lunes, 9 de abril de 2018


Sábado 7 de abril

San Juan Bautista de la Salle


1651-1719

Fundador de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (Hermanos Lasallistas)

Patrón de los maestros

Breve: Nació en Reims (Francia) el año 1651. Ordenado sacerdote, se dedicó por entero a la educación de la infancia, y a la fundación de escuelas para los pobres. Constituyó una Congregación, por cuya existencia, hubo de soportar innumerables dificultades. Murió en Ruán en el año 1719.
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Redactado por el Padre Jordi Rivero
San Juan Bautista, nace en la ciudad de Reims, Francia, el 30 de abril de 1651. Es contemporáneo del gran Rey Luis XIV, llamado el Rey Sol. Su familia era muy acomodada, y su madre piadosa. Es el mayor de 10 hijos.

Ya a los 10 años de edad, desea ser sacerdote. A los 15 años, Juan Bautista es nombrado canónigo, en el cabildo de Nuestra Señora de Reims, uno de los más ilustres del reino.  Al cumplir sus 18 años, terminó los estudios medios en el Colegio Bons-Enfants de Reims; se graduó de Maestro en Artes, e ingresó al famoso Seminario de San Sulpicio en París.

A los 19 años, quedó huérfano de padre y madre, y tomó la responsabilidad de educar a sus seis hermanos menores (los otros tres murieron de pequeños). A los 22 años, Juan Bautista De La Salle, obtuvo la Licenciatura en Teología, en la Soborna. Es ordenado sacerdote, a los 27 años, en 1678.

Pocos meses después de su ordenación, ayudó al Señor Adriano Niel, en la fundación de una escuela de caridad en Reims. Al poco tiempo, muere su director espiritual, Nicolás Roland, dejando la Comunidad de las Hermanas del Niño Jesús que había fundado. Juan Bautista se hace cargo de proveer por ellas.

A los 30 años, el Padre De La Salle, era doctor en Teología. Parecía estar encaminado hacia altos cargos eclesiales. Pero sentía la llamada de Dios a la formación de los pobres. El 24 de Junio de 1680, Juan Bautista comienza a reunirse con un grupo de maestros en su casa de familia. Allí, durante el día, les da formación humana, pedagógica y cristiana.

Fundación
Al año siguiente, el 24 de Junio de 1681, el Padre De La Salle, se traslada con sus maestros a vivir en una casa de alquiler, en la Calle Nueva, Parroquia de San Esteban. Este evento, marca el nacimiento de la Comunidad de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.

La espiritualidad de los Hermanos, se caracteriza por su espíritu de fe, que consiste en ver, juzgar, amar y obrar siempre a la luz del Evangelio, es decir, de la vida y doctrina de Jesucristo.

El Padre La Salle, introdujo muchas reformas en la educación. En su esfuerzo por llegar a cuantos pobres pudiese, Juan Bautista decidió no enseñarles latín, lo cual fue un principio revolucionario. Introdujo también la enseñanza de niños en grupo, pues hasta entonces se educaba a cada niño por separado.

En 1688, abrió una escuela gratis en París, para jóvenes pobres. También fundó universidades en Reims y Saint-Denis, para entrenar a maestros.

En Agosto de 1683, el Padre De la Salle renunció a ser canónigo de la Catedral de Reims, para dedicarse plenamente a la dirección de las Escuelas Cristianas, y la formación de su comunidad de maestros.

Amor a los pobres
Durante el invierno de 1684, una hambruna asoló a Francia. El Padre De La Salle, repartió sus bienes a los pobres, hasta quedarse él mismo pobre. Su propósito se mantiene fijo: Educar a los pobres.

En Junio de 1686, el Padre De La Salle, propuso a los maestros de su comunidad, consagrarse a Dios para servir en el mundo, y no como monjes. El Domingo 9 de Junio, ocho Hermanos, todos ellos directores, emitieron sus primeros votos en compañía de Juan Bautista De La Salle: obediencia, asociación y estabilidad. Los hermanos para entonces, ya vivían en pobreza y celibato.

El 15 de agosto: Consagración a la Santísima Virgen
El Padre De La Salle, consagró su comunidad a la Virgen.

Pruebas muy dolorosas no faltaron. Algunos maestros, se dejaron llevar por la mentalidad del mundo. Juan Bautista trató de convencerles, pero al final debió despedir a algunos. Pero la obra avanza. En vida del santo, su congregación abrió escuelas en muchas ciudades.

Una vez establecida la congregación, renunció a ser Superior General, y se sometió al nuevo superior en completa obediencia. Casi siempre viajaba a pie, pidiendo alimento y alojamiento.

El Viernes Santo del 7 de abril de 1719, el Padre De La Salle, con su salud quebrantada, muere en Rouen, a la edad de 67 años.

Beatificado el 19 de Febrero de 1888 por el Papa León XIII,
Canonizado el 24 de Mayo de 1900 por el mismo Papa.

El 15 de Mayo de 1950, el Papa Pío XII, nombra a San Juan Bautista de la Salle, patrón de los educadores.

En la actualidad 6,500 Hermanos, y 64,000 colaboradores de la Comunidad de Hermanos de las Escuelas Cristianas, están en 82 países, con 1080 centros docentes, que educan a 860.000 alumnos aproximadamente.
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Oficio de lectura, 2 de Abril, San Juan Bautista de La Salle
El amor de Cristo nos apremia

De las Meditaciones de San Juan Bautista de la Salle, presbítero
Meditación 201

Caed en la cuenta, de lo que dice el apóstol San Pablo, esto es, que Dios puso en su Iglesia Apóstoles, Profetas y Doctores, y observaréis que es Él, quien os puso en vuestro oficio.

San Pablo es también, quien os vuelve a dar testimonio, cuando dice que hay diversos ministerios y diversas operaciones, y que es el mismo Espíritu, quien se manifiesta en todas ellas, para la utilidad común, es decir, para el bien de la Iglesia.

No dudéis entonces, de que la gracia que se os ha concedido, de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio, y de educar su espíritu religioso, es un gran don de Dios, que es quien os ha llamado a este oficio.

Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios, porque ejercéis vuestro oficio, con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois, no sólo ministros de Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación.

Esto es lo que dice San Pablo, cuando exhorta a que todos los que anuncian el Evangelio, sean considerados como ministros de Cristo, y que escriban la carta que Cristo dicta, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón de los niños.

Por esto, el amor de Dios debe apremiaros, puesto que Jesucristo murió por todos, para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para Él, que por nosotros murió y resucitó.

Que vuestros discípulos, estimulados por vuestra diligencia y solicitud, sientan que es Dios mismo, quien les exhorta por vuestro medio, ya que actuáis como embajadores de Cristo.

Es necesario que manifestéis a la Iglesia, el amor que por ella sentís, y le deis pruebas de vuestra diligencia, pues trabajáis en unión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Que vuestra actuación, haga ver que amáis a los que Dios os encomendó, con el mismo amor con que Cristo, amó a su Iglesia.

Esforzaos porque los niños, lleguen efectivamente a formar parte de este templo, de tal modo que sean dignos de presentaros un día, ante el tribunal de Jesucristo, gloriosamente, sin mancha ni arruga, ni nada por el estilo, y puedan así manifestar a los siglos venideros, las abundantes riquezas de la gracia, que Dios os otorgó para educar y enseñar, y a ellos para aprender, todo con vistas a la herencia del reino de Dios, y de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración: Señor y Dios nuestro, tú que has elegido a San Juan Bautista de la Salle, para educar a los niños y jóvenes en la vida cristiana, suscita maestros en tu Iglesia, que se entreguen con generosidad a la formación humana y cristiana, de la niñez y juventud. A Tí Señor, que enseñaste a todos por igual, con tanto Amor y Claridad, sobre el camino al Cielo, e incluso sobre cómo construir en tu Sagrado Nombre, en la Ciudad Terrena, y así poder alcanzar la Ciudad Celestial. Amén

domingo, 8 de abril de 2018


Domingo 8 de Abril

La Fiesta de la Misericordia

Domingo después de Pascua de Resurrección.
Instituida oficialmente por la Iglesia en el año 2000


Reflexión de su Santidad Papa Juan Pablo II

“La Humanidad no tendrá paz, hasta que se vuelva con confianza, a Mi Misericordia”

La Hora de Gran Misericordia: a las 15 horas de cada día, en el lugar donde nos encontremos.

"Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia"

“Misericordia Divina, escudo protector de las llamas infernales, en Ti confío”.

Breve
El Señor le pide a Santa Faustina, por lo menos 14 veces, que se instituya oficialmente, una "Fiesta de la Misericordia" (Diario de Santa Faustina)

“Esta Fiesta surge de Mi piedad mas entrañable...Deseo que se celebre con gran solemnidad, el primer domingo después de Pascua de Resurrección....Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y abrigo para todas las almas, y especialmente para los pobres pecadores.

Las entrañas mas profundas de Mi Misericordia se abren ese día. Derramaré un caudaloso océano de gracias, sobre aquellas almas que acudan a la fuente de Mi misericordia.

El alma que acuda a la Confesión, y que reciba la Sagrada Comunión, obtendrá la remisión total de sus culpas y del castigo... Que el alma no tema en acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como la grana. Toda Comunión recibida con corazón limpio, tiende a restablecer en aquel que la recibe, la inocencia inherente al Bautismo, puesto que el Misterio Eucarístico es "fuente de toda gracia".

Nuestro Señor manifestó a Santa Faustina, que en la "Fiesta de la Misericordia", se abrían todas las compuertas, a través de las cuales, fluían las gracias divinas. Gracias de conversión y perdón de los pecados.

La Hora de Gran Misericordia: a las 15 horas de cada día, en el lugar donde nos encontremos. Nuestro Señor Jesucristo dijo a Sor Faustina en 1937: “A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono, al momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada, al alma que Me pida algo en virtud de Mi pasión”

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Domingo de la Misericordia: homilía del Papa Juan Pablo II, 2001

¿Por qué el Señor manifiesta su Misericordia?:

Después de haber visto brevemente, como el Señor manifestó a Santa Faustina, el deseo de su Corazón, de que se arraigara en los corazones, la devoción a su Divina Misericordia, nos podremos preguntar. ¿Por qué?. ¿Por qué el Señor en pleno siglo XX, se aparece a esta religiosa, y con insistencia le pide que se establezca esta devoción?.

Si pensamos un poco, no es una devoción nueva, ha estado siempre en la Iglesia, desde que el Corazón de Dios existe, pero de una forma nueva, el Señor presenta su Misericordia, fluyendo y derramándose en forma de dos rayos, que no tienen otro fin, más que el de la conversión y arrepentimiento del pecado. Aquí está el propósito del Señor.

El Señor, contemplando como la humanidad en el siglo mas avanzado tecnológicamente, se ha alejado de Él, y ha caído en las garras del pecado y de la oscuridad, quiso dar a los hombres, el remedio para salir de la fosa en la que se ha adentrado.

Jesús se le reveló a Santa Faustina, justo antes de la Segunda Guerra Mundial, y muchas almas recibieron gracias de conversión y de fortaleza, al venerar la imagen de Jesús Misericordioso, que se propagó rápidamente en toda Polonia, y luego en toda Europa y el mundo.

El hombre necesita a Dios, y Dios en su Amor, sale a su encuentro, derramando los rayos de Misericordia, que tanto le costaron, porque el precio fue que su Corazón fuese Traspasado.

El hombre de hoy, necesita escuchar que hay esperanza; que Dios en su Misericordia, quiere que todos se salven, pero la única condición, es el cambio de corazón: el reconocer los pecados, y con profundo arrepentimiento, volver a Dios y alejarse del mal.

"La Humanidad no tendrá paz, hasta que torne con confianza a Mi Misericordia".

La Paz es fruto de la amistad con Dios, los hombres de hoy no tienen paz, porque han tornado su corazón lejos de Dios. El Señor le dijo a Santa Faustina, que solo tendría paz la humanidad cuando se tornase a su Misericordia; porque solo habrá paz en el corazón del hombre, hasta que se arrepienta, y vuelva a restablecer su amistad con Dios su Señor.

Oremos todos por la conversión de los pecadores, por nuestra propia conversión, y la de todos los que viven en pecado mortal. Atraigamos a todos, a la "fuente de la Misericordia", el Corazón de Jesús, y sumerjámonos en él, para que sean liberados y sanados del pecado, que les separa del Señor, y la gracia de Dios, se restituya en toda la humanidad.

"Oh Sangre y Agua que brotaron del Corazón de Jesús, como manantial de Misericordia para nosotros.... En Ti confío".

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La Hora de la Gran Misericordia: Las tres de la tarde

El 10 de octubre de 1937, Santa Faustina recibió instrucciones del Señor, concerniente a otro elemento principal de la devoción a la Divina Misericordia; esto es, La Hora de Gran Misericordia:

“A las tres de la tarde en punto, implora Mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un breve momento, sumérgete en Mi pasión, particularmente en Mi abandono, al momento de la agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para todo el mundo. Yo te permitiré entrar en Mi dolor mortal. En esta hora, Yo no rehusaré nada al alma que Me pida algo, en virtud de Mi pasión”.

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DECRETO SOBRE LAS INDULGENCIAS RECIBIDAS EN LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA
Se enriquecen con indulgencias, actos de culto realizados en honor de la Misericordia divina.

"Tu misericordia, oh Dios, no tiene límites, y es infinito el tesoro de tu bondad..." (Oración después del himno "Te Deum") y "Oh Dios, que manifiestas especialmente tu poder, con el perdón y la misericordia..." (Oración colecta del domingo XXVI del tiempo ordinario), canta humilde y fielmente, la santa Madre Iglesia.

En efecto, la inmensa condescendencia de Dios, tanto hacia el género humano en su conjunto, como hacia cada una de las personas, resplandece de modo especial, cuando el mismo Dios todopoderoso, perdona los pecados y los defectos morales, y readmite paternalmente a los culpables, a su amistad, que merecidamente habían perdido.

Así, los fieles son impulsados a conmemorar con íntimo afecto del alma, los misterios del perdón divino, y a celebrarlos con fervor, y comprenden claramente la suma conveniencia; más aún, el deber que el pueblo de Dios tiene de alabar, con formas particulares de oración, la Misericordia divina, obteniendo al mismo tiempo, después de realizar con espíritu de gratitud, las obras exigidas, y de cumplir las debidas condiciones, los beneficios espirituales derivados del tesoro de la Iglesia. "El misterio pascual, es el culmen de esta revelación y actuación de la Misericordia, que es capaz de justificar al hombre, de restablecer la justicia en el sentido del orden salvífico, querido por Dios desde el principio para el hombre, y mediante el hombre, en el mundo" (Dives in misericordia, 7).

La Misericordia divina, realmente sabe perdonar incluso los pecados más graves, pero al hacerlo impulsa a los fieles a sentir un dolor sobrenatural, no meramente psicológico, de sus propios pecados, de forma que siempre, con la ayuda de la gracia divina, hagan un firme prepósito de no volver a pecar.

Esas disposiciones del alma consiguen efectivamente, el perdón de los pecados mortales, cuando el fiel recibe con fruto el sacramento de la penitencia, o se arrepiente de los mismos, mediante un acto de caridad perfecta, y de dolor perfecto, con el propósito de acudir cuanto antes, al mismo sacramento de la penitencia.

En efecto, nuestro Señor Jesucristo, en la parábola del hijo pródigo, nos enseña que el pecador, debe confesar su miseria ante Dios, diciendo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra Tí; ya no soy digno de llamarme hijo tuyo" (Lc 15, 18-19), percibiendo que ello, es obra de Dios: "Estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado" (Lc 15, 32).

Por eso, con próvida solicitud pastoral, el Sumo Pontífice Juan Pablo II, para imprimir en el alma de los fieles, estos preceptos y enseñanzas de la fe cristiana, impulsado por la dulce consideración del Padre de las misericordias, ha querido que el segundo domingo de Pascua, se dedique a recordar con especial devoción, estos dones de la gracia, atribuyendo a ese domingo, la denominación de "Domingo de la Misericordia divina" (cf. Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, decreto Misericors et miserator, 5 de mayo de 2000).

El evangelio del segundo domingo de Pascua, narra las maravillas realizadas por nuestro Señor Jesucristo, el día mismo de la Resurrección, en la primera aparición pública: "Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos, y les dijo: "La paz con vosotros". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

Jesús les dijo otra vez: "La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío". Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos"" (Jn 20, 19-23.

Para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice, ha establecido que el citado domingo, se enriquezca con la indulgencia plenaria, como se indicará más abajo, para que los fieles, reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo, y cultiven así, una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos.

De esta forma, los fieles vivirán con más perfección el espíritu del Evangelio, acogiendo en sí, la renovación ilustrada e introducida por el concilio ecuménico Vaticano II: "Los cristianos, recordando la palabra del Señor "En esto conocerán que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros" (Jn 13, 35), nada pueden desear más ardientemente que servir cada vez más generosa y eficazmente, a los hombres del mundo actual. (…). Quiere el Padre, que en todos los hombres reconozcamos y amemos eficazmente a Cristo, nuestro hermano, tanto de palabra como de obra" (Gaudium et spes, 93).

Por eso, el Sumo Pontífice, animado por un ardiente deseo, de fomentar al máximo en el pueblo cristiano, estos sentimientos de piedad hacia la Misericordia Divina, por los abundantísimos frutos espirituales que de ello pueden esperarse, en la audiencia concedida, el día 13 de junio de 2002 a los infrascritos responsables de la Penitenciaría Apostólica, se ha dignado otorgar indulgencias en los términos siguientes:

Se concede la indulgencia plenaria, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística, y oración por las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que en el domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia Divina, en cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad, realizados en honor de la Misericordia Divina; o al menos rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en Ti"). Se concede la indulgencia parcial, al fiel que al menos con corazón contrito, eleve al Señor Jesús misericordioso, una de las invocaciones piadosas legítimamente aprobadas.

Además, los navegantes, que cumplen su deber en la inmensa extensión del mar; los innumerables hermanos a quienes los desastres de la guerra, las vicisitudes políticas, la inclemencia de los lugares, y otras causas parecidas, han alejado de su patria; los enfermos y quienes les asisten, y todos los que por justa causa, no pueden abandonar su casa, o desempeñan una actividad impostergable en beneficio de la comunidad, podrán conseguir la indulgencia plenaria en el domingo de la Misericordia divina, si con total rechazo de cualquier pecado, como se ha dicho antes, y con la intención de cumplir, en cuanto sea posible, las tres condiciones habituales, rezan, frente a una piadosa imagen de nuestro Señor Jesús misericordioso, el Padrenuestro y el Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti").

Si ni siquiera eso se pudiera hacer, en ese mismo día podrán obtener la indulgencia plenaria, los que se unan con la intención a los que realizan del modo ordinario la obra prescrita para la indulgencia, y ofrecen a Dios misericordioso una oración, y a la vez los sufrimientos de su enfermedad, y las molestias de su vida, teniendo también ellos el propósito de cumplir, en cuanto les sea posible, las tres condiciones prescritas para lucrar la indulgencia plenaria.

Los sacerdotes que desempañan el ministerio pastoral, sobre todo los párrocos, informen oportunamente a sus fieles, acerca de esta saludable disposición de la Iglesia, préstense con espíritu pronto y generoso, a escuchar sus confesiones, y en el domingo de la Misericordia divina, después de la celebración de la Santa Misa o de las vísperas, o durante un acto de piedad, en honor de la Misericordia Divina, dirijan, con la dignidad propia del rito, el rezo de las oraciones antes indicadas; por último, dado que son "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7), al impartir la catequesis, impulsen a los fieles a hacer con la mayor frecuencia posible, obras de caridad o de misericordia, siguiendo el ejemplo y el mandato de Jesucristo, como se indica en la segunda concesión general del "Enchiridion Indulgentiarum".
Este decreto tiene vigor perpetuo, no obstante cualquier disposición contraria.

Dado en Roma, en la sede de la Penitenciaría Apostólica, el 29 de junio de 2002, en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles.

Luigi DE MAGISTRIS
Arzobispo titular de Nova
Pro-penitenciario mayor

Gianfranco GIROTTI, o.f.m. conv.
Regente

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LETANIAS A LA MISERICORDIA DIVINA

Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos: Jesucristo escúchanos.
Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Santísima Trinidad, que sois Un solo y verdadero Dios, ten piedad
De nosotros.

* EN TÎ CONFÎO

1.- Jesús, Rey de Misericordia, que has redimido el mundo.*
2.- Jesús, Rey de Misericordia, por quien todas las cosas fueron
creadas.*
3.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos has santificado.*
4.-Jesús, Rey de Misericordia, que nos revelasteis el misterio de
La Santísima Trinidad.*
5.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos manifestasteis la Omnipotencia de Dios.*
6.- Jesús, Rey de Misericordia, que te manifiestas en la creación de los espíritus celestiales.*
7.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos formasteis de la nada.*
8.- Jesús, Rey de Misericordia, que abrazas todo el universo.*
9.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos das la vida eterna.*
10.-. Jesús, Rey de Misericordia, que nos proteges del castigo merecido.*
11.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos libras de la miseria del pecado.*
12.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes la justificación en el verbo encarnado.*
13.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos concedes misericordia por Tus Santas llagas.*
14.- Jesús, Rey de Misericordia, que brota de Tu Santísimo Corazón.*
15.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos distes a la Santísima Virgen como Madre de Misericordia.*
16.- Jesús, Rey de Misericordia, por la cual has sufrido Tu encarnación, Pasión y Muerte.*
17.- Jesús, Rey de Misericordia, por medio de la cual ayudas a todos, en todas partes y siempre.*
18.- Jesús, Rey de Misericordia, por la cual nos has prevenido con Tus Gracias.*
19.- Jesús, Rey de Misericordia, la que nos has manifestado revelándonos los Misterios Divinos.*
20.- Jesús, Rey de Misericordia, la que manifestastes instituyendo Tu Santa Iglesia.*
21.- Jesús, Rey de Misericordia, que habiendo instituido los Santos Sacramentos, nos abristes los torrentes de Tus Gracias.*
22.- Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con los Santos Sacramentos del
Bautismo y de la Penitencia.*
23.- Jesús, Rey de Misericordia, por la que nos has obsequiado con la Santísima Eucaristía y el Sacerdocio*
24.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos has llamado a Nuestra Santa Fe.*
25.- Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas por la conversión de los pecadores.*
26. Jesús, Rey de Misericordia, que la manifiestas iluminando a los fieles.*
27.- Jesús, Rey de Misericordia, que la revelas por la santificación de los justos.*
28.- Jesús, Rey de Misericordia, que llevas a los santos a la cumbre de la santidad.*
29.- Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tus Santas llagas.*
30.- Jesús, Rey de Misericordia, la que brota de Tu Santísimo Corazón.*
31.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres consuelo de los enfermos y afligidos.*
32.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el único consuelo de los corazones afligidos.*
33.- Jesús, Rey de Misericordia, que das esperanzas a las almas que se hallan en desesperación.*
34.- Jesús, Rey de Misericordia, que acompañas a todos los hombres siempre y en todas partes.*
35.- Jesús, Rey de Misericordia, que nos colmas con el torrente de Tus Gracias.*
36.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el refugio de los moribundos.*
37.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el consuelo de las almas del purgatorio.*
38.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la Corona de todos los Santos.*
39.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres el gozo celestial de los que se salvan.*
40.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la fuente inagotable de los milagros.*
41.- Jesús, Rey de Misericordia, que eres la salvación del mundo entero.*
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, Ten piedad de nosotros.

Las Misericordias de Dios, son más grandes que todas sus obras.
Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.

ALABANZAS A LA DIVINA MISERICORDIA

El Amor de Dios es la flor; La Misericordia el fruto. Que el alma titubeante lea estas consideraciones sobre la Misericordia Divina y recobre la confianza.

Misericordia Divina, que brotas del seno del Padre, en Ti confío.
Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.
Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, humano o angélico, en Ti confío.
Misericordia Divina, de donde brotan vida y felicidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, más sublime que los cielos, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de milagros y maravillas, en Ti confío.
Misericordia Divina, abrazando todo el universo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que bajas a la tierra en la Persona del Verbo Encamado, en Ti confío.
Misericordia Divina, que manaste de la herida abierta en el Corazón de Jesús, en Ti confío.
Misericordia Divina, enclaustrada en el Corazón por nosotros, y especialmente por los pecadores, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en la institución de la Sagrada Hostia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que fundaste la Santa Iglesia, en Ti confío.
Misericordia Divina, presente en el Sacramento del Santo Bautismo, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la justificación de nosotros por Jesucristo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos acompañas a lo largo de la vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos abrazas, especialmente a la hora de la muerte, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien recibimos el don de la inmortalidad, en Ti confío.
Misericordia Divina, siempre a nuestro lado en cada instante de nuestra vida, en Ti confío.
Misericordia Divina, escudo protector de las llamas infernales, en Ti confío.
Misericordia Divina, por quien se convierte el pecador empedernido, en Ti confío.
Misericordia Divina, que dejas atónitos a los ángeles; inasequible también a los santos, en Ti confío.
Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, que nos rescatas de toda miseria, en Ti confío.
Misericordia Divina, manantial de felicidad y gozo, en Ti confío.
Misericordia Divina, que de la nada nos trajiste a la existencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, que rodeas con Tus brazos toda obra de Sus manos, en Ti confío.
Misericordia Divina, que presides toda la obra de Dios, en Ti confío.
Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos, en Ti confío.
Misericordia Divina, dulce consuelo de los corazones angustiados, en Ti confío.
Misericordia Divina, única esperanza de los desesperados, en Ti confío.
Misericordia Divina, remanso de corazones, paz en la turbulencia, en Ti confío.
Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas, en Ti confío.
Misericordia Divina, esperanza renovada, perdida ya toda esperanza, en Ti confío.

Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu bondadosa mirada y aumenta Tu misericordia en nosotros para que en los momentos difíciles, no nos desalentemos ni nos desesperemos, sino que, con la máxima confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es Amor y Misericordia.

Oh incomprensible e infinita Misericordia Divina, ¿quién podrá adorarte como Te mereces. Eres la dulce esperanza del pecador. Uníos estrellas, mar y tierra en un sólo himno y cantad a coro, con vuestra mejor voz, la misericordia Divina, cuya comprensión no se nos alcanza. (11, 296-297).



sábado, 7 de abril de 2018


Sexta Feria, 6 de abril

San Samuel, Sacerdote y Profeta


(año 1100 a.C.)

“Habla Señor que tu siervo escucha”

Samuel significa "Dios me ha escuchado"

En la Santa Biblia, la historia de Samuel es una de las más interesantes y hermosas. Está narrada en los libros que se titulan primero y segundo libro de Samuel, en el Antiguo Testamento.

Era hijo de Elcana y Ana, dos israelitas muy creyentes. Ana tenía la enfermedad de la esterilidad, que le impedía tener hijos, y por eso la otra esposa de su marido, la humillaba continuamente. Ana lloraba de continuo, y ya no quería ni comer.

Y sucedió que un año, cuando subieron a rezar en la Casa de Oración de Israel en Silo, Ana se quedó mucho tiempo junto al altar rezando, con mucha fe y gran fervor. Y el sacerdote Helí, al verla mover tanto los labios, le dijo: "Ud. debe estar borracha, y así no debería venir acá". Ella le respondió: "No estoy borracha, lo que estoy es muy angustiada, y he venido a implorar el favor de mi Dios". El sacerdote le dijo: "Vete en paz, que el Señor ha escuchado tu oración".

Entonces Ana, le hizo a Dios este voto o promesa: "Si me concedes un hijo varón, te lo ofreceré, para que se dedique a servirte a Ti, en la Casa de oración". Y se volvió contenta a su casa lejana. Y al año, le dio Dios a Ana su primer hijo, al cual le puso por nombre Samuel, que significa "Dios me ha escuchado", porque ella decía "Dios ha escuchado la oración que yo le hice, pidiéndole un hijo".

Cuando el niño ya fue grandecito, la mamá lo llevó a la Casa de oración en Silo, y se lo ofreció a Dios, para que se dedicara para siempre, a servir junto al altar. Y llevó de regalo al templo, un novillo de tres años, un bulto de harina, y una vasija de vino, y entonó un hermoso himno diciendo: "Mi corazón se regocija por el Señor, porque no hay santo como nuestro Dios, pues Él a la mujer estéril le permite tener hijos. El Señor hunde en el abismo y levanta; da la pobreza y la riqueza; humilla y enaltece. Él levanta del polvo al desvalido; alza de la basura al pobre. Él guarda los pasos de sus amigos. Él es un Dios que sabe; Él es quien pesa todas las acciones".

El sacerdote del templo se llamaba Helí, y tenía dos hijos muy atrevidos, que cometían muchas fechorías y maldades, y el papá no se atrevía a corregirlos. Los pecados de esos jóvenes, disgustaban mucho a Dios, y Él se propuso enviarles un castigo.

El niño Samuel se quedaba cada noche, a dormir en la Casa de oración para cuidarla. Y una noche oyó que lo llamaban, diciendo: "¡Samuel! ¡Samuel!". El jovencito, creyó que era Helí el que lo llamaba, y corrió a donde estaba el sacerdote, y le dijo: "Aquí estoy señor. ¿Me ha llamado?". Helí le dijo: "No te he llamado. Vete a dormir en paz".

Pero la voz de Dios volvió a llamarlo: - "¡Samuel!, ¡Samuel!". El jovencito corrió otra vez donde Helí, para ver qué era lo que necesitaba. Y así sucedió por tres veces. Entonces Helí, se dio cuenta de que era Dios el que lo llamaba, y le dijo: "Si te vuelve a llamar le dirás: Habla Señor que tu siervo escucha".

Y así lo hizo Samuel, cuando Dios lo volvió a llamar, y entonces oyó que Dios decía: "Voy a castigar a Helí y a sus hijos con terrible mal, porque los hijos hicieron grandes males, y el padre no los ha corregido".

Y sucedió entonces, que los filisteos atacaron al pueblo de Israel. Y los hijos de Helí, se fueron con todo el ejército a defender la patria. Y se llevaron el Arca de la Alianza (donde estaba el Maná, y las tablas de la Ley con los 10 Mandamientos), y se dio una gran batalla, y los filisteos derrotaron a los israelitas, e hicieron una gran matanza, y asesinaron a los dos hijos de Helí, y se robaron el Arca de la Alianza.

Cuando un mensajero llegó a contar a Helí, que se habían robado el Arca, y habían matado a sus dos hijos, el pobre anciano que estaba sentado en una silla, se fue para atrás del susto, y se desnucó. El pueblo eligió entonces como sacerdote al joven Samuel, y Dios empezó a traerle sus mensajes, y a guiarlo en todo, porque Samuel era un santo.

Los filisteos devolvieron el Arca, y hubo paz. El Pueblo pidió que se le diera un rey. Samuel consultó a Dios, y el Señor le dijo que el rey sería Saúl, el cual era el último de la última familia, de la más pequeña tribu de Israel. Samuel lo llamó, y le echó aceite sagrado sobre su cabeza, y lo proclamó rey ante todo el pueblo.

Y sucedió que Saúl, empezó a desobedecer a lo que Dios ordenaba, y entonces el Señor le dijo a Samuel: "He retirado mi espíritu de Saúl, y lo he pasado a David. Irás a Belén, y ungirás a ese joven como rey".

Samuel se fue a Belén a buscar a David. Este era un pastor de ovejas, y estaba en el campo cuidando los animales. Samuel lo hizo venir, y echando aceite sagrado sobre su cabeza lo ungió, y desde entonces el espíritu de Dios, vino a David, y lo fue guiando en todas sus acciones.

Ya anciano, Samuel reunió a todo el pueblo, y les dijo: "Durante 40 años los he guiado espiritualmente. Ahora les pido que si alguno tiene alguna queja contra mí, la diga claramente. Y si a alguno le he quitado algo, o le he hecho algún mal, que lo diga sin más".

Y el pueblo entero le respondió: "Ningún mal nos has hecho, y a nadie le has quitado nada, y nadie tiene la menor queja contra ti". Y así terminó santamente su larga vida, este hombre que desde muy pequeñito, fue llevado por su madre a servir junto al altar a Dios, y que cada día y cada hora, tuvo por único fin de su existencia, agradar a Nuestro Señor.

Que Dios nos envíe muchos sacerdotes tan santos como Samuel. ¿Has visto a uno que cumple bien su deber?. Ese ocupará puestos importantes. (S. Biblia. Proverbios).

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, que nos enviaste a San Samuel como Sacerdote y Profeta, haz que tu Espíritu y Santidad descienda sobre todos los sacerdotes católicos y ortodoxos en la Tierra, hasta el fin de los tiempos. A Tí Señor, que eres Sumo Sacerdote y Cabeza de la Iglesia. Amén.


viernes, 6 de abril de 2018


Quinta Feria, 5 de abril

SAN VICENTE FERRER


1350-1419

Presbítero y Dominico. Taumaturgo.

Breve:
Nació en Valencia el año 1350. Miembro de la Orden de Predicadores, enseñó teología. Como predicador, recorrió muchas comarcas con gran fruto, tanto en la defensa de la verdadera fe, como en la reforma de las costumbres. Murió en Vannes (Francia), en el año 1419.
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Nace en Valencia en el año 1350. A los diecisiete años, entra en la Orden de los dominicos, viviendo con gran disciplina la vida regular, dejando de ello un claro testimonio, en su tratado titulado “Sobre la vida espiritual”, con una perfecta teología del apostolado, y de deseo ardiente de perfección.

Primeramente se dedicó a la enseñanza de la filosofía y teología, materias de las que publicó algunos tratados.

Su pureza virginal, su carácter franco y jovial, y su amor por la austeridad, lo habían preparado para una gran misión apostólica, que ya entre los años 1380-1390, lo vio ocupado en numerosas misiones a él encomendadas, por el cardenal legado Pedro de Luna, y por el rey Juan I de Aragón.

Ya en este periodo, se dedicó a la predicación en los primeros tiempos, al lado del Papa en Aviñón, y luego en el sur de Francia, y en el norte de Italia.

Finalmente en el año 1399, se dedicó del todo al ministerio de la predicación itinerante, como “legado de parte de Cristo”, ya que como él mismo testifica, en carta al antipapa Benedicto III, había recibido del mismo Cristo este encargo.

Combatió con enorme esfuerzo, la situación de división de la Iglesia en el cisma de Occidente, dejando finalmente al antipapa, de parte del cual, estuvo de buena fe por un tiempo.

Fue el mas popular y eficaz predicador de su tiempo, que electrizaba a las masas, y que afirmaba su predicación con grandes milagros.

Su acción apostólica se extendió desde Granada en España, entonces dominada por los musulmanes, hasta Suiza, Holanda e Inglaterra, dejando en todas partes una profunda impresión, renovando espiritualmente regiones enteras, y llevando por todas partes la paz y la unidad.

Murió en Vannes (Francia) el 5 de abril de 1419, y allí se venera su cuerpo.

Fue canonizado por Calixto III el 29 de junio de 1455. La devoción a San Vicente, a causa de su poder taumatúrgico es todavía vivísima en Europa y en América.

Fuente: breviario dominico
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Oficio de lectura, 5 de Abril, San Vicente Ferrer, Presbítero
Del modo de predicar
Del tratado de San Vicente Ferrer sobre la vida espiritual

En la predicación y exhortación, debes usar un lenguaje sencillo y un estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos, todos los que puedas, para que cualquier pecador, se vea retratado en la exposición que haces de su pecado; pero de tal manera, que no des la impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado de la caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos, cuando los ve en pecado, o gravemente enfermos, o que han caído en un hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro, y acariciándoles como una madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores, y del cielo que les espera, si se convierten.

Este modo de hablar suele ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar en abstracto de las virtudes y los vicios, no produce impacto en los oyentes.

En el confesionario, debes mostrar igualmente sentimientos de caridad, lo mismo si tienes que animar a los pusilánimes, que si tienes que amenazar a los contumaces; el pecador ha de sentir siempre, que tus palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas, han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes.

Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón, y pídele con sencillez, que te conceda esa caridad, suma de todas las virtudes, y la mejor garantía de éxito en tus actividades.
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También recordamos con Amor y Veneración a Santa Irene de Tesalónica

Santa Irene fue una mártir cristiana, hermana de Santa Ágape y Santa Quionia (en griego los nombres significan paz, amor y pureza, respectivamente), ambas mártires también. Las sorprendieron con el evangelio en sus manos.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, suscita entre los predicadores y catequistas católicos, el celo y la virtud de la predicación de San Vicente Ferrer, ministro de la predicación evangélica, y el ejemplo y fortaleza de Santa Irene y sus hermanas Santa Ágape y Santa Quionia, a fin de encender entre tu pueblo la llama del Espíritu Santo en todos los corazones. Que sepamos morir con el Evangelio en la mano, y en nuestro corazón. A Tí Señor, que soplaste sobre las cabezas de los Apóstoles, infundiéndoles el Espíritu Santo, y prometiendo que todo lo atado en la Iglesia Terrena, quedará atado en el Cielo, y todo lo que sea desatado en la Iglesia Terrena quedará desatado en el Cielo. Amén.


Quinta Feria, 5 de abril

Santa Irene de Tesalónica, Santa Ágape y Santa Quiona




Paz, Amor y Pureza

Mártires

(303)
Santa Irene fue una mártir cristiana, hermana de Santa Ágape y Santa Quionia (en griego los nombres significan paz, amor y pureza, respectivamente). Se dice que fue capturada en posesión de la Biblia, a pesar de la prohibición dictada por Diocleciano, en el año 303 D.C.

Fue martirizada al igual que sus hermanas, por no negar la fe cristiana. En algunas obras se dice que fue quemada viva, y en otras se cuenta, que murió al atravesarle la garganta una flecha.

Santa Irene es más venerada en la Iglesia Ortodoxa, y su día es el 5 de abril en el santoral católico.

Como reliquia se venera su mano, en una iglesia ortodoxa griega en Astoria, Nueva York.

El nombre de la isla griega de Santorini, procede de esta santa.

Oración: Dios Todopoderoso y Eterno, haz que las palabras Paz, Amor y Pureza, cobren un significado superlativo en nuestras vidas, y así poder reparar, por medio de nuestro corazón, Tu Sagrado Corazón herido. A Tí Señor, que juzgarás los pensamientos y acciones ocultos de cada hombre y mujer, en nuestro postrer día. Amén.