4 De Julio de 2026
San Pier Giorgio Frassati
Pier
Giorgio nació en Turín en 1901 en el seno de una rica familia
burguesa: su padre Alfredo, senador liberal, periodista, propietario
del periódico "La Stampa", amigo íntimo de Giolitti, del
que fue enviado a Berlín como embajador de Italia; su madre era una
pintora muy reconocida:
El rey de Italia, Víctor Manuel III
compró uno de sus cuadros, expuestos en la Bienal de Venecia. El
clima que se respiraba en la casa de Frassati, no era en algún modo
una "atmósfera de fe", pero el Señor supo cómo abrirse
camino, en los corazones de las personas dispuestas a escucharlo.
El
sistema familiar se combate desde dentro
Piergiorgio rechazaba
el tipo de vida que se conducía en casa, y también se sentía a
disgusto en la clase social a la que pertenecía; además, la fe era
un elemento más de forma que de sustancia.
Compartió su
infancia con su hermana Luciana, apenas un año más joven, su única
confidente en cuanto comenzaron a emerger los contrastes, cada vez
mas frecuentes con mamá y papá. Por si fuera poco, Piergiorgio no
era un gran estudiante, pero logró entrar al Instituto Social de los
Padres Jesuitas y luego, después del bachillerato, se inscribió en
Ingeniería Mecánica con especialidad minera, para estar cerca de
los mineros, considerados entonces los más explotados entre los
explotados.
En esas difíciles condiciones familiares, de todos
modos Piergiorgio decidió quedarse en casa, junto a su familia, para
poder ejercitar su grande empeño social, y su caridad a los pobres,
su amor a la oración y a la eucaristía, que superaron con creces,
su escasa dedicación al estudio. Desafortunadamente, no alcanzó a
obtener en vida su título de ingeniero y sólo hasta el 2002 le fue
concedido "honoris causa".
"Holgazanear"
al servicio de la justicia y la caridad
En efecto, los ásperos
enfrentamientos con su padre no se hicieron esperar; sin embargo los
duros desaguisados eran en una sola direción, pues cuando Alfredo
calificaba a su hijo como "un inútil", y le recriminaba su
"vagabundeo" por la ciudad, entre personas que no estaban a
su altura social, Piergiorgio, por su parte, no respondía a las
provocaciones de su padre, con la suficiencia y el orgullo propio de
los jóvenes de su clase; al contrario, su alegría era avasalladora,
siempre sonreía y aceptaba los reproches, con los mismos ojos
serenos de un joven que comparte las inquietudes y problemas de sus
coetános, y que mira con amabilidad al prójimo necesitado.
Su
mirada estaba llena de aquel auténtico amor evangélico, y de
aquella verdadera participación en el sufrimiento de las personas
desheredadas. En estos años, se inscribió prácticamente en todas
las asociaciones católicas existentes para los laicos, empezando por
la Conferencia de San Vicente, la Acción Católica, la FUCI,
dondequiera que hubiera necesidad, y donde pudiera ser enviado para
servir a las personas desprovistas de todo.
Empresa
"Transportes Frassati"
Sus amigos se burlaban de su
empeño social, y lo llamaban "Empresa Transportes Frassati"
porque siempre iba a los techos de las "cuevas" de los
pobres, a las casas de la periferia de Turín, que era sin duda una
ciudad de grandes santos y de intelectuales, pero también de
muchísimos trabajadores explotados, pobres y abandonados.
A
estas personas Piergiorgio les proveía de todo: comida, ropa,
madera, carbón, muebles; para estos prójimos empobrecidos gastaba
todo el dinero que su familia le daba, y que cada vez sería menos.
En este periodo también se acercó a la espiritualidad de los
dominicos, y se convirtió en terciario; en Berlín también tuvo la
oportunidad de conocer al Padre Karl Sonnenschein, "el san
Francisco alemán".
Ese encuentro le hizo preguntarse sobre
la posibilidad de convertirse en sacerdote; una idea fugaz que
Piergiorgio dejó de lado, porque se dio cuenta de que no era esa su
vocación. Èl, como laico, era más feliz cuando prefería la
compañía de los pobres, a la compañía de los jóvenes burgueses,
pues a través de ellos colmaba su sed de concretar el Evangelio.
Por eso, sería un error pensar que hubiera sido un tipo extraño
o aislado, cuando abandonaba las ocasiones de diversión "burguesa",
para participar activamente en la misa. Al contrario: buscaba siempre
estar en contacto con la fuente de la vida verdadera y, entre otras
cosas, era un gran apasionado de la montaña, con una gran
experiencia de alpinismo.
Parece que llega el amor...pero no se
concretiza
Un
día en que se divertía con sus amigos, conoció a Laura Hidalgo.
Piergiorgio se enamoró inmediatamente de ella, pero será un amor
imposible que conservará en su corazón, y todo para sí mismo;
primero, para no causarle a ella una falsa ilusión, y luego, para no
dar a su familia otro disgusto, ya que esta inteligentísima y bella
chica, pertenecía a una clase social mucho más baja.
Un
sacrificio que pocos jóvenes habrían podido soportar. Piergiorgio,
en cambio, supo enfrentar esta durísima renuncia con una sonrisa,
porque sentía en el fondo de cada fibra de su corazón, que el
verdadero amor era el eterno, y que ese amor le esperaba en su
próxima vida, la que tal vez empiezaba a vislumbrar, llegando
incluso a anhelar, que no tardase en llegar el día de su nacimiento
para el cielo, llamándolo "el más hermoso de todos".
En
este último período fundó la "Compañía de los Chicos
Fastidiosos" cuyos miembros, "estafadores y estafadoras",
se ponían apodos divertidos (el de Piergiorgio era Robespierre),
hacían viajes y bromas, pero sobre todo aspiraban a la más profunda
de las amistades: aquella fundada en el santo vínculo de la oración
y de la fe, siempre alegre: una sincera amistad cristiana, en ciertos
aspectos renovadora y profética, de una buena parte del
asociacionismo secular de la Iglesia.
Una
muerte inesperada
Era el 30 de junio de 1925. Toda la familia
Frassati, estaba tan preocupada por la deteriorada salud de la abuela
Linda, moribunda, que nadie le prestaba atención a Piergiorgio, que
acusaba un fuerte dolor de cabeza, y no tenía apetito. Algo insólito
para él, que siempre solía estar tan bien dispuesto y saludable.
Se darán cuenta de la seriedad de su malestar, sólo en el día
del funeral de la abuela, cuando Piergiorgio ya no pudo ni levantarse
de la cama. Desafortunadamente, será demasiado tarde pues la
poliomielitis fulminante, posiblemente contraída en las chabolas, le
troncará la vida el 4 de julio, a sólo 24 años. Miles de personas
asistieron a su funeral: la mayoría de ellas, eran las personas
pobres de Turín, a las que había ayudado materialmente con su
actividad social, y a las que había evangelizado con el ejemplo de
su vida, llena de la alegría de un Dios eternamente joven. Conmovido
por el intenso dolor, e impresionado por la gran multitud, el padre
repetía sollozando: "¡No conocí a mi hijo!".
El
"primer milagro" de Piergiorgio
Alfredo Frassati se
quedó muy deprimido, y no halló un consuelo pues comprendió muy
tarde, quién había sido realmente su hijo. Su corazón se había
roto, porque Piergiorgio le había dejado un vacío demasiado grande,
un silencio ensordecedor.
Con todo, Alfredo no se escapó de tal
sufrimiento, y se dejó horadar en profundidad por el dolor.
Lentamente ese vacío se fue llenando con una nueva luz, que venía
de la Palabra de Dios. Alfredo se fue acercando a la fe, y su
esperanza y su caridad maduraron día con día hasta el final de su
vida. Murió en 1961 despuès de una progresiva y maravillosa
conversión que muchos consideraron, tal vez con razón, el "primer"
milagro de Piergiorgio.
https://www.vaticannews
Oración
a Piergiorgio Frassati:
Señor
Jesús,
danos el valor para volar alto,
para escapar de la
tentación,
de la mediocridad y la banalidad;
haznos capaces,
como Piergiorgio,
de aspirar a cosas más grandes,
con su
tenacidad y perseverancia,
y de acoger con alegría su invitación
a la santidad.
Líbranos del miedo a no tener éxito,
y de la
falsa modestia de no sentirnos capaces.
Concédenos la gracia que
te pedimos,
por intercesión de Piergiorgio,
y la fuerza para
continuar fielmente,
en el camino que nos conduce "hacia lo
alto",
por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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