestros pecados, y Dios os librará del lobo en el presente, y del fuego infernal en el futuro.

Terminado el sermón, dijo San Francisco: 

Escuchad, hermanos míos: el hermano lobo, que está aquí ante vosotros, me ha prometido, y dado su fe de hacer las paces con vosotros, y de no dañaros en adelante, en cosa alguna, si vosotros os comprometéis, a darle cada día, lo que necesita. Yo salgo fiador por él, de que cumplirá fielmente por su parte, el acuerdo de paz. 

Entonces, todo el pueblo, a una voz, prometió alimentarlo continuamente. Y San Francisco, dijo al lobo delante de todos: 

Y tú hermano lobo, ¿me prometes cumplir para con ellos el acuerdo de paz, es decir, que no harás daño ni a los hombres, ni a los animales, ni a criatura alguna?. El lobo se arrodilló y bajó la cabeza, manifestando con gestos mansos del cuerpo, de la cola y de las orejas, en la forma que podía, su voluntad de cumplir todas las condiciones del acuerdo. 

Añadió San Francisco: 

Hermano lobo, quiero que así como me has dado fe de esta promesa, fuera de las puertas de la ciudad, vuelvas ahora a darme fe delante de todo el pueblo, de que yo no quedaré engañado, en la palabra que he dado, en nombre tuyo.

Entonces el lobo, alzando la pata derecha, la puso en la mano de San Francisco. Este acto y los otros que se han referido, produjeron tanta admiración y alegría, en todo el pueblo, así por la devoción del Santo, como por la novedad del milagro, y por la paz con el lobo, que todos comenzaron a clamar al cielo, alabando y bendiciendo a Dios, por haberles enviado a San Francisco, el cual, por sus méritos, los había librado de la boca de la bestia feroz. 

El lobo, siguió viviendo dos años más en Gubbio; entraba mansamente en las casas de puerta en puerta, sin causar mal a nadie, y sin recibirlo de ninguno. La gente lo alimentaba cortésmente, y aunque iba así por la ciudad, y por las casas, nunca le ladraban los perros.

Por fin, al cabo de dos años, el hermano lobo murió de viejo; los habitantes lo sintieron mucho, ya que al verlo andar tan manso por la ciudad, les traía a la memoria, la virtud y la santidad de San Francisco.

El milagro de la ovejita

San Buenaventura refiere que cierto día, estando el Santo en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles, una persona tuvo a bien regalarle una ovejita, y la recibió con mucho agradecimiento, porque le complacía ver en ella, la imagen de la mansedumbre.

Después de recibida, mandó San Francisco a la ovejita, que atendiese a las alabanzas que se tributaban a Dios, y no turbase la paz de los religiosos, con sus balidos. El animal, como si hubiese entendido al siervo de Dios, observaba con fidelidad su mandato, pues tan pronto como oía, el canto de las divinas alabanzas en el coro, se aquietaba, y si alguna vez se metía en la capilla, se quedaba inmóvil en un rinconcito, sin causar la menor molestia.

Pero el prodigio era ver, cómo después del rezo divino, si se celebraba el Santo Sacrificio de la Misa, al tiempo de elevar el sacerdote la Sagrada Hostia, la ovejita, sin ser enseñada de nadie, se ponía de pie, e hincaba las rodillas en señal de reverencia a su Señor. 

-Del libro Prodigios Eucarísticos de Fray Antonio Corredor García, o.f.m.

Saludo de San Francisco de Asís a La Virgen María

¡Salve, Señora,

Santa Reina, Santa Madre de Dios,
María, virgen convertida en templo,
y elegida por el Santísimo Padre del cielo,
consagrada por Él, con su santísimo
Hijo amado, y el Espíritu Santo Paráclito;
que tuvo y tiene, toda la plenitud de la gracia
y todo bien!

¡Salve, palacio de Dios!
Salve, tabernáculo de Dios!
¡Salve, casa de Dios!
¡Salve, vestidura de Dios!
¡Salve, esclava de Dios!
¡Salve, Madre de Dios!

¡Salve también todas vosotras,
santas virtudes, que por la gracia
e iluminación del Espíritu Santo,
sois infundidas en los corazones
de los fieles para hacerlos,
de infieles, fieles a Dios!

-San Francisco de Asís

Oración Final: Señor y Dios nuestro, que por los méritos y la intercesión de San Francisco de Asís, podamos siempre dominar el lobo que llevamos adentro, despojándonos de toda ira, y deseos de venganza. Por Nuestro Señor Jesucristo, que vive eternamente, y nos aguarda en las moradas eternas, que fué a prepararnos para estar con Él, por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 3 de octubre de 2020

 3 de octubre

SAN FRANCISCO DE BORJA S.J.


(1510-1572)

Superior General Jesuita

Descendiente de la realeza; Duque de Gandía, gobernador, virrey de Cataluña, consejero del emperador Carlos I de España y V de Alemania; padre de familia, viudo y sacerdote,  tercer superior general de la Compañía de Jesús.

« ¡No serviré nunca más a un señor que pudiese morir!

Breve: Francisco de Borja nació en Gandía (Valencia), en 1510. Gran privado del emperador Carlos V, y caballerizo de la emperatriz Isabel, vivió ejemplarmente en palacio. La vista del cadáver de la emperatriz, lo impulsó a despreciar las vanidades de la corte.

Fue virrey de Cataluña, y duque de Gandía. Después de la muerte de su esposa, en 1546, que acabó de desligarlo del mundo, entró en la Compañía de Jesús, de la que llegó a ser superior general.

Se distinguió sobre todo, por su profunda humildad. Dio gran impulso a las misiones. Murió en Roma, el 1 de octubre de 1572. Fue canonizado en 1671.

Resumen de su magnífica labor evangélica

San Francisco no era partidario de la Inquisición, y este tribunal no lo veía con buenos ojos, por lo que Felipe II, tuvo que escuchar más de una vez las calumnias, que los envidiosos levantaban contra el santo duque. Éste permaneció en Portugal hasta 1561, cuando el Papa Pío IV, le llamó a Roma, a instancias del Padre Laínez, general de los jesuitas.

En Roma se le acogió cordialmente. Entre los que asistían regularmente a sus sermones, se contaban el cardenal Carlos Borromeo, y el cardenal Ghislieri, quien más tarde fue Papa, con el nombre de Pío V. Ahí se interiorizó más de los asuntos de la Compañía, y empezó a desempeñar cargos de importancia. En 1566, a la muerte del Padre Laínez, fue elegido general, cargo que ejerció hasta su muerte.

Durante los siete años que desempeñó ese oficio, dio tal ímpetu a su orden en todo el mundo, que puede llamársele el segundo fundador. El celo con que propagó las misiones, y la evangelización del mundo pagano, inmortalizó su nombre. Y no se mostró menos diligente, en la distribución de sus súbditos en Europa, para colaborar a la reforma de las costumbres. Su primer cuidado, fue establecer un noviciado regular en Roma, y ordenar que se hiciese otro tanto, en las diferentes provincias.

Durante su primera visita a la Ciudad Eterna, quince años antes, se había interesado mucho, en el proyecto de la fundación del Colegio Romano, y había regalado una generosa suma de dinero, para ponerlo en práctica.

Como general de la Compañía, se ocupó personalmente de dirigir el Colegio, y de precisar el programa de estudios. Prácticamente fue él, quien fundó el Colegio Romano, aunque siempre rehusó el título de fundador, que se da ordinariamente a Gregorio XIII, quien lo restableció, con el nombre de Universidad Gregoriana.

San Francisco construyó la iglesia de San Andrés del Quirinal, y fundó el noviciado en la residencia contigua; además, empezó a construir el Gesu, y amplió el Colegio Germánico, en el que se preparaban los misioneros, destinados a predicar en aquellas regiones del norte de Europa, en las que el protestantismo había hecho estragos.

San Pío V, tenía mucha confianza en la Compañía de Jesús, y gran admiración por su general, de suerte que San Francisco de Borja, podía moverse con gran libertad. A él se debe la extensión de la Compañía de Jesús, más allá de los Alpes, así como el establecimiento de la provincia de Polonia.

Valiéndose de su influencia en la corte de Francia, consiguió que los jesuitas, fuesen bien recibidos en ese país, y fundasen varios colegios. Por otra parte, reformó las misiones de la India, las del Extremo Oriente, y dio comienzo a las misiones de América.

Entre su obra legislativa, hay que contar una nueva edición, de las reglas de la Compañía, y una serie de directivas para los jesuitas, dedicados a trabajos particulares. 

A pesar del extraordinario trabajo que desempeñó, durante sus siete años de generalato, jamás se desvió un ápice, de la meta que se había fijado, ni descuidó su vida interior.

Un siglo más tarde, escribió el Padre Verjus: "Se puede decir con verdad, que la Compañía de Jesús, debe a San Francisco de Borja, su forma característica y su perfección. San Ignacio de Loyola, proyectó el edificio y echó los cimientos; el Padre Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio, y arregló el interior, y de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios le había revelado a San Ignacio".

No obstante sus muchas ocupaciones, San Francisco encontraba tiempo todavía, para encargarse de otros asuntos. Por ejemplo, cuando la peste causó estragos en Roma en 1566, el santo reunió limosnas, para asistir a los pobres, y envió a sus asistentes por parejas, a cuidar a los enfermos de la ciudad, no obstante el peligro al que los exponía.

Se le ofreció el cargo de cardenal, y tenía posibilidades de llegar a ser Papa, pero no lo aceptó.

En 1571, el Papa envió al cardenal Bonelli, con una embajada a España, Portugal y Francia, y San Francisco de Borja le acompañó. Aunque la embajada fue un fracaso, desde el punto de vista político, constituyó un triunfo personal de Francisco. En todas partes se reunían multitudes, para "ver al santo duque", y oírle predicar; Felipe II, olvidando las antiguas animosidades, le recibió tan cordialmente como sus súbditos.

Pero la fatiga del viaje, apresuró el fin de San Francisco. Su primo, el duque Alfonso, alarmado por el estado de su salud, le envió desde Ferrara a Roma, en una litera. Sólo le quedaban ya dos días de vida. Por intermedio de su hermano Tomás, San Francisco envió sus bendiciones, a cada uno sus hijos y nietos, y a medida que su hermano, le repetía los nombres de cada uno, oraba por ellos.

Tenía una profunda devoción a la Eucaristía, y a la Virgen Santísima. Gravemente enfermo, cuando solo le quedaban dos días de vida, quiso visitar el Santuario Mariano de Loreto.

Cuando el santo perdió el habla, un pintor entró a retratarle. Al ver al pintor, San Francisco manifestó su desaprobación con la mirada y el gesto, y no se dejó pintar. Murió a la media noche, del 30 de septiembre de 1572. Según la expresión del Padre Brodrick, fue "uno de los hombres más buenos, amables y nobles, que había pisado nuestro pobre mundo".

La humildad

Un día confesó a los novicios, que durante los seis años, que llevaba meditando la vida de Cristo, se había puesto siempre en espíritu a los pies de Judas; pero que recientemente había caído en la cuenta, de que Cristo había lavado los pies del traidor, y por ese motivo, ya no se sentía digno de acercarse ni siquiera a Judas.

Francisco no se dejó engañar por el mundo. Sabiéndose nada, confió todo en Jesucristo, y logró la santidad.

Canonizado en 1671.

En mayo de 1931, su cuerpo, venerado en la casa religiosa de Madrid, fue quemado en el incendio que causaron los revolucionarios.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos y la intercesión de tu querido hijo, San Francisco de Borja, sepamos compartir nuestros dones con desinterés, en pos de la evangelización de nuestra sociedad, sabiendo vivir con humildad y desapego de las riquezas, y alabanzas de este mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.

viernes, 2 de octubre de 2020

 2 de octubre


LOS SANTOS ÁNGELES CUSTODIOS

Cuando se habla de los ángeles custodios, nos referimos primariamente, a los que ejercen la salvadora tutela, de las personas individuales. Cada uno de nosotros, tiene su ángel de la guarda. Dios quiere, que todos los hombres y mujeres se salven, y que lleguen al conocimiento de la verdad.

Al decir todos los hombres y mujeres, no excluimos a ninguno. Tenemos por lo tanto que ser más congruente, a esta voluntad salvífica de Dios, el extender con la misma universalidad, el ministerio tutelar de los ángeles. Todas las almas han sido redimidas por Cristo, todas están en el camino de la salvación, todas son defendidas y protegidas por los ángeles.

Y muchas almas nacidas en el paganismo, y misteriosamente salvadas por la iluminación de !a Fe, deben esto a sus ángeles de la guarda. Lo sabremos el día en que se haga la cuenta universal, del paso de los hombres y mujeres por la tierra.

Pero lo vislumbramos ya, desde ahora, siguiendo el pensamiento de los teólogos, sobre la salvación de las personas que no creen en Dios, o que no lo conocen, pero que guardan la ley natural. El ministerio de los ángeles, juega en ellos un papel principal.

Este ángel nuestro, nos acompaña siempre, no nos abandona jamás en esta vida. En la otra, para quienes hayan alcanzado la gloria, aún quedan vinculados a su triunfo. Todos los hombres y mujeres tienen su ángel custodio.

Pero además, lo tienen los reinos v comarcas. De San Miguel, como ángel del pueblo de Dios, se habla en el libro del profeta Daniel. Y el pueblo gentil de los persas, tenía su ángel. Así podemos aceptar la doctrina de San Jerónimo, que nos dice que, "cuando el Altísimo separaba a las razas, y se constituían los términos de cada pueblo, numeraba los ángeles que les habían de custodiar".

Y si esto se dice de los pueblos, lo diremos, con tanta mayor razón de la Iglesia Católica, difundida de Oriente a Occidente, y de las Iglesias particulares, de las diócesis y colectividades religiosas.

Los ángeles custodios, deben ser venerados e invocados SIEMPRE.

Oración: ¡Oh Dios, que con inefable providencia, te has dignado enviar a tus santos ángeles, para nuestra guarda!, concede a los que te pedimos, el vernos defendidos por su protección, y gozar eternamente de su compañía y amistad. Que el ángel custodio de nuestras naciones, NOS proteja y NOS consuele, y que NUNCA seamos motivo de su tristeza. Por Cristo nuestro Señor. Así sea. Amén.


Feliz fiesta de los Ángeles custodios Ángel santo de la guarda, compañero de mi vida, tú que nunca me abandonas, ni de noche ni de día.   Aunque espíritu invisible, sé que te hallas a mi lado, escuchas mis oraciones y cuentas todos mis pasos.   En las sombras de la noche, me defiendes del demonio, tendiendo sobre mi pecho tus alas de nácar y oro.   Ángel de Dios, que yo escuche tu mensaje y que lo siga, que vaya siempre contigo hacia Dios, que me lo envía.



jueves, 1 de octubre de 2020

 1 de Octubre

SANTA TERESITA DEL NIÑO JESUS Y DE LA SANTA FAZ



(1873-1897)

"La Florecita", "Santa Teresita de Lisieux"

Carmelita. Patrona de las misiones

Doctora de la Iglesia

Breve

Nació en Alençon (Francia), en el año 1873. Siendo aún muy joven, ingresó en el monasterio de las carmelitas de Lisieux, ejercitándose sobre todo en la humildad, la sencillez evangélica y la confianza en Dios, virtudes que se esforzó en inculcar, de palabra y de obra en las novicias.

A los 23 años enfermó de tuberculosis; murió un año más tarde, en brazos de sus hermanas del Carmelo. En sus momentos postreros, mantuvo correspondencia con dos padres misioneros, uno de ellos enviado a Canadá, y el otro a China, y les acompañó constantemente con sus oraciones. Por eso, Pío XII quiso asociarla en 1927, a San Francisco Javier, como patrona de las misiones.

Murió el día 30 de septiembre del año 1897, ofreciendo su vida por la salvación de las almas, y por el incremento de las vocaciones de la Iglesia. Es patrona de las misiones y doctora de la Iglesia.

Oración de Santa Teresita del Niño Jesús

Vivir de Amor, es darse sin medida,

sin reclamar salario aquí en la tierra.

Yo me doy sin cuenta, bien segura,

de que en el Amor, el cálculo no entra.


Lo he dado todo al corazón divino,

que rebosa de ternura; nada me queda ya,

y así corro ligera, ya que mi única riqueza es,

y por siempre será, vivir de Amor.


Vivir de Amor, oh, que locura extraña,

me dice el mundo; cese ya tu canto.

No pierdas tus perfumes, no derroches tu vida,

aprende a utilizarlos con ganancia.


Jesús, amarte es pérdida fecunda,

tuyos son mis perfumes para siempre.

Al salir de este mundo, cantar quiero,

y así morir de Amor.


Morir de Amor, dulcísimo martirio,

y es el martirio que sufrir quisiera.

Este será mi cielo y mi destino:

¡Vivir de Amor!.


Sus Reflexiones

El centro de su espiritualidad, fue la Misericordia, o Amor de Dios. Por encima de todo, enfatiza siempre a la misericordia divina, ante la cual confía y nada hay que temer.

En el Carmelo vivió dos misterios: la infancia de Jesús y su pasión. Por ello, solicitó llamarse, sor Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz. Se ofreció a Dios como su instrumento.

Comprendió que la vida cristiana, no consiste en una serie de grandes empresas, sino de recorrer de buena gana y con buen ánimo «el camino del niño, que se duerme sin miedo, en los brazos de su padre».

RECEMOS JUNTO A SANTA TERESITA

¡Santa Teresa del Niño Jesús!. Durante tu corta vida en la tierra, llegaste a ser espejo de pureza angélica, de amor fuerte como el sol, y de total abandono en manos de Dios.

Ahora que gozas de las recompensas de tus virtudes, vuelve hacia mí, tus ojos de misericordia, pues yo pongo toda mi confianza en tí.

Obtén para mí, la gracia de guardar mi mente y corazón limpios como los tuyos, y que aborrezca sinceramente, cuanto pueda de alguna manera, empañar la gloriosa virtud de la pureza, tan querida de nuestro Señor.

Encantadora rosa y reinecita, recuerda tus promesas, de que jamás dejarías sin atender, ninguna petición que te hiciera, que enviarías una lluvia de rosas, y vendrías a la tierra para hacer el bien.

Con la confianza que me inspira, tu poder ante el Sagrado Corazón, imploro tu intercesión en mi provecho, y me concedas esta gracia que yo tanto deseo. (Menciona lo que deseas para tí y tu familia).

Santa "Teresita", recuerda tu promesa, de "hacer el bien en la tierra", y que enviarías "una lluvia de rosas", sobre quienes te invoquen. Obtén para mí de parte de Dios, las gracias que quiero, de su infinita bondad. Que yo experimente, el poder de tus oraciones en cualquier necesidad.

Consuélame en todas las amarguras de la vida presente, en especial, cuando me llegue la hora de la muerte, para que yo sea digno, de tener parte en la felicidad eterna, de la que tú disfrutas en el cielo. Amén.

Oración final

Padre celestial, por medio de Santa Teresa del Niño Jesús, quieres recordar al mundo, el amor misericordioso que llena tu Corazón, y que pongamos en Él, nuestra confianza, como los niños en sus padres.

Humildemente te damos gracias, por haber coronado de tanta gloria, a tu hija Teresa siempre fiel, y por haberle dado, el admirable poder de acercar a Tí, día tras día, a innumerables almas, para que te alaben eternamente.

¡Oh Señor!. Tú dijiste: "Si no vuelven a ser como niños, no podrán entrar en el Reino de los Cielos" (Mt 18,3). Concédenos, te rogamos, seguir las huellas de tu virgen Teresa, con humildad y pureza de intención, para que podamos alcanzar los premios eternos. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.