viernes, 17 de mayo de 2019


Sexta Feria, 17 de Mayo

San Pascual Bailón


San Pascual Bailón adorando la Eucaristía
Oleo, Bernardo López Piquer

Religioso Franciscano, 1540- 1592

Declarado Patrono de los Congresos Eucarísticos, y Asociaciones Eucarísticas


Breve
Sobresalió por su devoción a la Virgen, y por su amor a la Eucaristía. El amor de su vida, fué la Sagrada Eucaristía.

Entre los milagros que se le atribuyen destacan: la multiplicación del pan para los pobres, la curación de enfermos, el don de profecía, y el que narra cómo de una piedra, salió agua para unos pobres.

Declarado Patrono de los Congresos Eucarísticos, y Asociaciones Eucarísticas, por León XIII, por el breve apostólico Providentissimus, del 28 de noviembre de 1897.
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Hijo de humildes campesinos, Martín Bailón e Isabel Yubero, Pascual nació el 16 de mayo de 1540, en Torrehermosa, Aragón (España). Es el segundo de seis hermanos. Le llamaron Pascual, porque nació en la vigilia de Pentecostés. Desde los 7 hasta los 24 años, trabajó como pastor de ovejas.

Tal era su amor a la Eucaristía, que el dueño del rebaño, decía que el mejor regalo que podía ofrecerle al niño, era permitirle asistir algún día entre semana, a la Santa Misa.

Desde el campo donde pastoreaba, alcanzaba a ver el campanario de la iglesia del pueblo. De vez en cuando, se arrodillaba para adorar al Santísimo Sacramento, desde lejos.

Un día, mientras el sacerdote consagraba la Sagrada Eucaristía, otros pastores le oyeron gritar: "¡Ahí viene!, ¡allí está!". Cayó de rodillas. Había visto a Jesús, venir en aquel momento.

Se le apareció el Señor en varias ocasiones, en forma de viril - caja de cristal con un pequeño cerco de oro o dorado, que encerraba la hostia consagrada en la misa, y se coloca en la custodia para su exposición, o que guarda reliquias y se coloca en un relicario - o de estrella luminosa.

Desde niño, hacía duras penitencias, como andar descalzo por caminos pedregosos. Cuando alguna oveja, pasaba al potrero del campo vecino, pagaba a éste de su escaso salario, por el pasto que la oveja se había comido.

Entra con los Franciscanos
A los 24 años, ingresó en el convento de los frailes menores (franciscanos), de Alvatera. Al principio, no lo aceptaron por su escasa instrucción. Apenas había aprendido a leer, para rezar el pequeño oficio de la Santísima Virgen María, que llevaba siempre mientras pastoreaba. Sus oraciones favoritas eran, a Jesús Sacramentado, y a la Santísima Virgen.

Los franciscanos le asignaron oficios humildes. Fue portero, cocinero, mandadero y barrendero.

Su tiempo libre, lo dedicaba a la adoración Eucarística, de rodillas con los brazos en cruz. Por las noches pasaba horas, ante el Santísimo Sacramento. Continuaba su adoración, tarde en la noche, y por la madrugada, estaba en la capilla antes que los demás.

Hablaba poco, pero cuando se trataba de la Sagrada Eucaristía, lo inspiraba el Espíritu Santo. Siempre estaba alegre, pero nunca se sentía tan contento, como cuando ayudaba en la Misa, o cuando podía quedarse un rato orando, ante el Sagrario del altar. Al llegar a un pueblo, iba primero a la iglesia, y allí se quedaba por un buen tiempo de rodillas, adorando a Jesús Sacramentado.

En una ocasión, un hermano religioso, se asomó por la ventana, y vio a Pascual danzando, ante una imagen de la Santísima Virgen, y le iba diciendo: "Señora: no puedo ofrecerte grandes cualidades, porque no las tengo, pero te ofrezco mi danza campesina en tu honor". El religioso pudo ver, que el santo rebosaba de alegría.

Pascual compuso bellas oraciones, al Santísimo Sacramento. El Arzobispo San Luis de Rivera, al leerlas exclamó admirado: "Estas almas sencillas, sí que se ganan los mejores puestos en el cielo. Nuestras sabidurías humanas, valen poco, si se comparan con la sabiduría divina, que Dios concede a los humildes".

Le enviaron a París, a entregar una carta al general de la orden. En el camino defendió a la Eucaristía, frente a las herejías de un predicador calvinista, por lo que casi lo mata, una turba de Hugonotes. Él se alegró, por haber tenido el honor de sufrir, por su fidelidad al Señor, y no se quejó.

Aunque Pascual apenas sabía leer y escribir, era capaz de expresarse con gran elocuencia, sobre la presencia de Jesús en la Eucaristía. Tenía el don de la ciencia infusa. Sus maestros se quedaban asombrados, de la precisión con que respondía, a las más difíciles preguntas de teología.

Le dedicaron este verso:

De ciencia infusa dotado,
"siendo lego sois Doctor,
Profeta y Predicador,
Teólogo consumado... "

Se destacó por su humildad, y amor a los pobres y afligidos. Era famoso por sus milagros, y su don para llevar a las almas a Cristo. Martín Crespo relató, como el santo le había librado de su determinación, de vengarse de los asesinos de su padre. Habiendo escuchado el Viernes Santo, el sermón sobre la pasión, sus amigos le exhortaban a perdonar. Él se mantenía inamovible. Entonces Pascual, lo tomó del brazo, lo llevó a un lado, y le dijo: "Mi hijo, ¿No acabas de ver la representación de la pasión de Nuestro Señor?".

"Entonces -escribe Martín- con una mirada que penetró mi alma me dijo: "Por el amor de Jesús Crucificado, mi hijo, perdónalos".
"Si, Padre", contesté, bajando mi cabeza, y llorando. “"Por el amor de Dios, yo los perdono con todo mi corazón". Ya no me sentí la misma persona".

Cuando estaba moribundo, oyó una campana, y preguntó: "¿De qué se trata?". "Están en la elevación en la Santa Misa". "¡Ah qué hermoso momento!", y partió a los cielos, en aquel preciso momento. Era el 15 de Mayo de 1592, el Domingo de Pentecostés, en Villareal de los Infantes, España.

Durante su misa, tenían el ataúd descubierto, y en el momento de la doble elevación, los presentes vieron, que abrió y cerró por dos veces sus ojos. Su cuerpo, aun después de muerto, manifestó su amor a la Eucaristía.

Eran tantos los que querían despedirse de él, que lo tuvieron expuesto por tres días.

Hizo muchos milagros, después de su muerte.

Beatificado el 29 de Octubre de 1618 por el Papa Pablo V
Canonizado el 16 de Octubre de 1690, por el Papa Alejandro VIII

Declarado Patrono de los Congresos Eucarísticos, y Asociaciones Eucarísticas, por León XIII, por el breve apostólico Providentissimus, del 28 de noviembre de 1897.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos por los méritos e intercesión, del querido San Pascual Baylon, un inmenso amor por la Sagrada Eucaristía, un fervor muy grande, en nuestras frecuentes visitas al Santísimo, y una gran estima por la Santa Misa. A Tí Señor, que consagraste el Pan y el Vino, en tu Santísimo Cuerpo y tu Santísima Sangre, en la noche de la agonía. Amén.



jueves, 16 de mayo de 2019


Quinta Feria, 16 de mayo

SAN SIMÓN STOCK
 († 1265)



"Este será el privilegio para ti, y para todos los carmelitas: que quien muriere con este escapulario, no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriere, se salvará"

“Eran como abejas del Señor, en las colmenas de sus celdas, fabricando miel de dulzura espiritual”

Breve
Santo Carmelita del siglo XIII, general de la orden, quien recibió de la Virgen del Carmen, el escapulario en 1246.

La información del escapulario se puede leer aquí:

Para entender lo referente a la comunidad Carmelita:

Dos títulos tiene San Simón Stock, que le hacen acreedor a nuestra especial atención. Él fue, a mediados del siglo XIII, el principal artífice, de la presente estructura de la Orden del Carmen, antes puramente eremítica, y después asociada a las órdenes religiosas mendicantes, consagradas al apostolado. Él es sobre todo, quien recibió de la Santísima Virgen, el santo escapulario.

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BARTOLOMÉ M. XIBERTA, Orden Carmelita

Nació en Inglaterra.

Desde mediados del siglo XIV, las fuentes le aplican el sobrenombre "Stock", con el cual relacionan, el singular género de vida, que habría observado antes de entrar en el Carmelo.

Dice así, la larga redacción del Santoral: "Antes de la llegada de los carmelitas a Inglaterra, los esperó con espíritu profético, llevando vida solitaria en el tronco de un árbol: de ahí el nombre de Simón Stock con que es llamado". Esta sobria noticia, supone todo un poema de ascetismo, que los biógrafos posteriores, intentaron poner de relieve, con piadosas amplificaciones.

Pero hay un documento, que nos invita más bien, a contar a San Simón, entre los cruzados y peregrinos, que por aquellos tiempos, tomaron el hábito en el mismo Carmelo, atraídos por la vida de oración, que llevaban los solitarios del santo monte, "como abejas del Señor, en las colmenas de sus celdas, fabricando miel de dulzura espiritual", según hermosa frase de Jaime de Vitry († 1240).

En efecto, el dominico Gerardo de Fracheto, contemporáneo de nuestro Santo, después de contar una aparición, del Beato Jordano de Sajonia, a un religioso carmelita, acaecida en 1237, nota: "Esto lo contaron a nuestros religiosos, el mismo que tuvo la visión, y el prior de la misma Orden, el hermano Simón, varón pío y veraz". Con esta noticia, concordaría el Viridarium de Juan Grossi, que extiende el generalato de San Simón, del año 1200 al 1250.

Por ahora, no estamos en grado, ni de escoger entre las dos versiones, ni de concordarlas razonablemente.

Con el agravarse de la situación, de los cristianos en Palestina, después de la tregua pactada por Federico II, con el sultán de Egipto (1229), los ermitaños carmelitas se encontraron, frente al urgente dilema de, o bien exponerse a la extinción, en una tierra que iba quedando a merced de los mahometanos, o bien probar la aventura de un traslado a Europa.

Algunos, los más perfectos (dice Grossi), tenían miedo a tal aventura, por el peligro que encerraba, de una alteración del propio espíritu; pero las graves razones aducidas, hicieron prevalecer la opinión contraria, que fue reforzada con una aparición de la Santísima Virgen (Guillermo de Sanvico). Así en el año 1238, empezó con carácter sistemático, la emigración de numerosos carmelitas, a los diversos países de Europa.

A Inglaterra se dirigieron dos expediciones, patrocinadas respectivamente, por los barones Guillermo Vescy y Ricardo Grey, y presididas por los venerables religiosos, Radulfo Fresburri, e Ivo el Bretón, dando como primer resultado, el establecimiento de dos conventos eremíticos, el primero en Hulne, cerca de Alnwic, y el segundo en Aylesford, en el condado de Kent.

Esto sucedía entre los años 1241 y 1242. Fue entonces, según la primera versión antes mencionada, cuando Simón Stock, aureolado ya con la fama de eximia santidad, "dejó la vida solitaria, y entró con gran devoción, en la Orden de los Carmelitas, que desde hacía mucho tiempo esperaba, ilustrado por divina inspiración".

Ahora iba a ofrecerse a nuestro Santo, un campo muy vasto, en donde manifestar los dones recibidos de Dios. En 1245, se celebraba, precisamente en Aylesford, un Capítulo general, el primero reunido en Europa, y en él Simón Stock era llamado "milagrosamente", al oficio de prior general, oficio que sólo entonces adquiría pleno sentido, pues antes, el prior del monte Carmelo era la suprema autoridad.

La Orden sufría, en toda su gravedad, las consecuencias del traslado a Europa. En el nuevo ambiente, no encontraban la amorosa acogida, que seguramente habían esperado, y que tan necesaria era, para empezar a echar raíces.

Por otra parte, la experiencia demostraba, que no era fácil conservar el tenor de vida, contemplado en la Regla de San Alberto, y con ardiente amor abrazado, por los venerables moradores del Carmelo.

Simón Stock afrontó heroicamente ambas dificultades. Respecto a la primera, se esforzó por acrecentar la estima hacia la Orden, con repetidos recursos al papa Inocencio IV, y también a los próceres seculares.

De hecho desde 1247 a 1252, consiguió del papa Inocencio IV, tres preciosas cartas de recomendación, que debieron contribuir no poco, a la consolidación de la Orden, y en diciembre de 1252, otra del rey de Inglaterra Enrique III.

En orden a la segunda dificultad, impetró del mismo Inocencio IV, una audaz reforma de la Regla, que permitiera vivir a los carmelitas en las ciudades, y participar en el servicio de las almas.

Pero esta reforma, suscitó en el seno de la Orden, un hondo descontento, que venía a agravar todavía más, la situación tan comprometida, por la hostilidad exterior. De este descontento, tenemos la prueba en una amarga requisitoria, que compuso el sucesor de nuestro Santo, Nicolás el Francés, y en las frecuentes deserciones de religiosos, que buscaban en otras Ordenes, mayor garantía de salvación.

En este momento histórico, tuvo lugar el episodio culminante, de la vida de San Simón Stock: la visión del santo escapulario, testificada por el antiguo Santoral, y parcialmente corroborada, por la crónica de Guillermo de Sanvico. La relación más antigua, está concebida en estos términos: .

 "San Simón... suplicaba constantemente, a la gloriosísima Madre de Dios, que ella diera, alguna muestra de su protección, a la Orden de los carmelitas, pues goza en grado singular, del título de la misma Virgen, diciendo con toda devoción:



“Flor del Carmelo, vid florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular; oh Madre dulce, de varón no conocida, a los carmelitas da privilegios, estrella del mar”. Se le apareció la bienaventurada Virgen, acompañada de una multitud de ángeles, llevando en sus benditas manos, el escapulario de la Orden, y diciendo estas palabras: "Este será el privilegio, para ti y para todos los carmelitas: que quien muriere con él, no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriere, se salvará".

Tal fue la gran promesa, que originariamente era una exhortación a la perseverancia, dirigida a los descorazonados carmelitas, pero pronto fue acogida en toda la Iglesia, como una de las manifestaciones supremas, de la maternidad universal de María.

Lo restante de la vida de San Simón, se confunde con la historia de la Orden del Carmen, historia de fundaciones y de gracias pontificias, índice de la casi definitiva consolidación en Europa, la gran obra que Dios le reservara.

Después de veinte años de gobierno, según un códice de Bamberga muy autorizado, por tanto, en 1265, murió en el convento de Burdeos, el día 16 de mayo, (o de marzo según algunos códices).

La fama de santidad, que le había acompañado en vida, se acrecentó después de su muerte. En los documentos, su nombre nunca aparece, sin el dictado de santo, y repetidamente, se recuerda el don de hacer milagros. Su culto desde antiguo, fue muy ferviente en Burdeos, donde se veneraban, y se veneran aún, sus reliquias.

Una circunstancia providencial, impidió que fuesen profanadas, en tiempo de la Revolución Francesa. Su venerada cabeza, fue solemnemente trasladada en el año 1951, al convento de Aylesford, recientemente recuperado, y allí es hoy meta de frecuentes peregrinaciones.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste en Europa a San Simon Stock, a imitación del profeta San Elías, en el Monte Carmelo, haz que por sus méritos e intercesión, sepamos transfigurar nuestras vidas, destruyendo todos los ídolos que nos cercan y atormentan, para así adorarte sólo a Tí, y estar atentos a la menor insinuación, de tu Divino Espíritu en nuestro corazón. A Tí Señor, que en el monte Tabor, te transfiguraste ante tres de los Apóstoles, revelando tu Majestad antes de tu Pasión. Amén.


Segunda Feria, 13 de Mayo

Santos Francisco y Jacinta Marto


Videntes de Fátima
Cuerpos incorruptos

En Aljustrel, pequeño pueblo, situado a unos ochocientos metros de Fátima, Portugal, nacieron los pastorcitos que vieron a la Virgen María: Francisco y Jacinta, hijos de Manuel Pedro Marto, y de Olimpia de Jesús Marto. También nació allí, la mayor de los videntes, Lucía, de la que hablaremos mas tarde.

Francisco nació el día 11 de junio de 1908; Jacinta nació el día 11 de marzo de 1910.

Desde muy temprana edad, Jacinta y Francisco, aprendieron a cuidarse de las malas relaciones, y por tanto preferían la compañía de Lucía, prima de ellos, quien les hablaba de Jesucristo. Los tres pasaban el día juntos, cuidando de las ovejas, rezando y jugando.

Entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917, a Jacinta, Francisco y Lucía, les fue concedido el privilegio de ver a la Virgen María, en el Cova de Iría. A partir de esta experiencia sobrenatural, los tres se vieron cada vez más inflamados, por el amor de Dios y de las almas, que llegaron a tener una sola aspiración: rezar y sufrir, de acuerdo con la petición de la Virgen María. Si fue extraordinaria, la medida de la benevolencia divina para con ellos, extraordinaria fue también, la manera como ellos quisieron corresponder a la gracia divina.

Los niños no se limitaron únicamente, a ser mensajeros del anuncio de la penitencia y de la oración, sino que dedicaron todas sus fuerzas, para ser de sus vidas un anuncio, mas con sus obras, que con sus palabras. Durante las apariciones, soportaron con espíritu inalterable, y con admirable fortaleza, las calumnias, las malas interpretaciones, las injurias, las persecuciones, y hasta algunos días de prisión.

Durante aquel momento tan angustioso, en que fueron amenazados de muerte, por las autoridades de gobierno, si no declaraban falsas a las apariciones, Francisco se mantuvo firme, para no traicionar a la Virgen, infundiendo este valor, a su prima y a su hermana.

Cuantas veces les amenazaban con la muerte, ellos respondían: "Si nos matan no importa; vamos al cielo". Por su parte, cuando a Jacinta se la llevaban, supuestamente para matarla, con espíritu de mártir, les indicó a sus compañeros, "No se preocupen, no les diré nada; prefiero morir antes que eso".

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Santo Francisco (6-11-1908 / 4-4-1919)

Francisco era de carácter dócil y condescendiente. Le gustaba pasar el tiempo, ayudando al necesitado. Todos lo reconocían como un muchacho sincero, justo, obediente y diligente.

Las palabras del Ángel, en su tercera aparición: "Consolad a vuestro Dios", hicieron una profunda impresión, en el alma del pequeño pastorcito. Él deseaba consolar a Nuestro Señor y a la Virgen, que le había parecido estaban tan tristes.

En su enfermedad, Francisco confió a su prima: "¿Nuestro Señor aún estará triste?. Tengo tanta pena de que Él esté así. Le ofrezco cuanto sacrificio yo pueda".

En la víspera de su muerte, se confesó y comulgó, con los mas santos sentimientos. Después de 5 meses, de casi continuo sufrimiento, el 4 de abril de 1919, primer viernes, a las 10:00 am., murió santamente el consolador de Jesús.

Santa Jacinta: (3-10-1910/ 2-20-1920)
Jacinta era de clara inteligencia; ligera y alegre. Siempre estaba corriendo, saltando o bailando. Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión, tanto le impresionó. Una vez exclamó: “¡Qué pena tengo de los pecadores!  ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno!”.

Murió santamente, el 20 de febrero de 1920. Su cuerpo reposa, junto con el del Santo Francisco, en el crucero de la Basílica, en Fátima.
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Jacinta y Francisco, siguieron su vida normal, después de las apariciones. Lucía empezó a ir a la escuela, tal como la Virgen se lo había pedido, y Jacinta y Francisco, iban también para acompañarla. Cuando llegaban al colegio, pasaban primero por la Iglesia, para saludar al Señor.

Mas cuando era tiempo de empezar las clases, Francisco, conociendo que no habría de vivir mucho en la tierra, le decía a Lucía, "Vayan ustedes al colegio, yo me quedaré aquí, con Jesús, escondido. ¿Qué provecho me hará aprender a leer, si pronto estaré en el Cielo?". Dicho esto, Francisco se iba tan cerca como le era posible del Tabernáculo. Cuando Lucía y Jacinta regresaban por la tarde, encontraban a Francisco en el mismo lugar, en profunda oración y adoración.

De los tres niños, Francisco era el contemplativo, y fue tal vez, el que más se distinguió, en su amor reparador a Jesús, en la Eucaristía. Después de la comunión, recibida de manos del Ángel, decía: "Yo sentía que Dios estaba en mí, pero no sabía como era". 

En su vida, se resalta la verdadera y apropiada devoción católica a los ángeles, a los santos, y a María Santísima. Él se quedó asombrado, por la belleza y la bondad del ángel, y de la Madre de Dios, pero él no se quedó ahí. Ello lo llevó a encontrarse con Jesús. Francisco quería ante todo, consolar a Dios, tan ofendido por los pecados de la humanidad. Durante las apariciones, era esto lo que impresionó al joven.

Mas que nada, Francisco quería ofrecer su vida, para aliviar al Señor, a quien él había visto tan triste, tan ofendido. Incluso, sus ansias de ir al cielo, fueron motivadas únicamente, por el deseo de poder consolar mejor a Dios. Con firme propósito, de hacer aquello que agradase a Dios, evitaba cualquier especie de pecado, y con siete años de edad, comenzó a aproximarse frecuentemente, al Sacramento de la Penitencia.

Una vez, Lucía le preguntó, "Francisco, ¿qué prefieres más, consolar al Señor, o convertir a los pecadores?". Y él respondió: "Yo prefiero consolar al Señor. ¿No viste que triste estaba Nuestra Señora, cuando nos dijo, que los hombres no deben ofender mas al Señor, que está ya tan ofendido?. A mí me gustaría consolar al Señor, y después convertir a los pecadores, para que ellos no ofendan más al Señor". Y siguió, "Pronto estaré en el cielo. Y cuando llegue, voy a consolar mucho a Nuestro Señor, y a Nuestra Señora".

A través de la gracia que había recibido, y con la ayuda de la Virgen, Jacinta, tan ferviente en su amor a Dios, y su deseo de las almas, fue consumida por una sed insaciable, de salvar a las pobres almas del peligro del infierno.

La gloria de Dios, la salvación de las almas, la importancia del Papa y de los sacerdotes, la necesidad y el amor por los sacramentos - todo esto era de primer orden en su vida. Ella vivió el mensaje de Fátima, para la salvación de las almas alrededor del mundo, demostrando un gran espíritu misionero.

Jacinta tenía una devoción muy profunda, que la llevó a estar muy cerca del Corazón Inmaculado de María. Este amor la dirigía siempre, y de una manera profunda, al Sagrado Corazón de Jesús.

Jacinta asistía a la Santa Misa diariamente, y tenía un gran deseo, de recibir a Jesús en la Santa Comunión, en reparación por los pobres pecadores. Nada le atraía más, que el pasar tiempo, en la Presencia Real de Jesús Eucarístico. Decía con frecuencia, "Cuánto amo el estar aquí, es tanto lo que le tengo que decir a Jesús".

Con un celo inmenso, Jacinta se separaba de las cosas del mundo, para dar toda su atención, a las cosas del cielo. Buscaba el silencio y la soledad, para darse a la contemplación. "Cuánto amo a nuestro Señor”, decía Jacinta a Lucía, "a veces siento, que tengo fuego en el corazón, pero que no me quema". Desde la primera aparición, los niños buscaban como multiplicar sus mortificaciones.

No se cansaban de buscar, nuevas maneras de ofrecer sacrificios por los pecadores. Un día, poco después de la cuarta aparición, mientras caminaban, Jacinta encontró una cuerda, y propuso el ceñir la cuerda a la cintura, como sacrificio.

Estando de acuerdo, cortaron la cuerda en tres pedazos, y se la ataron a la cintura sobre la carne. Lucía cuenta después, que éste fue un sacrificio que los hacía sufrir terriblemente, tanto así, que Jacinta apenas podía contener las lágrimas. Pero si se le hablaba de quitársela, respondía enseguida que de ninguna manera, pues esto servía, para la conversión de muchos pecadores.

Al principio llevaban la cuerda de día y de noche, pero en una aparición, la Virgen les dijo: "Nuestro Señor, está muy contento de vuestros sacrificios, pero no quiere que durmáis con la cuerda. Llevadla solamente durante el día".

Ellos obedecieron, y con mayor fervor, perseveraron en esta dura penitencia, pues sabían que agradaban a Dios, y a la Virgen. Francisco y Jacinta, llevaron la cuerda hasta en la última enfermedad, durante la cual aparecía manchada en sangre.

Jacinta sentía además, una gran necesidad, de ofrecer sacrificios por el Santo Padre. A ella se le había concedido el ver, en una visión, los sufrimientos tan duros del Sumo Pontífice. Ella cuenta: "Yo lo he visto, en una casa muy grande, arrodillado, con el rostro entre las manos, y lloraba. Afuera había mucha gente; algunos tiraban piedras, otros decían imprecaciones y palabrotas".

En otra ocasión, mientras que en la cueva del monte, rezaban la oración del Ángel, Jacinta se levantó precipitadamente, y llamó a su prima: "¡Mira!. ¿No ves muchos caminos, senderos y campos, llenos de gente que llora de hambre, y no tienen nada para comer... Y al Santo Padre, en una iglesia, al lado del Corazón de María, rezando?".

Desde estos acontecimientos, los niños llevaban en sus corazones al Santo Padre, y rezaban constantemente por él. Incluso, tomaron la costumbre de ofrecer tres Ave Marías por él, después de cada rosario que rezaban.

La Virgen María, no dejaba de escuchar, las ferviente súplicas de estos niños, respondiéndoles a menudo de manera visible. Tanto Francisco como Jacinta, fueron testigos de hechos extraordinarios:

En un pueblo vecino, a una familia le había caído la desgracia, del arresto de un hijo, por una denuncia que le llevaría a la cárcel, si no demostrase su inocencia. Sus padres, afligidísimos, mandaron a Teresa, la hermana mayor de Lucía, para que le suplicara a los niños, que les obtuvieran de la Virgen, la liberación de su hijo. Lucía, al ir a la escuela, contó a sus primos lo sucedido.

Dijo Francisco, "Vosotras vais a la escuela, y yo me quedaré aquí, con Jesús, para pedirle esta gracia". En la tarde, Francisco le dice a Lucía, "Puedes decirle a Teresa, que haga saber, que dentro de pocos días, el muchacho estará en casa". En efecto, el 13 del mes siguiente, el joven se encontraba de nuevo en casa.

En otra ocasión, había una familia, cuyo hijo había desaparecido como pródigo, sin que nadie tuviera noticia de él. Su madre le rogó a Jacinta, que lo recomendara a la Virgen.

Algunos días después, el joven regresó a casa, pidió perdón a sus padres, y les contó su trágica aventura. Después de haber gastado cuanto había robado, había sido arrestado, y metido en la cárcel. Logró evadirse, y huyó a unos bosques desconocidos, y poco después, se halló completamente perdido. No sabiendo a qué punto dirigirse, llorando, se arrodilló y rezó. Vio entonces a Jacinta, que le tomó de una mano, y le condujo hasta un camino, donde le dejó, indicándole que siguiese el sendero.

De esta forma, el joven pudo llegar hasta su casa. Cuando después interrogaron a Jacinta, si realmente había ido a encontrase con el joven, repuso que no, pero que sí había rogado mucho a la Virgen por él.

Ciertamente que los prodigiosos acontecimientos, de los que estos niños fueron protagonistas, hicieron que todo el mundo se volvieran hacia ellos, pero ellos se mantenían sencillos y humildes. Cuanto más eran buscados por la gente, tanto más procuraban ocultarse.

Un día que se dirigían tranquilamente hacia la carretera, vieron que se paraba un gran auto delante de ellos, con un grupo de señoras y señores, elegantemente vestidos. "Mira, vendrán a visitarnos..." empezó Francisco. "¿Nos vamos?" pregunta Jacinta. "Imposible sin que lo noten," responde Lucía: "Sigamos andando, y veréis cómo no nos reconocen".

Pero los visitantes los paran: "¿Sois de Aljustrel?" "Sí, señores" responde Lucía. “¿Conocéis a los tres pastores, a los cuales se les ha aparecido la Virgen?". "Si los conocemos". "¿Sabrías decirnos dónde viven?". "Tomen ustedes este camino, y allí abajo, tuerzan hacia la izquierda", les contesta Lucía, describiéndoles sus casas. Los visitantes se marcharon, dándoles las gracias, y ellos contentos, corrieron a esconderse.

Ciertamente, Francisco y Jacinta, fueron muy dóciles a los preceptos del Señor, y a las palabras de la Santísima Virgen María. Progresaron constantemente en el camino de la santidad, y en breve tiempo, alcanzaron una gran y sólida perfección cristiana. Al saber por la Virgen María, que sus vidas iban a ser breves, pasaban los días en ardiente expectativa, de entrar en el cielo. Y de hecho, su espera no se prolongó.

El 23 de diciembre de 1918, Francisco y Jacinta, cayeron gravemente enfermos, por la terrible epidemia de bronco-neumonía, que abarcaba el mundo entero. Pero a pesar de que se encontraban enfermos, no disminuyeron en nada, el fervor en hacer sacrificios.

Hacia el final de febrero de 1919, Francisco desmejoró visiblemente, y del lecho en que se vio postrado, no volvió a levantarse. Sufrió con íntima alegría su enfermedad, y sus grandísimos dolores, en sacrificio a Dios. Como Lucía le preguntaba si sufría. Respondía: "Bastante, pero no me importa. Sufro para consolar a Nuestro Señor, y en breve iré al cielo".

El día 2 de abril, su estado era tal, que se creyó conveniente llamar al párroco. No había hecho todavía la Primera Comunión, y temía no poder recibir al Señor, antes de morir. Habiéndose confesado en la tarde, quiso guardar ayuno, hasta recibir la comunión. El siguiente día, recibió la comunión, con gran lucidez de espíritu y piedad, y apenas hubo salido el sacerdote, cuando preguntó a su madre, si no podía recibir al Señor nuevamente.

Después de esto, pidió perdón a todos, por cualquier disgusto que les hubiese ocasionado. A Lucía y Jacinta, les añadió: "Yo me voy al Paraíso; pero desde allí pediré mucho a Jesús y a la Virgen, para que os lleve también pronto allá arriba". Al día siguiente, el 4 de abril, con una sonrisa angelical, sin agonía, sin un gemido, expiró dulcemente. No tenía aún once años.

Jacinta sufrió mucho, por la muerte de su hermano. Poco después de esto, como resultado de la bronconeumonía, se le declaró una pleuresía purulenta, acompañada por otras complicaciones.

Un día, le declara a Lucía: "La Virgen ha venido a verme, y me preguntó si quería seguir convirtiendo pecadores. Respondí que sí, y Ella añadió que iré pronto a un hospital, y que sufriré mucho, pero que lo padezca todo, por la conversión de los pecadores, en reparación de las ofensas cometidas contra Su Corazón, y por amor de Jesús. Dijo que mamá me acompañará, pero que luego me quedaré sola". Y así fue.

Por orden del médico, fue llevada al hospital de Vila Nova, donde fue sometida a un tratamiento por dos meses. Al regresar a su casa, volvió como había partido, pero con una gran llaga en el pecho, que necesitaba ser medicada diariamente. Mas, por la falta de higiene, le sobrevino a la llaga, una infección progresiva, que le resultó a Jacinta un tormento. Era un martirio continuo, que sufría siempre sin quejarse. Intentaba ocultar todos estos sufrimientos, a los ojos de su madre, para no hacerla padecer mas. Y aún le consolaba, diciéndole que estaba muy bien.

Durante su enfermedad, confió a su prima: "Sufro mucho; pero ofrezco todo por la conversión de los pecadores, y para desagraviar al Corazón Inmaculado de María".

En enero de 1920, un doctor especialista, le insiste a la mamá de Jacinta, a que la llevasen al Hospital de Lisboa, para atenderla. Esta partida, fue desgarradora para Jacinta, sobre todo el tener que separarse de Lucía.

Al despedirse de Lucía, le hace estas recomendaciones: 'Ya falta poco para irme al cielo. Tú te quedas aquí, para decir que Dios quiere establecer en el mundo, la devoción al Inmaculado Corazón de María. Cuando vayas a decirlo, no te escondas.

Di a toda la gente, que Dios nos concede las gracias por medio del I.C. de María. Que las pidan a Ella, que el Corazón de Jesús, quiere que a su lado se venere, el I.C. de María; que pidan la paz al Inmaculado Corazón, que Dios la confió a Ella. Si yo pudiese meter en el corazón de toda la gente, la luz que tengo aquí dentro en el pecho, que me está abrazando, y me hace gustar tanto del Corazón de Jesús y del Corazón de María".

Su mamá pudo acompañarla al hospital, pero después de varios días, tuvo ella que regresar a casa, y Jacinta se quedó sola. Fue admitida en el hospital, y el 10 de febrero, tuvo lugar la operación. Le quitaron dos costillas del lado izquierdo, donde quedó una llaga ancha como una mano. Los dolores eran espantosos, sobre todo en el momento de la cura. Pero la paciencia de Jacinta, fue la de un mártir. Sus únicas palabras, eran para llamar a la Virgen, y para ofrecer sus dolores, por la conversión de los pecadores.

Tres días antes de morir, le dice a la enfermera, "La Santísima Virgen se me ha aparecido, asegurándome que pronto vendría a buscarme, y desde aquel momento me ha quitado los dolores”.

El 20 de febrero de 1920, hacia las seis de la tarde, ella declaró que se encontraba mal, y pidió los últimos Sacramentos. Esa noche hizo su última confesión, y rogó que le llevaran pronto el Viático, porque moriría muy pronto. El sacerdote no vio la urgencia, y prometió llevársela al día siguiente. Pero poco después, murió. Tenía diez años.

Antes de morir, Nuestra Señora se dignó aparecérsele varias veces. He aquí lo que ha dictado a su madrina.

Sobre los pecados:
-Los pecados que llevan más almas al infierno son los de la carne.
-Si los hombres supiesen lo que es la eternidad, harían todo por cambiar de vida. -Los hombres se pierden, porque no piensan en la muerte, ni hacen penitencia.

Sobre las guerras:
-Las guerras son consecuencia del pecado del mundo.
-Es preciso hacer penitencia, para que se detengan las guerras.

Sobre las virtudes cristianas:
-No debemos andar rodeados de lujos
-Ser amigos del silencio
-No hablar mal de nadie, y huir de quien habla mal.
-Tener mucha paciencia, porque la paciencia nos lleva al cielo
-La mortificación y el sacrificio, agradan mucho al Señor.

Tanto Jacinta como Francisco, fueron trasladados al Santuario de Fátima. Los milagros que fueron parte de sus vidas, también lo fueron después de su muerte. Cuando abrieron el sepulcro de Francisco, encontraron que el rosario, que le habían colocado sobre su pecho, estaba enredado entre los dedos de sus manos. Y a Jacinta, cuando 15 años después de su muerte, la iban a trasladar hacia el Santuario, encontraron que su cuerpo estaba incorrupto.

El 18 de abril de 1989, el Santo Padre, Juan Pablo II, declaró a Francisco y Jacinta Venerables.

El 13 de Mayo del 2000, el Santo Padre Juan Pablo II, los declaró beatos en su visita a Fátima, siendo los primeros niños no mártires en ser beatificados.

El lema de la beatificación:
"Contemplar como Francisco, y amar como Jacinta"

Testimonio Personal: Recuerdo que cuando era un niño, de sólo 11 años, ví en el colegio primario donde cursaba mis primeros estudios, el colegio San Francisco de Sales de Buenos Aires, Argentina, la película de la Virgen de Fátima. Me quedé impresionado, con el milagro del sol, que bailaba ante la multitud, y fué lo que más recordaba.

Luego cuando era joven, me interesó saber de los tres mensajes, estando aún el tercero sin revelar. Cuando llegué a la edad adulta, se reveló ese tercer misterio, aunque todos tenemos fundadas sospechas, que consta de dos partes, y que sólo se difundió la primera, referente al atentado contra el Papa Juan Pablo II, y que queda aún una parte del tercer misterio sin revelar.

Luego sobrevino, la consagración de Rusia al Sagrado Corazón de María, en unión de los obispos católicos y ortodoxos, lo que motorizó el fin de la guerra fría.

Sin embargo, viendo en retrospectiva todo, creo que lo más conmovedor e importante, ha sido compartir con todos ustedes, la vida de San Francisco y Jacinta. Siempre pensamos y sentimos como Iglesia, que el sacrificio de la Cruz de Jesucristo nos salvó del pecado, del mundo y de nosotros mismos, y que podíamos ofrecerlos por otras personas para su conversión, y en sufragio por las almas del purgatorio.

Pero nunca nos habíamos imaginado, que podíamos aliviar los sufrimientos de Jesús con los nuestros. Todo esto forma parte, del avance en la conciencia de la Iglesia, de que somos TODOS un cuerpo místico, en donde cada uno de nosotros, ocupa un lugar específico en él, y que de acuerdo a cómo nos comportemos, afectamos de manera positiva o negativa, ese Cuerpo Místico.

Que un niño haya querido “consolar a Jesús”, forma parte de un pensamiento revolucionario, que aún debe ser profundizado por los teólogos, en los tiempos por venir.

La otra reflexión importante, la hago en la otra página donde se encuentran las apariciones de la Virgen de Fátima.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste el Amor Angélico en tus hijos Jacinta y Francisco, haz que por sus méritos e intercesión, podamos nosotros CONVERTIRNOS y hacer PENITENCIA, y así poder consolarte con nuestras vidas, en tus diarios sufrimientos, por las ofensas terribles que recibes de nuestros hermanos, y de nosotros mismos. A Tí Señor, que siempre nos esperas al final del camino, como con la samaritana, y nos pides que aliviemos tu sed, con el cántaro de agua de vuestra propia vida. Amén.


miércoles, 15 de mayo de 2019


Cuarta Feria, 15 de Mayo.

SAN ISIDRO LABRADOR


Patrono de los agricultores y de Madrid, España
Cuerpo incorrupto. Resucitador. Taumaturgo

(1082-1172)

Breve
Nace en 1082. Su esposa, María de la Cabeza (Torribia), también es santa.
Cuerpo incorrupto. Descansa ahora en la Real Iglesia de San Isidro de Madrid, antiguo Colegio Imperial de Jesuitas.
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A finales del siglo XI, nace San Isidro en Madrid, en cuya parroquia de San Andrés, fue bautizado. Contrajo matrimonio en Torrelaguna, con María de la Cabeza.

San Isidro trabajó como jornalero agricultor. La tradición popular, conservó la memoria de su espíritu de oración, y de generosidad con los necesitados.

Se destaca por su amor a la Eucaristía, su devoción a la Santísima Virgen, y su caridad heroica, al servicio del pueblo, en especial los niños, los desvalidos, y los que sufren hambre de pan, y de alimento espiritual.

Murió el 30 de noviembre de 1172, con 90 años, y es sepultado en el cementerio de San Andrés, su parroquia. Cuarenta años después, en 1212, fue descubierto, por revelación divina, su cuerpo incorrupto.

Sus portentosos milagros, más de cuatrocientos, se estudiaron en su proceso de canonización. El hijo de San Isidro Labrador, Illán, muere al caer en un pozo, pero resucita por intercesión de su padre.

En otra ocasión, también devuelve a la vida a María de Vargas, hija de su patrón, y ahijada suya. También se le atribuye el milagro de los Ángeles, popularmente narrado, como que los ángeles araban el campo, mientras que San Isidro rezaba.

En las actas de la canonización, Iván de Vargas, vio cómo dos ángeles, ayudaban a Isidro a arar más rápido, tras haberse detenido éste anteriormente, a rezar en todas las parroquias, por las que pasaba de camino al trabajo.

San Isidro es Beatificado, por Paulo V, el 14 de junio de 1619, y fija la celebración de su fiesta, el 15 de Mayo.

Gregorio XV canoniza a San Isidro, el 12 de Marzo de 1622. Sin embargo, la muerte del Pontífice, hizo que se retrasara la expedición de la Bula de Canonización, de San Isidro "Rationi Congruit", hasta el 4 de junio de 1724, firmada por Benedicto XIII.

San Isidro es patrón de Madrid, desde 1212, y día de precepto, en la capital de España, desde 1621.

En 1769,el Rey Carlos III, ordena trasladar el cuerpo incorrupto de San Isidro, a la Real Iglesia de San Isidro de Madrid, antiguo Colegio Imperial de Jesuitas. Su cuerpo, se conserva incorrupto, en la catedral de Madrid.

El Papa Juan XXIII, extendió el patronazgo de San Isidro, a los agricultores y campesinos españoles, por Bula "Agri Culturam", dada en Roma, el 16 de diciembre de 1960.


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Oficio de lectura, 15 de Mayo, San Isidro Labrador
Sembrad siempre buenas obras
De los sermones de San Agustín, obispo
Sermón Morin 11, sobre las bienaventuranzas

Sed ricos en buenas obras, dice el Señor. Éstas son las riquezas que debéis ostentar, que debéis sembrar. Éstas son las obras, a las que se refiere el Apóstol, cuando dice que no debemos cansarnos de hacer el bien, pues a su debido tiempo, recogeremos.

Sembrad, aunque no veáis todavía lo que habéis de recoger. Tened fe, y seguid sembrando. ¿Acaso el labrador, cuando siembra, contempla ya la cosecha?. El trigo de tantos sudores, guardado en el granero, lo saca y lo siembra. Confía sus granos a la tierra. Y vosotros, ¿no confiáis vuestras obras, al que hizo el cielo y la tierra?.

Fijaos en los que tienen hambre, en los que están desnudos, en los necesitados de todo, en los peregrinos, en los que están presos. Todos éstos serán, los que os ayudarán, a sembrar vuestras obras en el cielo. La cabeza, Cristo, está en el cielo, pero tiene en la tierra sus miembros. Que el miembro de Cristo, dé al miembro de Cristo; que el que tiene, dé al que necesita.

Miembro eres tú de Cristo, y tienes que dar; miembro es él de Cristo, y tiene que recibir. Los dos vais por el mismo camino, ambos sois compañeros de ruta. El pobre camina agobiado; tú, rico, vas cargado. Dale parte de tu carga. Dale, al que necesita, la parte de lo que a ti te pesa. Tú te alivias, y a tu compañero le ayudas.

Oración: Dios y Señor nuestro, que en la humildad y sencillez de San Isidro Labrador, nos dejaste un ejemplo de vida escondida en Tí, concédenos que el trabajo de cada día, se multiplique en el tiempo, y humanice nuestro mundo, y sea al mismo tiempo, plegaria de alabanza a tu Santo Nombre. A Tí Señor, que multiplicaste los panes, y diste de comer hasta la saciedad a la multitud. Amén.



martes, 14 de mayo de 2019


Tercera Feria, 14 de mayo

San Matías

Apóstol


+64

Fue elegido por los Apóstoles, para ocupar el puesto de Judas, como testigo de la resurrección del Señor. Así lo atestiguan los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,15-26)

Siguió a Jesús, "desde que éste fue bautizado hasta su ascensión". Por este motivo, cuando Judas Iscariote desertó, y hubo necesidad, de completar el número de los doce Apóstoles, Pedro lo propuso, para que se uniera al grupo apostólico, y "se convirtiera, en testigo de la resurrección" del Señor. (Cf. Hechos 1, 15-26) 

"(Matías), después de Pascua, fue elegido en lugar del traidor. En la Iglesia de Jerusalén, se presentaron dos a la comunidad, y después sus nombres fueron echados a suerte: « José, llamado Barsabás, por sobrenombre el Justo, y Matías» (Hechos l, 23).  De este modo, «fue agregado al número de los doce apóstoles» (Hechos 1, 26).

No sabemos nada más de él, a excepción, de que fue testigo de la vida pública de Jesús, (Hechos de los Apóstoles 1, 21-22), siéndole fiel hasta el final.

"Sacamos de aquí una última lección: si bien en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros, nos corresponde contrabalancear, el mal que ellos realizan, con nuestro testimonio limpio de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador". -Benedicto XVI, 18 X 2006

Sus reliquias están en Tréveris (Alemania), ciudad de la que es patrono.

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Oficio de lectura, 14 de Mayo,
San Matías, Apóstol

Muéstranos, Señor, a cuál has elegido

De las homilías de San Juan Crisóstomo, Obispo, sobre el libro de los Hechos de los Apóstoles

Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie, en medio de los hermanos, y dijo a quien se había encomendado el rebaño de Cristo, siendo el primero en hablar, y llevado de su fervor, y de su primacía dentro del grupo: “Hermanos, tenemos que elegir uno, de entre nosotros”. Acepta el parecer de los reunidos, y al mismo tiempo, honra a los que son elegidos, e impide la envidia que se podía insinuar.

¿No tenía Pedro, facultad para elegir a quienes quisiera?. La tenía, sin duda, pero se abstiene de usarla, para no dar la impresión, de que obra por favoritismo. Por otra parte, Pedro aún no había recibido el Espíritu Santo.

Propusieron –dice el texto sagrado– dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías. No es Pedro quien propone los candidatos, sino todos los asistentes. Lo que sí hace Pedro, es recordar la profecía, dando a entender, que la elección no es cosa suya. Su oficio es el de intérprete, no el de quien impone un precepto.

Hace falta, por tanto, a uno de los que nos acompañaron. Fijaos qué interés tiene, en que los candidatos sean testigos oculares, aunque aún no hubiera venido el Espíritu.

Uno de los que nos acompañaron –precisa–, mientras convivió con nosotros, el Señor Jesús. Se refiere a los que han convivido con Él, y no a los que sólo han sido discípulos suyos. Es sabido, en efecto, que eran muchos, los que lo seguían desde el principio. Y así, vemos que dice el Evangelio: Era uno de los dos, que oyeron a Juan el Bautista, y siguieron a Jesús.

Y prosigue: Mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba. Con razón, señala este punto de partida, ya que los hechos anteriores, nadie los conocía por experiencia, sino que los enseñó el Espíritu Santo.
Luego continúa diciendo: Hasta el día de su ascensión, y como testigo de la resurrección de Jesús. No dice: «Testigo de las demás cosas», sino: Testigo de la resurrección de Jesús. Pues merecía mayor fe, quien podía decir: «El que comía, bebía y fue crucificado, este mismo ha resucitado».

No era necesario, ser testigo del período anterior, ni del siguiente, ni de los milagros, sino sólo de la resurrección. Pues aquellos otros hechos, habían sido públicos y manifiestos; en cambio, la resurrección se había verificado en secreto, y sólo estos testigos la conocían.

Todos rezan, diciendo: “Señor, tú penetras el corazón de todos, muéstranos”. «Tú, no nosotros». Llaman con razón, al que penetra todos los corazones, pues Él solo, era quien había de hacer la elección. Le exponen su petición: con toda confianza, dada la necesidad de la elección.

No dicen: «Elige», sino muéstranos a cuál has elegido, pues saben que todo ha sido prefijado por Dios. Echaron suertes. No se creían dignos de hacer por sí mismos la elección, y por eso prefieren atenerse a una señal.

Oración: Oh Dios Eterno, que quisiste incorporar a San Matías, al colegio de los Apóstoles, concédenos por sus méritos e intercesión, ser testigos de tu resurrección, sabiendo trabajar por tu Reino, con Paciencia, Amor y Misericordia. A Tí Señor, que dijiste que dichosos serán, los que sin ver hayan creído en Tí. Amén.