viernes, 25 de septiembre de 2020

 25 de Septiembre

San Cleofás, discípulo



Encuentro con Jesús Resucitado, en el Camino a Emaús

"Quédate con nosotros, que el día ya declina"


Jesús apenas resucitado, siente misericordia por dos discípulos, que caminan en la soledad espiritual de su amargura, pensando que el Divino Maestro está muerto, y con Él, las Puertas del Reino de los Cielos permanecen cerradas.

La distancia de Jerusalén a Emaús, es de algo más de diez kilómetros. Hacia Emaús, caminan ese mismo día, dos discípulos del Maestro. Uno de ellos responde al nombre de Cleofás. Van comentando entre ellos, los acontecimientos del fracaso de Jesús, en los días pasados.

Los hombres caminan llorando, y consolándose mutuamente. Las pisadas son pesadas, porque llevan la amargura en el pecho. Son tantos años junto al Divino Maestro, con tantas ilusiones truncas, tantas promesas secas, tantas alegrías cegadas. Esperaban un Reino Terrestre, la liberación de Israel de sus opresores.

Se les unió un caminante, como compañero de camino. Ellos tenían "ofuscada la mirada". Al preguntarles qué les pasa, Cleofás con tono enojado, casi le regañó, por no estar al tanto, de lo que ha pasado en la Ciudad Santa. Cuando resumen los hechos, tan trágicos e impresionantes, el viajero les recordó, que ya estaba previsto por los profetas, y les redescubrió las escrituras.

Al acercarse a la aldea, el caminante muestra intención de proseguir su camino. Cleofás y su amigo le insistieron: "Quédate con nosotros, que el día ya declina". El caminante accedió, entró con ellos en la casa, se sentó a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió en trozos y se los dio. En ese instante le reconocieron, pero Él ya había desaparecido ante sus ojos.

Fueron de inmediato a ver a los Apóstoles, que estaban reunidos, quienes les contaron a su vez, otras maravillosas noticias, de la amada María Magdalena, que lo vió en el huerto, y le anunció que los vería a todos en Nazareth. La alegría de todos fué muy profunda, y entonces la Paz y la Esperanza, comenzó a descender sobre ellos.

Oración: Señor y Dios nuestro, que por la intercesión de San Cleofás, ayúdanos a clarificar nuestra visión espiritual, y decirte que te quedes en nuestra Vida para siempre, junto a la Santísima Virgen María y San José, los Apóstoles, y los Santos y Santas que nos precedieron. A Tí Señor, que Vives y Reinas por los Siglos de los Siglos. Amén.


jueves, 24 de septiembre de 2020

24 de septiembre



NUESTRA SEÑORA SANTA MARIA DE LA MERCED

El nombre de Santa María de la Merced, sonó por vez primera, a orillas del Mediterráneo en el siglo XIII.

Eran siglos de fe y de lucha. El sur y el levante de España, estaban en poder de los árabes. Las aguas del mar Mediterráneo, estaban infestadas de corsarios turcos y sarracenos, que lo mismo abordaban a los barcos, que desembarcaban en las costas, y entraban a sangre y fuego por campos y caseríos, reduciendo a cenizas los pueblos, y haciendo cautivos a sus habitantes.

La esclavitud llegó a ser un hecho real, político, social y económico, surgido de las guerras, del corso y de la enemistad religiosa, entre cristianos y mahometanos.

Una noche, la que va del 1 al 2 de agosto de 1218, se hallaba San Pedro Nolasco en oración, cuando se le apareció la Santísima Virgen, rodeada de ángeles y radiante de gloria, y no sólo le animó en sus intentos, sino que le declaró, la histórica revelación de su misión mercedaria, y tal revelación fue la siguiente:

"Que la obra de redimir cautivos, a la cual él se dedicaba, era muy agradable a Dios, y para perseverar en ella, engrandecerla y perpetuarla, le transmitía el mandato, de la fundación de una Orden religiosa, cuyos miembros imitaran a su Hijo, Jesucristo, redimiendo a los cristianos cautivos de infieles, dándose a sí en prenda, si fuera menester, para completar la obra de libertad encomendada".

Diez días más tarde, San Pedro Nolasco se decidió a cumplir el mandato divino, alentado y apoyado por el rey, don Jaime el Conquistador, y por el consejero real San Raimundo de Peñafort.

A tal efecto, el día 10 de agosto de 1218, fiesta de San Lorenzo, ante el altar de Santa Eulalia, de la iglesia catedral de Barcelona, el obispo de la misma, don Berenguer de Palóu, vistió canónicamente el hábito blanco al Santo, y algunos de los jóvenes que con él trabajaban, y quedó fundada la Orden de la Merced.

La Virgen de la Merced, al fundar su Orden, echó los cimientos de una obra, en alto grado humanitaria y social. Por ella vino la redención, la esperanza y la libertad. Por amor de ella, la caridad se hizo sangre, sacrificio y martirio. Con su apoyo, se llevaron a cabo los mayores heroísmos.

A lo largo de los siglos, la Orden de la Merced, ejecutó centenares de redenciones colectivas, unas anónimas y olvidadas, otras conocidas y perfectamente documentadas. El número de los redimidos, estuvo sujeto a mil azares, y condicionantes de tipo social, económico, político y hasta bélico.

Hubo redención, en que los frailes de María de la Merced, arrancaron de la esclavitud, a más de cuatrocientas personas, entre clérigos, mujeres, niños, soldados y hombres de diversa edad.

Los sufrimientos de San Pedro Nolasco; el apaleamiento y el candado en su boca de San Ramón Nonato; la crucifixión de San Serapio; la horca de San Pedro Armengol, que la Virgen milagrosamente suspendió; la decapitación de San Pedro Pascual, y la innumerable historia de víctimas mercedarias, son el rastro de la sangre y el honor de las redenciones.

Oración: Dios y Señor nuestro, te pedimos que nos liberes, de las modernas esclavitudes que sufrimos todos los días, para que bajo la protección de la Virgen de la Merced, y San Pedro Nolasco, San Raimundo de Peñafort, San Serapio, San Ramón Nonato, San Pedro Armengol, San Pedro Pascual, y todos los santos y santas, podamos romper las cadenas, que atan y condicionan nuestra vida, espiritual y material. Por nuestro señor Jesucristo, por siempre. Amén.

miércoles, 23 de septiembre de 2020

 23 de septiembre

San Pío de Pietrelcina



(1887-1968)

Sacerdote Capuchino. Místico. Confesor

Transverberación del corazón

Azotado y golpeado sin cesar, por el demonio

Patronazgo: enfermos y sufrientes hospitalarios

El Padre Pío, nació como Francesco Forgione. Es uno de los más grandes místicos de nuestro tiempo. Nos enseñó el amor radical al corazón de Jesús, y a su Iglesia. Su vida era oración, sacrificio y pobreza.

Sacerdote capuchino

Celebró su primera misa, el 10 de Agosto de 1910. Ocho años más tarde, el 20 de Septiembre de 1918, aparecieron visiblemente, las llagas de Nuestro Señor en sus manos, pies y costado izquierdo del pecho, haciendo del Padre Pío, el primer sacerdote estigmatizado en la historia de la Iglesia, ya que San Francisco de Asís, no era sacerdote.

Fue heroico en su apostolado sacerdotal, que duró 58 años. Grandes multitudes, de todas las nacionalidades, pasaron por su confesionario. Las conversiones fueron innumerables. Diariamente recibía centenares de cartas de fieles, que pedían su consejo iluminado, y su dirección espiritual, la cual ha causado en quienes le escribían, un retorno a la serenidad, a la paz espiritual, y al coloquio con Dios.

Famoso confesor

El Padre Pío pasaba hasta 16 horas diarias, en el confesionario. Algunos debían esperar hasta dos semanas, para lograr confesarse con él, porque el Señor les hacía ver, por medio de este sencillo sacerdote, la verdad del evangelio. Su vida se centraba en torno a la Eucaristía. Sus misas conmovían a los fieles, por su profunda devoción.

Amante de la Santísima Virgen

Toda su vida no ha sido otra cosa, que una continua oración y penitencia, lo cual no impedía, que sembrase a su alrededor, felicidad y gran alegría, entre aquellos que escuchaban sus palabras, que eran llenas de sabiduría, y de un extraordinario sentido del humor.

A través de sus cartas, al Confesor se le descubren, insospechables y tremendos sufrimientos espirituales y físicos, seguidos de una dicha inefable, derivada de su íntima y continua unión con Dios.

Llegaban a verle, multitud de peregrinos de todo el mundo, y además recibía numerosas cartas, pidiendo oración y consejo.

El Papa Juan Pablo II, en 1947, cuando era un sacerdote recién ordenado, fue a visitar al Padre Pío, y quedó profundamente impresionado por su santidad. Ya siendo Papa visitó su tumba.

Su heroica y dolorosa lucha contra el demonio

Los días previos a entrar al seminario, fueron días de visiones del Señor, que le prepararían para grandes luchas. Jesús le permitió ver al Padre Pío, el campo de batalla, los obstáculos y los enemigos. A un lado, habían hombres radiantes, con vestiduras blancas; al otro lado, inmensas bestias espantosas, de color oscuro.

Era una escena aterradora, y las rodillas del joven Francisco, comenzaron a temblar. Jesús le dice, que se tiene que enfrentar con la horrenda criatura, a lo que Francisco responde temeroso, rogándole al Señor que no le pidiera cosa semejante, de la cual no podría salir victorioso. Jesús vuelve a repetir su petición, dejándole saber que estaría a su lado.

Francisco entonces entra en un feroz combate; los dolores infligidos en su cuerpo eran intolerables, pero salió triunfante. Jesús alertó a Francisco, de que volvería a entrar en combate nuevamente con este demonio, a lo largo de toda su vida, pero que no temiera: ”Yo estaré protegiéndote, ayudándote, siempre a tu lado, hasta el fin de tus días”. Esta visión particular, aterrorizó al Padre Pío por 20 años.

El día anterior a entrar al Seminario, Francisco tuvo una visión de Jesús, con su Santísima Madre. En esta visión, Jesús posa Su mano en el hombro de Francisco, dándole valor y fortaleza, para seguir adelante. La Virgen María, por su parte, le habla suave, sutil y maternalmente, penetrando en lo más profundo de su alma.

Dones extraordinarios:

Discernimiento extraordinario: tenía la capacidad de leer los corazones y las conciencias.
Profecía: Pudo anunciar eventos del futuro.
Curación: curas milagrosas, por el poder de la oración.
Bilocación: estar en dos lugares al mismo tiempo.
Perfume: la sangre de sus estigmas, tenían fragancia de flores.
Estigmas: Recibió los estigmas, el 20 de septiembre de 1918, y los llevó hasta su muerte, 50 años después (23 de septiembre, 1968).

Los médicos que observaron los estigmas del Padre Pío, no pudieron hacer cicatrizar sus llagas, ni dar explicación de ellas. Calcularon que perdía una copa de sangre diaria, pero sus llagas nunca se infectaron. El Padre Pío, decía que eran un regalo de Dios, y una oportunidad para luchar, por ser más y más como Jesucristo Crucificado.

Transverberación del corazón


La transverberación es una gracia extraordinaria, que algunos santos como Santa Teresa de Jesús, y San Juan de la Cruz han recibido. El corazón de la persona escogida por Dios, es traspasado por una flecha misteriosa, sintiéndose como un dardo, que al penetrar, deja tras de sí una herida de amor que quema, mientras el alma es elevada, a los niveles más altos de la contemplación del amor y del dolor.

El Padre Pío, recibió esta gracia extraordinaria, el 5 de agosto de 1918. Con gran simplicidad, el Padre le narró a su director espiritual, lo sucedido:

"Yo estaba escuchando, las confesiones de los jóvenes la noche del 5 de agosto, cuando de repente, me asusté grandemente, al ver con los ojos de mi mente, a un visitante celestial, que se apareció frente a mí.

En su mano llevaba algo que parecía, como una larga lanza de hierro, con una punta muy aguda. Parecía que salía fuego de la punta. Vi a esta persona, hundir la lanza violentamente en mi alma.

Apenas pude quejarme, y sentí como que me moría. Le dije al muchacho, que saliera del confesionario, porque me sentía muy enfermo, y no tenía fuerzas para continuar. Este martirio duró sin interrupción, hasta la mañana del 7 de agosto. Desde ese día, siento una gran aflicción y una herida en mi alma, que está siempre abierta y me causa agonía".

Muerte. El Señor lo llamó a recibir su premio celestial, el 23 de Septiembre de 1968. Tenía 81 años. Durante 4 días, su cuerpo fue expuesto, ante millares de personas, que formaban una enorme columna, que no conoció interrupción, hasta el momento del funeral, al cual asistieron, más de cien mil personas.

Millones visitan su tumba, en la Cripta del Santuario de Nuestra Señora de las Gracias, en San Giovani Rotondo. El número de peregrinos continúa aumentando.

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SANTA TECLA

(Siglo I)

En el año 48 llegaron a Iconio, San Pablo y San Bernabé, en su segundo viaje misionero. Iconio, ciudad floreciente todavía, tenía en el comienzo del cristianismo, una importante colonia judía.

Un poco antes de entrar en ella —dice una de las más antiguas leyendas hagiográficas del cristianismo—, los dos Apóstoles encontraron un hombre, que se postró delante de ellos, y los invitó a hospedarse en su casa. Se llamaba Onesíforo. Pablo le siguió, y al llegar a la puerta, todos le recibieron con este saludo: "Bienvenido seas, servidor del Dios verdadero".

El Apóstol entró, rompió el pan, dobló las rodillas, y habló acerca de la continencia y la resurrección. Este relato no tiene nada de inverosímil, puesto que Onesíforo, pudo conocer a San Pablo en sus años de Tarso.

Diariamente —continúa la leyenda— Pablo predicaba, en la casa de su amigo, con las puertas abiertas. Y había enfrente una casa grande y rica, y en ella una joven hermosa, que no se cansaba de escuchar su palabra.

Día y noche, se la veía clavada a la ventana, sin pestañear, sin comer, y sin moverse ni un instante. Tenía el nombre de Tecla, vivía con su madre Teoclia, y con frecuencia, iba a visitarla un joven, llamado Tamiris, a quien había sido prometida en matrimonio.

Alarmada por la actitud de su hija, que seguía junto a la ventana, en actitud de éxtasis, Teoclia llamó a Tamiris con urgencia, pero ni la venida del joven, pudo sacarla de aquel extraño arrobamiento. En consecuencia, Pablo fue denunciado como embaucador y hechicero.

Se le condenó, y se le llevó a la cárcel. Tecla entonces, salió de su casa, y soltando los aros de oro que rodeaban sus brazos, se los dio al portero. A la puerta de la cárcel, se acordó de que llevaba un espejo de plata, para comprar al carcelero. Entró rebosante de alegría, y sentada a los pies del prisionero, escuchaba horas y horas las grandezas de Dios.

El amor de Tamiris, se transformó en odio; la misma madre se hace acusadora de su hija, delante del gobernador; Pablo es flagelado y desterrado; en la playa se enciende una inmensa hoguera, para castigar a su discípula. Tecla fue salvada milagrosamente, al producirse un terremoto, y una fuerte tormenta de agua y granizo que apagó el fuego.


Huyó con Pablo a Antioquía de Pisidia, donde un magistrado intentó violarla. Tecla se defendió, y fue acusada de agredirlo, por lo cual fue sentenciada, a ser devorada por las bestias salvajes, pero nuevamente fue salvada por milagro, de varios ataques de las fieras.

Luego huye en busca del hombre, que le había enseñado la ciencia de la vida, e iluminada por la promesa de las bienaventuranzas, recorre el mundo, presa de una embriaguez divina. Luego de estos episodios, se reunió en Myra de Licia, con el Apóstol. 

Por último, se recluyó en una cueva de Seleucia Pieria, durante los siguientes 72 años, donde gracias a otro milagro, es salvada de sus perseguidores, al abrirse la montaña para protegerla.

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San Lino I

Papa de la Iglesia y Mártir

Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de San Lino, papa, a quien, según el testimonio de San Ireneo, los Santos Apóstoles le encomendaron, el episcopado de la Iglesia, fundada en la Urbe. San Pablo Apóstol, lo recuerda como compañero (s. I).

San Lino, originario de Tuscia, probablemente de Volterra, es pues "el hombre probado", que por su santidad de vida y capacidad de gobierno, fue elegido por el mismo San Pedro, para que le sucediera. Por lo tanto, fue un directo colaborador suyo, y la estimación de que gozó, en la comunidad romana, fue muy grande, ya que fue nombrado, para regir la suerte de la Iglesia, en un momento tan difícil.

Oración: En este día tan especial Señor, te rogamos que siempre podamos encomendarnos, a la oración de San Pío de Pietrelcina, Santa Tecla y San Lino, a fin de poder estar siempre, libres de la influencia demoníaca, y de la cultura de muerte que domina a nuestro mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, siempre amado en nuestro corazón. Amén.

martes, 22 de septiembre de 2020

 22 de Septiembre

San Mauricio el Tebano y compañeros mártires



(+287)

Mauricio significa "negro" (moro), Cándido, "blanco"; Exuperio, "levantado en alto", y Víctor, "victorioso"

Diocleciano había asociado a su Imperio, a Maximiano Hércules. Ambos, feroces enemigos del nombre cristiano, decretaron la última y la más terrible de las persecuciones.

Maximiano hubo de acudir a las Galias, para reprimir un intento de sublevación de aquellos pueblos, y entre las tropas que reunió, se encontraba la legión Tebea, procedente de Egipto, y toda compuesta de cristianos.

Al ir a incorporarse a su destino, Mauricio, comandante de dicha legión, visita en Roma al papa Marcelo, Llegados a Octadura, la actual Martigny en el Valais, junto a los desfiladeros de los Alpes suizos, Maximiano ordena un sacrificio a los dioses, para impetrar su protección, en la campaña que pensaba emprender.

Los componentes de la legión Tebea, rehúsan hacer ese sacrificio, apartándose del resto del ejército, y yendo a acampar a Agauna, entre las montañas y el Ródano, no lejos del lado oriental del lago Lemán.

Los legionarios tebanos, declaran que no pueden faltar, al juramento prestado a Dios. Que obedecerán al emperador, siempre que su fe no se lo impida.

Maximiano monta en cólera, cuando conoce el motivo de la deserción, dando orden de que los legionarios rebeldes, sean diezmados y pasados a espada. Los sobrevivientes se reafirman en su fe, y se animan a sufrir todos los tormentos, antes que renegar de la verdadera religión.

Víctor, veterano licenciado de otra legión, pasaba casualmente por el lugar del suceso, mientras los verdugos festejaban su crueldad. Inquiere la causa, y al informarse, lamenta no haber podido acompañar a sus hermanos en la fe. Entonces los verdugos le sacrifican juntamente con los demás.

Patronazgo de armeros, sastres, tintoreros y soldados de infantería; abogado contra los calambres y la gota, patrón del Reino de Borgoña, de Saboya, del Piamonte y de Cerdeña; de los reyes de la dinastía merovingia, lombarda y carolingia; de los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico; de las tropas alpinas y de la Guardia Suiza.

Oración: Te rogamos Señor y Dios nuestro, que por intercesión de San Mauricio y sus compañeros legionarios, podamos comportarnos como leales soldados tuyos, amándote, sirviéndote y obedeciéndote siempre con todo nuestro corazón, durante todos los días de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo, y su Divina Madre, que viven y reinan contigo, por los Siglos de los Siglos. Amén.

lunes, 21 de septiembre de 2020

 21 de septiembre

San Mateo


También conocido como Leví

Etim.: Del griego, mathhaios; del arameo, mattai, es una forma corta del hebreo, mattanyah, que significa "regalo de Yahvé".

Uno de los doce Apóstoles y autor del primer Evangelio

Su símbolo: hombre con alas

Patrón de banqueros, contadores y fuerzas de seguridad

Hijo de Alfeo, nació y vivió en Cafarnaun, en el lago de Galilea.

Cuando Jesús lo llamó, ejercía el oficio de recaudador de impuestos. Escribió el evangelio, en lengua aramea, y según la tradición, predicó en Oriente. Jesús lo vió, y porque lo amó, lo eligió.

San Mateo, es llamado por dos Evangelistas Levi, ambos nombres son de origen Judío. El último lo obtuvo antes de su conversión; el otro lo tomó después, para mostrar la renuncia a su profesión, y que era un hombre nuevo.

Fue por profesión un publicano, o colector de impuestos para los Romanos. Entre los Judíos, estos publicanos eran sentidos como infames y odiosos, porque esta nación los miraba como enemigos, ya que recaudaban impuestos para el enemigo.

Su oficio dice haber consistido particularmente, en acumular un importante patrimonio, cobrando impuestos a los que navegaban, en los lagos de Genesareth o Tiberías.

San Marcos dice que San Mateo, trabajaba cerca del lago, donde él se sentaba. Jesús, habiendo últimamente curado un paralítico famoso, salió de Cafarnaúm, y caminó sobre los barcos del lago, o mar de Genesareth, enseñando a las personas que le seguían. Aquí, Él observó a Mateo, que realizaba su trabajo de cobro de peaje; entonces Él lo llamó a venir, y a seguirle.

El hombre era rico, disfrutaba de un sueldo lucrativo, era un hombre sabio y prudente, y entendía perfectamente, lo que seguir a Jesús le costaría. Pero él no tuvo miramientos, y dejó todos sus intereses y relaciones, para hacerse un discípulo del Señor.

No sabemos, si él ya estaba relacionado con la persona, o doctrina de nuestro Salvador, especialmente cuando estaba cerca de Cafarnaúm, ya que su casa parece haber estado en la ciudad, donde Cristo había vivido por algún tiempo, había predicado, y había hechos muchos milagros, por lo cual, él seguramente estaba en alguna medida, preparado para recibir el llamado de Jesús.

San Jerónimo dice que un cierto aire de majestad, brillaron en el gesto de acercamiento, de Nuestro Divino Redentor, que traspasó su alma, y lo atrajo fuertemente.

Este Apóstol, a la primera invitación, rompió con todas sus ataduras; dejó sus riquezas, su familia, sus preocupaciones del mundo, sus placeres, y su profesión. Su conversión fue sincera y perfecta.

San Mateo nunca regresó a su oficio, porque era una profesión peligrosa, y una ocasión de avaricia, opresión y extorsión.

San Mateo, al convertirse, para mostrar que no estaba descontento con su cambio, sino que lo miraba, como su más grande felicidad, entretuvo a Nuestro Señor y sus discípulos, en una gran comida en su casa, a donde invitó a sus amigos, especialmente los de su última profesión, como si esperaba, que por medio de la divina conversación de Nuestro Salvador, ellos también quizás sean convertidos.

Después de la ascensión de Nuestro Señor, San Mateo predicó por varios años en Judea, y en los países cercanos, hasta la dispersión de los Apóstoles. Un poco antes de la dispersión, escribió su evangelio, o pequeña historia de Nuestro Bendito Redentor. El Apóstol Bartolomé, se llevo una copia con él a la India, y la dejó allí. San Mateo escribió su evangelio, para satisfacer a los conversos de Palestina.

El Evangelio de San Mateo, desciende a un detalle más particular y completo, en las acciones de Cristo, que los otros tres, pero desde el Capitulo V al XIV, él frecuentemente se distingue de los otros, en la serie de sus narrativas, ignorando el orden del tiempo, para que esas instrucciones, que tienen más afinidad una con la otra, estén relacionadas juntas.

Este evangelista, más bien se enfoca, sobre las lecciones de moralidad de Nuestro Salvador, y describe su tiempo o generación humana, en que las promesas hechas a Abraham y David, respecto al nacimiento del Mesías de su semilla, fueron realizadas; tal argumento inducía, de manera particular, a los Judíos, para que creyeran en Él.

Predicó entre los judíos por 15 años, incluyendo posiblemente, a los judíos de Etiopía, África.

San Mateo, después de haber hecho, una gran cosecha de almas en Judea, fue a predicar la fe, a las naciones bárbaras e incivilizadas del Este. Él era una persona muy devota, dado a la contemplación celestial, y llevaba una vida austera, usando una dieta muy rigurosa; pues no comía carne, ya que satisfacía su apetito con hierbas, raíces y semillas.

San Ambrosio dice, que Dios le abrió el País de los Persas. Rufinus y Sócrates, nos dicen que él llevó el evangelio a Etiopía, y probablemente a las regiones Sur y Este de Asia. San Paulino menciona que él terminó su evangelización en Parthia. Venantus Fortunatus relata que él sufrió el martirio en la ciudad de Nudubaz. Dorotheus dice que él fue honorablemente enterrado, en Hierápolis en Porthia.

Sus reliquias fueron traídas al Oeste; el Papa Gregorio VII, en una carta al Obispo de Salerno en 1080, testifica que fueron guardados en una iglesia, que tenía el nombre de la ciudad. Todavía están allí.

Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. III.

Oración: Dios y Señor nuestro, te pedimos que a imitación de San Mateo, sepamos abandonar nuestra zona de confort, para servirte a Tí y sólo a Tí. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.


domingo, 20 de septiembre de 2020

 20 de Septiembre

San Andres Kim Taegon (1821-1846) y compañeros mártires

+1846. - Corea

Andrés significa: fuerte, varonil


Los laicos llevaron la fe católica a Corea, a finales del siglo XVI. La evangelización era muy difícil, porque Corea se mantenía aislada del mundo, excepto por los viajes a Pekín, para pagar impuestos.

En uno de esos viajes, hacia el año 1777, algunos coreanos cultos, obtuvieron literatura de los padres jesuitas en China. Comenzaron una iglesia doméstica en Corea.

Doce años después, un sacerdote chino, fue el primer sacerdote que logró entrar secretamente en Corea. Encontró allí a 4.000 católicos. Ellos nunca habían visto a un sacerdote. Siete años mas tarde, en medio de una gran persecución, habían 10.000 católicos.

San Andrés Kim Taegon, es hijo de nobles coreanos conversos. Su padre, Ignacio Kim, fue martirizado en la persecución del año 1839, y fue beatificado en 1925 con su hijo.

Andrés fue bautizado a los 15 años de edad. Después viajó 1,300 millas, hasta el seminario mas cercano, en Macao, China. Seis años después, se las arregló para volver a su país, a través de Manchuria. Ese mismo año, cruzó el Mar Amarillo, y fue ordenado sacerdote en Shangai. Era el primer sacerdote, nacido en Corea.

Regresó a Corea, y se le asignó preparar el camino, para la entrada de misioneros por el mar, para evitar a los guardias de la frontera. En 1846, fue arrestado, torturado y decapitado, a orillas del río Han, cerca de Seoul, Corea. Tenía 25 años.

Hubieron varios miles de mártires coreanos, en esa época. En 1883, llegó la libertad religiosa.

Beatificado en 1925 

Canonizado el 6 de Mayo de 1984, por el Papa Juan Pablo II, en su visita a Corea, junto con otros 102 mártires, incluyendo el seminarista Pablo Chong Hasang. La mayoría de los mártires canonizados eran laicos. La multitud, en la misa de canonización, fue una de las más grandes, que jamás se han reunido en la faz de la tierra.

Juan Pablo II, en la canonización, dijo: "La Iglesia coreana es única, porque fue fundada completamente por laicos. Esta Iglesia incipiente, tan joven, y sin embargo, tan fuerte en la fe, soportó oleda tras oleda de feroz persecución. De manera que, en menos de un siglo, podía gloriarse de tener 10.000 mártires. La muerte de estos mártires, fue la levadura de la Iglesia, y llevó al espléndido florecimiento actual, de la Iglesia coreana. Todavía hoy, el espíritu inmortal de los mártires, sostiene a los cristianos de la Iglesia del silencio, en el norte de esta tierra, trágicamente dividida" (Traducción no oficial del inglés por el P. Jordi Rivero).

Otros mártires de Corea:

San Pablo Chong Hasang, era un seminarista coreano, de 45 años de edad. Murió mártir, en la misma persecución en que murió San Andrés Kim Taegon.

Entre los mártires del año 1839, está Columba Kim, soltera de 26 años, y su hermana Agnes.

Las arrestaron y las tiraron desnudas a una celda, con criminales condenados. Aunque las tuvieron allí dos días, aquellos hombres no las molestaron. Después que Columba protestó por esa indignidad, ya no sometieron a otras mujeres a esa ignominia. A Columba la quemaron, con herramientas calientes y carbones. Ambas fueron finalmente decapitadas.

A un niño de 13 años, Pedro Ryou, le destrozaron la piel de tal manera, que podía tomar pedazos de ella, y tirarla a los jueces. Después lo estrangularon.

Protase Chong, un noble de 41 años de edad, apostató bajo tortura, y lo liberaron. Más tarde volvió y confesó su fe, y lo torturaron hasta la muerte.

Oración: Señor y Dios mío, haznos fuertes en la Fe, para sobrellevar todas las pruebas que nos prepara la vida, a imitación de San Andrés Kim, y sus compañeros mártires coreanos. Que la paz y la unión, lleguen pronto a la península coreana. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive por siempre, y reina contigo, por los siglos de los siglos. Amén.

sábado, 19 de septiembre de 2020

 19 de septiembre

San Jenaro

+305

Obispo de Benevento, Mártir

Patrón de Nápoles


Breve

San Jenaro, fue obispo de Benevento; durante la persecución de Diocleciano; sufrió el martirio, juntamente con otros cristianos, en la ciudad de Nápoles, en donde se le tiene una especial veneración.

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San Jenaro, patrón de Nápoles, es famoso por el milagro, que generalmente ocurre cada año, desde hace siglos, el día de su fiesta, el 19 de septiembre. Su sangre se licúa, ante la presencia de todos los testigos que deseen asistir.

Nápoles y Benevento (donde fue obispo), se disputan el nacimiento de San Jenaro.

Durante la persecución de Diocleciano, fueron detenidos en Pozzuoli, por orden del gobernador de Campania, el diácono de Miseno, Sosso, Próculo, diácono de Pozzuoli, y los laicos Euticio y Acucio. El delito era, haber públicamente confesado su fe en Cristo.

Cuando San Jenaro, tuvo noticias de que su amigo Sosso y sus compañeros, habían caído en manos de los perseguidores, decidió ir a visitarlos, y a darles consuelo y aliento en la prisión.

Como era de esperarse, sus visitas no pasaron inadvertidas, y los carceleros le dieron cuenta a sus superiores, de que un hombre de Benevento, iba con frecuencia a hablar con los cristianos. El gobernador mandó que le aprehendieran, y lo llevaran a su presencia.

El obispo Jenaro, Festo, su diácono y Desiderio, un lector de su iglesia, fueron detenidos dos días más tarde, y conducidos a Nola, donde se hallaba el gobernador.

Los tres soportaron con entereza los interrogatorios, y las torturas a que fueron sometidos. Poco tiempo después, el gobernador se trasladó a Pozzuoli, y los tres confesores, cargados con pesadas cadenas, fueron forzados a caminar, delante de su carro.

En Pozzuoli, fueron arrojados a la misma prisión, en que se hallaban sus cuatro amigos. Estos últimos, habían sido echados a las fieras, un día antes de la llegada de San Jenaro y sus dos compañeros, pero las bestias no los atacaron.

Condenaron entonces a todo el grupo, a ser echados a las fieras. Los siete condenados, fueron conducidos a la arena del anfiteatro, y para decepción del público, las fieras hambrientas y provocadas, no hicieron otra cosa, que rugir mansamente, sin acercarse siquiera, a sus presuntas víctimas.

El pueblo, arrastrado y cegado por las pasiones, que se alimentan de la violencia, imputó a la magia, la mansedumbre de las fieras ante los cristianos, y a gritos pedía que los mataran.

Ahí mismo, los siete confesores, fueron condenados a morir decapitados. La sentencia se ejecutó, cerca de Pozzuoli, y en el mismo sitio fueron enterrados.

Los cristianos de Nápoles, obtuvieron las reliquias de San Jenaro, que en el siglo quinto, fueron trasladadas, desde la pequeña iglesia de San Jenaro, vecina a la Solfatara, donde se hallaban sepultadas.

Durante las guerras de los normandos, los restos del santo fueron llevados a Benevento, y poco después, al monasterio del Monte Vergine; pero en 1497, se trasladaron con toda solemnidad a Nápoles, que desde entonces, honra y venera a San Jenaro, como su patrono principal.

Muchos se cuestionan, la autenticidad de los hechos arriba mencionados, y de la misma reliquia, porque no hay registros sobre el culto a San Jenaro, anteriores al año 431. Pero es significativo que ya en esa época, el sacerdote Uranio, relata sobre el obispo Jenaro, en términos que indican claramente, que le consideraba como a un santo reconocido.

Los frescos pintados en el siglo quinto, en la "catacumba de San Jenaro", en Nápoles, lo representan con una aureola. En los calendarios más antiguos del Oriente y el Occidente, figura su nombre.

El milagro continúa

Mientras que muchos se cuestionan, sobre la historicidad de San Jenaro, nadie se puede explicar, el milagro que ocurre con la reliquia del santo, que se conserva en la Capilla del Tesoro, de la Iglesia Catedral de Nápoles, Italia. Se trata de un suceso maravilloso, que ocurre periódicamente, desde hace cuatrocientos años.

La sangre del santo, experimenta la licuefacción (se hace líquida). Ocurre cada año, en tres ocasiones relacionadas con el santo: la traslación de los restos a Nápoles, (el sábado anterior al primer domingo de Mayo); la fiesta del santo (19 de septiembre), y el aniversario de su intervención, para evitar los efectos de una erupción del Vesubio, en 1631 (16 de diciembre).

El día señalado, un sacerdote expone la famosa reliquia sobre el altar, frente a la urna, que contiene la cabeza de San Jenaro. La reliquia es una masa sólida de color oscuro, que llena hasta la mitad, un recipiente de cristal, sostenido por un relicario de metal. Los fieles llenan la iglesia en esas fechas.

Es de notar entre ellos, un grupo de mujeres pobres, conocidas como zie di San Gennaro (tías de San Jenaro). En un lapso de tiempo, que varía por lo general, entre los dos minutos y una hora, el sacerdote agita el relicario, lo vuelve cabeza abajo, y la masa que era negra, sólida, seca, y que se adhería al fondo del frasco, se desprende y se mueve, se torna líquida, y adquiere un color rojizo, a veces burbujea, y siempre aumenta de volumen.

Todo ocurre a la vista de los visitantes. Algunos de ellos, pueden observar el milagro, a menos de un metro de distancia. Entonces el sacerdote, anuncia con toda solemnidad: "¡Ha ocurrido el milagro!", se agita un pañuelo blanco desde el altar, y se canta el Te Deum. Entonces la reliquia, es venerada por el clero y la congregación.

El 5 de mayo del 2008, reporteros de 20 canales de TV, entre ellos la CNN, estaban presentes en la catedral, cuando ocurrió el milagro.

El milagro ha sido minuciosamente examinado, por personas de opiniones opuestas. Se han ofrecido muchas explicaciones, pero en base a las rigurosas investigaciones, se puede afirmar, que no se trata de ningún truco, y que tampoco hay hasta ahora, alguna explicación racional satisfactoria.

En la actualidad, ningún investigador honesto, se atreve a decir que no sucede, lo que de hecho ocurre a la vista de todos. Sin embargo, antes de que un milagro sea reconocido con absoluta certeza, deben agotarse todas las explicaciones naturales, y todas los interrogantes deben tener su respuesta. Por eso la Iglesia favorece la investigación.

Fruto de las investigaciones.

Entre los elementos positivamente ciertos, en relación con esta reliquia, figuran los siguientes:

  1. La sustancia oscura, que se dice que es la sangre de San Jenaro, la que desde hace más de 300 años, permanece herméticamente encerrada, dentro del recipiente de cristal, que está sujeta y sellada, por el armazón metálico del relicario, no ocupa siempre el mismo volumen, dentro del recipiente que la contiene. Algunas veces, la masa dura y negra, ha llenado casi por completo el recipiente, y en otras ocasiones, ha dejado vacío un espacio equivalente, a más de una tercera parte de su tamaño.

  2. Al mismo tiempo que se produce esta variación en el volumen, se registra una variante en el peso, que en los últimos años, ha sido verificada en una balanza rigurosamente precisa. Entre el peso máximo y el mínimo, se ha llegado a registrar una diferencia, de hasta 27 gramos.

  3. El tiempo más o menos rápido, en que se produce la licuefacción, no parece estar vinculado con la temperatura ambiente. Hubo ocasiones en que la atmósfera, tenía una temperatura media, de más de 30º centígrados, y transcurrieron dos horas, antes de que se observaran signos de licuefacción. Por otra parte, en temperaturas mas bajas, de 5º a 8º centígrados, la completa licuefacción, se produjo en un lapso de 10 a 15 minutos.

  4. No siempre tiene lugar la licuefacción, de la misma manera. Se han registrado casos, en que el contenido líquido burbujea, se agita, y adquiere un color carmesí muy vivo; en otras oportunidades, su color es opaco, y su consistencia pastosa.

Aunque no se ha podido descubrir, una razón natural para el fenómeno, la Iglesia no descarta que pueda haber un milagro. Seguramente influye mucho, la Fe y Pureza espiritual de los presentes, para que el milagro se dé más rápido, o más despacio.

Ayer vimos, cómo influenciaba en la celebración eucarística, la presencia de hombres sin fe y de corazón endurecido, cuando San Cupertino hacía la Consagración del Pan. San Cupertino no podía partir la Sagrada Hostia, y en una segunda misa, con la presencia de los mismos hombres, la cruz que presidía la mesa eucarística, se volvió negra.

La Iglesia no se opone a la investigación, porque busca la verdad. La fe católica enseña, que Dios es Todopoderoso, y que todo cuanto existe, es fruto de su creación.

Pero la Iglesia es cuidadosa en determinar, si un particular fenómeno, es en efecto de origen sobrenatural.

La Iglesia pide prudencia, para no asentir ni rechazar prematuramente, los fenómenos. Reconoce la competencia de la ciencia, para hacer investigación en la búsqueda de la verdad, y tiene en cuenta, el conocimiento de los expertos.

Una vez que la investigación, establece la certeza de un milagro, fuera de toda duda posible, da motivo para animar nuestra fe, e invitarnos a la alabanza.

En el caso de los santos, el milagro también tiene por fin, exaltar la gloria de Dios, que nos da pruebas de su elección, y las maravillas que Él hace en los humildes.

El Cardenal Crescenzio Sepe de Nápoles, anunció que en el 2009, un grupo de científicos, investigará la milagrosa reliquia.

Oración: Señor y Dios nuestro, te pedimos que gracias a la intercesión de San Jenaro, se aquiete nuestro hogar, la Tierra, con sus terremotos, maremotos, tifones y erupciones. Que también San Jenaro, nos ayude a dominar la fiera que guardamos en nuestro interior, en todo momento, y que nuestra sangre hierva siempre de amor por Tí. Por nuestro Señor Jesucristo, Ayer, Hoy y Siempre. Amén.