sábado, 13 de junio de 2020


13 de junio

San Antonio de Padua


Fraile franciscano, Doctor de la Iglesia
(1195-1231)

Antonio significa "Defensor de la Verdad"

Llamado el Arca de los Testamentos

"El gran peligro del cristiano, es predicar y no practicar; creer, pero no vivir de acuerdo con lo que cree"

Oigan la palabra de Dios, Ustedes los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra, no la quieren escuchar”

Breve
Patrón de las mujeres estériles; de los pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Se le invoca por los objetos perdidos, y para pedir un buen esposo/a. Es verdaderamente extraordinaria su intercesión.

San Antonio nació en Portugal, pero adquirió el apellido, por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde murió, y donde todavía se veneran sus reliquias.

León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y devoción, se encuentran por todas partes.

Llamado "Doctor Evangélico". Escribió sermones para todas las fiestas del año.

"El gran peligro del cristiano, es predicar y no practicar; creer, pero no vivir de acuerdo con lo que cree".

"Era poderoso en obras y en palabras. Su cuerpo habitaba esta tierra, pero su alma vivía en el cielo", escribió un biógrafo de ese tiempo.

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Adaptado de la Vida de los Santos de Butler

Vino al mundo en el año 1195, y se llamó Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nombre que cambió por el de Antonio, al ingresar en la orden de Frailes Menores, por la devoción al gran patriarca de los monjes, y patrones titulares de la capilla, en que recibió el hábito franciscano.

Sus padres, jóvenes miembros de la nobleza de Portugal, dejaron que los clérigos de la Catedral de Lisboa, se encargaran de impartir, los primeros conocimientos al niño; pero cuando éste llegó a la edad de quince años, fue puesto al cuidado de los canónigos regulares de San Agustín, que tenían su casa cerca de la ciudad.

Dos años después, obtuvo permiso para ser trasladado, al priorato de Coimbra, por entonces capital de Portugal, a fin de evitar las distracciones que le causaban, las constantes visitas de sus amistades.

No le faltaron las pruebas. En su juventud fue atacado duramente, por las pasiones sensuales. Pero no se dejó vencer, y con la ayuda de Dios, las dominó. Él se fortalecía visitando al Santísimo Sacramento. Además desde niño, se había consagrado a la Santísima Virgen, y a Ella le encomendaba su pureza.

Una vez en Coimbra, se dedicó por entero a la plegaria y al estudio; gracias a su extraordinaria memoria retentiva, llegó a adquirir en poco tiempo, los más amplios conocimientos sobre la Biblia.

En el año de 1220, el rey Don Pedro de Portugal, regresó de una expedición a Marruecos, y trajo consigo, las reliquias de los santos frailes-franciscanos, que poco tiempo antes, habían obtenido allá un glorioso martirio.

Fernando, que por entonces, había pasado ocho años en Coimbra, se sintió profundamente conmovido, a la vista de aquellas reliquias, y nació en lo íntimo de su corazón, el anhelo de dar la vida por Cristo.

Poco después, algunos frailes franciscanos llegaron a hospedarse, en el convento de la Santa Cruz, donde estaba Fernando; éste les abrió su corazón, y fue tan empeñosa su insistencia, que a principio de 1221, se le admitió en la orden. Casi inmediatamente después, se le autorizó, para embarcar hacia Marruecos, a fin de predicar el Evangelio a los moros.

Pero no bien llegó a aquellas tierras, donde pensaba conquistar la gloria, cuando fue atacado, por una grave enfermedad (hidropesía), que le dejó postrado e incapacitado durante varios meses, y a fin de cuentas, fue necesario devolverlo a Europa. La nave en que se embarcó, empujada por fuertes vientos, se desvió y fue a parar en Messina, la capital de Sicilia.

Con grandes penalidades, viajó desde la isla a la ciudad de Asís, donde según le habían informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un capítulo general. Aquella fue la gran asamblea de 1221, el último de los capítulos que admitió la participación, de todos los miembros de la orden; estuvo presidido por el hermano Elías, como vicario general, y San Francisco, sentado a sus pies, también estaba presente.

Indudablemente que aquella reunión, impresionó hondamente al joven fraile portugués. Tras la clausura, los hermanos regresaron a los puestos, que se les habían señalado, y Antonio fue a hacerse cargo, de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forli.

Hasta ahora se discute el punto, de si por aquel entonces, Antonio era o no sacerdote; pero lo cierto, es que nadie ha puesto en tela de juicio, los extraordinarios dones intelectuales y espirituales, del joven y enfermizo fraile, que nunca hablaba de sí mismo.

Cuando no se le veía entregado a la oración en la capilla, o en la cueva donde vivía, estaba al servicio de los otros frailes, ocupado sobre todo, en la limpieza de los platos y cacharros, después del almuerzo comunal.

Mas no estaban destinadas a permanecer ocultas, las claras luces de su intelecto. Sucedió que al celebrarse una ordenación en Forli, los candidatos franciscanos y dominicos, se reunieron en el convento de los Frailes Menores, de aquella ciudad.

Seguramente a causa de algún malentendido, ninguno de los dominicos, había acudido preparado, a pronunciar la acostumbrada alocución durante la ceremonia, y como ninguno de los franciscanos, se sentía capaz de llenar la brecha, se ordenó a San Antonio ahí presente, que fuese a hablar, y que dijese lo que el Espíritu Santo le inspirara.

El joven obedeció sin chistar, y desde que abrió la boca, hasta que terminó su improvisado discurso, todos los presentes le escucharon como arrobados, embargados por la emoción, y por el asombro, a causa de la elocuencia, el fervor y la sabiduría de que hizo gala el orador.

En cuanto el ministro provincial, tuvo noticias sobre los talentos desplegados, por el joven fraile portugués, lo mandó llamar a su solitaria ermita, y lo envió a predicar, a varias partes de la Romagna, una región que por entonces, abarcaba toda la Lombardía.

En un momento, Antonio pasó de la oscuridad, a la luz de la fama, y obtuvo sobre todo, resonantes éxitos en la conversión de los herejes, que abundaban en el norte de Italia, y que en muchos casos, eran hombres de cierta posición y educación, a los que se podía conmover con argumentos razonables, y ejemplos tomados de las Sagradas Escrituras.

En una ocasión, cuando los herejes de Rímini, le impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar, y empezó a gritar: "Oigan la palabra de Dios, Ustedes los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra, no la quieren escuchar". A su llamado, acudieron miles y miles de peces, que sacudían la cabeza, en señal de aprobación. Aquel milagro se conoció, y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder.

A pesar de estar muy enfermo de hidropesía, San Antonio predicaba los 40 días de cuaresma. La gente presionaba para tocarlo, y le arrancaban pedazos del hábito, hasta el punto que hacía falta, designar un grupo de hombres, para protegerlo después de los sermones.

Además de la misión de predicador, se le dio el cargo de lector en teología, entre sus hermanos. Aquella fue la primera vez, que un miembro de la Orden Franciscana, cumplía con aquella función.

En una carta, que por lo general se considera como perteneciente a San Francisco, se confirma este nombramiento, con las siguientes palabras: "Al muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco, le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas tú, el que lea la sagrada teología a los frailes, siempre que esos estudios, no afecten al santo espíritu de plegaria y devoción, que está de acuerdo con nuestra regla".

Sin embargo, se advirtió cada vez con mayor claridad, que la verdadera misión del hermano Antonio, estaba en el púlpito. Por cierto, que poseía todas las cualidades del predicador: ciencia, elocuencia, un gran poder de persuasión, un ardiente celo por el bien de las almas, y una voz sonora y bien timbrada, que llegaba muy lejos.

Por otra parte, se afirmaba que estaba dotado, con el poder de obrar milagros, y a pesar de que era de corta estatura, y con cierta inclinación a la corpulencia, poseía una personalidad extraordinariamente atractiva, casi magnética. A veces bastaba su presencia, para que los pecadores cayesen de rodillas a sus pies; parecía que de su persona irradiaba la santidad.

A donde quiera que fuera, las gentes le seguían en tropel para escucharle, y con eso bastaba, para que los criminales empedernidos, los indiferentes y los herejes pidiesen confesión.

Las gentes cerraban sus tiendas, oficinas y talleres, para asistir a sus sermones; muchas veces sucedió, que algunas mujeres, salieron antes del alba, o permanecieron toda la noche en la iglesia, para conseguir un lugar, cerca del púlpito. Con frecuencia, las iglesias eran insuficientes para contener a los enormes auditorios, y para que nadie dejara de oírle; a menudo predicaba en las plazas públicas, y en los mercados.

Poco después de la muerte de San Francisco, el hermano Antonio fue llamado, probablemente con la intención de nombrarle ministro provincial de la Emilia, o la Romagna.

En relación con la actitud que asumió el santo, en las disensiones que surgieron en el seno de la orden, los historiadores modernos, no dan crédito a la leyenda de que fue Antonio, quien encabezó el movimiento de oposición, al hermano Elías, y a cualquier desviación de la regla original; esos historiadores señalan, que el propio puesto de lector en teología, creado para él, era ya una innovación.

Más bien parece, que en aquella ocasión, el santo actuó como un enviado del capítulo general de 1226 ante el Papa, Gregorio IX, para exponerle las cuestiones que hubiesen surgido, a fin de que el Pontífice manifestara su decisión. En aquella oportunidad, Antonio obtuvo del Papa, la autorización, para dejar su puesto de lector, y dedicarse exclusivamente a la predicación. El Pontífice tenía una elevada opinión, sobre el hermano Antonio, a quien cierta vez lo llamó "el Arca de los Testamentos", por los extraordinarios conocimientos que tenía de las Sagradas Escrituras.

Desde aquel momento, el lugar de residencia de San Antonio fue Padua, una ciudad, adonde anteriormente había trabajado, donde todos le amaban y veneraban, y donde en mayor grado, que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver, los abundantísimos frutos de su ministerio. Porque no solamente escuchaban sus sermones multitudes enormes, sino que éstos obtuvieron, una muy amplia y general reforma de conducta.

Las ancestrales disputas familiares, se arreglaron definitivamente; los prisioneros quedaron en libertad; y muchos de los que habían obtenido ganancias ilícitas, las restituyeron, a veces en público, dejando títulos y dineros, a los pies de San Antonio, para que éste los devolviera a sus legítimos dueños.

Para beneficio de los pobres, denunció y combatió, el muy ampliamente practicado vicio de la usura, y luchó para que las autoridades aprobasen la ley, que eximía de la pena de prisión a los deudores, que se manifestasen dispuestos a desprenderse de sus posesiones, para pagar a sus acreedores.

Se dice, que también se enfrentó abiertamente, con el violento duque Eccelino, para exigirle que dejase en libertad, a ciertos ciudadanos de Verona, que el duque había encarcelado. A pesar de que no consiguió realizar sus propósitos, en favor de los presos, su actitud nos demuestra, el respeto y la veneración de que gozaba, ya que se afirma que el duque, le escuchó con paciencia, y se le permitió partir sin que nadie le molestara.

Después de predicar una serie de sermones, durante la primavera de 1231, la salud de San Antonio comenzó a ceder, y se retiró a descansar, con otros dos frailes, a los bosques de Camposampiero. Bien pronto se dio cuenta, de que sus días estaban contados, y entonces pidió que le llevasen a Padua. No llegó vivo, más que a los aledaños de la ciudad.

El 13 de junio de 1231, en la habitación particular del capellán, de las Clarisas Pobres de Arcella, recibió los últimos sacramentos. Entonó un canto a la Santísima Virgen, y sonriendo dijo: "Veo venir a Nuestro Señor", y murió. Era el 13 de junio de 1231. La gente recorría las calles, diciendo: "¡Ha muerto un santo! ¡Ha muerto un santo!”.

Al morir tenía tan sólo treinta y cinco años de edad. Durante sus funerales, se produjeron extraordinarias demostraciones, de la honda veneración que se le tenía. Los paduanos, han considerado siempre sus reliquias, como el tesoro más preciado.

San Antonio fue canonizado, antes de que hubiese transcurrido un año de su muerte; en esa ocasión, el Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime", en su honor, y de esta manera, se anticipó en siete siglos, a la fecha del año 1946, cuando el Papa Pío XII, declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".

Se le llama el "Milagroso San Antonio", por ser interminable la lista de favores y beneficios, que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte.

Uno de los milagros más famosos de su vida, es el de la mula: Quiso uno retarle a San Antonio, a que probase con un milagro, que Jesús está en la Santa Hostia. El hombre dejó a su mula, tres días sin comer, y luego, cuando la trajo a la puerta del templo, le presentó un bulto de pasto fresco, y al otro lado, a San Antonio con una Santa Hostia. La mula dejó el pasto, y se fue ante la Santa Hostia, y se arrodilló.

Iconografía: Por regla general, a partir del siglo XVII, se ha representado a San Antonio, con el Niño Jesús en los brazos; ello se debe a un suceso, que tuvo mucha difusión, y que ocurrió cuando San Antonio estaba de visita, en la casa de un amigo.

En un momento dado, éste se asomó por la ventana, y vio al santo que contemplaba arrobado, a un niño hermosísimo y resplandeciente, que sostenía en sus brazos. En las representaciones anteriores al siglo XVII, aparece San Antonio, sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras.

En ocasiones, se le representó con un lirio en las manos, y también junto a una mula, que se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que le mostraba el santo; la actitud de la mula, fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real de Jesús en la Eucaristía.

San Antonio es el patrón de los pobres, y ciertas limosnas especiales, que se dan para obtener su intercesión, se llama "pan de San Antonio"; esta tradición comenzó a practicarse en 1890.

No hay ninguna explicación satisfactoria, sobre el motivo por el que se le invoca, para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción, esté relacionada con un suceso, que se relata entre los milagros, en la "Chronica XXIV Generalium" (No. 21): un novicio huyó del convento, y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró, para que fuese recuperado su libro, y al instante, el novicio fugitivo, se vio ante una aparición terrible y amenazante, que lo obligó a regresar al convento, y devolver el libro.

En Padua, hay una magnífica basílica, donde se veneran sus restos mortales.

BIBLIOGRAFÍA
Butler, Vida de los Santos.
Salesman, P. Eliécer,  Vidas de los Santos.
Sgarbossa, Mario y Luigi Giovannini - Un Santo Para Cada Día

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Oraciones
Novena a San Antonio

Es famoso por sus milagros

San Antonio, obtén de la Misericordia de Dios, esta gracia que deseo (mencione el favor que pide).

Como tú eres tan bondadoso con los pobres pecadores, no mires mi falta de virtud, antes bien, considera la Gloria de Dios, que será una vez más ensalzada por ti, al concederme la petición, que yo ahora encarecidamente te hago.

Glorioso San Antonio de los milagros, padre de los pobres, y consuelo de los afligidos, te pido ayuda.

Has venido a mi auxilio, con tan amable solicitud, y me has aliviado tan generosamente, que me siento agradecido de corazón.

Acepta esta ofrenda de mi devoción y amor.

Renuevo la seria promesa, de vivir siempre amando a Dios y al prójimo.
Continúa defendiéndome benignamente, con tu protección, y obtenme la gracia, de poder un día, entrar en el Reino de los Cielos, donde cantaré eternamente las misericordias del Señor. Amén.

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Oración de liberación de San Antonio de Padua

Haciendo la señal de la cruz dirás con mucho fervor:

He aquí la Cruz del Señor,+
Huid, potestades enemigas:+
El león Judà, descendiente de David,+
Ha vencido. Aleluya.

Este exorcismo, usado frecuentemente por San Antonio, es muy eficaz contra las tentaciones del demonio, como lo prueban muchísimos ejemplos. Constituyen esas palabras, el breve o carta de San Antonio, que él mismo escribió, y entregó a una devota suya, para librarla de una fuerte y tenaz tentación.

Oración

A ti Antonio, dechado de amor, a Dios y a los hombres, que tuviste la dicha de estrechar entre tus brazos, al Niño Dios; a ti lleno de confianza, recurro en la presente tribulación, que me acongoja.

Te pido también, por mis hermanos más necesitados, por los que sufren, por los oprimidos, por los marginados, por los que hoy más necesiten de tu protección.

Haz que nos amemos todos como hermanos, que en el mundo haya amor, y no odios. Ayúdanos a vivir el mensaje cristiano.

Tú, en presencia ya del Señor, no ceses de interceder por Él, con Él, y en Él, a favor nuestro ante el Padre. Amén.

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LOS TRECE MARTES EN HONOR DEL GLORIOSO SAN ANTONIO DE PADUA

Os ruego bendito San Antonio, que me hagáis partícipe, de las incontables misericordias, que concedéis a cuantos os invocan, con devoción y confianza.

Martes 1.- Amoroso San Antonio, que despreciasteis las vanidades del mundo, haced que ame a Dios, y me dedique a las cosas de su servicio. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 2.-Angélico San Antonio, lirio de incontable pureza, logradme del Señor, que venza todas las tentaciones. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 3.- Bendito San Antonio, amigo de la penitencia, alcanzadme que con voluntarios sacrificios, satisfaga por mis faltas. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 4.- Admirable San Antonio, espejo de obediencia, obtenedme que sepa conformarme, a la voluntad de Dios. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 5.- Serenísimo San Antonio, joya de pobreza, atended por amor de Jesús y de María, a mí y a los necesitados. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 6.- Compasivo San Antonio, ejemplo de humildad, alcanzadme la firme sujeción a la Iglesia, y a todo superior. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 7.- Amable San Antonio, consolador de los afligidos, rogad por cuantos sufren, para que se vean libres de sus males, o se resignen en su desgracia. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 8.- Celoso San Antonio, defensor de la inocencia y castigador del vicio, alcanzadme que os sea agradable. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 9.- Amantísimo San Antonio, horno de ardiente caridad, alcanzadme vivas ansias de trabajar, por la gloria del Señor. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 10.- Incomparable San Antonio, lumbrera que ilumina a los pecadores, obtenedme que jamás ofenda a Dios. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 11.- Inocente San Antonio, celador de la justicia, libradme de las asechanzas del demonio, y de todo mal. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 12.- Perfectísimo San Antonio, que hacéis hallar las cosas perdidas, obtenedme que lleve mi cruz, y gane el cielo. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 13.- Santísimo y muy generosísimo San Antonio. Sembrador de milagros, protejedme con vuestra intercesión, en todo el curso de mi vida. Amén. (Padre Nuestro y Avemaría).

Oración final para todos los martes

Caritativo protector de los que a vos acuden, ya que habéis recibido el don de hacer milagros, trabajad en el de mi conversión; alejad de mí, y de todos los que me son queridos, las enfermedades, las adversidades y las desgracias; y por la virtud de vuestras oraciones, atraed sobre mí y todos los míos, las bendiciones del cielo. Amén.
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Letanía de San Antonio
(como devoción privada)

Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Santa María, ruega por nosotros.

San Francisco y San Antonio de Padua
gloria de la orden de frailes menores,
mártir en el deseo de morir por Cristo,
Columna de la Iglesia,
Digno sacerdote de Dios,
Predicador apostólico,
Maestro de la verdad,
Vencedor de herejes,
Terror de los demonios,

Consuelo de los afligidos,
Auxilio de los necesitados,
Guía de los extraviados,
Restaurador de las cosas perdidas,
Intercesor escogido,
Constante obrador de milagros,

Sé propicio, perdónanos, Señor,
Sé propicio, escúchanos, Señor,
De todo mal, líbranos, Señor,
De todo pecado,
De todo peligro de alma y cuerpo,

De los lazos del demonio,
De la peste, hambre y guerra,
De la muerte eterna,

Por los méritos de San Antonio,
Por su celo en la conversión de los pecadores,
Por su deseo de la corona del martirio,
Por sus fatigas y trabajos,
Por su predicación y doctrina,

Por sus lágrimas de penitencia,
Por su paciencia y humildad,
Por su gloriosa muerte,
Por sus numerosos prodigios,
En el día del juicio, Nosotros pecadores,
te rogamos, óyenos,

Que nos guíes por caminos de verdadera penitencia,
Que nos concedas paciencia en los sufrimientos,
Que nos asistas en las necesidades,
Que oigas nuestras oraciones y peticiones,
Que enciendas en nosotros, el fuego de tu amor,

Que nos concedas la protección, y la intercesión de San Antonio, Hijo de Dios,
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.

V. Ruega por nosotros oh bienaventurado San Antonio, R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.
Oremos: Dios Todopoderoso y eterno,
Que glorificaste a tu fiel confesor Antonio, con el don constante de hacer milagros.
Concédenos que cuanto pedimos confiadamente por sus méritos, estemos ciertos de recibirlo por su intercesión.

Te lo pedimos en nombre de Jesús, nuestro Señor. Amén.


viernes, 12 de junio de 2020


12 de Junio

San León III - 96ª Pontífice
Coronó a Carlomagno, como Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico



(750-816)

y San Onore – Eremita Egipcio


"Si alguien ofreciese a Dios, sacrificios en mi nombre, o acordándose de mí, será contado entre el número de todos los santos, y se verá libre de todas las tentaciones

Patrono del Principado de Mónaco, y de la ciudad de Munich; protector de los tejedores, y de los que quieren conseguir casa propia

San León III, papa, Roma, 816. Romano de nacimiento, fue educado en la escuela pontificia de Letrán, donde se distinguió por su piedad y aplicación. En el año 795, fue elegido papa. Inmediatamente escribió a Carlomagno, con quien le unieron siempre, las más cordiales relaciones.

Fue un modelo de prudencia y de piedad, pero algunos envidiosos, se conjuraron contra él, y el día de San Marcos de 799, le sorprendieron en una emboscada, le sacaron los ojos, le cortaron la lengua, y le dejaron tendido en el suelo. Afortunadamente, un milagro devolvió a León, el uso de la vista y del habla.

Enterado de aquel atentado, Carlomagno pasó a Italia con un ejército, hizo justicia; le dió muchas posesiones al pontífice, y él fue coronado emperador, el día de Navidad del año 800. Así fue restablecido, el Imperio romano de Occidente. Después León devolvió la visita al emperador, en Aquisgrán.

De vuelta en Roma, se consagró por entero, a fomentar la piedad en el clero. Él era tan devoto, que con frecuencia, decía misa ocho, y hasta nueve veces, cada día.

Oración: Te pedimos Señor y Dios nuestro, que nos concedas el don de la Palabra, que evangeliza y consuela, que da testimonio con veracidad; y el de la mirada discreta y pura sobre los problemas, en que podemos ayudar a los demás, sabiendo recuperar estos dones sagrados, como lo hiciste en la carne y el espíritu, en tu siervo, el Papa San León III. A Tí Señor, que viniste a devolver la vista, a quienes estaban ciegos, y dejar ciegos a quienes decían ver. Amén.

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San Onofre

Ermitaño

Este santo, es muy honrado en la actualidad, por los cristianos coptos. Se cree que fue hijo de un rey egipcio, o abisinio, y que vivió en el siglo IV. El demonio instiga a su padre, para que lo pase por el fuego, como prueba de si era hijo bastardo. Y Onofre sale ileso.

Fue criado en un convento, de la tebaida egipcia, que eran monjes que vivían en el desierto. Al crecer, se aparta de él, y vivió como ermitaño. La leyenda cuenta, que una columna de fuego, lo acompañó hasta la ermita. Se alimenta con dátiles y agua. Se viste con sus propios cabellos. Un ángel le llevaba pan todos los días, y los domingos, le llevaba la Eucaristía. Vivió de esta forma por 60 años.

Pafnucio fue su discípulo, y en una de sus visitas a los solitarios, lo descubre ya muy enfermo, y extrañamente vestido y desfigurado de cuerpo, con barba y larga cabellera; le acompaña en sus últimas horas y hasta su muerte, para después, con gran impacto apostólico en su tiempo, describir a este gigante de la penitencia, enfrentado a los pecados del mundo. Pafnucio escribió la vida de San Onofre.

La leyenda agrega que al morir, los ángeles le rindieron honores.

Oración a San Onofre de Egipto
Glorioso San Onofre, a quien he escogido por mi Patrono y Modelo particular, y en quien tengo absoluta confianza; concededme que yo experimente, los saludables efectos de tu poderosa intercesión para con Dios.

En tus manos deposito todas mis necesidades, y en particular, la que hoy pongo bajo tu protección....... Alcanzadme pues, este favor, si me conviene, y todas las demás gracias necesarias, para liberarme del pecado, y conseguir mi propia salvación, y aún mi santificación. Amén
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Hoy en el día de nuestro querido y santificado San Onofre, queremos desearles sus bendiciones, y un gran agradecimiento por propagar su nombre, y así ser más, los que amamos a nuestro querido santo.

En este día tan especial, les pido que recemos todos un Padre Nuestro, y que nos brindemos más a nuestro prójimo, con más entendimiento, comprensión, pero por sobre todas las cosas, con amor genuino.

Agradezcamos a Jesús por sus enseñanzas, y el profundo amor que nos da cada día.

Señor, haz de mí, un instrumento de tu paz.
Que allá donde haya odio, yo ponga el amor.
Que allá donde haya ofensa, yo ponga el perdón.
Que allá donde haya discordia, yo ponga la unión.
Que allá donde haya error, yo ponga la verdad.
Que allá donde haya duda, yo ponga la Fe.
Que allá donde haya desesperación, yo ponga la esperanza.
Que allá donde haya tinieblas, yo ponga la luz.
Que allá donde haya tristeza, yo ponga la alegría.

Oh Señor, que yo no busque tanto
ser consolado, cuanto consolar,
ser comprendido, cuanto comprender,
ser amado, cuanto amar.

Porque es dándose como se recibe,
es olvidándose de sí mismo,
como uno se encuentra a sí mismo,
es perdonando, como se es perdonado,
es muriendo, como se resucita a la vida eterna.
Amén

Daniela Roman

jueves, 11 de junio de 2020


11 de Junio

SAN BERNABE


Apóstol (Siglo I)
Bernabé es considerado Apóstol, por los primeros Padres de la Iglesia, y también por San Lucas, por la misión especial que le confió el Espíritu Santo. Su nombre original era José. Los apóstoles se lo cambiaron, por el de Bernabé, que según San Lucas, significa "el esforzado", "el que anima y entusiasma".

Breve
Nació en la Isla de Chipre; era Judío de la tribu de Leví.

Su nombre original era José. Los Apóstoles se lo cambiaron, por el de Bernabé, que según San Lucas, significa "el esforzado", "el que anima y entusiasma".

Trabajó incansablemete con San Pablo, en los primeros tiempos de la evangelización.

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Los Hechos de los Apóstoles nos narra, que Bernabé vendió su finca, y entregó todo el dinero a los Apóstoles, para distribuir entre los pobres. (Hch,4)

Fue un gran colaborador de San Pablo, quien a su regreso a Jerusalén, tres años después de su conversión, recibió de Bernabé, el respaldo que le brindó ante los demás Apóstoles, que sospechaban de él.

No se cuenta, entre los doce elegidos por Nuestro Señor Jesucristo, pero probablemente, fue uno de los setenta discípulos, mencionados en el Evangelio.

Los Apóstoles lo apreciaban mucho, por ser "un buen hombre, lleno de fe y del Espíritu Santo" (Hechos 11,24), y por eso lo eligieron para la evangelización de Antioquía.

Con sus prédicas aumentaron los convertidos
Se fue a Tarso y se asoció con Pablo. Juntos obtuvieron un éxito extraordinario. Regresaron a Antioquía, donde permanecieron por un año. Antioquía se convirtió, en el gran centro de evangelización, y donde por primera vez, se le llamó Cristianos, a los seguidores de la doctrina de Cristo.

Volvieron a Jerusalén, enviados por los Cristianos, de la floreciente iglesia de Antioquía, con una colecta, para los que estaban pasando hambre en Judea. El Espíritu habló, por medio de los maestros y profetas, que adoraban a Dios: "Separad a Pablo y Bernabé, para una tarea que les tengo asignada".

Después de ayuno y oración, Pablo y Bernabé recibieron la misión, y la imposición de manos. Partieron acompañados de Juan Marcos, primo de Bernabé, futuro evangelista, a predicar a otros lugares, entre estos Chipre, la patria de Bernabé. Allí convirtieron al procónsul romano, Sergio Paulo, de quien Saulo tomó el nombre, para predicar entre los gentiles.

Fueron luego a Perga en Pamfilia, donde se inició, el más peligroso viaje misionero. Juan Marcos no estaba muy decidido, y les abandonó, regresando solo a Jerusalén.

Luego prosiguieron su viaje misionero, por las ciudades y naciones del Asia Menor.

En Iconium, capital de Licaonia, estuvieron a punto de morir apedreados por la multitud. Se refugiaron en Listra, donde el Señor, por medio de San Pablo, curó milagrosamente a un paralítico, y por esa razón los habitantes paganos, dijeron que los dioses los habían visitado, y haciendo lo imposible, evitaron que la población, ofreciera sacrificios en honor a ellos, y por eso se pasaron al otro extremo, y lanzaron piedras contra San Pablo, y lo dejaron maltrecho.

Tras una breve estancia en Derne, donde muchos se convirtieron, los dos Apóstoles volvieron a las ciudades, que habían visitado previamente, para confirmar a los convertidos, y para ordenar presbíteros.

Recordaban que "es necesario, pasar por muchas tribulaciones, para entrar en el Reino de Dios" (Hechos 14, 22). Después de completar la primera misión, regresaron a Antioquía de Siria.

Poco después, algunos de los Judíos Cristianos, contrarios a las opiniones de Pablo y Bernabé, exigían que los nuevos cristianos, aparte de ser bautizados, sean circuncidados. A raíz de eso, se convocó a un Concilio en Jerusalén. Se declaró entonces, que los gentiles convertidos, estaban exentos del deber de la circuncisión.

Ante el segundo viaje misionero, surgió un conflicto entre Pablo y Bernabé. Bernabé quería llevar a su primo Juan Marcos, y Pablo se oponía, por haberles abandonado, en la mitad del primer viaje, por miedo a tantas dificultades. Decidieron separarse. San Pablo se fue a su proyectado viaje con Silas, y Bernabé partió a Chipre, con Juan Marcos.

Más tarde, se volvieron a encontrar como amigos, misionando en Corinto (1 Co. 9, 5-6), por lo que se deduce, que Bernabé aún vivía, y trabajaba en los años 56 o 57 D.C. Posteriormente, San Pablo invita a Juan Marcos, a unirse a él, cuando estaba preso en Roma, cosa que nos indica, que Bernabé ya había muerto, alrededor del año 60 o 61. Otros dicen, que era predicador en Alejandría y Roma, y primer obispo de Milán.

Escritos no canónicos, hablan de un viaje a Roma, y de su martirio, hacia el año 70, en Salamina, por mano de los Judíos de la diáspora, que lo lapidaron.

Tertuliano afirma, que Bernabé escribió la Epístola a los Hebreos; otros creen que escribió en Alejandría, la Epístola de Bernabé. En realidad, lo que se sabe de él, es lo que aparece en el Nuevo Testamento.

Fuente Bibliográfica: Vidas de los Santos de Butler, Vol. II.

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Hoy además veneramos la memoria de los siguientes Santos y Mártires

-Santos Félix y Fortunato, mártires, Aquileya, 296.

-San Parisio, monje, Bolonia (Italia), 1267.

-Traslación del cuerpo de San Gregorio Nacianceno, Roma, 1580.

-San Espínolo o Espín, abad, Tréveris, siglo VII.

-San Manasés, obispo de Troyes (Francia), 993.

-Beatos Pedro Rodríguez, Mendo Valle, Damián Vaz, Alvaro García, Esteban Vázquez y Valerio de Odra, caballeros de Santiago, y García Rodríguez, martirizados en Tavira de Portugal, en 1242. Prisioneros de los moros, en una salida que hicieron hacia el territorio musulmán, estos bravos caballeros de la Cruz, fueron martirizados. Con ellos murió un mercader, que se llamaba García Rodríguez.

-Santa Rosalina, virgen, priora en un convento de monjas cartujas, Provenza (1329), cuya vida está llena de heroicas virtudes, y sucesos extraordinarios.

-Beato Juan de Avelino. Nacido en 1250, pertenecía a una noble familia napolitana. Su juventud, fue la de muchos otros guerreros de su tiempo: duelos, saqueos, violencias. De repente dejó las armas, y se hizo lego franciscano. Toda su vida fue luego, un prodigio de penitencia y de humildad. Dios le favoreció con éxtasis, los milagros brotaban a su paso, sin él darse cuenta, y las gentes le veneraban como a un santo. Murió en 1313.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, concédenos que a imitación de San Bernabé Apóstol, y de todos los santos y mártires que hoy recordamos con Amor y Agradecimiento, podamos ser investidos, por la misma fortaleza espiritual y valentía, en proclamar la Buena Noticia, con una conducta coherente de vida. A Tí Señor, que nos dejaste el mandato, de la proclamación del Evangelio, justo antes de tu Ascensión a los Cielos. Amén.

miércoles, 10 de junio de 2020


10 de junio

BEATO JUAN DOMINICI


Cardenal y Arzobispo de Croacia

(† 1420)

El hombre tiene un alma generosa, y se deja convencer más fácilmente por la dulzura, que por el rigor”

Breve
Juan Domínici fué un cardenal insigne, cuya labor hace recordar a la del cardenal Carlos Borromeo, un siglo después, por su exquisita diplomacia, y poderoso sentido común, en medio de un tormentoso momento, cual fué el Cisma de Occidente, con tres Papas en discordia. Su decisiva intervención personal, ayudó a poner fin de manera pacífica, a la controversia.

Juan Domínici vió con claridad, la peligrosidad de las doctrinas de Jan Hus en Bohemia, y de Juan Wiclef de Inglaterra. Ambos cuestionaban la autoridad eclesiástica y del Papado; y en particular el segundo, negaba además la transustanciación de la Eucaristía. Fueron los precursores, cien años antes, del Protestantismo.

La venta de indulgencias, y el lujo en el estilo de vida en Roma, ayudaron indudablemente a su germinación. Los violentos e inaceptables hechos posteriores, como la ejecución de Jan Hus en la hoguera, y luego la quema de los restos mortales de Wiclef, convencieron a muchos en aquellas regiones, de tomar el equivocado camino del Cisma Protestante, tiempo después. Por estos hechos, el Papa Paulo VI pidió perdón, luego del Concilio Vaticano II.

Por eso, la labor diplomática, perseverante y pacífica de este santo, fué muy importante, en tiempos de enorme confusión y violencia.

Es importante recordar, que los católicos creemos en tres cuestiones decisivas, respecto a la Eucaristía.

Primero, creemos que el Pan y el Vino, se transforman en el Cuerpo y la Sangre del Divino Maestro, en el acto de la consagración.

Muchos milagros eucarísticos así lo corroboran a lo largo de los siglos – Lanciano y Santarem entre otros.

Segundo, creemos en la presencia real y completa de Jesucristo, en todas y cada una de las hostias consagradas, y del vino consagrado.

Y Tercero, el del Sacrificio por el cual Cristo renueva su Pasión y Muerte, en el acto de la Consagración, por lo cual mediante la participación activa en la Eucaristía, llevando a nuestro interior, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos libera de nuestros pecados, y nos hace partícipes de los gozos divinos.

Por todo esto luchó Juan Domínici.
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JOSÉ LUIS GAGO, O. P.

¡Ignorante y tartamudo!. No son éstas, padre prior, las mejores cualidades para un dominico.

Y Juan fue rechazado. Aquella noche, Paula y Domingo, lamentaron su pobreza. Su hijo era un obrero, y cualquier otra aspiración fracasaría, por la escasez de medios económicos. Aquel muchacho, tendría que continuar partiendo el pan áspero, con sus duras manos.

Sin embargo, en aquel hogar pobre, ardía una llama inextinguible y poderosa: Dios. Y lo llenaba todo, y todo lo envolvía y transformaba. El trabajo duro y necesario, tenía un paréntesis que se abría de madrugada, en la iglesia de los dominicos de Santa María-Novella, y se cerraba allí mismo con la tarde.

Su carácter viril, y la voz de Dios vitalmente sentida, le determinan a pedir nuevamente, el ingreso en la Orden de Predicadores. Los Padres comprendieron, que aquel joven tenía en su vida, un camino único, que nacía allí, en Santa María-Novella. Y sin querer parar mientes en su aspecto rústico, y la torpeza de su decir, Juan fue admitido.

El año de noviciado fue una línea ascendente: desde los primeros días, en que su estilo torpe, constituía motivo para la sonrisa vana, hasta el respeto y la admiración, por el hombre esforzado, y por el religioso entregado a Dios plenamente.

El silencio, la oración, el ascetismo de su vida, la amabilidad entregada, el amor absoluto a Dios y a los suyos, constituyeron la meta ganada, con la gracia de Dios, y el esfuerzo continuo y vigilante. Desde el principio, dio con la clave, que transforma lo mínimo e insignificante. El detalle delicado, la palabra cálida, el gesto y la mirada, reprochando dulcemente, todo habla de amor.

La observancia exacta, la rúbrica sentida, la disciplina cruel, el sueño domeñado, y la entrega absoluta y sencilla, todo habla de amor. Y Dios con él, impulsando aquel brío irresistible. Fray Juan tenía una misión difícil en la Orden: vitalizar la observancia. Por eso, convenía que él probase, hasta dónde puede el hombre, y en qué punto ha de esperar.

La profesión constituyó para él, la autonomía de la austeridad y de la exigencia. Frecuentemente era pan y agua, su única refacción. Dormía escasamente sobre un saco, y vestía muy pobremente, pero con limpieza.

El estudio, tan sagrado en la Orden de Predicadores, constituyó su pasión. Hombre inteligente y fino, terminó la carrera, siendo propuesto para graduarse académicamente. Renunció, sin embargo. Se lo sugirió una humildad sencilla y cierta.

La fatiga del estudio busca compensaciones. Fray Juan es artista. Y llenará los libros corales, con sus delicadas y sugestivas miniaturas. Así comenzó su predicación. El dibujo cariñoso y sugerente, de la vida de Cristo y sus milagros, orientaba la salmodia hacia la meditación. Esta preocupación por el arte, al servicio de Dios, le acompañará más tarde, a los conventos que visite y funde.

Con la ordenación sacerdotal, el amor a las almas, culmina en un anhelo impetuoso por la predicación. Sólo una pena ensombrece el gozo de su vida. Su lengua sigue torpe y ridícula. Estando en Siena, le invadió la tristeza. Se sintió inútil. Lloró. Las lágrimas dieron transparencia a su mirada, y aquella noche se arrodilló, ante una imagen de Santa Catalina. Y le pidió un milagro. Se lo exigió por amor de Dios, y el prodigio se realizó. Su lengua se torna ágil y expedita.

Florencia girará en torno, de este extraordinario y súbito predicador. Su ciencia, su prodigiosa memoria, su pasión avasalladora y serena, se conjugan en un decir limpio y cautivador. Predicará durante muchas Cuaresmas en Florencia. Habrá días que suba al púlpito, cinco y seis veces.

Nunca el cansancio en él. Siempre el interés en los que le escuchan. "El hombre tiene un alma generosa, y se deja convencer más fácilmente, por la dulzura que por el rigor". Eso dijo y así obró. Recorre las principales ciudades, y villas de Italia. Censura los vicios con un patetismo profético, e invita a los pueblos, a una renovación de la vida cristiana.

El flagelo en su palabra, suscita el rencor, hasta el punto de ser amenazado con el exilio. Por amor a la paz, abandona Venecia, y se retira a Florencia. Allí conjuga el aislamiento monástico, con la predicación cíclica, en los tiempos litúrgicos. San Vicente Ferrer, renuncia a predicar en Florencia: "¿A quién queréis oír, teniendo al padre Juan Domínici?".

Una idea le obsesiona: la restauración de los conventos. La terrible peste de 1348, y los cinco años siguientes, arrasaron a los monasterios. El de Santa María-Novella, vio morir en cuatro meses, a setenta de sus frailes. Los supervivientes se retraían, y se sentían incapaces del rigor primitivo. Juan Dominici predicaba. Los jóvenes eran su presa. Necesitaba muchachos generosos y decididos, y los tuvo en gran número, después de su predicación.

Acepta el priorato de varios conventos, con el ánimo de imponer la reforma ansiada. La labor es dura y surge la oposición. Santo Domingo de Venecia, el convento de Cittá di Castello, el de Fabriano y otros, recibieron el impulso de su espíritu emprendedor.

Posteriormente, es elegido vicario general, de los conventos observantes, en los Estados de Venecia, y de la provincia romana. Ha llegado el momento. Comprende que la labor es áspera y lenta.

Por eso, dedica su vitalidad y esfuerzo, a la creación de una Casa de noviciados. Es la clave. Que el espíritu y la vida no se improvisan. Es preciso nacer y respirarlo, para que se haga sangre en cada uno. Con este fin, nació el convento de Cortona, situado en un paraje delicioso, donde el clima y el cielo, empujan hacia Dios.

Las religiosas, pensó el padre Juan, están íntimamente vinculadas a nuestra vida dominicana. Con este convencimiento, restauró el convento del Corpus Domini, y el de San Pedro Mártir, de Florencia. En este monasterio, su anciana madre, terminó sus días. La labor tenía sólidas bases.

Una labor gigantesca, exige un hombre fabuloso. El cisma de Occidente estaba enconado. A la muerte de Inocencio VII, es elegido Gregorio XII. Éste y Benedicto XIII, pudieron llegar a un acuerdo, e intentaron reunirse en Saona. Tal entrevista no llegó a realizarse.

Siete cardenales de Gregorio XII, le abandonan. Lo mismo le sucede a Benedicto XIII. Ambos grupos convocan a un concilio general en Pisa, y allí eligen como nuevo antipapa, a Pedro Philargi, que toma el nombre de Alejandro V. A éste sucede el antipapa Juan XXIII.

La labor diplomática del padre Juan Dominici, en el cónclave de elección de Gregorio XII fue tal, que el nuevo Papa, a quien hizo prometer la renuncia al Papado, en el momento conveniente, le mantuvo junto a sí. Fue elegido arzobispo de la antigua Ragusa - (Dubrovnik, Croacia) - , y posteriormente cardenal. La crítica se cebará en él. "Acepto esta dignidad, como Cristo aceptó su corona de espinas”.

Gregorio XII le envía a Alemania, para tratar con el emperador Segismundo, el modo de terminar con el funesto cisma. Fiel a Gregorio, le convence de la urgencia, de renunciar a la dignidad papal, por el bien de la Iglesia. Por fin, el Papa convoca el concilio de Constanza, en el que los tres papas, renunciarán a su pretendida dignidad.

Juan XXIII promete su asistencia. Benedicto XIII anuncia un representante suyo, y Gregorio XII delega en Juan Dominici, quien con la renuncia escrita, envolverá hábilmente a los presuntos papas. Anuncia que Gregorio XII abdicará, si los otros dos lo hacen igualmente. Juan XXIII aceptó. Fue el momento, en que Juan Domínici leyó con gran emoción, la renuncia escrita de Gregorio.

La huida de Juan XXIII, y la rebeldía de Benedicto XIII, fueron suficiente razón para que aquellos hombres perdieran el prestigio.

Juan Domínici convoca nuevamente el concilio, en nombre de Gregorio XII, y el 11 de noviembre de 1417, es elegido verdadero papa Martín V. Pero antes, un gesto generoso de Juan Dominici, emocionó a los cardenales.

Él, que había aceptado la púrpura cardenalicia, para el bien de la Iglesia, renuncia ahora a ella humildemente. Ahora su labor parecía ya terminada. Despojándose de los distintivos, fue a sentarse entre los obispos. Aquel gesto, hizo que los cardenales, volvieran a incorporarle al Sacro Colegio.

La unión anhelada ha sido conseguida. El prestigio de Juan Dominici no disminuye, como tampoco se apaga, su dinamismo y su trabajo, por el bien de la Iglesia. Ahora es el encargo de extender, en los reinos del Norte, los decretos del concilio, y vencer las herejías de Wiclef y de Hus. Acompaña a Martín V, hasta su nombramiento de legado apostólico, en Hungría y Bohemia.

Cuando trabajaba en el proyecto, de una grandiosa obra apostólica, y de evangelización de aquellos reinos, el Señor le llamó cariñosamente a su gozo.

Murió a los setenta años, el día 10 de junio de 1420, en plenitud de vida y santidad, dedicado con entusiasmo juvenil, a la salvación de los hombres.

Él ha muerto. Ahí quedaba su obra, su testimonio, su martirio, su figura como un hito sublime. Murió un hombre perfecto, un religioso terminado, un dominico íntegro. Un santo. Que al fineso fue, su máxima obra.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que has bendecido a San Juan Domínici, con el fuego amoroso de tu Amor Inextinguible, haz que nosotros podamos participar de él, y gozar junto al amado Cardenal, de estas bendiciones a lo largo de nuestra vida en la Tierra. A Tí Señor, que nos saludaste siempre, en el tiempo Pascual, con saludo de la Paz. Amén.