domingo, 11 de marzo de 2018


Domingo 11 de abril

SANTA GEMA GALGANI


(1878-1903)

Alma Víctima

Sufrió la Pasión por amor a Jesús, y a los pecadores.

Cuerpo y Corazón Incorrupto. Su corazón se conserva en el convento Pasionista de Madrid.

"Jesús; yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo, para alcanzar a todos los pecadores, y gritarles que entren todos dentro de tu Corazón"
Breve
Nació en 1878. Sufrió grandemente por su precaria salud, y el desprecio de quienes rechazaban sus prácticas de devoción, éxtasis y otros fenómenos. 

Vivió para Jesús, Su Santísima Madre, y para rescatar a los pecadores.

Tuvo periódicamente los estigmas de la Pasión, y las llagas de la flagelación en todo su cuerpo.

Padeció ataques físicos del demonio, y tuberculosis en la espina dorsal. Las pruebas no pudieron separarla de su comunión con Nuestro Señor, sino que más bien la fortalecieron.

Queriendo ser pasionista, no se le permitió por su delicada salud. Murió en Lucca, ciudad donde vivió casi toda su vida. Era un Sábado Santo, del año 1903. Tenía solo 25 años.

Fue beatificada en el año 1933, y canonizada en 1940 como santa pasionista.
---------------------------------------------------------------------
VIDA DE SANTA GEMMA
(Leer con paciencia y veneración, aunque no seas creyente, ya que es un relato apasionante, y así poder entender que estamos inmersos en una profunda batalla espiritual, invisible a los ojos humanos, lo que confirma que nuestra Vida es un gran misterio. Para los que creen reafirmar la condición de Soldados de Cristo, y para quienes no estén confirmados ir a la Parroquia más cercana a pedirla. No es posible resistir los embates del demonio sin esta protección espiritual).

"Jesús; yo quiero llegar con mi voz hasta los últimos confines del universo, para alcanzar a todos los pecadores, y gritarles que entren todos, dentro de tu Corazón".

Este es el mensaje que Santa Gemma deja al mundo entero. Estas palabras, reflejan lo que fue toda la vida de nuestra santa: un constante ofrecerse a sí misma al Señor, como víctima, para atraer así a muchos, de regreso al Corazón de Jesús, de regreso a la vida de la gracia, y a rechazar el pecado. Buscaba la restitución de los corazones.

Nace esta "joya del cielo" (como la llamó el Párroco de Gragnano), el 12 de marzo 1878, en Camigliano, Italia, en el pueblo de Borgonovo de Capannori.

Sus padres, Don Enrique Galgani, [farmacéutico], y Doña Aurelia Landi, tuvieron 8 hijos (Carlos, Guido, Héctor, Gino, Antonio, Angelina y Julita). De ellos, Gemma fue la cuarta en nacer, y la primera niña de la familia.

Cuando iban a darle su nombre, un tío de ella propuso que la llamasen "Gemma", pero su mamá no estaba conforme. No había ninguna santa que se llamara así, y su hija no tendría protectora en el cielo. Sin embargo, Don Olivio Dinelli, el Párroco de Gragnano, que estaba presente en la discusión, dijo unas palabras que resultaron proféticas: "Muchas gemas hay en el cielo, esperemos que también ella sea un día, otra gemma del Paraíso" .

Al día siguiente, 13 de Marzo, la bautizó Don Pedro Quilici, Párroco de San Miguel de Camigliano, con los nombres de Gemma Hipólita Pía.

Santa Gemma, vivió solo un mes en Camigliano, ya que sus padres decidieron trasladarse a Lucca, donde vivió el resto de su vida.

Desde muy niña, Gemma mostró signos de santidad. Cuando tenía cuatro años, estaba de visita en la casa de su abuelita, cuando un día, ésta al entrar en su cuarto, la encontró de rodillas frente a una imagen de la Virgen. La abuela corrió a llamar al tío, quien la contempló por largos minutos; luego le dijo: "¡Gemmita! ¿Qué estas haciendo?”. La niña, sin inmutarse, contestó: "Estoy rezando el Ave María. Salid que estoy en oración". Desde esta tierna edad, la oración era ya para ella, el sostén de su vida y de sus virtudes.

Nos podríamos preguntar: “¿Quién enseñó a Gemma a amar a Jesús y a María?”. Su primera y gran maestra, en la escuela del amor a Jesús, fue su madre, Doña Aurelia, quien inculcó en el corazón de su hija, lo que sería el distintivo especial de toda su vida: Su amor a Cristo Crucificado, del que llegaría a ser, como imagen viva, y a la Santísima Virgen, que hizo su santidad tan dulce y atrayente.

Dice Santa Gemma: "De lo primero que me acuerdo, es que mi mamá, cuando yo era pequeñita, acostumbraba a tomarme a menudo en brazos, y llorando me enseñaba un crucifijo, y me decía que había muerto en la Cruz, por los hombres".

Había también, entre ellas, diálogos como este: "Hija mía -me decía mamá- yo moriré pronto, y tendré que dejarte. Si pudiera te llevaría conmigo. ¿Te gustaría venir?".

- "¿Y a dónde vamos?", le preguntaba yo.
- "Al Paraíso con Jesús, y con los ángeles".

Doña Aurelia, sabiendo que su muerte estaba próxima, solía decir: "¿Que cosa mejor, puedo hacer antes de morir, que confiar mi niña al Espíritu Santo?. Así, cuando yo falte, sabré quien cuidará de ella".

La preparó pues, para la Confirmación, que recibió a pesar de ser aun muy pequeña (tenia siete años), el 26 de Marzo de 1885, de manos del Arzobispo de Lucca, Monseñor Nicolás Ghilardi.

Durante la Misa, se desarrolló entre el Espíritu Santo y Gemma este diálogo:
-De repente, una voz me dijo al corazón: -"¿Quieres darme a tu mamá?"
- "Sí", respondí, "pero llévame también a mí".
- "No", me replicó la voz, "dame generosamente a tu mamá. Tú debes quedarte por ahora con papá. Llevaré a tu mamá al cielo; ¿me la entregas de buena gana?. Tuve que decir que sí. Acabada la Misa fui corriendo a casa. ¡Dios mío! Miraba a mamá y lloraba, no podía contenerme”.

Don Enrique, temiendo que la niña no pudiera soportar la pena de ver a su mamá morir, la envió a casa de una tía en San Genaro. Doña Aurelia murió santamente a los 39 años, el 17 de septiembre de 1885. Sus últimas palabras fueron:
"Ofrezco a Dios gustosísima el sacrificio de mi vida, para que me conceda recoger un día a todos mis ocho hijos, en el Paraíso".

MADRE POR MADRE:
Con la muerte de su mamá, todo cambió para Gemma: "Estando en la casa de los tíos, cambió totalmente mi vida. Me encontré con una tía que no se parecía en nada a mi mamá. Era religiosa y buena, pero...¡Cómo echaba de menos el tiempo en que mamá rezaba conmigo!".

Se puso entonces a buscar otra "mamá", y la encontró en la Madre de Dios: "Al perder a mi madre terrena, me entregué a la Madre del cielo. Postrada ante su imagen, le dije: ¡María!, ya no tengo madre en la tierra; se tú desde el cielo mi Madre". Y como buena Madre que es, la Virgen Santísima acogió a Santa Gemma como hija.

"¡Oh, cuántas veces -dice la santa- depositando en mi Mamá del cielo las angustias y penalidades de mi corazón afligido, ella me consolaba!. Sí; yo recuerdo que hallándome en las mayores angustias, huérfana de madre en la tierra, me tendió cariñosamente los brazos la Madre del cielo”.

..."¡Cuán buena se me ha mostrado siempre esta celestial Mamá!. Qué hubiera sido de mí, si no la hubiera tenido. Me ha ayudado en mis necesidades espirituales, me ha preservado de los peligros, me ha librado del poder del demonio, que siempre viene a molestarme...y finalmente, me ha enseñado a conocer y amar a Jesús, a ser buena y a agradarle. ¡Oh, queridísima Mamá, te amaré toda mi vida!".

PRIMERA COMUNIÓN:
Para Santa Gemma, la Eucaristía era el centro de su vida. Este deseo de recibir a Jesús en la Sagrada Hostia, iba en aumento mientras pasaban los años. Si bien era cierto que ya estaba Confirmada, no podía recibir la Primera Comunión, ya que no tenía la edad requerida en ese momento para recibir el Sacramento. Santa Gemma tenía 9 años.

Fue su confesor, el Obispo de Lucca, Monseñor Volpi, quien conociendo el anhelo tan grande de su corazón, le dijo a su padre, que si no le daba el permiso para recibir la Comunión, Gemma moriría de dolor.

Fue así que Don Enrique dio el permiso, para que las religiosas del Colegio de Santa Zita, donde Gemma asistía, la preparasen para recibir este Sacramento. Inmediatamente comenzó un retiro de 15 días, con las demás niñas del colegio. Dice Santa Gemma: "Apenas me vi en el convento rebosaba de felicidad. Corrí a la capilla a dar gracias a Jesús, y le pedí con gran fervor, la gracia de prepararme bien para la primera comunión".

Una de las religiosas Zitinas, Sor Camila Vagliensi, que había profundizado en las cualidades absolutamente excepcionales de Gemma, comenzó a explicarle sistemáticamente la Vida, Pasión y Muerte del Señor. La niña se compenetraba de tal modo con el relato, que llegó a experimentar un dolor profundo, en grado tal que una tarde se le produjo una fiebre altísima. La profesora, alarmada, interrumpió su relato de la Pasión.

Hizo confesión general tres veces sucesivas, con Monseñor Volpi, quien sería su confesor ordinario.

Llegó por fin, el día tan anhelado, 17 de Junio 1887, fiesta del Sagrado Corazón. Las vivencias de Santa Gemma, solo ella las puede explicar: "me siento incapaz de describir la experiencia de aquel encuentro. En ese momento, comprendí que las delicias del cielo no son como las de la tierra. Hubiera anhelado no interrumpir nunca, aquella unión con mi Dios. Me sentía cada vez más desprendida del mundo, y más dispuesta para la unión con el Señor. Aquella misma mañana, Jesús despertó en mi un gran deseo de ser religiosa".

A raíz de la primera comunión, se afianza la vocación de Gemma. Ella misma lo afirma: "sentía desarrollarse en mí, un ardiente anhelo de padecer, y de ayudar a Jesús a sobrellevar la Cruz".

Jesús se encargó de irla desprendiendo inexorablemente de todo afecto humano, aún de los más legítimos. En 1894, muere su hermano Gino, a quien Gemma amaba mucho. Tenía 18 años, y se preparaba para ser sacerdote. El 11 de Noviembre de 1897, Gemma debe soportar la prueba del tercero, terrible e inexorable desprendimiento: su papá muere, de cáncer en la garganta.

Ello supuso la quiebra económica de la familia. Hasta tal extremo, que los acreedores, apenas muerto Don Enrique, se precipitaron como chacales sobre la casa Galgani, para apoderarse hasta de los últimos despojos. Gemma confidenciaría luego, temblando aún ante el recuerdo de aquella escena inhumana: "llegaron hasta meterme las manos en los bolsillos, llevándose las cinco o seis monedas, apenas unos centavos, que yo guardaba conmigo".

Después del entierro de don Enrique, los hijos se comienzan a separar. Héctor emigra al Brasil, donde muere. Guido abandona la práctica religiosa, e interrumpe sus estudios de farmacia en Pisa, que más tarde concluye. Julia y Angelina se quedan con las tías Elena y Elisa. Gemma y Antonio se refugian en Camaiore, con los tíos Carolina Galgani y Domingo Lencioni.

En Camaiore transcurre un año en la vida de Gemma, y no le deja buen recuerdo: "La tía nos llevaba a misa todas las mañanas. La comunión la hacía pocas veces, porque no me arreglaba bien, para confesarme con otro que no fuera Monseñor (Volpi, de Lucca). En este tiempo, comencé de nuevo a olvidarme de Jesús, a descuidar la oración, y a amar las diversiones. La tía tenía otra sobrina -Rosa Bartelloni. Se hizo muy amiga mía, y con ella iba en perfecto acuerdo en mis pillerías. La tía nos dejaba salir solas a menudo. Y bien me doy cuenta, de que si Jesús no hubiera usado conmigo de tanta misericordia, habría caído en pecados graves. El amor del mundo, comenzó a apoderarse poco a poco de mi corazón; pero Jesús vino otra vez en mi ayuda".

Gemma tiene 20 años, y en este momento, Jesús permite una grave enfermedad, para que Gemma retorne a Él con todo su corazón, y nunca más se distraiga con las cosas del mundo.

"De repente comencé a andar jorobada, y a sentir dolores de riñón. Resistí durante algún tiempo, pero como la cosa iba peor, pedí permiso a la tía, para regresar a Lucca".

Así sucedió. Por pudor quiso resistir un poco más sin avisar al médico, pero las tías lo mandaron a llamar, y de improviso se presentó, y la examinó. Su diagnóstico fue osteítis en las vértebras lumbares, con sucesivo absceso frío en los ingüinales. Se quedó paralítica de ambas piernas.

El 28 de Enero de 1899, le sobreviene un dolor insoportable en la cabeza, fruto de una otitis media purulenta aguda, con participación del mastoide. Los médicos, viendo que los remedios no producían mejoría, y que la enfermedad avanzaba, la desahuciaron; solo por cumplimiento, acuden de cuando en cuando a verla.

El 8 de Diciembre, Fiesta de la Inmaculada, Santa Gemma, reacciona con disgusto... "le dije a Jesús que no rezaría más si no me curaba. Y le pregunté qué pretendía teniéndome así. El ángel de la guarda me respondió: -Si Jesús te aflige en el cuerpo, es para purificarte cada vez más en el espíritu".

Su antigua profesora, sor Julia Sestini, le contó la biografía de un joven pasionista, llamado Gabriel de la Dolorosa. Una señora piadosa, Cecilia Giannini, acudió a practicar una obra de misericordia con Gemma; un día la visitó, y para que se distrajera, le prestó la biografía de Gabriel de la Dolorosa, escrita por un desconocido el Padre Germán de San Estanislao, C.P. ¡Cómo son las cosas del Señor!.

Estas dos personas, serían para Santa Gemma, en los últimos años de su vida, dos grandes regalos de Dios. Doña Cecilia sería la que cuidaría de ella, y estaría al tanto de sus éxtasis, y experiencias místicas, y el Padre Germán sería el director espiritual, que el mismo Señor le enviaría, para que guiara su alma, y para confirmar luego la autenticidad de su vida.

Dice Santa Gemma: "Tomé el libro con desprecio, y lo puse debajo de la almohada... Un día estaba sola. Serían como las doce. Me sobrevino una fuerte tentación, y me decía para mí que estaba aburrida de todo. El demonio se valió de esto para tentarme, diciéndome que si le hacía caso me curaría. Estuve a punto de sucumbir. Pero de repente me vino una idea; recurrí al Venerable Gabriel y le dije: Primero el alma, después el cuerpo".

Superada esta tentación, comenzó a leer el libro de la vida del Venerable Gabriel, y queda maravillada. No se cansa de admirar sus virtudes. Cuando doña Cecilia volvió, para recoger su libro le costó mucho a Gemma devolvérselo. Aquella misma noche, "se me apareció (Gabriel) vestido de blanco. No lo reconocí....se quitó la túnica blanca, y se apareció vestido de pasionista.

Me dijo: "Ya ves qué agradable ha sido tu sacrificio. He venido yo mismo a verte. Procura ser buena y volveré".

En otra ocasión, se le apareció de nuevo el Venerable Gabriel, y esta vez le dijo, que hiciese un voto de hacerse religiosa, pero que no añadiera nada más.

"¿Y por qué?"-le pregunté.
"Me miró y se sonrió. Me puso el escudo pasionista y repitió: `Hermana mía...`, y desapareció."

Su salud empeoraba, y le sugirieron que le pidiera a la Beata Margarita María, por el milagro de su sanación. Ella inició la novena al Sagrado Corazón, varias veces, pero su debilidad no le permitía continuarla. El día 23 de Febrero 1899, recomienza en serio la novena, y en la noche del día 1 al 2 de Marzo ocurre esto:

Faltando algunos minutos para la medianoche, Gemma escuchó el rozar de las cuentas de un rosario, y sintió una mano que se le posó en la frente, la voz que escuchaba rezar, le preguntó:
“¿Quieres curarte?”.
-"Todo me da igual", le respondí.
-”Te curarás. Ruega con fervor al Sagrado Corazón”...
-"¿Y a la Beata Margarita?", pregunté.
-"Añade en su honor tres veces el 'Gloria' ". (La Beata Margarita es hoy Santa Margarita María Alacoque, cuya fiesta celebramos el 16 de Octubre – leer en el blog)

"En el penúltimo día de la Novena, quería recibir la Comunión, ya que terminaba en Primer Viernes del mes de marzo. Comulgué muy temprano. ¡Que momentos tan deliciosos pasé con Jesús!. Él me repetía:- '¿Quieres curarte?'. No pude contestar por la emoción. ¡Pobre Jesús!. La gracia había sido concedida. ¡Estaba curada!".

Al amanecer del 2 de marzo, se levantó con sus propios pies, y toda la familia, al verla, lloraba de alegría ante aquel milagro de Dios. Este milagro, es la antesala de otras grandes gracias, que Santa Gema recibiría durante su vida. Su amor por Cristo crucificado, y su anhelo de ser solo para Jesús, la llevarían cada vez más, a ofrecerse al Señor como víctima de amor.

El Señor iba preparando a Santa Gema, a través del crisol del sufrimiento, para derramar en ella, gracias y "joyas", que nunca ella imaginó, pudiese Él concederle. ¡Qué lejos estaba de pensar, que ese Cristo crucificado, a quien tanto amaba, muy pronto la iba a convertir en un retrato vivo de sí mismo!.

IMAGEN VIVA DE JESÚS: VICTIMA
El 8 de junio 1899, víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón, después de haber sido rechazada en varias comunidades religiosas, a causa de su frágil salud, Jesús la eleva en este día a la categoría de "Víctima".

Dice Santa Gemma:
“Después de la Comunión, Jesús me avisó, de que por la tarde me haría una gracia grandísima. Se lo dije a Monseñor Volpi, y este me dijo que estuviese atenta, y que se lo contara luego. Llegó la tarde. De repente, me asaltó un fuerte dolor de mis pecados. Después me sentí recogida... Al recogimiento, sucedió la pérdida de los sentidos, y me hallé en presencia de mi Madre Celestial, y del ángel de la guarda, que me mandó hacer un acto de contrición. Después, mi Madre me dijo: -"Hijita, en nombre de Jesús, te sean perdonados tus pecados. Mi Hijo te ama mucho, y quiere hacerte una gracia muy grande. Sabrás hacerte digna de ella... Yo seré tu Madre. Sabrás mostrarte como verdadera hija".

Me cubrió con su manto, y en ese instante apareció Jesús. De sus llagas no salía sangre sino llamas de fuego, que vinieron a cebarse en mis manos, pies y costado. Creía morir, y habría caído al suelo, si mi Madre no me hubiera sostenido. Permanecí así varias horas. Después mi Madre, me besó en la frente, desapareció, y me hallé de rodillas. Seguía sintiendo un dolor fuerte en las manos, pies y costado. Me levanté para acostarme, pero noté que de estas partes manaba sangre..."

Santa Gemma, la víctima de Jesús, comienza a "suplir en su carne, lo que le falta a la Pasión de Cristo". Este fenómeno se repetirá en las tardes del jueves al viernes, todas las semanas. Para disimular las llagas, usa guantes. Su confesor ordinario, Monseñor Volpi, le dice que no se deje ver las manos, porque la gente se podría reír de ella.

En efecto, Santa Gema sufrió el desprecio, rechazo y la burla de muchos, aun cuando caminaba por las calles de Lucca. La tenían por una farsante, y una histérica. Le gritaban insultos, y burlas por las calles. Esto tan solo, por su radical entrega a Jesús y su piedad. En realidad, no manifestaba nada de histeria.

Así comienza para Santa Gemma, una vida de incomprensión, verdaderamente conforme a la vida de nuestro Señor, que también padeció todo esto, por nosotros. Este es el consuelo y aliciente de Santa Gema, que cada vez se parece mas a Jesús, y en toda ocasión en la que es humillada, le da gracias al Señor, que le permite compartir sus sufrimientos.

Su propio confesor, Monseñor Volpi, duda de la veracidad de los estigmas, y piensa que es obra de la histeria. Esto hiere mucho el corazón de Santa Gema, pero todo lo aguanta por amor a Aquel, que lo sufrió todo por nosotros, los pecadores.

RECOGIDA POR CARIDAD CON LOS GIANNINI:
En el mes de junio de 1899, Santa Gemma conoce a los pasionistas, en una misión que predicaban en Lucca. Al verles, reconoce en ellos el hábito de San Gabriel de la Dolorosa, y en su corazón escucha al Señor que le dice: "Tu serás una hija predilecta de mi Corazón".

Se confiesa con uno de ellos, pero es tanto lo que Santa Gemma le comienza a decir, que el sacerdote le dice que le vaya a ver, a la casa de la familia Giannini, donde siempre se hospedaban los pasionistas. Esta es la puerta de entrada para Santa Gema.

Los Giannini eran una familia de extraordinaria fe. Acogían en su casa como familia, a los sacerdotes, y otras almas buenas. Dijo el Papa Pio XII "En el año 1899, la extraordinaria piedad y modestia de Gemma, despertó tan gran admiración en la piadosísima familia, apellidada Giannini de Luca, que decidió acogerla en su propia casa, y considerarla como hija". Así lo expresa el mismo Don Mateo, que después de haber escuchado a su hermana doña Cecilia, le dice que recibirá a Gema como a una hija; y así fue efectivamente. Santa Gemma se convirtió en la onceava hija, y todos la amaban. Ella, por su parte, les servía con extraordinario amor.

Todos sabían que Gemma era un alma especial, pero quien estuvo en mayor contacto con ella, fue la señora Cecilia, a quien Santa Gemma consideraba como su mejor confidente. La señora Cecilia tiene 52 años. Permanece soltera, y muere en el año 1931. Es una mujer de carácter, emprendedora, afanosa y devota. En sus relaciones con Gemma, sigue al pie de la letra las directrices de los confesores con tal fidelidad, que el ángel de la guarda dirá a Gema: "Ninguna persona puede hacer mi trabajo, mejor que ella".

REGALOS DE DIOS:
Conversando con la señora Cecilia, Gemma oye hablar del Padre Germán de San Estanislao; le pide a Jesús que se lo muestre, y el Señor lo hace en un éxtasis, y le dice que este es el sacerdote que guiará su alma. Efectivamente el Padre Germán se convierte en el confesor, y director extraordinario de Gema, quien es testigo de las obras de Dios en su alma.

Muchos fenómenos relacionados con la Pasión, se dieron en la vida de Santa Gemma; además de las estigmas, tuvo sudor y lágrimas de sangre. Se la vio padeciendo la flagelación. Recibió un regalo que apreció con todo su corazón. Su ángel de la guarda, un día, le mostró dos coronas, y le pidió que escogiese la que ella quisiera, y ella escogió "la de Jesús".

Santa Gemma tenía una relación muy particular con su ángel de la guarda, que siempre le acompañaba y le protegía, e incluso muchas veces le servía de "cartero", llevando sus cartas al Padre Germán. Se asegura que también tenía el don de leer los corazones, y que en varias ocasiones, le dijo a varios religiosos que abandonarían la religión, cosa que sucedió mas tarde, confirmando este don de su corazón.

Hay una anécdota muy preciosa, que le sucedió a Santa Gemma en la casa Giannini. En el comedor de la casa, había un crucifijo grande, al que toda la familia tenía gran devoción. También Gema en muchas ocasiones, le hacía pequeñas "visitas", orando frente a Él.

Un día, al tiempo que Gemma preparaba la mesa, alzó los ojos hacia su Jesús, y le dijo que tenía hambre y sed de Él. Siente ansias de dar un beso a la imagen, pero no alcanza, porque estaba alta. Jesús le sale al encuentro. Desprendiendo un brazo de la cruz, la atrae, la abraza muy estrechamente, permitiéndole apagar su sed, en la fuente viva de su costado abierto.

¿Cuál es la actitud del corazón de Santa Gemma, ante tantos hechos extraordinarios?. Gemma se mantiene en humildad y sencillez. En ningún momento, permite que el orgullo se apodere de su corazón. Le escribía al Padre Germán: "¡Cuánto he rogado a Jesús que me lleve por la vía común!"

FURIOSA GUERRA INFERNAL:
Jesús dijo cierto día a Gemma: "Prepárate, pues el demonio será quien dé la última mano, a la obra que en tí deseo ejecutar". Y estas palabras del Señor, se cumplieron al pie de la letra.

El demonio detestaba a Gema; le daba golpes, la tentaba contra la pureza, con pensamientos e imágenes sugestivas y grotescas; trataba de impedir que comulgase, e incluso llegó a aparecérsele bajo la apariencia del mismo Jesús.

Por todos los medios, trataba de privarla de dirección espiritual, insinuándole cosas malas acerca de sus confesores, o haciéndose pasar por ellos. Era una guerra constante y continua, que duró hasta su misma muerte.

Era de esperar esta guerra de parte del demonio, ya que serían muchas las almas, que se beneficiarían de los sufrimientos y oraciones de Santa Gemma, y mas aún, ella solo quería conformarse, con la voluntad de Dios para su vida. Esto hacía que el demonio se revolcara de rabia, porque no podía vencerla.

Tanta era la rabia que sentía, hacia la pureza de Santa Gemma, que un día la tentó visiblemente, de tal modo que no pudiendo huir de él, hizo la señal de la Cruz, y se arrojó en un pozo de agua helada en el jardín. Su ángel la sacó, y la felicitó por su gran amor a la pureza, por su valentía, y por su triunfo.

En otra ocasión, cuando la santa, por orden del Padre Germán, escribía su vida: "dándose cuenta el demonio, del fruto que podía hacer (el libro de su vida), se lo robó gritando: `¡Guerra, guerra a tu Padre!, tu escrito está en mis manos`; y se relamía, y se revolcaba en el suelo de la satisfacción".

El Padre Germán, enterado por una carta de Gemma, se fue al sepulcro de San Gabriel de la Dolorosa, y allí leyó los exorcismos, ordenando al demonio, que volviese el manuscrito a su lugar.

El demonio lo devolvió todo chamuscado, aunque perfectamente legible, como se conserva todavía hoy en el Convento de los Pasionistas de Roma, produciendo honda impresión en cuantos lo ven.

Escribe la santa: "El demonio me hace sufrir mucho, pero siempre terminan por vencerle Jesús y María, o bien el ángel de la guarda, o San Pablo de la Cruz, o el hermano Gabriel; siempre son estos tres”. "¡Si vieras cómo escapa, tan pronto como se presenta alguno de ellos!.."

¡PADRE!... ME VOY CON JESÚS:
Gemma estaba enferma. El Padre Germán, que no quería que muriese aún, le ordenó que sanara. Jesús la sanó, pero le dijo: "Escribe a tu padre, que será por poco tiempo". Gemma comunicó a doña Cecilia, que deseaba verle, y ésta le escribió: "Venga pronto a indicarnos que debemos hacer".

Gemma ya había vuelto a enfermar. Llegando el Padre Germán, se sentó junto a ella, y se produjo este diálogo: -
"Pero...¿qué es lo que hacemos, Gemma?"
-"¡Padre!", contestó Gemma llena de gozo, "Me voy con Jesús. Me lo ha dicho claramente. ¡Al cielo, padre, al cielo con Jesús!".
-"¿Y los pecados cometidos cuándo se van a pagar?"
-"¿Me ha dicho Jesús, que me enviará sufrimientos para purificarme...Él me aplicará los méritos de su Pasión...y me llevará con Él al Paraíso".

Esa misma tarde, el Padre Germán escuchó su confesión, y llorando, decía que Gema había mantenido intacta su inocencia bautismal. Al siguiente día, le administró el Viático.

El Padre Germán tenía urgencia de volver a Roma, y preguntó a Gema: "¿Cuánto durará esto? ...Gema le contestó: "Esta enfermedad será la última, pero me dice Jesús que aún, no ha llegado mi hora". Añade el Padre Germán: "Por última vez, bendije a aquel ángel de la tierra, al que no había de ver más, y me retiré".

Tenía que retirarse, pues Jesús había dicho a Gemma, que el demonio sería quien diese la última mano a su virtud, y estando el Padre Germán presente, el demonio, no se hubiera atrevido a hacerle nada. Pero tan luego como el Padre Germán se fue, no reconoció límites su bestialidad durante siete largos meses.

Perturbaba su imaginación con horribles fantasmas, con el fin de producirle estados de ansiedad, tristeza, amargura y temor, que la indujeran a la desesperación.

Le decía muchas veces: "Ahí tienes, lo que has conseguido con tus fatigas en el servicio de Dios"; y le presentaba tales figuras contra la pureza, que escribió al Padre Germán: "Padre mío, pídale a Jesús que me cambie esta cruz, por cualquier otra. Haga desde ahí los exorcismos, para que este perverso se vaya, o mande a su ángel para que lo ahuyente".

Viendo que con tentaciones no podía vencerla, empezó a maltratarla con los golpes más brutales, y en forma de bestias feroces, que amenazaban despedazarla.

Dirigiéndose entonces a María Santísima, le decía: "Madre mía; me encuentro bajo el poder del demonio, que quiere arrancarme de las manos de Jesús. Ruéguele por mí. ¡Viva Jesús!".

Jesús y María, complacidos al ver como luchaba, le enviaban a San Pablo de la Cruz, o a San Gabriel para animarla. El mismo Jesús le dijo: "Hija mía; humíllate bajo mi mano poderosa, y lucha, que tu lucha te conducirá a la victoria".

ENTREGA SU VIDA POR UN PECADOR
Le escribía al Padre Germán: "Usted siempre me recomienda paz. Gracias a Dios la tengo siempre, aunque a veces en lo exterior parezca seria. Y tendré mayor aún, cuando se convierta mi pecador".

Este pecador, al que se refiere la santa, era un sacerdote que había dejado el sacerdocio, hacía ya doce años, y daba mucho escándalo con su vida, haciendo que muchos se perdieran. Santa Gema, viendo que los sacrificios que ofrecía no eran suficientes, pidió permiso a su director, para ofrecerle al Señor la mitad de su vida por su conversión; el padre dijo que sí, y Jesús aceptó el intercambio.

Este sacerdote se convertiría, dos días antes de Gema morir, dándole a ella un gran consuelo, exactamente en el plazo que ella había ofrecido al Señor. (Nota: Pasados los doce años que aquel sacerdote andaba descarriado; doce años y medio es la mitad de la vida de Santa Gema quien morirá en sus 25 años).

PARALELO CON LA PASION DE CRISTO
Creyendo los médicos que la enfermedad era contagiosa, sacaron a Gema de la casa Giannini, y la llevaron a un apartamento, contiguo a la casa, que su tía Elisa había alquilado. Este era otro designio de Dios, para asemejarla a Cristo, que murió fuera de la ciudad, como "Víctima oficial" por los pecados.

"REPETICIÓN DEL VIERNES SANTO"
Gemma había pedido a Jesús morir crucificada con Él, y crucificada moriría. Como a las diez de la mañana, doña Cecilia pensaba retirarse un poco, y Gemma le dijo: "No me dejes, mamá, mientras no esté clavada en la cruz, pues Jesús me ha dicho, que tengo que morir crucificada como Él".

Momentos después, entró en éxtasis profundo, extendió un poco sus brazos, y en esta posición permaneció hasta mediodía. Su semblante era mezcla de amor y dolor, de calma y desolación...¡Agonizaba, como Jesús en la Cruz!. Los presentes la contemplaban atónitos.

Era Viernes Santo, 10 de abril de 1903.

A las ocho de la mañana del sábado, se le administró la Extremaunción (hoy día se le llama Unción de los Enfermos), a cuyo rito sagrado, contestó con pleno conocimiento. A doña Cecilia, quien le habló del Padre Germán, le dijo: "Ya he ofrecido a Dios el sacrificio de todo y de todos, para prepararme a morir".

Tomó entonces el crucifijo en las manos, y exclamó: "¡Jesús!...¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!"; y volviéndose a la imagen de María, añadió: "¡Mamá mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma...Dile que tenga misericordia de mí".

De repente toda señal de agonía desapareció, y una sonrisa de cielo, se dibujó en sus labios. Dos lágrimas corrieron de sus ojos. El párroco, que estaba presente exclamó: "Jamás he presenciado muerte semejante". Y él mismo, puso sobre el pecho de Gema el escudo pasionista, que llevó al sepulcro.

Muere Santa Gemma a la 1:45 p.m. del Sábado Santo, 11 de abril de 1903.

La profecía de Santa Gemma se cumplió. Los pasionistas la rechazaron en vida, pero después de su muerte, la tomaron para sí. El Señor que había acrisolado su corazón con el sufrimiento, también había pedido de ella, el sacrificio de no entrar en ninguna orden religiosa, y ella lo aceptó y lo ofreció al Señor, como todo lo demás.

CON UNA LANZADA LE ABRIÓ EL COSTADO; Y AL PUNTO BROTÓ SANGRE Y AGUA:
Era necesaria una prueba irrefutable, que revelara las intimidades del corazón de aquella criatura, que había amado ardientemente a Jesús.

La prueba se tuvo cuando al fin, y Dios sabe con qué sacrificios, llegó el Padre Germán a Lucca.

Ya habían pasado 14 días de la muerte de Santa Gemma. El Padre anhelaba volver a ver aquel rostro, lleno de dulzura. Pero quería sobre todo, verificar los misterios de aquel corazón virginal, cuyos secretos en vida nadie mejor que él había profundizado...

"El 24 de abril se procedió a exhumarlo. Se abrió el cuerpo, y se extrajo el corazón, que apareció fresco, lozano, flexible, rubicundo, humedecido de sangre, igual que si estuviera vivo. Los especialistas que practicaban la autopsia quedaron maravillados. Estaba bastante achatado y dilatado por ambos lados, apareciendo como más ancho que alto. Al abrirlo fluyó enseguida la sangre, bañando el mármol donde se realizaba la intervención".

Aquella, que en muchas ocasiones le había pedido al Señor que le ensanchara el corazón, para poder amarlo más, recibió esta gracia que tanto pedía. Su corazón se conserva en el convento Pasionista de Madrid.

El Padre Germán escribió muy pronto su biografía, y la devoción a Santa Gemma, comenzó a extenderse de manera prodigiosa, no solo en Italia, sino en muchos países del mundo. Sin duda, el Señor quiso darla a conocer como un medio de ayudarnos a todos, a comprender lo que es la santidad, y animarnos a conseguirla.

Su intercesión no se hizo esperar, y muchos comenzaron a recibir grandes milagros y gracias, por medio de la Santa. El mas grande de ellos, es el deseo de santidad que al meditar en su vida, infunde en las almas.

Una hija espiritual: La Madre Gema Eufemia Giannini.

El proceso de canonización de Santa Gemma Galgani

El proceso para la canonización se abrió el 3 de Octubre de 1907, cuatro años después de su muerte; el Papa Benedicto XV dispensó el proceso de "fama de santidad", porque era conocida ya en todo el mundo.

Gemma fue Beatificada el 14 de mayo de 1933, Año Santo del XIX Centenario de la Redención; la Beatificó el Papa Pío XI.

Gemma fue Canonizada el 2 de Mayo de 1940, (día de la Ascensión del Señor), por el Papa Pío XII, que dijo: "Santa Gemma será la piedra preciosa de nuestro Pontificado".

Los grandes amores de Santa Gemma, durante toda su vida, fueron Jesús Crucificado, la Virgen María, la Eucaristía y la sed de conversión de las almas. Para ellos vivió toda su vida, y por ellos murió como víctima de amor.
¡Santa Gemma Galgani, ruega por nosotros!.

Oración compuesta por Santa Gemma
Aquí me tenéis postrada a vuestros Pies Santísimos,
mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante
mi reconocimiento y gratitud, por tantos y tan continuos favores,
como me habéis otorgado, y que todavía queréis concederme.

Cuántas veces os he invocado, ¡oh Jesús!,
y me habéis dejado siempre satisfecha;
he recurrido a menudo a vos,
y siempre me habéis consolado .
¿Cómo podré expresaros mis sentimientos amado Jesús?
Os doy gracias ... pero otra gracia quiero de Vos.
¡Oh, Dios mío! , si es de vuestro agrado ...
(Aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir).
Si no fuérais Todopoderoso no os haría esta súplica .

¡Oh Jesús!, tened piedad de mí.
Hágase en todo vuestra santísima Voluntad.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria .
(Con licencia eclesiástica)

Oración Final: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión de Santa Gema Galgani, podamos vivir una vida recta y basada en la Verdad, el Amor y la Misericordia.

Haz que nuestros pastores, renueven la importancia vital de conceder a todos los bautizados el Sacramento de la Confirmación, como sucedió con Santa Gema, a fin de poder aumentar el número de tus fieles soldados, alistados y dispuestos a la inmensa y durísima batalla espiritual, en la que está inmerso el mundo y nuestras vidas, hasta tu definitiva venida. Amén.


sábado, 10 de marzo de 2018


Sábado 10 de Marzo

Santa María Eugenia de Jesús


(1817-1898)
Breve
Santa María Eugenia de Jesús, hizo suyo el proyecto del Padre Combalot, quien estaba convencido de que solamente a través de la educación, se podrá evangelizar las inteligencias, hacer que las familias sean verdaderamente cristianas, y así transformar la sociedad de su tiempo.

Se trata de asumir los valores de su tiempo, y a la vez, transmitir valores evangélicos, a la naciente cultura de una nueva era industrial y científica del siglo XIX.
-------------------------------------------------
Fuente: Vaticano

Nacida en una familia burguesa, en 1817 en Metz (Francia), tras la derrota definitiva de Napoleón, y la Restauración de la Monarquía, Ana-Eugenia Milleret, no parecía estar destinada, a trazar un camino espiritual en la Iglesia de Francia.

Su padre, liberal y seguidor de las ideas de Voltaire, desarrolla su actividad como banquero, y en la vida política. Ana-Eugenia, dotada de una gran sensibilidad, recibe de su madre una educación, que le da un carácter fuerte, y el sentido del deber. La vida familiar desarrolla en ella una curiosidad intelectual, y el espíritu romántico, un interés por las cuestiones sociales, y una amplitud de mirada.

Esta educación, lejos de la Iglesia, de Cristo, de la escuela, está marcada por una gran libertad, unida a un gran sentido de la responsabilidad. La bondad, la generosidad, la rectitud y la sencillez, aprendidas junto a su madre, le llevará a decir más tarde que su educación era más cristiana, que la de muchos católicos piadosos de su tiempo.

Según la costumbre, como su contemporánea George Sand, Ana-Eugenia asistía a la Misa los días de fiesta, y había recibido los sacramentos de la iniciación cristiana, sin comprometerse a nada. Su primera comunión fue, con todo, una gran experiencia mística para Ana–Eugenia, en la que ya se encontraba todo el secreto del futuro. Solo más tarde, captará el sentido profético de esta experiencia, y reconocerá en ella, el fundamento de su camino hacia una pertenencia total a Cristo, y a la Iglesia.

Vivió una juventud feliz, aunque no faltó el sufrimiento. La muerte de un hermano mayor que ella, la de una hermana pequeña, una salud frágil, y una caída que le dejará sus secuelas, marcaron su infancia.

Ana-Eugenia mostrará una madurez superior a la de su edad, sabrá esconder sus sentimientos, y hacer frente a lo que va viniendo. Más tarde, tras un período de gloria, tendrá que enfrentarse al fracaso de los bancos de su padre, a la incomprensión y separación de sus padres, a la pérdida de toda seguridad.

Ana-Eugenia tiene que abandonar la casa de su infancia, e ir a París con su madre, mientras que su hermano Luis, su gran compañero de juegos, se marchará con su padre.

En París, junto a su madre a la que adoraba, la verá afectada terriblemente por el cólera, que se la llevó en unas horas, dejando a su hija de 15 años sola en el mundo, en una sociedad mundana y superficial. En esta situación, y a través de una búsqueda angustiosa, y casi desesperada de la verdad, Ana-Eugenia llegará a su conversión sedienta del Absoluto, y abierta a la transcendencia.

A los 19 años, Ana–Eugenia asiste a las Conferencias cuaresmales en la Catedral, de Nuestra Señora en París, predicadas por el Padre Lacordaire, joven pero ya conocido por su talento como orador. Antiguo discípulo de Lamennais —habitado como él por la visión de una Iglesia renovada, jugando un papel nuevo en el mundo— Lacordaire comprende su tiempo, y quiere cambiarlo.

Conoce los interrogantes y las aspiraciones de los jóvenes, su idealismo, y su ignorancia sobre Cristo y la Iglesia. Su palabra llega al corazón de Ana-Eugenia, responde a sus propios interrogantes, y despierta en ella una gran generosidad.

Ana Eugenia ve a Cristo como Liberador universal, y su Reino en la tierra, a través una sociedad fraterna y justa. “Me sentía realmente convertida, escribe, y sentía el deseo de entregar todas mis fuerzas, o mas bien toda mi debilidad, a esta Iglesia, que desde entonces, me parecía que era la única que poseía aquí abajo, el secreto y el poder del bien”.

En este momento, conoce a otro predicador, también antiguo discípulo de Lammenais, el Padre Combalot, que escogerá como confesor. El Padre Combalot, se da cuenta que tiene ante él a un alma privilegiada, y designa a Ana-Eugenia como fundadora de la Congregación, que él soñaba desde hacía tiempo.

Insistiendo en que esta fundación es la voluntad de Dios, y que Dios la había escogido para realizar esta obra, el Padre Combalot convence a Ana-Eugenia, para que asuma este proyecto: una obra de educación.

El P.adre Combalot está convencido de que solamente a través de la educación, se podrá evangelizar las inteligencias, hacer que las familias sean verdaderamente cristianas, y así transformar la sociedad de su tiempo. Ana-Eugenia acepta este proyecto, como un deseo de Dios, y se deja guiar por el Padre Combalot.

A los 22 años, María Eugenia se convierte en Fundadora de las Religiosas de la Asunción, entregadas a consagrar toda su vida, y todas sus fuerzas, para extender el Reino de Cristo en el mundo.

En 1839, con otras dos jóvenes, Ana-Eugenia Milleret, empieza una vida comunitaria de oración y de estudio, en un apartamento de la calle Férou, muy cerca de la Iglesia de San Sulpicio en París.

En 1841, abren la primera escuela, con el apoyo de Mme de Chateaubriand, Lacordaire, Montalembert y sus amigos. Años más tarde, la comunidad contará con 16 hermanas de cuatro nacionalidades.

Maria Eugenia, y las primeras hermanas de la Asunción, quisieron unir lo antiguo y lo nuevo: unir los antiguos tesoros de la espiritualidad, y de la sabiduría de la Iglesia, con una nueva forma de vida religiosa y de educación, que respondieran a las necesidades de las mentalidades modernas.

Se trata de asumir los valores de su tiempo, y a la vez, transmitir valores evangélicos, a la cultura naciente, de una nueva era industrial y científica. La Congregación, desarrollará una espiritualidad centrada en Cristo, y en el misterio de la Encarnación, a la vez profundamente contemplativa, y profundamente apostólica. Será una vida vivida en la búsqueda de Dios, y en un fuerte compromiso apostólico.

La vida de María Eugenia de Jesús fue larga, una vida que atravesó casi todo el siglo XIX. Amaba profundamente su tiempo, y quería participar activamente en su historia. Progresivamente, todas sus energías se fueron unificando, de una u otra manera, en el desarrollo y la extensión de la Congregación, la obra de su vida.

Dios le iba enviando hermanas y amigos. Una de las primeras fue una irlandesa, mística y amiga íntima, a la que María Eugenia, al final de su vida, la llama “la mitad de mi ser”. Kate O’Neill, en religión Madre Thérèse Emmanuel, se considera como co-fundadora.

El Padre Emmanuel d’Alzon, que llegó a ser el director espiritual de María Eugenia, poco después de la fundación, será para ella padre, hermano, amigo según las etapas de la vida.

En 1845, el Padre d’Alzon fundó los Agustinos de la Asunción, y los dos fundadores, se ayudaron mutuamente a lo largo de 40 años. Los dos tenía un don para la amistad, y trabajaron en la Iglesia con numerosos laicos. Juntos, en seguimiento de Jesús, religiosas, religiosos y laicos, han trazado el camino de la Asunción, y forman parte de la inmensa nube de testigos.

En los últimos años de su vida, M. María Eugenia de Jesús experimentará poco a poco el debilitamiento físico, vivido en la humildad y en el silencio, en una vida totalmente centrada en Jesucristo. El 9 de marzo de 1898 recibe por última vez la comunión, y en la noche del 10 de marzo, se duerme dulcemente en el Señor. Será beatificada por Pablo VI, en Roma, el 9 de febrero de 1975.

Hoy las religiosas de la Asunción, están presentes en 34 países: 8 en Europa, 5 en Asia, 10 en América, y 11 en África. Las Religiosas, unas 1250, forman 170 comunidades a través del mundo.

La rama laica –Asunción Juntos– formada por Amigos de la Asunción y Comunidades, o Fraternidades de la Asunción, es numerosa: unos miles de Amigos y algunos centenares de Laicos, comprometidos según el Camino de Vida.

Beatificación - 9 de febrero de 1975 - Papa Pablo VI
Canonización - 3 de junio de 2007 - Benedicto XVI

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por los méritos e intercesión de María Eugenia de Jesús, pueda siempre la educación católica. llegar a los corazones de sus alumnos, y perdurar por siempre entre los que son egresados de dichas escuelas. Que siempre busquen profundizar la Fe que nos Une, y servir con Amor a tu Santo Nombre. A Tí Señor que eres el Divino Maestro y Cordero. Amén.



Sexta Feria, 9 de marzo

San Paciano (Pacianus) de Barcelona, Obispo


Padre de la Iglesia, 375 A.D.
(† 391)

Exhortó a la penitencia, y al arrepentimiento de los pecados

“Reformemos nuestras costumbres en Cristo, por el Espíritu Santo”

“Mantened con fidelidad lo que habéis recibido, conservadlo con alegría, no pequéis más. Guardaos puros e inmaculados para el día del Señor”

Breve
Consagrado Obispo de Barcelona en 365 AD.
Pocos se sabe de su vida mas allá de sus escritos.

Hombre casado. Su hijo Dexter tenía un alto cargo en el gobierno del Emperador Theodosius. En De Viris Illustribus, San Jerónimo honra a Paciano, por su elocuencia y profunda santidad.

Entre los temas de sus escritos: bautismo, autoridad papal, disciplina eclesiástica, y otras.

En una de sus cartas escribió la famosa frase:
"Christian us mihi nomen est, catholicos vero cognomen".

"Cristiano es mi nombre, y católico mi apellido. El primero me denomina, mientras que el otro me instituye específicamente. De esta manera, he sido identificado y registrado... Cuando somos llamados católicos, es por esta forma, que nuestro pueblo se mantiene alejado de cualquier nombre herético."
-San Pacián de Barcelona, Carta a Sympronian.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos, enseñanzas e intercesión de San Paciano, Obispo y Padre de la Iglesia, podamos siempre sentirnos orgullosos de ser Cristianos y Católicos, permaneciendo unidos en Amor, y sincera Devoción al Romano Pontífice, rezando siempre por su Salud y sus Intenciones; y para que se incrementen las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales. Amén.
----------------------------------------------------------------------

Oficio de lectura, XIX viernes del tiempo ordinario
Reformemos nuestras costumbres en Cristo, por el Espíritu Santo
Del Sermón de San Paciano sobre el bautismo #5-6. PL 13, 1092-1093

El pecado de Adán, se había transmitido a todo el género humano, como afirma el Apóstol: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así pasó a todos los hombres.

Por lo tanto, es necesario que la justicia de Cristo, sea transmitida a todo el género humano. Y así como Adán, por su pecado, fue causa de perdición para toda su descendencia, del mismo modo Cristo, por su justicia, vivifica a todo su linaje.

Esto es lo que subraya el Apóstol, cuando afirma: Si por la desobediencia de uno, todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno, todos se convertirán en justos. Y así como reinó el pecado, causando la muerte, así también reinará la gracia, causando una justificación que conduce a la Vida Eterna.

Pero alguno me puede decir: «Con razón el pecado de Adán, ha pasado a su posteridad, ya que fueron engendrados por él. ¿Pero acaso nosotros hemos sido engendrados por Cristo para que podamos ser salvados por Él?» No penséis carnalmente, y veréis cómo somos engendrados por Cristo. En la plenitud de los tiempos, Cristo se encarnó en el seno de María: vino para salvar a la carne, no la abandonó al poder de la muerte, sino que la unió con su espíritu, y la hizo suya. Éstas son las bodas del Señor, por las que se unió a la naturaleza humana, para que de acuerdo con aquel gran misterio, se hagan los dos una sola carne, Cristo y la Iglesia.

De estas bodas, nace el pueblo cristiano, al descender del cielo el Espíritu Santo. La substancia de nuestras almas, es fecundada por la simiente celestial, se desarrolla en el seno de nuestra Madre, la Iglesia, y cuando nos da a luz, somos vivificados en Cristo.

Por lo que dice el Apóstol: El primer hombre, Adán, fue un ser animado, el último Adán, un espíritu que da vida. Así es como Cristo, se engendra en su Iglesia por medio de sus sacerdotes, como lo afirma el mismo Apóstol: Os he engendrado para Cristo.

Así pues, el germen de Cristo, el Espíritu de Dios, da a luz, por manos de los sacerdotes, al hombre nuevo, concebido en el seno de la Iglesia, recibido en el parto de la fuente bautismal, teniendo como madrina de boda a la fe.

Pero hay que recibir a Cristo, para que nos engendre, como lo afirma el Apóstol San Juan: Cuantos lo recibieron, les da poder para ser hijos de Dios. Esto no puede ser realizado, sino por el sacramento del bautismo, del crisma y del Obispo.

Por el bautismo se limpian los pecados, por el crisma se infunde el Espíritu Santo, y ambas cosas las conseguimos por medio de las manos y la boca del obispo.

De este modo, el hombre entero renace, y vive una vida nueva en Cristo: Así como Cristo fue resucitado de entre los muertos, así también nosotros marchemos a una vida nueva, es decir, que depuestos los errores de la vida pasada, reformemos nuestras costumbres en Cristo, por el Espíritu Santo.

--------------------------------------------------------------
Oficio de lectura, XIX sábado del tiempo ordinario
¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado?
Sermón de San Paciano, obispo, sobre el bautismo
Núms 6-7

Nosotros, que somos imagen del hombre terreno, seremos también imagen del hombre celestial; porque el primer hombre, hecho de tierra, era de la tierra; el segundo hombre, es del cielo. Si obramos así, hermanos, ya no moriremos. Aunque nuestro cuerpo se deshaga, viviremos en Cristo, como Él mismo dice: “El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.

Por lo demás, tenemos certeza, por el mismo testimonio del Señor, que Abrahán, Isaac y Jacob, y que todos los santos de Dios viven. De ellos dice el Señor: “Para Él todos están vivos. No es Dios de muertos, sino de vivos. Y el Apóstol dice de sí mismo: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir; deseo partir para estar con Cristo”.

Y añade en otro lugar: Mientras sea el cuerpo, nuestro domicilio, estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Esta es nuestra fe, queridos hermanos. Además si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. La vida meramente natural nos es común, aunque no igual en duración, como lo veis vosotros mismos, con los animales, las fieras y las aves.

Lo que es propio del hombre, es lo que Cristo nos ha dado por su Espíritu, es decir, la vida eterna, siempre que ya no cometamos más pecados. Pues, de la misma forma que la muerte, se adquiere con el pecado, éste se evita con la virtud. Porque el pecado paga con muerte, mientras que Dios regala vida eterna, por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro.

Como afirma el Apóstol, Él es quien redime, perdonándonos todos los pecados. Borró el protocolo que no condenaba con sus cláusulas, y era contrario a nosotros; lo quitó de en medio, clavándolo en la cruz, y destituyendo por medio de Cristo, a los principados y autoridades, los ofreció en espectáculo público, y los llevó cautivos en su cortejo.

Ha liberado a los cautivos, y ha roto nuestras cadenas, como lo dijo David: “El Señor liberta a los cautivos, el Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan”. Y en otro lugar: Rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza. Así pues, somos liberados de las cadenas, cuando por el sacramento del bautismo, nos reunimos bajo el estandarte del Señor, liberados por la sangre y el nombre de Cristo.

Por lo tanto, queridos hermanos, de una vez para siempre, hemos sido lavados, de una vez para siempre, hemos sido liberados, y de una vez para siempre, hemos sido trasladados al Reino Inmortal de una vez para siempre; dichosos los que están absueltos de sus culpas, a quienes les han sepultado sus pecados. Mantened con fidelidad lo que habéis recibido, conservadlo con alegría, no pequéis más. Guardaos puros e inmaculados para el día del Señor.

-----------------------------------------------
JOSÉ M. DALMÁU, S. I.
(Interesante descripción de la obra magnífica de San Paciano, así como del contexto histórico en el que vivió, y que siempre es interesante leer y meditar, para valorar el esfuerzo titánico que hicieron quienes nos precedieron en la Fe. No fueron discusiones entre ociosos intelectuales, sino una batalla profunda para esclarecer las enseñanzas del Divino Maestro, extrayendo todas las consecuencias lógicas que de ella dimanan, para nuestra propia Salvación).

De San Paciano tenemos noticias contemporáneas: las líneas que le dedicó San Jerónimo, en el libro De viris illustribus, escrito hacia el año 392: “Paciano, obispo de Barcelona, en las faldas del Pirineo, de correcta elocuencia, y tan esclarecido, tanto por su vida como por su dicción, compuso varios opúsculos, entre los cuales el Cervus, y contra los novacianos. Murió en la extrema ancianidad, bajo el emperador Teodosio".
------------------------------------------------------
Aclaración: Los Novacianos no admitían que se reincorporen a la Iglesia, a quienes habían renegado de Jesucristo ante el Poder Imperial Romano. Lo mismo decían de quienes habían cometido pecado mortal como adulterio y asesinato, no podían volver a la Iglesia, incluso si se arrepentían. Los pontífices siempre condenaron esta doctrina, entendiendo que el Perdón y la Reconciliación son posibles. mediante la sincera Confesión, Penitencia y Reparación en todo lo posible, del daño ocasionado.
------------------------------------------------------
Por el mismo San Jerónimo sabemos que Paciano, casado en su juventud, tuvo un hijo llamado Dextro, que ocupó altos cargos en la administración imperial, en tiempo de Teodosio y de Honorio. Debió de ser, por tanto, Paciano, de familia distinguida.

Sus obras denotan una alta cultura literaria, sagrada y profana, y confirman plenamente el elogio que tributa San Jerónimo, a su elocuencia. No quedan pormenores sobre su actuación pastoral, en el gobierno de la diócesis barcelonesa. Podemos con todo asegurar, así por la indicación de San Jerónimo, como por los escritos del santo obispo, que su celo por el bien espiritual de sus diocesanos, fue muy activo e ilustrado.

Aunque no se puede determinar con precisión, el intervalo de tiempo en que gobernó la diócesis de Barcelona, parece que debió de regirla por largos años, y se le da como sucesor inmediato de Pretextato, que en el año 347, asistió como obispo de Barcelona al concilio de Sárdica. Como quiera que Teodosio comenzó a imperar en 379, la muerte de San Paciano debe colocarse entre esta fecha y 391, ya que en 392 le conocía San Jerónimo.

San Paciano nos es conocido por sus escritos. Se ha perdido uno de los que cita San Jerónimo, el Cervus, de cuyo contenido tenemos no obstante alguna noticia, por el mismo Paciano en su "Paraenesis". Nos quedan, además, sus tres Cartas ad Simpronianum Novatianum, y un Sermo de baptismo ad catechumenos. Tampoco se ha conservado, si es que llegó a escribirlo, otro tratado o carta contra los novacianos, a que el mismo Santo alude en su tercera carta a Simproniano. ¿Sería el tratado que cita San Jerónimo, o se refiere éste a sus cartas a Simproniano?

El conocido investigador Dom Germán Morin, O. S. B., había atribuido a San Paciano otras dos obras: Ad lustinum manichaeum contra duo principia et de vera carne Christi, que en los manuscritos se dice del retórico africano Cayo Mario Victorino, y el anónimo De similitudine carnis peccati contra manichaeos. Este último escrito tiene por autor al presbítero Eutropio, como demostró el padre José Madoz, S. l.; ni son claros los argumentos en favor de la paternidad del primero. Se admiten, pues, como obra de San Paciano, los cinco opúsculos citados.

Estos escritos, aunque breves, dan a San Paciano un lugar apreciable en la patrología del siglo IV, como testigo y doctor de la doctrina católica, en puntos importantes; y por otra parte nos ponen de manifiesto el espíritu religioso, y lleno de celo, por el bien de los fieles a él encomendados de un obispo santo, conforme al dechado que diseñó San Pablo en sus cartas a Timoteo y Tito.

El escrito perdido Cervus (o Cervulus, como él dice) era, según él mismo refiere, una celosa diatriba contra los perversos e impúdicos desórdenes que se cometían, aun por algunos cristianos, en una especie de carnaval de primero de año, mala costumbre conocida ya por otros autores eclesiásticos, y disposiciones de los concilios de aquella época. Para entregarse la gente más libremente y sin pudor a la maldad, se disfrazaban de figuras monstruosas de animales, las más ordinarias de ciervos, de cabras, y de terneras.

El Sermón de baptismo es una instrucción a los competentes, catecúmenos ya próximos al bautismo. En ella les quiere enseñar San Paciano "cómo nacemos y nos renovamos en el bautismo".

Expone primero el estado de muerte y degradación, en que yace el hombre antes del bautismo, explicando con toda precisión, según el capítulo V de la carta de San Pablo a los Romanos, la doctrina del pecado original, en forma interesante para la historia del dogma, ya que atestigua la clara conciencia que de esta doctrina, tenía la Iglesia en vísperas de la negación pelagiana, y antes de la defensa, y ulterior explicación que de ella hizo San Agustín.

De esta muerte nos sacó Cristo, tomando la naturaleza humana; redimió al hombre de la esclavitud del pecado, y lo presentó puro e inmaculado a los ojos de Dios. Describe el Santo con viveza, la lucha que sostuvo Cristo en su vida con el demonio y sus ministros, hasta la muerte de cruz, a la que siguió la gloria de la resurrección. Esta victoria de Cristo, se hace nuestra; porque así como naciendo en Adán, se hizo el hombre pecador, así renaciendo en Cristo se hace santo. Cristo nos engendra en la Iglesia por el bautismo, para que como Cristo resucitó, así nosotros vivamos vida nueva, a la que fervientemente les invita el santo obispo.

Las tres cartas a Simproniano, son más citadas por su importancia en la teología penitencial. Era Simproniano, a lo que parece, un hombre distinguido (San Paciano le llama "clarissimus"), que se había separado de la unidad católica, adhiriéndose al cisma herético de los novacianos, que ya hacía siglo y medio hería a la Iglesia.

En la primera carta que Simproniano, escribió al obispo de Barcelona, sin declararse claramente novaciano, se oponía al nombre de católica, que se da a la Iglesia verdadera, y al perdón de los pecados por la penitencia. Paciano le contesta defendiendo el nombre de católica, por el ejemplo de los santos y doctores anteriores, en particular de San Cipriano, cuyas doctrinas se apropia Paciano, y por la necesidad de distinguir con un nombre la Iglesia "principal", en medio de la confusión sembrada por las herejías.

Aquí tiene Paciano la hermosa sentencia: "Christianus mihi nomen est; catholicus vero cognomen"; "cristiano es mi nombre, católico mi apellido". Católico significa, según el Santo, unidad y obediencia total de todos; la Iglesia es católica porque es una en todos, y una sobre todos: "in omnibus una et una super omnes".

El perdón de los pecados por la penitencia, lo defiende Paciano con ardiente y sentida elocuencia, y una abrumadora serie de testimonios de la Sagrada Escritura. "Nunca amenazaría Dios al que no hace penitencia, si no perdonase al penitente. Pero dirás: "Sólo Dios puede hacerlo"; es verdad, pero lo que por sus sacerdotes hacen, es potestad suya".

En la segunda carta responde caritativa, pero claramente, a las argucias e indicios de poca buena voluntad, con que reaccionó Simproniano a la primera del santo obispo.

La tercera, la más larga, un verdadero tratado, es la refutación de los argumentos de los novacianos, expuestos en un escrito que le había remitido Simproniano. La doctrina de este escrito era, "que después del bautismo, no se puede hacer penitencia; que la Iglesia no puede perdonar el pecado mortal; más aún, que ella misma perece, al recibir a los pecadores".

Es importante esta precisión doctrinal usada por San Paciano, ya que por este medio, conocemos el estadio contemporáneo de la doctrina novaciana, que varió mucho en los cuatro o cinco siglos que perduró. Con viveza y elocuente energía, rechaza San Paciano, los sofismas de los que se llamaban a sí mismos "cátaros" puros, porque no querían admitir la reconciliación, a los pecadores penitentes.

La historia de Novaciano, su jefe, le proporciona al obispo, armas eficaces de combate. La santidad de la Iglesia, en la que pretendían fundarse, le da ocasión para explayar en cálidas frases su amor a ella, no sólo virgen y Esposa de Cristo, sino su mismo cuerpo, madre fecunda, y llena de compasivo amor hacia sus hijos pródigos, que no se mancha por exhortarlos a la penitencia, y acogerlos plenamente en su seno, después de cumplida la satisfacción, que no era ciertamente cosa de placer.

Toda esta refutación de los errores novacianos, rica en textos bíblicos, con que deshace las falsas interpretaciones de los herejes, está impregnada de santa indignación, por las argucias con que engañan a sus seguidores, pero también de caridad hacia su corresponsal, a quien invita “con el espectáculo de la Iglesia católica, en su unidad y universalidad, la reina vestida toda de oro con matices de varios colores, la vid rica en ramos que campean en sus largos sarmientos..., la casa grande que muestra su opulencia, en preciosos vasos de oro puro y tersa plata, pero no se avergüenza en servirse también, de vasos de barro y madera".

La Paraenesis, sive libellus exhortatorius ad paenitentiam, nos resarce en parte de la carencia del opúsculo, que se proponía escribir San Paciano, como complemento de sus cartas a Simproniano.

Trata el Santo directamente de la penitencia pública, que se practicaba por ciertos pecados más graves; pero sus exhortaciones tienen carácter general, y son aptísimas para mover al pecador, a salir de su estado por la penitencia. Divide el Santo su exhortación en cuatro partes.

En la primera declara cuáles son estos pecados, por los que se imponía la penitencia pública: apostasía, homicidio, adulterio y fornicación; sin que pretenda dar una distinción adecuada entre pecado mortal, y pecado venial.

En la segunda acosa con celo pastoral, a los que por vergüenza no quieren manifestar sus culpas, post impudentiam timidos, post peccata verecundos, qui peccare non erubescitis et erubescitis confiteri, "tímidos después de la impudicia, vergonzosos después del pecado, que no os avergonzáis de pecar, y os avergonzáis de confesar".

La tercera se dirige, a los que manifestadas sus culpas, no tienen valor para sujetarse a las obras penosas de la penitencia pública, semejantes a los enfermos, que declarada su enfermedad, no quieren sufrir la cura dolorosa que el médico juzga necesaria.

Por último les exhorta vivamente a la penitencia, con la simple representación de los castigos, con que la Sagrada Escritura amenaza a los impenitentes, y con la promesa del perdón, para los que con la penitencia, se humillan ante Dios, recordándoles una vez más, las parábolas evangélicas de la dracma y la oveja perdida, y el regocijo de los ángeles por el pecador arrepentido.

El culto de San Paciano no figura en los libros litúrgicos mozárabes. Las primeras menciones de San Paciano, son de los martirologios del siglo IX; en los santorales y misales de Barcelona, se halla la fiesta del Santo el 9 de marzo desde el siglo XII, y actualmente tiene en la diócesis rito doble mayor. Los trabajos emprendidos en el siglo XVI por el obispo de Barcelona, don Juan Dimas Loris, para hallar los restos del Santo, no condujeron a resultados ciertos.

Oración Final: Te pedimos Señor, que mantengamos siempre presente en nuestra Vida, la exhortación de la Santísima Virgen en Fátima, como en tantas otras apariciones: PENITENCIA, PENITENCIA, PENITENCIA. Amén.


viernes, 9 de marzo de 2018


Tercera Feria 6 de marzo

San Olegario


Obispo
(1060-1136)

Breve
Olegario = Aquel de la lanza invulnerable, es de origen germánico.

Obispo enérgico que supo mantener la cohesión de la Iglesia en Barcelona, en tiempos de guerra y desolación. Guardián celoso y maestro de la castidad, afable para todos, generoso con los pobres, esquivo de la vanagloria, despegado de la pompa mundanal, y amante fiel de la paz verdadera, no fingida”.
----------------------------------------
En lo religioso es Nicolás II quien dirige, y en lo civil, Enrique IV administra el Sacro Imperio Romano, cuando nace en el año 1060 Olegario.

Sus padres fueron Olaguer –válido de D. Ramón Berenguer, conde de Barcelona– y Guilia. En su tiempo, se condena a Berengario por sus errores sobre la Eucaristía, y Godofredo de Buillón conquista Jerusalén, nombrándosele defensor del Santo Sepulcro.

Su familia era de origen noble, por parte del padre y de la madre. Ambos se preocuparon por darle una educación, en los valores que nunca defraudan: los del Evangelio.

El padre – cosa rara hoy en día – quiso llevar y dirigir sus estudios, según los criterios de la época en que le tocó vivir.

Cuando vio que su preparación intelectual y humanista, la recibiría mejor con los canónigos de la catedral, no tuvo inconveniente en confiarles su educación como persona humana.

En los estudios que le prepararían para ser sacerdote, se distinguió por su piedad sincera, su aprovechamiento, y su afición o “hobby”, por leer a los Santos Padres.

Tanto los leyó, meditó y estudió, por lo que se convirtió en una verdadero especialista.

Él anhelaba la perfección espiritual de su vida. Por eso, al enterarse de que había cerca de Barcelona, un convento de canónigos regulares de San Agustín, no dudó lo más mínimo en irse para imitar su virtud.

Fue canónigo de la iglesia Catedral de Barcelona, y D. Ramón Beltrán, obispo de la ciudad lo ordenó sacerdote. Pero pensando que agradaba más a Dios de otra manera, Olaguer –que así le conocen en Barcelona y Tarragona– renuncia a la prebenda catedralicia, entra en el monasterio de San Adrián, del que llega a ser prior, y pasa a ser abad del de San Rufo, hasta que se le nombra obispo en el año 1115.

No pocos apuros costaron, ponerle sobre su cabeza la mitra de Barcelona, y en su mano el báculo, por no quererlos aceptar el frailecito, pensando que eran gran dignidad y pocos sus méritos; incluso llegó a escaparse por la noche, y el clero tuvo que "atraparle" en Perpiñán; y dicen que hasta el mismo D. Rodrigo suplicó al papa Pascual II, para que le obligara a aceptarla. Aquellas buenas gentes apreciaban bien su calidad.

Como obispo hace su labor con creces; pasó el tiempo reconstruyendo monasterios e iglesias, predicando directamente a los fieles –cosa poco usual en su época– y preocupándose de los pobres, dándoles en limosna los dineros que él recibía.

Cuando muere el papa Pascual, y se elige a Gelasio II, va Olegario a Roma a visitarlo y prestarle juramento. A su vuelta, se ha recuperado Tarragona de los moros; se restituye su condición de sede metropolitana, y Olaguer es nombrado su arzobispo, el 21 de marzo de 1118.

El papa lo nombra además legado suyo, para toda España. Tiene que vivir en Barcelona, cuya sede mantiene, porque quedó arrasada Tarragona, y sin bienes propios; ocho años tardará Olegario en terminar de reedificar las murallas de esta ciudad, y en llevar a ella, a gente aguerrida que esté en condiciones de poder defenderla.

Cumpliendo la misión de metropolitano, y legado ad latere, hubo de tomar parte en diversos concilios, y anatematizó al antipapa Anacleto.

A su regreso de Tierra Santa, se preocupa de que se restituyan a la iglesia los bienes, que algunos se habían injustamente apropiado, bendice y repara las iglesias desacralizadas por los sarracenos, e interviene en Zaragoza, en la reconciliación entre don Alonso de Castilla y don Ramiro de Aragón.

Este hombre celoso, incansable, con don de gobierno y mucho amor a Dios, no pudo ver reconstruida su iglesia metropolitana, por falta de recursos económicos, antes de morir el 6 de marzo del 1136.

Fueron sepultados sus restos, en su iglesia de Barcelona, y canonizado a la antigua usanza, es decir, por veneración popular, y consentimiento del Romano Pontífice.

Fecha de canonización: 25 de mayo de 1675 por el Papa Clemente X.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión del Obispo San Olegario, puedan nuestros obispos, católicos y ortodoxos, defender con valentía y constancia tus enseñanzas, y las que nos dejaron los Apóstoles en el Evangelio. A Tí Señor, que nos prometiste que el Cielo y la Tierra pasarán, pero siempre permanecerá incólume tu Palabra. Amén.


jueves, 8 de marzo de 2018


Quinta Feria, 8 de Marzo

San Juan de Dios


(1495-1550)
«¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!»

«Porque así como el agua mata al fuego, así la caridad mata al pecado«.

Todo lo que hicisteis con cada uno de estos mis hermanos enfermos, conmigo lo hicisteis (Mt. 25,40).

Comprendió el gran error, que es pretender curar las enfermedades mentales, a bases de golpes y desprecio. Enseñó con su ejemplo, que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma con amor, si se quiere obtener la curación de su cuerpo.

Patrono de los que trabajan en hospitales, y de los que propagan libros religiosos

Breve
Fundador de la Comunidad de Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.

Juan de Dios: laico consagrado, su vocación: amar a los pobres y enfermos de Dios. Revolucionó los hospitales, para convertirlos en «lugares de acogida» para los pobres y enfermos mentales. «El loco del amor", se dedicó a llevar "Medicina con Amor".

San Juan de Dios funda hospitales de ayuda a los enfermos mentales, como gran precursor en el siglo XVI. Después de una vida en la milicia, llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos.

Fundó un hospital en Granada, y vinculó a su obra a un grupo de compañeros, los cuales constituyeron después la Orden de los Hospitalarios, de San Juan de Dios. Destacó, sobre todo, por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada en el año 1550.

-------------------------------------------------------------
Nace cerca de Toledo, España, en 1495, aunque muchos por error creen que nació en Portugal. Era de familia pobre, pero muy piadosa. Su madre murió cuando él era joven, y su padre entró en la vida religiosa, hasta su muerte.

Ejerció como pastor, y fue tan apreciado por su patrón, que éste le propuso, sin éxito, que se casara con su hija, y fuese su heredero. Juan entró en la milicia, y participó en varias batallas de Carlos V. En una de las campañas le pusieron a cuidar un depósito, y como el enemigo logró saquearlo, le condenaron a la horca. Juan se encomendó a la Virgen María, y le perdonaron la vida. Dejó la vida militar, pero en ella aprendió a ser disciplinado y sufrido.

Se dedicó entonces a vendedor ambulante de libros, y estampas religiosas. En una ocasión, llegando a la ciudad de Granada, vio un niño muy pobre, y se ofreció a ayudarlo. Aquel niño era Jesús, quien le dijo antes de desaparecer: "Granada será tu cruz".

En una ocasión, asistió a la prédica del famoso Padre San Juan de Ávila, que estaba de visita en Granada. En plena prédica, cuando hablaba contra la vida de pecado, San Juan se arrodilló, y comenzó a gritar: "Misericordia Señor, que soy un pecador". Salió gritando por las calles, pidiendo perdón a Dios. Tenía unos 40 años.

Se confesó con San Juan de Avila, y quedó tan impresionado en su visión interior, que tuvo una transformación radical. Repartió todas sus posesiones entre los pobres. Deambulaba por las calles, pidiendo misericordia a Dios por todos su pecados. Cosechó rechazos, y la gente lo creyó loco, y lo trataban con gran desprecio. Hasta lo atacaban a pedradas y golpes.

Al fin, lo llevaron a un asilo para locos, donde recibió fuertes palizas, tal como se acostumbraba a tratar a los locos. Sin embargo, sus custodios notaban que Juan soportaba con valentía los azotes, ofreciendo su dolor a Dios. Juan aprovechaba para corregir a los guardias, y les hacía comprender, lo injusto en el modo tan brutal de tratar a los demás enfermos.

Cuando San Juan de Avila volvió a la ciudad, y supo que Juan estaba recluido en un asilo para locos, fue y logró sacarlo de allí. Le curó de esa locura temporal en la que se hallaba, y le mandó a que se dedicara a la verdadera "locura de amor": gastar toda su vida y sus energías, ayudando a los enfermos más miserables, por amor a Cristo Jesús, a quien ellos representan.

Fundación
La estadía de Juan de Dios en el asilo fue providencial. Comprendió el gran error, que es pretender curar las enfermedades mentales, a bases de golpes y desprecio.

Se propuso ayudarles. Alquila una casa vieja en Granada, para recibir a cualquier enfermo, mendigo, loco, anciano, huérfano o desamparado. Durante todo el día atiende a cada uno, con el más exquisito cariño, haciendo de enfermero, cocinero, barrendero, mandadero, padre, amigo y hermano de todos. Por la noche, se va por la calle pidiendo limosnas para sus pobres.

Sabía poco de medicina, pero tenía mas éxito curando enfermedades mentales, que cualquier médico. Enseñó con su ejemplo, que a ciertos enfermos hay que curarles primero el alma con amor, si se quiere obtener la curación de su cuerpo. Este fue el comienzo, de la fundación de su hospital. Mas tarde, vinculó a su obra a un grupo de compañeros, los cuales constituyeron la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios.

Pronto se hizo popular, el grito nocturno de Juan por las calles de Granada. "¡Haced el bien hermanos, para vuestro bien!". Las gentes salían a la puerta de sus casas, y le daban las sobras de la comida del día. Al volver cerca de medianoche, se dedicaba a hacer el aseo en el hospital, y a la madrugada se echaba a dormir un rato, debajo de una escalera.

La obra llegó a oídos del señor Obispo. Admirado, le añadió dos palabras a su nombre que en adelante sería "Juan de Dios". Como Juan de Dios cambiaba sus ropas, por los harapos de los pobres que encontraba en las calles, el prelado le dio un hábito negro, con el que se vistió hasta la muerte.

Un día su hospital se incendió. Juan de Dios, entró varias veces a través de enormes llamaradas, para sacar a los enfermos, sin sufrir quemaduras. Así logró salvarle la vida a todos sus pacientes.

Otro día el río creció, y arrastraba troncos y palos. Juan necesitaba abundante leña para el invierno para sus ancianos. Mientras sacaban troncos del río, uno de sus compañeros jóvenes, de pronto fue arrastrado por la corriente. Juan se lanzó al agua para salvarle la vida. El agua fría le hizo enfermar, y empezó a sufrir espantosos dolores. Trataba de que no se notara cuanto sufría.

Por la artritis, tenía sus piernas retorcidas, y con grandes dolores. Eventualmente, se hizo imposible esconder su enfermedad. Una señora obtuvo del señor Obispo autorización para llevarlo a su casa, y cuidarlo un poco. El santo fue ante el Santísimo Sacramento, para despedirse de su amado hospital.

Le confió la dirección de su obra a Antonio Martín, quien había tenido gran enemistad con otro hombre. Juan los reconcilió, y ambos habían entraron con él, a la vida religiosa como buenos amigos.

Al llegar a la casa de la rica señora, Juan exclamó: "OH, estas comodidades son demasiado lujo para mí, que soy tan miserable pecador". Allí trataron de curarlo de su dolorosa enfermedad, pero ya era tarde.

El 8 de marzo de 1550, sintiendo que le llegaba la muerte, se arrodilló en el suelo, y exclamó: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo", y quedó muerto, así, de rodillas. Había trabajado incansablemente durante diez años, dirigiendo su hospital de pobres, con tantos problemas económicos, que a veces ni se atrevía a salir a la calle, a causa de las muchísimas deudas que tenía; y con tanta humildad, que siendo el más grande santo de la ciudad, se creía el más indigno pecador.

El que había sido apedreado como loco, fue acompañado al cementerio por el Obispo, las autoridades, y todo el pueblo, como un santo.

Muchos milagros se han atribuido a su intercesión.

El Papa lo canonizó en 1690.

Es Patrono de los que trabajan en hospitales, y de los que propagan libros religiosos.

Los religiosos Hospitalarios de San Juan de Dios, unos mil quinientos, sirven a enfermos mentales y otros enfermos, en 216 casas en todos los continentes. En Italia se les conoce como «Fatebenefratelli». Los primeros beatos de Colombia, pertenecieron a esta santa comunidad.
Controversia sobre su país de origen: El libro de Fray José Martinez Gil, «San Juan de Dios. Fundador de la Fraternidad Hospitalaria» Ed. BAC, escrito en el Vaticano utilizando los archivos secretos, revela aspectos del santo hasta ahora desconocidos.

Por ejemplo: San Juan de Dios nació en Casarrubios del Monte, cerca de Toledo, España. La errónea atribución del nacimiento del santo a Portugal, fue originada por una invención de su primer biógrafo, Castro, que no quiso escribir que Juan de Dios fue hijo de judíos. Su nacimiento fue en 1495, es decir, sólo tres años después de la expulsión de los judíos de España.

--------------------------------------------------------------------
Oficio de lectura, 8 de Marzo

San Juan de Dios, religioso
Jesucristo es fiel y lo provee todo

De sus cartas, archivo general de la Orden Hospitalaria

Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer el Bien, mientras pudiésemos: pues que dando nosotros, por su amor, a los pobres, lo que él mismo nos da, nos promete ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh bienaventurado logro y ganancia!.

¿Quién no da lo que tiene, a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buena mercancía y nos ruega, con los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados, y hagamos caridad primero a nuestras almas, y después a las del prójimo?. Porque así como el agua mata al fuego, así la caridad mata al pecado.

Son tantos los pobres que aquí nos llegan, que yo mismo muchas veces estoy espantado, de cómo se pueden sustentar; mas Jesucristo lo provee todo, y les da de comer. Como la ciudad es grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que llegan a esta casa de Dios.

Entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Como esta casa es general, reciben en ella generalmente de todas enfermedades y suerte de gentes, así que aquí hay tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralíticos, tísicos, y otros muy viejos, y hasta muy niños, y contar con otros muchos peregrinos y viajantes que aquí se arriman, y les damos fuego y agua, sal y vasijas para guisar, y tener algo que comer. Para todo esto, no hay renta, mas Jesucristo lo provee todo.

De esta manera, estoy aquí empeñado y cautivo sólo por Jesucristo. Viéndome tan empeñado, muchas veces no salgo de casa, por las deudas que debo, y viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, así al cuerpo como al alma, como no los puedo socorrer, estoy muy triste, mas empero confío en Jesucristo; que Él me asistirá, pues Él conoce mi corazón.

Y así digo que, desgraciado el hombre que se fía de los hombres, olvidando pedir y confiar sólo en Jesucristo; de los hombres has de quedar desamparado, lo quieras o no; mas siempre Jesucristo es fiel y perdurable su asistencia, y puesto que Jesucristo lo provee todo, a Él sean dadas las gracias por siempre jamás. Amén.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos siempre amarte y servirte como lo hizo San Juan de Dios, confiando en todo momento en tu Divina Providencia, y así marchar seguros en medio de tantos peligros espirituales y materiales, que nos asechan en nuestra peregrinación sobre la Tierra. A Tí Señor, que siempre nos enseñaste a ser siempre persistente en la Fe y la Oración. Amén.