lunes, 25 de marzo de 2019


Segunda Feria, 25 de marzo

LA ANUNCIACIÓN

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra»
La Anunciación por Sandro Boticelli

Se llama "anunciación", a la visita del Arcángel Gabriel, enviado por Dios a la Virgen María, para pedirle que sea la Madre del Verbo, por la gracia del Espíritu Santo. Ella, consciente de su dignidad, y al mismo tiempo de su pequeñez, consintió, entregándose sin reservas a la voluntad de Dios.

El "Sí" de María Santísima, abre el camino a la Encarnación, que ocurre en ese momento. En ese instante, el Verbo se hizo carne. Dios eterno, vino a habitar en ella, asumiendo la naturaleza humana.

Lucas 1, 30-32, 38:
El ángel le dijo: No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno, y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande, y será llamado Hijo del Altísimo (...)”.

Dijo María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tú palabra”.
Celebramos la Anunciación el 25 de Marzo, por ser 9 meses antes de la Navidad (Nacimiento del Señor).

María Santísima, un 25 de marzo le dijo a Bernardita en Lourdes: "Yo soy la Inmaculada Concepción".

Recordamos la anunciación:
Rezando el Angelus, al mediodía.
Rezando el primer misterio gozoso del Rosario
Celebrando el día del niño por nacer.
El día de la Anunciación, el Verbo se hizo carne; el Divino Maestro, asumió la naturaleza humana, y comenzó a vivir en el vientre de María Santísima.

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Gracias al «sí» de Cristo y de María, Dios pudo asumir un rostro de hombre
Benedicto XVI, 25 marzo 2007

Queridos hermanos y hermanas:

El 25 de marzo, se celebra la solemnidad de la Anunciación de la Virgen María. Este año, coincide con un domingo de Cuaresma, y por este motivo se celebrará mañana. De todos modos, quisiera detenerme a reflexionar, sobre este estupendo misterio de la fe, que contemplamos cada día al rezar el Angelus.

La Anunciación, narrada al inicio del Evangelio de San Lucas, es un acontecimiento humilde, escondido --nadie lo vio, sólo lo presenció María--, pero al mismo tiempo decisivo, para la historia de la humanidad. Cuando la Virgen pronunció su «sí» al anuncio del ángel, Jesús fue concebido, y con Él comenzó la nueva era de la historia, que después sería sancionada en la Pascua, como «nueva y eterna Alianza».

En realidad, el «sí» de María, es el reflejo perfecto del «sí» de Cristo, cuando entró en el mundo, como escribe la Carta a los Hebreos, interpretando el Salmo 39: «¡He aquí que vengo - pues de mí, está escrito en el rollo del libro - a hacer, oh Dios, tu voluntad!» (10, 7). La obediencia del Hijo, se refleja en la obediencia de la Madre, y de este modo, gracias al encuentro de estos dos «síes», Dios ha podido asumir un rostro de hombre. Por este motivo, la Anunciación, es también una fiesta cristológica, pues celebra un misterio central de Cristo: su Encarnación.

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». La respuesta de María al ángel, continúa en la Iglesia, llamada a hacer presente a Cristo en la historia, ofreciendo su propia disponibilidad, para que Dios, siga visitando a la humanidad con su misericordia.

El «sí» de Jesús y de María, se renueva de este modo en el «sí» de los santos, especialmente de los mártires, que son asesinados a causa del Evangelio. Lo subrayo recordando que ayer, 24 de marzo, aniversario del asesinato de monseñor Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, se celebró la Jornada de Oración y de Ayuno, por los Misioneros Mártires: obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, asesinados en el cumplimiento de su misión de evangelización, y de promoción humana.

Ellos, los misioneros mártires, como dice el tema de este año, son «esperanza para el mundo», pues testimonian que el amor de Cristo, es más fuerte que la violencia y el odio. No han buscado el martirio, pero han estado dispuestos a dar la vida, para ser fieles al Evangelio. El martirio cristiano, sólo se justifica, como supremo acto de amor a Dios, y a los hermanos.

En este período de Cuaresma, contemplamos más frecuentemente a la Virgen, que en el Calvario sella el «sí», pronunciado en Nazaret. Unida a Jesús, testigo del amor del Padre, María vivió el martirio del alma. Invoquemos con confianza su intercesión, para que la Iglesia, fiel a su misión, dé al mundo entero, testimonio valiente del amor de Dios.

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Oficio de lectura, 25 de Marzo
La Anunciación del Señor

El misterio de nuestra reconciliación
De las cartas de San León Magno, papa

La majestad asume la humildad; el poder, la debilidad; la eternidad, la mortalidad; y para saldar la deuda, contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable, se une a la naturaleza pasible; de este modo, como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador, entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también Él, pudo ser a la vez mortal e inmortal, por la conjunción en Él, de esta doble condición.

El que es Dios verdadero, nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia, y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y al decir nuestra esencia humana, nos referimos, a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que Él asume para restaurarla.

Esta naturaleza nuestra, quedó viciada, cuando el hombre se dejó engañar por el maligno; pero ningún vestigio de este vicio original, hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.

Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad, sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo –por el cual, Él, que era invisible, se hizo visible, y Él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales– fue una dignificación de su misericordia, no una falta de poder.

Por tanto, Él mismo, que permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre, es el mismo que se hace Él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.

Y así, el Hijo de Dios, hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.

En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza, se hace visible en la nuestra; el que era inaccesible a nuestra mente, quiso hacerse accesible; el que existía antes del tiempo, empezó a existir en el tiempo; el Señor de todo el Universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo; el Dios impasible e inmortal, se digna hacerse hombre pasible, y sujeto a las leyes de la muerte.

Él mismo que es Dios verdadero, es también hombre verdadero, y en Él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre, y la grandeza de Dios.

Ni Dios sufre cambio alguno, con esta dignificación de su piedad, ni el hombre queda destruido, al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas, realiza sus actos propios, en comunión con la otra, a saber: la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.

En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así cómo la Palabra, retiene su gloria igual al Padre, así también su carne, conserva la naturaleza propia de nuestra raza.

La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios, y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque en el principio, ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que esta fiesta sagrada de la Anunciación, sea motivo de reflexión, para que la vida por nacer, sea respetada en todo el mundo. A Tí Señor, que nos advertiste, que sería mejor que nos atáramos una piedra de molino, y hundirnos en el fondo del mar, antes de escandalizar o violentar a cualquier pequeño. Amén.

domingo, 24 de marzo de 2019


Domingo 24 de Marzo

Venerable Sor Josefa Menéndez


(1890-1923)

Recibió mensajes dictados por Nuestro Señor Jesucristo, en el convento de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, en Les Feuillants, Poitiers, Francia, entre 1920 y 1923.

Experimentó visiones del Sagrado Corazón de Jesús, de las cuales hacía registros escritos. Destacan también las numerosas visiones que tuvo del infierno, y de los pecadores que allí habitan; en sus escritos, sor Josefa explica como los condenados, son torturados por demonios, según las causas de sus pecados terrenales. como ejemplo, los ladrones penan con las manos ardiendo.

Sor Josefa explica con detalles, el sonido de los lamentos, cadenas y gritos de espanto, que se pueden escuchar en el inframundo, así como el olor tóxico a azufre y carne podrida, de los pecadores que se abrasan. Tras la vuelta en sí de la visiones, las hermanas del monasterio, podían apreciar en las vestimentas de Sor Josefa, un extraño olor a carne podrida.

Jesús le pidió A Sor Josefa, poco antes de morir, el 13 de Noviembre de 1923: "deseo que hagan conocer Mis Palabras. Quiero que el mundo entero, Me conozca como Dios de Amor, de Perdón y de Misericordia. Yo quiero que el mundo lea, que deseo perdonar y salvar... Mis Palabras serán luz y vida para muchísimas almas ".

En Sus mensajes, Jesús dice: “Amor busco, amo a las almas, y deseo ser correspondido. Por eso Mi Corazón está herido, porque encuentro frialdad en vez de amor. Yo soy todo Amor, y no deseo más que Amor. ¡Ah! Si las almas supieran cómo las espero, lleno de Misericordia! Soy el Amor de los amores… Tengo sed de que las almas se salven… ¡Que las almas vengan a Mí!... ¡Que las almas no tengan miedo de Mí!... ¡Qué las almas tengan confianza en Mí!”.

La querida hermana Sor Josefa Menéndez, ni siquiera está beatificada, por lo que creo muy conveniente elegir su fecha, en uno de los días en que Jesús más le habló, 24 de Marzo, una fecha de mucho dolor en Argentina, y que Satanás se las arregló, para que sea una fecha de odio y división sin límites, en mi país.

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El Papa Pío XII (en aquel momento Cardenal Eugenio Pacelli), dio su bendición a la primera edición.

MENSAJES del Sagrado Corazón de Jesús, a Sor Josefa Menéndez
(Publico un pequeño extracto de revelaciones. Dios me dé fuerzas para publicar el libro completo, que insumirá transcribir todas sus visiones por completo. Para ello reza por mí.)
24 DE MARZO DE 1923

Jesús dirige ahora Sus Palabras de consuelo y guía, a los jóvenes que se han alejado de Él:

Si sois jóvenes, y los escándalos de vuestra vida pasada, os han degradado ante los hombres, ¡no temáis!. Aún cuando el mundo os desprecie, os trate de malvados, os insulte, os abandone; estad seguros de que vuestro Dios, no quiere que vuestra alma, sea pasto de las llamas del infierno. Desea que os acerquéis a Él, para perdonaros. Si no os atrevéis a hablarle, dirigidle miradas y suspiros del corazón, y pronto veréis, que Su mano bondadosa y paternal, os conduce a la fuente del perdón y de la vida”.

24 DE MARZO DE 1923

Las extraordinarias Palabras de Jesús, son transcritas por Josefa a su diario, para dar esperanza, guía y aliento, a las almas más cargadas y atormentadas por sus vidas, alejadas de Dios:

Almas que estáis enredadas en los mayores pecados… Si por más o menos tiempo, habéis vivido errantes y fugitivos, a causa de vuestros delitos, si los pecados de que sois culpables, os han cegado y endurecido el corazón, si por seguir alguna pasión, habéis caído en los mayores desórdenes, ¡ah!, no dejéis que se apodere de vosotros, la desesperación, cuando os abandonen los cómplices de vuestro pecado, o cuando vuestra alma, se dé cuenta de su culpa… Mientras el hombre cuente con un instante de vida, aún tiene tiempo de recurrir a la misericordia, y de implorar el perdón”.

24 DE MARZO DE 1923

Josefa escribe las extraordinarias palabras de Jesús, que dan esperanzas, aún al más despiadado de los pecadores:

Desde que Judas Me entregó en el Huerto de los Olivos, anduvo errante y fugitivo, sin poder acallar los gritos de su conciencia, que le acusaba del más horrible sacrilegio. Cuando llegó a sus oídos la sentencia de muerte, pronunciada contra Mí, se entregó a la más terrible desesperación, y se ahorcó.

¿Quién podrá comprender el dolor intenso de Mi Corazón, cuando vi lanzarse a la perdición eterna a esa alma, que había pasado tres años, en la escuela de Mi Amor, aprendiendo Mi doctrina, recibiendo Mis enseñanzas, oyendo tantas veces, cómo perdonaban Mis labios, a los más grandes pecadores?

¡Ah! ¡Judas!. ¿Por qué no vienes a arrojarte a Mis pies, para que te perdone?. Si no te atreves a acercarte a Mí, por temor a los que Me rodean, maltratándome con tanto furor, mírame al menos; ¡verás cuán pronto se fijan en tí Mis ojos!...”.

24 DE MARZO DE 1923

Jesús dicta a Josefa Sus reflexiones, acerca de Su sufrimiento, por la ingratitud de aquellos a quienes Él, con tanto amor ayudó:

¡Cuán vivamente se presentaba a Mi memoria, los beneficios que con tanta liberalidad, derramé sobre aquel pueblo ingrato!... ¡dando vista a los ciegos, devolviendo la salud a los enfermos, el uso de sus miembros a los que los habían perdido!; ¡dando de comer a las turbas, y resucitando a los muertos!. Y ahora, ¡vedme reducido al estado más despreciable!. ¡Soy el más odiado de los hombres, y se Me condena a muerte como un ladrón infame!. ¡Pilatos ha pronunciado la sentencia!. ¡Almas queridas!: ¡considerad atentamente cuánto sufrió Mi Corazón!”.

24 DE MARZO DE 1923

Josefa prosigue la transcripción de cada una de las Palabras, que el Señor comparte con ella. Impresiona la extrema sensibilidad, y amor del Señor, hacia Su Madre, María, y Su Padre adoptivo, San José:

Medita por un momento, el indecible martirio de Mi Corazón, tan tierno y delicado, al verse pospuesto a Barrabás… ¡Cuánto sentí aquel desprecio!. Y ¡cómo traspasaban lo más íntimo de Mi alma, aquellos gritos que pedían Mi muerte!

¡Cómo recordaba entonces las ternuras de Mi Madre, cuando Me estrechaba sobre su Corazón!. ¡Cuán presente tenía los desvelos y fatigas, que para mostrarme su amor, sufrió Mi Padre adoptivo!”.

23 DE MARZO DE 1923

Jesús continúa compartiendo Sus reveladoras Palabras a Josefa, acerca de la felicidad:

Esto que he dicho a las almas, que sienten terror a la vida humilde y oscura, y también para las que por el contrario, son llamadas a trabajar en continuo contacto con el mundo, cuando su atractivo sería la completa soledad, y la de los trabajos humildes y ocultos…”

¡Almas escogidas!: Vuestra felicidad y vuestra perfección, no consiste en ser conocidas o desconocidas de las criaturas, ni en emplear u ocultar el talento que poseéis, ni en ser estimadas o despreciadas, ni en gozar de salud, o padecer enfermedad… Lo único que os procurará felicidad cumplida, es hacer la Voluntad de Dios, abrazarla con amor, y por amor unirse y conformarse con entera sumisión, a todo lo que por Su gloria, y vuestra santificación, os pida.

Basta por hoy, Josefa; mañana continuaré. Ama y abraza Mi Voluntad alegremente; ya sabes que está en todo, trazada por el Amor”.

Se pueden meditar los mensajes completos en http://bit.ly/2n2TJ6n

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por intercesión de Sor Josefa Menéndez, se derrame la Misericordia de tu Divino Corazón, sobre el mundo entero, y especialmente en este día 24 de Marzo sobre Argentina, en pos del Amor, el Perdón, la Reconciliación, y la búsqueda de la Verdad. Amén.

sábado, 23 de marzo de 2019


Sábado 23 de marzo

SAN JOSE ORIOL
(† 1727)


Protector de los marinos y soldados del mar

Conseguía vaciar los espíritus, de todo aquello que los debilitaba, y llenarlos de esperanza en Dios, en la vida, y en sí mismos

Prefiero que me encuentren muerto, en una casa de mala vida, que con una moneda en el bolsillo

Breve
Teólogo y Confesor eximio. Lo llamaban el doctor pan y agua, por ser éstos sus únicos alimentos. Se le atribuye la cita del encabezado.
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San José Oriol, fue un sacerdote singular. Nació en Barcelona, en 1650. Quedó huérfano de padre de muy niño, por lo que tuvo que acogerse a la beneficencia, de la iglesia de Santa María del Mar. Seguramente como agradecimiento, siempre trabajó incansablemente, por la salud espiritual de innumerables soldados y marineros a lo largo de su vida, brindando el consuelo de la confesión, y el buen consejo.

Recibió ayuda, para cursar la carrera eclesiástica, y llegó al doctorado en teología. Acabada ésta, trabajó durante nueve años, como preceptor en casa de un gran personaje. Alternaba su trabajo con el ministerio sacerdotal.

Viajó a Roma. A su regreso, fue destinado a la iglesia de Nuestra Señora de los Reyes, llamada popularmente la Iglesia del Pino. Allí se distinguió por su profunda humanidad, especialmente notoria, en el ministerio de la penitencia.

Era tal la fuerza que irradiaba de su persona, y la fe que inspiraba, que pronto llamaron la atención, las curaciones de enfermos. Conseguía vaciar los espíritus, de todo aquello que los debilitaba, y llenarlos de esperanza en Dios, en la vida, y en sí mismos.

Aquel don especial del modesto cura, tenía en vilo a la ciudad. A él se encomendaban los dolientes, y alcanzaban el alivio de sus males.

Sus armas eran la oración, el buen consejo, y una intensísima vida espiritual. Como si su alma, fuera capaz de vivir ajena a su cuerpo, llegó a niveles de austeridad increíbles.

Murió a los 52 años. Fue beatificado en 1806, por el papa Pío VII, 104 años después de su muerte. Fue en estos años, cuando se preparaba para su sagrado ministerio, Juan María Vianney, que siguió los pasos de San José Oriol en su modesta parroquia de Ars (Francia). La canonización le correspondió en 1909, por Pío X.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que por intercesión de San José Oriol, protejas a todos quienes se encuentren embarcados, civiles y militares, tanto en el mar como en el aire, y que nos proteja y guíe, a quienes navegamos en las aguas turbulentas de la vida cotidiana. A Tí Señor, que caminaste sobre las aguas del lago de Tiberíades, y calmaste la tormenta, y que Vives y Reinas en todo el Universo, por los Siglos de los Siglos. Amén.

Nota Complementaria
Nombre de pila, procedente del apellido catalán Oriol, y del francés Auriol. A partir de San José Oriol, se convirtió en nombre propio, al igual que ocurrió con Javier (por San Francisco Javier).

Procede del latín aureolus, que por reducción de diptongos, da oriolus y finalmente oriol en catalán, y auriol en francés. Con el nombre de oriol se denomina en catalán la oropéndola. En francés, en cambio, pasaron a llamar a esta ave loriot.

Se trata de un pájaro de la familia de los oriólidos; en el caso del catalán oriol se refiere a la especie Oriolus galbula. De tamaño mediano, su cuerpo es de color amarillo brillante, aparte de la cola y parte de las alas, que son de color negro, como las patas y el pico. La hembra es verde por encima, y grisácea por debajo; construye el nido colgado de los árboles, de manera que los polluelos, son mecidos por el viento.

A estas aves, les encantan los higos y las cerezas. Son muy discretas. Cuando les roban el nido, forman un expolio.

Está documentado Oriolus como nombre de pila, en sendos documentos de los años 958 y 1038. Se usaron mayormente como apodo, las variantes Oriol y Auriol, de ahí que existan como apellido, en numerosas localidades del área lingüística catalana y francesa. Fue San José Oriol, el que dio lugar primero, al nombre compuesto José Oriol y luego a Oriol. Su uso está muy difundido, especialmente en Barcelona.



viernes, 22 de marzo de 2019


Sexta Feria, 22 de marzo

SANTA CATALINA DE SUECIA, VIRGEN
(† 1381)


Escultura de Santa Catalina de Suecia, en la iglesia de Trönö, Hälsingland, Suecia

Los brigidinos – Orden del Santísimo Salvador - tradujeron la Biblia a los idiomas escandinavos, y los monjes de Vadstena, tuvieron la primera imprenta de Suecia

Con alegría, abrazó voluntariamente, la cruz del Señor

Breve
Catalina Ulfsdotter (1331 o 1332 - Vadstena, 24 de marzo de 1381), mejor conocida como Santa Catalina de Suecia, o Santa Catalina de Vadstena, fue una religiosa católica sueca, monja brigidina, y santa de la Iglesia Católica. Era hija de Santa Brígida, y su nombre se halla muy relacionado, a la obra de su madre. Es considerada, la santa patrona de las vírgenes, y es invocada contra el aborto.
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VIRGILIO BEJARANO

En Suecia, hoy día, no sólo son luteranos casi todos sus habitantes, sino que también la cultura y la vida, llevan impreso el sello del protestantismo; los católicos, representan sólo una exigua minoría.

Sin embargo, el país de Gustavo Adolfo, ha pertenecido a la Iglesia romana, durante seis siglos (del X al XVI), y en aquella época, produjo admirables frutos de fe, de devoción y de santidad.

Santa Catalina de Suecia, llamada también Santa Catalina de Vadstena, nació hacia el año1331, de padres nobles y cristianos. Era la cuarta, entre los ocho hijos del príncipe Ulf Gudinarsson, y de su esposa Birgitta Birgesdotter, que no es otra que Santa Brígida, cuya festividad celebra la Iglesia, el día 9 de octubre.

De niña fue confiada para su educación, a la abadesa del monasterio cisterciense de Riseberga. Por decisión paterna, se casó a los dieciséis años, con el linajudo y virtuoso conde, Egard Lydersson van Kyren. De común acuerdo, los dos esposos decidieron vivir en virginidad, a imitación de la Santísima Virgen y San José, y entregados a la plegaria, los ayunos, y las obras de caridad.

El hermano mayor de Santa Catalina, Carlos, príncipe ligero y mundano, hizo todo lo posible por apartar a su hermana, de esta vida de perfección, mas en vano; en cambio, Santa Catalina, con sus exhortaciones y su ejemplo, consiguió que su cuñada Gyda, la esposa de Carlos, renunciara a la vida lujosa y disipada que llevaba.

La madre de Santa Catalina, Santa Brígida, después de la muerte de su marido, se encontraba en Roma. A Santa Catalina, le entró un ardiente deseo, de ir a reunirse con su madre. Con permiso de su marido, pese a los intentos de su hermano Carlos, para que no se lo concediera, Santa Catalina emprendió el largo viaje a Roma, en el año santo de 1350.

Cuando en el verano de dicho año, Santa Catalina llegó a la Ciudad Eterna, su madre estaba fuera de Roma; sólo después de algunos días, y gracias a haberse encontrado de manera providencial, en la iglesia de San Pedro, con el obispo Pedro de Skänninge, uno de los acompañantes de Santa Brígida, pudo ir a reunirse con ésta, que se encontraba en el monasterio de Farfa, en el Lacio.

Después de haber pasado, junto a su madre, unas semanas en Roma, se disponía Santa Catalina a regresar a Suecia. Santa Brígida, entre tanto, había tenido una revelación divina: que era precisamente su hija, la compañera y colaboradora, que Dios le había designado, para alcanzar la cima, a la obra que traía entre manos, es decir, para la fundación de la Orden del Santísimo Salvador.

Santa Brígida, le preguntó entonces a su hija, si estaba dispuesta a pasar por Jesucristo, penas y contrariedades; Santa Catalina le contestó afirmativamente, añadiendo que estaba dispuesta a seguir la voluntad divina, aunque para ello tuviera que dejar, no sólo su patria, amigos y parientes, sino a su mismo marido, a quien —son sus palabras— amaba más que a su propio cuerpo. Poco después, Santa Brígida tuvo otra revelación: que su yerno, el conde Egard Lydersson van Kyren, había fallecido en su castillo de Suecia.

Santa Catalina entonces, fue invadida por una gran depresión de ánimo; en medio de su tristeza, sentía un gran amargor y desaliento, viéndose obligada a permanecer en casa, mientras su madre y sus acompañantes, visitaban las iglesias romanas, para ganar indulgencias.

Se le apareció entonces la Virgen María, ordenándole la obediencia a su madre, y a su director espiritual, y que abandonase la nostalgia de su tierra y amistades; al mismo tiempo, la Santísima Virgen le prometía su poderosa protección, si permanecía junto a su madre. Santa Catalina así lo hizo.

En Roma, vivían Santa Catalina y su madre, en la más estrecha pobreza voluntaria, ganándose el sustento con el trabajo de sus manos, visitando las iglesias, dedicándose a rudas penitencias y ayunos, sin abandonar por ello, los ejercicios de piedad, especialmente la meditación en la pasión del Señor, y practicando la caridad: repartían limosnas a los menesterosos, y enseñaban la doctrina cristiana, a los pobres extranjeros.

En medio de esta vida de santificación y mortificación, los biógrafos nos cuentan un hecho, por el que se pone de relieve, la ternura filial de Santa Catalina. Ella y su madre dormían siempre sobre el santo suelo; pero cuando Santa Brígida se había dormido, su hija procuraba poner una almohada, bajo la cabeza de su madre.

Santa Catalina era joven y hermosa, y ambas cosas iban a acarrearle una serie de dificultades, por parte de los numerosos pretendientes, que surgieron entre los nobles romanos. Ella había confiado a San Sebastián, la salvaguardia de su virginidad, y precisamente un día, en que iba a la iglesia de este Santo, salió a su encuentro un conde, con intención de raptarla: la aparición inesperada de un gamo, al que sin más pensar, intentó darle caza, distrajo al raptor.

Este mismo conde, intentó repetir su fechoría otro día, en que la Santa se dirigía a la iglesia de San Lorenzo extramuros: en esta ocasión fue víctima de una ceguera repentina, de la que curó después, sólo gracias a las plegarias de Santa Catalina. Un día, desesperada ya, quiso estropear la belleza de su rostro, por medio de un ungüento repugnante y venenoso.

Cuando oculta en el jardín de la casa romana, en que vivía con su madre, iba a poner en práctica su intención, le cayó sobre la cabeza una piedra de la pared, hiriéndola gravemente. Dios, que la había creado tan hermosa, no permitió que su belleza fuera destruida. Pero Santa Catalina, hubo de permanecer encerrada en casa hasta curarse, mientras su madre y sus amigos, iban a visitar las iglesias: era una prueba más para la Santa, pero también uno de los medios, de que se valía el Señor, para su santificación.

Santa Catalina y su madre, realizaban peregrinaciones por Italia, con el fin de visitar los más famosos santuarios; estos viajes en aquellos tiempos, no estaban exentos de peligros. Por ejemplo, encontrándose en Asís, para visitar la iglesia de San Francisco, fueron atacadas por una partida de bandidos, de los que milagrosamente consiguieron huir. También, juntamente con su madre, hizo Santa Catalina, la peregrinación a Tierra Santa.

Poco después de haber regresado a la Ciudad Eterna, Santa Brígida, que ya se había sentido enferma en Jerusalén, fallecía en 1373, siendo enterrada provisionalmente, en la iglesia de San Lorenzo.

Algún tiempo después, Santa Catalina, en compañía de su hermano Birger Ulfsson, y sus amigos y compatriotas, los obispos Pedro de Skänninge y Pedro de Alvastra, trasladaron a su tierra los restos mortales de Santa Brígida. A su paso por los diversos países de Europa, el fúnebre cortejo, iba cumpliendo una verdadera actividad misionera: Santa Catalina dirigía a los pecadores, saludables instrucciones, y procuraba con sus hechos y palabras, inspirar por doquier el Santo temor de Dios, y al mismo tiempo, daba a conocer las predicciones y revelaciones, de su santa madre.

Después de haber atravesado toda Europa, embarcaron en Danzig para Suecia, adonde llegaron, tocando tierra en Söderköping, a mediados de junio de 1374. El paso de los restos mortales de Santa Brígida, a través de Suecia, fue una procesión triunfal: los milagros florecían a su paso, y las gentes acudían de todas partes, a oír los sermones de Pedro de Alvastra. Santa Brígida, fue enterrada en Vadstena, el 4 de julio de aquel año, con gran solemnidad.

Después de haber enterrado a su madre, Santa Catalina se encierra en el monasterio de Vadstena, pintorescamente situado a orillas del gran lago Vättern, viviendo bajo la Regla, que durante nada menos que veinticinco años, había practicado en Roma, junto a su madre.

Poco tiempo después, y a pesar de no ser ése su deseo, Santa Catalina era elegida abadesa, pero tampoco ahora, iba a poder disfrutar de una existencia tranquila: el constante peregrinar, era el eje de su vida.

En efecto, en 1375, emprende de nuevo el largo, y en aquel tiempo, dificultosísimo viaje a Roma, esta vez con una doble finalidad: poner en marcha y activar, el proceso de canonización de Santa Brígida, y conseguir del Papa, la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador.

En esta ocasión, Santa Catalina permaneció en Roma cinco años. La canonización de su madre, se vio retrasada por el cisma de Occidente, que entonces desgarraba a la catolicidad: Santa Brígida fue elevada a los altares por el papa Bonifacio IX en 1401, mas esto ya no alcanzó a verlo Santa Catalina; en cambio, consiguió del sumo pontífice Urbano VI, la constitución apostólica de 3 de diciembre de 1378, por la que se aprobaba la Orden del Santísimo Salvador, y al mismo tiempo, se concedían a Vadtena, las mismas indulgencias, que las que podían lucir los peregrinos, que visitaban la iglesia romana, de San Pedro ad vincula.

En 1380, Santa Catalina estaba otra vez, en su amado retiro de Vadstena, donde murió el 24 de marzo de 1381, después de nueve meses de penosa enfermedad, contra la cual no quiso tomar, ninguna clase de medicinas, y en cuyo largo desarrollo, dio numerosos ejemplos de humildad, mortificación y paciencia.

Santa Catalina recibía a diario, durante los últimos veinticinco años de su vida, el sacramento de la penitencia, y lo mismo continuó haciéndolo en su última enfermedad; pero a causa de los vómitos de que iba acompañada la dolencia, se veía privada de la comunión dominical (pues la costumbre de comulgar a diario no existía en la Edad Media), si bien pudo recibir la comunión, antes de morir.

El final de su vida, no fue el final de su influencia. Apenas había exhalado la Santa el último suspiro, se vieron sobre su cuerpo luces, que lo iluminaban maravillosamente, y durante varios días, estuvo luciendo una brillante estrella sobre la casa, donde estaban sus restos mortales, y en su entierro, aparecieron innumerables luces delante y detrás del sarcófago, pero quienes las trajeron no se mostraron visibles.

De esta manera, en los funerales de Santa Catalina, solemnemente celebrados por el arzobispo Birgen de Upsala, y por los obispos Nicolás de Linköping, después también elevado a los altares, y Tord de Strägnäs, y honrados por la asistencia del príncipe Erik, hijo del rey de Suecia, así como por los más importantes personajes del reino, se dio un hecho milagroso, que fue como la coronación de los muchos milagros de la vida de la Santa, continuados después de su muerte.

En efecto, se nos dice en su Vida, que ya al nacer, no quiso mamar la leche de su nodriza, que era una mujer de vida mundana, mientras tomaba muy bien el pecho de su madre, y de otras mujeres honestas.

En una ocasión, salvó a Roma de una inundación que se presentaba devastadora: las aguas del Tíber se retiraron milagrosamente, al meter en ella Santa Catalina sus pies.

Estando también la Santa en Roma, cayó enferma la hermana de uno de sus conocidos, llamado don Latino; esta mujer había llevado una vida pecadora, y ahora, a pesar de estar enferma de muerte, no quería arrepentirse ni confesarse.

Santa Catalina se postra de rodillas ante su lecho, y pide a Dios. que conmueva el duro corazón de la pecadora. De pronto, empieza a subir gran cantidad de humo desde el río, desencadenándose al mismo tiempo, un violento huracán y una gran tormenta; todo lo cual produjo el efecto de ablandar el corazón de aquella mujer, que acabó haciendo una humilde confesión, que le permitió tener una muerte cristiana.

En Nápoles, rogó Santa Catalina por una posesa, con el resultado de que el espíritu inmundo, abandonó a la mujer.

Viajando Santa Catalina por Prusia, uno de sus criados se cayó del coche, pasándole por encima las ruedas del mismo, y resultando gravemente herido; pero gracias a las plegarias de la Santa, sanó en el acto.

En Vadstena, sanó también a un hermano lego, que se hirió gravemente al caerse de un lugar elevado.

También curó a una muchacha tullida, llamada Cristina Persdotter, que fue luego monja de Vadstena.

En Vadstena, los piojos no aparecían nunca, y el hecho se creía allí un milagro de la Santa. Un hombre incrédulo, llamado Clemente, no quiso dar crédito a esto, y entonces, se vio acometido por los piojos de una manera tan furiosa, que no pudo verse libre de ellos, sino después de rezar devotamente a Santa Catalina, para que le librase de tan inmundos animalejos.

Después de su muerte, y el mismo día en que años más tarde, se sacaban sus restos para cambiarlos de sitio, hizo otro milagro. Un muchacho de Mjölby, ciudad sueca hoy día populosa, se cayó en la presa de un molino; pero salió sano y salvo, merced a la ayuda de una mujer vestida de blanco, que no era otra que Santa Catalina.

También Santa Catalina, como su madre, tuvo el don de las revelaciones y predicciones. Predijo por ejemplo, la muerte en Noruega, del rey de Suecia Magnus Eriksson en 1374, muerte que fue comprobada seis semanas más tarde, al regresar a Suecia, los servidores que acompañaban al rey.

Otros numerosísimos milagros hechos por Santa Catalina, son enumerados por sus biógrafos, y certificados con fidedignos testimonios, en el proceso de canonización. El proceso fue iniciado por el obispo Enrique Tidemansson de Linköping, en 1469, y después proseguido en Roma: pocos años más tarde, en 1484, el papa Inocencio VIII, permitía festejar la festividad de Santa Catalina, como una segunda fundadora de los monasterios brigidinos.

Y no sin razón. Pues si bien fue Santa Brígida, la autora de la Regla de la Orden, y su comentarista, fue su hija quien de veras, la puso en práctica en Vadstena, organizando conforme a ella, el primer monasterio, y quien trabajó lo indecible, hasta verla canónicamente aprobada.

Efectivamente, la gran obra de Santa Catalina, fue dejar asegurada la fundación de la Orden del Santísimo Salvador (Ordo Sanctissimi Salvatoris), de monjas y frailes, bajo la jurisdicción de la abadesa de Vadstena. Su finalidad principal era, y sigue siendo, alabar al Señor y a la Santísima Virgen según la liturgia de la Iglesia; ofrecer reparación, por las ofensas cometidas contra la majestad divina, y llevar en la oración y la meditación, sobre todo en la meditación de la pasión del Señor, una vida perfecta, para el honor de Dios, y la salvación de las almas.

La Orden llevó también a cabo, sobre todo al final de la Edad Media, una brillante obra cultural: los brigidinos tradujeron la Biblia, a los idiomas escandinavos, y los monjes de Vadstena, tuvieron la primera imprenta de Suecia. En el siglo XVI, una dama española, Marina de Escobar, da impulso a la rama española de la Orden, que perdura en España y en México. En Europa, por el contrario, la Orden sufrió mucho, a consecuencia de la Reforma Protestante primero, y de la Revolución Francesa después, si bien sobrevivió en el monasterio bávaro de Altomünster.

Pero la actividad exterior de Santa Catalina, como fundadora tenaz, y como incansable peregrina, cuya influencia se dejaba sentir, incluso en la corte de los Papas, no era otra cosa, que la manifestación de un alma ardiente, llena de fe, de piedad y de fortaleza.

Su figura, se nos presenta en su juventud, llena de encanto, lo mismo que resulta atractiva, su figura de joven virgen y viuda, decidida a llevar en Roma, mediante la obediencia y la oración, una vida nada común, de gran humildad y pobreza.

Y más todavía, si cabe, nos admira la nueva Catalina, que sale a luz, después de la muerte de Santa Brígida: la hija devota y decidida, que sin regatear esfuerzos traslada de Roma a Vadstena, el cuerpo de su santa y admirada madre; la organizadora vigorosa y resuelta, que dirige la suerte de Vadstena, durante los primeros y más difíciles años de la fundación; que viaja a Roma, y remueve incesantemente los estorbos, que a su actividad se oponen; que lucha y vence; que nos da ejemplo de superación de la dureza de esta vida.

Sin duda todo, porque hizo de la meditación en la pasión del Señor, el centro de su vida, y porque como dice, una secuencia medieval de la Santa: "Con alegría abrazó voluntariamente la cruz del Señor".

Para terminar diremos, que la Orden del Santísimo Salvador, cuya fundación definitiva en la Edad Media, fue la gran obra de Santa Catalina, ha sido restaurada en nuestros días, e incluso ha sido construido, un nuevo monasterio en Vadstena, a la sombra misma de la famosa "Iglesia Azul" (Blakyrka), la primera de la Orden, gracias a los infatigables desvelos de otra tenaz mujer sueca, la madre Isabel Hesselblad, fallecida en 1957.

En Suecia, su amada tierra, y en otros países, las hermanas brigidinas, continúan caminando sobre las huellas de las santas fundadoras. El espíritu de Santa Catalina no ha muerto.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que por los méritos e intercesión de Santa Catalina de Suecia, puedan siempre mantenerse santificados los matrimonios con su ejemplo, sabiendo fusionar santamente, la carne con tu espíritu, ya que todo te pertenece, y está unido a tu Cuerpo Místico.

Que ella ilumine a todos los matrimonios, en la apertura hacia la Vida. Te pedimos también, por el aumento de las vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales católicas en los países escandinavos.

Que Santa Catalina de Suecia inspire a nuestros gobernantes, a resistir la presión general, a favor de la legalización del aborto, y que este terrible holocausto cese en todo el mundo.

A Tí Señor, que eres el autor de la carne, el Espíritu y la Vida. Amén.

jueves, 21 de marzo de 2019


Quinta Feria, 21 de Marzo

SAN NICOLÁS DE FLÜE
1417-1487


Por muchos años, su único alimento fue la Eucaristía

Tuvo visiones sobre el misterio trinitario

Padre de la Patria Suiza

"Nicolás de Flüe, dice Pío XII, encarna con una plenitud admirable, la unión de la libertad terrestre, y de la libertad celeste".


Nicolás de Flüe, pieza del altar, de la iglesia parroquial local, en Sachseln

Nació en el año 1417, en Sachseln, Suiza, año que el concilio de Constanza, puso fin al cisma de Occidente, y eligió a Martín V.

Nicolás era campesino, y al regresar del campo, se dedicaba a la oración y el silencio. Se casó a los treinta años, con Dorotea Wiss de dieciséis. Tuvieron diez hijos. El primero fue presidente de Suiza.

Nicolás vive con profundo compromiso, su fe cristiana. Es amante de su patria, y promotor de la paz. Pero se ve obligado a intervenir en varias guerras. Lleva una vida ascética.

A los cincuenta años, con el consentimiento de su esposa y de sus hijos, se retira a la vida eremítica, entregado a la meditación, y a las más duras penitencias. La capilla que hay junto a la ermita, se convierte en centro espiritual, donde acuden muchos a recibir su guía.

Hizo muchos milagros, por muchos años su único alimento fue la Eucaristía. "Si durante veinte años, dice Pío XII, él no se alimentó más que del pan de los ángeles, este carisma fue el cumplimiento y la recompensa, de una larga vida de dominio de sí mismo, y de mortificación por amor a Cristo".

No consigue aislarse de los asuntos temporales. Fue juez y consejero de su cantón, diputado, y rechazó el cargo de jefe de Estado. Tuvo un importante papel, en el tratado de paz perpetua con Austria.

La Confederación, a raíz de la guerra contra Carlos el Temerario, duque de Borgoña, estuvo en gran peligro de división. Nicolás logró la reconciliación. Se le otorgó el título de "padre de la patria", fundador de la Confederación, y primer confederado.

Cuando el país se vio al borde de la guerra civil, por un conflicto que enfrentaba, los cantones urbanos con los rurales, San Nicolás, que ya había sido juez de cantón, y diputado en la Dieta federal, propuso una solución política, que fue aceptada en el acto unánimemente (Pacto de Stans, 1481), consiguiendo así salvar la unidad suiza.

En medio de tantas actividades, San Nicolás continúa cultivando su vida interior. Tiene visiones sobre el misterio trinitario.

"Nicolás de Flüe, dice Pío XII, encarna con una plenitud admirable, la unión de la libertad terrestre, y de la libertad celeste".

Al final San Nicolás sufrió una terrible enfermedad. Murió en su cabaña, rodeado por su esposa y sus hijos, el 21 de marzo de 1487.

Fue canonizado en 1947.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que a semejanza de San Nicolás de Flüe, podamos siempre confiar en Tí, como nuestra verdadera comida, y nuestra verdadera bebida, a lo largo de toda nuestra Vida. Ilumina siempre a nuestros gobernantes y jueces, en el camino de la rectitud. A Tí Señor, que nos aseguraste que quien coma de tu Cuerpo, y beba tu Divina Sangre, tendrá la Vida Eterna. Amén.

miércoles, 20 de marzo de 2019


Cuarta Feria 20 de marzo

SAN MARTÍN DUMIENSE


OBISPO († 580)

"Todo trabajo sin humildad es vano ...".

"He sido arrebatado al juicio, hijo mío, y he visto a muchos con hábito de monjes, ir a los suplicios, y a muchos laicos subir al cielo"

Breve
Logró la conversión de los suevos, de origen germánico, que habitaban el noroeste de España. Gran escritor y poeta. Impulsor del monacato oriental en esa región.

Su obra eclesial y literaria, presentando un cristianismo, adaptado a los diferentes grupos de población; su preocupación por transmitir valores, procedentes de la Antigüedad clásica; la predicación de un cristianismo ortodoxo, en tiempos de herejía; y sus relaciones con los reyes suevos, anuncian el ideal episcopal de San Leandro, y de San Isidoro de Sevilla.
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San Martín Dumiense, debe su sobrenombre a Dumio, lugar próximo a Braga, capital que era ésta, del reino de los suevos. A él se atribuye, la conversión al catolicismo de este pueblo bárbaro, establecido desde comienzos del siglo V, en la parte noroeste de la Península; y como Apóstol de los suevos, es conocido en la historia por antiguos y modernos.

Entre los antiguos, aduzcamos ya, el testimonio dé San Isidoro de Sevilla, su contemporáneo algo posterior. "Habían —dice San Isidoro— permanecido muchos reyes suevos, en la herejía arriana, hasta que subió al trono Theudemiro. Éste, por celo y esfuerzo de Martín, obispo del monasterio de Dumio, hombre esclarecido por su fe y su ciencia, volvió a los suevos a la fe católica". A este importante hecho, se le asigna la fecha del año 560.

Pero ni los suevos ni su Apóstol, son originariamente hispanos. ¿Cómo vinieron unos y otro a España?. ¿Cómo se encontró el apóstol, con los que ante Dios y ante la historia, serían su gloria y su corona?.

Si abrimos un mapa clásico, de la antigua Germania, entre las mallas de las arterias, que forman el Elba, con las aguas venidas de los montes Sudetes, hallamos en grueso trazo el nombre de Suebi.

El mapa mismo, con el confuso cruzarse y entrecruzarse de los nombres de pueblos, nos da la impresión de un hormiguero humano, aprisionado entre sus bosques, ríos y montañas; el Danubio aquí, el Rhin más allá, las legiones romanas por dondequiera.

Los suevos, en alguna de las ramas, en que aparecen ya fraccionados a comienzos del siglo I, hubieron de ser, más de una vez, el terror de Roma. En los días de Marco Aurelio, cuados y marcomanos, están frente a Roma (166-180), y fue tal el pánico de la urbe, que el emperador estoico, no halló en el Imperio, suficientes adivinos a quienes consultar, ni víctimas suficientes que sacrificar, para asegurar el éxito de la guerra.

Pero a la larga, la frontera romana se resquebrajaba por todas partes. En lo que ahora nos interesa, los últimos días del año 406, bandas de vándalos, alamanes, suevos, y una fracción de vándalos silingos, atraviesan por Maguncia el Rhin, que acaso estaba helado, e inician por las tierras del Imperio, la marcha que a través de la Galia, había de llevarlos a nuestra Península. "De un solo empujón —dice San Isidoro - asumiendo penalidades infinitas,— alcanzaron el Pirineo, llevándose a los francos por delante (Francos proterunt directoque impetu ad Pyrenaeum usque perveniunt ("Hist. Goth." c.71 ).

Pero no lo atraviesan entonces. Aún sufren una derrota romana, y sólo en el año 408 ó 409, irrumpen por las provincias de España. Hasta el año 411, estos pueblos devastan las tierras por donde pasan. En el año 411, hubo un reparto de tierras en nuestras provincias. "Los bárbaros —dice Idacio—, inclinados por la misericordia divina, al camino de la paz, se reparten a la suerte, las regiones de las provincias para habitarlas. Los vándalos y los suevos, ocupan la Galicia, sita en la extremidad occidental del mar océano..." (Chronicon c.47).

Estos suevos, que de un magnífico salto, han venido de las orillas del Rhin a las del Miño, rompiendo por entre las lanzas de francos y romanos, eran paganos de religión. Todavía su rey Rékhila, que llevó sus armas victoriosas, hasta la Bética y conquistó Sevilla, muere gentil en el año 448. En este momento, nos da Idacio esta noticia: "Al gentil Rékhila, sucede inmediatamente en el reino, su hijo Rekhiario, católico" (Chron., c.137).

A la conversión del rey, sigue la de su pueblo. A qué y a quién, se debe esta conversión de rey y pueblo, es punto oscuro en la historia —de la historia de este pueblo suevo, que tantos puntos oscuros tiene.

Lo cierto es que, cuando a los pocos años, otro rey suevo se hace arriano, el pueblo se pasa también al arrianismo, (si no hay más bien que pensar, que el pueblo fuera ajeno a estos cambios de decoración religiosa). Y es que estas conversiones religiosas, nota bien un moderno historiador, eran característicamente actos políticos.

El nuevo rey arriano, Remismundo, de complicada historia política, aparece dueño único del reino suevo, por el año 465. Está en relaciones, con el poderoso rey godo Teodorico, con cuya hija se casa.

La conversión pues, fue también ahora acto político. El catequista fue un tal Ayax, gálata de nación, enviado sin duda por Teodorico. Las palabras de Idacio, respiran indignación: "Ayax, gálata de nación, que viejo ya, se había hecho arriano, se alza entre los suevos a combatir, con el auxilio de su rey, la fe católica y la divina Trinidad, propagando el virus pestífero, del enemigo del género humano, que había traído de la región de las Galias, habitada por los godos" (Chron. c.232).

Si aceptamos para la conversión del pueblo suevo al catolicismo, la fecha antes notada de 560, el arrianismo habría durado desde 465 a dicha fecha: un siglo aproximadamente. Y este siglo, es justamente de total oscuridad histórica, por silencio de las fuentes.

Se duda incluso, sobre el nombre del rey suevo, que pasó con su pueblo al catolicismo: Kharriarico, según San Gregorio de Tours, o Theudemiro, según San Isidoro, en texto anteriormente citado. Vamos a prescindir de la cuestión de nombres.

Según San Gregorio de Tours (538-594), el rey suevo arriano, habría enviado una embajada, al sepulcro de San Martín de Tours, suplicando la curación de un hijo enfermo. La embajada fracasa. Envía otra con grandes ofrendas.

Los enviados reciben ahora las reliquias del Santo, que de paso, libera a los presos de la ciudad. Con próspero viento, llegan por mar a Galicia. El hijo del rey, milagrosamente curado, sale a recibir aquel tesoro... "Entonces llegó también de lejanas regiones, movido de divina inspiración, un sacerdote llamado Martín... El rey, con toda su casa, confesó la unidad del Padre, Hijo y Espíritu Santo, y recibió el crisma. El pueblo quedó libre de la lepra, hasta el día de hoy, y todos los enfermos fueron sanos... Y aquel pueblo, arde ahora tanto en el amor de Cristo, que todos irían gozosos al martirio, si llegasen tiempos de persecución" (De rniraculis S. Martini, I,11).

Este texto de Gregorio de Tours, contemporáneo de los hechos que narra, siquiera sobre ellos, deja indefectiblemente caer el polvillo irisado, del oro de la leyenda; pone finalmente en contacto a San Martín Dumiense, con el pueblo del que va a ser Apóstol.

San Martín Dumiense, es de Panonia, la actual Hungría, muy hacia el Oriente, que su glorioso homónimo, San Martín de Tours, de reciente memoria relativamente reciente, pues San Martín muere el año 397, y cuyos milagros atraían a su tumba, gentes de toda procedencia y categoría. El Dumiense hubo de nacer hacia el 510-520.

Miembro de una importante familia romana, de la antigua provincia de Panonia (actual Hungría). Ingresa muy joven en el clero, y muy joven, se traslada a Palestina, a visitar los Santos Lugares. Allí reside durante varios años, y entra en contacto, con el floreciente movimiento monástico, que se desarrolla en las montañas de Judea.

De su juventud no se sabe nada. Ni San Isidoro, ni San Gregorio de Tours, nos dicen en qué consistió la acción del Dumiense, en la conversión del rey y pueblo suevos. Acaso fue obra del prestigio de su fe, y de su saber.

El hecho es que en el primer concilio de Braga, en el año 561, San Martín desempeñaba el mismo papel que San Leandro, en el tercero de Toledo. La conversión había sido tan completa, que no fue menester, lanzar un nuevo anatema contra el arrianismo, y los ocho obispos, que firman sus actas, y se limitaron a leer la decretal del papa Vigilio, y extraer de ella su quinto canon, que manda administrar el bautismo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Que la conversión, hubo de estar relacionada, con los milagros de San Martín de Tours, lo prueban los versos del Dumiense, que figuraban en la basílica de Dumio, consagrada al taumaturgo turonense "Admirando tus prodigios, el suevo ha conocido el verdadero camino, y para sublimar tus méritos, ha levantado estos atrios, construyendo a Cristo, un templo venerable, donde tú repartes tus gracias, y él derrama sus plegarias".

Pero Martín, que hubo de frecuentar la corte, mezclarse entre las muchedumbres populares, y presidir un concilio para la obra de conversión, era en el fondo un monje, que se había traído de Palestina, la nostalgia de la soledad, del silencio y la quietud; de la gloria de la oración, lejos de todo mundanal ruido, aun del que trae consigo, toda obra de apostolado; y éste es acaso el brazo más pesado de su cruz.

Así, y apoyado sin duda, por el poder regio, pronto funda el monasterio de Dumio, cerca de Braga, el primero de Galicia, y acaso también de toda la España visigótica. Luego seguirán otros, de los que quedan escasas noticias. Lo cual no era abandonar la obra de conversión, sino asegurarla. Acaso Martín comprendió, que no hay medio de cristianizar un pueblo, como esos monasterios, focos de intensa vida sobrenatural, que como el fuego da su calor, la irradian luego en torno suyo, sin estruendos, pero con infalible eficacia.

No sabemos cómo se llevó a cabo la fundación, y cómo se formó en torno a Martín, ese vasto mundo aparte que era una abadía medieval. Lo que sí sabemos, es que muy pronto el abad de Dumio, es creado obispo —Dumiensis monasterii sanctissimus pontífex, le llama San Isidoro—.

Su jurisdicción, debió de limitarse a la familia servorum del monasterio, y acaso a la corte. Se supone que conoció la regla de San Cesáreo de Arlés († 27 de agosto de 543), y acaso también la de San Benito († h. 547). Pero en Dumio, Martín fue sin duda, la regla viva.

Y como fuente de inspiración para la formación de sus monjes, allí estaban los dos opúsculos, que se trajera de Oriente: las palabras de los ancianos, y las sentencias de los padres egipcios.

Tiene una sentencia de oro: "Todo trabajo sin humildad es vano ...".

Contra la fácil tentación de la soberbia, que acecha al monje, como elegido y predestinado, San Martín se lo enseñaba a los suyos: El abad Silvano, fue arrebatado en éxtasis en su celda. Vuelto del éxtasis, lloraba. Importunado por su discípulo, dijo finalmente: "He sido arrebatado al juicio, hijo mío, y he visto a muchos con hábito de monjes, ir a los suplicios, y a muchos laicos, subir al cielo". (Sententiae Patrum Aegyptiorum, 48).

Pronto el monasterio de Dumio, se convierte en el principal centro de difusión, de la cultura y espiritualidad cristiana, de origen oriental, en el norte de la Península, ya que sus monjes, tenían encomendada la copia de códices, muchos posiblemente traídos, por el mismo San Martín de Oriente.

Como escritor eclesiástico, San Martín es una figura de primer orden. Tanto San Isidoro de Sevilla, como San Gregorio de Tours, lo consideran como el hombre letrado, más importante de su tiempo. Entre sus obras de más influencia, además del De correctione rusticorum, destaca la recopilación Sententiae Patrum Aegipteorum,

San Martín de Braga, muere hacia 579-580, y es enterrado en la capilla de San Martín de Tours, del monasterio de Dumio, en un sarcófago, donde es labrado un epitafio redactado por él mismo: «Nacido en Panonia, llegué atravesando los anchos mares, y arrastrado por un instinto divino, a esta tierra gallega, que me acogió en su seno. Fui consagrado obispo en esta iglesia tuya, ¡oh glorioso confesor San Martín!; restauré la religión y las cosas sagradas, y habiéndome esforzado por seguir tus huellas, yo, tu servidor Martín, que tengo tu nombre, pero no tus méritos, descanso aquí en la paz de Cristo».

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que suscitaste al amado Obispo San Martín de Braga, como primigenio impulsor del cristianismo en España, le concedas a este amado país, la gracia de volver y permanecer siempre a tu lado, unido al corazón de Jesús y María, en la fe católica y apostólica. Amén.